Religión Digital
«Nos han acostumbrado a ver al inmigrante como una amenaza y un peligro. La fe nos hace descubrir en él a un hijo de Dios». Con estas palabras, monseñor Santiago Agrelo, obispo emérito de Tánger (Marruecos) hizo una encendida defensa de los derechos de estas personas al recibir el Premio Mundo Negro a la Fraternidad número 33 en nombre de la Delegación Diocesana de Migraciones de esta diócesis, qué él mismo fundó durante la etapa en que estuvo a su frente.
La hermana Inmaculada Gala, carmelita Vedruna, responsable de esta delegación, participó de forma telemática y desgranó los numerosos servicios que esta institución ofrece a los inmigrantes, casi todos ellos subsaharianos en Marruecos: asistencia jurídica, ayuda alimentaria y de alojamiento, formación, acogida, etc… Leer más (José Carlos Rodríguez)