«SIN CARNE NO PUEDE HABER ESPÍRITU», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Jn 6, 51-59

El evangelio del hoy, no solo es continuación del domingo pasado, sino que se repite el último versículo, para que no perdamos el hilo. Ya dijimos que todo el capítulo está concebido como un proceso de iniciación. Partiendo del pan compartido, ha ido progresando hasta la oferta definitiva de hoy. Después de esa oferta, ya no queda más alternativa: o seguir a Jesús o abandonar la empresa y seguir cada uno el camino de su ego.

¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Para los judíos del tiempo de Jesús, el ser humano era un bloque monolítico, ni siquiera tenían un término para designar lo que nosotros llamamos alma sin el cuerpo y lo que nosotros llamamos cuerpo sin el alma. Hablar de carne, era hablar de la persona entera. Esa carne es su misma realidad humana, no la carne física en su materialidad. Para un judío, la idea de comer (el texto griego dice masticar) la carne de otro, era sencillamente repugnante, porque significaba que se tenía que aniquilar al otro para hacer suya la sustancia vital del otro.

Os lo aseguro: Si no coméis la carne de este Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. Jesús, en vez de intentar suavizar su propuesta, la hace aún más dura; porque si era ya inaceptable el comer la carne, fijaros qué tendría que suponer para un judío la sola idea de beber la sangre, que para ellos era la vida, propiedad exclusiva de Dios, con prohibición absoluta de comerla. Jesús les pone como condición indispensable para seguirle que coman su carne y beban su sangre. Jn insiste en que, eso que les repugna, es lo que deben hacer con Jesús. Apropiarse de su energía, hacer suya su misma vida.

Debemos tener muy en cuenta que en este capítulo se habla de sarx “carne”, pero en todas las referencias a la eucaristía de los sinópticos y de Pablo se habla de swma “cuerpo”. Para nosotros los dos términos son intercambiables, pero para la antropología judía del tiempo de Jesús, eran aspectos muy diferentes. Carne es el aspecto más bajo del hombre, lo que le pega a la tierra, la causa de todas sus limitaciones. Cuerpo, por el contrario, significa el aspecto humano que le permite establecer relaciones con los demás; sería el sujeto de acción de todos los verbos: yo, tú, él… Es la persona, el yo como posibilidad de enriquecerse o empobrecerse en sus relaciones con los demás seres humanos.

La cultura griega introdujo un concepto que no existía en la mentalidad judía. Al entender “cuerpo” como la parte física hemos traicionado el sentido y hemos tergiversado la comprensión del sacramento de la eucaristía. Para ser fieles al relato evangélico, tendríamos que traducir: “esto es mi persona, esto soy yo”. Sin olvidar, que lo esencial, no es lo que dijo, sino lo que hizo. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. En esto coinciden los tres sinópticos. No se trata de un pan cualquiera, sino de un pan, tomado, eucaristizado, partido y repartido. Después de hacer eso, Jesús queda identificado con ese pan, que se parte y se reparte. Lo que dijo, solo trata de explicar lo que acaba de hacer.

Al hablar de “carne”, Jn está en otra dinámica. Trata de decirnos que lo que tenemos que hacer nuestro de Jesús es su parte más terrena, la realidad más humilde y baja de su ser. Tenemos que imitar lo que él es en la carne pero gracias al Espíritu. Sin duda está pensando en el significado más profundo de la encarnación, a la que Jn da tanta importancia.

En la concepción falseada de “cuerpo”, no hay prácticamente ninguna diferencia entre el cuerpo y la sangre, porque la sangre es también cuerpo. Pero si hacemos la distinción adecuada, resulta que son dos signos muy diferentes. El primero hace referencia a la persona en su vida normal de cada día. El segundo, sangre, hace referencia a la vida. En efecto, cuando la sangre se escapa por la herida, la vida también desaparece. Cuando Jesús dice que tenemos que comer su cuerpo y beber su sangre, está diciendo que tenemos que apropiarnos de su persona y de su vida. Toda su vida terrena, la puso al servicio de todos, y su misma muerte la convirtió en símbolo de su don absoluto y total.

Es muy frecuente que se trate de explicar estas palabras como una referencia directa a la eucaristía. Yo creo que no son estas palabras las que hacer referencia a la eucaristía, sino que estas palabras y la eucaristía, hacen referencia a una realidad superior que es la misma Vida de Dios que se le comunicó a él y se nos comunica a nosotros. La prueba de que está hablando de símbolos y no de palabras que hay que tomar al pie de la letra, está en que, unas líneas más abajo, nos dice: “El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada”.

El comer y el beber son símbolos increíblemente profundos de lo que tenemos que hacer con la persona de Jesús. Tenemos que identificarnos con él, tenemos que hacer nuestra su propia Vida, tenemos que masticarlo, digerirlo, asimilarlo, apropiarnos de su sustancia. Esta es la raíz del mensaje. Su Vida tiene que pasar a ser nuestra propia Vida. Solo de esta forma haremos nuestra la misma Vida de Dios. Fijaros que lo que Jesús pretende decirles, es precisamente lo que hiere la sensibilidad de los oyentes. No se trata de la biología, ni en Jesús ni en nosotros. Se está hablando de la VIDA, la misma Vida de Dios.

Por activa y por pasiva, insiste Jesús en la necesidad de comer su carne y beber su sangre. El que come mi carne… tiene vida definitiva. Si no coméis la carne… no tendréis vida en vosotros. Si hemos comprendido de qué Vida está hablando, nos daremos cuenta de lo que significa: Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. Es comida y es bebida porque alimentan la verdadera Vida. La Vida verdadera no es la biológica. Esto fue difícil de aceptar para ellos, y sigue siendo inaceptable para nosotros hoy. A continuación nos lo explica un poco mejor.

La frase: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él», tiene una importancia decisiva. Cuando nos referimos a la eucaristía, nos fijamos en la segunda parte de la proposición, “yo recibo a Jesús y Jesús está en mí”. Casi siempre olvidamos la primera. Pero resulta que lo primero y más importante es que “yo esté en él”. De nosotros depende hacernos como Jesús, pan partido para dejar que nos coman. Estamos muy acostumbrados a considerar la “gracia” como consecuencia automática de unos ritos, sin darnos cuenta que en la vida espiritua­l no puede haber automatismos. Sin una actitud vital, Dios no puede hacer nada ni en mí ni por mí. No se trata de una imitación externa sino de una identificación.

Como a mí me envió el Padre que vive y así, yo vivo por el Padre, también aquel que me come vivirá por mí. Una vez más hace referencia absoluta al Padre. El designio de Dios, es comunicar Vida a Jesús y comunicar Vida a todos los hombres. La actitud del que se adhiere a Jesús, debe ser la misma que él tiene hacia su Padre: recibir la Vida y comunicar esa misma Vida a los demás. Jesús nos está pidiendo que hagamos con él, lo que él mismo ha hecho con su Padre. Al hacer nuestra su Vida, hacemos nuestra la misma Vida de Dios. Cuando Jesús dijo: “Yo y el Padre somos uno”, está manifestando cuál es la meta de todo ser humano. Esa identificación total con Dios es el culmen de las posibilidades humanas.

Este es el pan bajado del cielo, no como el que comieron vuestros padres y murieron; quien come pan de este vivirá para siempre. Una y otra vez se repite la misma idea, señal de la importancia que el evangelista quiere darle. Seguramente la polémica seguía con los judíos que no acababan de aceptar el significado de Jesús. Al evangelista lo que le interesa es dejar claro el sentido de la adhesión a Jesús. Existen dos panes bajados del cielo (venidos de Dios), uno espiritual, su persona; otro material, el maná. Éste no consiguió completar el Éxodo, no llevó a los israelitas hasta la tierra prometida. Jesús en cambio puede llevar hasta el fin, a la Vida/amor definitivos.

 

Meditación-contemplación

Yo vivo por el Padre y el que me coma vivirá por mí.
Una misma Vida atraviesa a Dios, a Jesús y a todo ser humano.
No se trata de la vida biológica, sino de la trascendente.
No son vidas distintas que se suceden, sino la misma y única VIDA.
…………………

La tarea fundamental de todo ser humano
es nacer a esa Vida que se le ofrece gratuitamente,
aunque para ello tenga que morir
a todo lo que signifique egoísmo e individualidad.
………………

Esa Vida no tengo que buscarla en ninguna parte,
Porque ya está en mí desde el principio.
Solamente tengo que vaciarme de todo aquello,
que impide su nacimiento y crecimiento.
…………………

Fray Marcos

 

¿A DÓNDE VAMOS CON ESTA ECONOMÍA?

Juan B. Astigarraga

Las opiniones sobre las causas de la crisis y sobre la situación son contradictorias y muchas veces interesadas. E interesadas unas veces por motivos políticos, otras por presiones financieras. Tratamos en este artículo de acercarnos a la realidad con evidencias en la medida de lo posible. Es preciso hacer un recorrido desmitificador, por los caminos tortuosos en los que ha discurrido la crisis de la Gran Recesión que tanto ha hecho sufrir, y para ello debemos hacer tres etapas: Leer más

Las crisis de la vida y la autorrealización

Leonardo Boff

Enviado a la página web de redes Cristianas

Casi se habla solo de crisis y de crisis de las crisis, la de la Tierra y la de la vida, amenazadas de desaparecer como señaló el Papa Francisco en su encíclica sobre “el cuidado de la Casa Común”. Pero todo lo que vive está marcado por crisis: crisis del nacimiento, de la juventud, de la elección de compañero o compañera para la vida, crisis de escoger una profesión, crisis del “demonio de mediodía” como la llamaba Freud, que es la crisis de los cuarenta años cuando nos damos cuenta de que estamos llegando ya a la cima de la montaña y comienza el descenso. Y finalmente, la gran crisis de la muerte, cuando pasamos del tiempo a la eternidad. Leer más

Dualismo fe y politica

Redacción de Atrio

José María García Mauriño, responsable en España del Movimiento Cristianos por el Socialismo (que surgió en Chile y citaba ayer José Aldunate), ya había escrito un artículo en ATRIO: Otra Iglesia es imposible. Era 2007 y el Vaticano acababa de condenar a Jon Sobrino. José Mª, con el provocador realismo que siempre le ha acompañado, decía: “Mientras siga mandando y gobernando la Curia Romana, otra Iglesia es imposible. Mientras siga vigente el actual Código de Derecho Canónico que entroniza al Papa como un Rey Absoluto, otra Iglesia es imposible. Mientras esta institución eclesiástica siga atada y bien atada a este Capitalismo perverso, otra Iglesia es imposible…” Leer más

Urteko 20. igandea – Domingo 20º T.O., José A. Pagola

B (Joan 6,51-58)
Evangelio del 16/08/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

GOSE IZATEA DA GARRANTZIZKOA- LO DECISIVO ES TENER HAMBRE

Joan ebanjelaria oso hizkuntza gogorraz baliatu da, Jesu Kristorekiko batasuna janaritu beharra dugula azpimarratzeko. Horrela bakarrik sumatuko dugu hura gure baitan bizi dela. Joanen arabera, ezinbestekoa da Jesus jatea: «Ni jango nauena nire bidez biziko da».

Hizkuntza, ordea, are bortitzagoa bihurtu da, Jesusen haragia jan eta haren odola edan behar dela dioenean. Gordin-gordina da testua: «Nire haragia benetako janaria da, eta nire odola benetako edaria. Nire haragia jango eta nire odola edango duena nire baitan bizi da eta ni haren baitan».

Baina hizkuntza honek ez du jada inolako zirrararik eragiten kristauen artean. Haurtzarotik entzuten ohituak garelarik, lehen jaunartzetik egiten ari garenari loturik bizitzen jarraitzeko joera dugu. Denok ezagutzen dugu kristau-ikasbidean ikasitakoa: jaunartzeko unean, Kristo presente gertatzen da gugan, eukaristia-sakramentuko grazia dela medio.

Zoritxarrez, honetara muga daiteke guztia behin baino gehiagotan: otoitz-giroan pentsatu eta onartutako doktrinara. Baina, sarritan, hauxe falta zaigu: Kristo geure bizitza konkretuan haragitzearen esperientzia. Ez dakigu nola ireki geure barrua hari, bere Espirituaz gure bizitza janaritu dezan eta gizatarrago eta ebanjelioaren araberakoago eginez joan dadin.

Ogi sagaratua hartzeko, sakramentu-erritua betetzera erdi oharkabean joatea baino zerbait gehiago da Kristo jate hori. Kristorekin bat egite horrek fede-egintza eskatzen du eta indar bereziko irekitasuna; batez ere, sakramentuz jaunartzean bizi beharrekoa, baina baita Jesusekiko bizi-harremanetako beste esperientzia batzuetan ere.

Jesusen gose izatea da garrantzizkoa. Sakon-sakonetik harekin topo egin nahi izatea. Haren egiari geure barrua irekitzea, bere Espirituaz markatu gaitzan eta gugan den alderik hobena indartu dezan. Oraino ebanjelizatu gabe diren gure bizitzako aldeak argitu eta eraldatu ditzan uztea.

Orduan, Ebanjelioaren alderik egiazkoenera, xumeenera eta benetakoenera itzultzea izango da Jesus janaritzat hartze hori: haren jarrerarik oinarrizkoenak eta funtsezkoenak baitaratuko ditugu; harekin bizitzearen sena piztuko da gugan; geure ikasle- eta jarraitzaile-kontzientzia piztuko zaigu, hura geure bizitzako zilbor bihurtzeko. Jesusez janaritzen den kristaurik ez bada, gogogabeturik gertatuko da Eliza, erremediorik gabe.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

20 Tiempo Ordinario – B (Juan 6,51-58)
Evangelio del 16/08/2015

por Coordinador Grupos de Jesús

LO DECISIVO ES TENER HAMBRE

El evangelista Juan utiliza un lenguaje muy fuerte para insistir en la necesidad de alimentar la comunión con Jesucristo. Solo así experimentaremos en nosotros su propia vida. Según él, es necesario comer a Jesús: «El que me come, vivirá por mí».

El lenguaje adquiere un carácter todavía más agresivo cuando dice que hay que comer la carne de Jesús y beber su sangre. El texto es rotundo. «Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él».

Este lenguaje ya no produce impacto alguno entre los cristianos. Habituados a escucharlo desde niños, tendemos a pensar en lo que venimos haciendo desde la primera comunión. Todos conocemos la doctrina aprendida en el catecismo: en el momento de comulgar, Cristo se hace presente en nosotros por la gracia del sacramento de la eucaristía.

Por desgracia, todo puede quedar más de una vez en doctrina pensada y aceptada piadosamente. Pero, con frecuencia, nos falta la experiencia de incorporar a Cristo a nuestra vida concreta. No sabemos cómo abrirnos a él para que nutra con su Espíritu nuestra vida y la vaya haciendo más humana y más evangélica.

Comer a Cristo es mucho más que adelantarnos distraídamente a cumplir el rito sacramental de recibir el pan consagrado. Comulgar con Cristo exige un acto de fe y apertura de especial intensidad, que se puede vivir sobre todo en el momento de la comunión sacramental, pero también en otras experiencias de contacto vital con Jesús.

Lo decisivo es tener hambre de Jesús. Buscar desde lo más profundo encontrarnos con él. Abrirnos a su verdad para que nos marque con su Espíritu y potencie lo mejor que hay en nosotros. Dejarle que ilumine y transforme zonas de nuestra vida que están todavía sin evangelizar.

Entonces, alimentarnos de Jesús es volver a lo más genuino, lo más simple y más auténtico de su Evangelio; interiorizar sus actitudes más básicas y esenciales; encender en nosotros el instinto de vivir como él; despertar nuestra conciencia de discípulos y seguidores para hacer de él el centro de nuestra vida. Sin cristianos que se alimenten de Jesús, la Iglesia languidece sin remedio.

José Antonio Pagola

 

La Iglesia vasca, dispuesta a «ayudar» para hacer «efectivo» el fin del terrorismo de ETA

El obispo de Bilbao, Mario Iceta, ha destacado que la Iglesia vasca está dispuesta a «ayudar» a que el fin de ETA se haga «efectivo» dentro de «las exigencias éticas fundamentales», aunque considera que «existen instituciones con amplia experiencia y reconocimiento en este tipo de tareas». «Las víctimas forman parte de la memoria de un horror, del que no somos del todo inocentes». Mario Iceta, por la reinserción: «El perdón es el camino de la reconciliación»

El obispo permite a Alex Salinas ser el padrino de su sobrino

El joven transexual recibió la noticia del titular de la parroquia donde iba a tener lugar la ceremonia tras recibir el visto bueno del Obispado. El Obispo de Cádiz y Ceuta permitirá a Alex Salinas, un joven transexual de San Fernando, ser el padrino del bautizo su sobrino, según le ha anunciado el titular de la parroquia donde iba a tener lugar la ceremonia.