27. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «GIZONEZKOAREN BOTEREAREN AURKA-CONTRA EL PODER DEL VARÓN»

Mc. 10, 1-12

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Fariseuek galdera bat egin diote Jesusi, probatzeko. Oraingo honetan ez da garrantzirik gabea. Galileako emakumeei asko sufriarazten dien gertaera da, eta lege-maisuen eskola desberdinen jarraitzaileen artean eztabaida biziak eragiten dituena: «Zilegi al du senarrak andreari dibortzioa ematea?»

Kontua ez da gaur egun ezagutzen dugun dibortzioa, baizik gizonezkoak kontrolatu ohi zuen ezkontza barruko emakume juduak bizi ohi zuen egoera. Moisesen legearen arabera, senarrak hautsi zezakeen ezkontza-hitzarmena, andrea etxetik ateraraziz. Andreak, aldiz, orotan senarraren mendeko, ezin egin zuen halakorik.

Guztiak harritu dira Jesusen erantzunaz. Jesus ez da sartu lege-maisuen eztabaiden munduan. Jainkoaren hasierako egitasmoa bilatzera gonbidatu ditu, lege eta arau guztien gainetik dagoen hura bilatzera. Lege «matxista» hau, zehazki, gizonezkoen «bihotz-gogorkeriagatik» sartu da judu-herrian, haiek kontrolatzen baitituzte emakumeak eta mendean hartzen.

Gizakiaren jatorrizko misterioan sakondu nahi du Jesusek. «Gizon eta emakume» kreatu ditu Jainkoak. Elkarren pareko kreatu ditu biak. Ez du kreatu gizonezkoa andrearen gain boterea emanez. Ez du kreatu emakumea gizonezkoaren mendeko. Gizon-emakumeen artean ez da eman behar bietako inoren mendetasunik.

Gizakiaren jatorrizko egitura honetan oinarrituz, gizonezkoen «bihotz-gogorkeriak» ezarria duen oro baino harago doan ikusmoldea agertu du Jesusek ezkontzaz. Emakumea eta gizonezkoa «haragi bakarra izateko» elkartuko dira, bizitza partekatu bat hasteko bataren eta bestearen buru-eskaintzaz, ezarpenik eta mendetasunik gabe.

Giza maitasunaren goreneko adierazpena da Jesusentzat ezkontza-egitasmo hau. Gizonezkoak ez du inolako eskubiderik emaztea kontrolatzeko, haren jabe izango balitz bezala. Emakumeak ezin onartu du bere burua senarraren mendeko. Jainkoak berak erakartzen ditu elkarrekin bizitzera maitasun aske eta doakoaz. Biribilki konkluditu du Jesusek: «Jainkoa batu duena, ez dezala bereizi gizonezkoak».

Jarrera honekin, errotik suntsitu du Jesusek patriarkatuaren oinarria, molde guztietakoa: gizonezkoak emakumearen gain kontrola, mendetasuna eta ezarpena izatearena. Ez ezkontzan soilik, baita beste edozein erakunde herritar edo erlijiosotan.

Jesusen mezua entzun beharra dugu. Ezin irekitzen ahal diegu biderik Jainkoaren erreinuari eta hartako zuzentasunari, patriarkatuaren aurka aktiboki borroka egin gabe. Noiz erreakzionatu behar dugu Elizan, indar ebanjelikoaz, gizonezkoak emakumearen kontra ari duen horrenbesteko abusu, indarkeria eta oldarraren kontra? Noiz ekin behar diogu emakumea defendatzeari gizonezkoaren «bihotz-gogorkeriaren» kontra?

27 Tiempo ordinario (B) Marcos 10,1-12
CONTRA EL PODER DEL VARÓN
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

ECLESALIA, 03/10/12.- Los fariseos plantean a Jesús una pregunta para ponerlo a prueba. Esta vez no es una cuestión sin importancia, sino un hecho que hace sufrir mucho a las mujeres de Galilea y es motivo de vivas discusiones entre los seguidores de diversas escuelas rabínicas: «¿Le es lícito al varón divorciarse de su mujer?».

No se trata del divorcio moderno que conocemos hoy, sino de la situación en que vivía la mujer judía dentro del matrimonio, controlado por el varón. Según la ley de Moisés, el marido podía romper el contrato matrimonial y expulsar de casa a su esposa. La mujer, por el contrario, sometida en todo al varón, no podía hacer lo mismo.

La respuesta de Jesús sorprende a todos. No entra en las discusiones de los rabinos. Invita a descubrir el proyecto original de Dios, que está por encima de leyes y normas. Esta ley «machista», en concreto, se ha impuesto en el pueblo judío por la «dureza de corazón» de los varones que controlan a las mujeres y las someten a su voluntad.

Jesús ahonda en el misterio original del ser humano. Dios «los ha creado varón y mujer». Los dos han sido creados en igualdad. Dios no ha creado al varón con poder sobre la mujer. No ha creado a la mujer sometida al varón. Entre varones y mujeres no ha de haber dominación por parte de nadie.

Desde esta estructura original del ser humano, Jesús ofrece una visión del matrimonio que va más allá de todo lo establecido por la «dureza de corazón» de los varones. Mujeres y varones se unirán para «ser una sola carne» e iniciar una vida compartida en la mutua entrega sin imposición ni sumisión.

Este proyecto matrimonial es para Jesús la suprema expresión del amor humano. El varón no tiene derecho alguno a controlar a la mujer como si fuera su dueño. La mujer no ha de aceptar vivir sometida al varón. Es Dios mismo quien los atrae a vivir unidos por un amor libre y gratuito. Jesús concluye de manera rotunda: «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el varón».

Con esta posición, Jesús esta destruyendo de raíz el fundamento del patriarcado bajo todas sus formas de control, sometimiento e imposición del varón sobre la mujer. No solo en el matrimonio sino en cualquier institución civil o religiosa.

Hemos de escuchar el mensaje de Jesús. No es posible abrir caminos al reino de Dios y su justicia sin luchar activamente contra el patriarcado. ¿Cuándo reaccionaremos en la Iglesia con energía evangélica contra tanto abuso, violencia y agresión del varón sobre la mujer? ¿Cuándo defenderemos a la mujer de la «dureza de corazón» de los varones? (Eclesalia)

 

* ORAR CON EL EVANGELIO:(Mc.10,2-16)

• ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc. 10,2-16)
• DOMINGO XXVII. T.O-B- (OCTUBRE 7)

• “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”
Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotr@s,
y su Amor ha llegado en nosotr@s a su plenitud.

* Jesús continua su camino hacia Jerusalén y, a la vez, continúa su instrucción a los discípulos. Enseñándoles los valores nuevos del Reino.
Jesús desautoriza y declara inválida la ley de Moisés porque no responde al proyecto original de Dios. Los criterios de Dios se oponen a las tradiciones judías. Sólo sobre la igualdad y el amor incondicional tiene sentido el matrimonio y la comunidad cristiana.
En el plan de Dios para la Humanidad no encontramos discriminaciones por ser mujer. Ella es una igual, con la misma dignidad que el hombre. Eso es lo que reclama Jesús.
* Otra dimensión que Jesús señala, es la arrogancia, el orgullo, y la apertura a la gratuidad. El relato de los niñ@s es bastante claro. Los discípulos regañan a l@s que llevan los niñ@s no porque estos puedan molestar al Maestro, sino porque los niños no representan nada. Jesús piensa de forma opuesta. El Reino , es una iniciativa divina y gratuita. Siendo un Don, el Reino está reservado para aquell@s que, como los niñ@s, confían, se abren y se abandonan por completo a la benevolencia de Dios.
El gesto de abrazar a l@s niñ@s va más allá; con ello muestra la preferencia de Dios por .
los que nada pueden ni valen humanamente. El amplio mundo de los pobres. Tantas personas que no son productivas, que no interesan ni para la política, ni para la economía y a veces ni para la iglesia ni para la marcha de la comunidad.
* Jesús, reunido en casa con l@s suyos, es decir, en el centro de la comunidad eclesial, explica a sus discipul@s el gran misterio de la IGUALDAD. Del verdadero Amor.

• O R A C I Ó N
¡Gracias, Jesús de Nazaret, por este invento de la familia, partiendo del matrimonio en el amor.
¡Gracias por haberlo probado y santificado, tu Jesús en Nazaret, en esa feliz y admirable pareja que tanto amó!.María y José.
¡Gracias porque aunque este amoroso invento del matrimonio, de la familia es frágil y a menudo estalla y se rompe, o chirría, con todas sus limitaciones, es y ha sido fuente de vida, lugar de crecimiento en el amor, crecimiento personal, entrega desinteresada..
¡Gracias, Padre, porque, aunque los “altavoces sociales” pregonan el desastre de fracasos matrimoniales, existen millones de familias, equilibradas, en las que se ama, se ora, se trabaja, se educa en el amor, se vive en la paz y el equilibrio que nacen del sacrificio y de la lucha diaria por amor.
A tod@s, especialmente a l@s que nos llamamos cristian@s, ayúdanos, a pesar de lo destemplado del ambiente, a formarnos cada vez mejor, a crecer cada día en la esperanza, a comunicar el optimismo del Evangelio, a tod@s a ser luz y sal los unos para l@s otr@s, sin distinción de hombre o mujer..
Así unid@s en el verdadero amor, conseguiremos hacer un mundo que se parezca cada día más a tu Reino. AMÉN.
Z U R I Ñ E

26 DOMINGO T.O., 30 de septiembre de 2012

LA TRAMPA DEL FANATISMO

Mc 9, 38-48

Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Quiero empezar este comentario con una cita, un tanto extensa, del escritor israelí Amos Oz que, en un librito titulado Contra el fanatismo (Debolsillo, Barcelona 2005), escribe:

«La semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo» (p.22).

«La esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser. El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos. En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma u otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto» (p.28-29).

Daba en el clavo también el físico Andréi Sajarov cuando decía que «la intolerancia es la angustia de no tener razón».

Tanto la intolerancia como el fanatismo ponen de relieve la propia inseguridad. Un yo psicológico no suficientemente integrado –debido, probablemente, a la falta de «apego seguro» en un adecuado contacto materno- se verá necesitado de «seguridades absolutas», que sostengan su precaria e inestable sensación de identidad. Por ello mismo, se verá incapaz de tolerar la discrepancia, por lo que tenderá a descalificar, juzgar, condenar (o empeñarse en «convertir») a quien no piense como él. Porque percibe toda diferencia como amenaza.

Esta amenaza es la que se esconde detrás de las palabras de Juan: «No es de los nuestros». Efectivamente, son «los otros» los percibidos como amenaza: porque al pensar diferente o adoptar un comportamiento distinto al propio, nos hacen ver que el nuestro no es el valor «absoluto», sino otro más al lado de tantos. Y esto es lo que una personalidad insegura se ve incapaz de tolerar, por la angustia que le genera la falta de seguridades «absolutas».

En esa necesidad de «seguridades absolutas», podemos detectar dos factores: uno sociocultural (evolutivo) y otro psicológico.

Por lo que se refiere al primero, parece claro que, en el estadio mítico de consciencia, el etnocentrismo es un valor incuestionable: el propio grupo es visto como poseedor de la verdad y del bien, y no hay nada que justifique la crítica al grupo ni la toma de distancia con respecto a él. En ese nivel de consciencia, lo que prima es la «cohesión», derivada del asentimiento ciego a las normas grupales, que da como resultado la concepción del propio grupo como un «rebaño». ¡Y ya sabemos de los riesgos que corría quien se atrevía a salirse del rebaño…!

En este estadio de consciencia, la seguridad del individuo corría pareja a la pertenencia al grupo. De un modo inconsciente, en aras de aquella seguridad, se sacrificaba cualquier discrepancia, porque se había renunciado al derecho a pensar por uno mismo: ¡todo fuera por la sensación de seguridad que aportaba la «homogeneidad»!

Conclusión: a una persona que está instalada en el nivel mítico de consciencia no se le puede pedir tolerancia para quien discrepa; su «nivel de consciencia» no se lo permite, ya que en ese nivel la discrepancia (como la libertad o la autonomía) no es reconocida como valor; ni siquiera puede verse como tal.

Desde el punto de vista psicológico, la cuestión de la intolerancia y el fanatismo se halla también vinculada con la seguridad. La seguridad –y, asociado a ella, el control- constituye una necesidad básica del ser humano. Mientras la persona no ha hecho experiencia de una seguridad firme que le sostiene, la buscará fuera de sí –proyectándola en un líder, un grupo o una institución-, o la situará en sus ideas, creencias o convicciones.

Cuando eso se produce, el sujeto inseguro no podrá tolerar que tal líder, grupo o institución sean puestos en cuestión; así como tampoco podrá permitir que sus ideas, creencias o convicciones sean criticadas. Le va en ello su propia estabilidad.

Por eso, a una persona con un yo psicológico tan frágil tampoco se le puede pedir tolerancia. Su pánico a la inseguridad se lo hace imposible. Con una ironía añadida: la persona que padece eso tipo de inseguridad que le hace ser fanática presume de seguridad e incluso de «verdad». Hasta el punto de que, para ella, quienes plantean una postura diferente son personas «a convertir», en la línea de lo expresado por Amos Oz.

La «salida» del fanatismo parece requerir, por tanto, una doble condición: por un lado, el paso del nivel de consciencia mítico a otro racional; y, por otro, experimentar una fuente de seguridad que se encuentra más allá de la mente (de sus ideas o creencias).

Es probable que, para que esto último pueda darse, sea necesario un trabajo psicológico, que otorgue a la persona una sensación interna de consistencia y de autonomía. Quien es capaz de «hacer pie» en sí mismo, relativiza también el carácter absoluto que había atribuido a las ideas y, a la vez, permite a los otros ser diferentes, sin que la diferencia sea vista como amenaza.

En la medida en que la persona pueda ir creciendo en esa sensación de confianza interna, que le hace ser autónoma, podrá abrirse a otra experiencia más honda: ya no buscará la seguridad en «objetos» (ideas, creencias…), sino en el Fondo mismo de lo Real, experimentado de un modo directo.

Quiero decir que, cuando somos capaces de acallar la mente, no evitar nada y permanecer en silencio, se nos regalará la experiencia de una seguridad de fondo, que se percibe de un modo directo, inmediato y autoevidente. Una seguridad de fondo que no es otra cosa que la misma y única Realidad, que nos sostiene y nos constituye en todo momento. Cuando eso se experimenta, se obtiene el regalo de la Libertad sin límites y de la Plenitud.

Y por retomar la queja de Juan con la que iniciaba este comentario: ¿quiénes son «los nuestros»?

Etnias, tribus, nacionalismos, religiones e ideologías de todo tipo han tendido a definir con claridad los límites que marcaban el propio «territorio», impidiendo que «los otros» se adentraran en él.

En el caso de las religiones, se ha ido incluso más lejos, al atribuir a Dios la demarcación de aquellas presuntas fronteras. Así se ha hablado de «pueblo elegido», «única religión verdadera», «única salvación»…

Frente a tal arrogancia (inconsciente e ignorante), quizás venga bien terminar con el chiste que el propio Amos Oz recoge en su libro.

«Alguien se sienta en la terraza de un café junto a un anciano, que resultó ser el mismísimo Dios. Al enterarse, se dirige a él con una pregunta que le había acompañado siempre: «Querido Dios, por favor, dime de una vez por todas: ¿qué fe es la correcta? ¿La católica romana, la protestante, tal vez la judía o acaso la musulmana? ¿Qué fe es la correcta?». Y Dios dice en esta historia: «Si te digo la verdad, hijo, no soy religioso, nunca lo he sido, ni siquiera estoy interesado en la religión»» (p.89).

Enrique Martínez Lozano

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*ORAR CON EL EVANGELIO:(Mc.9,38-43.45.47-48)

* DOMINGO XXVI. T.O. –B- Setiembre 30

* En el Evangelio de este Domingo aparece el tema, de quienes son “de los nuestros” y quienes no. Sigue siendo muy actual. El mensaje de Jesús, “El que no está contra nosotr@s está a favor nuestro”, lo hemos leído y aplicado, con mucha frecuencia, al revés: “el que no está con nosotr@s está contra nosotr@s”. Pero Jesús pide a sus discípulos y a sus seguidores, los de antes y los de ahora, una visión mucho más abierta, más conciliadora, “buscando más lo que nos une que lo que nos separa.”
* Nos pide, tener un corazón grande para con tod@s, sabiendo que Dios tiene muchos caminos, valorando cualquier granito de buena voluntad y más, cuando de la vida se trata.
Tenemos que ser capaces de percibir el Reino fuera de la Iglesia, Somos muy propens@s a crear partido aún dentro de ella.
De eso nos habla la Palabra de Dios hoy. Incluso muchas veces la Palabra de Dios la hemos utilizado para ponernos por encima de l@s demás, siendo así un antitestimonio de la Verdad..
Nuestra oración, después de esta pequeña reflexión, es ya conocida, pero nos puede ayudar a no dejar de lado a l@s otr@s por no ser de los nuestros, por tenerlos por “troncos secos” incapaces de brotar.

* O R A C I Ó N

* EL LEÑADOR Y EL SEMBRADOR
• De un leño seco hizo leña, como siempre un leñador, sólo era un tronco inservible, perdido en aquel rincón.
No importaba si fue el viento el que un día lo arrancó; si se desgajó de un árbol, si el torrente lo arrastró.
Era un tronco seco que el fuego terminó.
Junto al camino otro leño se tropezó un sembrador. Parece que está seco, pero el buen hombre pensó. “Quizá la savia escondida corra aún por su corazón, tal vez haya una semilla germinando en su interior”.
Y empezó a regar la tierra, y en lo imposible esperó, hasta que un día una planta del tronco seco brotó.
Cuando pases por las calles no vayas de leñador.
Ten la mirada profunda y el paso del sembrador, que toma el pulso a la vida y la alienta con tesón.
Que en las noches de invierno no duda que saldrá el sol, que cree que algo renace, si algo muere por amor, que siempre espera en lo bueno que hay en cada corazón. “aunque no sea de los nuestros” como Jesús de Nazaret nos enseñó.
No es fácil ir por el mundo haciendo de sembrador. Está la tierra en sequía y es muy dura la labor. Pero Dios sigue apostando por la vida que creó, y el hará que brote un día del tronco seco una flor.
Jesús de Nazaret, haz de nosotr@S en este curso que comenzamos a renovar nuestros grupos, comunidades y otras actividades, buen@s sembradores, sin rechazar al otro, como “leño seco”, porque quizá con nuestro humilde aliento, un día de su flor. AMÉN
Z U R I Ñ E

26 DOMINGO T.O, NORK EZ DU JESUSEN ESKLUSIBARIK-NADIE TIENE LA EXCLUSIVA DE JESÚS

Marcos 9, 38-43.45.47-48

NORK EZ DU JESUSEN ESKLUSIBARIK

José Antonio Pagola. vgentza@euskalnet.net
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Harrigarria da pasadizoa. Problema batekin hurbildu zaizkio ikasleak Jesusi. Oraingoan, ez da Pedro taldearen bozemailea, baizik Joan, lehen postuen bila dabiltzan bi anaietarik bat. Oraingo honetan, Jesusen esklusiba eta haren egintza askatzailearen monopolioa ikasleen taldeak izan ditzan nahi du.

Kezka hau dute. Exorzista bat, taldekoa ez dena, deabruak botatzen ari da Jesusen izenean. Ikasleak ez dira pozten jendea sendaturik ikusteaz eta gizatasun handiagoko bizitza egin ahal izateaz. Soilik, beren taldearen izen handia dute gogoan. Horregatik, errotik moztu nahi izan dute exorzista haren jarduera. Hau dute arrazoi bakarra: «ez da gutakoa».

Ikasleak jakindakotzat eman dute hau: Jesusen izenean eta haren indar sendatzaileaz jardun ahal izateko, beren taldekoa izan behar du. Ezin aipa dezake inork ere Jesusen izena, ezta mundua gizatasun handiagokoa egiteko lan egin ere, Elizako kide izan gabe. Horrela ote egiaz? Zer dio Jesusek?

Biribilki erantzun die Jesusek: «Ez iezaiozue eragotzi». Jesusen Izena eta indar gizatargarria garrantzizkoagoak dira ikasleen talde koxkorra baino. On da Jesusek dakarren salbazioa zabaltzea eraikitako Eliza baino harago, eta jendeari gizatasun handiagoz bizitzen laguntzea. Jokabide hori ez litzateke hartu behar sekula konpetentzia desleialtzat.

Bere jarraitzaileen artean hautsi egin nahi luke Jesusek tentazio sektario oro. Ez du eratu bere taldea mesiastar salbazio kontrolatzeko. Jesus ez da eskola itxi bateko lege-maisu, baizik guztiei eskainia den salbazioaren Profeta. On egiteko hots egina den toki guztietan sostengatu behar du Elizak haren Izena.

Jesusek ez du nahi bere jarraitzaileek hitz egin dezaten gureez eta gure ez direnez, barnekoez eta kanpokoez, bere izenean jardun dezaketenez eta ez dezaketenez. Beste bat du bere ikusmoldea: «Gure kontra ez dagoena, gure alde dago».

Gizarte modernoan gizon-emakume asko ari da mundua zuzenago eta gizatarrago egin nahiz, Elizako kide izan gabe. Batzuk ez dira fededun ere, baina Jainkoaren erreinuari eta haren zuzenbideari bideak irekin ari zaizkie. Gutakoak dira. Maitasuna behar diegu agertu, errezeloz begiratu ordez. Sostengua behar diegu eskaini, deskalifikatu ordez.

Oker handia da Elizan bizitzea, alde guztietan etsaigoa eta gaiztakeria ikusiz; pentsatuz, gizagaixo baten moduan, gu geu bakarrik garela Jesusen Espirituaren eramaile. Jesusek ez liguke horrelakorik onetsiko. Aitzitik, ebanjelioaren arabera bizi eta pobreenez eta premia handiagoa dutenez kezkatzen direnekin lankide izatera gonbidatuko gintuzke.

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

ECLESALIA, 26/09/12.- La escena es sorprendente. Los discípulos se acercan a Jesús con un problema. Esta vez, el portador del grupo no es Pedro, sino Juan, uno de los dos hermanos que andan buscando los primeros puestos. Ahora pretende que el grupo de discípulos tenga la exclusiva de Jesús y el monopolio de su acción liberadora.

Vienen preocupados. Un exorcista, no integrado en el grupo, está echando demonios en nombre de Jesús. Los discípulos no se alegran de que la gente quede curada y pueda iniciar una vida más humana. Solo piensan en el prestigio de su propio grupo. Por eso, han tratado de cortar de raíz su actuación. Esta es su única razón: «no es de los nuestros».

Los discípulos dan por supuesto que, para actuar en nombre de Jesús y con su fuerza curadora, es necesario ser miembro de su grupo. Nadie puede apelar a Jesús y trabajar por un mundo más humano, sin formar parte de la Iglesia. ¿Es realmente así? ¿Qué piensa Jesús?

Sus primeras palabras son rotundas: «No se lo impidáis». El Nombre de Jesús y su fuerza humanizadora son más importantes que el pequeño grupo de sus discípulos. Es bueno que la salvación que trae Jesús se extienda más allá de la Iglesia establecida y ayude a las gentes a vivir de manera más humana. Nadie ha de verla como una competencia desleal.

Jesús rompe toda tentación sectaria en sus seguidores. No ha constituido su grupo para controlar su salvación mesiánica. No es rabino de una escuela cerrada sino Profeta de una salvación abierta a todos. Su Iglesia ha de apoyar su Nombre allí donde es invocado para hacer el bien.

No quiere Jesús que entre sus seguidores se hable de los que son nuestros y de los que no lo son, los de dentro y los de fuera, los que pueden actuar en su nombre y los que no pueden hacerlo. Su modo de ver las cosas es diferente: «El que no está contra nosotros está a favor nuestro».

En la sociedad moderna hay muchos hombres y mujeres que trabajan por un mundo más justo y humano sin pertenecer a la Iglesia. Algunos ni son creyentes, pero están abriendo caminos al reino de Dios y su justicia. Son de los nuestros. Hemos de alegrarnos en vez de mirarlos con resentimiento. Los hemos de apoyar en vez de descalificar.

Es un error vivir en la Iglesia viendo en todas partes hostilidad y maldad, creyendo ingenuamente que solo nosotros somos portadores del Espíritu de Jesús. El no nos aprobaría. Nos invitaría a colaborar con alegría con todos los que viven de manera evangélica y se preocupan de los más pobres y necesitados.

 

25 DOMINGO T.O.,23 de septiembre, Mc 9, 30-37

PRIMEROS Y ÚLTIMOS

Mc 9, 30-37

Por tres veces, Marcos pone en boca de Jesús el anuncio de su muerte-resurrección. Y por tres veces queda patente el contraste radical entre el camino tomado por Jesús y el que quieren tomar los discípulos.

Jesús habla de «entrega»; los discípulos de «ser el más importante». No es extraño que, a lo largo de su escrito, Marcos se refiera a estos como «ciegos» y «sordos», porque no ven ni entienden.

La clave radica en las palabras del maestro de Nazaret, que aparecerán en el capítulo siguiente: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos» (Marcos 10,42-45).

Parece claro que actitudes tan diametralmente divergentes solo se explican desde la diferente percepción que uno y otros tienen de su propia identidad.

Los discípulos representan la postura del «yo» (o ego). Al identificarse con el yo, como si constituyera su identidad, no pueden hacer otra cosa que vivir para él: para alimentarlo, sostenerlo y auparlo por encima de cualquier otra cosa.

La identificación con el yo no puede conducir sino a una vida egocentrada, en la que todo gira en torno a los intereses del propio yo. Desde esos intereses es desde donde se mira y se juzga todo; desde ellos también, se actúa y se organiza la propia existencia.

Ahora bien, dado que el yo es inconsistente y vacío –es solo una «ficción óptica de la conciencia», como dijera Einstein-, la persona que se identifica con él se ve embarcada en un camino interminable de voracidad, insaciabilidad e insatisfacción. Y ello por la dinámica propia de esa falsa identificación con esa cosa llamada «yo», que nunca tiene bastante, por la sencilla razón de que es un vacío sin fondo.

La consecuencia no puede ser otra que la frustración y el sufrimiento inútil, dando lugar a lo que algún psicólogo ha llamado la «noria hedonista»: porque la búsqueda del placer a toda costa no hace sino incrementar el sufrimiento.

La causa, sin embargo, es la inconsciencia o ignorancia de quienes somos. El desconocimiento de nuestra verdadera identidad hace que nos tomemos por lo que no somos, y vivamos equivocadamente, generando sufrimiento. Se trata de la ignorancia básica, que nos hace tomar como «real» lo que solo es un «sueño», y nos lleva a creer que es una «ilusión» lo auténticamente Real.

Cada vez con mayor precisión, los neurocientíficos empiezan a explicarnos el origen neurobiológico de aquella identificación: las intenciones físicas y mentales de evitar el dolor y acercarse a lo placentero toman la forma de secuencias de acción hacia estados mentales que van generando de modo implícito la experiencia de «agencia», es decir, de un «yo» que es el autor de sus acciones y, asociada a ella, la experiencia de ser una entidad física y mental separada y diferente del entorno. Es lo que afirma el reconocido neurólogo norteamericano, de origen portugués, Antonio Damasio, cuando escribe que, como resultado del proceso evolutivo, el ser humano llega a generar automáticamente el sentido de que es el propietario de la «película del cerebro».

Como consecuencia del propio funcionamiento cerebral, terminamos confundiéndonos con lo que la mente nos dice que somos. Lo que ocurre, sin embargo, es que –como ha titulado uno de sus libros el doctor Francisco Rubia- «el cerebro nos engaña».

La mente no puede saber quiénes somos, por la sencilla razón de que ella es únicamente una parte, un «objeto» dentro de lo que somos. Si nos ceñimos a ella, lo que sucede es que nuestra capacidad de ver se ve constreñida a sus estrechos límites.

Para «ver» (despertar), es necesario justamente acallar la mente. Deja caer todo lo que son objetos mentales y emocionales –pensamientos, sentimientos, emociones, reacciones, afectos…-, y pregúntate qué queda. Mientras puedas nombrarlo, sigue siendo un objeto más. Aquello que permanece siempre, que puede ser vivido, pero no nombrado ni pensado, Eso es tu verdadera identidad: la pura Consciencia de ser, que se expresa como «Yo Soy».

Así es como se percibe Jesús, un hombre desidentificado de su ego, que se reconoce como Consciencia transpersonal, una identidad atemporal e ilimitada, que le lleva a decir, por ejemplo: «Antes de que Abraham naciese, Yo Soy» (Juan 8,58).

Desde esa percepción, cae cualquier idea o creencia de ser un «yo separado». La egocentración se transforma en sentimiento y experiencia de Unidad. Del «yo apropiador» se pasa a reconocerse como «cauce» o «canal» a través del cual fluye lo que somos en profundidad… Se abre camino la Sabiduría y la Compasión.

Si lo característico del yo es la apropiación –»ser el más importante»-, lo distintivo de Yo Soy es el servicio. Y así podemos entender adecuadamente por qué Jesús presenta a Dios como «Gracia». En la «parábola en acción» que constituye el relato del lavatorio de los pies (Juan 13,1-15), Jesús se sitúa como «esclavo», al servicio de todos. Y, en ese mismo gesto, muestra a Dios como Servicio y Cuidado.

Tal imagen rompe los esquemas que las personas religiosas han podido hacerse sobre Dios, en el sentido de que, según Jesús, Dios no crea para que le sirvamos, sino para servirnos. Dios, según Jesús, es Servidor. Podemos comprender que él mismo se identifique de ese modo.

A partir de ahí, la discusión sobre «el más importante» aparece fuera de lugar. Para quien ha visto, como Jesús, el «primero» es «el último y el servidor de todos».

Y eso es lo que quiere expresar la imagen del niño, puesto «en medio», en el centro. En la Palestina del siglo I, el niño simbolizaba a quien no contaba en absoluto –menos aún si era niña-, al último de todos. Pues bien, en la inversión radical que se produce en cuanto reconocemos el engaño de identificarnos con el yo, los primeros son los últimos… Y esos últimos son figura de Jesús… y de «quien me ha enviado».

Enrique Martínez Lozano

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25. IGANDEA URTEAN ZEHAR. ZERGATIK GARA AHAZTEN?- ¿POR QUÉ LO OLVIDAMOS?

ZERGATIK GARA AHAZTEN
Mc. 9, 30-37
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain
Jerusalemerako bidean, ikasleei irakaspena ematen jarraitu du Jesusek, espero dion zoriaz. Behin eta berriz errepikatu du gizonen esku utziko dutela eta hauek hilko, baina Jainkoak piztuko. Markosek dio «ez ziotela ulertu eta beldurra ematen ziela galdetzeak». Garai guztietako kristauen pobretasuna nabari da hitz hauetan. Ezin ulertu dugu Jesus eta beldurra ematen digu haren mezuan sakontzeak.
Kafarnaumera iristean, Jesusek galdetu die: «Zein hika-mika zenuten bidean?» Eta ikasleak isilik. Lotsaturik dira. Markosek esaten digu, handiena zein ote zen zutela eztabaida, bidean. Benetan, lotsatzekoa da Gurutziltzatuko dutena halako ikasleez inguratua ikustea: halako handinahi zoroa bizi dutenez. Eta zein dugu gaur egun eztabaidagai Elizan, Jesusi jarraiki gabiltzala?
Etxera iristean, irakaspen bat eman nahi die Jesusek. Premiazkoa dute. Hona Jesusen lehen hitzak: «Lehena izan nahi duena, izan bedi guztien artean azkena eta guztien zerbitzaria». Jesusi jarraiki doan taldean, gailendu eta besteak baino handiago izan nahi duenak, azkena behar du izan, guztien ondorengoa; horrela ikusi ahal izango du zein premia duten, horrela izan ahalko da guztien zerbitzari.
Egiazko handitasuna zerbitzari izatean datza. Jesusentzat, lehena ez da garrantzizko kargua duen bat, baizik gainerakoen zerbitzari eta laguntzaile bizi dena. Lehenak, Elizan, ez dira hierarkak, baizik jende xume hori, bidean aurkitzen duenari lagunduz bizi den hori. Ez ginateke horretaz ahaztu behar.
Jesusen ustez, guztiak besteengan pentsatuz bizi diren pertsonen gune izan beharko luke Elizak. Gure beharra lukeen jendeari adi bizi garen elkarte. Ez da Jesusen ameskeria. Harentzat hain garrantzizkoa da hori, non etsenplu bizi bat emango baitigu.
Beste ezer baino lehen, haur bat hartu eta guztien artean ezarri du, arreta harengan ipin dezaten. Apostolutar Elizaren erdian beti egon beharko luke haur horrek, jende ahul eta ezinduaren, laguntza-, babes- eta arreta premia dutenen sinbolo bezala. Ez luke egon behar kanpoan, atarian. Gure arretaren xede izan behar luke.
Ondoren, haurra besarkatu du. Ikasleek hori beti gogoan izan dezaten nahi du. Eta esan die: «Haur hau bezalako bat nire izenean onartzen duenak, ni neu onartzen nau, eta ni neu onartzen nauenak, ni neu bidali nauena onartzen du».
Begi-bistakoa da Jesusen irakaspena: Jainkoa onartzeko bidea, haren Seme Jesus onartzea da: jende xume, babesgabe, behartsu eta ezinduagan presente dagoen Jesus onartzea. Zergatik gara ahazten horretaz horrenbeste?
25 Tiempo ordinario (B) Marcos 9, 30-37

¿POR QUÉ LO OLVIDAMOS?

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

Camino de Jerusalén, Jesús sigue instruyendo a sus discípulos sobre el final que le espera. Insiste una vez más en que será entregado a los hombres y estos lo matarán, pero Dios lo resucitará. Marcos dice que «no le entendieron y les daba miedo preguntarle». En estas palabras se adivina la pobreza de los cristianos de todos los tiempos. No entendemos a Jesús y nos da miedo ahondar en su mensaje.

Al llegar a Cafarnaún, Jesús les pregunta: «¿De qué discutíais por el camino?». Los discípulos se callan. Están avergonzados. Marcos nos dice que, por el camino, habían discutido quién era el más importante. Ciertamente, es vergonzoso ver al Crucificado acompañado de cerca por un grupo de discípulos llenos de estúpidas ambiciones. ¿De qué discutimos hoy en la Iglesia mientras decimos seguir a Jesús?

Una vez en casa, Jesús se dispone a darles una enseñanza. La necesitan. Estas son sus primeras palabras: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». En el grupo que sigue a Jesús, el que quiera sobresalir y ser más que los demás, se ha de poner el último, detrás de todos; así podrá ver qué es lo que necesitan y podrá ser servidor de todos.

La verdadera grandeza consiste en servir. Para Jesús, el primero no es el que ocupa un cargo de importancia, sino quien vive sirviendo y ayudando a los demás. Los primeros en la Iglesia no son los jerarcas sino esas personas sencillas que viven ayudando a quienes encuentran en su camino. No lo hemos de olvidar.

Para Jesús, su Iglesia debería ser un espacio donde todos piensan en los demás. Una comunidad donde estamos atentos a quien nos puede necesitar. No es sueño de Jesús. Para él es tan importante que les va a poner un ejemplo gráfico.

Antes que nada, acerca un niño y lo pone en medio de todos para que fijen su atención en él. En el centro de la Iglesia apostólica ha de estar siempre ese niño, símbolo de las personas débiles y desvalidas, los necesitados de apoyo, defensa y acogida. No han de estar fuera, junto a la puerta. Han de ocupar el centro de nuestra atención.

Luego, Jesús abraza al niño. Quiere que los discípulos lo recuerden siempre así. Identificado con los débiles. Mientras tanto les dice: «El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí…acoge al que me ha enviado».

La enseñanza de Jesús es clara: el camino para acoger a Dios es acoger a su Hijo Jesús presente en los pequeños, los indefensos, los pobres y desvalidos. ¿Por qué lo olvidamos tanto? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

ORAR CON EL EVANGELIO:(Mc.9,30-37)

• DOMINGO XXV T.O –B- ( SEPT. 23)

* Muchas veces escuchamos en nuestros días: “creo en Jesús” pero no creo en la Iglesia. Esto puede ser una interpelación para nosotr@s los cristian@s que nos lleve a la revisión y conversión de nuestro vivir a la luz del evangelio, ya que cada domingo afirmamos en el credo: “creemos en la Iglesia, santa, católica y apostólica”. ¿Creemos lo que decimos?
Tenemos que recordar que Jesús no escogió como colaboradores para anunciar y hacer visible el Reino a personajes selectos, que destacaran por su preparación; fue eligiendo a discípulos muy “humanos”, incapaces de leer los acontecimientos y comprender las explicaciones, a pesar de que Jesús se vuelca hacia ellos. Por 2ª vez se dice “no entendían sus palabras”
* La llamada de la fe, la llamada a la construcción del Reino y a formar Iglesia, supone aceptar las mediaciones; la fe nos llega a través de mediaciones. De ahí la gran responsabilidad que tenemos cada un@ como cristian@s. Jesús es el gran mediador entre Dios y las personas, nos comunica cómo es Dios, y cada un@ de nosotr@s tenemos que ser un mediad@r que lleva (o impide) acercarse a Jesús. Por eso tenemos que preguntarnos ¿Somos puente que facilita el acercamiento a Jesús o muro que impide el paso?…
* “El que quiera venirse conmigo… que cargue con su cruz y me siga”…
* “Por el camino discutían quién iba a ser el más importante”…
* Cristo no fundó una religión sino “una comunidad de creyentes.”
Por eso a la luz del anuncio de la muerte que Jesús les hace, no es extraño que ante su discusión de quién es el más importante, callen avergonzad@s… Jesús va poniendo los cimientos de una comunidad: “El más importante es el que sirve”. En el servicio a l@s más débiles, a pesar de las dificultades, podremos imitar la forma de actuar del Maestro. El Jesús “pedagogo” nos pone como símbolo precioso a un niño.
* Jesús les anuncia que, en Jerusalén, “sería perseguido y ejecutado”. Pero ellos no entendían lo que les decía…
* El Jesús Resucitado será nuestra fuerza para ser transmisores de salvación para l@s demás.

• O R A C I Ó N

• Hoy te pedimos, a ti Jesús de Nazaret que nos des a tod@s tu sabiduría, tu pedagogía. La sabiduría del amor hasta la cruz, la sabiduría que da vida siempre: “amar y servir a l@s demás”.
Que nos des fuerza para vivir nuestra fragilidad con optimismo, viviendo abiert@s al diálogo, a la búsqueda, siendo portador@s de la Buena Noticia, con alegría y esperanza.
Los discípul@s igual que nosotr@s, no entendían la sabiduría de la cruz, por eso necesitamos que nos repitas que los primer@s en la Iglesia son los que saben amar y servir, los que saben sacrificarse para que haya más amor, para que nadie pase hambre, para que haya sana libertad para tod@s, más unidad, más paz.
* Tú Jesús de Nazaret nos enseñaste el Amor del Padre: acoger a l@s pecadores, a l@s enferm@s, a los marginad@s. Te sentabas con ell@s a la mesa. Y les decías y nos dices que esta es la religión que Dios quería que Dios quiere.
• Jesús de Nazaret, danos tu sabiduría, la sabiduría que da vida siempre. AMÉN
• Z U R I Ñ E

24 DOMINGO T.O., 16 de septiembre de 2012, Mc. 8, 27-35

J.E. GALARRETA

FE ADULTA

Mc 8, 27-35

En los capítulos 7 al 11 del evangelio de Marcos podemos reconstruir (siempre con reservas) un itinerario de Jesús con profundo significado. Según Marcos, Jesús predica en Galilea (capítulos 2-7), hace un recorrido por Fenicia (7,24 -8), regresa a Galilea, a los alrededores del lago (8 y 9), y va recorriendo los lugares de Galilea, alternando la predicación con las curaciones, pero «no quería que nadie lo supiese» (9,30). Desde allí, comienza una «subida a Jerusalén», pasando por Jericó (10,46), por Betfagé y Betania, hasta llegar a la ciudad (11 y ss.) donde terminará su vida mortal.

Este itinerario exterior es reflejo de un «itinerario interno», motivado por la reacción de la gente de Galilea y por la propia conciencia mesiánica de Jesús. Se ha producido la crisis galilea, el apartamiento de la gente y algunos de sus discípulos, reflejada en Marcos y expresada más crudamente en Juan 6.

Este apartamiento se produce porque Jesús defrauda intencionadamente la esperanza mesiánica tal como se daba en la gente, alentada por la interpretación oficial de los líderes religiosos. Jesús deja de mostrarse tan generosamente como antes, esquiva la popularidad, se dedica al adoctrinamiento intenso de sus discípulos y va asumiendo la convicción profunda de su destino: subir a Jerusalén para ser allí llevado a la muerte por la radical oposición de los jefes del pueblo.

Éste es el contexto del pasaje que hoy leemos. En él aparece la pregunta clave: «Quién es este hombre». La respuesta muestra las opiniones, tan poco aceptables, de la gente, y la opinión de los discípulos, expresada por Pedro: Jesús es el Mesías. Pero su noción de Mesías no es compatible con el rechazo y mucho menos con la muerte en cruz. Pedro expresa su total oposición a esa noción de Mesías y Jesús reacciona violentamente ante las palabras de Pedro, le llama Satanás y le acusa de tener una idea del Mesías que no proviene de Dios sino de conveniencias humanas.

El evangelio de Marcos aprovecha la situación para poner aquí en labios de Jesús unas máximas morales sobre la cruz y la negación de sí mismo.

REFLEXIÓN

Jesús es el Mesías que no esperaban, el siervo sufriente que carga con los pecados del pueblo, con los pecados del mundo. Difícil de aceptar para todos, incluso para Pedro, al que Jesús llama «Satanás», porque «piensa como los hombres y no como Dios».

Es sorprendente la violencia con que Jesús reacciona ante las palabras de Pedro. Conocemos mejor esas palabras por la redacción de Mateo (16,22): «¡Dios te libre, Señor! No te sucederá tal cosa». Y Jesús le rechaza cono tentador: «Quieres hacerme caer».

Se pueden interpretar esas palabras como reflejo de una verdadera tentación de Jesús, la presencia durante su vida de las tentaciones simbolizadas en la cuarentena del desierto («te daré todos los reinos del mundo…», tentación de poder, de mesianismo davídico exterior). En la misma línea podría interpretarse la reacción de Jesús en Juan 6,15, la sensación de apresuramiento en apartarse de la gente que le quiere hacer rey y su refugio en la oración, en el monte, él solo, como en las grandes ocasiones y dificultades de su vida.

Sea de esta interpretación lo que se quiera, es innegable que esta fisonomía religiosa ha sido y es una profunda tentación para las personas y para la Iglesia. Pero es una tentación completa, no una simple oferta de idolatría en la que se trate descaradamente de «servir a otro dios», sino el mal ofrecido «bajo capa de bien» que diría Ignacio de Loyola, y por eso es más temible.

La tentación consiste en múltiples aspectos, pero todos ellos derivados de lo que Jesús detecta en Pedro: «Tú piensas como los hombres, no como Dios». Hay una manera humana de concebir la vida y la religión, y hay una Palabra que introduce nuevos criterios, no pocas veces incompatibles con los meramente humanos.

Así que, como tantas veces en el evangelio, aquella situación histórica representa una confrontación religiosa permanente en la humanidad (instituciones y personas).

• El reino del mesías como reino exterior, que incluye política, prosperidad y esplendores de culto; el reino de los cielos como conversión manifestada en obras.
• Salvar la vida; perder la vida.
• El Mesías triunfante; Jesús crucificado.
• La iglesia que triunfa como única mediadora entre Dios y los hombres; la iglesia que sirve sufriendo en silencio…

Dos mundos, dos mesianismos, dos mentalidades, dos religiones. Una es la de Jesús, la otra es la que mató a Jesús.

Esa misma mentalidad que mató a Jesús es la que puede matar a la iglesia, y la que puede hacer que nuestra vida se eche a perder. El último párrafo del evangelio de hoy lo expresa con radical claridad:

– El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio la salvará.

Este último párrafo no es un añadido postizo; es una aplicación inteligente y precisa. Para nosotros, hoy, significa el dilema entre salvar nuestro modo de vivir, nuestra manera occidental de entender a Jesús, nuestro concepto de culto, de templo, de jerarquía, de iglesia… salvar todo eso o perder todo eso por el Evangelio, por la Palabra. Y la radicalidad, un tanto estremecedora, acompaña su fundamento, tomando las violentas palabras de Jesús a Pedro:

– ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

¡Pensar como Dios! ¿Qué puede ser más acertado que pensar como Dios? Pensar como Dios para salvar la vida, para hacerla más útil y sobre todo más feliz. Y, por el contrario, no pensar como Dios, buscar otro guía, fiarse de otros criterios. Terrible peligro, echar a perder la vida, equivocar el camino.

La violencia de la respuesta de Jesús a Pedro nos hace pensar que también Jesús tenía que esforzarse en «pensar como Dios», que incluso él estaba continuamente tentado de pensar con otros criterios y valores… y que esa es la asignatura pendiente más importante de toda vida humana. Pero ¿cómo piensa Dios? Para eso, precisamente para eso es Jesús, para que podamos ver con nuestros ojos, casi diríamos tocar con nuestras manos, cómo es un hombre que piensa como Dios.

El problema está en que en nuestro cristianismo-católico-occidental-consumista-cultual, hay evangelio, hay presencia de Jesús, pero hay también mucho mesianismo davídico, mucho «Dios para nosotros», mucho «pueblo privilegiado», mucho encerrar a Dios en nuestros incuestionados conceptos.

Y, a nivel personal, hay mucho deseo de que la Palabra no cambie demasiado lo que nosotros consideramos vida religiosa, que en resumen es mantener lo más posible de los ideales del mundo (que tienen poco que ver con «pensar como Dios») sin perjudicar definitivamente la vida eterna.

Aun a riesgo de entrar en interpretaciones demasiado concretas y opinables, podríamos señalar aspectos actuales que nos parecen derivados de esa tentación. Pienso que la iglesia y los cristianos de hoy padecen las mismas tentaciones que la Biblia refleja como tentaciones (y pecados) de Israel… y del mismo Jesús.

A nivel institucional la Biblia presenta a Israel como víctima y culpable de un pecado de APROPIACIÓN DE DIOS. «El Dios de Israel». Y todas las naciones deberán aceptar al Dios de Israel y, consecuentemente, a Israel como Pueblo Preferido, embudo por el que hay que pasar para llegar a Dios. Hay que aceptar a Dios como Israel lo ofrece. Israel es el único que conoce a Dios, porque es el único a quien Dios se ha revelado: los demás pueblos deberán conocer a Dios a través de lo que Israel les diga de Él. En consecuencia, Israel es el gran intermediario cultual: todos los pueblos deberán adorar a Dios en Jerusalén y en su templo, según los ritos y a través de los sacerdotes de Israel. Y todo ello fundamentado en la infalibilidad de la palabra de Dios. Todo lo que está en La Ley y Los Profetas es palabra infalible de Dios, y por tanto da seguridad absoluta a Israel y lo convierte en privilegiado entre todas las naciones. La aplicación a nosotros la Iglesia es evidente.

A nivel personal, la religión oficial de Israel se muestra en la Biblia, y muy especialmente en la espiritualidad de los fariseos y letrados que se enfrentan a Jesús, como una espiritualidad de estricto cumplimiento de preceptos en busca de una «justicia ante Dios». Los preceptos incluyen la limosna, pero con la intención de que el limosnero sea más perfecto, como cumplimiento de un deber ordenado a la propia justicia.

Nada de esto tiene que ver con las columnas básicas de «El Reino». El nuevo Israel será levadura en la masa del mundo, haciéndolo fermentar desde dentro, no por sumisión. Dios mismo y su Palabra son levadura y sal; el Dios eterno todopoderoso y juez se presenta como alimento para la vida del mundo. El samaritano que ayuda a su prójimo y el centurión romano que suplica con fe son puestos como ejemplo a los hijos de Abraham observadores de preceptos. «Somos hijos de Abraham – Éste es el Templo del Señor» son expresiones de orgullo expresamente rechazadas por Jesús.

Creo que tenemos – en el momento actual más que nunca – motivos para una larga meditación sobre nuestros parecidos con los pecados de Israel, que mataron a Jesús.

Pero no basta saber, no basta pensar. Es inútil conocer el camino si se va por otra parte. Aquí encaja como anillo al dedo la carta de Santiago. Fe sin obras es saber cómo piensa Dios y no hacerle caso. ¿Es ésta nuestra situación?

Una vez más, se nos invita a ir a Jesús para conocerle y seguirle, tal como Él es, abandonando todo lo demás. Seguimiento de Cristo pobre y crucificado, desde la conversión personal, desde el servicio a todo el mundo, sin poder, sin búsqueda de la justicia ante Dios, sin creerse más que nadie, sin pretender que nuestra metafísica es capaz de definir a Dios, reconociendo la palabra de Dios allí donde resuene, dentro o fuera de la iglesia, reconociéndola en los que sirven a sus hermanos con corazón compasivo…

La iglesia (las personas y la institución) debe salvarse, salvar su vida, no buscando su vida sino entregándola para la vida del mundo. Lo que hay que entregar, lo que no hay que buscar, es el propio prestigio, el éxito exterior, la propia justicia ante Dios, el monopolio de la Palabra, la función de intermediario sagrado, el sentimiento de privilegiados, la preferencia del dogma sobre el servicio, la tranquilidad de estar salvados y ser mejores que otros por pertenecer a la iglesia, el sometimiento de La Palabra a nuestros modos culturales y a nuestro status de vida occidental….

Ni la iglesia como institución ni cada cristiano como persona está salvado por ser iglesia o por ser cristiano: está más invitado que nadie a seguir a Jesús pobre y crucificado, a negarse a sí mismo y no buscar su vida, su éxito, su justicia. Sólo así podrá ser sal, levadura, alimento para la vida del mundo, de todo el mundo, que es el destinatario de la salvación.

S A L M O 4 0

Elevamos a Dios esta oración en nombre de la iglesia entera, presentándole nuestros temores y pidiéndole que nos libre, a nosotros la iglesia, de nuestras oscuridades.

En Dios pongo toda mi esperanza.

Inclina tu oído hacia mí y escucha mi oración.

Salva mi vida de la oscuridad,

afirma mis pies sobre roca

y asegura mis pasos.

Mi boca entona un cántico nuevo

de alabanza al Señor.

Dichoso el que pone en Dios su confianza.

No quieres sacrificios ni oblaciones

pero me has abierto los ojos,

no exiges cultos ni holocaustos,

y yo te digo : aquí me tienes,

para hacer, Señor, tu voluntad.

Tú, Señor, hazme sentir tu cariño,

que tu amor y tu verdad me guarden siempre.

Porque mi errores recaen sobre mí

y no me dejan ver.

¡Socórreme, Señor, ven en mi ayuda!

Que sientan tu alegría los que te buscan.

Tú, mi Dios, mi Salvador, no tardes

José Enrique Galarreta

 

XXIV. IGANDEA URTEAN ZEHAR, JESUS AINTZAKOTZAT HARTU-TOMAR EN SERIO A JESUS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

ECLESALIA

Mc. 7, 27-35

JESUS AINTZAKOTZAT HARTU

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Filiporen Zesareako pasadizoak erdigunea hartzen dut Markosen ebanjelioan. Alditxo bat elkarrekin bizi ondoren, galdera erabakitzailea egin die Jesusek ikasleei: «Zein naizela uste duzue?» Guztien izenean, Pedrok erantzun dio inolako dudarik gabe: «Mesias zara zu». Noizbait ere, badirudi dena argi dagoela. Jainkoak bidali duen Mesias da Jesus eta ikasleak jarraitzaile ditu harekin lan egiteko.

Baina Jesusek badaki gauza ez dela horrela. Garrantzizko zerbait ikastea falta zaie oraino. Aise egiten dute Jesus hitzez aitortzea, baina oraino ez dakite zer den hari hurbiletik jarraitzea, haren egitasmoan eta zorian parte hartuz. Hona zen dioen Markosek: «haiei irakasten hasi zen» Jesus. Ez da ohiko irakaspen bat; zerbait funtsezkoa da, ikasleek pixkana beretu beharko dutena.

Hasieratik «argi eta garbi» mintzo zaie. Ez die ezer ezkutatu nahi. Jakin behar dute ezen sufrimendua bidelagun izango duela beti Jainkoaren erreinuaren bidea urratzeko bere eginkizunean. Azkenean, buruzagi erlijiosoek kondenatu egin dute eta indarrez hilko. Berpiztuko denean bakarrik ikusiko da Jainkoa berekin duela.

Pedrok aurka egin du entzuten duenaren aurrean. Sinetsezina da haren erreakzioa. Jesus berekin hartu eta aparte eraman du «errieta egiteko». Lehenengoa izan zen Jesus Mesiastzat aitortzeko. Orain, lehenengoa da hari uko egiteko. Jesusi ulertarazi nahi dio ezen esaten ari dena zorakeria dela. Ez dago prest bide horri jarraitzeko. Jesusek aldatu beharra du pentsaera hori.

Inork uste ez bezain zakar erreakzionatu du Jesusek. Bat-batean, Satanasen zantzuak ikusi ditu Pedrogan, jendea Jainkoaren borondatetik apartarazi nahi lukeen basamortuko tentatzailearen zantzuak. Ikasleei begira jarri eta hitz hauekin egin dio Pedrori agirika: «Jar zaitez nire atzealdean, Satanas»; har ezazu zeure lekua ikasle bezala. Utziozu ni tentatzeari. «Gizakiek bezala duzu pentsatzen, eta ez Jainkoak bezala».

Ondoren, jendeari eta ikasleei dei egin die, bere hitzak ondo entzun ditzaten. Okasio askotan errepikatuko ditu. Ez dituzte ahaztu behar sekula. «Nirekin etorri nahi duenak, uko egin diezaiola bere buruari, har dezala bere gurutzea eta jarrai diezadala».

Ez da derrigorrezkoa Jesusi jarraitzea. Norberaren esku dago erabakia. Baina Jesus aintzakotzat hartzekoa da. Ez dira aski aitorpen erraz batzuk. Mundua gizatasun handiagoko, duinago eta zoriontsuago egiteko bere zeregin zoragarrian jarraitu nahi badiogu, prest egon behar dugu bi gauza hauetarako. Lehenik, prest egon Jainkoaren erreinuaren kontrako diren egitasmo edo planei uko egiteko. Bigarren, Jesusi jarraitzeagatik eta haren asmoarekin bat egiteagatik etor dakizkigukeen sufrimenduak onartu.

TOMAR EN SERIO A JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net

ECLESALIA, 12/09/12.- El episodio de Cesarea de Filipo ocupa un lugar central en el evangelio de Marcos. Después de un tiempo de convivir con él, Jesús hace a sus discípulos una pregunta decisiva: «¿Quién decís que soy yo?». En nombre de todos, Pedro le contesta sin dudar: «Tú eres el Mesías». Por fin parece que todo está claro. Jesús es el Mesías enviado por Dios y los discípulos lo siguen para colaborar con él.

Jesús sabe que no es así. Todavía les falta aprender algo muy importante. Es fácil confesar a Jesús con palabras, pero todavía no saben lo que significa seguirlo de cerca compartiendo su proyecto y su destino. Marcos dice que Jesús «empezó a instruirlos». No es una enseñanza más, sino algo fundamental que los discípulos tendrán que ir asimilando poco a poco

Desde el principio les habla «con toda claridad». No les quiere ocultar nada. Tienen que saber que el sufrimiento lo acompañará siempre en su tarea de abrir caminos al reino de Dios. Al final, será condenado por los dirigentes religiosos y morirá ejecutado violentamente. Sólo al resucitar se verá que Dios está con él.

Pedro se rebela ante lo que está oyendo. Su reacción es increíble. Toma a Jesús consigo y se lo lleva aparte para «increparlo». Había sido el primero en confesarlo como Mesías. Ahora es el primero en rechazarlo. Quiere hacer comprender a Jesús que lo que está diciendo es absurdo. No está dispuesto a que siga ese camino. Jesús ha de cambiar esa manera de pensar.

Jesús reacciona con una dureza desconocida. De pronto ve en Pedro los rasgos de Satanás, el tentador del desierto que busca apartar a las personas de la voluntad de Dios. Se vuelve de cara a los discípulos e increpa literalmente a Pedro con estas palabras:«Ponte detrás de mí, Satanás»: vuelve a ocupar tu puesto de discípulo. Deja de tentarme. «Tú piensas como los hombres, no como Dios».

Luego llama a la gente y a sus discípulos para que escuchen bien sus palabras. Las repetirá en diversas ocasiones. No las han de olvidar jamás. «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga».

Seguir a Jesús no es obligatorio. Es una decisión libre de cada uno. Pero hemos de tomar en serio a Jesús. No bastan confesiones fáciles. Si queremos seguirlo en su tarea apasionante de hacer un mundo más humano, digno y dichoso, hemos de estar dispuestos a dos cosas. Primero, renunciar a proyectos o planes que se oponen al reino de Dios. Segundo, aceptar los sufrimientos que nos pueden llegar por seguir a Jesús e identificarnos con su causa. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).