*ORAR CON EL EVANGELIO:(Lc.18.9-14)

•DOMINGO XXX.T.O. –C-27 de OCUBRE

* En este domingo, Lucas en su evangelio, sigue metiéndonos en el “camino” de Jesús a Jerusalén y cómo en este camino va dando a sus discípul@s enseñanzas sobre la oración. El domingo pasado se nos decía el modo de hacerla: “sin desanimarse”, con “perseverancia”. Con “confianza”. Hoy se nos habla del espíritu, las actitudes con las que hay que orar.
Dios está con quien lo necesita. “Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias”, así lo vimos la semana pasada con la viuda.
Jesús, nos tiene acostumbrados al contraste en sus parábolas. La de este domingo del fariseo y publicano nos hace presente lo ridícula y desechable que es para Jesús la hipocresía. El fariseo, (como todos ellos en aquellos tiempos) teniéndose por justo (podía serlo), se sentía seguro de sí mismo y “despreciaba a l@s demás”. En cambio el publicano: Se humilla ante Dios y reconoce su pecado.
Sabemos que esto sucedió en tiempos de Jesús, y puede suceder en los nuestros.
Dios no puede perdonar a un engreído como el fariseo, y está siempre dispuesto a perdonar a un pecador como el publicano. Está siempre cerca del pobre, del necesitado. Esto no es ir contra las buenas obras, que siempre pide Jesús en el evangelio, es ir contra la soberbia humana que a veces se disfraza con las buenas obras. Yo hago, yo doy, yo… sin descubrir la gratuidad de Dios.
• Este domingo es una buena ocasión para examinar nuestra actitud cuando oramos. Porque puede suceder que, sin saberlo o sin quererlo, estemos orando “al estilo del fariseo”.
• La oración nunca es un yo aislado. El Dios cristiano se hace invocar como Padre “nuestro”. Y aunque esté en silencio, en escucha, siempre en nosotr@s hay un sentimiento fraternal. Aquí estoy Señor… pero luego volvemos con la gene, con los grupos, con la vida, para seguir anunciando y construyendo el Reino de Dios, aquí y ahora.
La oración es sin duda una gracia, un don y hay que pedirlo, por eso es necesario un esfuerzo, un querer orar un acoger para abrirse a la gracia. La oración cristiana brota de una vida al estilo del evangelio, creer como Jesús creía, siempre pensando en los demás. Toda nuestra vida (aunque agitada) nos dispone para la oración, pero no olvidemos, que la oración, nos dispone para la vida. El cristiano ora porque cree, pero a veces nos sentimos pobres y limitad@s y tenemos que pedir como los discípulos: Señor, auméntanos la fe”
• “Ven en ayuda de mi incredulidad”. “Señor, yo creo, pero aumenta mi fe”
• ORACIÓN
• Hacemos nuestra la oración del publicano que por su humildad, salió justificado:
¡Oh Dios!, ten compasión de nosotr@s que estamos llen@s de incoherencias, que queremos y
no podemos, nos proponemos y no llegamos, decimos y vemos la necesidad de la oración, y no oramos…
Ten compasión de nosotr@s, porque no hacemos florecer todo lo que tú has puesto dentro de nosotr@s en bien de los demás… Perdona que no saquemos bastante tiempo para disfrutar de tu AMOR Y AMISTAD
Quisiéramos no caer en fariseísmos, no juzgar a nadie. Sentirnos pobres.
Ten compasión de nuestra fragilidad, sigue invitándonos a tener vida en abundancia para seguir construyendo aquí y ahora tu Reino.
Somos pobres, pequeñ@s, incoherentes, pero ¡contigo todo lo podemos! Sigue enseñándonos a orar, a confiar a perseverar, a ayudar. Y que puedas decir después de nuestra oración.
“Ir en paz, habéis salido justificad@s” AMÉN – ZURIÑE
ORACIÓN DE UN PRESO DE LA CARCEL DE PAMPLONA
Te rezo, señor, desde la cárcel.
Supongo que mi súplica logrará atravesar todas las puertas y todas las rejas.
A Ti “¡qué suerte”! podemos rezarte en todas partes, porque tú siempre nos acompañas. Incluso estás preso con nosotros.
Acuérdate de mí, Señor, y de todos mis compañeros de prisión.
Acuérdate de nosotros, aunque algunas veces sólo nos acordemos de ti para blasfemarte.
Tú, Señor, júzganos con tu justicia. No hagas caso de las condenas que nos han puesto los hombres jueces, que en nada se parecen a Ti.
Enséñanos a vivir en paz; no nos hagamos la vida imposible; que no nos mueva el rencor, ni la envidia, ni la falsedad, ni la traición.
Acuérdate de nosotros cuando vamos midiendo el patio paso a paso, y deja en nosotros unas palabras de amistad y comprensión mutua.
Enciérrate con nosotros en la celda, vela nuestros sueños, para que al menos en sueños vivamos la libertad. Te hablamos de la libertad, Señor, porque Tú sabes que para nosotros es el don máximo y más cotizado; que siempre pensemos en nuestra libertad.
Que sepamos ganarnos la libertad, Señor, y que al recuperarla, consigamos vivirla en paz, sin perjudicar a nadie.
Cierra las cárceles, Señor, porque sólo son escuela de dolor, de soledad, de desesperación, de odio, de violencia.
Danos a todos, señor, el don del amor, de tu amor; que nos haga compartir; que nos ayude a perdonar; que nos llene el vacío de nuestros corazones; que nos haga sonreír aunque tengamos ganas de llorar.
También en las cárceles queremos amarte.
Muéstranos primero tu amor. Hazlo visible entre nosotros.
(De la revista Galería mes de Septiembre)
Sin duda, este preso, quedaría justificado por Jesús. Salvado.
ZURIÑE

30. IGANDEA URTEAN ZEHAR, ¿Quién soy yo para juzgar? / Nor naiz ni inor juzgatzeko?

Jose Antonio Pagola

Lk. 18, 9-14

Nor naiz ni inor juzgatzeko?/ ¿Quién soy yo para juzgar?

Fariseuaren eta zerga-biltzailearen parabolak, batetik, uko handia eragin ohi du kristau askorengan fariseuaren kontra, Jainkoaren aurrean harro eta bere buruaz seguru agertu den horren kontra; bestetik, berezko sinpatia-edo sortu ohi du zerga-biltzailearen alde, bere bekatua apal-apal aitortu duen horren alde. Paradoxikoki, kontakizunak sentimendu hau eragin lezake gugan: «Eskerrak, ene Jainko, fariseu hau bezalakoa ez naizelakoa».

Parabolaren mezua zuzen hartu ahal izateko, kontuan izan behar dugu hau: Jesusek ez du kontatu fariseuen taldekoak kritikatzeko, baizik beste hauen kontzientziari astindu bat emateko: «beren burua zintzotzat emanik, beren buruaz seguru sentitu eta gainerakoak mespretxatzen zituztenak». Hauen artean, egia esan, gure egun hauetako hainbat katoliko ikusten dugu.

Fariseuaren otoitzak haren barne jarrera agertzen digu: «Ene Jainko! Eskerrak zuri besteak bezalakoa ez naizelako». Zer otoitz-mota da gainerakoak baino hobeago sentitzen zarela adierazten duen hau? Legearen betetzaile leiala den fariseu bat bera ere bizi daiteke jarrera galdu honetan. Gizon honek zintzo jotzen du bere burua Jainkoaren aurrean eta, hain juxtu, horregatik bihurtu da epaile, bera bezalako ez direnak mespretxatu eta kondenatzeko.

Zerga-biltzaileak, aldiz, hau bakarrik du esaten: «Ene Jainko! Izan erruki bekatari honetaz». Gizon honek apal-apal aitortu du bekatari dela. Ezin goratu du bere burua bere bizitzagatik. Jainkoaren errukiari gomendatzen dio bere burua. Ez da inorekin konparatu. Ez du inor juzgatu. Egiaz bizi da bere eta Jainkoaren begi bistan.

Kritika sarkorra da parabola; argitan jartzen du engainuzko jarrera erlijioso bat, Jainkoaren aurrean geure errugabetasunaz seguru bizitzen uzten digun bat, ustezko geure gailentasun moraletik kondenatzen dugularik guk geuk bezala pentsatzen edo jarduten ez duen beste edonor.

Ebanjeliotik urrun diren gorabehera historiko eta joera triunfalistek tentazio horretarako joera ezarri dute, modu berezian, katolikoengan. Horregatik, jarrera autokritikoaz irakurri behar dugu parabola: Zergatik uste dugu agnostikoak baino hobeak garela? Zergatik sentitzen gara Jainkoagandik hurbilago bizi garela ez-betetzaileak baino? Zer dago bekatarien konbertsiorako egiten diren zenbait otoitzen hondoan? Zer esan nahi du gainerakoen bekatuak ordaintzeak, geu Jainkoagana konbertituz bizi ez bagara?

Duela gutxi, kazetari baten galderari erantzunez, Frantzisko aita santuak esan zuen: «Nor naiz ni gay bat juzgatzeko?» Ia jende guztia harriarazi dute haren hitz horiek. Itxuraz, inork ez zuen espero Aita Santu katoliko batengandik halako erantzun xume eta ebanjeliko bat. Halaz guztiz, horixe da benetan Jainkoaren aurrean bizi den baten jarrera.

¿Quién soy yo para juzgar?

La parábola del fariseo y el publicano suele despertar en no pocos cristianos un rechazo grande hacia el fariseo que se presenta ante Dios arrogante y seguro de sí mismo, y una simpatía espontánea hacia el publicano que reconoce humildemente su pecado. Paradójicamente, el relato puede despertar en nosotros este sentimiento: “Te doy gracias, Dios mío, porque no soy como este fariseo”.

Para escuchar correctamente el mensaje de la parábola, hemos de tener en cuenta que Jesús no la cuenta para criticar a los sectores fariseos, sino para sacudir la conciencia de “algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás”. Entre estos nos encontramos, ciertamente, no pocos católicos de nuestros días.

La oración del fariseo nos revela su actitud interior: “¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás”. ¿Que clase de oración es esta de creerse mejor que los demás? Hasta un fariseo, fiel cumplidor de la Ley, puede vivir en una actitud pervertida. Este hombre se siente justo ante Dios y, precisamente por eso, se convierte en juez que desprecia y condena a los que no son como él.

El publicano, por el contrario, solo acierta a decir: “¡Oh Dios! Ten compasión de este pecador”. Este hombre reconoce humildemente su pecado. No se puede gloriar de su vida. Se encomienda a la compasión de Dios. No se compara con nadie. No juzga a los demás. Vive en verdad ante sí mismo y ante Dios.

La parábola es una penetrante crítica que desenmascara una actitud religiosa engañosa, que nos permite vivir ante Dios seguros de nuestra inocencia, mientras condenamos desde nuestra supuesta superioridad moral a todo el que no piensa o actúa como nosotros.

Circunstancias históricas y corrientes triunfalistas alejadas del evangelio nos han hecho a los católicos especialmente proclives a esa tentación. Por eso, hemos de leer la parábola cada uno en actitud autocrítica: ¿Por qué nos creemos mejores que los agnósticos? ¿Por qué nos sentimos más cerca de Dios que los no practicantes? ¿Qué hay en el fondo de ciertas oraciones por la conversión de los pecadores? ¿Qué es reparar los pecados de los demás sin vivir convirtiéndonos a Dios?

Recientemente, ante la pregunta de un periodista, el Papa Francisco hizo esta afirmación: “¿Quién soy yo para juzgar a un gay?”. Sus palabras han sorprendido a casi todos. Al parecer, nadie se esperaba una respuesta tan sencilla y evangélica de un Papa católico. Sin embargo, esa es la actitud de quien vive en verdad ante Dios

José Antonio Pagola

 

29º DOMINGO T.O., «JESÚS, CONTEMPLATIVO EN LA ACCIÓN», José E. Galarreta

José E. Galarreta

Lc 18, 1-8

Siguiendo también con la lectura continua de Lucas, encontramos hoy una Palabra de Jesús sobre la oración. Es muy interesante reflexionar sobre varios aspectos más bien técnicos de este pasaje.

En primer lugar, el género mismo de las parábolas. Jesús habla en parábolas. Y no es un capricho. Jesús sabe que nuestros conceptos y nuestras ideas se quedan cortos para abarcar a Dios. Por eso, no hace Teología, una construcción racional sistemática para hablar de Dios.

Hace comparaciones. Y las comparaciones tienen una ventaja y un peligro: la ventaja es que «nos ponen en buena dirección» para entender algo de Dios. El agua, la luz, el pastor, el padre… Dios no es agua ni luz ni pastor ni padre… pero pensando lo que son esas cosas para nosotros, entendemos bastante bien lo que es Dios para nosotros.

El peligro es que sacamos a veces consecuencias inapropiadas: por ejemplo en esta parábola se puede sacar la consecuencia de que «hay que cansar a Dios» para forzarle a hacernos caso. Y no es ése el mensaje. El mensaje es: «si hasta un juez malo atiende al que le pide, ¿cómo no os va a atender vuestro padre?».

Esto nos da la oportunidad de recordar que el mensaje de las parábolas, el mensaje de los evangelios e incluso el mensaje de la Biblia entera, es un único mensaje desarrollado en mil fragmentos que se complementan. Un sólo fragmento, aislado del contexto global, no es significativo. Es importante por tanto recordar el mensaje completo de Jesús sobre la oración, sin limitarnos a un solo pasaje.

Encontramos en los evangelios mensajes parecidos al texto de hoy:

«Si vuestro hijo os pide un pez, ¿le daréis una serpiente? O si os pide pan ¿le daréis una piedra? Pues si vosotros, con lo malos que sois, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre de los cielos?» (Mt. 7: 9-11)

En ellos se muestra que hay que orar, incluso en oración de petición: que es nuestra postura lógica de hijos ante un padre en quien confiamos.

Otros pasajes matizan y enfocan correctamente nuestra oración: Mateo, (6:7-8) se nos da un mensaje que parece contradecir al que leemos en la parábola de hoy:

«Cuando oréis, no seáis palabreros como los paganos, que piensan que a fuerza de palabras serán oídos. No los imitéis, pues vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de que se lo pidáis».

Estos mensajes parecen opuestos, pero no son más que complementarios. Lo vamos a desarrollar más ampliamente a continuación.

Lo que Jesús dice sobre la oración es complemento de lo que Jesús hace. Examinemos brevemente la oración de Jesús, norma y modelo de la nuestra.

«Una vez, estaba en un lugar orando. Cuando terminó, uno de los discípulos le pidió:

– Maestro, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos»

Y les contestó:

– » Cuando oréis, decid:

Padre, santificado sea tu nombre,

venga tu reino,

danos hoy el pan de mañana,

perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,

no nos dejes sucumbir en la prueba.»

(LUCAS 11: 1-4 )

No podemos olvidar que la oración enseñada expresamente por Jesús es el Padre Nuestro.

Podríamos «traducir» el Padre Nuestro, personalizándolo un poco, así:

– PADRE: «Soy tu hijo, necesito decirte todo esto»
– SANTIFICADO SEA TU NOMBRE: «Lo que más me importa, lo que más deseo, lo mejor para todos»
– VENGA TU REINO : «Que venga a mí, ¡conviérteme!. Que venga a todos.»
– HÁGASE TU VOLUNTAD: «Ya sé que se hace, lo acepto, vivo fiándome de Ti.»
– DANOS HOY NUESTRO PAN: «Que no falte tu Palabra, tu Pan, tu Eucaristía. Que no me falte a mí, que no le falte a nadie»
– PERDONAMOS COMO NOS PERDONAS: «Me instalo en el mundo de la Familia: el Padre y los hermanos vivimos del perdón.»
– NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN: «No me dejes, llévame de la mano, que el mal es más fuerte que yo.»
– LÍBRANOS DEL MAL: «De lo que tú sabes que es mal, aunque a mí me parezca bien.»

En resumen, en las «peticiones» del Padre Nuestro no hay oración de petición, en el sentido que nosotros damos a esa expresión. Pedir el Reino, su Voluntad, el Perdón, el Pan, la Liberación del mal, es lo mismo que decir, una y otra vez, que aceptamos y deseamos el Reino. Es la realización de aquella frase de Jesús:

Buscad primero el Reino de Dios y su justicia: lo demás, os lo darán por añadidura.

Innumerables veces en los evangelios vemos a Jesús orando. Frecuentemente, Jesús se levantaba temprano y se iba al campo, a orar en soledad. Varias veces se dice que «se pasaba las noches casi enteras en oración».

Pero, a lo largo del día, cuando no está orando expresamente, «tiene levantado el corazón» hacia su Padre, le invoca antes de cada milagro, le da gracias constantemente, le ve en las cosas y en los sucesos. Vive en oración, es contemplativo en la acción.

Y en los peores momentos de su vida, se refugia en la oración, por ejemplo, en la oración del Huerto de Getsemaní, en la que no hace más que quejarse ante el Padre y aceptar su voluntad, y en la Cruz, en la que, en medio de la mayor oscuridad interior, se refugia en la oración vocal. Y muere gritando a su Padre, confiándose a Él.

De esto sacamos varias consecuencias importantes: que Jesús es un hombre, lleno del espíritu, pero un hombre. Y como paradigma de lo humano, de lo humano lleno del Espíritu, nos muestra la actitud básica del ser humano: estar en continua referencia a Dios.

Los humanos alimentamos nuestra fe en la oración. La oración es como respirar. Siempre respiramos, pero a veces nos damos cuenta, lo hacemos expresamente, intensamente, conscientemente. Así es el clima de Jesús: siempre está en las cosas de su Padre, siempre está con Él, y a veces, muchas veces, de una manera expresa: eso alimenta su vida, la vida del Espíritu se alimenta así. Es parte del espíritu de la parábola de hoy. Orad mucho, constantemente.

Jesús ora mucho y pide poco. Cuando pide, suele ser por los otros. Pero hay una vez en que pide, y desesperadamente: «Que pase de mí este cáliz». Y, esa vez, el cáliz no pasará. «Que no se haga mi voluntad sino la tuya». Y, naturalmente, se hizo SU voluntad, no la de Jesús.

Nosotros pedimos mucho y oramos poco. Confiamos en cansar a Dios para que al fin nos haga caso. Pero esto no funciona así: ya sabe nuestro Padre lo que necesitamos. Pero sabe también -y nosotros no- lo que nos conviene.

Cuando pedimos a Dios cosas desesperadamente hacemos bien, porque para eso somos hijos, para poder decirle a nuestro Padre todo. Dios también hace bien cuando nos da o no nos da: Él sí sabe lo que es bueno. Cuando pedimos y no recibimos, dudamos de Dios: ¿no oye, no es bueno…? Pero deberíamos dudar de nosotros: ¿pedimos cosas convenientes?

Generalmente pedimos milagros, pedimos que Dios altere para nosotros el curso normal de los acontecimientos, que intervenga, que me cure, que suceda lo que me interesa…

El mundo no funciona así. Dios no funciona así. Por supuesto que puede haber milagros: Dios puede hacer lo que quiera. Pero no lo suele hacer, ni tenemos por qué pedirlo.

El milagro es que aceptemos la vida y saquemos de ella, sea como sea, un medio de servir a Dios. Es la inversión de la fe: no usar a Dios para lo que me gusta, me conviene, me interesa. Usar la vida, me guste o no, me vaya bien o no, para servir a Dios.

LA FINALIDAD DE LA ORACIÓN ES ORAR

Solemos orar para conseguir algo, para pedir, para… La oración es su propio fin: estar con Dios, oír a Dios, sentir a Dios, agradecer a Dios, expresarse ante Dios. La oración es el clima normal de un creyente. Oramos porque creemos, porque nos sale de dentro, porque somos así, porque en la esencia de nuestro ser está Él.

Solemos decir que es difícil orar. No es cierto. Es sencillísimo: «levantar el corazón». Como la madre piensa en sus hijos aunque esté haciendo otra cosa. Como un profesional tiene un asunto en la cabeza y le está dando vueltas en el coche, al comer…. Lo tienen dentro, en cuanto no está su mente ocupada en otra cosa, vuelven a ello.

La dificultad no está en la oración, sino en nuestro nivel de fe.

MODOS DE ORAR

Recordemos maneras sencillas de orar.

Leer despacio, degustando. Desde la Sagrada Escritura hasta un libro de viajes. De todo se puede levantar el corazón a Dios. Desde cualquier pista se puede despegar.

Canturrear: muchas canciones, religiosas y no tanto, nos ayudan a levantar el corazón. Esto tiene la ventaja, además, de que vuelven a despertar los sentimientos que tuvimos alguna vez al oírlas o cantarlas. El salmo de hoy (ver al final) tiene una preciosa música. La cantaremos en la Eucaristía del domingo. Tararearla nos recordará lo que sentimos, nos volverá a traer La Palabra.

Recitar fórmulas, jaculatorias, frases, que nos han impresionado alguna vez. Alguna de las lecturas del domingo, frasecitas del evangelio, versos de salmos. Repetirlas muchas veces. Si es en voz alta, mejor, así lo decimos y lo volvemos a oír, y nos llega más adentro.

Quedarse mirando, lo que llamamos contemplar, sin pensar apenas. Que una imagen, vista o imaginada, se nos vaya metiendo dentro. Aquí lo importante es sentir. Podemos sentir gozo al ver colores, admiración al ver el mar, ternura al ver niños, compasión, exaltación, horror… Si estamos viviendo ante Dios, todo eso nos hará sentirle más. Si lo hacemos ante imágenes religiosas, cuadros, escenas, símbolos, es exactamente igual; pero sin pensar mucho, dejándose invadir delante de Dios.

Hablarle a Dios de los otros. Puedo andar por la calle y mirar a la gente, y pedirle a Dios por los que pasan. Así me daré cuenta de cuántos necesitan ayuda, muestran sufrimiento, preocupación, pobreza….

Distraerse ante Dios. «Me distraigo mucho e la oración». Pues cuéntaselo. Si te distraes, es que eso está muy presente en tu mente, te preocupa: piensa en eso delante de Dios, incluso fingiendo un diálogo, incluso hablándoselo en alta voz. Dios no está ausente de nuestras preocupaciones: hagámoslo presente. Cuéntaselo.

Y MIL OTRAS MANERAS QUE A TODOS, A CUALQUIERA, SE OS PUEDEN OCURRIR

LA EUCARISTÍA ES ORACIÓN

Solemos ir a la eucaristía de espectadores. De espectadores aburridos mientras el sacerdote recita fórmulas. De espectadores críticos en la homilía. Pues no: a la eucaristía vamos de actores, de celebrantes. El sacerdote preside: todos celebramos.

En la eucaristía escuchamos y respondemos, rezamos y cantamos, ofrecemos y compartimos… La eucaristía es, ante todo, una gran oración, un lugar de encuentro con Dios en la comunidad de creyentes, un lugar de encuentro con los hermanos creyentes que nos hacen presente a Dios.

Si yo no celebro, si no actúo, asistir a la eucaristía es como ver una película ya vista. Pasan cosas en la pantalla, pero yo estoy fuera. Es como una fiesta, un cumpleaños: si todos van «a ver qué pasa, a ver qué nos dan»… será una triste fiesta. Si todos van «a celebrar», «a felicitar», «a encontrarse con los amigos», «a que salga bien»… saldrá bien, y al salir seremos más amigos.

Vamos a la eucaristía a expresar la fe, a rezar, a renovarnos, a agradecer. La Palabra de la eucaristía puede alimentar nuestra oración de la semana.

José Enrique Galarreta

29. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «USTERIK BAI ORAINO ZUZENTASUNEAN?-¿SEGUIMOS CREYENDO EN LA JUSTICIA?»

USTERIK BAI ORAINO ZUZENTASUNEAN?– ¿SEGUIMOS CREYENDO EN LA JUSTICIA?

Lukas 18, 1-8

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Lukasek parabola labur bat dakarkigu; diosku Jesusek kontatu zuela, ikasleei adierazteko «beti egin behar zutela otoitz, gogogabetu gabe». Ebanjelariak oso gustukoa du gai hau, eta batzuetan ideia bera errepikatzen du. Jakina denez, gonbit bat bezala hartu izan da beti parabola hau, Jainkoari egiten diogun otoitzari eten gabe eutsi behar diogula esateko.

Alabaina, kontakizunaren edukiari eta Jesusek berak atera duen konklusioari erreparatzen badiegu, garbi dakusagu zuzentasun-egarria dela parabolaren giltza. Lautaraino errepikatzen da «zuzentasuna egin» esapidea. Otoitz-eredua baino gehiago, jende makalenaz abusatzen duen gizarte usteldu batean, kontakizuneko alargunak egiten duen borroka-eredua da, zuzentasunaren alde.

Parabola honetako lehen pertsonaia, epaile bat da: «ez da ez Jainkoaren beldur, ez gizon-emakumeen axola». Profetek behin eta berriz salatu izan duten ustelkeriaren hezurmamitze bistakoa da: boteretsuak ez dira Jainkoaren zuzentasunaren beldur eta ez dute errespetatzen pobreen duintasuna, ez eskubideak. Ez dira kasu bakanak. Israelen bizi duten zuzenbide-sistemaren ustelkeria salatzen dute profetek; baita patriarkatu-gizarte hartako egitura matxista ere.

Bigarren pertsonaia, babesik gabeko emakume alargun bat da, gizarte zuzengabe batean. Alde batetik, bera baino boteretsuago den «arerio» baten zapalketa jasaten ari da. Bestetik, bera eta bere sufrimena bost axola zaizkion epaile baten biktima da. Horrela bizi da milioika emakume aldi guztietan herririk gehienetan.

Parabolaren konklusioan, Jesus ez da mintzo otoitzaz. Beste ezer baino lehen, Jainkoaren zuzentasunan konfiantza izateko eskatzen du: «Ez ote die Jainkoak zuzentasuna egingo gau eta egun dei egiten dioten bere aukeratuei?» Aukeratu hauek ez dira «Elizako kideak», baizik herri guztietako pobreak, zuzentasuna eskatuz oihu egiten dutenak. Halakoena da Jainkoaren erreinua.

Ondoren, galdera bat dagi Jesusek, ikasleentzat erronka handia: «Gizonaren Semea etorriko denean, sinesmenik aurkitu ote du lurrean?» Ez du buruan Jesusek doktrina bati atxikitzea den fedea, baizik eta bizitzako jarduera arnasten duen fedea, haserre-eredua, aurre egite aktiboa eta adorea gizaki ustelei zuzentasuna eskatzeko.

Hau ote da ongizatearen gizarteko kristau aseen fedea eta otoitza? Segur aski, arrazoi du J.B. Metz-ek, hau salatzen duenean: kristau-espiritualitatean kanta gehiegi kantatzen dela eta haserre-oihu gutxiegi oihu egiten, konforme egote gehiegi eta gizatasun handiagoko mundu baten amets gutxiegi, kontsolamendu gehiegi eta zuzentasun-gose gutxiegi.

29 Tiempo ordinario (C) Lucas, 18, 1-8
¿SEGUIMOS CREYENDO EN LA JUSTICIA?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
ECLESALIA, 16/10/13.- Lucas narra una breve parábola indicándonos que Jesús la contó para explicar a sus discípulos “cómo tenían que orar siempre sin desanimarse”. Este tema es muy querido al evangelista que, en varias ocasiones, repite la misma idea. Como es natural, la parábola ha sido leída casi siempre como una invitación a cuidar la perseverancia de nuestra oración a Dios.

Sin embargo, si observamos el contenido del relato y la conclusión del mismo Jesús, vemos que la clave de la parábola es la sed de justicia. Hasta cuatro veces se repite la expresión “hacer justicia”. Más que modelo de oración, la viuda del relato es ejemplo admirable de lucha por la justicia en medio de una sociedad corrupta que abusa de los más débiles.

El primer personaje de la parábola es un juez que “ni teme a Dios ni le importan los hombres”. Es la encarnación exacta de la corrupción que denuncian repetidamente los profetas: los poderosos no temen la justicia de Dios y no respetan la dignidad ni los derechos de los pobres. No son casos aislados. Los profetas denuncian la corrupción del sistema judicial en Israel y la estructura machista de aquella sociedad patriarcal.

El segundo personaje es una viuda indefensa en medio de una sociedad injusta. Por una parte, vive sufriendo los atropellos de un “adversario” más poderoso que ella. Por otra, es víctima de un juez al que no le importa en absoluto su persona ni su sufrimiento. Así viven millones de mujeres de todos los tiempos en la mayoría de los pueblos.

En la conclusión de la parábola, Jesús no habla de la oración. Antes que nada, pide confianza en la justicia de Dios: “¿No hará Dios justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?”. Estos elegidos no son “los miembros de la Iglesia” sino los pobres de todos los pueblos que claman pidiendo justicia. De ellos es el reino de Dios.

Luego, Jesús hace una pregunta que es todo un desafío para sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”. No está pensando en la fe como adhesión doctrinal, sino en la fe que alienta la actuación de la viuda, modelo de indignación, resistencia activa y coraje para reclamar justicia a los corruptos.

¿Es esta la fe y la oración de los cristianos satisfechos de las sociedades del bienestar? Seguramente, tiene razón J. B. Metz cuando denuncia que en la espiritualidad cristiana hay demasiados cánticos y pocos gritos de indignación, demasiada complacencia y poca nostalgia de un mundo más humano, demasiado consuelo y poca hambre de justicia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

ORAR CON EL EVANGELIO:Lc.18.1-8

•DOMINGO XXIX T.O.-C- 20 OCTUBRE

* Sigue Jesús “canino de Jerusalén” con sus discípulos. Y estos sin duda, porque han visto y oído mucho a Jesús que hay que orar, le dicen: “Maestro enséñanos a Orar.” Quizá nosotr@s tenemos que hacerle la misma pregunta y nos podemos preguntar: ¿Sabemos orar?…
Porque, cuando algo no funciona, puede ser que esté estropeado… o puede ser que lo estemos usando mal.
Zuriñe, no os va a enseñar a orar, solamente os comunica algo de lo que ella siente y vive, y que sin duda muchos los hacéis mejor que yo.
Orar es hablar con Dios de Tú a tú como le habla un hijo a un padre, un amigo a otro amigo íntimo… Y a Dios podemos decirle cualquier cosa: lo que vivimos, nuestras preocupaciones, lo que hemos logrado, en lo que necesitamos ayuda. Por supuesto las preocupaciones que nos rodean.
Santa Teresa nos decía: Es tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.
Pero es el mismo Jesús quien nos lo enseña con su vida y de ahí brotó la pregunta de los discípulos.
Jesús se retiraba a rezar solo: Mt.14,23; Mc. 1,35; Mc. 6,46; Lc.5,16; Lc.6-12; Lc. 9,18; Lc.9,29; Jn. 6,15
La oración de Jesús es diálogo, es comunicación con el otro, con el Padre.. Pero también participa en la oración de la comunidad. Sin duda Jesús fue un hombre que oraba mucho para saber la voluntad del Padre y hacer su Voluntad. Por eso lo primero en la oración hay que “ESCUCHAR” y después darle respuesta a Dios que nos habla por medio de la Palabra, de los acontecimientos en el día a día. Así nos lo refleja hoy el evangelio por medio del método de Jesús: “la parábola”. La viuda está escogida como personaje desamparado. Un juez y una viuda marginada… ¡Cuántas situaciones de estas vivimos!… Y la viuda consigue que se la escuche por su insistencia…Es mujer de fe, confía, insiste. ¿Encontrará el Señor en nosotr@s esa fe? Aquí nos refleja la necesidad de perseverancia en la oración. Y el texto del evangelio, nos repite por lo menos cuatro veces una palabra que hace falta que todos la vivamos ahora: “JUSTICIA” y que trabajemos por conseguirla. Dios nos habla, tenemos que dar respuesta a nuestro alcance. La oración, nos lleva al COMPROMISO.
• Hoy, en toda la Iglesia, celebramos el día del DOMUND, FE+CARIDAD= MISIÓN. El día de hacer “PUBLICIDAD” (¿Por qué no?) de Dios entre aquell@s que no lo conocen. Esto es un misionero y… no olvidemos que desde nuestro Bautismo, somos misioneros, allí donde estemos para seguir construyendo el Reino, aquí y ahora.

ORACIÓN MISIONERA
• Jesús de Nazaret. Tú que guías a la Iglesia por medio de tu Espíritu para conducirnos al Padre: haz que, continuando fielmente tu misión, abramos tus puertas a nuestros hermanos y seamos la presencia de tu Amor. Que anunciemos de manera convincente, con las palabras y con la vida, que Tú eres el único Salvador del mundo; que demos testimonio de la fe con caridad, bondad y ternura, para que todos puedan encontrarte.
Te lo pedimos por intercesión de María, Madre tuya y nuestra y Reina de las Misiones.
Ayúdanos a estar convencidos de que, por nuestra fe y testimonio, debemos ser una Iglesia Misionera en todas partes, y empezando en casa y con los cercanos. AMÉN. ZURIÑE

28 DOMINGO T.O.,»LA SALVACIÓN LLEGA CON EL AGRADECIMIENTO», Fray Marcos

FE ADULTA
Lc 17, 11-19

Una vez más se nos recuerda el texto que Jesús va de camino hacia Jerusalén, donde se enfrentará al templo, lo que le llevará a la muerte y a la plenitud como ser humano en la entrega total. En esa subida se va haciendo presente la salvación, no solo al final del camino como nos han hecho creer.

Jesús sale al encuentro de los oprimidos y esclavizados de cualquier clase. Se preocupa de todo el que encuentra en su camino y tiene dificultades para ser él mismo. Sin la compasión de Jesús, el relato sería imposible.

Dice un proverbio oriental: cuando el sabio apunta a la luna, el necio se queda mirando al dedo. Al seguir empleando títulos de relatos como: la oveja perdida, el hijo pródigo, los diez leprosos, etc., nos quedamos en el dedo y no descubrimos la luna a la que apuntan. Hoy el relato lo deberíamos llamar: de diez leprosos curados uno se salva.

En el relato vemos con toda claridad que la fe abarca no solo la confianza, sino la respuesta, fidelidad. Es la respuesta que completa la fe que salva. La confianza cura, la fidelidad salva. Mientras el hombre no responde con su propio reconocimiento y entrega, no se produce la verdadera liberación. Una vez más queda cuestionada nuestra fe.

Los protagonistas son hoy la lepra, Jesús y un personaje no judío. Los nueve restantes hacen de contrapunto. La lepra era el máximo exponente de la marginación, porque obligaba a los afectados a vivir una marginación deshumanizadora, desde el punto de vista social y religioso.

La lepra es una enfermedad contagiosa que era un peligro para la sociedad entera. Pero al no tener clara la diferencia entre lepra y otras infecciones de la piel, se declaraba lepra cualquier síntoma que pudiera dar sospecha de esa enfermedad. Muchas de esas infecciones se curaban espontáneamente y el sacerdote volvía a declarar puro al enfermo. A esta manera de actuar tan lesiva, Jesús quiere oponer una fe-confianza que debe cambiar también la actitud de la sociedad.

Al tomar como referencia la salvación del samaritano, está resaltando la universalidad de la salvación de Dios; pero sobre todo está criticando la idea que los judíos tenían de una relación exclusiva y excluyente con Dios.

No tiene por qué tratarse de un relato histórico. Los exegetas apuntan más bien, a una historia encaminada a resaltar la diferencia entre el judaísmo y la primera comunidad cristiana. En efecto, el fundamento de la religión judía era el cumplimiento de la Ley. Si un judío cumplía la Ley, Dios cumpliría su promesa de salvación. En cambio, para los cristianos, lo fundamental era el don gratuito e incondicional de Dios; al que se respondía con el agradecimiento y la alabanza. «Se volvió alabando a Dios y dando gracias».

Tenemos datos más que suficientes para afirmar que la liturgia de las primeras comunidades estaba basada toda ella en la acción de gracias (eucaristía) y la alabanza divina.

El relato está muy resumido y escueto, por eso es muy importante distinguir los distintos pasos:

1º.- Súplica profunda y sincera. Son conscientes de su situación desesperada y descubren la posibilidad de superarla. «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.

2º. – Respuesta indirecta de Jesús. «Id a presentaros a los sacerdotes». Ni siquiera se habla de milagro.

3º.- Confianza de los diez en que Jesús puede curarlos. «Mientras iban de camino»

4º.- En un momento del camino quedan limpios.

5º.- Reacción espontánea de uno. «Viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios y dando gracias».

6º.- Sorpresa de Jesús, no por el que vuelve, sino por los que siguieron su camino. «Los otros nueve, ¿dónde están?

7º.- Confirmación de una verdadera actitud vital que permite al samaritano alcanzar mucho más que una curación. «Levántate, vete, tu fe te ha salvado».

En este relato encontramos una de las ideas centrales de todo el evangelio: la autenticidad, la necesidad de una religiosidad que sea vida y no solamente programación y acomodación a unas normas externas. Se llega a insinuar que las instituciones religiosas pueden ser un impedimento para el desarrollo integral de la persona. Todas las instituciones tienden a hacer de las personas robots, que ellas puedan controlar con facilidad.

Si no defendemos nuestra personalidad, la vida y el desarrollo individual termina por anularse. El ser humano, por ser a la vez individual y social, se encuentra atrapado entre estos dos frentes: la necesidad de las instituciones, y la exigencia de defenderse de ellas para que no lo anulen.

Solo uno volvió para dar gracias. Solo uno se dejó llevar por el impulso vital. Los nueve restantes (se supone que eran judíos), se sintieron obligados a cumplir lo que mandaba la ley: presentarse al sacerdote para que les declarara puros y pudieran volver a formar parte de la sociedad.

Para ellos, volver a formar parte del organigrama religioso y social, era la verdadera salvación. Los nueve vuelven a someterse al cobijo de la institución; van al encuentro con Dios en el templo, en los ritos.

El samaritano creyó más urgente volver a dar gracias. Fue el que acertó, porque, libre de las ataduras de la Ley, se atrevió a expresar su vivencia profunda. Este encuentra la presencia de Dios en Jesús. Es más importante responder vitalmente al don de Dios, que el cumplimiento de unos ritos externos.

La verdadera salvación para el leproso llega en el reconocimiento y agradecimiento del don. Los otros nueve fueros curados, pero no encontraron la verdadera salvación; porque tenían suficiente con la liberación de la lepra y la recuperación del entramado religioso. Estamos ante la disyuntiva: salvación material o salvación espiritual.

Sin darnos cuenta nos sentimos inclinados a buscar la salvación en las seguridades y a conformarnos con ella. Incluso no tenemos ningún reparo en meter a Dios en nuestra propia dinámica y convertirle en garante de la salvación que nosotros buscamos, la material.

El cumplimiento de una norma solo tiene sentido religioso cuando estamos de verdad motivados desde el convencimiento. Jesús no dio ninguna nueva ley, solo la del amor, que no puede ser nunca un mandamiento. Ese valor relativo que Jesús dio a la Ley, le costó el rechazo frontal de todas las instancias religiosas de su tiempo. Jesús tuvo que hacer un gran esfuerzo por librarse de todas las instituciones que en su tiempo como en todo tiempo, intentaban manipular y anular a la persona. Para ser él mismo, tuvo que enfrentarse a la ley, al templo, a las instancias religiosas y civiles, a su propia familia. Incluso una institución tan básica como la familia puede anular a la persona e impedirle que sea ella misma.

El seguimiento de Jesús es una forma de vida. La vida escapa a toda posible programación que le llegue de fuera. Lo único que la guía es la dinámica interna, es decir, la fuerza que viene de dentro de cada ser y no el constreñimiento que le puede venir de fuera. La misma definición de Aristóteles lo expresa con toda claridad. Vida = «motus ab intrinseco». No basta el cumplir escrupulosamente las normas, como hacían los fariseos, hay que vivir la presencia de Dios. Todos seguimos teniendo algo de fariseos.

Un ejemplo puede aclararnos esta idea. Cuando se vacía una estatua de bronce, el bronce líquido se amolda perfectamente a un soporte externo, el molde; la figura puede salir perfecta en su configuración externa, solo le falta una cosa, la vida. Eso pasa con la religión; puede ser un molde perfecto, pero acoplarse a él, no es garantía ninguna de vida. Y sin vida, la religión se convierte en un corsé, cuyo único efecto es impedir la libertad. Todas las normas, todos los ritos, todas las doctrinas son solo medios para alcanzar la vida espiritual.

Al celebrar la misa, no sé si somos conscientes de que «eucaristía» significa acción de gracias. Además, en ella repetimos más de quince veces «Señor, ten piedad», como los diez leprosos. La gloria es reconocer y agradecer a Dios lo que Él es. El evangelio de hoy tenía que ser un acicate para celebrar conscientemente esta eucaristía. Que de verdad sea una manifestación comunitaria de agradecimiento y alabanza.

Antiguamente tenía gran importancia litúrgica la celebración de las Témporas en los primeros días de Octubre. Eran unos días de acción de gracias que tenían mucho sentido para la gente sencilla. Al finalizar la recolección de los frutos, se le daba gracias a Dios por todos sus dones.

Meditación-contemplación

«Se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias».

Se trata del último paso del acto de fe.

La confianza produce la curación, pero la fidelidad produce la salvación.

Sería una pena que me conforme con la curación.

…………….

La respuesta interior al don personal de Dios,

produce el verdadero milagro de la liberación.

La identificación con el Otro, me libera de los otros.

En los demás puedo encontrar seguridades. En Dios encontraré libertad.

………………

Sin reconocimiento del don, no puede haber respuesta.

La principal tarea del ser humano es ese descubrimiento,

que nos llevará a una entrega incondicional en fidelidad.

Mi existencia depende en cada instante de Él.

…………………….

Fray Marcos

* ORAR CON EL EVANGELIO:Lc.17.11-19)

* DOMINGO XXVIII.T.O.-C-OCTUBRE 13

* El Evangelio de esta semana, no le sobra ni una coma… Es como continuación del domingo pasado que nos hablaba de la fe como confianza plena en el Dios que nos visita. Es el relato de los diez leprosos curados por Jesús, nueve desagradecidos y un extranjero bienaventurado por creyente y por agradecido.
* Iba Jesús por el “camino,” como de costumbre (Se ve que Jesús sólo se para, para rezar) y se encuentra a diez desgraciados leprosos, enfermedad rechazada en esa sociedad, y de lejos, se ponen a “gritar”. Lo de “gritar” llama la atención ya que en el evangelio encontramos muchos gritos: el ciego de Jericó grita, los endemoniados gritan. El verdadero sufrimiento genera griterío…
* Cuántas cosas que deberíamos gritar se quedan por decir. Cuanta denuncia de la injusticia, por nuestra parte y por parte de la Iglesia que deberíamos decir se tendría que oír hasta en los confines del mundo, en estos tiempos que vivimos.
* Los 10 desgraciados gritan y le piden al Maestro compasión. Podían haber pedido otra cosa, pero al COMPASIVO le piden compasión. Y por supuesto la reciben inmediatamente. Si le hubiesen pedido otra cosa quizá les hubiese hecho esperar. Pero piden compasión. Y el COMPASIVO se la da. La da siempre a quien la pide porque eso es lo que Él vive, eso es lo que Él es “COMPASIÓN”
Jesús no puede evitar compadecerse, padecer-con. Los 10 leprosos son curados, limpios y sanos. ¡Salvados!. Jesús no pide nada a cambio. No busca clientes. Pero solo uno vuelve agradecido. Y es el extranjero además de leproso. El extraño para el Galileo, el diferente. Jesús no ha hecho diferencias. Todos quedan limpios. Pero, ¿Dónde están los otros nueve? Ahora esta es la cuestión: ¿Somos del grupo de los nueve o somos el uno agradecido? ¿Qué pasa con los otros 9 (novecientas veces nueve) restantes? ¿Cuántas veces damos gracias a Dios? Nos quejamos y no sin razón de lo poco que nos agradecen las cosas los demás. Pero, ¿Cuándo encuentra Dios corazones agradecidos?
* ¿Cuántas personas, cuántos pueblos nos están pidiendo que tengamos compasión de ellos a gritos y desde lejos, porque no les dejamos que se acerquen a nosotros? Con dolor recordamos lo ocurrido esta semana pasada. Vemos los féretros… ¿Nos mueve a compasión?… otros están cerca…
No vienen de lejos.
* Es muy necesario que, contemplando la actitud de Jesús con los leprosos de su tiempo, nos dejemos convertir por su Espíritu a la solidaridad comprometida con los excluidos de nuestra sociedad, que son tant@s…
* Zuriñe quiere ser corta en la reflexión, pero es difícil. Quizá vosotr@s no sacáis tiempo para leerlo, pero ¿es cuestión de tiempo o porque nos cuestiona?…, Animo, y como Jesús, sigamos en camino y con con-pasión.
*ORACIÓN
Jesús de Nazaret: “diez leprosos se encontraron contigo” desde la necesidad. Sólo uno te buscó desde la gratitud. Diez encontraron la salud. Sólo uno se encontró contigo…
Has sido tú, Jesús de Nazaret, quien se ha compadecido de ellos:
Les has abrazado sin marginar a ninguno
Les has amado como el Padre del cielo ama.
Les has puesto en pie para que actúen como Tú
Les has asegurado que el amor del Padre les realiza como personas:
“tu fe te ha salvado” le dices al agradecido.
La escena con los leprosos nos dice que siempre estamos preparados para pedir y pocas veces nos acordamos de dar gracias.
Por eso hoy queremos agradecerte cuanto hemos recibido y recibimos gratuitamente:
Te damos gracias por la vida y la familia, por la fe y esta comunidad Parroquial en la que la celebramos.
Gracias porque tu amor nunca falla y porque cuanto somos y tenemos es don tuyo.
Ayúdanos a actuar cada día con COMPASION y AGRADECIMIENTO. AMÉN.
ZURIÑE

28. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «SINETSI ESKER ONIK GABE-CREER SIN AGRADECER»

SINETSI ESKER ONIK GABE

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 09/10/13.-Samaria inguruan hamar lepradunen talde bat sendatu izana kontatuz hasten da gaurko kontakizuna. Baina, oraingo honetan, Lukas ez da luzatu sendatzearen xehetasunak deskribatzen, baizik eta lepradunetako batek, sendaturik sentitzean, zein erreakzio izan duen agertu du. Arduratsu deskribatu ditu haren urrats guztiak; kristau ez gutxiren ohikeriazko fedeari astindu bat eman nahi dio horrela.

Jesusek eskatu die lepradunei apaizengana joateko, gizartean integratzeko baimena emango dien agiria lortzeko. Alabaina, haietako bat, sendatua sentitzean, apaizengana joan ordez, Jesusen bila itzuli da. Sentitu du bizitza berri bat hasi dela berarentzat. Aurrerantzean, desberdina izango da dena: era duinean eta zorionekoan bizi ahal izango da. Badaki zeini zor dion hori. Jesusekin topo egin beharra sentitzen du.

«Oihuka Jainkoa goratuz» itzuli da. Badaki, Jesusen indar salbatzaileak Jainkoagan bakarrik izan dezakeela bere jatorria. Orain gauza berri bat sentitzen du Jesusek hots egiten duen Aita On horretaz. Ez du hori sekula ahaztuko. Aurrerantzean Jainkoari eskerrak emanez biziko da. Bere indar guztiez goratuko du. Guztiek jakin behar dute Jainkoaren maitasuna sentitzen duela berak.

Jesusekin topo egitean, «haren aurrean belaunikatu da, eskerrak emanez». Lagunek beren bidean jarraitu dute apaizengana joateko; berak, ordea, badaki Jesus dela Salbatzaile bakarra. Horregatik dago hemen, Jesusen ondoan, eskerrak emanez. Jainkoaren erregalurik hobena aurkitu du Jesusengan.

Kontakizunaren bukaeran, Jesus mintzatu da eta hiru galdera egin ditu, gertatuaren aurrean bere harridura eta tristura agertuz. Ez doazkio bere oinetan duen samariarri. Lukasek, kristau-elkarteek entzutea nahi duen mezua biltzen dute.

«Ez al dira hamarrak garbi gelditu?» Ez al dira hamarrak sendatu? Zergatik ez dute aitortu Jesusengandik hartu dutena? «Beste bederatziak, non dira?» Zergatik ez daude hemen? Zergatik bizi da hainbeste kristau Jainkoari ia inoiz eskerrik eman gabe? Nolatan ez dute sentitzen esker on berezirik Jesusekiko? Ez ote dute ezagutzen? Ez al die ezer esaten?

«Ez al da itzuli atzerritar hau beste inor Jainkoari eskerrak emateko?» Nolatan gertatzen da, erlijioa betetzen ez duen hainbeste pertsonak Jesusen aurrean miresmena eta esker ona agertzea, eta kristau batzuek ezer berezirik ez sentitzea haren aurrean? Benedikto XVI.ak adierazi zuen duela urte batzuk: bila dabilen agnostiko bat hurbilago egon daitekeela Jainkoagandik, tradizioz eta ondarez den ohikeriazko kristau bat baino. Fededunengan poza eta esker ona eragiten ez dituen sinesmena fede gaixotia da.

28 Tiempo ordinario (C) Lucas, 17, 11-19
CREER SIN AGRADECER
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 09/10/13.- El relato comienza narrando la curación de un grupo de diez leprosos en las cercanías de Samaría. Pero, esta vez, no se detiene Lucas en los detalles de la curación, sino en la reacción de uno de los leprosos al verse curado. El evangelista describe cuidadosamente todos sus pasos, pues quiere sacudir la fe rutinaria de no pocos cristianos.

Jesús ha pedido a los leprosos que se presenten a los sacerdotes para obtener la autorización que los permita integrarse en la sociedad. Pero uno de ellos, de origen samaritano, al ver que está curado, en vez de ir a los sacerdotes, se vuelve para buscar a Jesús. Siente que para él comienza una vida nueva. En adelante, todo será diferente: podrá vivir de manera más digna y dichosa. Sabe a quién se lo debe. Necesita encontrarse con Jesús.

Vuelve “alabando a Dios a grandes gritos”. Sabe que la fuerza salvadora de Jesús solo puede tener su origen en Dios. Ahora siente algo nuevo por ese Padre Bueno del que habla Jesús. No lo olvidará jamás. En adelante vivirá dando gracias a Dios. Lo alabará gritando con todas sus fuerzas. Todos han de saber que se siente amado por él.

Al encontrarse con Jesús, “se echa a sus pies dándole gracias”. Sus compañeros han seguido su camino para encontrarse con los sacerdotes, pero él sabe que Jesús es su único Salvador. Por eso está aquí junto a él dándole gracias. En Jesús ha encontrado el mejor regalo de Dios.

Al concluir el relato, Jesús toma la palabra y hace tres preguntas expresando su sorpresa y tristeza ante lo ocurrido. No están dirigidas al samaritano que tiene a sus pies. Recogen el mensaje que Lucas quiere que se escuche en las comunidades cristianas.

“¿No han quedado limpios los diez?”.¿No se han curado todos? ¿Por qué no reconocen lo que han recibido de Jesús?“Los otros nueve, ¿dónde están?”. ¿Por qué no están allí? ¿Por qué hay tantos cristianos que viven sin dar gracias a Dios casi nunca? ¿Por qué no sienten un agradecimiento especial hacia Jesús? ¿No lo conocen? ¿No significa nada nuevo para ellos?

“¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”. ¿Por qué hay personas alejadas de la práctica religiosa que sienten verdadera admiración y agradecimiento hacia Jesús, mientras algunos cristianos no sienten nada especial por él? Benedicto XVI advertía hace unos años que un agnóstico en búsqueda puede estar más cerca de Dios que un cristiano rutinario que lo es solo por tradición o herencia. Una fe que no genera en los creyentes alegría y agradecimiento es una fe enferma. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: lc.17.5-10)

•DOMINGO XXVII. T.O-C-6 de OCTUBRE

“SI TUVIERÁIS FE COMO UN GRANITO DE MOSTAZA”…
* El evangelio de Lucas nos menciona muchas veces el “camino”. Jesús sigue recorriendo su camino hacia la meta.
El evangelio de hoy destacan dos actitudes: “fe y sencillez”
La fe, es palabra clave para el camino. Actitud fundamental para la vida. La fe, porque es relación de confianza con Alguien, se cultiva como la amistad, como el amor, como la esperanza. Y se cultiva y hace fuerte en las esperanzas de la vida, en las dificultades, en nuestra pequeñez y así dará fruto como el grano de mostaza.
* La fe es también “camino,” porque también la fe, como la vida, es un camino que hemos de recorrer sin detenernos. Quien se detiene en su proceso la descuida y la convierte en experiencia de un momento, es actitud propia de adolescentes. Quien la cuida, la mima termina descubriendo su profundidad, su energía, su importancia, la enorme confianza que genera. No es la cantidad moral lo que distingue al creyente sino su experiencia de Dios y la confianza en su Palabra la que le permite vivir con otro estilo, con otro aire, con otra esperanza y así pensar y vivir para otros horizontes más plenos para la humanidad.
* Vivir la fe conduce a asumir las mismas actitudes vitales de Jesús, dejándose guiar por su Espíritu. Jesús va delante en el camino de la fe, nos acompaña y nos llevará a la plenitud. El, que no vivió para ser servido, sino para servir y para entregarse por el bien de tod@s, nos invita a hacer lo mismo. Al confiar en Él, vamos aprendiendo a vivir con sencillez haciéndonos servidores de l@s demás especialmente del que más lo necesite. Pero tenemos que “abrir los ojos” con fe, para ver…
No creemos para acumular méritos y esperar recompensa, sino por el convencimiento de que este estilo de vida es el que más nos humaniza y más nos acerca al Padre. Tener fe, no es cuestión de “cantidad,” para Jesús, tener fe, es cuestión de “calidad de vida”.

• ORACIÓN
* Señor, como los discípulos te decimos: “auméntanos la fe”
• El evangelio nos dice que los apóstoles te lo pidieron en grupo, todos juntos, porque todos se sentían frágiles y sabían, Jesús se lo había ido enseñando, que la fe no se vive individualmente sino que es la razón de ser del grupo, de la comunidad en la que aprendemos a vivir como hermanos, que nos ayudamos unos a otros y como discípulos que queremos seguirte.
• Así descubrimos que la fe consiste en vivir unidos ayudando a los demás.
• Vivir como pequeños granos de mostaza que se convertirá en árbol frondoso si nuestra vida está al servicio de los demás, con sencillez.
• Pero para que la semilla de nuestra fe crezca y de frutos, necesita tierra buena y agua generosa. Y tu vida Jesús de Nazaret nos muestra que la mejor tierra es la realidad de todos los días y las necesidades de los otros. Nos llamas a plantar nuestra semilla en la vida que compartimos, en la tierra de hoy, aquí y ahora.
• Queremos ser semilla de cambio y Reino en el mundo en que vivimos con tanta desigualdad e injusticia.
• ¡Ayúdanos, Señor! ¡Aumenta nuestra fe! que es esperanza también. AMÉN.
• ZURIÑE

¿Somos creyentes? / Fededun al gara? José A. Pagola

¿Somos creyentes? / Fededun al gara?

José Antonio Pagola

Jesús les había repetido en diversas ocasiones: “¡Qué pequeña es vuestra fe!”. Los discípulos no protestan. Saben que tiene razón. Llevan bastante tiempo junto a él. Lo ven entregado totalmente al Proyecto de Dios; solo piensa en hacer el bien; solo vive para hacer la vida de todos más digna y más humana. ¿Lo podrán seguir hasta el final?

Según Lucas, en un momento determinado, los discípulos le dicen a Jesús: “Auméntanos la fe”. Sienten que su fe es pequeña y débil. Necesitan confiar más en Dios y creer más en Jesús. No le entienden muy bien, pero no le discuten. Hacen justamente lo más importante: pedirle ayuda para que haga crecer su fe.

La crisis religiosa de nuestros días no respeta ni si quiera a los practicantes. Nosotros hablamos de creyentes y no creyentes, como si fueran dos grupos bien definidos: unos tienen fe, otros no. En realidad, no es así. Casi siempre, en el corazón humano hay, a la vez, un creyente y un no creyente. Por eso, también los que nos llamamos “cristianos” nos hemos de preguntar: ¿Somos realmente creyentes? ¿Quién es Dios para nosotros? ¿Lo amamos? ¿Es él quien dirige nuestra vida?

La fe puede debilitarse en nosotros sin que nunca nos haya asaltado una duda. Si no la cuidamos, puede irse diluyendo poco a poco en nuestro interior para quedar reducida sencillamente a una costumbre que no nos atrevemos a abandonar por si acaso. Distraídos por mil cosas, ya no acertamos a comunicarnos con Dios. Vivimos prácticamente sin él.

¿Qué podemos hacer? En realidad, no se necesitan grandes cosas. Es inútil que nos hagamos propósitos extraordinarios pues seguramente no los vamos a cumplir. Lo primero es rezar como aquel desconocido que un día se acercó a Jesús y le dijo: “Creo, Señor, pero ven en ayuda de mi incredulidad”. Es bueno repetirlas con corazón sencillo.

Dios nos entiende. El despertará nuestra fe.

No hemos de hablar con Dios como si estuviera fuera de nosotros. Está dentro. Lo mejor es cerrar los ojos y quedarnos en silencio para sentir y acoger su Presencia. Tampoco nos hemos de entretener en pensar en él, como si estuviera solo en nuestra cabeza. Está en lo íntimo de nuestro ser. Lo hemos de buscar en nuestro corazón.

Lo importante es insistir hasta tener una primera experiencia, aunque sea pobre, aunque solo dure unos instantes. Si un día percibimos que no estamos solos en la vida, si captamos que somos amados por Dios sin merecerlo, todo cambiará. No importa que hayamos vivido olvidados de él. Creer en Dios, es, antes que nada, confiar en el amor que nos tiene.

 

José Antonio Pagola

 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS 

Invita a creer en Dios y en Jesús. Pásalo.

6 de octubre de 2013 

27 Tiempo ordinario (C)

Lucas 17, 5-10

Fededun al gara?

Hainbat aldiz errepikatu izan zien Jesusek kexu hau: «Bai koxkorra dela zuen fedea!» Ikasleek ez dute protestarik egiten. Badakite arrazoia duela. Aski denbora daramate haren ondoan. Jainkoaren Egitasmoari erabat emanik dakusate; ez du buruan nola on egingo besterik; soilik, guztien bizitza duinago eta gizatarrago nola egingo bizi da. Jarraitu ahalko ote diote azkeneraino?

Lukasen arabera, une jakin batean, ikasleek diotsote Jesusi: «Handitu iezaguzu fedea». Sentitzen dute fede koxkorra eta ahula dutela. Jainkoagan konfiantza handiagoa izan beharra dute eta Jesusengan gehiago sinetsi beharra. Ez diote ulertzen oso ondo, baina ez diote dudarik agertzen. Hain juxtu, gauzarik garrantzizkoena dagite: laguntza eskatu beren fedea hazteko.

Gaur egungo krisi erlijiosoak ez ditu errespetatzen betetzaileak berak ere. Fededunez eta fedegabeez mintzatu ohi gara, bi talde guztiz zehazak bailiran: batzuek fedea dute, besteek ez. Izatez, ordea, ez da horrelakorik. Kasik beti, gizakiaren bihotzean bi hauek gertatu ohi dira batera: fededun bat eta fedegabe bat. Beraz, «kristau» izenekook galdera behar dugu egin: Zinez al gara fededun? Nor da Jainkoa guretzat? Maite al dugu? Hark al du gidatzen gure bizitza?

Fedea makaldu daiteke gugan, dudak inoiz jotzen ez bagaitu ere. Zaintzen ez badugu, pixkana-pixkana saretzen joan daiteke gure barnean, ohitura huts gertatzeraino, badaezpada uzten ausartzen ez bagara ere. Mila gauzaren inguruan zabarturik, ez gara iristen jada Jainkoarekin hitz egitera. Egitez, hura gabe bizi ohi gara.

Zer egin? Egia esateko, ez da behar gauza askorik. Alferrik izango litzateke asmo handiak hartzea, zeren segur aski ez baikenituzke beteko. Lehenengo gauza otoitz egitea da, egun batean Jesusengana hurbildu eta hau esan zion ezezagun hark bezala: «Sinesten dut, Jauna, baina zatozkit laguntzera neure fedegabetasun honetan». On da hitz horiek errepikatzea bihotz xumez. Jainkoak ulertzen digu. Esnatuko du hark gure fedea,

Ez dugu hitz egin behar Jainkoarekin, hura gure baitatik kanpo balego bezala. Geure barruan dugu hura. Hoberena, begiak ixtea da eta isilik gelditzea, haren Presentzia sentitu eta onartzeko. Ez dugu jardun behar hartaz pentsa eta pentsa, soilik gure buruan balego bezala. Gure izatearen barruenean dago hura. Geure bihotzean bilatu behar dugu hura.

Garrantzizko gauza da behin eta berriz jardutea, lehenengo esperientzia izan arte, pobreena izanik ere, unetxo bakan batzuk irauten badu ere. Egunen batean sumatzen badugu ez gaudela bakarrik bizitzan, atzematen badugu Jainkoak maite gaituela guk merezi gabe, dena aldatuko da orduan. Ez du axola hartaz ahazturik bizi izana. Jainkoagan sinestea, beste ezer baino lehen, guretzat duen maitasunaz fidatzea da,

 

Jose Antonio Pagola