* ORAR CON EL EVANGELIO:(Mt. 13.24-43)

  • DOMINGO 16º. T.O. –A- JULIO 20 DE 2014

*                  LA PALABRA DE DIOS ES ESCUELA DE HUMANIDAD

En este tiempo nuestro, quizá por la oferta que recibimos de cantidad de cosas, gozos y actividades, no hay tiempo para la “espera”; en todo hay prisa y urgencia. También en la vida cristiana y en la acción pastoral parece que queremos ver pronto los resultados.

Parece que las fuerzas del mal  hacen difícil la calma, la paz y la esperanza y van en contra del Reino de Dios. Por eso es necesario acudir a la Palabra de Dios que hoy nos ilumina la vida.

Mateo nos habla en tres parábolas sobre la fragilidad y la fuerza del Reino.

Jesús utiliza la imagen de la fuerza que hay en la semilla y en su crecimiento y en los peligros que le amenaza. Y en la gran capacidad que se esconde en una pequeña cantidad de levadura.

*          La primera, con el trigo y la cizaña. Realidad de perfecta actualidad para nosotros.

También hoy, en el corazón y en la sociedad, mucha cizaña amenaza con ahogar en nuestra vida, el trigo bueno de cada día.: La rutina ahogando la fe viva, la indiferencia, suprimiendo al amor comprometido, ahogando esa cizaña, la bondad, justicia, respeto etc.
De esta forma será necesario vivir la fe, y anunciarla, en paz y a la vez, con riesgo. En la 2º lectura del día Pablo nos dice que “el Espíritu vendrá siempre en ayuda de nuestra debilidad”

*          La 2º y 3ª Parábola. “la mostaza y la levadura” tienen elementos muy parecidos. La mostaza y la levadura; dos cosas pequeñas y de las que parece no se podría esperar efecto grande. Es así la Realidad del Reino, lenta, débil sin grandes éxitos sociales, pero capaz de dar la vuelta a la vida entera.
Las dos parábolas nos invitan a una actitud de esperanza; de trabajo serio, como el que siembra o como el que amasa, pero en calma, con paz y paciencia, a la espera confiada del fruto.
Pero tenemos que tener en cuenta que la semilla no brota sola ni la levadura se mezcla por su cuenta. Se necesita trabajo bien hecho: preparar, sembrar, mezclar, acoger, hacer crecer, vigilar, abonar, defender…todas las labores que necesita cualquier semilla para que llegue a dar tallo y fruto.
Así es también hoy la fe que necesita la dedicación, la esperanza, vigilancia, el amor de cada día, el testimonio en cualquier campo de la vida. Más que quejarnos de lo negativo, será mejor sembrar continuamente las semillas del Reino, por pequeñas que sean. Jesús propone que el bien  que hacemos y nuestro testimonio de vida, tengan la fuerza y capacidad transformadora de la levadura mezclada con la harina.

ORACIÓN

(Nos sentamos en el silencio… a los pies de Jesús de Nazaret, solos o en grupo… cierro los ojos… y dejo que me hable el silencio… Me imagino a Jesús dispuesto a hablarme, a hablarnos… Le hablamos.)

*    Jesús de Nazaret, sabemos que somos poca cosa, como una semilla, como un grano de mostaza, como un puñado de levadura. Pero nos dices que tu Espíritu estará siempre con nosotros…
Te damos gracias, por la Palabra de vida que continuamente cala en nuestro corazón y en el corazón de nuestra comunidad y del mundo.
Ayúdanos para no ser sembradores de valores poco evangélicos; ni tampoco que nos creamos los mejores.
Ayúdanos a ser signos visibles de que tu Reino ya está aquí presente. A que seamos  “buena semilla” de verdad, justicia, amor, misericordia, paz… Y a no olvidarnos que lo importante es que estemos en contacto con la “masa”.
Tú, nos dices “Dejadlos crecer juntos hasta la siega”.
Que no nos alejemos  de los problemas. Que demos tiempo al tiempo, y que tengamos el corazón abierto a cada persona.
Envía sobre nosotros tu Espíritu iluminador. AMÉN
ZURIÑE

DIOS ES LA SEMILLA, QUE YA ESTÁ EN MÍ

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Mt 13, 1-23

Hoy no hay un contexto especial, porque Mt agrupa siete parábolas en un solo capítulo, el 13, que hoy comenzamos a leer. Es muy poco probable que Jesús haya dicho todas estas parábolas de una sentada. Seguramente tienen razón Mc y Lc al colocarlas en distintas circunstancias. Lo cierto es que la parábola es un género literario muy apropiado para hablar de realidades trascendentes. Al partir del conceptos simples, tomados de la vida cotidiana y que todo el mundo conoce, trata de proyectar nuestra conciencia hacia una realidad que va más allá de lo material. La parábola por estar pegada a la vida misma, mantiene el frescor de lo genuino y auténtico a través del tiempo y las culturas.

El relato en sí no es significativo. A mí poco me importa cómo nace y da fruto la semilla. Pero ese relato, en sí anodino, da que pensar, cuestiona mi manera de ser, me dice que otro mundo es posible y espera de mí una respuesta vital. Esta propuesta solo se puede hacer con un relato. En toda parábola existe un punto de inflexión que rompe la lógica del relato. En esa quiebra se encuentra el verdadero mensaje. En esta parábola, la ruptura se produce al final. En la Palestina del tiempo de Jesús, el diez por uno, se consideraba una excelente cosecha. Tu tierra puede llegar a producir el ciento por uno. ¡Una locura!

El objetivo de las parábolas es sustituir una manera de ver el mundo miope, por otra abierta a una nueva realidad llene da sentido. Obliga a mirar a lo más profundo de sí mismo y a descubrir posibilidades insospechadas. La parábola es un método de enseñanza que permite no decir nada al que no está dispuesto a cambiar, y a decir más de lo que se puede decir con palabras, al que está dispuesto a escuchar. Quien la oye, debe hacer realidad la utopía del relato y empezar a vivir de acuerdo con lo narrado.

La explicación que los tres evangelistas ponen a continuación, no aporta nada al relato. Las parábolas no admiten explicación. Jesús no pudo caer en la trampa de intentar explicarlas. La alegorización de la parábola es fruto de la primera comunidad, que intenta extraer consecuencias morales. Para descubrir el sentido hay que dejarse empapar por las imágenes. La parábola exige una respuesta personal no retórica, sino vital; obliga a tomar postura ante la alternativa de vida que propone. Si no se toma una decisión, es que ya se ha definido la postura: continuar con la propia manera de ver y vivir la realidad.

Los exegetas apuntan a que, en un principio, los protagonistas de la parábola fueron el sembrador y la semilla. El objetivo habría sido animar a predicar sin calcular la respuesta de antemano. Hay que sembrar a voleo, sin preocuparse de donde cae. La semilla debe llegar a todos. En línea con la primera lectura, pretende que se descubra la fuerza de la semilla en sí, aunque necesita unas mínimas condiciones para desarrollarse.

No debemos dar ninguna importancia a la cantidad de respuestas. La intensidad de una sola respuesta puede dar sentido a toda la siembra. La sinuosa y larga trayectoria de la existencia humana queda justificada con la aparición de un solo Francisco de Asís o de una Teresa de Calcuta. Por eso Jesús pudo decir: El Reino ya está aquí, yo lo hago presente. Tenemos que comprender que el Reino puede estar creciendo cuando el número de los cristianos está disminuyendo. Su plena manifestación depende solo de mí.

Más tarde se dio a la parábola un cariz distinto, insistiendo en la disposición de los receptores, y dando toda la importancia a las condiciones de la tierra. Esta alegorización no sería original de Jesús sino un intento de acomodarla a la nueva situación de los cristianos, cambiando el sentido original y haciéndola más moralizante. Aún en un sentido alegórico, no debemos pensar en unas personas como tierra buena y otras, mala. Más bien debemos descubrir en cada uno de nosotros la tierra dura, las zarzas, las piedras que impiden a la semilla fructificar. En la misma parcela hay tierra buena, piedras y zarzas.

No debemos identificar la «semilla» con la Escritura. Lo que llamamos «Palabra de Dios», es ya un fruto de la semilla. Es la manifestación de una presencia que ha fructificado en experiencia personal. La verdadera «semilla», es lo que hay de Dios en nosotros. Lo importante no es la palabra, sino lo que la palabra expresa. Esa semilla lleva millones de años dando fruto, y seguirá cumpliendo su encargo. El Reino de Dios está ya aquí, pero su manera de actuar es paciente. La evolución ha sido posible gracias a infinitos fracasos.

Podemos recordar el prólogo de Jn. «En el principio ya existía La Palabra»; «y la palabra era Dios»; «En la Palabra había Vida». La semilla es el mismo Dios-Vida germinando en cada uno de nosotros. Dios está sus criaturas y se manifiesta en todas ellas como algo tan íntimo que constituye la semilla de todo lo que es. No debemos dar a entender que nosotros los cristianos somos los privilegiados que hemos recibido la semilla (Escritura). Dios se derrama en todos y por todos de la misma manera (a boleo). Dios no se nos da como producto elaborado, sino como semilla, que cada uno tiene que dejar fructificar.

Generalmente caemos en la trampa de creer que dar fruto es hacer obras grandes. La tarea fundamental del ser humano no es hacer cosas, sino hacerse. «Dar fruto» sería dar sentido a mi existencia de modo que al final de ella la creación entera estuviera un poco más cerca de la meta, gracias a mi presencia en ella. Esa meta de la creación es la UNIDAD. Yo no tengo que dar sentido a la creación; se trataría de que por mi culpa no pierda el sentido que ya tiene. En el fondo, mi tarea sería no entorpecer la marcha de la creación entera hacia la consecución de su objetivo final.

Porque se trata de alcanzar la unidad en el Espíritu, esa plenitud de ser no la puedo encontrar encerrándome en mí mismo sino descubriendo al otro y potenciando esa relación con el otro como persona. Y digo como persona, porque generalmente nos relacionamos con los demás como cosas, de las que nos podemos aprovechar. Cuando hago esto me hago menos humano. Descubriendo al otro y volcándome en él, despliego mis mejores posibilidades de ser. Hemos llegado a lo que es la esencia de lo humano.

«El que tenga oídos que oiga». Esa advertencia vale para nosotros hoy igual que para los que la oyeron de labios de Jesús. En aquel tiempo, era la doctrina oficial la que impedía comprender el mensaje de Jesús. Hoy siguen siendo los prejuicios religiosos, los que nos mantienen atados a falsas seguridades, que nos sigue ofreciendo una religión muy alejada de los orígenes. El aferrarnos a esas seguridades es lo que sigue impidiendo una respuesta al mensaje, adecuada a nuestra situación actual. El evangelio es fácil de oír, más difícil de escuchar y cada vez más complicado de vivir.

Descubrir cuál sería el fruto al que se refiere la parábola sería la clave de su comprensión. El fruto no es el éxito externo, sino el cambio de mentalidad del que escucha. Se trata de situarse en la vida con un sentido nuevo de pertenencia, una vez superada la tentación del individualismo egocéntrico. El fruto sería una nueva manera de relacionarse con Dios, consigo mimos, con los demás y con las cosas.

Cada uno debe hacer un cuidadoso análisis para descubrir lo que impide que la semilla dé fruto en mí. La dureza del camino, las piedras, las zarzas son ejemplos que nos deben guiar en la búsqueda de nuestros propios impedimentos. A mí el ansia de riquezas o poder no me dice nada; pero el afán de tener siempre razón puede arruinar mi vida espiritual. Debemos tener claro que si la semilla no da fruto, es porque algo se lo impide. La tierra es siempre buena si no se interponen obstáculos para que la semilla germine.

 

Meditación-contemplación

«El resto cayó en tierra buena y dio grano».

«Dios no da el Espíritu con medida» (Jn 3, 34)

Dios se da totalmente, absolutamente, siempre y a todos.

Experimenta esta verdad y cambiará tu vida.

……………

Descubrir a Dios como amor dinámico,

Es la base de toda experiencia religiosa.

Todo lo que Dios es, lo tienes a tu alcance.

Todo lo que tú eres y puedes ser, depende de ese don.

…………….

Recibe la semilla y deja que se desarrolle en ti.

No intentes tirar de ella para que crezca más deprisa.

Todo crecimiento tiene su propio ritmo.

Ten confianza, en la semilla ya está el árbol completo.

…………….

Fray Marcos

 

15º DOMINGO T.O., «SEMBRAR» José A. Pagola

SEMBRAR

Escrito por  José Antonio Pagola
ECLESALIA

Mt 13, 1-23

Al terminar el relato de la parábola del sembrador, Jesús hace esta llamada: «El que tenga oídos para oír, que oiga». Se nos pide que prestemos mucha atención a la parábola. Pero, ¿en qué hemos de reflexionar? ¿En el sembrador? ¿En la semilla? ¿En los diferentes terrenos?

Tradicionalmente, los cristianos nos hemos fijado casi exclusivamente en los terrenos en que cae la semilla, para revisar cuál es nuestra actitud al escuchar el Evangelio. Sin embargo es importante prestar atención al sembrador y a su modo de sembrar.

Es lo primero que dice el relato: «Salió el sembrador a sembrar«. Lo hace con una confianza sorprendente. Siembra de manera abundante. La semilla cae y cae por todas partes, incluso donde parece difícil que la semilla pueda germinar. Así lo hacían los campesinos de Galilea, que sembraban incluso al borde de los caminos y en terrenos pedregosos.

A la gente no le es difícil identificar al sembrador. Así siembra Jesús su mensaje. Lo ven salir todas las mañanas a anunciar la Buena Noticia de Dios. Siembra su Palabra entre la gente sencilla que lo acoge, y también entre los escribas y fariseos que lo rechazan. Nunca se desalienta. Su siembra no será estéril.

Desbordados por una fuerte crisis religiosa, podemos pensar que el Evangelio ha perdido su fuerza original y que el mensaje de Jesús ya no tiene garra para atraer la atención del hombre o la mujer de hoy. Ciertamente, no es el momento de «cosechar» éxitos llamativos, sino de aprender a sembrar sin desalentarnos, con más humildad y verdad.

No es el Evangelio el que ha perdido fuerza humanizadora, somos nosotros los que lo estamos anunciando con una fe débil y vacilante. No es Jesús el que ha perdido poder de atracción. Somos nosotros los que lo desvirtuamos con nuestras incoherencias y contradicciones.

El Papa Francisco dice que, cuando un cristiano no vive una adhesión fuerte a Jesús, «pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie».

Evangelizar no es propagar una doctrina, sino hacer presente en medio de la sociedad y en el corazón de las personas la fuerza humanizadora y salvadora de Jesús. Y esto no se puede hacer de cualquier manera. Lo más decisivo no es el número de predicadores, catequistas y enseñantes de religión, sino la calidad evangélica que podamos irradiar los cristianos. ¿Qué contagiamos? ¿Indiferencia o fe convencida? ¿Mediocridad o pasión por una vida más humana?

* ORAR CON EL EVANGELI.(Mt. 13. 1-23)

DOMINGO 15º T.O. –A– JULIO 13 DE 2014

*SALIO EL SEMBRADOR A SEMBRAR.

El Evangelio de Mateo hoy, comienza con la narración de las parábolas. Hoy la del sembrador.

Jesús sale de casa como el sembrador sale a sembrar, sube a una barca, se sienta para enseñar a mucha gente que le escucha a la orilla. Muy posiblemente la parábola de Jesús, tiene como centro el Reino. Un Reino que a pesar de todas las dificultades que se le oponen, dará frutos en abundancia. Jesús quiere infundir Esperanza.

  • Esta parábola, puede tener muchas interpretaciones, nos detenemos en una con realismo.

La Palabra de Dios cae en tierras diferentes y con diferentes resultados. Mucho del proyecto se pierde, queda improductivo… Jesús, que sabe de sufrimiento y cruz, tan necesario para alumbrar lo nuevo, no deja de transmitirnos su esperanza. Muchos esfuerzos se perderán entre zarzas, piedras… incomprensiones, pero: “Habrá cosecha”.
Nos podríamos preguntar. ¿Cómo preparar la tierra para que el Señor cultive su Palabra en nosotros?

Quizá la respuesta sea, fomentando la esperanza, cultivando los valores del Evangelio: La fraternidad, la misericordia, la paz, la solidaridad, la justicia.

Cultivando la tierra que somos cada uno: La capacidad de escucha, la mirada para descubrir los signos de los tiempos, la cercanía para estar cerca del dolor del otro. Esto y otros valores que cada uno tiene, serán el abono capaz de acoger la Palabra, que es vida y hacerla germinar.

  • La semilla cae en terrenos distintos:
  • “Al borde del camino”. Suelo endurecido, cerrazón del corazón. La simiente no penetra, se la comen los pájaros.
  • “En terreno pedregoso” A penas hay tierra, no tiene raíces y se seca. Pueden ser los que la escuchan y la aceptan, pero no profundizan en ella, es superficial, y no perseveran…
  • “Sembrado entre zarzas”. Crece, pero las zarzas, los afanes de la vida, las riquezas,  el tener, lo ahogan y le impiden llegar a la madurez y dar fruto.
  • La tierra buena”. Porosa, húmeda y cálida, sin piedras, ni zarzas, (si las hay las quitan) da fruto más o menos según la lluvia, el cuidado que se les da. Son los que escuchan la Palabra

La profundizan, interiorizan, la viven y va dando frutos. Van cultivando la alegría y el agradecimiento., la misericordia. Profundizan la Palabra, la oran la “rumian”. La viven.

Nos podemos preguntar: Mi vida ¿Qué terreno es? Jesús de Nazaret, echa la semilla sobre mí… sobre el mundo… Y necesita quien cultive la tierra… Y la tierra, dará su fruto.

La semilla de la Palabra de Dios, alimenta y fortalece nuestra fe. Y luego: la vida eterna llena de gozo.

ORACIÓN

(Oramos con la canción de “SOIS LA SEMILLA  QUE HA DE CRECER”)

Sois la semilla que ha de crecer, sois estrella que ha de brillar.

Sois levadura, sois grano de sal, antorcha que debe alumbrar.
Sois la mañana que vuelve a nacer, sois la espiga que vuelve a granar, sois aguijón y caricia a la vez, testigos que voy a enviar.

Id, amigos por el mundo, anunciando el amor, mensajeros de la vida, de la Paz y el perdón.

Sed, amigos, los testigos de mi resurrección,

Id llevando mi presencia, con vosotros estoy.

* * * * *

SEGUIMOS ORANDO

Jesús de Nazaret, te damos gracias porque nos das tu Palabra, sembrada en nuestro corazón y en nuestro mundo para hacer crecer en nosotros tu Reino.
Que con la poca o mucha tierra buena que hay en nosotros, tengamos el deseo de dejarnos empapar por tu Espíritu como la lluvia y la nieve empapan la tierra y así  acoger tu Palabra para hacer crecer tu Reino de fraternidad y paz. AMÉN
ZURIÑE

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mt. 11, 25-30)

DOMINGO 14º. T.O. –A- Julio 6 de 2014.

Te doy gracias Padre, porque has revelado los secretos del reino a la gente “SENCILLA”.

A Jesús se le ha revelado el Padre como Dios de los pequeños. “Pequeños”, aquí, no se opone a adultos, no se refiere a los niños, sino que se opone a los que se creen sabios. Se refiere más bien a pobres, sin cultura, hambrientos: No es que la ignorancia sea una virtud o que el saber no sea bueno.

La fe, no se la arrancamos a Dios a base de esfuerzo, es un don gratuito, cosa que  muchos “sabios” no saben aceptar.

Hoy Jesús de Nazaret comienza en su evangelio con una Oración de admiración, de alabanza y acción de gracias, de gozo: “Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y se las has dado a conocer a los pequeños”.
En la vida de Jesús la admiración, acción de gracias y la alabanza ocupan un lugar central.

Quizá es un gran fallo en nuestra vivencia cristiana, el haber perdido, en gran parte, la actitud cristiana de admiración, y alabanza. Pero, sólo quien es “pequeño, sencillo” quien se deja llenar por el Evangelio, quien está abierto a la novedad del Reino que trae Jesús; sólo quien siente necesidad, quien está fatigado, quien necesita descanso, misericordia, está en disposición de descubrir la verdad de las Palabras de Jesús de Nazaret y tratar de vivirlas. “Mi yugo es suave

*          Somos personas, mucho más importantes que el trabajo, profesión… somos seres hechos para vivir, amar, reír, descansar, ser, servir… Pero en contra de lo que muchos puedan pensar, “descansar” no es tan fácil. Porque no es sólo divertirse, ni hacer vacaciones, ni consumo, ni viajar… (Pienso que lo habremos experimentado). Descansar es reconciliarse con la vida; disfrutar del regalo de la existencia; reencontrarnos con lo mejor de nosotros mismos. Para encontrar descanso no hay que recorrer largas distancias. Basta con recorrer lo que nos lleva a la serenidad, a la paz en nuestro corazón. Si ahí no la encontramos, difícilmente la tendremos aunque viajemos y viajemos.

*          Y…Llegó el verano, tiempo de vacaciones para algunos… Parece que Zuriñe se opone al “descanso”; ni mucho menos, ya que yo también lo necesito.

Necesitamos salir al aire libre… Pero necesitamos también salir de nuestros egoísmos, consumo, del sólo pensar en mi… y abrirnos a la vida y a las personas. No basta salvarnos del nerviosismo, el ruido, la agitación o el trabajo.

*          Descubramos que si acogemos a Dios en nuestra vida, no como un ser impersonal, sino como un amigo querido y cercano, misericordioso, es camino de pacificación, serenidad y descanso. Así nos lo enseña Jesús de Nazaret. El mismo nos lo dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados”…

*          La reflexión, salió un poco larga ¿Tendréis tiempo de leerla?. Os animo y os deseo que nos hagamos “pequeños y sencillos” como nos dice el Evangelio y ¡FELIZ VERANO Y DESCANSO!
* * * * * * *

*     LA ORACIÓN AYUDA A REENCONTRANOS CON NOSOTROS MISMOS Y CON DIOS.

  • Mira y contempla a Jesús de Nazaret pronunciando este pasaje del evangelio de hoy. Te lo dice a ti y a mí, que estamos entre los discípulos…
  • Lee frase a frase y trata de sacar todo el jugo posible que contienen. Mira a Jesús…

Le pedimos saber dar gracias, admirar, alabar, saber vivir y sentir como el y saber “DESCANSAR”

SEGUIMOS ORANDO

Jesús de Nazaret, hoy es un día de fiesta, la tuya por excelencia y la de nuestra  ciudad de Pamplona: San Fermín.
Todo será ruido y bullicio, pero a la vez te pedimos alegría, paz, solidaridad.

El símbolo de la fiesta el “pañuelito rojo”. Pero ese color nos habla de algo grande, el AMOR.

Tu Evangelio nos habla de ello y nos dices que lo entienden los “pequeños y sencillos”.
Y nos abres tu corazón lleno de ternura porque sabes que la fiesta es buena, tu también Jesús de Nazaret acudías a ellas, pero también sabes del cansado, del que sufre, del agobiado por la vida y nos dices:
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”.
Ayúdanos a descubrir lo bello de la vida, saber dar sentido a todo lo que hacemos,  decimos,  dando a todo ello profundidad,  incluso a las cosas pequeñas e insignificantes.

Y alabamos y damos gracias al Padre contigo Jesús de Nazaret por tantas personas que abren el corazón a tu Palabra, como lo hizo nuestro gran Santo San Fermín
Ayúdanos a descubrir el sentido de la fiesta, alegre, sana y ayudando a los demás.  AMÉN. ZURIÑE

14º DOMINGO T.O., «LA SIMPLICIDAD DE DIOS NOS ASUSTA», Fray Mateo

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Mt 11, 25-30

En el evangelio de hoy hay tres párrafos bien definidas. El primero se refiere a Dios. El segundo, a la interdependencia total entre Jesús y Dios. El tercero, hace referencia a la relación entre nosotros y Jesús. Los tres manifiestan aspectos esenciales del mensaje de Jesús. Los dos primeras se encuentran también en Lc, pero en el contexto del éxito de los 72 y la intervención del Espíritu que llenó de alegría a Jesús. Aunque no sean palabras del mismo Jesús, se trata de una tradición muy antigua que refleja un conocimiento muy profundo de su persona. En la primera comunidad cristiana todos eran sencillos. ¿Qué hubiera dicho Jesús de la Iglesia después de Constantino?

«Te doy gracias, Padre, porque…» Lo importante no es la acción de gracias en sí sino el motivo. Los radicales contrastes del lenguaje semítico nos despistan. Jesús no puede afirmar que Dios da a algunos lo que niega a otros. Lo que quiere decir es que, el Dios de Jesús no puede ser aceptado más que por la gente sencilla y sin prejuicios. Los engreídos, los soberbios, los sabios tienen capacidad para crearse su propio Dios. Los «sabios y entendidos» eran los especialistas de la Ley. Su pretendido conocimiento de Dios les daba derecho a sentirse seguros, poseedores de la verdad. No tenían nada que aprender, pero eran los únicos que podían enseñar. Con prepotencia imponían toda clase de normas y preceptos insoportables para la gente normal.

¿Quiénes eran los sencillos? «El «nepios» griego tiene muchos significados, pero todos van en la misma dirección: infantil, niño, menor de edad, incapaz de hablar; y también: tonto, infeliz, ingenuo, débil. En todos descubrimos la ausencia de cálculo, la falta de doblez o segundas intenciones. Para la élite religiosa, los sencillos eran unos malditos, porque no conocían la Ley, y por lo tanto no podían cumplirla. Los sencillos eran los «sin voz», «la gente de la tierra» a quienes los rabinos despreciaban. En tiempo de Jesús, solo los dirigentes podían opinar, los demás tenían la obligación de escuchar.

Estas cosas son las experiencias de Dios que Jesús vivió y que les quiere transmitir. No se trata de conocimiento sino de experiencia profunda. «Todo me lo ha entregado mi Padre…» Ese conocimiento de Dios no es fruto del esfuerzo humano, sino puro don; aunque no se niegue a nadie. El error de nuestra teología, fue creer que conocíamos a Jesús porque conocíamos a Dios; si Jesús era Dios, ya sabíamos lo que era Jesús. El texto nos dice que la única manera de conocer a Dios es aproximarnos a Jesús.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré. La imagen del yugo se aplicaba a la Ley, que, tal como la imponían los fariseos, era ciertamente insoportable. El hombre desaparecía bajo el peso de más de 600 preceptos y 5.000 prescripciones. Para los fariseos, la Ley era lo único absoluto. Jesús dice lo contrario: «El sábado está hecho para el hombre, no el hombre para el sábado». La principal tarea de Jesús es liberar al hombre de las ataduras religiosas; de las que sufrían los judíos de su tiempo y de las que sufren hoy los cristianos.

Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Jesús libera de los yugos y las cargas que oprimen al hombre y le impiden ser Él. No propone una vida sin esfuerzo; eso sería engañar al ser humano que tiene experiencia de lo difícil que es la existencia. Sin esfuerzo no hay verdadera vida humana. Si desaparecieran todas las dificultades, no podríamos avanzar hacia ninguna meta. No es el trabajo exigente lo que malogra una vida, sino los esfuerzos que no llevan a ninguna plenitud. Todo lo que hagamos a favor del hombre se convertirá en felicidad porque traerá plenitud y felicidad.

Jesús propone un «yugo» pero no de opresión que vaya contra el hombre, sino para desplegar todas sus posibilidades de ser más humano. Jesús quiere ayudar al ser humano a desplegar su ser sin opresiones. El yugo y la carga serían, como el peso de las alas para el ave. Claro que las alas tienen su peso, pero si se lo quitas, ¿con qué volará? El motor de un avión es una tremenda carga, pero gracias a ese peso el avión vuela. Nuestras limitaciones son las que nos permiten avanzar en el camino hacia una meta que está más allá de lo que somos como simples animales.

Lo que acabamos de leer es, sin duda, evangelio (buena noticia). No hemos hecho mucho caso a este mensaje. En cuanto pasaron los primeros siglos de cristianismo, se olvidó totalmente este evangelio, y se recuperó «el sentido común». Nunca más se ha reconocido que Dios se pueda revelar a la gente sencilla. Es tan sorprendente lo que nos acaba de decir Jesús, que no nos lo hemos creído nunca. ¡Qué sabe Jesús de lo que significa ser cristiano! Sin embargo, Dios no comparte con el hombre los secretos del conocimiento, sino su misma Vida. La revelación no consiste en más conocimiento, sino en más Vida.

Si Dios se revela a la gente sencilla, ¿Qué cauces encontramos en nuestra institución para que esa revelación sea escuchada? ¿No estamos haciendo el ridículo cuando seguimos siendo guiados por los «sabios y entendidos» que se escuchan más a sí mismos que a Dios? A todos los niveles estamos en manos de expertos. En religión la dependencia es absoluta, hasta el punto de prohibirnos pensar por nuestra cuenta. Recordad la frase del catecismo: «doctores tiene la Iglesia que os sabrán responder».

Jesús no propone una religión menos exigente. Esto sería tergiversar el mensaje. Jesús no quiere saber nada de religiones. Propone una manera de vivir la cercanía de Dios, tal como él la vivió. Esa Vida profunda, es la que puede dar sentido a la existencia, tanto del listo como del tonto, tanto del sabio como del ignorante, tanto del rico como del pobre. Todo lo que nos lleve a plenitud, será ligero. Este camino de sencillez no es fácil.

Los cansados y agobiados eran los que intentaban cumplir la Ley, pero fracasaban en el intento. De esas conciencias atormentadas abusaban los eruditos para someterlos y oprimirlos. Nada ha cambiado desde entonces. Los entendidos de todos los tiempos siguen abusando de los que no lo son y tratando de convencerles de que tienen que hacerles caso en nombre de Dios. Pío IX dijo: «solo hay dos clases de cristianos, los que tienen el derecho de mandar y los que tienen la obligación de obedecer». Hoy ningún jerarca repetiría esas palabras, pero en la práctica, todos actúan desde esa perspectiva.

Ahora solo nos queda revisar nuestra religión y ver en qué medida separamos la fe de la vida, la experiencia del conocimiento, el amor del culto, la conciencia de la moralidad, y así sucesivamente. Los predicadores seguimos imponiendo pesadas fardos sobre las espaldas de los fieles. Nuestro anuncio no es liberador. Seguimos confiando más en los conocimientos teológicos, en el cumplimiento de unas normas morales y en la práctica de unos ritos, que en la sencillez de sabernos en Dios. Seguimos proponiendo como meta, la «Ley» de Dios, no la Vida de Dios.

Hace décadas que se está hablando de la crisis de nuestras instituciones. Pero la crisis de la Iglesia no es una crisis doctrinal. Es una crisis de vivencia. La gran carencia de nuestra comunidad hoy es la falta de experiencia interior. Por eso nunca se podrá superar insistiendo en la doctrina, por medio de la condena a los que se atreven a discrepar de la doctrina oficial o con documentos que tratan de zanjar cuestiones discutidas. Lo que hay que enseñar a los cristianos es a vivir la experiencia del Dios de Jesús. Solo ahí encontraremos la liberación de toda opresión. Solo teniendo la misma vivencia de Jesús, descubriremos la libertad necesaria para ser nosotros mismos.

Meditación-contemplación

Venid a mí todos, dice Jesús.

Él conoce a Dios y él nos lo puede revelar.

Debemos superar todo prejuicio

y aceptar ese Dios como el único que puede liberarnos.

………

Todo dios, que venga de otra parte

o que nos hayamos fabricado nosotros, será opresor.

Mientras más agobiados nos sintamos,

más necesitaremos al Dios de Jesús.

………..

Ese Dios de Jesús, sencillo y cercano

solo puede ser aceptado desde la sencillez.

Dios solo se puede dar como simplicidad.

Dios solo cabe en un corazón simple y sencillo.

……….

Fray Marcos

 

14. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «JESUSEN HIRU DE – TRES LLAMADAS DE JESÚS» José A. Pagola

JESUSEN HIRU DEI

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 02/07/14 Mateoren ebanjelioak Jesusen hiru dei jaso ditu. Haren jarraitzaileok arretaz entzun beharrekoak. Izan ere, eraldatzen ahal baitute gure elkarteetako sektore batzuetan arnasten den giroa, etsipen, neke, asperraldizko giroa.

«Zatozte nigana nekaturik eta larri bizi zaren guztiok. Nik neuk lasaituko zaituztet». Hauxe da lehenengo deia. Erlijioa zama astun bezala bizi dutenentzat da. Ez dira gutxi beren kontzientziak estuturik dituen kristauak. Ez dira bekatari handi. Soil-soilik, honela hezi dituzte: beren bekatua beti begi aurrean izateko, eta ez dute ezagutzen Jainkoaren etengabeko barkazioaren poza. Jesusekin topo egiten badute, arindurik sentituko dira.

Bada beste kristau-talde bat ere: erlijioa, ahitua den tradizio bezala bizi duena. Jesusekin topo egiten badute, Jainkoarekin gustura bizitzen ikasiko dute. Gaur ezagutzen ez duten barne poza aurkituko dute. Jesusi jarraituko diote, ez obligazioz, baizik hark erakartzen dituelako.

«Hartu nire uztarria, eraman erraza baita eta arina nire zama». Hauxe da bigarren deia. Jesusek ez du inor estutzen. Aitzitik, gugan den alderik hobena liberatu egiten du; izan ere, bizitza gizakoiago, duinago eta sanoago eginez bizitzea proposatzen digu. Ez da erraza bizitzeko hori baino era biziago bat aurkitzea.

Jesusek liberatu egiten gaitu ikaratik eta estutasunetik, eta ez ditu eragiten; gure askatasuna hazarazi egiten du, eta ez gure morroi-mirabetza; konfiantza esnatzen du gu baitan, eta ez tristura; maitasunerantz erakartzen gaitu, eta ez lege eta arauetarantz. On eginez bizitzeko gonbita egiten digu.

«Ikasi nigandik, bihotzez otzana eta apala naizela, eta izango duzue atsedenik». Hauxe da hirugarren deia. Bera bezala bizitzen ikasi behar dugu Jesusengandik. Jesus ez datorkigu geure bizitza korapilatzera. Argiago eta xumeago bihurtzen du, umilago eta sanoago. Atsedena eskaintzen digu. Ez die sekula proposatzen bere ikasleei berak bizi izan ez duen ezer. Berari jarraitu, berak egin duen bide beretik jarraitzeko eskatzen digu. Horregatik, ondo asko ezagut ditzake gure zailtasunak eta ahaleginak; horregatik, barka ditzake gure trakeskeriak eta erroreak, beti ere jaikitzeko animoa emanez.

Honetara bildu behar ditugu geure ahaleginak: Jesusekin bizi-harremanak eragitera, arnasa-, atseden- eta bake-premia duten hainbat eta hainbat gizon-emakumerengan. Tristura sentitzen dut ikustean, hain juxtu ere erlijioa ulertzeko eta bizitzeko erak daramala aski jende, kasik ezinbestean, Jesusengan konfiantzarik ez izateko esperientziara. Gogora datorkit hainbat eta hainbat jende, Elizaren barnean nahiz kanpoan, «galdurik» bizi dena, zein ate jo ez dakiela. Badakit, Jesus izan litekeela albiste handia halako jendearentzat.

14 Tiempo ordinario (A)

TRES LLAMADAS DE JESÚS

Mateo 11, 25-30

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 02/07/14.- El evangelio de Mateo ha recogido tres llamadas de Jesús que hemos de escuchar con atención sus seguidores, pues pueden transformar el clima de desaliento, cansancio y aburrimiento que a veces se respira en alguno sectores de nuestras comunidades.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. Yo os aliviaré”. Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que viven su religión como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente, han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón contínuo de Dios. Si se encuentran con Jesús, se sentirán aliviados.

Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús, aprenderán a vivir a gusto con Dios. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús, no por obligación sino por atracción.

“Cargad con mi yugo porque es llevadero y mi carga ligera”. Es la segunda llamada. Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir.

Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia las leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.

“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso”.

Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica nuestra vida. La hace más clara y más sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no haya vivido. Nos invita a seguirlo por el mismo camino que él ha recorrido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.

Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en tantos hombres y mujeres necesitados de aliento, descanso y paz. Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús. Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, viven “perdidos”, (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

JESUSEK BAKARRIK ERAIKITZEN DU ELIZA – SOLO JESÚS EDIFICA LA IGLESIA. José A Pagola

JESUSEK BAKARRIK ERAIKITZEN DU ELIZA Mateo 16, 13-19

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Pasadizoa Filiporen Zesareako lurralde paganoan gertatu da. Jesusek jakin nahi du berari buruz jendeak zer esaten duen. Herrian diren iritzi desberdinen berri jakin ondoren, bere ikasleei galdetu die zuzenean: «Eta zuek, nor naizela diozue?»

Jesusek ez die galdetu zer iritzi duten mendiko hitzaldiaz edota Galileako herrietan ari duen jarduera sendatzaileaz. Jesusen ikasle izateko, Jesusi berari atxikitzea da gauza erabakitzailea. Horregatik, beragan zer atzeman edo ikusi duten jakin nahi du.

Simon Pedrok hartu du hitza eta guztien izenean erantzun dio, era solemnean: «Mesias zara zu, Jainko biziaren Semea». Jesus ez da profeten artean beste bat gehiago. Jainkoak bere herri hautatura igorri duen azken Bidalia da. Are gehiago, Jainko biziaren Semea. Orduan, Jesusek, Aitagandik bakarrik etor dakiokeen aitorpen hartaz zorionak eman ondoren, esaten dio: «Eta, orain, nik diotsut: Pedro zara zu eta harri honen gainean eraikiko dut neure Eliza».

Oso zehatzak dira hitzak. Eliza ez da Pedrorena, baizik Jesusena. Eliza eraiki, ez du Pedrok eraikitzen, baizik Jesusek. Pedro, soil-soilik, «harria» da, zeinen gainean kokatzen baita Jesus eraikitzen ari den «etxea». Irudiak hau iradokitzen du: Pedroren zeregina Elizari egonkortasuna eta sendotasuna ematea dela: arduratzea, alegia, Jesusi eraikitzeko aukera emateko, jarraitzaileek desbideratzerik edota murrizketarik ezar ez dezaten.

Frantzisko aita santuak ondo daki, bere egitekoa ez duela «Kristoren lekua hartzea», baizik arduratzea, gaur egungo kristauek Kristorekin topo egin dezaten. Horixe du bere kezka handia. Pedroren ondorengoaren zerbitzua hartzean berean esan zuen: «Elizak Jesusengana eraman behar du jendea. Jesus da Elizaren erdigunea. Noizbait gertatu balitz Elizak ez duela Jesusengana eramaten, Eliza hila izango litzateke».

Horregatik, etapa ebanjelizatzaile berri baten egitaraua publiko egitean, bi xede proposatu ditu. Lehenik eta behin, Jesusekin topo egitea; izan ere, hark eraberritu ditzake, bere berritasunarekin, gure bizitza eta gure elkarteak… Jesu Kristok eten ditzake, orobat, bera hesitzeko erabili nahi izango genituzkeen eskema aspergarriak».

Bigarren, erabakitzailetzat jotzen du Frantziskok «iturburura jo eta Ebanjelioaren jatorrizko freskotasuna berreskuratzea»; izan ere, saiatzen garen bakoitzean, bide berriak sortzen dira, metodo berriak, seinale esanguratsuagoak, esanahi berriz hornitutako hitzak, gaur egungo munduarentzat». Tamalgarria izango litzateke, Eliza eraberritzeko Aita Santuak egin digu gonbita gure kristau-elkarteetara ez iristea.

 

SOLO JESÚS EDIFICA LA IGLESIA      S. Pedro y S. Pablo (A) Mateo 16, 13-19

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 25/06/14.- El episodio tiene lugar en la región pagana de Cesarea de Filipo. Jesús se interesa por saber qué se dice entre la gente sobre su persona. Después de conocer las diversas opiniones que hay en el pueblo, se dirige directamente a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”.

Jesús no les pregunta qué es lo que piensan sobre el sermón de la montaña o sobre su actuación curadora en los pueblos de Galilea. Para seguir a Jesús, lo decisivo es la adhesión a su persona. Por eso, quiere saber qué es lo que captan en él.

Simón toma la palabra en nombre de todos y responde de manera solemne: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús no es un profeta más entre otros. Es el último Enviado de Dios a su pueblo elegido. Más aún, es el Hijo del Dios vivo. Entonces Jesús, después de felicitarle porque esta confesión sólo puede provenir del Padre, le dice: “Ahora yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Las palabras son muy precisas. La Iglesia no es de Pedro sino de Jesús. Quien edifica la Iglesia no es Pedro, sino Jesús. Pedro es sencillamente “la piedra” sobre la cual se asienta “la casa” que está construyendo Jesús. La imagen sugiere que la tarea de Pedro es dar estabilidad y consistencia a la Iglesia: cuidar que Jesús la pueda construir, sin que sus seguidores introduzcan desviaciones o reduccionismos.

El Papa Francisco sabe muy bien que su tarea no es “hacer las veces de Cristo”, sino cuidar que los cristianos de hoy se encuentren con Cristo. Esta es su mayor preocupación. Ya desde el comienzo de su servicio de sucesor de Pedro decía así: “La Iglesia ha de llevar a Jesús. Este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”.

Por eso, al hacer público su programa de una nueva etapa evangelizadora, Francisco propone dos grandes objetivos. En primer lugar, encontrarnos con Jesús, pues “él puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestras comunidades… Jesucristo puede también romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo”.

En segundo lugar, considera decisivo “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” pues, siempre que lo intentamos, brotan nuevos caminos, métodos creativos, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual”. Sería lamentable que la invitación del Papa a impulsar la renovación de la Iglesia no llegara hasta los cristianos de nuestras comunidades.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

SAN PEDRO Y SAN PABLO. Fray Marcos

(Hch 12,1-12) El Señor ha enviado su ángel para librarme de Herodes.

(2 Tim 4, 6-18) He combatido bien, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.

(Mt 16,13-19)… Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Columnas que sostienen el templo porque están separadas. Precisamente porque somos distintos, podemos formar una comunidad de iguales.

Hay constancia de que ya en el siglo IV se celebraba una fiesta en honor de S. Pedro y S. Pablo. No es fácil descubrir las razones que llevaron a aquellos primeros cristianos a unir en una misma celebración litúrgica dos figuras tan distintas. Lo más probable es que fuese por haber sido martirizados los dos en Roma en la persecución de Nerón y casi al mismo tiempo. También pudo deberse a que sus sepulturas estuvieron juntas durante mucho tiempo. Es También probable que muy pronto se descubriera la complementariedad de las dos figuras. De todas formas son un claro ejemplo de que caracteres tan dispares, que incluso discutieron duramente aspectos importantes de la primitiva fe, pudieran ser los dos seguidores auténticos de Jesús.

A Pedro y Pablo se les ha considerado, desde siempre, como las columnas de la Iglesia. En el caso de Pablo es tan evidente que algunos exegetas han llegado a decir que no debíamos llamar a nuestra religión “cristianismo” sino “paulinismo”. Pedro es la figura más destacada en todo el NT. Su nombre aparece 182 veces. Aún así sabemos muy poco de su vida. Por el contrario, Pablo es la persona mejor documentada. Es el único apóstol del que podemos hacer una biografía casi completa. Aunque se presenta como hecho fundamental de su vida la misteriosa caída del caballo, la realidad seguramente fue mucho más prosaica. Después de estar muchos años “dando coces contra el aguijón”, un buen día “cayó del burro”. Su conversión no consistió en ningún cambio de su actitud; Simplemente pasó de ser un fanático fariseo a ser un fanático seguidor de Cristo.

Lo primero que nos enseñan estos dos personajes es que no es nada fácil aceptar el mensaje de Jesús. Precisamente los dos fueron los más reacios, cada uno a su manera, a la hora de dar el paso y aceptar el verdadero Jesús. Pedro, con toda espontaneidad, no pierde ocasión de manifestar su oposición a lo que decía el Maestro. Por ejemplo: se niega a aceptar la idea de un Jesús que tiene que ir a la muerte, lo cual le merecen las palabras más duras que Jesús dirige a una persona en todo el evangelio; «Retírate de mi vista Satanás, que me haces tropezar”. En la Cena se significa también por su oposición a que su “jefe” le lave los pies. Un poco más tarde, en el momento más difícil para Jesús, le niega tres veces, que quiere decir que le niega absolutamente, sin paliativos.

Pablo fue un fanático de la defensa de su religión. Por defender el judaísmo se convirtió en perseguidor de todos aquellos que seguían la mayor herejía surgida del judaísmo. También su formación personal fue completamente diferente. Pedro era simplemente un pescador, sin ninguna preparación, pero testarudo y sincero. Pablo era un intelectual. Había pasado por la universidad, que entonces era el estudio de la Ley. Uno con su sencillez y espontaneidad y el otro con su agudeza intelectual construyen la única Iglesia, como nos dice el prefacio de la liturgia de hoy.

Esa dificultad que tuvieron Pedro y Pablo para seguir a Jesús puede ser de mucha ayuda para nosotros hoy. Pedro, antes de la experiencia pascual, siguió a un Jesús acomodado a sus ideales e intereses de buen judío. Pablo, antes de la caída del caballo, servía al Dios del AT que estaba a años luz del Dios de Jesús. La dificultad para aceptar la figura de Jesús hace más creíble la sincera adhesión a su persona. No sirve de nada seguir a Jesús sin haberle conocido bien. Solo después de haber superado la prueba de nuestros prejuicios estaremos preparados para orientar a los demás en el mismo seguimiento que nos salva a nosotros

Todavía se puede adivinar en los evangelios los obstáculos que tuvieron que superar para pasar del conocimiento de Jesús a la vivencia personal de todo lo que predicó. Sería muy interesante descubrir que solo desde la vivencia personal se puede uno lanzar a la tarea de comunicar una fe. Esto explica el por qué un puñado de personas fueron capaces de trasformar el mundo conocido en muy pocas generaciones, y sin embargo nosotros, siendo dos mil millones, convencemos cada vez menos y estamos en franca recesión.

Querer enseñar la religión como se enseñan las Matemáticas es un desvarío. Por más información que reciba sobre Cristo y la Iglesia; por más normas morales y ritos que aprenda y practique, si nadie me invita con su vida a vivir lo aprendido todo se quedará en una programación que en nada me enriquece. Religión significa relación con Dios; pero esa relación solo se puede conseguir a través de la  experiencia interior. Dios solo llega a mí a  través de lo hondo de mi ser. Si viene a mí por otro camino, ese Dios es falso. La misma idea de una clase de religión es una contradicción en los términos. La información sobre una religión no tiene nada que ver con el ser religioso.

Los ritos y ceremonias que practico por obligación o por rutina no cambian nada de mi ser, porque son simples programaciones externas. Lo mismo las normas morales que cumplo, aunque sea estrictamente, no me enriquecen porque no son más que respuestas automáticas a un disquete que me han colocado. Las normas las cumplían los fariseos del tiempo de Jesús mil veces mejor que nosotros. Los ritos y las ceremonias las realizaban los sacerdotes de su tiempo mucho mejor que nosotros. Sin embargo, a ellos les dijo Jesús: “Las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el reino de Dios”. ¿Por qué?

Todos tenemos que pasar por el doloroso proceso de maduración por el que pasaron Pedro y Pablo. En su caso la dificultad se agravó porque los dos tuvieron que dar el salto desde una religión legalista a una religiosidad de experiencia interior, lo que no es en ningún caso algo cómodo. Del aprendizaje de una doctrina a la vivencia hay un gran trecho que todo cristiano debe haber recorrido.

Sin ese paso la fe se convierte en pura teoría que ni nos salva ni nos permite ayudar a los demás a salvarse. Tal vez esté aquí la causa de nuestro fracaso a la hora de trasmitir lo que llamamos nuestra religión.

El paso de la creencia a la vivencia es una tarea que dura toda la vida. Nunca terminamos de dar el paso, porque nos encontramos más a gusto con las seguridades que nos da nuestro Dios fabricado a medida que la total confianza en el Dios de Jesús, que es cosa muy distinta. Tanto Pedro como Pablo eran personas muy religiosas que se encontraban tan a gusto dentro de su judaísmo. El contacto con Jesús desbarató esa seguridad y les hizo entrar en la dinámica de una auténtica relación con ese Dios que es amor.

Celebrar hoy la fiesta del papado tiene sus dificultades de encaje. El texto que hemos leído del evangelio de Mt es de los más difíciles de interpretar y se ha entendido mal durante muchos siglos. Hoy sabemos que esas palabras nunca los pudo pronunciar Jesús. Jesús nunca pudo pensar en una Iglesia como la que hoy contemplamos. Tampoco el texto quiere decir lo que hemos interpretado después. No se trata de construir algo inquebrantable sobre una roca sino de construir un edificio con piedras vivas de las cuales la primera sería Pedro, pero que todas conforman el único edificio.

Cuando pronunciamos u oímos la palabra Iglesia, todos pensamos en el Papa y la jerarquía. Aún no ha calado en la mayoría de los cristianos el vuelco copernicano que dio a este respecto el Vaticano II. En él se habla ciento treinta y tantas veces de “pueblo de Dios”, que es una expresión más adecuada al concepto que debíamos comprender cuando decimos Iglesia. Jesús no pudo pensar en una jerarquía (poder sagrado) porque siempre estuvo en contra de todo poder. Recordemos como muestra: “no llaméis a nadie Padre, no llaméis a nadie maestro, no llaméis a nadie señor”. “El que quiera ser grande que sea el servidor y el que quiera ser primero, que sea el último de todos.

 

Meditación-contemplación

 

Pedro y Pablo nos enseñan que la fe es un largo proceso.

Todos debemos pasar de la creencia a la fe.

Es un paso sutil, que se da a través de la vivencia.

Sin ese paso no hay religiosidad, sino solo programación.

…………….

 

No basta con aceptar unas doctrinas.

No es suficiente el cumplimiento de unas normas.

No puede salvar la celebración de unos ritos.

Todo eso tendrá sentido cuando lo convierta en vida.

…………….

 

Es imprescindible una formación religiosa.

Si no aprendo a vivir lo que me han enseñado,

esos conocimientos no me llevarán a la plenitud.

Sólo la vivencia interior transformará mi ser.

 

*ORAR CON EL EVANGELIO:(Mt.16.13-19)


*FIESTA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO APÓSTOLES.

* Señor, ¿A quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna”.
*
Hoy celebramos la fiesta de San Pedro primera piedra de la Iglesia y a San Pablo apóstol de los gentiles. Dos figuras claves del cristianismo primitivo y que pueden enriquecer, iluminar y vivir nuestra fe.

* Se nos presenta a estos dos apóstoles como seres profundamente humanos y coherentes con la verdad que proclaman.
¿Por qué Pedro fue la piedra, la roca sobre la cuál Jesús edificó su Iglesia? Lo leemos en el evangelio: Porque Pedro fue un hombre de fe, sencilla, profunda, generosa convencida y firme sobre la que se va construyendo la comunidad de los seguidores de Jesús.

  • Pero hay una cosa curiosa en los evangelios y es que no nos hablan de Pedro como liderazgo en la comunidad, pero si nos hablan de sus defectos, de sus debilidades, de su pecado.
  • Los cuatro evangelios nos narran la cobarde negación de Pedro. El, el que ha manifestado: “Señor, ¿a quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna”. Ese Pedro es el mismo que en el momento crucial de su pasión, se acobarda y niega que conoce a Jesús. Esto nos hace ver que los evangelios no son una leyenda, sino la historia de hombres y mujeres, limitados y frágiles que siguen a Jesús. En Pedro lo más importante es su fe desde lo más íntimo de su corazón, y su AMOR reencontrado con Jesús. Esto es lo que nos puede ayudar a nosotros a afirmar nuestra fe como algo incondicional a pesar de nuestros defectos y debilidad.
  • Y junto a este ejemplo de fe de Pedro, el ejemplo de Pablo. Es la fe crítica e intrépida de Pablo la que abre a la primitiva comunidad cristiana a otras culturas, a otros pueblos. Por eso su ejemplo es también necesario para nosotros. Nuestra fe debe ser firme y convencida, pero al mismo tiempo valiente, y abierta, capaz de romper con formas antiguas de situaciones históricas, pero que quizás no son del todo fieles al Evangelio.
  • La fe convencida y firme de Pedro y la fe libre y crítica de Pablo no son dos maneras distintas de vivir el seguimiento de Jesús. Es una misma fe, es la fe en Jesucristo muerto y resucitado a quien los cristianos reconocemos como Señor de la vida y de la historia… esta fe es lo más valioso e importante que tenemos y que tenemos para ofrecer y compartir.
    • ¿Es nuestra fe convencida, generosa, libre, abierta y valiente? Es bueno que nos lo preguntemos, pero sin olvidar que Jesús conocía la fragilidad de sus seguidores y contaba con ella al llamar a los suyos, al llamarnos a nosotros: sabía que puede haber una gran fidelidad, incluso allí donde hay defectos y debilidades.

*ORACIÓN

San Pedro, jefe sencillo de la Iglesia, por aquella obediencia con que a la primera llamada del Maestro dejaste cuanto tenías en el mundo para seguir a Cristo;

Por aquella fe con que creíste y confesaste por Hijo de Dios a tu Maestro; ayúdanos a ser fieles seguidores de Jesús, siempre.

  • Glorioso apóstol San Pablo que llevaste el nombre de Cristo por toda la tierra, por tu celo, tu caridad, por tu paciencia al sufrir persecuciones, cárceles y hasta la misma muerte.
  • Por todo ello acompáñanos en el camino del seguimiento de Cristo. AMÉN

  • SEGUIMOS ORANDO:
  • Jesús, Hijo del Dios vivo, te damos gracias por el testimonio de los apóstoles Pedro y Pablo, y por el de tantas personas que a lo largo de los siglos han vivido su fe valientemente, tanto de palabra como con el testimonio de su vida.
    Que nuestra vida, Señor Jesús, no esconda tu persona ni tu Evangelio sino que ayude a ponerlos a plena luz y a mostrar la alegría y esperanza que encuentran las personas, grupos y comunidades que lo viven sinceramente. AMÉN
  • ZURIÑE