«LA ENCARNACIÓN DE DIOS EN JESÚS ES NUESTRA REFERENCIA» 4º de Adviento, Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 1, 26-38

Como estamos ya a las puertas de la Navidad, vamos a hacer una introducción general para todo este tiempo litúrgico. La mayoría de los textos que vamos a leer estos días, están tomados de lo que se llama «evangelio de la infancia». Es importante tomar conciencia del sentido no histórico ni científico de estos textos. El anuncio del nacimiento de un hijo de dios, el nacimiento de una madre virgen, el nacimiento en una gruta, los pastores adorando al niño, el intento de matar al niño, la huída después de un aviso, la muerte de los inocentes, el anuncio por medio de una estrella, la adoración de unos magos, etc.; todos son relatos míticos ancestrales y ninguno es original del cristianismo.

El decir «mítico» no quiere decir «mentira». Este es el primer error a superar. El mito es un relato que intenta desvelar una verdad radical que atañe al hombre entero, y que no se puede explicar por medio de discursos científicos. Al decir que estos relatos son míticos, no estamos devaluando su contenido, sino todo lo contrario; nos estamos obligando a descubrir el significado profundo y vital que tienen. Lo nefasto es haber considerarlo los relatos míticos como crónicas de sucesos sin mayor alcance vital.

Todo esto lo ha descubierto la exégesis hace muchas décadas. No acabo de comprender por qué existe tanto miedo a que el pueblo conozca la verdad. ¿No nos dice el mismo Jesús que la verdad os hará libres? ¿O es que lo que nos asusta es esa libertad? Es verdad que la explicación del sentido profundo de estos textos no es sencilla, pero es precisamente esa dificultad la que debería espolearnos. He visto a la gente abrir ojos como platos cuando han comprendido la profundidad del mensaje.

En las lecturas de hoy destaca el contraste entre la actitud de David, que después de hacerse un palacio, decide hacer un favor a Dios, construyéndole un templo para que habite; y la actitud de María que ve solo la gratuidad de Dios para con ella. La humildad de María hace posible el acercamiento a Dios. La soberbia de David, aleja de Él. La lección es clara: Nosotros no podemos hacer nada por Dios, es Él, el que lo hace todo por nosotros. Ni siquiera tenemos que comprar su voluntad a partir de sacrificios y oraciones.

El texto evangélico que acabamos de leer, es uno de los más densos y ricos del NT. Lo que Lucas nos propone, es una teología de la encarnación entendida desde el AT. Casi todas las palabras del relato hacen referencia a situaciones del AT. El evangelista acaba de narrar la concepción de Juan, que tiene como modelo la de Isaac. Para la concepción de Jesús, Lucas toma como modelo la creación de Adán. Como Adán, Jesús nace de Dios mismo, sin intermediarios; y como él va a ser el comienzo de una nueva humanidad. No es uno más de los grandes personajes de la historia de Israel. Esta es la clave de todo el relato.

Ángel=mensajero, no tiene, en el AT, la misma connotación que tiene para nosotros. No debemos pensar en esos seres al servicio de Dios, sino en la presencia de Dios de una manera humana para que el hombre pueda soportarla. El pueblo de Nazaret no es nombrado en todo el AT; es algo completamente nuevo. Galilea era la provincia alejada del centro de la religiosidad oficial, que era Judea y el templo. Quiere decir que la intervención divina en Jesús rompe con el pasado y va a constituir una auténtica novedad. Todo va a suceder lejos del templo y los ambientes de la religiosidad oficial.

La escena se desarrolla en una casa sencilla de un pueblecito desconocido. A una virgen= doncella, no ligada a la institución, sino completamente anónima. Ni tiene ascendencia ni cualidad alguna excepcional. De los padres de Juan acaba de hacer grandes elogios, de María, ninguno. Virgen no debemos entenderla según nuestro concepto actual. Se trata de una niña aún no casada. Alude a la absoluta fidelidad a Dios, por oposición a la imagen del pueblo rebelde, tantas veces representado por los profetas como la adúltera o prostituta. María representa al pueblo humilde, sin relieve social alguno, pero fiel.

Alégrate, agraciada, el Señor está de tu parte. Alusión también a los profetas: «Alégrate hija de Sión, canta de júbilo hija de Jerusalén». Es un saludo de alegría en ambiente de salvación. Cercanía de Dios a los israelitas fieles. Dios se ha volcado sobre ella con su favor. La traducción oficial, «llena de gracia», nos despista, porque el concepto que nosotros ponemos detrás de la palabra «gracia», se inventó muchos siglos después. No se trata de la gracia, (un ser divino) sino de afirmar que le ha caído en gracia a Dios.

Al contrario que en Mateo, José, descendiente de David, no tiene papel alguno en el plan de salvación anunciado en Lc María misma impondrá el nombre a Jesús = Salvador. No será hijo de David, sino del Altísimo. Ser Hijo, en el relato mítico, no significa generación biológica, sino heredar la manera de ser del padre, y tener por modelo al Padre. No será David ni cualquier otro ser humano, el modelo para Jesús, sino Dios. Jesús no puede tener padre humano, porque en ese caso tendría la obligación de obedecerle e imitarle.

El Espíritu Santo y la fuerza del Altísimo son lo mismo. Cubrir con su sombra hace referencia a la gloria de Dios que en el Génesis se representaba por una nube que cubría el campamento. Santo=Consagrado, Hijo de Dios, son designaciones mesiánicas. Consagrado hace referencia siempre a una misión. El rey ungido era desde ese instante, hijo de Dios. El Espíritu no actúa sobre el cuerpo, sino sobre el ser de Jesús, dándole calidad divina. «De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu», dice Jn. No es la carne de Jesús la que procede del Espíritu, sino su verdadero ser. Claro que Jesús ‘fue engendrado’ por obra del Espíritu, pero de un modo más profundo de lo que pensamos.

Aquí esta la esclava del Señor. La encarnación de Dios no depende de la perfección de la persona en que se encarna. Hemos insistido tanto en los privilegios de María como preparación para la encarnación, que hemos convertido en impensable la encarnación de Dios en alguien, que no sea perfecto. Pablo nos habla del misterio escondido y revelado. El misterio mantenido en secreto por generaciones, es que Dios es encarnación. Dios salva desde dentro de cada persona, no desde fuera con actos espectaculares ni siquiera con la muerte de su propio Hijo. La buena noticia es una salvación que alcanza a todos los hombres. Misterio que está ahí desde siempre, pero que muy pocos descubren. No es que Dios realice la salvación en un momento determinado, Dios no tiene momentos.

Fijaros como cambia el concepto de Dios para el evangelista. El Dios que a través de todo el AT se manifiesta como el poderoso el invencible el dador de la muerte y la vida, pide ahora el consentimiento a una humilde muchacha para llevar a cabo la oferta más extraordinaria en favor de los hombres. Ese formidable cambio de la manera de concebir a Dios no siempre lo hemos comprendido los cristianos. Una y otra vez, hemos querido volver al Júpiter tonante, que está a nuestro favor y en contra de nuestros enemigos si cumplimos su voluntad; pero no dudará en estar contra nosotros si le fallamos.

No queremos comprender que Dios se hace presente en los acontecimientos más sencillos. Seguimos esperando portentos y milagros en los que se manifieste el dios que nos hemos fabricado. Ningún acontecimiento espectacular hace por sí mismo, presente al verdadero Dios. Al contrario en cualquier acontecimiento por sencillo que sea, podemos descubrirlo. Somos nosotros los que ponemos a Dios allí donde lo vemos. Pascal dijo: «Toda religión que no predique un Dios escondido, es falsa». Los budistas repiten: «Si te encuentras al Buda, mátalo». Todo dios que percibimos viniendo de fuera, es un ídolo.

 

Meditación-contemplación

«Hágase en mí según tu palabra».
La disponibilidad de María es la clave del mensaje.
Dejar hacer a Dios es descubrir lo que está haciendo.
Él lo está haciendo todo en cada instante.
…………………

Descubrir esta presencia activa,
es la esencia de toda vida espiritual auténtica.
No tienes que hacer nada ni conseguir nada.
En ti está ya la plenitud, que quieres alcanzar.
……………

Si la energía de Dios no te ilumina,
es que tienes el interruptor en «off».
Si la fuerza del Espíritu no te atraviesa,
es que tienes colocada una coraza.
…………

 

Fray Marcos

 

Abendualdiko 4. Igandea – 4 Domingo de Adviento, José A. Pagola

Abendualdiko 4. Igandea – B (Lukas 1,26-38)

por Coordinador Grupos de Jesús

ALBISTE HARRIGARRIA

Jesusen jaiotzaren albistea eta Bataiatzailearen jaiotzaren albistea aski paralelo eman ditu Lukasek. Bi pasadizo horien kontrastea hain da harrigarria, ze Jesusengan haragitu den Jainkoaren Misterioa argi berriz erdi-ikusteko aukera eman baitigu.

Bataiatzailearen jaiotzaren albistea «Jerusalemen» gertatu da, Israelgo hiriburu handian, judu-herriaren zentro politiko eta erlijiosoan. Jesusen jaiotza, berriz, herri ezezagun batean iragarri du aingeruak, Galileako mendialdean. Batere nabarmen ez den herrixka batean, «Nazaret» izenekoan, inork ez baitu espero handik ezer onik aterako denik. Urte batzuk geroago, herri apal horiek Jesusen mezua onartuko dute, Jainkoaren ontasuna adierazten diena. Jerusalemek, aldiz, uko eginen dio. Kasik beti, xumeek eta ezdeusek ulertzen eta onartzen dute hobekienik Jesusengan haragitu den Jainkoa.

Bataiatzailearen jaiotza «tenpluaren» eremu sakratuan iragarri du aingeruak. Jesusena, berriz, «herrixka» bateko etxe pobre batean. Jendea bizi den, lana dagien, gozatzen eta sufritzen duen lekuan agertu ohi da. Jende horren artean bizi ohi da, horren sufrimendua arinduz eta Aitaren barkamena eskainiz. Jainkoa gizon (haragi) egin da, ez tenpluetan gelditzeko, baizik «bere egoitza gizon-emakumeen artean ezartzeko» eta haien bizitza konpartitzeko.

Bataiatzailearen jaiotzaren iragarpena «gizonezko» beneragarri batek entzun du, Zakarias apaizak, erritu-ospakizun solemne batean. Jesusen jaiotzaren irarpena Mariak jaso du, hamabi urte inguruko «neskatilak». Ez da esaten non dagoen Maria, ez zer ari den. Nori axola emakume baten lana? Halere, Jesusek, haragi egin den Jainkoaren Seme horrek, beste era batean hartuko ditu emakumeak, haien duintasuna defenditu eta bere ikasleen arteko egingo ditu.

Azkenik, Bataiatzaileaz iragarri du aingeruak, Zakariasengandik eta Elisabetengandik jaioko dela, Jainkoak bedeinkatu duen bikote agor horrengandik. Jesusez, berriz, gauza guztiz bestelakoa esan du. Mariagandik jaioko da Mesias, neskatila birjina batengandik. Jainkoaren Espirituak parte hartuko du Jesusek munduan egingo duen agerpen horren jatorrian. Horregatik, «Jainkoaren Seme izena emanen zaio». Munduaren Salbatzailea ez da jaio elkar maite duten senar-emazte batzuen maitasunaren fruitu bezala. Jainkoak gizadi osoari dion maitasunaren fruitu bezala jaio da. Jesus ez da Mariak eta Josek egin diguten erregalu bat. Jainkoak egin digun erregalua da.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

4 Domingo de Adviento – B (Lucas 1,26-38)

por Coordinador Grupos de Jesús

UN ANUNCIO SORPRENDENTE

Lucas narra el anuncio del nacimiento de Jesús en estrecho paralelismo con el del Bautista. El contraste entre ambas escenas es tan sorprendente que nos permite entrever con luces nuevas el Misterio del Dios encarnado en Jesús.

El anuncio del nacimiento del Bautista sucede en «Jerusalén», la grandiosa capital de Israel, centro político y religioso del pueblo judío. El nacimiento de Jesús se anuncia en un pueblo desconocido de las montañas de Galilea. Una aldea sin relieve alguno, llamada «Nazaret», de donde nadie espera que pueda salir nada bueno. Años más tarde, estos pueblos humildes acogerán el mensaje de Jesús anunciando la bondad de Dios. Jerusalén por el contrario lo rechazará. Casi siempre, son los pequeños e insignificantes los que mejor entienden y acogen al Dios encarnado en Jesús.

El anuncio del nacimiento del Bautista tiene lugar en el espacio sagrado del «templo». El de Jesús en una casa pobre de una «aldea». Jesús se hará presente allí donde las gentes viven, trabajan, gozan y sufren. Vive entre ellos aliviando el sufrimiento y ofreciendo el perdón del Padre. Dios se ha hecho carne, no para permanecer en los templos, sino para «poner su morada entre los hombres» y compartir nuestra vida.

El anuncio del nacimiento del Bautista lo escucha un «varón» venerable, el sacerdote Zacarías, durante una solemne celebración ritual. El de Jesús se le hace a María, una «joven» de unos doce años. No se indica dónde está ni qué está haciendo. ¿A quién puede interesar el trabajo de una mujer? Sin embargo, Jesús, el Hijo de Dios encarnado, mirará a las mujeres de manera diferente, defenderá su dignidad y las acogerá entre sus discípulos.

Por último, del Bautista se anuncia que nacerá de Zacarías e Isabel, una pareja estéril, bendecida por Dios. De Jesús se dice algo absolutamente nuevo. El Mesías nacerá de María, una joven virgen. El Espíritu de Dios estará en el origen de su aparición en el mundo. Por eso, «será llamado Hijo de Dios». El Salvador del mundo no nace como fruto del amor de unos esposos que se quieren mutuamente. Nace como fruto del Amor de Dios a toda la humanidad. Jesús no es un regalo que nos hacen María y José. Es un regalo que nos hace Dios.

José Antonio Pagola

 

ORAR CON EL EVANGELIO.(Jn.1.6-8 y 19-28)

  • 3º DOMINGO de ADVIENTO. B . (Diciembre 14 de 2014)

*          Hace tres Domingos iniciamos un tiempo de Adviento. Desde el primer domingo oíamos un mensaje de esperanza y, a la vez, una llamada a la conversión necesaria y una invitación al compromiso.
Hoy se nos llama a sentir la alegría por la  cercanía de nuestra liberación: se acerca Jesús el liberador esperado. Tiene que brotar en nosotros y desde nosotros una alegría que brota de corazones agradecidos.
Pero esta alegría que invade a quien sabe la cercanía del Señor, no es una alegría artificial y sin sentido, y  mucho menos una evasión para no comprometerse en la vida. Al contrario, la alegría cristiana es un estado de ánimo que impulsa al trabajo, al servicio y al compromiso.
Que sabe esconderse, que orienta nuestras miradas hacia el verdadero protagonista de la historia Jesús de Nazaret. Juan viene como testigo de la luz. No era él la luz, sino el testigo. Tampoco es el Mesías, el profeta soñado, sino el que sabe señalar  y preparar el camino del Señor.
El Señor sigue llegando, está a las puertas, y de nuevo se nos recuerda la tarea: Velad, preparad, estar alegres. Ser testigos de esa luz que es Cristo, señalar con alegría a Jesús que está en medio de nosotros y viene a salvarnos.
Para un cristiano celebrar la Navidad es reconocer y acoger a Cristo en nuestra vida. Algo tiene que cambiar en nuestro estilo de vivir y sobre todo en nuestro corazón, en nuestro interior.
Nos podíamos preguntar:

*¿Dónde ponemos nosotros, la comunidad, la Iglesia, nuestra alegría?
María de Nazaret nos da su ejemplo. Canta la grandeza del Señor, porque la llegada del Hijo que espera es de verdad la gran BUENA NOTICIA. La oración de María es de alegría y esperanza porque llega el Reino de Dios.
*       En cualquier caso la razón para estar alegres es la BUENA NOTICIA que Juan anunciaba y que Cristo cumplió y sigue cumpliendo hasta que vuelva al final de los tiempos. Una alegría que nos mantiene mirando en esperanza ese final y trabajando este presente, unidas a Cristo, que harán  que su BUENA NOTICIA siga viniendo y cumpliéndose entre  nosotros.
*                                              ORACIÓN

Jesús de Nazaret. La Palabra que hemos escuchado en esta celebración, nos anima a vivir siempre alegres.

Juan Bautista decía de sí mismo que era un testigo de la Luz y es eso lo que nosotros debemos ser;
por eso te pedimos que nuestra vida ayude a otros a conocerte, amarte y reconocerte como Salvador y así dar sentido a la vida.

Este tiempo de Adviento, nos ofrece la oportunidad para dejarnos llenar nuestro interior con la alegría del Evangelio que es la BUENA NOTICIA y para ayudarnos  mutuamente a superar la tristeza que nace de una vida superficial. Isaías, Pablo Y María con sus lecturas, quieren contagiarnos la alegría que da vida y esperanza a pesar de las dificultades.

Que sepamos escucharlas, orarlas, vivirlas y ponerlas en práctica siendo luz para los demás.

Jesús, que vienes siempre, ayúdanos a ser personas y comunidades agradecidas de cuanto hemos recibido y recibimos gratuitamente para que sepamos agradecerlo, valorarlo y compartirlo con los demás. AMÉN.

LA ORACIÓN NOS DA ALEGRÍA Y ESPERANZA. POR ESO, SEGUIMOS ORANDO.

Cuando dices: “No soy capaz de resolver mis problemas”

Dios te dice: “Yo sigo tus pasos” .Prov.3, 5-6

Cuando dices: “Es imposible”

Dios te dice: «Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios» Lc.18, 27

Cuando dices: “Me siento muy sol@”

Dios te dice: «No te dejaré y no te abandonare». Heb.13, 5

Cuando dices: “¿Cómo podré hacer esto que me pides? ¿Quién me ayudará?”

Dios te dice: «Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas encontrarás refugio» Sal.90.4

Cuando dices: “No merezco perdón”

Dios te dice: «Yo te perdono» 1 Jn. 1, 9 Rom.8, 1. «Aunque vuestros pecados fuesen como escarlata, se volverán blancos como la nieve» Is.1, 18.

Cuando dices: “Tengo miedo”

Dios te dice: «No temas, porque yo estoy contigo» Is.41, 10

Cuando dices: “Estoy muy cansad@”

Dios te dice: «Yo te confortaré» Mt.11, 28-30

Cuando dices: “No sé cómo avanzar…”

Dios te dice: “Yo te indicaré el camino” (Sal.32, 8)

Cuando te preguntas: “¿Cuál es el camino que me conduce a ti?

Dios te responde: “Mi Hijo amado, Jesucristo” (1 Tim.2, 5; Hch.4, 12; Jn. 3, 16)

*                      ZURIÑE

ALLANAR EL CAMINO: SER VERDADEROS

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Jn 1, 6-8 y 19-28

La polémica entre las comunidades cristianas y las baptistas debió ser intensa, a juzgar por la importancia y el espacio que dedican los evangelios a «redimensionar» la figura del Bautista.

Ya en el prólogo, el autor del cuarto evangelio insiste con toda claridad en que «no era él la luz», sino únicamente el «testigo de la luz» (Jn 1,8). Ahora, el relato comienza centrándose en su figura.

Probablemente sea ese el motivo por el que el cuarto evangelio ni siquiera dice expresamente que Jesús fue bautizado por Juan.

La escena del interrogatorio al que le someten los enviados de la autoridad religiosa («los judíos») tiene la intencionalidad manifiesta de zanjar la cuestión de una manera definitiva: «No soy el Mesías. No soy Elías. No soy el Profeta». Se trata de una negación por triplicado («definitiva»), aludiendo a tres figuras netamente mesiánicas: el Mesías esperado; Elías, del que se creía que aparecería inmediatamente antes; y el Profeta, o un segundo Moisés.

Tras la triple negación de ser cualquier figura relacionada directamente con el Mesías, el autor del evangelio recurre a un texto de Isaías, para presentar a Juan como la «voz» que pide «allanar el camino» (Is 40,3).

El mensaje es sencillo y radical: constituye un llamamiento exigente a proceder sin doblez, a ser veraces.

La doblez nace del deseo. A veces, decimos buscar una cosa y, en realidad, nos sorprendemos buscando o realizando la contraria. Esta otra es siempre un interés del ego.

«Mostraos tal como sois y sed tal como os mostráis», aconsejaba Rumi a los suyos. Es decir, allanar el camino equivale a no seguir los imperativos del ego caprichoso; de otro modo, jamás saldremos del laberinto de dolor.

El autor del evangelio parece indicar que no podremos comprender ni acoger a Jesús (al evangelio) si no estamos dispuestos a caminar en verdad.

Sabemos que no puede haber crecimiento personal si no es a partir del reconocimiento y la aceptación de la propia verdad. Solo esta provee de cimientos sólidos sobre los que construir nuestra persona.

Pero hay más. La aceptación de la propia verdad es imprescindible no solo en el trabajo psicológico, sino también para acceder a nuestra identidad profunda. En este camino, necesitamos desnudarnos progresivamente de todo aquello que nos somos –y a lo que, durante años, nos hemos aferrado-, para que se nos pueda revelar lo único que permanece, porque solo esto nos dice quiénes somos.

De hecho, en la medida en que vamos aceptando con verdad todo lo que vivimos –incluso lo más pequeño-, se acrecentará nuestro gusto por la verdad, hasta hacernos uno con ella. Y ahí es donde se nos revelará que, a pesar de haber funcionado en la apariencia o incluso en la mentira, en nuestro ser más profundo somos Verdad.

Con esta clave, tal vez resuenen en nosotros de un modo nuevo las palabras sabias de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6), «Yo soy la vida» (Jn Jn 11,25; 14,6). Y descubramos que, como la suya, esa es también nuestra misma identidad.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

“ZELAITU JESUSENGANAKO BIDEA- ALLANAR EL CAMINO HACIA JESÚS”, José A. Pagola

(Joan 1,6-8.19-28)

por Coordinador Grupos de Jesús

ZELAITU JESUSENGANAKO BIDEA

«Bada zuen artean ezagutzen ez duzuen bat». Jesusez esan ditu hitz horiek Joan Bataiatzaileak; bataiatuak izateko, Jordan ibaira doan jende artean baitabil hura, oraino jendaurrean agertu ez bada ere. Hain juxtu, bere kezka guztia «bidea zelaitzea» du Joanek, jende hark Jesusengan sinetsi ahal dezan. Horrela aurkeztu ohi zuten Bataiatzailearen imajina lehen kristau-belaunaldiek.

Baina Bataiatzailearen hitzak halako moduan daude emanik, non, geure burua kristau jotzen dugunoi, gaur irakurririk, galdera kezkagarriak eragiten baitizkigute. Gure artean da Jesus, baina ezagutzen al dugu zinez?, bat egiten al dugu harekin?, hurbiletik jarraitzen al diogu?

Egia esan, Jesusez mintzo gara beti Elizan. Teorian ez da ezer guretzat hura baino garrantzizkoagorik. Baina, gero, hainbat jirabira ematen ditugu geure ideien, egitasmoen eta ekintzen inguruan, non, ez batere gutxitan, bigarren maila batean gelditzen baita Jesus. Geuk «ezkutatzen dugu» Jesus, konturatu gabe, geure burua protagonismoa emanez.

Agian, hau du kristautasunak bere zoritxarrik handiena: bere baitan «kristau» direla esaten duten hainbat eta hainbat gizon-emakume izatea, bihotzean Jesusen arrastorik ez dutela. Ez dute ezagutzen. Ez dute haren bizi-arnasarik. Ez ditu hark erakartzen, ez liluratzen. Irudi zurrun eta bizirik gabea da Jesus haiengan. Mutu da. Ez die esaten bizitza arnastuko dien ezer berezirik. Haien bizitza ez du markatzen Jesusek.

Eliza honek Jesusen «lekukoen» premia gorria du, haren antzeko izango diren fededunen, kristauen premia, beren izaeraz eta bizieraz Kristogan sinesteko bidea erraztuko dutenen premia. Jainkoaz hark bezala hitz egingo duten lekukoen beharra du, Jainkoaren errukizko mezua hark egiten zuen bezala komunikatuko dutenen beharra, Aitaganako konfiantza hark egiten zuen bezala kutsatuko dutenen beharra.

Zertako dira gure katekesiak eta predikuak Jesu Kristo ezagutzera, maitatzera, hari fede eta gozotasun handiagoz sinestera ez bagaramatzate? Zertako dira gure eukaristiak Jesusekin, haren egitasmoarekin, guztientzat hark egin duen buru-eskaintza gurutzatuarekin bat egiten laguntzen ez badute? Elizan inor ez da «Argia», baina guztiok distiraraz dezakegu hura geure bizitzan. Inor ez da «Jainkoaren Hitza», baina guztiok izan gaitezke kristautasunaren ardaztzat Jesu Kristo hartzera gonbidatzen eta eragiten duen ahots.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Domingo de Adviento – B (Juan 1,6-8.19-28)

por Coordinador Grupos de Jesús

ALLANAR EL CAMINO HACIA JESÚS

«Entre vosotros hay uno que no conocéis». Estas palabras las pronuncia el Bautista refiriéndose a Jesús, que se mueve ya entre quienes se acercan al Jordán a bautizarse, aunque todavía no se ha manifestado. Precisamente toda su preocupación es «allanar el camino» para que aquella gente pueda creer en él. Así presentaban las primeras generaciones cristianas la figura del Bautista.

Pero las palabras del Bautista están redactadas de tal forma que, leídas hoy por los que nos decimos cristianos, provocan en nosotros preguntas inquietantes. Jesús está en medio de nosotros, pero ¿lo conocemos de verdad?, ¿comulgamos con él?, ¿le seguimos de cerca?

Es cierto que en la Iglesia estamos siempre hablando de Jesús. En teoría nada hay más importante para nosotros. Pero luego se nos ve girar tanto sobre nuestras ideas, proyectos y actividades que, no pocas veces, Jesús queda en un segundo plano. Somos nosotros mismos quienes, sin darnos cuenta, lo «ocultamos» con nuestro protagonismo.

Tal vez, la mayor desgracia del cristianismo es que haya tantos hombres y mujeres que se dicen «cristianos», en cuyo corazón Jesús está ausente. No lo conocen. No vibran con él. No los atrae ni seduce. Jesús es una figura inerte y apagada. Está mudo. No les dice nada especial que aliente sus vidas. Su existencia no está marcada por Jesús.

Esta Iglesia necesita urgentemente «testigos» de Jesús, creyentes que se parezcan más a él, cristianos que, con su manera de ser y de vivir, faciliten el camino para creer en Cristo. Necesitamos testigos que hablen de Dios como hablaba él, que comuniquen su mensaje de compasión como lo hacía él, que contagien confianza en el Padre como él.

¿De qué sirven nuestras catequesis y predicaciones si no conducen a conocer, amar y seguir con más fe y más gozo a Jesucristo? ¿En qué quedan nuestras eucaristías si no ayudan a comulgar de manera más viva con Jesús, con su proyecto y con su entrega crucificada a todos. En la Iglesia nadie es «la Luz», pero todos podemos irradiarla con nuestra vida. Nadie es «la Palabra de Dios», pero todos podemos ser una voz que invita y alienta a centrar el cristianismo en Jesucristo.

José Antonio Pagola

 

* ORAR CON EL EVANGELIO.(Mc.1.1-8)

  • DOMINGO 2º ADVIENTO –B– (7 Diciembre)

ALLANAD LOS SENDEROS DEL SEÑOR” “ABRIR LA PUERTA DE LA VIDA
Así como el primer domingo de adviento se proponía la “VIGILANCIA” como un talante de vida; en este 2º domingo se nos invita a estar dispuestos, PREPARADOS. Esta venida del Señor hay que PREPARARLA. Las lecturas de este día insisten en esta actitud de ESPERA Y DE PREPARACIÓN.
Pero para poder descubrir y experimentar de verdad esta venida, esta presencia, es necesario terrenopreparado. Estar preparados significa ver los obstáculos y los candados que hay en nuestra vida para poner remedio y hacerlos desaparecer.
En este tiempo tenemos una tarea importante la de descubrir qué puertas tenemos cerradas y que candados ponemos que impiden a Dios y a  los demás entrar en nuestras vidas. El Señor nos propone abrir todas estas cerraduras y Él mismo se nos da como la llave capaz de abrir toda puerta cerrada, a nosotros sólo nos queda estar disponibles, preparados. ¿Qué pasos hemos de dar? ¿Qué “candados” habría que abrir de nuestras vidas y qué nos tiene cerrados a esta venida? ¿Cómo hemos de prepararnos?  He aquí algunas actitudes vitales que nos ayudan a preparar esa venida del Señor, que “vino, viene y vendrá”.
Lo primero es creer, es decir, fiarse de Dios. Estar dispuesto a abrir la puerta de nuestra casa a la primera llamada del DIOS-AMIGO; liberarse de las cosas que no nos dejan ser personas; empezar de verdad a compartir pues no tendríamos tantas cosas si supiéramos compartir; amar, como Dios nos ama, pero no sólo a Dios que está en los cielos sino al que anda por ahí y me necesita, al Dios más cercano, más visible, al Dios más necesitado. Y el Dios encarnado está en cada persona.
Esta preparación de los caminos del Señor, este “abrir la puerta” de nuestra vida es lo que llamamos CONVERSIÓN.  También es bueno abrir de nuevo la puerta al Sacramento del perdón, como medio de acercamiento al Dios que llama a la puerta de mi interior y si la abro, no dudemos de que entrará el nuevo “aire de salvación”.

Que cada uno de nosotros, Jesús, Dios nuestro, te abramos nuestra vida, para que brotes, para que florezcas, para que nazcas, y mantengas en nuestro corazón, en nuestra vida encendida la esperanza.
*                  ¡VEN JESÚS TE NECESITAMOS! ¡VEN PRONTO! ¡VEN SALVADOR! AMÉN.

  • “ENCENDEMOS LA LUZ EN NUESTRAS VIDAS”
  • Los profetas en el antiguo testamento, mantenían encendida la esperanza de Israel en la venida del Mesías. Nosotros, como un símbolo, encendemos las dos velas. El viejo tronco está rebrotando, florece el desierto.
  • La humanidad entera se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra tierra en nuestras vidas. Que cada uno de nosotros, Jesús, te abramos nuestra vida para que brotes, nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la Esperanza.
  • ORACIÓN

Te damos gracias, Jesús de Nazaret, por el profeta Juan que te preparó el camino;

Te agradecemos también por los profetas de hoy, mujeres y hombres y jóvenes que con su vida y entrega  nos indican caminos para vivir la fe.

Ayúdanos a ser un pueblo de profetas, personas que con la propia vida, hablemos de Ti y con la fuerza del Espíritu anunciemos tu evangelio.

Que ADVIENTO no sea sólo preparar la NAVIDAD, sino especial preparación de un mundo según tu Voluntad, más justo y humano, más fraterno y menos violento

.que tengamos paciencia para no desanimarnos cuando las cosas van mal, pero que no nos paremos, el ADVIENTO, nos anima a caminar, a VIGILAR, a PREPARARNOS, nos recuerda esta semana.

Que así lo hagamos, lo vivamos y lo contagiemos a los demás, los mayores, los jóvenes y los niños.

  • Que allanemos en nosotros, todo lo que impide la llegada de nuestro Salvador.
  • Entonces, será NAVIDAD. “DIOS – CON –NOSOTROS”. AMÉN. ZURIÑE

2º DOMINGO DE ADVIENTO: «UN MENSAJE PARA RECORDARNOS QUE SOMOS VIDA»

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Mc 1, 1-8

En el evangelio de Marcos no hallamos ninguna referencia al nacimiento ni a la infancia de Jesús. Tras un título cargado de sentido, el relato se abre con la figura del Bautista que, tras la evocación de la profecía de Isaías –aunque, en realidad, luego se mezclan textos de Malaquías (3,1) y del propio Isaías (40,3)-, es presentado como mensajero o precursor.

La primera frase no es sólo el comienzo, sino el título del relato. Y empieza por una palabra que, a quienes conocían la Biblia hebrea, tenía que resultarles sumamente evocadora: «Comienzo» o «principio» parece hacer referencia al inicio del libro del Génesis: «Al principio creó Dios el cielo y la tierra» (1,1). De este modo tan simple, el autor hace un guiño a sus lectores: Jesús es el verdadero comienzo, con él se opera la verdadera creación.

En ese mismo título, el evangelista deja clara la fe de su comunidad en Jesús, «Cristo (o Mesías), Hijo de Dios». Con el primer término, se hace alusión al cumplimiento de las promesas mesiánicas en la persona del Maestro de Nazaret; con el segundo, se lo reconoce en el ámbito de la divinidad, aunque no pueda entenderse en el sentido fuerte que proclamará el Concilio de Nicea.

Paralelamente, Marcos está inventando un nuevo género literario –el «evangelio»- que, a partir de él, aludirá a los escritos sobre Jesús. Hasta ese momento, el término «evangelio» se refería a alguna «buena noticia», particularmente en el campo militar.

Tras el título, el autor inicia el relato presentando la figura de Juan como «precursor» que apunta y señala a Jesús. De hecho, aparece vestido como el gran Elías (2 Re 1,8) y su alimento es el de un nómada.

El desierto era un lugar cargado de connotaciones para el pueblo: lugar de prueba y, al mismo tiempo, de intimidad con Dios, fue el camino de la liberación, desde Egipto hasta la Tierra Prometida. Juan, en el desierto, anuncia el nuevo éxodo, la liberación que va a tener lugar en Jesús: esta es la imagen de fondo con la que juega nuestro autor (imagen, por cierto, que aparecerá también en el cuarto evangelio).

El bautismo era un rito de inmersión, dotado de un simbolismo de muerte/resurrección que han conocido distintas religiones y que hace referencia a un cambio de estado. En la primera comunidad cristiana, el propio Pablo lo retomará cuando hable de la «vida nueva» en Cristo: «Por el bautismo hemos quedado sepultados con Cristo quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo ha resucitado de entre los muertos por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva» (Rom 6,4).

Pero lo que realmente importa al evangelista es la proclamación de Juan, que se refiere a Jesús con una doble expresión: aquél a quien «no le desata las sandalias» y el que «bautiza con Espíritu Santo». ¿Qué significan estas palabras?

Con la primera de esas expresiones, Marcos presenta a Jesús como el esposo del nuevo pueblo, de la humanidad. El rito de «desatar la correa de las sandalias» –tal como narra el Libro del Deuteronomio 25,5-10- remite a la «ley del levirato» –del latín «levir«, cuñado-. Según esa ley, cuando moría un hombre casado sin haber dejado descendencia, su hermano debía desposar a la viuda; en el caso de que él se negara, ella, delante de los ancianos del pueblo, «le quitará la sandalia del pie y le escupirá en la cara» (Deut 25,9).

Con ese trasfondo, «no quitarle la sandalia» significa que Jesús está dispuesto a desposar al pueblo. De esta manera, Marcos lo presenta con una de sus imágenes preferidas –lo será también para el cuarto evangelio-: la de novio o esposo. Así como los profetas cantaban a Yhwh, que desposaba al pueblo por amor, Marcos muestra a Jesús como el nuevo esposo del nuevo pueblo.

Con la segunda expresión, se resume la misión de Jesús. Como he señalado antes, el bautismo con agua realizado por Juan era un gesto simbólico del nuevo nacimiento: del mismo modo que la persona se sumerge en el agua y sale de ella limpia, quien se bautizaba manifestaba su disposición a «morir» a lo viejo para «resucitar» a una vida nueva.

Pues bien, contraponiéndolo a esa imagen, de Jesús se afirma que «bautizará con Espíritu Santo». Bautizar con Espíritu Santo significa comunicar la misma vida divina. Y así queda bellamente definida su misión, que en el evangelio de Juan se recogerá con palabras similares: «He venido para que tengan vida, y vida en plenitud» (Juan 10,10). Vida divina es vida en plenitud.

Hablando con rigor, más que «comunicar» vida, lo que Jesús nos aporta es descubrirnos que, como él, somos Vida.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

Abendualdiko 2. Igandea-GEURE BEKATUAK AITORTU-CONFESAR NUESTROS PECADOS

José Antonio Pagola
Grupos de Jesús

GEURE BEKATUAK AITORTU

«Jainkoaren Seme Jesu Kristoren Berri Onaren Hasiera». Horra Markosen ebanjelioaren hasiera itzaltsu eta pozgarria. Baina, segidan, bat-batean eta besterik gabe, bere Mesias eta Jauna onartu ahal izateko herri guztiak beharrezkoa duen premiazko bihotz-berritzeaz hasi da.

Basamortuan profeta desberdin bat agertu da. «Jaunari bidea prestatzera» dator. Horixe du profeta hark Jesusi egin behar dion zerbitzu handia. Haren deia ez doakio lagun bakoitzaren kontzientziari soilik. Lagun bakoitzaren bihotz-berritze morala baino zerbait gehiago nahi du Joanek. «Jaunari bidea prestatzea» da kontua, bide jakin eta guztiz zehatza, Jesusek berak egingo duen bidea, jende askoren itxaropen konbentzionalei huts eginez.

Hunkigarria izan da herriaren erreakzioa. Ebanjelioaren arabera, Judea eta Jerusalem alde batera utzi, eta «basamortuko» bideari ekin dio, deika nabari duen ahotsa entzuteko. Jainkoarekiko, bere adiskide eta aliatu harekiko, antzinako bere leialtasuna gogorarazi dio basamortuak; batez ere, ordea, lekurik hobena da hura bihotz-berritzeko deia entzun ahal izateko.

Bizi duen egoeraz jabetu da han herria; kanbiatu beharra ekarri dio burura; bere bekatuak aitortu ditu han, bata besteari errua botatzen ibili gabe; salbazio-beharra sumatu du. Markosen arabera, «beren bekatuak aitortzen zituzten» eta Joanek «bataiatu egiten zituen».

Kristautasuna bizitzeko gure moduak behar duen konbertsioa ezin da inprobisatu. Barne-biltze eta barne-lan luzea eskatzen du. Urteak beharko dira, Elizan egia zinezkoago eta handiago egin dezagun arte, eta gure kristautasunaren erdigunean Jesu Kristo onartu ahal izateko beharrezkoa den konbertsioa barruntatu ahal dezagun arte.

Hau izan liteke gaur egun gure tentazioa: «basamortura» ez joan nahi izatea. Konbertsio-premiari izkina egitea. Aldatzera dei egiten digun ahots bati ere kasurik ez egitea. Edozein gauzarekin geure arreta zabartzea, geure beldurra ahantzi eta Jesu Kristoren egiari «bai» esateko geure adore-falta disimulatzeko.

Miresgarria da judu-herrian ageri den «bere bekatuak aitortu» delako irudi hori. Ez ote gara egungo kristauok kontzientzi azterketa kolektibo bat egin beharrean, maila guztietan, geure hutsegiteak eta bekatuak aitortzeko? Aitorpen hori gabe, daitekeena ote «Jaunari bidea prestatzea»?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 Domingo de Adviento – B (Marcos 1,1-8)

por Coordinador Grupos de Jesús

CONFESAR NUESTROS PECADOS

«Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Este es el inicio solemne y gozoso del evangelio de Marcos. Pero, a continuación, de manera abrupta y sin advertencia alguna, comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.

En el desierto aparece un profeta diferente. Viene a «preparar el camino del Señor». Este es su gran servicio a Jesús. Su llamada no se dirige solo a la conciencia individual de cada uno. Lo que busca Juan va más allá de la conversión moral de cada persona. Se trata de «preparar el camino del Señor», un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús defraudando las expectativas convencionales de muchos.

La reacción del pueblo es conmovedora. Según el evangelista, dejan Judea y Jerusalén y marchan al «desierto» para escuchar la voz que los llama. El desierto les recuerda su antigua fidelidad a Dios, su amigo y aliado, pero, sobre todo, es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión.

Allí el pueblo toma conciencia de la situación en que viven; experimentan la necesidad de cambiar; reconocen sus pecados sin echarse las culpas unos a otros; sienten necesidad de salvación. Según Marcos, «confesaban sus pecados» y Juan «los bautizaba».

La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere un tiempo largo de recogimiento y trabajo interior. Pasarán años hasta que hagamos más verdad en la Iglesia y reconozcamos la conversión que necesitamos para acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.

Esta puede ser hoy nuestra tentación. No ir al «desierto». Eludir la necesidad de conversión. No escuchar ninguna voz que nos invite a cambiar. Distraernos con cualquier cosa, para olvidar nuestros miedos y disimular nuestra falta de coraje para acoger la verdad de Jesucristo.

La imagen del pueblo judío «confesando sus pecados» es admirable. ¿No necesitamos los cristianos de hoy hacer un examen de conciencia colectivo, a todos los niveles, para reconocer nuestros errores y pecados? Sin este reconocimiento, ¿es posible «preparar el camino del Señor»?

José Antonio Pagola

* ORAR CON EL EVANGELIO.(Mc.13.33-37)

  • ADVIENTO CICLO –B- ((Noviembre 30 de 2014)

  • Su significado y actitudes.
  • “EL MISTERIO DE LA PERSONA HUMANA SOLO SE ESCLARECE A LA LUZ DEL VERBO  ENCARNADO
  • Un año más recordamos que el ADVIENTO presenta un doble aspecto: por una parte, es el tiempo de preparación a la NAVIDAD, en la cual se conmemora la primera “venida” del Hijo de Dios y, por otra, dirige nuestra atención hacia la “segunda venida” de Cristo al final de los tiempos. Por esta doble razón se presenta el ADVIENTO como el tiempo de la alegre esperanza. Nuestra vida cristiana adquiere sentido a partir de estos dos momentos históricos.
  • Este hecho de la venida del Señor, debe despertar en nosotros unas actitudes:

ACTITUD DE FE Y VIGILANCIA.  Descubriendo la presencia misteriosa del señor en los sacramentos, en su Palabra, en la asamblea cristiana y en el testimonio de cada uno de los bautizados. Descubrir al señor presente entre nosotros. La vigilancia no sólo como el mal que nos acecha, sino como confianza gozosa de dios que nos salva y libera del mal.

ACTITUD DE HAMBRE O POBREZA ESPIRITUAL. El Adviento es también tiempo de CONVERSIÓN. Porque ¿cómo podemos buscar al señor si no reconocemos que tenemos necesidad de El?

ACTITUD MISIONERA O PRESENCIA EN EL MUNDO. En el misterio de la Encarnación descubrimos la razón de existir de comunicarnos; los medios modernos y la técnica no nos facilitan esta comunicación y menos a descubrir que Cristo viene para todas las personas.
*             El Adviento ha de ser un tiempo donde se nos den las claves principales para que verdaderamente Dios pueda llegar a nuestras vidas y hacerse uno entre nosotros… Para que sea Navidad es preciso que nos abramos al señor. El siempre llega, lo único imprescindible es abrirle nuestra vida. Para eso hemos de abrir todas las cerraduras de nuestra persona que nos impiden encontrarnos con El. En efecto, el tiempo de Adviento que hoy da comienzo es como una puerta que se abre para nosotros.

  • DOMINGO 1º. VIGILA.

Al empezar el Adviento, escuchamos, lo primero, un timbrazo de alarma. ¡VIGILA!. Lo necesitamos, porque el Adviento es tiempo de esperanza y la esperanza ha de ser atenta y vigilante: No durmáis, despertad. Encended vuestra esperanza.

Vivimos muchas veces distraídos. Cristo se nos hace presente en cualquier oportunidad. Necesitamos velar para reconocerlo y acogerlo. El Señor está cerca. Es el tiempo de preparación.
Dios se hace presente en nuestra vida cotidiana. Descubrirle en la vida es una de nuestras tareas más difíciles e importantes como cristianos, pero sólo lo conseguimos si vivimos en actitud de búsqueda y atención.

Esta es una de las claves para poder llegar a la Navidad y dejar que Dios entre en nuestras vidas. ¡VIGILA!. Y la vigilancia es fruto de la fe, de la esperanza y del Amor.

*VIGILAMOS CUANDO CREEMOS, VIGILAMOS CUANDO CONFIAMOS, VIGILAMOS CUANDO AMAMOS. ¡No dejemos de velar!

PREGÓN DE ADVIENTO.

  • Hermanos, hermanas. Buenos días. Ongi etorri.
    ¡ES ADVIENTO!
    Preparemos nuestros corazones y Dios los llenará con su alegría.

Allanemos los caminos de nuestras vidas y Jesús que viene nos conducirá a vivir en Verdad.

Abramos nuestros corazones y Jesús los inundará con su presencia.

¡ES ADVIENTO!

  • Viene el Señor y, tal vez, no nos preguntemos por qué ni para qué viene.

Viene para todo aquel que, desee nueva vida, nueva sociedad, nuevo mundo. Así seguir construyendo el Reino.

¡ES ADVIENTO!

  • Preparemos nuestros corazones. Dios viene haciéndose humanidad en Jesús.

Desciende buscándonos a cada uno de nosotros y a todos, si sabemos esperarle y abrirle la puerta.  El llega.
¡ES ADVIENTO!
*       Sólo velando, reflexionando, orando, abriendo los ojos a nuestra realidad actual en actitud de servicio, podremos descubrir la llegada de nuestro Salvador. El, Jesús, llama a nuestra puerta.

¡ES ADVIENTO!. EL SEÑOR VINO, VIENE Y VENDRÁ.

  • Jesús nos advierte que estemos atentos, porque El viene. Viene a llenarnos de vida, de alegría, de Paz, y de Luz para caminar

¡ES ADVIENTO

* Hermanos, hermanas aquí, juntos en comunidad, lo vamos a celebrar.

  • ORACIÓN

*    Cristo Hijo de Dios, has aparecido en forma humana, te has hecho caminante como nosotros e intentas entrar en lo más íntimo de nuestras vidas, con el fin de compartir tu vida con nosotros. Sabemos que llamas a la puerta de nuestro interior pero jamás forzarás la entrada.

Ayúdanos a profundizar desde nuestro interior: ¿Por qué vienes? ¿Para qué?

Tú mismo nos dices: “ESTAD EN VELA”. “ESTAD PREPARADOS”.
Que el Adviento que hoy comenzamos, nos impulse a seguir tu Camino de salvación llenos de fortaleza y esperanza. Tú palabra es esta: “HE AQUÍ QUE ESTOY ALA PUERTA Y LLAMO”.
Señor, que sepamos escuchar tu voz, que nos llega por medio de los otros. Que abramos la puerta de nuestro corazón para acogerte a Ti. Y en ti a todo el que necesite ayuda.

Así nos harás descubrir el por qué vienes y el para qué.
Que en este Adviento escuchemos tu Palabra con fe, que la oración nos lleve al compromiso, que la Eucaristía con tu presencia y alimento nos llene de fuerza y que unos a otros nos contagiemos la alegría de tu venida y nos haga comprender y vivir tus tres venidas:
“VINISTE, VIENES, ESTÁS EN NOSOTROS Y VENDRÁS”
Cada día llamas a mi puerta, a nuestra puerta: ¿La abriré? ¿La abriremos?
Que la comunidad Parroquial sea una de nuestras llaves para abrirte la puerta de nuestro interior.
AMÉN. ZURIÑE

 

 

 

 

 

 

1º DOMINGO DE ADVIENTO: «NO HAY QUE ESPERAR NADA SINO DESCUBRIR LO QUE YA TENEMOS», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Mc 13, 33-37

Estamos en el día de Año Nuevo de la liturgia. Comenzamos con el Adviento, que no es solamente un tiempo litúrgico, sino toda una filosofía de vida. Se trata de una actitud vital que tiene que atravesar toda nuestra existencia. No habremos entendido el mensaje de Jesús, si no nos obliga a vivir en constante Adviento. Lo importante no es recordar la primera venida de Jesús; eso es solo el pretexto para descubrir que ya está aquí. Mucho menos prepararnos para la última, que solo es una gran metáfora (mitología). Lo verdaderamente importante es descubrir que está viniendo en este instante.

Todo el AT está atravesado por la promesa y por la espera. Durante dieciocho siglos, el pueblo judío ha vivido esperando que Dios cumpliera sus promesas. Dios les va prometiendo lo que ellos, en cada momento más ansían. A Abrahán, descendencia; a los esclavos en Egipto, libertad; a los hambrientos en el desierto, una tierra que mana leche y miel; cuando han conquistado Canaán, una nación fuerte y poderosa; cuando están en el Exilio, volver a su tierra; cuando destruyen el templo, reconstruirlo; etc., etc. En el AT siempre les promete cosas terrenas porque es lo único que ellos esperan. Jesús promete algo muy distinto. «He venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

Esta trayectoria del pueblo judío debería hacernos reflexionar. ¿Se trata de un Dios que durante dieciocho siglos les puso la zanahoria delante de las narices o el palo en el trasero, para hacerles caminar según su voluntad? Sería ridículo. Dios nunca hace promesas para el futuro, porque ni tiene nada que dar ni tiene futuro. Las promesas de Dios, son hechas por los profetas, como una estratagema para ayudar al pueblo a soportar momentos de adversidad, que ellos interpretaban como castigo por sus pecados. Nada de los que anunciaron los profetas, se cumplió en Jesús. Gracias a Dios, porque todos los textos están encaminados hacia una salvación de seguridades materiales. Pero podemos entender aquellas imágenes como metáforas de la verdadera salvación.

La clave del relato evangélico está en la actitud de los criados. Nos quiere decir que Dios está siempre viniendo. Él es el que viene. La humanidad vive un constante adviento, pero no por culpa de un Dios cicatero que se complace en hacer rabiar a la gente obligándole a infinitas esperas antes de darle lo que ansía. Estamos todavía en Adviento, porque estamos dormidos o soñando con logros superficiales, y no hemos afrontado con la debida seriedad la existencia. Todo lo que espero de fuera, lo tengo ya dentro.

Vigilad. Para verno solo se necesita tener los ojos abiertos, se necesita también luz. No se trata de contrarrestar el repentino y nefasto ataque de un ladrón. Se trata de estar despiertopara afrontar la vida con una conciencia lúcida. Se trata de vivir a tope una vida que puede transcurrir sin pena ni gloria. Si consumes tu vida dormido, no pasa nada. Esto es lo que tendría que aterrarme; que pueda transcurrir tu existencia sin desplegar las posibilidades de plenitud que te han dado. La alternativa no es salvación o condenación. Nadie te va a condenar. La alternativa es o plenitud humana o simple animalidad.

Pues no sabéis cuándo en el ‘momento’. En griego hay dos palabras que traducimos al castellano por «tiempo»: «kairos» y «chronos». Chonos significa el tiempo astronómico, relacionado con el movimiento de los cuerpos celestes. Kairos sería el tiempo psicológico. Significa el momento oportuno para tomar una decisión por parte del hombre. Por no tener en cuenta esta sencilla distinción, se han hecho interpretaciones descabelladas de la Escritura. En el evangelio que acabamos de leer, se habla de kairos, es decir del tiempo oportuno. Naturalmente que el hombre, como criatura material, se encuentra siempre en el chronos, pero lo verdaderamente importante para él es descubrir el kairos.

El punto clave de nuestra reflexión debe ser: ¿esperamos nosotros esa misma salvación que esperaban los judíos? Si es así, también nosotros hemos caído en la trampa. Jesús no puede ser nuestro salvador. La mejor prueba de que los primeros cristianos, verdaderos judíos, no estaban en la auténtica dinámica para entender a Jesús, es que no respondió a sus expectativas y creyeron necesaria una nueva venida. Esta vez sí, nos salvará de verdad, porque vendrá con «poder y gloria». ¿No os parece un poco ridículo? La médula de su mensaje es que la salvación que Dios nos ofrece, está en la entrega y el don total.

En las primeras comunidades se acuñó una frase, repetida hasta la saciedad en la liturgia: «Maranatha» (ven Señor Jesús). Vivieron la contradicción de una escatología realizada y otra futura. «Ya, pero todavía no». «Ya», por parte de Dios, que nos ha dado ya todo lo que necesitamos para esa salvación. Si no fuera así, se convertiría en un tirano. «Todavía no», por nuestra parte, porque seguimos esperando una salvación a nuestra medida y no hemos descubierto el alcance de la verdadera salvación, que ya poseemos. Aquí radica el sentido del Adviento. Porque «todavía no» ha llegado la verdadera salvación, tenemos que tratar de adelantar el «ya». Eso nunca lo conseguiremos, si permanecemos dormimos.

¿Cómo podremos seguir luchando con todas nuestras fuerzas por un mayor consumismo y a la vez convencernos de que la felicidad está en otra parte? Creo que es una tarea imposible. Descubrir esa trampa, sería estar despiertos. El ser humano sigue esperando una salvación que le venga de fuera, sea material, sea espiritual. Pero resulta que la verdadera salvación está dentro de cada uno. En realidad Jesús nos dijo que no teníamos nada que esperar, que el Reino de Dios estaba ya dentro de nosotros. En este mismo instante está viniendo. Si estamos dormidos, seguiremos esperando.

La falta de encuentro se debe a que nuestras expectativas van en una dirección equivocada. Esperamos un Dios que llegue desde fuera. Esperamos actuaciones espectaculares por parte de Dios. Esperamos una salvación que se me conceda como un salvoconducto, y eso no funciona. Da lo mismo que la espere aquí o para el más allá. Lo que depende de mí no lo puede hacer Dios ni lo puede hacer otro ser humano. Esta es la causa de nuestro fracaso. Seguimos esperando que otro haga lo que solo yo puedo hacer.

También la religión me ofrece salvación, pero solo puede salvarme de las ataduras que ella misma me ha colocado. Ninguna institución puede darme lo que ella no tiene. Dios es la salvación y ya está en mí. Lo que de Dios hay en mí es mi verdadero ser. No tengo que conseguir nada ni cambiar nada en mi auténtico ser, simplemente tengo que despertar y dejar de potenciar mi falso yo. Tengo que dejar de creer que soy lo que no soy. Esta vivencia me descentrará de mí mismo y me proyectará hacia los demás. Me identificaré con todo y con todos. Mi falso ser, mi individualidad se desvanece. Esa experiencia de salvación transformaría radicalmente mi comportamiento con los demás y con las cosas.

El verdadero problema está en la división que encontramos en nuestro ser. En cada uno de nosotros hay dos fieras luchando a muerte: Una es mi verdadero ser que es amor, armonía y paz; otra es mi falso yo que es egoísmo, soberbia, odio y venganza. ¿Cuál de los dos vencerá? Muy sencillo y lógico. Vencerá aquella a quien tú mismo alimentes.

Como los judíos, seguimos esperando una tierra que mane leche y miel; es decir mayor bienestar material, más riquezas, más seguridades de todo tipo, poder consumir más… Seguimos pegados a lo caduco, a lo transitorio, a lo terreno. No necesitamos para nada la verdadera salvación o, a lo máximo, para un más allá. Si no sientes necesidad no habrá verdadero deseo, y sin deseo no hay esperanza. Hoy ni los creyentes ni los ateos esperamos nada más allá de los bienes materiales. Dios sigue esperando.

Meditación-contemplación

«Despierta tú que duermes, y Cristo será tu luz».
Para ver se necesita tener los ojos bien abiertos,
pero también se necesita una buena luz.
De estas dos realidades tienes que preocuparte.
………………

No se trata de los ojos del cuerpo, sino los del «alma».
Curiosamente, no se puede ver desde dentro
si no tienes los ojos del cuerpo cerrados
y la razón aparcada, para que no se ocupe de los asuntos terrenos.
………………

La luz que puede ayudarte sí puede venir de fuera de ti.
La experiencia interior de los demás,
puede ser la mejor luz que ilumine tu vida.
Para nosotros, la experiencia de Jesús, será la mejor guía.
…………………..

Fray Marcos