6º Domingo de Pascua: «LA QUINTAESENCIA DE LO HUMANO ES EL AMOR», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Jn 15, 9-17

El evangelio de hoy es continuación del que leímos el domingo pasado. Sigue explicando, en qué consiste esa pertenencia del cristiano a la vid. Poniendo como modelo su unión con el Padre, va a concretar Jesús lo que constituye la esencia de su mensaje. Ya sin metáforas ni comparaciones, nos coloca ante la realidad más profunda del mensaje evangelio: El AMOR, que es a la vez la realidad que nos hace humamos

Juan pone en boca de Jesús la seña de identidad que tienen que distinguir a los cristianos. Es el mandamiento nuevo, por oposición al mandamiento antiguo, la Ley. Queda establecida la diferencia entre las dos alianzas. Jesús no manda amar a Dios ni amarle a él, sino amar como él ama. En realidad no se trata de una ley, sino de una consecuencia de la Vida de Dios y que en Jesús se ha manifestado contundentemente. Nuestro amor será «un amor que responde a su amor» (Jn 1,16). El amor, que pide Jesús tiene que surgir de dentro, no imponerse desde fuera.

Juan emplea la palabra «agape». Los primeros cristianos emplearon ocho palabras, para designar el amor: agape, caritas, philia, dilectio, eros, libido, stergo, nomos. Ninguna de ellas excluye a las otras, pero solo el «agape» expresa el amor sin mezcla alguna de interés personal. Sería el puro don de sí mismo, solo posible en Dios. Al emplear agapate (amaos), está haciendo referencia a Dios, es decir, al grado más elevado de don de sí mismo. No está hablando de amistad o de una «caridad». Se trata de desplegar una cualidad exclusiva de Dios. Se nos está pidiendo que amemos con el mismo amor de Dios.

Dios demostró su amor a Jesús con el don de sí mismo. Jesús está en la misma dinámica con los suyos, es decir, les manifiesta su amor hasta el extremo. El amor de Dios es la realidad primera y fundante. Juan lo ha dejado bien claro en la segunda lectura: «En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó». Descubrir esa realidad y vivirla, es la principal tarea del que sigue a Jesús. Es ridículo seguir enseñando que Dios nos ama si somos buenos y nos rechaza si somos malos.

Hay una diferencia que tenemos que aclarar. Dios no es un ser que ama. Es el amor. En Él, el amor es su esencia, no una cualidad como en nosotros. Yo puedo amar o dejar de amar. Si Dios dejara de amar un solo instante, dejaría de existir. Dios manifiesta su amor a Jesús, como me lo manifiesta a mí. Pero no lo hace como nosotros. No podemos esperar de Dios «muestras puntuales de amor», porque no puede dejar de demostrarlo un instante. Jesús, que es hombre, sí puede manifestar el amor de Dios, amando como Él amaría y obrando como Él obraría si fuera un ser humano.

Otra consecuencia decisiva de la idea de Dios, que Juan intenta trasmitirnos, es que, hablando con propiedad, Dios no puede ser amado. Él es el amor con el que yo amo, no el objeto de mi amor. Aquí está la razón por la que Jesús se olvida del primer mandamiento de la Ley: «amar a Dios sobre todas las cosas». Juan comprendió perfectamente el problema, y deja muy claro que solo hay un mandamiento: amar a los demás, no de cualquier manera, sino como Jesús nos ha amado. Es decir, manifestar plenamente ese amor que es Dios, en nuestras relaciones con los demás.

No se puede imponer el amor por decreto. Todos los esfuerzos que hagamos por cumplir un «mandamiento» de amor, está abocado al fracaso. El esfuerzo tiene que estar encaminado a descubrir a Dios que es amor dentro de nosotros. Todas las energías que empleamos en ajustarnos a una programación, tienen que estar dirigidas a tomar conciencia de nuestro verdadero ser. En el fondo, se nos está diciendo que lo primero para un cristiano es la experiencia de Dios. Solo después de un conocimiento intuitivo de lo que Dios es en mí, podré descubrir los motivos del verdadero amor.

El amor del que nos habla el evangelio es mucho más que instinto o sentimiento. A veces tiene que superar sentimientos e ir más allá del instinto. Esto nos despista y nos lleva a sentirnos incapaces de amar. Los sentimientos de rechazo a un terrorista o a un violador, pueden hacernos creer que nunca llegaré a amarle. El sentimiento es instintivo y anterior a la intervención de nuestra voluntad. El amor va más allá del sentimiento. La verdadera prueba de fuego del amor es el amor al enemigo. Si no llego hasta ese nivel, todos los demás amores que pueda desplegar, son engañosos.

El amor no es sacrificio ni renuncia, sino elección gozosa. Esto que acaba de decirnos el evangelio, no es fácil de comprender. Tampoco esa alegría de la que nos habla Jesús es un simple sentimiento pasajero; se trata de un estado permanente de plenitud y bienestar, por haber encontrado tu verdadero ser y descubrir que ese ser es inmutable. Una vez que has descubierto tu ser luminoso e indestructible, desaparece todo miedo, incluido el miedo a la muerte. Sin miedo no hay sufrimiento. Surgirá espontáneamente la alegría, que es nuestro estado natural.

Solo cuando has descubierto que lo que realmente eres, no puedes perderlo, estás en condiciones de vivir para los demás sin límites. El verdadero amor es don total. Si hay un límite en mi entrega, aún no he alcanzado el amor evangélico. Dar la vida, por los amigos y por los enemigos, es la consecuencia lógica del verdadero amor. No se trata de dar la vida biológica muriendo, sino de poner todo lo que somos al servicio de los demás.

Ya no os llamo siervos. No tiene ningún sentido hablar de siervo y de señor. Más que amigos, más que hermanos, identificados en el mismo ser de Dios, ya no hay lugar ni para el «yo» ni para lo «mío». Comunicación total en el orden de ser, en el orden del obrar y en el orden del conocer. Jesús se lo acaba de demostrar poniéndose un delantal (vestido de siervo) y lavándoles los pies. La eucaristía nos dice exactamente lo mismo: Yo soy pan que me parto y me reparto para que todos me coman. Yo soy sangre (vida) que se derrama por todos para comunicarles esa misma Vida. Jesús lo compartió todo.

Os he hablado de esto para que vuestra alegría llegue a plenitud. Es una idea que no siempre hemos tenido clara en nuestro cristianismo. Dios quiere que seamos felices con una felicidad plena y definitiva, no con la felicidad que puede dar la satisfacción de nuestros sentidos. La causa de esa alegría es saber que Dios comparte su mismo ser con nosotros. Nos decía un maestro de novicios: «Un santo triste es un triste santo».

No me elegisteis vosotros a mí, os elegí yo a vosotros. Debemos recuperar esta vivencia. El amor de Dios es lo primero. Dios no nos ama como respuesta a lo que somos o hacemos, sino por lo que es Él. Dios ama a todos de la misma manera, porque no puede amar más a uno que a otro. De ahí el sentimiento de acción de gracias en las primeras comunidades cristianas. De ahí el nombre que dieron los primeros cristianos al sacramento del amor. «Eucaristía» significa acción de gracias.

Cualquier relación con Dios sin un amor manifestado en obras, será pura idolatría. La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ni ritos, ni normas morales. El único distintivo debe ser el amor manifestado. Jesús no funda un club cuyos miembros tienen que ajustarse a unos estatutos si no una comunidad que experimenta a Dios como amor y cada miembro lo imita, amando como Él. Esta oferta no la pueden hacer la institución, por eso se muestra Jesús tan distante e independiente de todas ellas. Ninguna otra realidad puede sustituir lo esencial. Si esto falta no puede haber comunidad cristiana.

Meditación-contemplación

Sin la experiencia de unidad con Dios
No podemos desplegar el verdadero amor (agape).
Sin la savia divina que nos atraviesa,
Nunca podremos dar el verdadero fruto.
…………………

El verdadero amor nos lleva al límite de lo humano.
No somos nosotros los que tenemos que amar.
Es el mismo Dios el que se da a través nuestro.
Desde nuestra verdadera humanidad podemos manifestar lo divino.
………………….

El verdadero amor no es fruto del voluntarismo.
Tampoco surge del deseo de alcanzar una plenitud.
Amar es deshacerme de todo lo que creo ser,
Para que solo quede en mí lo que es Dios.
…………..

Fray Marcos

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (15.9-17)

  • DOMINGO 6º DE PASCUA –B- Mayo 10 de 2015
  • “PERMANECED EN MI AMOR”
  • El domingo pasado, se nos hablaba de “permanecer” unidos a la CEPA para dar frutos: “permaneced en mí,” Hoy se da un paso más y nos dice “Permaneced en mi Amor”.

Las lecturas de este Domingo se centran directamente en el núcleo del cristianismo.
EL AMOR.

Hasta nueve veces se repite en el evangelio de hoy “amar”, “amor.” La vivencia del amor según Jesús acaba en alegría. La experiencia de Jesús, es clara: si no hay amor no hay vida, no hay comunicación, no hay experiencia del Padre. La alegría de Jesús es la de quien vive en confianza con el Padre, la de quien sabe acoger la vida con agradecimiento, es la alegría de quien se esfuerza por dar vida, ayuda a crecer, crea condiciones para que la vida sea más humana.
Durante tres domingos Jesús nos ha ido mostrando el programa de vida:

El buen Pastor. Estar unidos a la cepa para llevar savia y dar frutos.
Entregarse totalmente a los amigos por Amor.

Jesús, en su largo discurso en la Última Cena que tiene con sus discípulos, les da las últimas recomendaciones y enseñanzas.

El mensaje es especialmente hermoso, porque todo él se centra en EL AMOR. Jesús nos dice que nos ama como el Padre lo amó a El. Y nos pide permanecer en el amor. Nos llama amigos.

Nos dice que el que vive en el amor debe dar vida y entregarse a los demás. Y añade que nos ha elegido para amarnos y para que amemos. Vivir sin egoísmo hasta  dar a cada uno de los que me rodean un poco de mi vida.

Esa es la forma en que Jesús quiere que entendamos nuestra propia existencia, la existencia cristiana.

Estamos rodeados de símbolos que nos llevan a conocer esta realidad del Amor, aunque no vemos palpablemente a Jesús, pero toda experiencia nos habla de El y siempre tenemos la Luz de la Fe. “Dios es amor» “Quien ama ya ha cumplido los mandamientos” Pero no nos olvidemos que LA TAREA DEL AMOR ES SER DON para los demás.

  • ORACIÓN
  • “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Permaneced en mi amor”
  • Con estas palabras, Jesús de Nazaret, recogió Juan en su evangelio el deseo más profundo de tu corazón, Tú nos amas como el Padre nos amó, Tú nos brindas tu amistad y nos dices: “vosotros sois mis amigos”.

¿Qué Más podemos esperar? ¿Estamos convencidos de que así es? Si es que sí,

¿Qué respuesta te debemos dar?

Que la fuerza de tu Amor, Jesús de Nazaret, nos ayude a amarnos verdaderamente entre nosotros.

Ayúdanos a dar cada día un paso, por menor que sea, en el camino de ser tus seguidores y por eso llamarnos cristianos.

Que la corriente de tu savia corra por los sarmientos de nuestras vidas para que en nuestras relaciones nos comprendamos y perdonemos, nos  ayudemos, especialmente a los más necesitados así lograremos que crezca el
AMOR VERDADERO. AMÉN.

ORAMOS A MARÍA EN ESTE PRECIOSO MES DEDICADO A ELLA

María de Nazaret, mujer del “SÏ” al plan de Dios, ayúdanos a ser fieles en el seguimiento de tu Hijo Cristo, Jesús.

María, mujer en camino, en marcha, riesgo y refugio. Con Cristo queremos ser, silencio y voz, contemplación y acción. El es el guía en nuestro camino.
María de Caná, mujer de fe y de armonía. Con Cristo queremos ser enviados a lo esencial:
“Haced lo que el os diga”

Él es la solidaridad, la delicada amistad en nuestro camino.
María de la Resurrección, mujer del gozo y la esperanza. Con Cristo queremos ser: liberación, fraternidad, anuncio y fiesta. Él es el Perdón, el Tabor, la Llamada, el envío…, en nuestro camino.

María del Espíritu Santo, mujer de un mundo nuevo:

Con Cristo queremos ser paz con justicia, reconciliación, verdad.

María de nuestro mundo, renueva nuestros sentimientos, transforma nuestras vidas.

Reina en nuestras vidas. Mujer de la entrega en el Amor. Quédate con nosotros. AMÉN .  ZURIÑE

Pazkoaldiko 6. Igandea – 6º Domingo de Pascua – José A. Pagola

Evangelio del 10/05/15
por Coordinador Grupos de Jesús

MAITASUNETIK DESBIDERATU GABE – NO DESVIARNOS DEL AMOR

Joan ebanjelariak agur-hitzaldi luzea jarri du Jesusen ahoan, eta bizitasun bereziz jaso ditu horretan funtsezko ezaugarri batzuk, mendetan barna ikasleek gogoan hartu beharrekoak, Jesusi eta haren egitasmoari leialak izan nahi badute. Jakina, gaur egun ere bai.

«Iraun nire maitasunean». Horra lehenengo gauza. Kontua ez da erlijio batean bizitzea, baizik eta Jesusek digun maitasunean bizitzea, Aitagandik hartu duen maitasunean. Kristau izatea ez da lehenik eta behin doktrina-arazoa, baizik maitasun-arazoa da. Mendetan barna, ikasleek mila eratako dudak, gatazkak eta zailtasunak izan dituzte. Garrantzizkoa beti maitasunetik ez desbideratzea izanen da.

Jesusen maitasunean irautea ez da gauza teorikoa, ezta mamirik gabea ere. «Aginduak gordetzean» datza, eta haurrideekiko maitasunean laburbildu du Jesusek berak agindu hori: «Hau da ni agindua: maita dezazuela elkar, nik maite zaituztedan bezala». Agindu askorekin egingo du topo kristauak bere erlijioan. Askotarikoak eta desberdinak dituzte, ordea, agindu horiek beren jatorria, beren izaera, beren garrantzia. Egunak joan egunak etorri, arauak ugaldu egiten dira. Maitasunaren aginduaz bakarrik dio Jesusek hau: «Hau da nire agindua». Noiznahi eta nonahi, funtsezko gauza kristauarentzat haurrideekiko maitasunetik ez irtetea da.

Jesusek ez du aurkeztu maitasunaren agindu hau gure bizitza latzagoa eta astunagoa egingo duen lege bezala, baizik poz-iturri bezala: «Honetaz mintzo natzaizue, nire poza zuengan izan dadin eta zuen poza bere betera irits dadin». Gure artean zinezko maitasunik ez denean, hutsunea eratzen da, ez ezerk ez inork pozez bete ezin duen hutsunea.

Maitasunik gabe ezin da pausorik eman kristautasun irekiago, bihozkoiago, alaiago, xumeago eta maitagarriago baterantz, Jesusekin «adiskide» bezala ?ebanjelioaren esapidea erabiliz? bizitzeko modua eskainiko lukeen baterantz. Ezin jakingo dugu poza eragiten. Nahi izan gabe ere, kristautasun triste bat, kexuz, erresuminez, lantuz eta etsipenez betea lantzen jarraituko dugu.

Gure kristautasunari, sarritan, poza falta zaio, egiten eta bizi ohi denak eman dezakeen poza. Sarritan, Jesu Kristorekiko gure jarraipenak berrikuntzaren sua falta izaten du, eta tristura izaten du sobera, Jesusek gugandik espero duena egiteko konbentzimendurik gabe, gauzak errepikatzen aritzeak dakarren tristura.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

Pascua – B (Juan 15,9-17)
Evangelio del 10/05/15
por Coordinador Grupos de Jesús

NO DESVIARNOS DEL AMOR

El evangelista Juan pone en boca de Jesús un largo discurso de despedida en el que se recogen, con una intensidad especial, algunos rasgos fundamentales que han de recordar sus discípulos a lo largo de los tiempos para ser fieles a su persona y a su proyecto. También en nuestros días.

«Permaneced en mi amor». Es lo primero. No se trata solo de vivir en una religión, sino de vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre. Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. A lo largo de los siglos, los discípulos conocerán incertidumbres, conflictos y dificultades de todo orden. Lo importante será siempre no desviarse del amor.

Permanecer en el amor de Jesús no es algo teórico ni vacío de contenido. Consiste en «guardar sus mandamientos», que él mismo resume enseguida en el mandato del amor fraterno: «Este es mi mandamiento; que os améis unos a otros como yo os he amado». El cristiano encuentra en su religión muchos mandamientos. Su origen, su naturaleza y su importancia son diversos y desiguales. Con el paso del tiempo, las normas se multiplican. Solo del mandato del amor dice Jesús: «Este mandato es el mío». En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno.

Jesús no presenta este mandato del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como una fuente de alegría: «Os hablo de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud». Cuando entre nosotros falta verdadero amor, se crea un vacío que nada ni nadie puede llenar de alegría.

Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable donde podamos vivir como «amigos» de Jesús, según la expresión evangélica. No sabremos cómo generar alegría. Aún sin quererlo, seguiremos cultivando un cristianismo triste, lleno de quejas, resentimientos, lamentos y desazón.

A nuestro cristianismo le falta, con frecuencia, la alegría de lo que se hace y se vive con amor. A nuestro seguimiento a Jesucristo le falta el entusiasmo de la innovación, y le sobra la tristeza de lo que se repite sin la convicción de estar reproduciendo lo que Jesús quería de nosotros.

José Antonio Pagola

 

 

«LA SAVIA QUE NOS UNE ES EL ESPÍRITU», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Jn 15, 1-8

El texto que leemos hoy es el comienzo del capítulo 15 del evangelio de Jn, incluido en el larguísimo discurso de despedida, que Jn pone en boca de Jesús, después de la cena. En esta parte del discurso, se habla de la comunidad y su misión en el mundo. Insiste en que la Vida de Dios debe atravesar a cada miembro para que sea posible el amor que se debe manifestar en obras. La división de los organismos vivos en partes, siempre es inadecuada. Toda la vid es un ser vivo. Raíz, cepa y sarmientos están atravesados por la misma vida; pero para mantener la vida y producir frutos, necesita de los tres elementos.

El simbolismo de la viña es muy frecuente en el AT, pero no es tan frecuente la imagen de la vid. Además, el sentido que le da Jn es completamente original. El doble aspecto de una misma vivencia individual y una proyección a los demás, es la clave de la experiencia pascual. La Vida de Dios, la de Jesús y la de los discípulos es la misma. Aunque no se nombra expresamente, la Vida sigue siendo el centro del discurso.

Hay que tener en cuenta que la vid es una de las plantas que no produce fruto de provecho, si no se poda severamente. Su capacidad de echar follaje es tan grande que, si no se le aplican fuertes correctivos, se le va toda la fuerza en tallos y hojas. La poda se realiza en dos etapas. La primera se hace antes de que brote y consiste en  eliminar casi todos los sarmientos del año anterior, dejando sólo una parte mínima (dos o tres nudos) de los más robustos. La segunda se hace en verde, eliminando todos los tallos que no llevan fruto e incluso desmochando los que lo llevan.

Yo soy la vid verdadera. Detrás del símbolo de la vid, se esconde todo un mundo de sugerencias. Se trata de un ser vivo que se manifiesta a través de elementos distintos, pero unificados por una realidad que los trasciende, la vida. Una vez más es la Vida el centro del discurso. La vid (raíz, cepa y sarmientos) es ahora todo el que se adhiere a Jesús. No hay más pueblo de Dios que el que se desarrolle a partir de Jesús. En el AT es frecuente que la viña sea improductiva, esté desolada y no agrade a Dios, (falsa).

Mi Padre es el labrado. Como en el AT, es el Padre quien la ha plantado y la cuida. Pero hay que tener cuidado a la hora de interpretar este aspecto. Jesús nunca se propone como centro de su mensaje. Él predica el Reino que es Dios. Nunca se interpone entre Dios y el ser humano. Jesús nos dice que lo que Dios es para él, lo es también para cada uno de los hombres. No pensemos que Jesús es más que el Padre. La alusión al Padre labrador, expresa la preocupación y el interés de que los sarmientos den fruto.

Todo sarmiento que en mí no produce fruto, lo arranca, y a todo el que produce fruto, lo poda, para que dé más fruto. ¡Ojo a este párrafo! Tenemos un juego de palabras muy curioso: «airei» no significa cortar ni arrancar sino abolir, quitar. «kathairei» no significa podar sino limpiar, purificar. Ni uno ni otro verbo se suelen utilizar para designar tareas agrarias. Al emplearlos nos fuerza a ira más allá del simple significado. El versículo siguiente nos ayuda a salir del posible error de interpretación: Vosotros estáis ya limpios por el mensaje que os he comunicado. «limpios» tampoco tiene nada que ver con la pureza legal que se consigue por rituales. Para Jn el único pecado (el pecado del mundo) es la opresión. Como ellos han salido de ese ámbito, se han liberado. La purificación se efectúa al optar por el mensaje de Jesús, el amor.

No debemos entender estos versículos como si Dios actuara en nosotros desde fuera y mecánicamente. Para Jesús, Dios es la sabia, la Vida que se comunica a toda la vid. Jesús es el primer sarmiento que vivió plenamente de esa savia divina. No debemos confundir al hombre Jesús con el Dios cristiano, sino como el primer cristiano que haciendo suya la misma Vida de Dios, nos ha indicado la manera de alcanzar la verdadera plenitud humana. El mensaje de Jesús consiste en que todos vivamos esa Vida divina.

Ni cada individuo, ni la comunidad deben considerarse entes estáticos, tienen que dar fruto. Sarmiento improductivo es el que pertenece a la comunidad pero no responde al Espíritu. Incluso el que produce fruto tiene que seguir un proceso que no acaba nunca. Solo el don total de sí mismo permitiría alcanzar la meta. La posesión del Espíritu es un dinamismo que no se detiene. El producir fruto no hace referencia a una moralidad, sino a la manifestación del amor que es una exigencia de la identificación con Dios.

El sarmiento no tiene vida propia, necesita recibir la savia de la cepa. La ausencia de fruto, delata la falta de unión con Jesús. La presencia de fruto manifiesta que la savia-vida está llegando al sarmiento. Ni la vid sin sarmientos puede producir frutos, ni los sarmientos separados de la cepa. Los frutos se alcanzan por la unidad de ambos. Esa unión con Jesús no es algo automático, ni ritual, ni externo. Exige la actualización constante por parte del discípulo. Tanto el individuo como la comunidad tienen que estar alerta, tiene que estar constantemente eliminando todo aquello que le impida llegar a la identificación con Jesús y, por lo tanto, con Dios.

Existe una fuerte tendencia a equiparar el «producir fruto» con las buenas obras. En Jn no se hace ninguna distinción entre ser y obrar. Adherirse a Jesús es inseparable de producir el fruto que esa adhesión conlleva,  pero el fruto no son directamente las obras, sino la Vida-amor, que necesariamente se manifestará en obras. De esta manera queda erradicado el peligro de creer que son las obras las que me llevan a la identificación con Jesús. Podemos hacer obras impulsados por una programación que no cambia mi actitud interior; esas obras no salvan. Sólo la Vida-Amor nos hace ser y nos capacita para obrar.

Porque sin mí, no podéis hacer nada. Por activa y por pasiva repite una y otra vez la misma idea. El sarmiento que es una sola vida con la cepa produce fruto y hace que la vid sea capaz de dar fruto. El que está separado, no sirve para nada porque no tiene vida. Se trata de participar de la misma Vida de Jesús, que es la del Padre. Recordad: «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el padre; del mismo modo el que me coma vivirá por mí». Estar unido, comer a Jesús es comprometerse con él y participar de su misma Vida. De la misma manera alejarse de Jesús es garantizarse la esterilidad y la muerte. La nueva humanidad no depende de la pertenencia o no a una institución.

En esto se ha manifestado la gloria de mi Padre, en que hayáis comenzado a producir mucho fruto por haberos hecho discípulos míos. En este versículo queda claro que no pueden ser palabras pronunciadas por Jesús en la última cena. Los discípulos no comenzaron a dar frutos hasta después de la experiencia pascual. Solo entonces descubrieron al verdadero Jesús y lo vivieron de verdad. No son palabras de Jesús, sino palabras de la comunidad sobre Jesús. Si no hacemos esta composición de lugar, no habrá manera de dar un auténtico sentido al evangelio de Jn.

El domingo pasado se hablaba de un solo rebaño, hoy nos habla de una sola vid. Jesús y los discípulos constituyen una sola realidad viva. Ser vid significa estar unido no sólo a Jesús y a Dios, sino a los demás sarmientos. Si me separo de otro sarmiento que está unido a la vid, me tengo que separar de la vid. Esa es la experiencia pascual que tiene que continuar hoy en nosotros. Todos participamos de la misma Vida de Dios que descubrimos gracias a Jesús. La Vida es una sola; al participar de ella tomamos conciencia de que formamos una unidad con todos los hombres con todo el cosmos y con Dios.

 

Meditación-contemplación

Sin la sabia divina no puede haber fruto de verdadera humanidad.
En el centro de mi ser está la fuente de Vida.
Si aparto lo que le impide manifestarse,
inundará todo mi ser con esa Vida.
……………

En el orden del Espíritu, todo es Uno.
La aparente diversidad es una ficción de la mente.
Si consigo trascender el mundo de las apariencias,
me encontraré inmerso en la inmensidad del Ser.
………………

En nuestro verdadero ser todo es distinto.
Las contradicciones quedan superadas.
Las limitaciones pierden su sentido negativo.
La armonía y la paz son absolutas y definitivas.
………….

 

Fray Marcos

 

*ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn.15.1-8)

DOMINGO V DE PASCUA –B– MAYO 3 de 2015.

“EL QUE PERMANECE EN MÍ Y YO EN ÉL,  ÉSE DA FRUTO ABUNDANTE”

* El evangelio de hoy, gira en torno a tres palabras: Jesús (“YO SOY…”), el Padre (“MÍ PADRE ES…”) y nosotros (“VOSOTROS SOIS…”).
El labrador es el que escoge y planta las vides. Así el Padre ha enviado o “plantado” a Jesús en el mundo como “verdadera vid” o persona verdaderamente humana.

La imagen de la viña y su fruto, por tanto, no es sólo la de un cultivo cualquiera; se trata del origen del vino, símbolo de la alegría y la fiesta en aquella cultura, y también todavía en la nuestra.

Jesús nos dice que Él es la vid verdadera, que nuestra unión con el favorece nuestro fruto. En nuestra vida podemos perdernos buscando  otras vides que nos prometen en la sociedad, mil frutos y felicidad, pero que si no prestamos atención, podemos perdernos. Sólo encontrando a Jesús, uniéndonos a Él, la auténtica savia del Amor de Dios correrá dentro de nosotros y se manifestará en frutos de fraternidad y solidaridad.
La misión del Padre es presentada como la del viñador, que corta los sarmientos que han decidido no dar fruto y poda y limpia a los que pueden dar más.  A veces, nos queremos conformar con dar los mínimos… Pero Jesús no ha venido a traernos tranquilidad, sino a impulsarnos para que lleguemos a la plenitud de nosotros mismos. Dios nos da los talentos  para que los hagamos fructificar, para convertirnos en regalos para los demás. Por eso el Padre nos poda, nos limpia de la comodidad…y nos posibilita una vida profunda y auténtica que, sin Él, no podríamos ni soñar.
Pero la clave del fruto, sin embargo, está en la unión con Jesús, en “estar en Él” Y, ¿Qué quiere decir eso?. En primer lugar tomar conciencia de que somos amados por Él. Todo lo que Jesús al venir, ha dicho y ha hecho ha sido expresión de su Amor total por nosotros. ¿Cuándo nos convenceremos de esto?…  Si nos ponemos a trabajar por el Reino sin sabernos queridos por Dios, llegarán pronto las dificultades, cansancios, limitaciones, y no tendremos ningún lugar donde agarrarnos.

Es Jesús la vid y nosotros las ramas. Y nos afirma que las ramas que no están unidas a la vid, se secan y no producen fruto. La oración, personal y comunitaria, debe intensificar esta unión con El. Cuando se rompe una rama de cualquier árbol o arbusto, rápidamente se seca. Lo mismo nos sucede a los cristianos cuando rompemos o nos separamos de Aquél que nos da la vida, la savia verdadera, para dar frutos de fe y abundantes frutos sociales tan necesarios: La vida, la justicia. La paz, la alegría, la solidaridad. Si rompemos la unión, nos secamos… Seguimos escuchando las palabras del evangelio:
“POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS”
* ORACIÓN

Te damos gracias Padre nuestro y de Jesucristo, porque has querido injertarnos en la Vid verdadera que es  Jesús de Nazaret; Y te pedimos que nos dejemos trabajar e incluso podar por Ti y por el Espíritu Santo, para que lleguemos a producir el fruto que esperas de cada uno de nosotros tus hijos y de toda la comunidad cristiana…

Ayúdanos para que no nos quedemos en sarmientos secos que dan uvas agrias.

Jesús de Nazaret, Tú mismo nos dices que eres la vid y nosotros, los sarmientos. Tú la cepa, la fuente de la vida plantada en nuestra tierra; el origen de la alegría verdadera; el manantial constante de salvación.
Jesús de la humanidad entera, todo esto nos compromete a vivir muy unidos a Ti y a dar frutos para los demás, de justicia, paz, alegría, escucha, solidaridad.

Que no se nos quede esto sólo en palabras, sino en vida fecunda. Así, nuestro mundo, sociedad, familia, grupos, amistades llegarán a ser campos y viñas fecundas. AMÉN – ZURIÑE

SEGUIMOS ORANDO

Señor Dios nuestro: en los tiempos antiguos, a tu pueblo lo comparaste con una vid o con una viña, pues expresaba la belleza de la planta y los cuidados del agricultor para que diera frutos abundantes.

Jesús de Nazaret, tú, utilizas la misma alegoría para decirnos en qué consiste la vida cristiana: en estar unidos a ti, ya que gracias a tu “savia” somos capaces de seguir tu camino. Con tu ejemplo, los discípulos  siguieron usando esta imagen para referirse a la Iglesia como el nuevo pueblo y continuadora de tu presencia en la Historia.

Gracias Jesús de Nazaret, porque tú eres el tronco cuyas raíces están en el corazón del Padre. Ayúdanos a que seamos siempre sarmientos unidos a Ti y así  podamos vivir de esa Vida que brota del corazón del Padre. Que no tengas necesidad de cortarnos por ser hojas secas e inútiles, sino que de nuestras vidas, unidas a Ti, broten racimos de uva, como frutos de vida en servicio y entrega a las necesidades urgentes de nuestro mundo. AMÉN . ZURIÑE

«EZ APARTATU JESUSENGANDIK-NO DESVIARNOS DE JESÚS», José A. Pagola

Pazkoaldiko 5. Igandea – B (Joan 15,1-8)
Evangelio del 03/05/15
por Coordinador Grupos de Jesús

EZ APARTATU JESUSENGANDIK-NO DESVIARNOS DE JESÚS

Xumea da irudia eta oso adierazkorra. «Egiazko mahatsondoa» da Jesus, biziz izerditsua; ikasleak «aihen» dira, Jesusi darion izerditik bizi dira: mahastizaina da Aita, bera ari da mahastia zaintzen, fruitua oparo eman dezan. Axola duen gauza bakarra, haren egitasmoa gauzatu dadin da, hau da, mundua guztientzat gizatarrago eta zorionekoago bilaka dadin.

Aipatu irudiak arazoa non dagoen nabarmendu du. Badira aihen ihartuak, Jesusen izerdirik ez dutenak. Fruiturik ematen ez duten ikasleak dira, beren zainetan Berpiztuaren Espirituaren arnasarik ez dutelako. Hilko ez hilko diren elkarteak dira, Jesusengandik etenik daudelako.

Horregatik dakar testuak baieztapen bizi hau: «aihenak ezin eman du fruiturik, mahatsondoari itsatsia ez bada»: ikasleen bizitza agorra izango da, Jesusengan «irauten ez badute». Hitz borobilak dira: «Ni gabe ezin duzue ezer egin». Ez ote da agertzen hemen gure kristautasunaren krisiaren benetako sustraia, beste ezerk ez bezala haren oinarriak zartatzen ari den barne eragilea?

Kristau askok bere erlijioa bizitzeko duen moldeak, Jesu Kristorekin bizi-loturarik gabeak, ezin iraungo du luzaroan: «folklore» anakroniko bihurtuko da, Ebanjelioaren Berri Ona inori emango ez dion folklore huts. Elizak ezin bete izango du bere misioa egungo munduan, geure burua «kristau» jotzen dugunok Jesusen ikasle bilakatzen ez bagara, mundua gizatarrago egiteko haren espirituak eta haren grinak animatzen ez bagaitu.

Kristau izateak Jesu Kristoz bizi-esperientzia egin beharra dakar, hura barnez ezagutu beharra eta haren egitasmoarekiko grina; kristiandadeko gizartean ez zen halako beharrik erlijio-betetzaile huts izateko. Jesusekin harreman estuagoak eta grinatsuagoak bizitzen ikasten ez badugu, gure kristautasunaren gainbehera gaixotasun hilgarri bihur daiteke.

Arazo askoz arduraturik bizi gara gaur egun kristauok, eta gogoz barreiaturik. Ezin da besterik izan. Baina ez ginateke ahantzi behar funtsezkoaz. «Aihen» huts gara guztiok. Jesus bakarrik da «egiazko mahatsondoa». Inporta duen gauza une honetan «harengan irautea» da: gure arreta guztia Ebanjelioari eskaintzea: gure talde, sare, elkarte eta parrokietan harekiko harreman biziak elikatzea; harengandik ez apartatzea.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

5 Pascua – B (Juan 15,1-8)

Evangelio del 03/05/15

por Coordinador Grupos de Jesús

NO DESVIARNOS DE JESÚS

La imagen es sencilla y de gran fuerza expresiva. Jesús es la «vid verdadera», llena de vida; los discípulos son «sarmientos» que viven de la savia que les llega de Jesús; el Padre es el «viñador» que cuida personalmente la viña para que dé fruto abundante. Lo único importante es que se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo más humano y feliz para todos.

La imagen pone de relieve dónde está el problema. Hay sarmientos secos por los que no circula la savia de Jesús. Discípulos que no dan frutos porque no corre por sus venas el Espíritu del Resucitado. Comunidades cristianas que languidecen desconectadas de su persona.

Por eso se hace una afirmación cargada de intensidad: «el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid»: la vida de los discípulos es estéril «si no permanecen» en Jesús. Sus palabras son categóricas: «Sin mí no podéis hacer nada». ¿No se nos está desvelando aquí la verdadera raíz de la crisis de nuestro cristianismo, el factor interno que resquebraja sus cimientos como ningún otro?

La forma en que viven su religión muchos cristianos, sin una unión vital con Jesucristo, no subsistirá por mucho tiempo: quedará reducida a «folklore» anacrónico que no aportará a nadie la Buena Noticia del Evangelio. La Iglesia no podrá llevar a cabo su misión en el mundo contemporáneo, si los que nos decimos «cristianos» no nos convertimos en discípulos de Jesús, animados por su espíritu y su pasión por un mundo más humano.

Ser cristiano exige hoy una experiencia vital de Jesucristo, un conocimiento interior de su persona y una pasión por su proyecto, que no se requerían para ser practicante dentro de una sociedad de cristiandad. Si no aprendemos a vivir de un contacto más inmediato y apasionado con Jesús, la decadencia de nuestro cristianismo se puede convertir en una enfermedad mortal.

Los cristianos vivimos hoy preocupados y distraídos por muchas cuestiones. No puede ser de otra manera. Pero no hemos de olvidar lo esencial. Todos somos «sarmientos». Solo Jesús es «la verdadera vid». Lo decisivo en estos momentos es «permanecer en él»: aplicar toda nuestra atención al Evangelio; alimentar en nuestros grupos, redes, comunidades y parroquias el contacto vivo con él; no desviarnos de su proyecto.

José Antonio Pagola

Compartir en redes

 

TODA LA VIDA AL SERVICIO DE LOS DEMÁS – FRAY MARCOS (Jn 10,11-18)

(Hch 4,8-12) «Por su nombre (Jesús) se presenta este sano ante vosotros.»

(1 Jn 3,1-2) «Somos hijos de Dios y el mundo no nos conoce porque no le conoce.»

(Jn 10,11-18) «Yo soy modelo de pastor, que se entrega él mismo por las ovejas».

 

Toda la vida al servicio de los demás. No debemos pensar en un sacrificio heroico de dejarnos matar sino de darse poco a poco en el servicio de cada día.

 

El texto que acabamos de leer está enmarcado en un contexto más amplio de polémica entre Jesús y los judíos (fariseos), después de la curación del ciego de nacimiento. Quien no entra por la puerta, es ladrón y bandido. Quien no es dueño de las ovejas sino asalariado, no está dispuesto a dar la vida por ellas. No se trata de una propuesta anodina sino de una denuncia en toda regla. Todo poder que no se pone al servicio del pueblo es contrario a Dios. Hemos abandonado los relatos pascuales, pero no nos salimos del tema pascual. El único mandato que Jesús recibe del Padre es dar Vida.

No es verosímil que Jesús se declarara pastor de nadie. Este evangelio se escribió setenta años después de morir Jesús y nos cuenta no lo que dijo sino lo que aquellos cristianos pensaban de Jesús. Ellos sí se sentían dirigidos por Jesús e intentaban seguir sus directrices. En el AT el título se aplicaba a Dios o a los dirigentes. En tiempo de Jesús el pastor era, casi siempre, el dueño de un pequeño número de ovejas a las que cuidaba como si fueran miembros de la familia, incluso cobijándolas bajo el mismo techo, llamándolas por su nombre propio. Es natural que así fuera, porque de ellas dependía el sustento de la familia.

La figura del pastor modelo está en contraposición con la figura del mercenario. El pastor que es dueño de las ovejas actúa por amor y no le importa arriesgar su propia persona para defenderlas de cualquier peligro. El mercenario actúa por dinero, las ovejas le traen sin cuidado. En (4 Esd 5,18) dice: “No nos abandones como un pastor su rebaño en poder de lobos dañinos”. La figura del lobo está en paralelo con la del ladrón y bandido (de la que habla un poco más arriba) que arrebata y dispersa. Precisamente lo contrario de lo que hace Jesús, reunir las ovejas dispersas (11,52)

La imagen del pastor fue muy utilizada en el AT. Se aplicó a los dirigentes, muchas veces para llamar la atención de que no cumplían con su deber de cuidar como debían del pueblo. También se aplicó al mismo Dios que, cansado de los malos pastores, terminaría por apacentar Él mismo a su rebaño. La única idea original de Jn es la de dar la vida por las ovejas. Seguramente es una interpretación de la vida y muerte de Jesús como servicio a los hombres.

Hay que recordar, una vez más, que no se trata de un discurso de Jesús sino de una manera de trasmitir lo que los cristianos de aquella comunidad pensaban sobre él.

Yo soy el buen pastor. No se trata de resaltar el carácter de bondad o dulzura. La traducción oficial devalúa la expresión. “Bueno”, en griego, sería (agathos). (Kalos) significa bello, ideal, excelente, único en su género. Denota perfección suma. No se dice solo de las personas (el vino en la boda de Caná (2,10)). Pastores “buenos” puede haber muchos. Pastor ideal solo puede haber uno. El tomar el evangelio que acabamos de oír como excusa para hablar de los obispos y de los sacerdotes como pastores, no tiene ni pies ni cabeza. La tarea de los dirigentes no tiene nada que ver con lo que nos quiere decir el evangelio.

El buen pastor se entrega él mismo por las ovejas. La vida (psukhên) se identifica con la persona. En griego existen tres palabras para designar vida: “bios”, “zoê”) y “psukhê”. No significan exactamente lo mismo, y por eso pueden causar confusión. Psukhên significa persona, es decir, capacidad de sentimientos y afectos. “Tithesin” no significa dar, sino poner, o mejor, exponer, arriesgar. Como pastor excelente, Jesús pone su persona al servicio de los demás durante toda la vida. Jesús se desvive por los demás. Dice el DRAE: desvivirse: Mostrar incesante y vivo interés, solicitud o amor por una persona.

Es exactamente lo que queremos decir aquí de Jesús. La entrega de la vida física es la manifestación extrema de su continua entrega durante su vida. Quien no ama hasta dar la vida no es auténtico pastor. El máximo don de sí es la comunica­ción plena de lo que él es. No se trata de que, por su muerte, se nos conceda algo venido de fuera. Se trata de que su Vida, puesta al servicio de todos, prende y se desarrolla en los demás. Darnos sin límites será la prueba de que su Vida está en nosotros.

Conozco a las mías y las mías me conocen. No se trata de un conocimiento a través de los sentidos o de la razón. En el AT el conocimiento y el amor van siempre juntos. Ese conocimiento mutuo es una relación íntima, por la participa­ción del Espíritu. Esta reciprocidad nos lanza a años luz de la simple imagen de oveja y pastor. Este mutuo conocimiento-a­mor lo compara con el que existe entre Jesús y el Padre. La comunidad de Jesús no es una filiación externa, sino una experiencia-vivencia de amor. No se trata de la pertenencia a una institución, sino de la unidad de ser y acción en el mismo Espíritu. El descubrimiento vivencial del amor de Dios al hombre lleva a dar la vida.

Tengo otras ovejas que no son de este atrio. Sitúa Jn su evangelio en el amplio contexto de la creación. De ahí deduce la visión universalista de la misión de Jesús. Los supuestos privilegios del pueblo de Israel desaparecen. Ya en el prólogo habla de la “luz que ilumina a todo hombre”. Nada que ver con creernos elegidos o pensar en un Dios propiedad exclusiva nuestra. Todas las religiones han caído en esa trampa; la nuestra ha sido la más exagerada en esa reivindicación de una exclusividad de Dios. «Fuera de la Iglesia no hay salvación». Aún hoy, la idea que tenemos de ecumenismo es raquítica; unirnos todos los que creemos en Cristo. ¿Para hacer frente a los adversarios de una manera más eficaz?

Un solo rebaño, un solo pastor. La ausencia de conjunción «y» o preposición «con» entre los dos términos indica que la relación entre Jesús y el rebaño no es de yuxtaposición ni de compañía. Jesús como fuente de Vida es el aglutinante que constituye la comunidad como tal.

No puede ser encerrada en institución alguna, ni nacional ni cultural ni religiosa. Su base es la naturaleza del hombre acabado por el Espíritu que da cohesión y unidad interior. Jesús no ha creado un corral (la Iglesia) donde meter sus ovejas, todos los hombres forman parte de su rebaño. Esto seguimos sin entenderlo después de dos mil años.

La disposición a dar Vida empalma estos relatos con el tiempo de Pascua que estamos celebrando. La raíz de la experien­cia pascual es que Jesús sigue vivo y comunica Vida a la comunidad. Como los primeros cristianos, nosotros tenemos la misma posibilidad de hacer nuestra esa Vida. Se trata de la misma Vida de Dios, de su amor que se nos entrega incondicionalmente. «El Padre que vive me ha enviado y  yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me come vivirá por mí». El que me come quiere decir el que me hace suyo, el que se identifica con mi manera de ser, de pensar, de actuar, de vivir. Si Jesús es pan de Vida no es porque lo podemos comer a él, sino porque nos capacita para dejarnos comer.

En la medida que cada uno de nosotros hayamos hecho nuestra esa Vida estaremos dispuestos a desvivirnos por los demás. Como la vida biológica, esta Vida es un “movimiento desde dentro”. El salir de sí mismo e ir a los demás para potenciar su misma Vida no debe depender de las circunstancias; es un movimiento que tiene su origen es esa misma Vida que se me ha comunicado y que no tiene más remedio que manifestarse en la entrega a los otros, sin ninguna clase de distinción. El amor que nos pidió Jesús está reñido con cualquier clase de acepción de personas. No estamos acostumbrados a tener este detalle en cuenta y así creemos que es amor lo que no es más que recíproco interés o simpatía visceral.

Amar y servir al que me ama y sirve no es garantía ninguna del amor cristiano. El ayudar al que puede ayudarte y ser amable con la persona que puedo necesitar no es más que un sutil despliegue de egoísmo. Si no atendemos a este detalle en nuestras relaciones con los demás fácilmente podemos creernos en la cima del cristianismo, simplemente porque somos capaces de sacrificarnos por aquéllos de los que dependemos.

 

Meditación-contemplación


“Yo doy mi vida por las ovejas”.

Trata de descubrir el verdadero sentido de esta frase.

No se trata de dar la vida muriendo,

sino de poner toda tu vida al servicio de los demás.

…………………..

Solo lo que se da, se gana.

Todo lo que se guarda, se pierde.

Si te empeñas en salvaguardar a toda costa tu vida,

Habrás desperdiciado tu existencia.

……………….

Nadie va a exigirte que entregues tu vida muriendo.

Pero de tu vida solo permanecerá lo que entregues.

No pienses en grandes sacrificios y renuncias.

Date poco a poco en las cosas más sencillas de cada día.

……………….

 

ACERCARNOS Y CONOCERNOS – J.A. PAGOLA (Jn 10, 11-18)

José Antonio Pagola  –  4º Domingo de Cuaresma (Jn 10, 11-18)

Cuando entre los primeros cristianos comenzaron los conflictos y disensiones entre grupos y líderes diferentes, alguien sintió la necesidad de recordar que, en la comunidad de Jesús, solo él es el Pastor bueno. No un pastor más, sino el auténtico, el verdadero, el modelo a seguir por todos.

Esta bella imagen de Jesús, Pastor bueno, es una llamada a la conversión, dirigida a quienes reivindican el título de «pastores» en la comunidad cristiana. El pastor que se parece a Jesús solo piensa en sus ovejas, no «huye» ante los problemas, no las «abandona». Al contrario, está junto a ellas, las defiende, se desvive por ellas, «expone su vida» buscando su bien.

Al mismo tiempo, esta imagen es una llamada a la comunión fraterna entre todos. El Buen Pastor «conoce» a sus ovejas y las ovejas le «conocen» a él. Solo desde esta cercanía estrecha, desde este conocimiento mutuo y esta comunión de corazón, el Buen Pastor comparte su vida con las ovejas. Hacia esta comunión y mutuo conocimiento hemos de caminar también hoy en la Iglesia.

En estos momentos no fáciles para la fe, necesitamos como nunca aunar fuerzas, buscar juntos criterios evangélicos y líneas maestras de actuación para saber en qué dirección hemos de caminar de manera creativa hacia el futuro.

Sin embargo, no es esto lo que está sucediendo. Se hacen algunas llamadas convencionales a vivir en comunión, pero no estamos dando pasos para crear un clima de escucha mutua y diálogo. Al contrario, crecen las descalificaciones y disensiones entre obispos y teólogos; entre teólogos de diferentes tendencias; entre movimientos y comunidades de diverso signo; entre grupos y «blogs» de todo género…

Pero, tal vez, lo más triste es ver cómo sigue creciendo el distanciamiento entre la jerarquía y el pueblo cristiano. Se diría que viven dos mundos diferentes. En muchos lugares los «pastores» y las «ovejas» apenas se conocen. A muchos obispos no les resulta fácil sintonizar con las necesidades reales de los creyentes, para ofrecerles la orientación y el aliento que necesitan. A muchos fieles les resulta difícil sentir afecto e interés hacia unos pastores a los que ven alejados de sus problemas.

Solo creyentes, llenos del Espíritu del Buen Pastor, pueden ayudarnos a crear el clima de acercamiento, mutua escucha, respeto recíproco y diálogo humilde que tanto necesitamos.

 

José Antonio Pagola  –  Pazkoaldiko 4. Igandea (Jn 10, 11-18)

Itzultailea: Dionisio Amundarain

Lehen kristauen artean talde eta lider desberdinen artean gatazkak eta tirabirak hasi zirenean, norbaitek gogorarazi beharra sentitu zuen ezen Jesusen elkartean Jesus bakarrik dela Artzain ona. Eta ez dela hura artzain bat gehiago, zinezkoa baizik, benetakoa, guztiek eredutzat hartu beharrekoa.

Jesusen irudi eder hau, Artzain ona alegia, bihotz-berritzeko deia da, kristau-elkartean «artzain» titulua bere egin nahi luketenei zuzendua. Jesusen antzeko den artzainak bere ardiak bakarrik ditu gogoan, ez «du ihes egiten» arazoen aurrean, ez «ditu bertan behera uzten». Aitzitik, haien ondoan egongo da, defendatu egingo ditu, bereak eta bost jasaten du haiengatik, «bizia arriskatzen du» haiengatik.

Aldi berean, guztientzat haurride-elkartasunerako deia da irudi hori. Artzain Onak «ezagutzen ditu» bere ardiak, eta ardiek «ezagutzen dute» hura. Hurbiltasun hertsi hau, elkar ezagutze hau eta bihotzetiko elkartasun hau tarteko direla bakarrik parteka dezake Artzain Onak bere bizia ardiekin. Elkartasun honetara eta elkar ezagutze honetara behar dugu jo gaur egun ere Elizan.

Federako oso errazak ez diren egun hauetan, inoiz ez bezala da premiazkoa indarrak batzea, ebanjelio-irizpideak eta jarduteko ildo nagusiak elkarrekin bilatzea, zein norabide sortzaile hartu jakiteko, geroari begira egin nahi dugun ibilbidean.

Halaz guztiz, ez da hori gertatzen ari. Soilik, elkartasunean bizitzeko dei konbentzionalak egiten dira, baina elkarri entzuteko eta elkarrizketarako giroa sortze aldera urratsik egin gabe. Aitzitik, gero eta handiagoak dira deskalifikazioak eta ezbaiak gotzainen eta teologoen artean, joera desberdineko teologoen artean, ildo desberdineko mugimenduen eta elkarteen artean, era guztiko taldeen eta «blog» en artean…

Agian, ordea, hau da gauzarik tristeena: ikustea, egunetik egunera handituz doala hierarkiaren eta kristau-herriaren arteko leizea. Ematen du bi mundu desberdinetan bizi direla. Leku askotan, «artzainek» eta «ardiek» ozta-ozta dute elkar ezagutzen. Gotzain askok nekez dute sintonizatzen fededunen egiazko premiekin, beharrezkoak dituzten orientabidea eta arnasa eskaintzeko. Fededun askori zail gertatzen zaio beren artzainekiko afektua eta ardura sentitzea, beren problemetatik urrun daudela iruditzen zaielako.

Artzain Onaren Espirituaz beteak diren fededunek bakarrik lagundu diezagukete hain beharrezkoa dugun hurbiltasun-giroa sortzen, elkarri entzuteko, elkar errespetatzeko, elkarrizketa apalerako giroa sortzen.

 

 

 

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn.10.11-18)

*DOMINGO IV DE PASCUA –B. Abril 26 DE 2015.

*EL BUEN PASTOR.

Jesús se aplica a sí mismo la bella imagen bíblica de Dios, Pastor de su pueblo (Ez. 34, 11-31). “Conoce” personalmente a cada una de sus ovejas por su nombre y ellas le conocen.  Es un conocimiento interior, profundo, cordial y amoroso., muy alejado de un saber intelectual, frío. San Juan nos invita con su evangelio hoy a ahondar en esta experiencia de ser hijos de Dios.

A Jesús, Buen Pastor, “le importan las ovejas” Y por eso cuida y vela por su rebaño. El cuidado de la vida es el modo de ser humano y de relacionarnos con el otro, con la naturaleza, con nosotros mismos y con Dios. La palabra “cuidado” expresa, como bien sabemos, desvelo, atención, delicadeza y, también preocupación y responsabilidad ante alguien o algo que es importante para nosotros.

Cuatro veces aparece, en el evangelio de este día, la razón última en la que el Buen Pastor afirma su “amor hasta el extremo”. La entrega de su vida por los suyos

Para Jesús, nosotros somos sus ovejas, su comunidad o familia. Pero la misión de Jesús es universal (“Tengo otras ovejas”).

El mensaje de este evangelio sólo tiene sentido en el contexto Pascual, cuando celebramos la Resurrección de Jesús. Si Jesús no hubiera resucitado, sería como mucho para nosotros una doctrina o un ejemplo a imitar, pero no el Buen Pastor que nos llama y nos conduce y al que nosotros sigamos. Y seguir a Jesús no es entrar en un refugio sino emprender un Camino. Para seguir hace falta coraje y confianza. Se trata de entrar y seguir los valores del Reino.

Jesús, nos indica no la “puerta” sino un itinerario y nos invita a recorrerlo para acercarnos a Él.

“Quien entre por mí se salvará” nos dice. Su “puerta” es la vida, la paz, la esperanza, la fuente… En el mundo hay otros caminos, y otras puertas posibles, pero algunas de ellas nos desvían del camino de la Verdad.

“Quien entre por mi se salvará”. Jesús es la Puerta. Quien entra por Él podrá entrar y salir y encontrará pastos abundantes. Algunas veces podemos pensar que Jesús con sus caminos impide nuestra libertad, cuando en realidad es la entrada a la verdadera Vida…Jesús es la “Puerta” que no tiene “cerrojos”.  Jesús es la “Puerta” que nos abre al misterio de Dios. Al encuentro con los otros.

Sólo la Puerta de la Verdad, que es Jesús Resucitado, nos abre el Camino a la verdadera Vida.

Seguir a Jesús, libre y amorosamente, es algo que nos dignifica, que nos introduce en la misma Vida de Dios. Porque Jesús es uno con el Padre: “Yo y el Padre somos uno”, nos dice. Es también lo que nos une lo tan deseado, formar un solo pueblo, lo que nos une con los otros para construir por Jesús y en Jesús una comunidad de Vida y Salvación, así seguir construyendo el Reino, aquí y ahora.

Nos podíamos hacer algunas preguntas, muchas. Hacemos alguna:

  • ¿Por qué seguimos a Cristo? ¿Lo seguimos de verdad?, ¿sólo hasta cierto punto?, ¿hasta la cruz?…
  • Jesús es la Puerta que no tiene cerrojos… Podemos acercarnos a Él o ignorarlo: ¿Qué hacemos?
  • ¿Tenemos claro que Jesús nos abre la puerta: nos sale al encuentro, nos acoge, nos perdona, busca la oveja perdida, abraza a la más débil…?

*                                                         ORACIÓN

Gracias, Cristo Jesús, por haberte hecho Pastor nuestro.

La imagen de pastor recuerda la vida pastoril antigua: vivían pegados al redil, en una choza pobre.

Conocían a cada uno de sus animales, les ponían nombres…

Por eso, Jesús Resucitado, entendemos esa imagen:
Jesús es el Buen Pastor que nos conoce, nos ama, y da su vida por nosotros.

Ayúdanos a dejarnos conocer, amar y guiar por ti, que siempre nos conduces a buenos pastos.

Ayúdanos a descubrir la riqueza de vida que has puesto en nosotros para, como el buen pastor acercarnos y estar junto a los que andan perdidos, necesitados, sin pastor; con necesidad de ayuda, acogida, luz, orientación, un hombro de amigo donde apoyarse

A que sepamos continuar tu obra del Reino nuevo entre nosotros.

Ayúdanos a descubrir nuestra vocación para que seamos buenos pastores.

Y que también, surjan en la Iglesia nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas que por tu llamada se entreguen al servicio de los demás. AMÉN. ZURIÑE

*DOMINGO IV DE PASCUA –B. Abril 26 DE 2015.

*EL BUEN PASTOR.

Jesús se aplica a sí mismo la bella imagen bíblica de Dios, Pastor de su pueblo (Ez. 34, 11-31). “Conoce” personalmente a cada una de sus ovejas por su nombre y ellas le conocen.  Es un conocimiento interior, profundo, cordial y amoroso., muy alejado de un saber intelectual, frío. San Juan nos invita con su evangelio hoy a ahondar en esta experiencia de ser hijos de Dios.

A Jesús, Buen Pastor, “le importan las ovejas” Y por eso cuida y vela por su rebaño. El cuidado de la vida es el modo de ser humano y de relacionarnos con el otro, con la naturaleza, con nosotros mismos y con Dios. La palabra “cuidado” expresa, como bien sabemos, desvelo, atención, delicadeza y, también preocupación y responsabilidad ante alguien o algo que es importante para nosotros.

Cuatro veces aparece, en el evangelio de este día, la razón última en la que el Buen Pastor afirma su “amor hasta el extremo”. La entrega de su vida por los suyos

Para Jesús, nosotros somos sus ovejas, su comunidad o familia. Pero la misión de Jesús es universal (“Tengo otras ovejas”).

El mensaje de este evangelio sólo tiene sentido en el contexto Pascual, cuando celebramos la Resurrección de Jesús. Si Jesús no hubiera resucitado, sería como mucho para nosotros una doctrina o un ejemplo a imitar, pero no el Buen Pastor que nos llama y nos conduce y al que nosotros sigamos. Y seguir a Jesús no es entrar en un refugio sino emprender un Camino. Para seguir hace falta coraje y confianza. Se trata de entrar y seguir los valores del Reino.

Jesús, nos indica no la “puerta” sino un itinerario y nos invita a recorrerlo para acercarnos a Él.

“Quien entre por mí se salvará” nos dice. Su “puerta” es la vida, la paz, la esperanza, la fuente… En el mundo hay otros caminos, y otras puertas posibles, pero algunas de ellas nos desvían del camino de la Verdad.

“Quien entre por mi se salvará”. Jesús es la Puerta. Quien entra por Él podrá entrar y salir y encontrará pastos abundantes. Algunas veces podemos pensar que Jesús con sus caminos impide nuestra libertad, cuando en realidad es la entrada a la verdadera Vida…Jesús es la “Puerta” que no tiene “cerrojos”.  Jesús es la “Puerta” que nos abre al misterio de Dios. Al encuentro con los otros.

Sólo la Puerta de la Verdad, que es Jesús Resucitado, nos abre el Camino a la verdadera Vida.

Seguir a Jesús, libre y amorosamente, es algo que nos dignifica, que nos introduce en la misma Vida de Dios. Porque Jesús es uno con el Padre: “Yo y el Padre somos uno”, nos dice. Es también lo que nos une lo tan deseado, formar un solo pueblo, lo que nos une con los otros para construir por Jesús y en Jesús una comunidad de Vida y Salvación, así seguir construyendo el Reino, aquí y ahora.

Nos podíamos hacer algunas preguntas, muchas. Hacemos alguna:

  • ¿Por qué seguimos a Cristo? ¿Lo seguimos de verdad?, ¿sólo hasta cierto punto?, ¿hasta la cruz?…
  • Jesús es la Puerta que no tiene cerrojos… Podemos acercarnos a Él o ignorarlo: ¿Qué hacemos?
  • ¿Tenemos claro que Jesús nos abre la puerta: nos sale al encuentro, nos acoge, nos perdona, busca la oveja perdida, abraza a la más débil…?

ORACIÓN

Gracias, Cristo Jesús, por haberte hecho Pastor nuestro.

La imagen de pastor recuerda la vida pastoril antigua: vivían pegados al redil, en una choza pobre.

Conocían a cada uno de sus animales, les ponían nombres…

Por eso, Jesús Resucitado, entendemos esa imagen:
Jesús es el Buen Pastor que nos conoce, nos ama, y da su vida por nosotros.

Ayúdanos a dejarnos conocer, amar y guiar por ti, que siempre nos conduces a buenos pastos.

Ayúdanos a descubrir la riqueza de vida que has puesto en nosotros para, como el buen pastor acercarnos y estar junto a los que andan perdidos, necesitados, sin pastor; con necesidad de ayuda, acogida, luz, orientación, un hombro de amigo donde apoyarse

A que sepamos continuar tu obra del Reino nuevo entre nosotros.

Ayúdanos a descubrir nuestra vocación para que seamos buenos pastores.

Y que también, surjan en la Iglesia nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas que por tu llamada se entreguen al servicio de los demás. AMÉN. ZURIÑE