ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc.7,31-37)

  • DOMINGO XXIII. T.O. –B– SEPTIEMBRE 6 de 2015

Hoy el evangelio insiste en la capacidad de saber ESCUCHAR lo que Jesús nos dice a través de su Palabra y los acontecimientos de cada día.

El relato de la curación del sordomudo resalta la participación de los paganos (no creyentes) en el banquete de la salvación ofrecido por Jesús…

El sordomudo nos refleja bien la situación del paganismo en aquel tiempo (no creyentes ahora).

Sordo respecto a Dios e incapaz de alabarlo. Pero a su vez  de los que se dicen creyentes con la sordera y mudez de los letrados y fariseos…

(Sería bueno, pararnos aquí y ESCUCHAR lo que a cada uno nos va diciendo esta Palabra)…

El relato se fija más en los gestos de Jesús, y la Palabra salvadora es “EFFETÁ”. “ÁBRETE”.

El resultado es un hombre nuevo: abierto a la Palabra, libre para anunciar la Buena noticia y que habla sin dificultad ni miedo.

El proceso interior para nosotros creyentes se traduce muy bien por este “soltarse” del sordomudo.

Muchas veces no nos damos cuenta de lo atados que estamos… con ataduras de todo tipo:

Psicológicas, Bloqueos de relación con personas. Incapacidad para salir de nosotros mismos. Miedo al sufrimiento. Amor estrecho, calculador y… etc… Cada uno sabe lo que le “ata”.

Posible camino de cambio con la Luz de la ESCUCHA en Jesús y su Palabra:

Algún acontecimiento imprevisto, la lectura de algún libro, la conversación con alguna persona que nos lee por dentro, una luz en la oración… Y comienza a hacerse el cambio en nuestro interior.

La liberación va a depender del espíritu de verdad, de no escapar de la propia realidad y, con la disponibilidad de dejarse ayudar.

Los textos litúrgicos de hoy nos animan a una  participación consciente, libre y responsable en la misión de la Iglesia.

Dios es capaz de dar vista a los ciegos, de abrir los oídos del sordo, de abrir nuestros labios a una palabra alentadora hacia el otro. Dios es capaz de dar energía a nuestras vidas cansadas. Pero necesita nuestra fe y nuestra disponibilidad. Dios (aunque suene fuerte) necesita de nosotros para realizar su proyecto, su REINO.

En la Iglesia no hay otra autoridad que la del servicio, como Jesús.

Nos podemos preguntar:

¿Estamos dispuestos a aportar aquellas semillas del Reino que Dios ha plantado en nosotros?

Que sepamos hacer nuestros los criterios de Dios, abriendo nuestros oídos a sus Palabras y entonando con nuestra lengua su alabanza.

 

ORACIÓN

Jesús de Nazaret: Tú que has abierto los oídos de un sordo que además, apenas podía hablar, abre también  nuestros oídos y desata nuestra lengua para ESCUCHAR TU PALABRA en los lamentos del pobre y de los que sufren, de todo el que necesite ayuda de la necesidad que sea. Escucha, amistad, perdón, alegría, esperanza.

Y para proclamar unidos en comunidad y en familia: QUE TODO LO HAS HECHO BIEN.

Que tu grito “ABRETE” actúe con eficacia en cada uno de nosotros y seamos personas abiertas a tu Espíritu y a toda persona que lo necesite. AMÉN

 

SEGUIMOS REFLEXIONANDO

Jesús de Nazaret: ayúdanos a escucharte, a abrirnos a tus caminos, ahora que estamos comenzando eso que llamamos curso escolar, que orienta y configura en buena parte La vida social, familiar y eclesial… Es un momento propicio para replantear nuestras actividades, nuestro vivir y nuestra participación en la vida de la sociedad, de las comunidades ya existentes, de los nuevos grupos y la construcción del Reino de Dios. Hay muchas posibilidades de participación, en barrios, colegios, ancianos, Parroquias. Y cerca de las necesidades urgentes. En alguna podríamos encajar…

Isaías, en la 1ª lectura de este domingo nos anima a una participación consciente, libre y responsable en la misión de la Iglesia. Sus palabras son de estímulo y ánimo ante nuestras limitaciones. Dios es capaz de dar vista a los ciegos, abrir los oídos de los sordos, de abrir nuestros labios a una palabra alentadora a quien la necesite. Dios es capaz de dar energía a nuestras vidas cansadas. Una vez más descubrimos que Dios quiere necesitar de nosotros para realizar su proyecto, su REINO.
Jesús, nuestro hermano mayor, vivió dedicado en cuerpo y alma a la realización de ese proyecto del Padre que Él mismo llamó “EL REINO DE DIOS”.

¿En qué medida tomo parte activa en la vida social y eclesial? ”EFFETÁ”. “ÁBRETE”. ZURIÑE

«LA VIDA ES UN ABRIR PUERTAS», de Enrique Martínez Lozano

Escrito por  Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Mc 7, 31-37

Nuestra curiosidad queda frustrada cuando pretende saber qué fue exactamente lo que ocurrió en cada una de la situaciones en las que el evangelio habla del poder sanador de Jesús.

Sin embargo, tampoco eso tiene mucha importancia. Indudablemente, algo objetivo tuvo que haber para que la gente proclamara que “todo lo ha hecho bien”. Pero, más allá del dato histórico –que, si se absolutiza, se reduce a mera anécdota carente de significado para nosotros-, lo que importa es la lectura simbólica (profunda), que es atemporal y, por eso mismo, capaz de “tocarnos” hoy también el corazón.

El autor del evangelio transmite la palabra clave en el propio idioma de Jesús, el arameo: “Effetá”, ábrete. En la lectura simbólica, a poca atención que pongamos, en cuanto se pronuncia, cuestiona: ¿A qué o en qué necesito abrirme?

El sordomudo necesitaba abrir los oídos y la lengua, pero todos nosotros tenemos necesidad de abrir alguna dimensión de nuestra persona, o tal vez alguna capacidad dormida o bloqueada.

Es probable que, por lo general, la apertura sea progresiva: a medida que accedemos a abrir algo en nosotros, se nos mostrará el paso próximo a dar. Como si se tratara de un juego de puertas que se suceden una tras otra, así parece ser nuestro mundo interior. Cada apertura nos coloca ante otra nueva “puerta” que pide ser abierta.

Y en el camino nos vamos adentrando en espacios cada vez más genuinos e interiores, hasta llegar a reconocernos finalmente en la Espaciosidad sin límites que somos. Pero, habitualmente, el acceso a esta espaciosidad original requerirá todo el camino anterior.

¿Qué puertas hay que abrir? Capacidades dormidas (amor, ternura, alegría, generosidad, solidaridad, libertad…), defensas protectoras que se han convertido en armadura oxidada (miedos, retraimiento, imagen idealizada…), “manías” en las que nos hemos instalado, costumbres y rutinas que nos mantienen encerrados en una jaula de llevadero confort…

Lo que parece cierto es que la apertura a espacios interiores va acompañada de la apertura a los otros seres y a toda la realidad. Ese parece ser el camino que conduce al descubrimiento de que somos uno.

El gran Leonardo da Vinci escribía que «el color del cuerpo iluminado participa del color del cuerpo que ilumina«. Como si de un juego de espejos se tratara, todos nos reflejamos en todo, porque todo es uno y solo hay una única luz, que en todo se espeja.

Esto mismo es lo que han visto los místicos. Ramakrishna (1836-1886) contaba que una muñeca de sal quiso medir la profundidad del mar. Cuando puso sus pies en el agua, se empezó a hacer una con el mar. Cuanto más andaba más le fascinaba el océano; se dejó tomar por el agua y todas sus partículas de sal se disolvieron en el mar. Había venido del océano y retornó a su fuente original. Lo “diferenciado” se había vuelto a unir a lo “indiferenciado”.

Al–Hallaj (857-922) exclamaba: “Entre Tú y yo hay un «soy yo» que me atormenta. ¡Apártese de nosotros mi «soy yo»!”. Y Teresa de Jesús (1515-1582), en la séptima morada de su Castillo interior experimentaba que el alma se unía a Dios “como si un arroyico pequeño entra en la mar, que ya no habrá remedio de apartarse; o como si en una habitación estuviesen dos ventanas por donde entrase gran luz: aunque entra dividida, se hace todo una luz”.

Místicos y sabios, hombres y mujeres que, al abrir puertas sucesivas, desde las más sencillas a las más complejas, llegaron a experimentar aquella Espaciosidad compartida por la que suspira nuestro Anhelo, y a la que conducen todas ellas.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.

 

 

Urteko 23. igandea – 23 Tiempo Ordinario, José A. Pagola

Evangelio del 06/09/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

GURE GORRERIA SENDATU – CURAR NUESTRA SORDERA

Israelgo profetek sarritan erabili ohi zuten «gorreria» hitza metafora probokatzailetzat, herriak Jainkoari bere bihotza itxi eta eragozpenak jarri izana adierazteko. Herriak «baditu belarriak baina ez du entzuten», esaten ari zaio Jainkoagorreria hitz horren bidez. Horregatik, profeta batek bihotz-berritzeko deia egin die guztiei, hitz hauekin: «Jende gorra, entzun eta aditu».

Alde horretatik, ebanjelioetan kontatzen diren gorren sendatzeak «bihotz-berritzearen kontakizun» bezala har daitezke; hain zuzen ere, Jesusi senda gaitzan uztera dei egiten diguten kontakizunak dira; bai gure gorreria, bai Jesusi jarraitzeko ditugun geure eragozpenak senda ditzan uztera. Markosek, bere kontakizunean, ñabardura oso iradokitzaileak dakartza, kristau-elkarteetan bihotz-berritze horretan nola lan egin adierazteko.

  • Pertsona gorra beste guztiengandik urrun bizi ohi da. Gainera, badirudi ez dela jabetzen bere egoeraz. Ez da saiatzen senda dezakeenagana hurbiltzen. Baina, bere zorionerako, adiskide batzuk axolatu dira beraz eta Jesusengana eraman dute. Horrelakoa izan beharko luke kristau-elkarteak: anai-arreben taldea, batak bestea laguntzen dutenek osatua, Jesusen inguruan bizi eta senda ditzan uzten diotelarik.
  • Gorreria sendatzea ez da gauza erraza. Jesusek berekin hartu du gizon gorra, alde batera erretiratu da eta hari begira bildu da bere barnean. Premiazkoak dira barne-biltzea eta harreman pertsonalak. Geure kristau-elkarteetan beharrezkoa dugu ingurugiro hau: fededunei Jesusekin harreman barnekoiagoak eta bizigarriak izateko aukera emango diena. Jesu Kristogan dugun fedea harekiko harreman horietan jaiotzen eta hazten da.
  • Jesusek era bizian landu ditu gaixoaren belarriak eta mihia, baina ez da aski. Beharrezkoa da gorrak ere parte hartzea. Horregatik, Jesusek, begiak zerurantz, Aitari bere sendatze-lanean bat egin dezan eske, gaixoari hots egin dio, Jesusen eta haren Ebanjelioaren aurrean gor den orok entzun beharreko lehen hitza esanez: «Ireki zaitez», ireki zeure bihotz hori.

Premiazkoa da kristauok ere, gaur egun, Jesusen dei hau entzun dezagun. Ez dira gaurkoak une errazak Jesusen Elizarentzat. Azti eta erantzukizunez jokatzea eskatzen digu. Hondamendia izango litzateke gaur haren deiaren aurrean gor izatea, haren bizi-hitzei ez entzunarena egitea, haren Berri Ona ez aditzea, aldien ezaugarriei ez antzematea, gure gorrerian hesiturik bizitzea. Jesusen indar sendatzaileak senda gaitzake.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

23 Tiempo Ordinario – B (Marcos 7,31-37)
Evangelio del 06/09/2015

por Coordinador Grupos de Jesús

CURAR NUESTRA SORDERA

Los profetas de Israel usaban con frecuencia la «sordera» como una metáfora provocativa para hablar de la cerrazón y la resistencia del pueblo a su Dios. Israel «tiene oídos pero no oye» lo que Dios le está diciendo. Por eso, un profeta llama a todos a la conversión con estas palabras: «Sordos, escuchad y oíd».

En este marco, las curaciones de sordos, narradas por los evangelistas, pueden ser leídas como «relatos de conversión» que nos invitan a dejarnos curar por Jesús de sorderas y resistencias que nos impiden escuchar su llamada al seguimiento. En concreto, Marcos ofrece en su relato matices muy sugerentes para trabajar esta conversión en las comunidades cristianas.

  • El sordo vive ajeno a todos. No parece ser consciente de su estado. No hace nada por acercarse a quien lo puede curar. Por suerte para él, unos amigos se interesan por él y lo llevan hasta Jesús. Así ha de ser la comunidad cristiana: un grupo de hermanos y hermanas que se ayudan mutuamente para vivir en torno a Jesús dejándose curar por él.
  • La curación de la sordera no es fácil. Jesús toma consigo al enfermo, se retira a un lado y se concentra en él. Es necesario el recogimiento y la relación personal. Necesitamos en nuestros grupos cristianos un clima que permita un contacto más íntimo y vital de los creyentes con Jesús. La fe en Jesucristo nace y crece en esa relación con él.
  • Jesús trabaja intensamente los oídos y la lengua del enfermo, pero no basta. Es necesario que el sordo colabore. Por eso, Jesús, después de levantar los ojos al cielo, buscando que el Padre se asocie a su trabajo curador, le grita al enfermo la primera palabra que ha de escuchar quien vive sordo a Jesús y a su Evangelio: «Ábrete».

Es urgente que los cristianos escuchemos también hoy esta llamada de Jesús. No son momentos fáciles para su Iglesia. Se nos pide actuar con lucidez y responsabilidad. Sería funesto vivir hoy sordos a su llamada, desoír sus palabras de vida, no escuchar su Buena Noticia, no captar los signos de los tiempos, vivir encerrados en nuestra sordera. La fuerza sanadora de Jesús nos puede curar.

José Antonio Pagola

 

* ORAR CON EL EVANGELIO: (Mc.7,1-8;14-15;21-22)

    • DOMINGO XXII. T.O-B-. AGOSTO 30 de 2015

    Retomamos de nuevo  El evangelio de Marcos y la reflexión la comienzo con unas palabras de

    Santiago en la 2ª lectura, que siempre me llaman la atención:

    “Aceptad dócilmente la Palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla”…

    Dios ha sembrado en nosotros su Mensaje, su Palabra; lo ha hecho a lo largo de nuestra historia personal a través de diferentes medios: nuestra familia, un amigo, un maestro, un catequista, un sacerdote. A veces esa Palabra hemos podido descubrirla en momentos difíciles, en acontecimientos gozosos, o en momentos de reflexión y profundización. Nuestro bautismo puso en nosotros la semilla de la fe. Es un regalo de Dios que se ha ocupado de plantar su Palabra en nuestras personas en nuestro corazón. La fe es una gracia, no cabe duda, pero a su vez, la encuentra el que la busca.

    En efecto, la fe es una gracia pero que hay que llevarla a la práctica, a la vida. Si sólo la manifestamos en ritos, fórmulas, normas, nos estamos engañando.

    Jesús, en el evangelio de hoy denuncia el no dar la prioridad al mandamiento divino a sus valores. El no practicar lo que sólo queda en palabras…

    A veces hemos podido pensar y de hecho así parece que ser cristiano se manifiesta en unos ritos, en signos externos que se han convertido en acontecimientos sociales. Y nos olvidamos de sus raíces fundamentales, esos valores evangélicos que son los valores humanos, que nacen del interior, son los predicados, enseñados y vividos por Jesús, que luchó contra leyes, normas, imposiciones. La persona es la que da valor al “signo religioso”.

    Jesús, no va por el camino de los fariseos, cumplir la ley al pie de la letra. El va por otro camino, es “bueno”, el que actúa movido por amor y busca el bien de las personas. El camino de honrar a Dios con los labios o con un cumplimiento exterior de normas, Jesús lo tacha como hipocresía  o fingimiento.

    La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre está en los valores que Jesús vivió, como ya hemos dicho: vivir la justicia, el perdón, ayudar al necesitado,  dar alegría, esperanza. Siempre debemos preguntarnos si ponemos en práctica lo que creemos o se queda en palabras y gestos externos.

    Todos podemos caer en esa tentación de la que nos habla el Evangelio y creernos nosotros “los Buenos”, los otros “los malos”… Por eso necesitamos de la oración, reflexión, confrontación para como nos dice Santiago:

    LLEVAD LA PALABRA QUE OS HA SIDO PLANTADA, A LA PRÁCTICA  Y NO OS LIMITÉIS A ESCUCHARLA”…

    ORACIÓN

     

    Jesús de Nazaret, tu Palabra hoy nos invita a la sinceridad más profunda.

    Necesitamos a nivel personal: entrar en nuestro interior y repasar nuestras convicciones profundas y desde dentro preguntarnos ¿qué sentimos ante la vida?, ante las situaciones de las personas. Cómo entendemos de verdad tu evangelio, tu Buena Noticia.

    Necesitamos, pararnos y meditar tu vida, tu comportamiento religioso, tu compromiso social…

    Tú Jesús nuestro animabas a la conversión. Ayúdanos a dar ese paso, no para quedar bien, sino para dejar que florezca en nuestro interior tu Palabra en nosotros “plantada”.

    Que sepamos regarla para entre todos seguir construyendo tu Reino de:
    Verdad, Justicia, bondad, solidaridad, Paz, alegría y esperanza.

    Que no dejemos crecer las malas hierbas de las apariencias, el éxito, el culto por quedar bien.

    Que trabajemos para impulsar que nuestra Iglesia, tu Iglesia, sea de verdad
    de “puertas abiertas a todos”.

    Ayúdanos a tener un corazón capaz de actuar, imitándote a Ti;

    No nos dejes caer en la rutina, ni en el culto de apariencias.

    Si te dejamos actuar a Ti, en nosotros, llegaremos a esto y más. AMÉN. ZURIÑE

    «DE LOS LABIOS AL CORAZÓN, DE LA RELIGIÓN A LA ESPIRITUALIDAD», Enrique Martínez Lozano

    Escrito por  Enrique Martínez Lozano
    RELIGIÓN DIGITAL

    Mc 7, 1-23

    El conflicto de los fariseos con Jesús se centró en cuestiones relativas a la imagen de Dios, al carácter absoluto o no de las normas religiosas y descendió incluso hasta las llamadas normas de pureza.

    De un modo esquemático, podría resumirse en estas contraposiciones: la gratuidad frente al mérito; el valor de la persona por encima de la ley; y el cuidado de la interioridad frente a la absolutización de las tradiciones.

    En el texto que leemos hoy, Jesús trae un texto del profeta Isaías, que desnuda radicalmente cualquier pretensión de absolutismo religioso: “La doctrina que enseña son preceptos humanos”.

    Las religiones han sido (son) muy reacias a reconocer algo que, sin embargo, resulta obvio: todas ellas son construcciones humanas. Nacidas a partir de la enseñanza de algún personaje especialmente carismático, a quien le fue dado “ver” más allá de lo habitual, no son otra cosa que el intento de plasmar aquellas intuiciones místicas.

    Dicho de un modo más amplio: toda religión es una construcción humana, con la que se trata de vehicular el anhelo espiritual que habita al ser humano y que constituye una de sus dimensiones fundamentales y, por tanto, irrenunciable. El humano es un ser habitado por un misterio mayor que él mismo. A la capacidad para reconocer esa dimensión profunda se la empieza a nombrar ahora como “inteligencia espiritual”.

    El problema surge cuando aquella construcción humana –cualquier religión- se absolutiza, hasta el punto de pretender identificarse con la verdad, presentarse como mediadora exclusiva con el Misterio y puerta de entrada obligada para acceder a lo que denomina “salvación”. Cuando ello ocurre, por decirlo en palabras del propio Jesús, los responsables religiosos ni “entran a la vida” ni dejan entrar (Mt 23,13).

    Una religión absolutizada se hace indigesta y provoca automáticamente rechazo en las personas más libres, lúcidas y abiertas, que se rebelan contra la imposición, el autoritarismo y cualquier pretensión exclusivista (y, por tanto, excluyente).

    Y en la medida en que las personas crecen en espíritu crítico, descubren con facilidad que, tras la fachada de solemnidad con la que suelen revestirse, se esconde la misma debilidad humana que con frecuencia ellas mismas condenan.

    Toda doctrina es humana, viene a decir Jesús, citando a Isaías. Y no puede ser de otro modo. Incluso lo que se proclama como “palabra de Dios” –por más que haya un modo “adecuado” de interpretar esa expresión- no son sino conceptos humanos elaborados en un contexto histórico y sociocultural que los condicionaron.

    La prioridad no corresponde, por tanto, a las doctrinas cuanto al corazón. Porque suele ocurrir algo que resulta llamativo: a mayor insistencia en las doctrinas, más frialdad en el corazón. Este parece ser el reproche que Jesús dirigía a los fariseos, es decir, a las personas que tienden a absolutizar la religión: se “honra a Dios con los labios” (los rezos), pero el corazón está apagado.

    La invitación a “tener el corazón cerca de Dios” podría traducirse de este modo: vivir conscientes de nuestra verdadera identidad, en conexión con lo que realmente somos –esa es la dimensión específicamente espiritual-, lo cual nos abrirá a una vivencia abierta e inclusiva, humilde y tolerante, gozosa y compasiva…, a partir de la Unidad radical en la que nos reconocemos.

    Enrique Martínez Lozano

    www.enriquemartinezlozano.com

     

     

    Urteko 22. igandea-22 domingo T.O., José A. Pagola

    B (Marcos 7,1-8.14-15.21-23)
    Evangelio del 30/08/2015
    por Coordinador Grupos de Jesús

    EZ LOTU ITXUKI GIZA TRADIZIOEI- NO AFERRARNOS A TRADICIONES HUMANAS

    Ez dakigu ez non ez noiz gertatu zen liskar hau. Soilik, Jesusek bizi duen giroa iradoki nahi du ebanjelariak: lege-maisuek, tradizioen betetzaile estu diren horiek, maitasunaren Profeta den Jesusek beren bizitzan sarrarazi nahi lukeen berritasunari itsuki uko egiten dioten horiek inguraturik bizi duen giroa.

    Fariseuek haserre begi ematen dute nola ari diren jaten Jesusen ikasleak esku lohiekin. Ezin jasan dute: «zergatik ez zaizkie lotzen zure ikasleak arbasoen tradizioei?»Ikasleez mintzo badira ere, Jesusi berari eraso diote. Eta arrazoi dute. Jesus da tradizio horiekiko obedientzia itsua hausten ari dena; izan ere, bere inguruan «askatasun-eremu bat» ari da sortzen, non funtsezkoa maitasuna izango baita.

    Erlijio-maisuen talde horrek ez du ezer ulertu Jesus aldarrikatzen ari zaion Jainkoaren erreinuaz. Horien bihotzean erregea ez da Jainkoa. Legeak, arauek, tradizioek markaturiko ohiturek eta hazkundeek jarraitzen dute errege horien baitan. Horientzat, «arbasoek» ezarritakoa betetzea da funtsezkoa. Ez zaie axola jendearen ona. Ez zaie axola «Jainkoaren erreinua eta haren zuzentasuna bilatzea».

    Larria da okerra. Horregatik, gogor erantzun die Jesusek: «Jainkoaren agindua baztertu duzue, giza tradizioari itsuki lotzeko». Lege-maisuak begirunez mintzo dira «arbasoen tradizioaz», eta jainkozko aginpidea aitortzen diote. Jesusek, aldiz, «giza tradiziotzat» hartu du. Ez da nahastu behar sekula Jainkoaren nahia gizakien fruitu den zerbaitekin.

    Gaur ere oker larria izango litzateke Eliza gure aurrekoen giza tradizioen preso gelditzea, gauza guztiak Jesu Kristogana, geure Maisu eta Jaun bakarragana, sakonki itzultzeaz ari zaizkigun bitartean. Ardurazkoa ez dugu izan behar iraganeko gauzak beren hartan gordetzea, baizik honetarako gai izango liratekeen Eliza eta kristau-elkarteak sorrarazteko bideak egiten saiatzea: egungo gizartean Ebanjelioa leial berregiteko eta Jainkoaren erreinuaren egitasmoa eguneratzeko gai izango liratekeenak egiten saiatzea.

    Gure erantzukizun nagusia ez da iraganeko gauzak errepikatzea, baizik gure egunotan posible bihurtzea Jesu Kristo onartze hori, giza tradizioen bidez, beneragarrienak izanik ere, ezkutatu eta ilundu gabe.

    José Antonio Pagola
    Itzultzailea: Dionisio Amundarain

    22 Tiempo Ordinario

    B (Marcos 7,1-8.14-15.21-23)
    Evangelio del 30/08/2015
    por Coordinador Grupos de Jesús

    NO AFERRARNOS A TRADICIONES HUMANAS

    No sabemos cuándo ni dónde ocurrió el enfrentamiento. Al evangelista solo le interesa evocar la atmósfera en la que se mueve Jesús, rodeado de maestros de la ley, observantes escrupulosos de las tradiciones, que se resisten ciegamente a la novedad que el Profeta del amor quiere introducir en sus vidas.

    Los fariseos observan indignados que sus discípulos comen con manos impuras. No lo pueden tolerar: «¿Por qué tus discípulos no siguen las tradiciones de los mayores?». Aunque hablan de los discípulos, el ataque va dirigido a Jesús. Tienen razón. Es Jesús el que está rompiendo esa obediencia ciega a las tradiciones al crear en torno suyo un «espacio de libertad» donde lo decisivo es el amor.

    Aquel grupo de maestros religiosos no ha entendido nada del reino de Dios que Jesús les está anunciando. En su corazón no reina Dios. Sigue reinando la ley, las normas, los usos y las costumbres marcadas por las tradiciones. Para ellos lo importante es observar lo establecido por «los mayores». No piensan en el bien de las personas. No les preocupa «buscar el reino de Dios y su justicia».

    El error es grave. Por eso, Jesús les responde con palabras duras: «Vosotros dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».

    Los doctores hablan con veneración de «tradición de los mayores» y le atribuyen autoridad divina. Pero Jesús la califica de «tradición humana». No hay que confundir jamás la voluntad de Dios con lo que es fruto de los hombres.

    Sería también hoy un grave error que la Iglesia quedara prisionera de tradiciones humanas de nuestros antepasados, cuando todo nos está llamando a una conversión profunda a Jesucristo, nuestro único Maestro y Señor. Lo que nos ha de preocupar no es conservar intacto el pasado, sino hacer posible el nacimiento de una Iglesia y de unas comunidades cristianas capaces de reproducir con fidelidad el Evangelio y de actualizar el proyecto del reino de Dios en la sociedad contemporánea.

    Nuestra responsabilidad primera no es repetir el pasado, sino hacer posible en nuestros días la acogida de Jesucristo, sin ocultarlo ni oscurecerlo con tradiciones humanas, por muy venerables que nos puedan parecer.

    José Antonio Pagola

     

     

    “LA VIDA EN PLENITUD QUE OFRECE JESÚS ES LA META HUMANA”, Fray Marcos

    Escrito por  Fray Marcos

    FE ADULTA

    Jn 6, 61-71

    Estamos en el final del capítulo 6 del evangelio de Jn. Llega la hora del desenlace. La disyuntiva es clara: o acceder a la verdadera Vida o permanecer enredados en la pura materialidad. Recordar lo que decíamos el primer día: no tomar ninguna decisión es mantener el camino fácil del hedonismo, en el que estamos. ¿Qué resultado tuvo la oferta de Jesús?

    Este modo de hablar es inaceptable¿Quién puede hacerle caso? Son inaceptables estas palabras, para ellos y para nosotros. Van en contra de toda lógica, pues contradicen nuestras apetencias más íntimas. Quieren llevarnos más allá de lo razonable. Todo aquél que se deje guiar por el sentido común se “escandalizará”. Lo que nos pide Jesús es salir del egoísmo y entregarse a los demás. ¡Qué disparate! Desde el punto de vista religioso, se trata de sustituir a Dios por el hombre. ¿Cómo podemos dejar de servir a Dios para dedicarnos a los demás?  ¿No es el primer deber de todo ser humano dar “gloria” a Dios?

    La incapacidad de comprender es consecuencia del afán de entender desde la carne. Y ojo, que no se trata de despreciar y machacar la carne. Entendido de esa manera maniquea, tampoco tiene ninguna salida el mensaje de Jesús. Se trata de descubrir que el verdadero sentido de la vida fisiológica y terrena, para un ser humano, el verdadero sentido de la carne, está en la trascen­dencia; es decir, desplegar las posibilidades más sublimes que el ser humano tiene de crecer y ser más que simple biología. La vida terrena, caduca, transitoria no puede ser meta para el hombre. La meta es deshacerse en la entrega total.

    El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Este versículo es clave para entender todo el capítulo. Aquí, carne y espíritu no se refieren a dos realidades concretas y opuestas, sino a dos maneras de afrontar la existencia humana. Solo una actitud espiritual puede dar pleno sentido a una vida humana. Vivir desde las exigencias de la carne sola lleva consigo una limitación radical, y por lo tanto cercena la verdadera meta del ser humano. En teoría se entiende muy bien y es aceptable, pero en la práctica ¿quién de nosotros se cree, de verdad, que la carne no vale para nada? ¿Por qué luchamos? ¿Cuál es nuestra mayor preocupación? ¿Cuánto tiempo dedicamos al cuerpo y cuánto al Espíritu?

    Después de remachar por activa y por pasiva que había que comer su carne, ahora nos dice que la carne no vale para nada; que lo único que vale es el espíritu. Estas palabras nos obligan a hacer un esfuerzo sobrehumano para poder comprender lo que nos quiere decir. No es ninguna contradicción. Se trata de descubrir que el valor de la “carne” le viene de estar informada por el espíritu. Con el espíritu, la carne lo es todo. Sin el espíritu, la carne no es nada. De nuevo queda claro el profundo sentido que da Jn a la encarnación.

    Las palabras (propuestas) que os he dicho son espíritu y son vida. Las palabras no tienen valor por sí mismas. Debemos ir más allá de las palabras y descubrir el espíritu al que ellas hacen referencia. Como en el discurso de Nicodemo y el de la Samaritana, la referencia al espíritu es clave para entender el mensaje de Jesús. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu”. “Dios es espíritu, y hay que acercarse a Él en espíritu y en verdad”. Todo el capítulo viene diciendo que él es el pan… Ahora nos dice que son sus palabras las que dan la Vida. Para un ser humano la única propuesta que le puede llevar a la plenitud es la que hace Jesús, con su Vida y con sus palabras.

    Por eso os he estado diciendo que nadie puede llegar hasta mí si el Padre no se lo concede. El proyecto creador del Padre es ofrecer al hombre la plenitud de Vida. Jesús no hace más que ejecutarlo. Quién rechaza al Dios que está en su centro no aceptará nunca a Jesús. El espíritu es indispensable para entrar en la dinámica de la entrega/amor. Sin una experiencia de Dios, las palabras más sublimes se quedan en palabrería vacía. Ya decía Plotino: “Hablar de Dios sin una auténtica virtud, es pura palabrería”.

    Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. En este proceso de alejamiento entre Jesús y los que le siguen se da el último paso, el abandono. Fijaros bien que hasta ahora los que le criticaban y murmuraban eran «los judíos», ahora son «los discípulos» los que deciden abandonar a Jesús. Tal vez la mayoría de los oyentes ya le habían abandonado antes. Recordemos que todo el capítulo se ha planteado como un proceso de iniciación. Terminado el proceso, hay que tomar una decisión.

    ¿También vosotros queréis marcharos? Qué lejos esta Jesús de la búsqueda, por todos los medios, de la aprobación general. Tanto los políticos como los medios lo condicionan todo a la audiencia. Lo importante es vender, a cualquier precio. Jesús acepta el reto que su doctrina provoca. Está dispuesto a quedarse completamente solo antes que ceder un ápice en la radicalidad de su mensaje. La pregunta manifiesta un deje de profunda amargura. Pero también deja muy clara la convicción que tiene en lo que está proponiendo.

    ¿Con quién nos vamos a ir? Tus exigencias comunican Vida definitiva. Pedro da la única respuesta adecuada: “Nosotros creemos”. La mayoría de los que escuchan a Jesús se sienten más seguros con el cumplimiento de la Ley que con la oferta de Jesús. En la comida eran cinco mil. Quedan doce. Más tarde demostrarían que ellos tampoco lo entendieron. Para entenderlo tuvieron que pasar por la experiencia pascual. Antes de esa experiencia ni la gente, ni los discípulos, ni los doce entendieron nada. Juan deja claro que el fundamento de la Iglesia que se empieza a organizar son los doce, y que Pedro es la cabeza que la dirige.

    También en los sinópticos Jesús empieza siendo aclamado con entusiasmo por la multitud, pero termina siendo abandonado por todos, incluido sus discípulos. “Todos le abandonaron y huyeron”. Si hoy en día nos declaramos cristianos dos mil millones de personas se debe a que no se exige la radicalidad de su mensaje y estamos en el engaño de lo que nos puede dar, no en la conciencia de lo que nos exige. Si descubriéramos que la médula del mensaje de Jesús es que tenemos que dejarnos comer, ¿cuántos quedarían? Eso es precisamente lo que nos pide Jesús. Antes que morder a otro hay que dejarse comer.

    En este discurso Jn intenta aclarar las condiciones de pertenencia a la comunidad de Jesús: la adhesión a Jesús y la asimilación de su propuesta de amor. Su ‘exigencia’ es una dedicación al bien del hombre a través de la entrega personal. El mesianismo triunfal queda definitivamente excluido. En contra de lo que se nos sigue diciendo, Jesús ni busca gloria humana o divina ni la promete a los que le sigan. Seguirlo significa renunciar a toda ambición y aceptar la entrega total de sí mismo en beneficio de los demás.

    Hoy seguimos ignorando la propuesta de Jesús. En nombre del evangelio seguimos ofreciendo unas seguridades derivadas del cumplimiento de unas normas. No se invita a los fieles a hacer una elección de la oferta de Jesús, porque no se les presenta dicha oferta. Hemos manipulado el evangelio para salirnos con la nuestra. No nos interesa el mensaje de Jesús sino nuestros propios anhelos de salvación que no van más allá de la sola carne.

    Hasta la eucaristía, que es el símbolo (sacramento) de la entrega, la hemos convertido en objeto de adoración o de devoción para evitar el compromiso de dejarnos comer. No queremos ni oír hablar de la realidad significada: el don de sí mismo. Es descorazonador seguir pensando que Dios está más presente en un trozo de pan que en el ser humano que sufre y espera nuestra comprensión y ayuda. Es decepcionante que la celebración de la eucaristía no tenga ninguna repercusión en nuestra vida real ni me exija cambiar nada.

     

    Meditación-contemplación

    “Tú tienes palabras de Vida eterna”.
    Tú manifiestas en tu vida esa Vida plena y definitiva.
    La experiencia pascual les llevó a hacer suya esa Vida.
    No fue fácil superar el apego a las seguridades de su religión.
    ………………

    Nosotros, con una religión tan anclada en la Ley como la judía,
    no lo vamos a tener más fácil que ellos.
    También tenemos que arriesgarnos
    y perder el miedo a lo desconocido que nos desborda.
    ………………

    La oferta es absoluta: Vida definitiva.
    No me debe extrañar que la exigencia sea también absoluta.
    Conozco bien la oferta. Solo falta elegir…
    Si no tomo una decisión, seguiré el camino de la nada.

    Fray Marcos

     

     

    *ORAR CON EL EVANGELIO: (Jn.6.60-69)

    • DOMINGO XXI. TO –B AGOSTO 23 de 2015

    ¡VOSOTROS TAMBIÉN QUERÉIS DEJARME?…

    El texto evangélico de este domingo ES El final ES El final Del proceso de fe que fue  que fue dando Jesús sobre el Pan de vida durante cuatro domingos. Pero el asunto es que los discípulos encuentran “duro este lenguaje”. Jesús presenta su mensaje con toda radicalidad. Es fiel al Padre y a su misión sin miedo a quedarse solo. Sus discípulos debemos tener claro que su seguimiento se hace a contracorriente de los valores que mandan en la sociedad: dinero, comodidades, éxito, prestigio…

    Hoy tenemos especial dificultad de seguir a Jesús porque padecemos mucho ruido exterior e interior. Los medios de comunicación Social dan más importancia al futbol, títulos, que a los acontecimientos que marcan el presente y futuro de nuestro mundo.

    Debía estar Jesús  un poco cansado para hacer esta pregunta cargada de reproches. Y no Le falta razón. Después de tanto vivido juntos, hablando y explicando, de tanto andar y compartir, a la hora de la verdad, muchos se le echan  atrás y le abandonan. Por eso a los doce, a los incondicionales, les lanza la pregunta:

    ¿SERÉIS VOSOTROS COBARDES COMO LOS QUE ME HAN DEJADO?

    Lo que sí es claro es que Jesús no se impone nunca. A veces se nos presenta en la vida con una claridad que no nos queda más que seguirle, pero siempre ha de ser nuestra la decisión. Sólo nos pide seriedad y firmeza en nuestra decisión. Y nos ofrece apoyo en las flaquezas.

    Pedro contesta al Señor de corazón: ¿DÓNDE VAMOS A IR? Tus  palabras son las Palabras. La vida que Tú nos das es la VIDA VERDADERA. Nosotros creemos.

    Nuestras palabras, frecuentemente, son vacías, interesadas. La Palabra de Jesús es diferente, era coherente con lo que decía. Brotaban de su Amor apasionado al Padre y a las personas.

    También hoy la gente puede tener la misma experiencia si en nuestra vida y en nuestras palabras escuchan las suyas. Las del Padre que nos Ama y nos lo demuestra por medio de Jesús de Nazaret.

    Jesús, hoy nos hace también a nosotros la misma pregunta que a los doce: ¿También vosotros queréis dejarme? Y… ¿Cuál sería en estos momentos nuestra respuesta?…

    Yo, las comunidades cristianas de todos los tiempos, estamos invitados a dar una respuesta viva y verdadera a las enseñanzas de Jesús y a comunicarla con valentía.

    Que como Pedro, todos seamos capaces de creer. Y de crear, con nuestro testimonio y estilo de vivir al estilo de Jesús, aunque otros, se desapunten… nos abandonen…

     

    ORACIÓN

    ¿TAMBIÉN VOSOTROS QUERÉIS DEJARME?

    (Hacemos silencio, dando nuestra respuesta interior…)

    Ayúdanos, Jesús de Nazaret a dar nuestra respuesta personal y comunitaria, sabiendo que Tú, nunca impones, siempre “PROPONES”.

    Danos valor, mucho valor para afrontar nuestra vida de todos los días, para ser testigos tuyos en este tiempo y llevar el ánimo y la esperanza a quien lo necesite, así, seguir construyendo el Reino paso a paso. – No queremos defraudarte; queremos que cuentes con nosotros. Estamos seguros de tu apoyo.

    Sabemos que CREER ES COMPROMETERSE, pero a veces nos resulta difícil apostar por ti…

    Danos tu Espíritu, para que no nos echemos atrás.

    Te pedimos también, por todas las personas que viven en dificultades de fe.
    ¿DÓNDE VAMOS A IR? TÚ, JESÚS DE NAZARET, TIENES PALABRA DE VIDA ETERNA. AMÉN. ZURIÑE

     

    Urteko 21. igandea-21 Tiempo Ordinario, José A. Pagola

    B (Juan 6,60-69)
    Evangelio del 23/08/2015
    por Coordinador Grupos de Jesús

    ZERGATIK GELDITU ELIZAN?

    Azken urte hauetan analisi eta azterketa asko egin izan da kristau-elizek gizarte modernoan bizi duten krisiaz. Irakurketa hori beharrezkoa da zenbait datu hobeto ulertzeko, baina ez da aski gure erreakzioa zein izan behar duen bereizteko. Joan ebanjelariak dakarren pasadizo honek lagundu diezaguke krisi hori ebanjelio-sakontasun handiagoz interpretatzeko eta bizitzeko.

    Ebanjelariaren arabera, honela laburbildu du Jesusek taldean indartzen ari den krisia: «Esan dizkizuedan hitzak espiritu eta bizi dira. Halere, zuetako batzuek ez dute sinesten». Halaxe da. Jesusek jarraitzaileen baitan espiritu berri bat sartzen du; haren hitzek bizia ematen dute; proposatzen duen egitarauak mugimendu bat eragin dezake, mundua bizi duinago eta beteago baterantz norabidetzeko.

    Halere, fedea ez dago bermaturik haren taldean egote hutsaz. Bada haren espiritua eta bizia onartzeari uko egiten dionik. Bada Jesusen inguruan itxura hutseko bizitza bizi duenik. Harekiko fedea egiazkoa ez duenik. Hau da beti kristautasunaren baitako zinezko krisia: Jesusengan sinetsi ala ez.

    Narratzaileak dio ezen «askok atzera egin zuela eta harekin ibiltzeari utzi egin ziola». Krisialdian agertu ohi da zein diren Jesusen benetako jarraitzaileak. Hau da funtsezko aukera: zein dira atzera egiten dutenak eta zein harekin gelditzen direnak, haren espirituarekin eta biziarekin bat eginik? Zein da haren egitarauaren alde eta zein aurka?

    Txikitzen hasi da taldea. Jesus ez da haserretu, ez du adierazi inoren kontrako iritzirik. Soilik, galdera hau egin die berarekin gelditu direnei: «Zuek ere joan egin nahi al duzue?» Elizan jarraitzen dugunoi gaur egiten digun galdera da: Zer nahi dugu? Zergatik gelditu gara? Jesusi jarraitzeko, haren espiritua geure eginez eta haren erara biziz? Haren egitasmoa aurrera eramateko?

    Ereduzkoa da Pedroren erantzuna: «Jauna, zeinengana joan gintezke? Zuk betiko biziko hitzak dituzu». Gelditzekotan, Jesusengatik gelditu behar da. Jesusengatik soilik. Beste ezergatik ez. Harekin konprometituz. Haren taldean gelditzeko arrazoi bakarra Jesus da. Ez beste inor.

    Mingarriena iruditu arren, gaur egungo krisialdia baikorra izango da, baldin eta Elizan jarraitzen dugunok, gutxi ala asko, Jesusen ikasle bihurtzen bagoaz, hau da, haren bizi-hitzetik biziz doazen gizon-emakume bagara.

    José Antonio Pagola
    Itzultzailea: Dionisio Amundarain

    21 Tiempo Ordinario – B (Juan 6,60-69)
    Evangelio del 23/08/2015

    por Coordinador Grupos de Jesús

    ¿POR QUÉ NOS QUEDAMOS?

    Durante estos años se han multiplicado los análisis y estudios sobre la crisis de las Iglesias cristianas en la sociedad moderna. Esta lectura es necesaria para conocer mejor algunos datos, pero resulta insuficiente para discernir cuál ha de ser nuestra reacción. El episodio narrado por Juan nos puede ayudar a interpretar y vivir la crisis con hondura más evangélica.

    Según el evangelista, Jesús resume así la crisis que se está creando en su grupo: «Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, algunos de vosotros no creen». Es cierto. Jesús introduce en quienes le siguen un espíritu nuevo; sus palabras comunican vida; el programa que propone puede generar un movimiento capaz de orientar el mundo hacia una vida más digna y plena.

    Pero, no por el hecho de estar en su grupo, está garantizada la fe. Hay quienes se resisten a aceptar su espíritu y su vida. Su presencia en el entorno de Jesús es ficticia; su fe en él no es real. La verdadera crisis en el interior del cristianismo siempre es esta: ¿creemos o no creemos en Jesús?

    El narrador dice que «muchos se echaron atrás y no volvieron a ir con él». En la crisis se revela quiénes son los verdaderos seguidores de Jesús. La opción decisiva siempre es esa: ¿Quiénes se echan atrás y quiénes permanecen con él, identificados con su espíritu y su vida? ¿Quién está a favor y quién está en contra de su proyecto?

    El grupo comienza a disminuir. Jesús no se irrita, no pronuncia ningún juicio contra nadie. Solo hace una pregunta a los que se han quedado junto a él: «¿También vosotros queréis marcharos?». Es la pregunta que se nos hace hoy a quienes seguimos en la Iglesia: ¿Qué queremos nosotros? ¿Por qué nos hemos quedado? ¿Es para seguir a Jesús, acogiendo su espíritu y viviendo a su estilo? ¿Es para trabajar en su proyecto?

    La respuesta de Pedro es ejemplar: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna». Los que se quedan, lo han de hacer por Jesús. Solo por Jesús. Por nada más. Se comprometen con él. El único motivo para permanecer en su grupo es él. Nadie más.

    Por muy dolorosa que nos parezca, la crisis actual será positiva si los que nos quedamos en la Iglesia, muchos o pocos, nos vamos convirtiendo en discípulos de Jesús, es decir, en hombres y mujeres que vivimos de sus palabras de vida.

    José Antonio Pagola

     

    ORAR CON EL EVANGELIO: «Jn. 6. 51-58»

    • DOMINGO XX. TO –B– Agosto 16
    • Jn. 6. 51-58

    Ante las palabras de Jesús volviéndose a autoproclamar  el Pan vivo bajado del cielo, con el poder de comunicar la vida a quien lo coma, los judíos persisten en su incredulidad.

    Pero Jesús no se deja intimidar; sabe muy bien lo que está ofreciendo como enviado del Padre.

    Además, ahora no habla sólo de comer su carne, también de beber su sangre para poder tener vida.

    En realidad está hablando de su Encarnación y Muerte, los dos momentos cruciales de su historia terrena. Ofrece su carne, es decir: su plena realidad humana, en una entrega personal para la vida del mundo que le lleva hasta la muerte.

    La entrega de Jesús presenta dos momentos que conviene diferenciar y agradecer: La entrega que llega hasta  derramar el último aliento de la vida por las personas. La otra es la entrega en la Eucaristía, permaneciendo con los suyos en ella hasta el final de los tiempos.

    El cristiano sabe muy bien que en la Eucaristía Jesús se da por completo para la vida de las personas.

    La Encarnación, la Muerte y Resurrección constituyen así la realidad central del misterio de la Eucaristía.

    “EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE HABITA EN MÍ Y YO EN EL”

    Sólo con Jesús, unidos estrechamente a Él, en comunión con El podemos desarrollar nuestra misión. No bastan nuestros esfuerzos, nuestras capacidades. Sin Él no tendríamos nada que ofrecer al mundo, porque nada es nuestro, todo es de Dios.

    Cristo y esta unión con Él de todos y cada uno va estrechando también nuestra unión mutua, la unidad del Espíritu, que es la Iglesia, abierta a todos, en solidaridad con toda la humanidad que es la familia de Dios.

    La Eucaristía no es una reunión de élites y cerrada de los buenos, sino una asamblea familiar, de toda la iglesia, pero abierta a toda la familia humana, a la que hay que invitar y animar para que pierdan miedos, coman el Pan de Vida y recuperen la esperanza y la alegría de vivir.
    Nunca seremos más nosotros mismos que cuando hagamos de nuestras vidas “un cuerpo entregado y una sangre derramada” por los demás teniendo como  modelo a Cristo.

    Trabajando por su Reino. Con fe y justicia que van unidos. Y es a seres humanos a quienes se dirige la Misión de Cristo. Los seres humanos necesitan alimento, cobijo, amor, escucha, amistad, esperanza, un futuro.  Todas estas cosas están recogidas en las imágenes con las que Jesús nos habla en el Evangelio.

    La Eucaristía es la mesa del PAN y la PALABRA, sin olvidar que el PAN es Palabra de Dios y su Palabra es pan y alimento de nuestras almas. AMÉN. ZURIÑE

     

    ORACIÓN

    ¿Qué necesito para hacer oración?, preguntó el discípulo.

    El maestro contestó:

    Desear de verdad orar, y, después, dejarte trabajar por el Espíritu.

    Y añadió: La oración es tarea de toda la vida: tiene sus fases: “se orar; no sé orar; oro a Dios; Dios ora en mí. Estas cuatro fases coinciden con las etapas de la vida. ¡Ánimo!

    * * * * * * *

     

    Que los que nos reunimos cada domingo alrededor de la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, vayamos aprendiendo a vivir como hijos/as tuyos/as, sin desentendernos de la vida de los demás sino ayudándonos y comprometidos con este mundo al que Tú tanto amas.

    • Tu nos enseñas con tu ejemplo, Jesús de Nazaret que la comida y los convites, en familia o con amigos y compañeros, no es sólo medio de alimentación, lo sabemos Señor, es para nosotros signo de convivencia. En la comida es tan importante la mesa como la sobremesa, el alimento como la conversación, así lo hacías Tú, con tus discípulos y con tu gente.
      A partir de esa experiencia nos instituiste la Eucaristía Jesús de Nazaret como sacramento de unión con Dios y de los seres humanos entre si… Es tu pedagogía como Buen Maestro que nos ama. Haznos comprender que te haces nuestro alimento, para darnos a comprender la urgencia de la unidad, para convencernos de que un cristiano, siguiéndote a ti, Cristo, Maestro, tiene que vivir todo para todos. AMÉN.
    • ZURIÑE