MÁS SOBRE PALABRAS GASTADAS

Religión Digital

Con frecuencia notamos que, a la hora de expresar nuestras vivencias, las palabras se nos quedan muy pobres. O resultan ambiguas. Que sea así parece inevitable: tanto la palabra como el concepto son incapaces de dar razón de toda la riqueza y amplitud de lo real.

El motivo es muy simple: al pensar y al nombrar algo, inevitablemente lo objetivamos; dado que la mente y la palabra funcionan a partir de un modelo dual, todo aquello a lo que nos referimos queda irremediablemente convertido en “objeto” separado. Con el añadido de que ese objeto, así delimitado, es visto y nombrado desde una perspectiva concreta, quedando otras relegadas. La conclusión es patente: El acercamiento mental a lo real es siempre objetivante, separador y parcial (relativo).

Si bien todas las palabras participan de ese carácter pobre y ambiguo, algunas de ellas parecen haber sido especialmente “maltratadas” por un uso tan excesivo como inadecuado. Cuando eso ocurre, terminan vacías de significado –por ejemplo, ¿qué decimos cuando decimos “amor”?- o provocan automáticamente malestar o rechazo.

Ahí entra la palabra “espiritualidad”. Y eso mismo parece haber sucedido con la palabra “Dios”, tal como reconocía Martin Buber: “«Dios»…  Ninguna palabra ha sido tan manchada ni machacada… Generaciones de hombres han rasgado la palabra con sus partidismos religiosos; han matado o muerto por ella; lleva las huellas digitales y la sangre de todos ellos”.

En no pocos ambientes, la palabra “Dios” provoca incomodidad, malestar o rechazo. Porque en muchos oídos suena a engaño, manipulación, mentira u opresión: lo que, debido a ella, han padecido muchas personas.

Frente a esos equívocos, es bueno empezar reconociendo algo elemental: la palabra “Dios” no es Dios. No se está necesariamente más cerca de “Dios” por utilizar ese término. Y quizás necesitemos dejar de usarlo para poder rescatar su contenido.

Ante el Misterio, parece que la actitud adecuada pasa por recuperar el Silencio, el Asombro, la Admiración, la Adoración, la Gratitud, el Sobrecogimiento, la Unidad de todo, el Amor…, para dejarnos contagiar por él, percibir que nos constituye –el Misterio es la Mismidad de todo lo que es– y dejarnos vivir la Amplitud en la que nos reconocemos.

 

Enrique Martínez Lozano

 

 

¿SABOREAMOS EL VINO DE CANÁ EN LA BODEGA?, Marifé Ramos

Fe Adulta

Jn 2, 1-11

Vamos a acercarnos al evangelio de este domingo desde dos perspectivas complementarias:

En primer lugar a través de las costumbres de la época, como si fuésemos invitados de la boda y observáramos atentamente todo lo que ocurre.

A continuación nos acercaremos a través de la teología que utiliza san Juan a lo largo de su evangelio. Esta perspectiva nos ayudará a comprender que este texto es más teológico que histórico.

En este evangelio se nos presentan siete signos (traducidos como milagros) entre los capítulos 2,1 y 12,50, que forman un bloque llamado “Libro de los signos”. Los siete signos reenvían a la idea de una nueva creación. Juan nos dice a lo largo de esos capítulos que se está produciendo algo nuevo y esa novedad es mucho más importante y profunda que el supuesto milagro.

Cada uno de los signos va acompañado de una explicación teológica para que comprendamos mejor su sentido y no nos quedemos en las apariencias, en el envoltorio del regalo.

Costumbres de la época:

Caná era una aldea de Galilea. El evangelio de Juan la nombra varias veces; por ejemplo, después de expulsar a los mercaderes del templo y del encuentro con la samaritana, Jesús volvió a Caná (4, 46-53). Natanael era de allí (21, 2).

La boda era uno de los acontecimientos más importantes de la vida social de Israel. Era una ocasión para hacer alianzas entre familias. A menudo se casaban entre primos hermanos, o el tío con la sobrina, etc., así la herencia no salía de la familia.

Muchas veces se concertaba la boda  a través de arduas negociaciones, por lo que su  celebración era como el broche final.

A veces los padres de familia comprometían a sus hijos cuando todavía eran niños y esperaban a que los chicos tuvieran 13 años y las chicas 12 para celebrar el matrimonio. En buena parte el sentido de la vida de los adolescentes consistía en casarse y tener hijos. Así engrandecían el pueblo y experimentaban la bendición de Dios. Tenían tanta importancia social y religiosa las bodas que no existía un término equivalente a “celibato”.

La celebración podía durar una semana. Se reunían las familias (en un sentido muy  amplio) y las amistades.  Los invitados solían aportar víveres para contribuir a los gastos que suponía comer y beber en abundancia durante esos días. Cuando había una boda se suspendían los ayunos religiosos habituales.

María estaba invitada y se le nombra como “madre de Jesús”. Muchas veces se silenciaba el nombre propio de las mujeres y se hacía alusión a un hombre que les servía  de referencia: eran madres de…, o hijas de…, o esposas de…

No se nombra a José. Cuando un padre de familia moría solía ocupar su puesto en los actos de la vida pública el hijo varón primogénito. ¿Habría muerto?

El vino tenía mucha más importancia que la que tiene ahora. En determinadas estaciones no era fácil encontrar agua potable y abundante en los manantiales, por lo que el vino era imprescindible como bebida habitual. En los viajes se solía llevar un cuerno de un animal, vaciado como si fuera una cantimplora, y lleno de vino (pensemos en texto del buen samaritano). Salvo que la pobreza lo impidiera, cada familia intentaba tener en casa algunas cántaras de vino para su propio consumo.

Era impensable que en una boda en la que había mayordomo y sirvientes se acabara el vino, ni por falta de previsión ni por tacañería. Había familias que se endeudaban para celebrarla por encima de sus posibilidades; era un honor “tirar la casa por la ventana” en estas ocasiones. Las bodas eran una de las pocas ocasiones que tenía la gente sencilla de comer y beber en abundancia. Se recordaban y se hablaba de ellas.

Si se había acabado el vino ¿se podía conseguir inmediatamente, en abundancia, en una aldea? ¿Una mujer invitada a la boda es la que se tuvo que encargar de solucionar el problema? ¿Ella se dirigió a los sirvientes? De acuerdo con las costumbres de la época el texto hace aguas.

Juan nos presenta de nuevo el término “mujer” en boca de Jesús, cuando está en la cruz y le dice a María: “Mujer, he ahí a tu hijo” (19, 26). Nos está dando pistas muy claras que nos conducen a una interpretación teológica del texto, como veremos más adelante.

Las tinajas para guardar el agua solían ser de barro (como nuestros botijos), pero el barro podía guardar impurezas, por eso había también grandes tinajas de piedra que se consideraban más puras y apropiadas para conservar un agua que era imprescindible en las ceremonias de purificación.

¿Quién vivía en una casa de una aldea, en la que había  tinajas con capacidad para 600 litros de agua para purificarse? No deja de ser curioso este dato. Nos indica que la boda se celebra en una casa en la que se da mucha importancia a la purificación ritual y tienen tinajas de piedra, muy caras, que cumplen estrictamente con las normas religiosas.

En la casa había mayordomo y sirvientes, es una familia rica. Si fuera un hecho histórico, si se tratara de la narración de un suceso, no tendría sentido que fuera el novio el que hubiera guardado el vino bueno para el final y el mayordomo no lo supiera.

Además, Juan nos habría contado el alboroto que tendría que haberse producido con el cambio y cómo los invitados a la boda habrían caído  rendidos a los pies de quien había hecho un milagro tan grande. También tendríamos testimonios extra bíblicos, porque 600 litros de agua convertida en vino dan mucho que hablar, sin embargo ni siquiera los otros tres evangelistas nombran la boda de Caná.

Si nos hemos quedado con la imagen del cambio del agua en vino, como clave de este evangelio, creo que no lo hemos entendido. Es como si hubiéramos presenciado un espectáculo de magia y saliéramos comentándolo con otros asistentes.

Interpretación teológica:

El versículo 11 nos da la clave para acercarnos al texto por esta vía, para recuperar la Buena Noticia que encierra:

· Jesús comenzó sus signos.

· Manifestó su gloria.

· Creció la fe de los discípulos en él.

La presencia de Jesús, María y los discípulos son símbolo de la comunidad cristiana. Es decir, Juan nos anuncia un signo en medido de la comunidad, en un contexto de celebración, de fiesta. María ya no es sólo la madre de Jesús, tiene otra consideración, es un prototipo, es la madre universal. Es la mujer.

En la perspectiva teológica el vino era uno de los signos que mostraban que había llegado el tiempo mesiánico, tras unos siete siglos de espera. ¡Eso sí que era motivo de fiesta y celebración! El vino expresa la vida de Jesús, compartida y entregada (su sangre).

Para Juan “la hora” no se refiere al tiempo cronológico, sino a la hora de Dios, al momento apropiado (se utiliza el término kairós). Ni siquiera su madre puede marcar a Jesús esa hora en la que tendrá que entregar su vida plenamente.

Hay una imagen actual que puede ayudarnos  a entender el dinamismo de esa “hora de Dios”: los surfistas. Si saben mirar con atención las olas y ven que se acerca una  grande y apropiada se suben en ella y aprovechan su impulso, su fuerza, para llegar muy lejos, casi sin esfuerzo. Sería absurdo querer surfear en dirección contraria de la ola o intentar llegar lejos cuando el mar está en calma.

¿Cómo buscamos lo signos que nos ayudan a captar “la hora de Dios” en nuestra vida? ¿Cómo aprovechamos la “ola” de la voluntad de Dios para llegar a vivir experiencias y compromisos que serían imposibles con nuestras propias fuerzas?

En la teología de Juan ya no tenía sentido el agua para purificarse, porque la presencia de Jesús (resucitado) implicaba fiesta, banquete, un vino bueno que es nuevo. El agua de las purificaciones se había transformado en un vino bueno que alegraba a las familias y a los pueblo.

Pero era preciso probarlo, saborearlo. Muchos hombre y mujeres místicos describen la experiencia de bajar a lo más profundo de su ser como la bajada y estancia en una bodega en la que saborean un vino añejo y experimentan una comunión profunda con el Dios que les habita. Leer el evangelio de hoy con esta clave puede transformar nuestra vida.

En consonancia con otros textos del evangelio de Juan vemos que ya no hay que ir al pozo a buscar el agua (diálogo con la samaritana);  ya no hay que llenar tinajas para la purificación, porque en nuestras propias entrañas hay un río de agua viva que conduce a la vida eterna.

“El que beba del agua que yo le daré no tendrá más sed, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en fuente que brote para la vida eterna” (Juan 4, 14) “El que tenga sed que venga a mí y beba…” (4, 37)

Como vemos, si quitamos el envoltorio de las costumbres, este texto nos enseña claves para vivir el discipulado. La teología de Juan es mucho más profunda que lo que sugieren unos hechos extraordinarios en una boda.

¿Y si traducimos el texto en forma de parábola?

Hacía meses que no llovía en la zona y los manantiales se iban secando uno tras otro. La gente del pueblo guardaba en sus casas algunos cántaros con agua y la utilizaban con mucha prudencia, como un bien precioso y escaso.

El domingo, en la homilía, el sacerdote explicó el evangelio de las bodas de Caná. Al acabar la Misa invitó a  la gente a que pasara a la sacristía:

– Vamos a sacar las botellas con agua bendita que hay en el armario. Haremos sopa y café para las familias más pobres del pueblo. Hace frío y les vendrá bien.

Así lo hicieron. Ese día el pueblo entendió el evangelio mucho mejor que otros domingos.

 

Marifé Ramos González

http://www.mariferamos.com/

 

 

Urteko 2. igandea – 2 Tiempo ordinario, José A. Pagola

C (Joan 2,1-11)
Evangelio del 17/ene/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

SEINALEEN HIZKUNTZA – LENGUAJE DE GESTOS

Joan ebanjelariak ez du esan Jesusek «mirariak» edo «mirakuluak» egin zituenik. «Seinaleak» izena eman die Joanek; hain zuzen ere, gure begiek ikus dezaketena baino sakonagora garamatzaten keinuak direlako. Zehazki, Jesusek egin dituen seinaleek hari begira jartzen gaituzte eta haren indar salbatzailea aurkiarazten digute.

Seinale guztien hasiera da Galileako Kanan gertatua. Bere bizitza guztian Jesusek burutu dituen seinale guztien prototipoa. «Ura ardo bihurtze» horretan eskaini digu Jesusek giltza, berak dagien salbazio-eraldaketaren mota ulertzeko; baita, haren izenean, haren jarraitzaileek eskainiko dutenarena ere.

Eztei baten markoan gertatu da guztia; jairik gizatarrenaren markoan, maitasunaren sinbolo adierazkorrenaren, Jainkoak gizakiarekin egin duen elkartze behin betikoa iradokitzeko Bibliaren tradizioko imajinarik hobenaren markoan. Jesu Kristoren salbazioa honela behar dute bizi eta eskaini haren jarraitzaileek: haiek huts gertatzen direnean, hau da, «ardorik gabeko» eta zoriontasun osoaren gure gogoa betetzeko ez-gai direnean, giza jaiak bete-beteko egiten dituen jai bezala, alegia.

Besterik ere iradokitzen du kontakizun honek. Orduan bakarrik har dakioke urari ardo-gustua: juduek beren burua garbi egiteko harrizko sei urontzi handitan izan ohi duten eta, Jesusen hitzari jarraituz, haietatik aterea denean. Harrizko harlauzatan idatzia den legearen erlijioa agortua da jada: hura ez da gai gizakia garbi egiteko. Jesusek dakarren maitasunaz eta biziaz liberatu beharra da erlijio hori.

Jendea ezin da ebanjelizatu nolanahi. Jesusen indar eraldatzailea komunikatzeko ez dira aski hitzak, beharrezkoak dira keinuak. Ebanjelizatzea ez datza hitz egite hutsean, ez predikatze eta irakaste hutsean, are gutxiago juzkatzean, mehatxu egitean edo gaitzestean. Premiazkoa da eguneratzea, leialtasun sortzailez, Jesusek egin ohi zituen seinaleak; hain juxtu, landa-jende haren bizitza latza gozatzeko, Jainkoagandiko alaitasuna gizarteratuz, Jesusek egiten zituen seinaleak eguneratu beharra dugu.

Gaur egungo jende askori Elizaren hitza bost axola dio. Aspertu egiten da gure ospakizunetan. Elizagandik seinale hurbilagokoak eta adiskidetsuagoak nahi ditu, bizitzako sufrimendua eta laztasuna eztitzeko kristauengan gaitasun handiagoa ikusi ahal izateko.

Zein ibiliko da berri gozagarri ez den zerbaiten bila? Nagusiki, ebanjeliora jauntxokeria eta mehatxua erabiliz jotzen bada? Jesu Kristo jende askok bizitzeko indar eta eragin bezala espero du, eta era zentzuzkoagoz eta pozgarriagoz bizitzeko bide bezala. Soilik, «erlijio geldoa» eskaintzen bazaie, ezin dastatu ahal izango dute Jesusek kutsatu ohi zuen jai-alaitasun hura, eta urrunduz jarraituko du jendeak.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 Tiempo ordinario – C (Juan 2,1-11)
Evangelio del 17/ene/2016

por Coordinador Grupos de Jesús

LENGUAJE DE GESTOS

El evangelista Juan no dice que Jesús hizo «milagros» o «prodigios». Él los llama «signos» porque son gestos que apuntan hacia algo más profundo de lo que pueden ver nuestros ojos. En concreto, los signos que Jesús realiza, orientan hacia su persona y nos descubren su fuerza salvadora.

Lo sucedido en Caná de Galilea es el comienzo de todos los signos. El prototipo de los que Jesús irá llevando a cabo a lo largo de su vida. En esa «transformación del agua en vino» se nos propone la clave para captar el tipo de transformación salvadora que opera Jesús y el que, en su nombre, han de ofrecer sus seguidores.

Todo ocurre en el marco de una boda, la fiesta humana por excelencia, el símbolo más expresivo del amor, la mejor imagen de la tradición bíblica para evocar la comunión definitiva de Dios con el ser humano. La salvación de Jesucristo ha de ser vivida y ofrecida por sus seguidores como una fiesta que da plenitud a las fiestas humanas cuando estas quedan vacías, «sin vino» y sin capacidad de llenar nuestro deseo de felicidad total.

El relato sugiere algo más. El agua solo puede ser saboreada como vino cuando, siguiendo las palabras de Jesús, es«sacada» de seis grandes tinajas de piedra, utilizadas por los judíos para sus purificaciones. La religión de la ley escrita en tablas de piedra está exhausta; no hay agua capaz de purificar al ser humano. Esa religión ha de ser liberada por el amor y la vida que comunica Jesús.

No se puede evangelizar de cualquier manera. Para comunicar la fuerza transformadora de Jesús no bastan las palabras, son necesarios los gestos. Evangelizar no es solo hablar, predicar o enseñar; menos aún, juzgar, amenazar o condenar. Es necesario actualizar, con fidelidad creativa, los signos que Jesús hacía para introducir la alegría de Dios haciendo más dichosa la vida dura de aquellos campesinos.

A muchos contemporáneos la palabra de la Iglesia los deja indiferentes. Nuestras celebraciones los aburren. Necesitan conocer más signos cercanos y amistosos por parte de la Iglesia para descubrir en los cristianos la capacidad de Jesús para aliviar el sufrimiento y la dureza de la vida.

¿Quién querrá escuchar hoy lo que ya no se presenta como noticia gozosa, especialmente si se hace invocando el evangelio con tono autoritario y amenazador? Jesucristo es esperado por muchos como una fuerza y un estímulo para existir, y un camino para vivir de manera más sensata y gozosa. Si solo conocen una «religión aguada» y no pueden saborear algo de la alegría festiva que Jesús contagiaba, muchos seguirán alejándose.

José Antonio Pagola

 

 

 

«Jaunaren Bataioa – Bautismo del Señor», José A. Pagola

C (Lukas 3,15-16.21.22)
por Coordinador Grupos de Jesús

ESPIRITUALITATE BERRIA – NUEVA ESPIRITUALIDAD

«Espiritualitatea» ez da hitz jatorra. Batzuei baliorik ez duen zerbait iradokitzen die, bizitza errealetik at dagoen zerbait. Zertarako dateke on? Axola duena gauza zehatza da, gauza praktikoa, materiala, eta ez espiritualik ezer.

Halaz guztiz, pertsonaren «espiritua» baliozkotzat emana da egungo gizartean, zeren haren bizitzako gauzarik sakonena eta erabakitzaileena adierazten baitu: hura animatzen duen sua, haren inspirazio sakonena, gainerakoei kutsatzen diena, pertsona hori munduan ezartzen ari dena.

Espirituak arnasten ditu gure egitasmoak eta konpromisoak, eratzen ditu balioez gure horizontea eta gure esperantza. Nolakoa gure espiritua, halakoa gure espiritualitatea. Eta halakoak izanen dira gure erlijioa eta gure bizitza osoa ere.

Lehen kristauek guri eskualdatu testuek agertzen digute ezen «mugimendu espiritual» indartsu bezala bizi zutela Jesu Kristorekiko fedea. Jesusen Espirituaren bizilekutzat zuten bere burua. Espiritu horrengan bataiatua izan dena bakarrik da kristau. «Kristoren Espiritua ez duena ez da haren ikasle». Espiritu horrek arnasturik, beste era batean bizi zuten guztia.

Haien baitan lehenik aldatzen den gauza Jainkoarekiko esperientzia da. Ez dira bizi jada «esklaboen espirituaz»,Jainkoarekiko beldurraz estu, baizik «seme-alaben espirituaz», Aitak baldintzarik gabe eta mugarik gabe maite dituela sentituz. Jesusen Espirituak bihotz barnetik eginarazten die oihu hau: Abba, Aita! Esperientzia hau da Jesusen elkarteetan kide guztiek lortu beharko luketen lehenengo gauza.

Erlijioa bizitzeko era ere aldatu egin da haiengan. Beren burua ez dute sentitzen jadanik «legearen gatibu», arauen eta aginduen mendeko, baizik maitasunak askaturiko. Ezagutu zuten zer den «espiritu berriaz» bizitzea, maitasunaren deia entzunez, eta ez «letra zaharraren arabera», betebehar erlijiosoak betetzeari emanik. Horra guztion artean kristau-elkarteetan zaindu eta sustatu beharko genukeen bizigiroa, baldin eta Jesus bezala bizi nahi badugu.

Orobat aurkitu zuten Jainkoarekiko kultuaren benetako edukia. Aitari atsegin zaiona, ez dira maitasunik gabeko errituak, baizik «espirituaren eta egiaren arabera» bizi gaitezen. Jesusen espirituaren eta haren ebanjelioaren egiaren arabera bizitako bizia da kristauentzat beren benetako «kultu espirituala».

Ez genuke ahaztu behar Tartsoko Paulok bere elkarteei esaten zien hau: «Ez itzali zeuen baitan Espiritua». Itzalia den elizak, Kristoren espiriturik gabe denak, ezin bizi du, ez komunikatu, haren egiazko Berritasuna. Ezin dastatu du, ez kutsatu, haren Berri Ona. Kristau-espiritualitatea zaintzea gure erlijioa biziberritzea da.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Bautismo del Señor –

C (Lucas 3,15-16.21.22)
por Coordinador Grupos de Jesús

NUEVA ESPIRITUALIDAD

«Espiritualidad» es una palabra desafortunada. Para muchos solo puede significar algo inútil, alejado de la vida real. ¿Para qué puede servir? Lo que interesa es lo concreto y práctico, lo material, no lo espiritual.

Sin embargo, el «espíritu» de una persona es algo valorado en la sociedad moderna, pues indica lo más hondo y decisivo de su vida: la pasión que la anima, su inspiración última, lo que contagia a los demás, lo que esa persona va poniendo en el mundo.

El espíritu alienta nuestros proyectos y compromisos, configura nuestro horizonte de valores y nuestra esperanza. Según sea nuestro espíritu, así será nuestra espiritualidad. Y así será también nuestra religión y nuestra vida entera.

Los textos que nos han dejado los primeros cristianos nos muestran que viven su fe en Jesucristo como un fuerte «movimiento espiritual». Se sienten habitados por el Espíritu de Jesús. Solo es cristiano quien ha sido bautizado con ese Espíritu. «El que no tiene el Espíritu de Cristo no le pertenece». Animados por ese Espíritu, lo viven todo de manera nueva.

Lo primero que cambia radicalmente es su experiencia de Dios. No viven ya con «espíritu de esclavos», agobiados por el miedo a Dios, sino con «espíritu de hijos» que se sienten amados de manera incondicional y sin límites por un Padre. El Espíritu de Jesús les hace gritar en el fondo de su corazón: ¡Abbá, Padre! Esta experiencia es lo primero que todos deberían encontrar en las comunidades de Jesús.

Cambia también su manera de vivir la religión. Ya no se sienten «prisioneros de la ley», las normas y los preceptos, sino liberados por el amor. Ahora conocen lo que es vivir con «un espíritu nuevo», escuchando la llamada del amor y no con «la letra vieja», ocupados en cumplir obligaciones religiosas. Este es el clima que entre todos hemos de cuidar y promover en las comunidades cristianas, si queremos vivir como Jesús.

Descubren también el verdadero contenido del culto a Dios. Lo que agrada al Padre no son los ritos vacíos de amor, sino que vivamos «en espíritu y en verdad». Esa vida vivida con el espíritu de Jesús y la verdad de su evangelio es para los cristianos su auténtico «culto espiritual».

No hemos de olvidar lo que Pablo de Tarso decía a sus comunidades: «No apaguéis el Espíritu». Una iglesia apagada, vacía del espíritu de Cristo, no puede vivir ni comunicar su verdadera Novedad. No puede saborear ni contagiar su Buena Noticia. Cuidar la espiritualidad cristiana es reavivar nuestra religión.

José Antonio Pagola

 

 

Jaunaren Epifania – Epifanía del Señor – José A. Pagola

C (Mateo 2,1-12)
Evangelio del 06/ene/2016

por Coordinador Grupos de Jesús

KONTAKIZUN TXUNDIGARRIA – RELATO DESCONCERTANTE

Jesusen aurrean jarrera oso desberdinak har daitezke. Hiru lagun-taldek izan duten erreakzioaz mintzo zaigu magoen kontakizuna. Batetik, pagano batzuk Jesusen bila dabiltza, izar baten argi txiki batek gidaturik. Bestetik, Tenpluko erlijioaren ordezkariak ageri dira, haurraren arazoa bost axola zaiela. Hirugarren, Herodes errege boteretsua, soilik arriskua ikusten du Jesusengan.

Magoak ez dira Israel herri aukeratuko kide. Ez dute ezagutzen Israelgo Jainko bizia. Ez dakigu ezer, ez haien erlijioaz, ez haien jatorri-herriaz. Hau dakigu soilik: kosmosean den misterioaz erne bizi direla. Egiaren bila dabil haien bihotza.

Halako batean, argi txiki bat ikusi dutela uste dute, Salbatzaile bat iradokitzen duen argia. Zein den eta non dagoen jakin-mina sentitu dute, eta, berehala, bideari ekin diote. Ez dakite, juxtu, zein ibilbide egin behar duten, baina beren barnean sutan dute esperantza, munduarentzat Argi bat aurkituko duten esperantza.

Haiek Jerusalem hiri santura iritsi izanak izu-ikara eragin du hiri osoan. Herodesek deiturik, «hiriko apaiz nagusien eta lege-maisuen» Kontseilua bildu da. Txundigarria da Kontseilukoen jokabidea. Egiazko erlijioaren zaindari dira, baina ez dabiltza egiaren bila. Tenpluko Jainkoa ordezten dute, baina sorgor bizi dira haren deiarekiko.

Itsu bihurtu ditu beren segurtasun erlijiosoak. Badakite Mesias non den jaiotzekoa, baina haietako inor ez da hurbilduko Betleemera. Jainkoari kultua eskaintzeari emanik bizi dira, baina ez dute barruntatu Jainkoaren misterioa erlijio guztiak baino handiagoa dela, eta bere bideak dituela bere seme-alaba guztiekin topo egiteko. Ez dute Jesus sekula onartuko.

Herodes erregeak, boteretsu eta astakirten hark, mehatxua bakarrik ikusten du Jesusengan, bere boterearen eta ankerkeriaren kontra. Ahal duen guztia egingo du Jesus garbitzeko. Botere zapaltzaileak «gurutziltzatu» bakarrik egin dezake askapena dakarren hura.

Bitartean, bila jarraitu dute magoek. Ez dira belauniko jarri Herodesen aurrean: ez dute ikusi harengan bera adoratua izateko arrazoi txikienik. Ez dira sartu Jerusalemeko Tenplu handiosean: debekatua dute hara sartzea. Izarraren argi txikiak Betleemeko herri koxkorrera erakarri ditu, botere-gune orotatik urrun.

Hara iristean, hau izan da ikusi duten gauza guzti: «haurra Mariarekin, bere amarekin». Beste ezer ez. Haur bat, distirarik gabe, botererik gabe. Bizitza hauskorra, ama baten arduraren premia duena. Aski izan da hori magoei adoraziora eragiteko.

Txundigarria da kontakizuna. Jainko hau, giza ahuldadean ezkutatua, ezin aurkitu dute boterean kokaturik edo segurtasun erlijiosoan hesiturik bizi direnek. Beste hauei agertzen zaie: argi txiki batzuek gidaturik, gizakiarentzat, bizitzako goxotasunean eta pobretasunean, etengabe esperantza baten bila dabiltzanek.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Evangelio del 06/ene/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

RELATO DESCONCERTANTE

Ante Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos paganos que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.

Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen. Solo que viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca verdad.

En algún momento creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador. Necesitan saber quién es y dónde está. Rápidamente se ponen en camino. No conocen el itinerario preciso que han de seguir, pero en su interior arde la esperanza de encontrar una Luz para el mundo.

Su llegada a la ciudad santa de Jerusalén provoca el sobresalto general. Convocado por Herodes, se reúne el gran Consejo de «los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo». Su actuación es decepcionante. Son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad. Representan al Dios del Templo, pero viven sordos a su llamada.

Su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su misterio es más grande que todas las religiones, y tiene sus caminos para encontrarse con todos sus hijos e hijas. Nunca reconocerán a Jesús.

El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede «crucificar» a quien trae liberación.

Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. No caen de rodillas ante Herodes: no encuentran en él nada digno de adoración. No entran en el Templo grandioso de Jerusalén: tienen prohibido el acceso. La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder.

Al llegar, lo único que ven es al «niño con María, su madre». Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.

El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.

José Antonio Pagola

 

«LOS REYES MAGOS NO SON LOS PADRES, SOMOS NOSOTROS», José Luis Sicre

Escrito por  José Luis Sicre
FE ADULTA

El autor del primer evangelio (el de Mateo), que probablemente vive en Antioquía de Siria, lleva años viviendo una experiencia muy especial: aunque Jesús fue judío, la mayoría de los judíos no lo aceptan como Mesías, mientras que cada vez es mayor el número de paganos que se incorporan a la comunidad cristiana. Algunos podrían interpretar este extraño hecho de forma puramente humana: los paganos que se convierten son personas piadosas, muy vinculadas a la sinagoga judía, pero no se animan a dar el paso definitivo de la circuncisión; los cristianos, en cambio, no les exigen circuncidarse para incorporarse a la iglesia.

Mateo prefiere interpretar este hecho como una revelación de Dios a los paganos. Para expresarlo, se le ocurre una idea genial: anticipar esa revelación a la infancia de Jesús, usando un relato que no debemos interpretar históricamente, sino como el primer cuento de Navidad. Un cuento precioso y de gran hondura teológica. Y que nadie se escandalice de esto. Las parábolas del hijo pródigo y del buen samaritano son también cuentecitos, pero han cambiado más vidas que infinidad de historias reales.

La estrella

Los antiguos estaban convencidos de que el nacimiento de un gran personaje, o un cambio importante en el mundo, era anunciado por la aparición de una estrella. Orígenes escribía en el siglo III:

“Se ha podido observar que en los grandes acontecimientos y en los grandes cambios que han ocurrido sobre la tierra siempre han aparecido astros de este tipo que presagiaban revoluciones en el imperio, guerras u otros accidentes capaces de trastornar el mundo. Yo mismo he podido leer en el Tratado de los Cometas, del estoico Queremón, que han aparecido a veces en vísperas de algún aconteci­miento favorable; de lo que nos proporciona numerosos ejemplos” (Contra Celso I, 58ss).

Sin necesidad de recurrir a lo que pensasen otros pueblos, la Biblia anuncia que saldrá la estrella de Jacob como símbolo de su poder (Nm 24,17). Este pasaje era relacionado con la aparición del Mesías.

El bueno: los magos

De acuerdo con lo anterior, nadie en Israel se habría extrañado de que una estrella anunciase el nacimiento del Mesías. La originalidad de Mt radica en que la estrella que anuncia el nacimiento del Mesías se deja ver lejos de Judá. Pero la gente normal no se pasa las noches mirando al cielo, ni entiende mucho de astronomía. ¿Quién podrá distinguirla? Unos astrónomos de la época, los magos de oriente.

La palabra “mago” se aplicaba en el siglo I a personajes muy distin­tos: a los sacerdotes persas, a quienes tenían poderes sobrenaturales, a propagandis­tas de religiones nuevas, y a charlatanes. En nuestro texto se refiere a astrólogos de oriente, con conocimientos profundos de la historia judía. No son reyes. Este dato pertenece a la leyenda posterior, como luego veremos.

El malo: Herodes, los sumos sacerdotes y los escribas

La narración, muy sencilla, es una auténtica joya literaria. El arran­que, para un lector judío, resulta dramático. “Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes”. Cuando Mt escribe su evangelio han pasado ya unos ochenta años desde la muerte de este rey. Pero sigue vivo en el recuerdo de los judíos por sus construcciones, su miedo y su crueldad. Es un caso patológico de apego al poder y miedo a perderlo, que le llevó incluso a asesi­nar a sus hijos y a su esposa Mariamme. Si se entera del nacimiento de Jesús, ¿cómo reaccionará ante este competidor? Si se entera, lo mata.

Un cortocircuito providencial

Y se va a enterar de la manera más inesperada, no por delación de la policía secreta, sino por unos personajes inocentes. Mt escribe con asombrosa habili­dad narrativa. No nos presenta a los magos cuando están en Oriente, observando el cielo y las estre­llas. Omite su descubrimiento y su largo viaje.

La estrella podría haberlos guiado directamente a Belén, pero entonces no se advertiría el contraste entre los magos y las autoridades políticas y religiosas judías. La solución es fácil. La estrella desaparece en el momento más inoportuno, cuando sólo faltan nueve kilómetros para llegar, y los magos se ven obligados a entrar en Jerusalén.

Nada más llegar formulan, con toda ingenuidad, la pregunta más compromete­do­ra: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella y venimos a adorarlo”. Una bomba para Herodes.

El contraste

Y así nace la escena central, importantísima para Mt: el sobresalto de Herodes y la consulta a sacerdotes y escribas. La respuesta es inmediata: “En Belén, porque así lo anunció el profeta Miqueas”. Herodes informa a los magos y éstos parten. Pero van solos. Esto es lo que Mt quiere subrayar. Entre las autori­dades políticas y religiosas judías nadie se preocupa por rendir homenaje a Jesús. Conocen la Biblia, saben las respuestas a todos los proble­mas divinos, pero carecen de fe. Mientras los magos han realizado un largo e incómodo viaje, ellos son incapa­ces de dar un paseo de nueve kilómetros. El Mesías es rechazado desde el principio por su propio pueblo, anunciando lo que ocurrirá años más tarde.

Los magos no se extrañan ni desaniman. Emprenden el camino, y la reapari­ción de la estrella los llena de alegría. Llegan a la casa, rinden homenaje y ofrecen sus dones. Estos regalos se han interpretado desde antiguo de manera simbólica: realeza (oro), divinidad (incienso), sepultura (mirra). Es probable que Mt piense sólo en ofrendas de gran valor dentro del antiguo Oriente. Un sueño impide que caigan en la trampa de Herodes.

Los Reyes magos no son los padres, somos nosotros

A alguno quizá le resulte una interpretación muy racionalista del episodio y puede sentirse como el niño que se entera de que los reyes magos no existen. Podemos sentir pena, pero hay que aceptar la realidad. De todos modos, quien lo desee puede interpretar el relato históricamente, con la condición de que no pierda de vista el sentido teológico de Mt. Desde el primer momento, el Mesías fue rechazado por gran parte de su pueblo y aceptado por los paganos. La comunidad no debe extrañarse de que las autoridades judías la sigan rechazando, mientras los paganos se convierten.

La mitificación de la estrella

La estrella ha atraído siempre la atención, y sigue ocupando un puesto capital en nuestros naci­mientos. Mt, al principio, la presenta de forma muy sencilla, cuando los magos afirman: “hemos visto salir su estrella”. Sin embargo, ya en el siglo II, el Protoevangelio de Santiago la aumenta de tamaño y de capacidad lumínica: “Hemos visto la estrella de un resplandor tan vivo en medio de todos los astros que eclipsaba a todos hasta el punto de dejarlos invisibles”. Y el Libro armenio de la infancia dice que acompañó a los magos durante los nueve meses del viaje.

En tiempos modernos incluso se ha intentado explicarla por la conjunción de dos astros (Júpiter y Saturno, ocurrida tres veces en 7/6 a.C.), o la aparición de un cometa (detectado por los astrónomos chinos en 5/4 a.C.). Esto es absurdo e ingenuo. Basta advertir lo que hace la estrella. Se deja ver en oriente, y reaparece a la salida de Jerusalén hasta pararse encima de donde está el niño. Puesta a guiarlos, ¿por qué no lo hace todo el camino, como dice el Libro armenio de la infancia? ¿Y cómo va a pararse una estre­lla encima de una cuna? Para Dios «nada hay imposible», pero dentro de ciertos límites.

El número y nombre de los magos

En el Libro armenio de la infancia (de finales del siglo IV) se dice: “Al punto, un ángel del Señor se fue apresurada­mente al país de los persas a avisar a los reyes magos para que fueran a adorar al niño recién nacido. Y éstos, después de haber sido guiados por una estrella durante nueve meses, llegaron a su destino en el momento en que la Virgen daba a luz… Y los reyes magos eran tres hermanos: el primero Melkon (Melchor), que reinó sobre los persas; el segundo, Baltasar, que reinó sobre los indios, y el tercero, Gaspar, que tuvo en posesión los países de los árabes”. Para Mt, el dato esencial es que no son judíos, sino extranjeros.

Según Justino proceden de Arabia. Luego se impone Persia. En cuanto al número, la iglesia siria habla de doce.

El contraste entre la primera lectura y el evangelio

La liturgia parece ver en el relato de los magos el cumplimiento de lo anunciado en el libro de Isaías (Is 60,1-6).

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!
Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti.
Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti;
tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces lo verás, radiante de alegría;
tu corazón se asombrará, se ensanchará,
cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar
y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos,
de dromedarios de Madián y de Efá.
Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro,
y proclamando las alabanzas del Señor.

Sin embargo, la relación es de contraste. En Isaías, la protagonista es Jerusalén, la gloria de Dios resplandece sobre ella y los pueblos paganos le traen a sus hijos, los judíos desterrados, la inundan con sus riquezas, su incienso y su oro. En el evangelio, Jerusalén no es la protagonista; la gloria de Dios, el Mesías, se revela en Belén, y es a ella adonde terminan encaminándose los magos. Jerusalén es simple lugar de paso, y lugar de residencia de la oposición al Mesías: de Herodes, que desea matarlo, y de los escribas y sacerdotes, que se desinteresan de él.

 

José Luis Sicre

 

 

«PREGUNTAS DE AÑO NUEVO», José A. Pagola

Hoy comenzamos un «año nuevo». ¿Cómo será?, ¿qué espero yo del nuevo año?, ¿qué deseo de verdad?, ¿qué es lo que necesito?, ¿a qué dedicaré mi tiempo más precioso e importante?, ¿qué sería para mí algo realmente nuevo y bueno en este año que hoy comienza?

¿Viviré de cualquier manera, pasando de una ocupación a otra, sin saber exactamente qué quiero ni para qué vivo, o aprenderé a distinguir lo importante y esencial de lo que es secundario? ¿Viviré de forma rutinaria y aburrida, o aprenderé a vivir con espíritu más creativo?

¿Seguiré este año alejándome un poco más de Dios o empezaré a buscarlo con más confianza y sinceridad? ¿Seguiré un año más mudo ante él, sin abrir mis labios ni mi corazón, o brotará por fin de mi alma maltrecha una invocación pequeña, humilde pero sincera?

¿Viviré también este año preocupado solo por mi bienestar o sabré preocuparme alguna vez de hacer felices a los demás?, ¿a qué personas me acercaré?, ¿sembraré en ellas alegría, o contagiaré desaliento y tristeza? Por donde yo pase, ¿será la vida más amable y menos dura?

¿Será un año más, dedicado a hacer cosas y más cosas, acumulando egoísmo, tensión y nerviosismo o tendré tiempo para el silencio, el descanso, la oración y el encuentro con Dios?, ¿me encerraré solo en mis problemas o viviré tratando de hacer un mundo más humano y habitable?

¿Seguiré con indiferencia las noticias que día a día me llegarán desde los países del hambre?, ¿contemplaré impasible los cuerpos destrozados de las gentes de Irak o los ahogados de las pateras?, ¿seguiré mirando con frialdad a los que vienen hasta nosotros buscando trabajo y pan? ¿Cuándo aprenderé a mirar a los que sufren con corazón responsable y solidario?

Lo «nuevo» de este año no nos vendrá de fuera. La novedad solo puede brotar de nuestro interior. Este año será nuevo si aprendo a creer de manera nueva y más confiada, si encuentro gestos nuevos y más amables para convivir con los míos, si despierto en mi corazón una compasión nueva hacia los que sufren.

 

José Antonio Pagola

 

 

«Eguberri ondoko 2. igandea – 2º domingo después de Navidad», José A. Pagola

C (Juan 1,1-18)
Evangelio del 03/ene/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

JESUS BERRESKURATU – RECUPERAR A JESÚS

Fededunok irudi asko eta askotarikoak izan ohi ditugu Jainkoaz. Haurtzarotik hartaz ikusmoldea eginez joan gara; horretan, batez ere, katekistei eta predikariei entzun izan dugunak baldintzatu gaitu, eta etxean eta ikastetxean irakatsi digutenak, edota ospakizun eta egintza erlijiosoetan bizi izan dugunak.

Jainkoaz sortu izan ditugun irudi hauek guztiak ez-beteak dira eta eskasak; behin eta berriz, bizitzan, irudi horiek garbi egiten saiatu beharra izan dugu. Ezin ahaztu dugu hori. Joanen ebanjelioak biribilki gogorarazi digu biblia-tradizio osoa kutsatzen duen konbentzimendu hau: «Jainkoa ez du inork inoiz ikusi».

Teologoak asko mintzo dira Jainkoaz, gehiegi ere bat, gehienetan: ematen du dena dakitela hartaz; egiaz, ordea, teologo bakar batek ere ez du ikusi Jainkoa. Gauza bera esan behar da predikariez eta gidari erlijiosoez: segurtasun ia erabatekoaz mintzo ohi dira; ematen du ezen beren barruan ez dutela inolako dudarik; egiaz, ordea, haietako inork ez du ikusi Jainkoa.

Beraz, nola garbi egin Jainkoaz ditugun irudiak, haren misterio santua ez desitxuratzeko? Joanen ebanjelio berak gogorarazten digu Jainkoaz kristau-fedeak duen  konbentzimendua zertan sostengatzen den. Jesusek bakarrik, Jainkoaren Seme bakarra den horrek «eman du ezagutzera». Inon ez digu agertzen Jainkoak bere bihotza, ez erakusten bere aurpegia Jesusen baitan bezala.

Jainkoak ez digu agertu bere burua irakaspen eta formula teologikoez, baizik Jesusen maitasun-bizitzaz, haren portaeraz eta mezuaz, heriotzarainoko bere buru-eskaintzaz eta piztueraz. Jainkoagana hurbildu nahi badugu, gizonagana hurbildu beharra dugu zeinengan atera baitzaigu bidera.

Kristautasunak, Jesusi ezjakinarena egin eta hura alde batera uzten duenean, egiazko Jainkoaz urruntzeko arriskua bizi ohi  du; gainera, haren ordez, irudi nahasgarriak hartzeko arriskua izan ohi du: haren aurpegia desitxuratzen duten irudiak; beste mundu bat, libreagoa, zuzenagoa eta haurridetsuagoa eraikitzeko egitasmoan parte hartzea eragozten diguten irudiak. Horregatik dugu hain premiatsua Jesus berriro geure egitea.

Ez da aski Jesus teoriaz edo doktrinaz aitortzea. Guztiok dugu ebanjelioetara era zehatzagoan eta bizi-giroan hurbilduz Jesus ezagutu beharra, haren egitasmoaren ildoari atxiki beharra, haren espirituak anima gaitzan utzi beharra, Aitarekin dituen harremanetan bat egin beharra, egunez egun hari hurbiletik jarraitu beharra. Horixe da bere fedea garbi eginez bizi den elkarte baten zeregin zoragarria.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 domingo después de Navidad – C (Juan 1,1-18)
Evangelio del 03/ene/2016
por Coordinador Grupos de Jesús

RECUPERAR A JESÚS

Los creyentes tenemos múltiples y muy diversas imágenes de Dios. Desde niños nos vamos haciendo nuestra propia idea de él, condicionados, sobre todo, por lo que vamos escuchando a catequistas y predicadores, lo que se nos transmite en casa y en el colegio o lo que vivimos en las celebraciones y actos religiosos.

Todas estas imágenes que nos hacemos de Dios son imperfectas y deficientes, y hemos de purificarlas una y otra vez a lo largo de la vida. No lo hemos de olvidar nunca. El evangelio de Juan nos recuerda de manera rotunda una convicción que atraviesa toda la tradición bíblica: «A Dios no lo ha visto nadie jamás».

Los teólogos hablamos mucho de Dios, casi siempre demasiado; parece que lo sabemos todo de él: en realidad, ningún teólogo ha visto a Dios. Lo mismo sucede con los predicadores y dirigentes religiosos; hablan con seguridad casi absoluta; parece que en su interior no hay dudas de ningún género: en realidad, ninguno de ellos ha visto a Dios.

Entonces, ¿cómo purificar nuestras imágenes para no desfigurar de manera grave su misterio santo? El mismo evangelio de Juan nos recuerda la convicción que sustenta toda la fe cristiana en Dios. Solo Jesús, el Hijo único de Dios, es «quien lo ha dado a conocer». En ninguna parte nos descubre Dios su corazón y nos muestra su rostro como en Jesús.

Dios nos ha dicho cómo es encarnándose en Jesús. No se ha revelado en doctrinas y fórmulas teológicas sublimes sino en la vida entrañable de Jesús, en su comportamiento y su mensaje, en su entrega hasta la muerte y en su resurrección. Para aproximarnos a Dios hemos de acercarnos al hombre en el que él sale a nuestro encuentro.

Siempre que el cristianismo ignora a Jesús o lo olvida, corre el riesgo de alejarse del Dios verdadero y de sustituirlo por imágenes distorsionadas que desfiguran su rostro y nos impiden colaborar en su proyecto de construir un mundo nuevo más liberado, justo y fraterno. Por eso es tan urgente recuperar la humanidad de Jesús.

No basta con confesar a Jesucristo de manera teórica o doctrinal. Todos necesitamos conocer a Jesús desde un acercamiento más concreto y vital a los evangelios, sintonizar con su proyecto, dejarnos animar por su espíritu, entrar en su relación con el Padre, seguirlo de cerca día a día. Esta es la tarea apasionante de una comunidad que vive hoy purificando su fe. Quien conoce y sigue a Jesús va disfrutando cada vez más de la bondad insondable de Dios.

José Antonio Pagola

 

«DIOS ES ENCARNACIÓN Y AL ENCARNARSE SE HACE PALABRA, EXPRESIÓN DE SU SER», Fray Marcos

Jn 1, 1-18

Por dos veces en este corto tiempo de Navidad, nos propone la liturgia este evangelio. Ni en dos ni en diez homilías agotaríamos el contenido de esta página de la Escritura; sin duda la más sublime que se haya escrito nunca. Por eso mismo es tan difícil de comprender. Cualquier explicación que demos, será siempre provisional y limitada porque solo la experiencia interior nos puede aproximar y nunca llegaremos a comprender del todo.

La tercera frase podría traducirse por “un ser divino era el proyecto”, puesto que “Theos” no lleva artículo. Ese inconsciente cambio de perspectiva, demuestra la dificultad que seguimos teniendo para aceptar, en toda su dimensión, el misterio de la encarnación. No terminamos de creernos que Dios se ha hecho hombre, y hacemos decir al evangelio lo que no dice. Haciendo Dios a Jesús nos dispensamos de aceptar a un Dios fundido con lo humano. No es el hombre el que tiene que escalar las alturas del cielo, ha sido Dios el que se ha abajado y ha compartido su ser con el hombre. Eso es lo que significa la encarnación. Por medio de Jesús, podemos llegar a saber lo que es Dios. Pero un Dios que no está ya en la estratosfera, ni en los templos sino en el hombre en todo ser humano.

«… estaba junto a Dios«: Esta frase expresa a la vez dos cosas: Proximidad y distinción. El (pros ton theon) sería: estaba «junto a», «vuelto hacia» Dios. El adverbio «pros» puede tener sentido estático o dinámico, de compañía o de movimiento. El sentido más aproximado sería: En íntima unión con Dios, Fruto de una relación, sin considerarlo absolutamente idéntico a Él. Recordemos que el mismo Jn nos dice: «El Padre es mayor que yo». Aunque también dice: «Yo y el Padre somos uno». Para un judío era imposible aceptar otro ser equiparado a Dios. Para ellos Dios era el único y totalmente otro. En cambio para los griegos, el peligro estaba en interpretar la existencia de otro ser igual a Dios como politeísmo. La primera comunidad cristiana se desarrolló entre las dos culturas. Y tuvo mucha dificultad para expresar la realidad de Jesús en relación a Dios.

“En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres”. Otro texto que solemos entender al revés. La ilumina­ción viene precisamente porque ha llegado la Vida. Esta idea va más allá de la mentalidad judía. Para ellos la Ley era la luz que ilumina y salva. Sin luz (Ley) no podía haber vida (salvación). La idea de que la Vida es anterior a la luz, es clave para entender el evangelio de Juan. Dios por medio de la Palabra, comunica la Vida, y es esta Vida la que da luz, la que permite la comprensión de lo que es Jesús y de lo que es Dios. Se entiende mal a Jn, si se quiere ver en Jesús un maestro de verdades que dan vida. Jesús es dador de Vida, porque nos hace descubrir la que el Padre le ha dado a él.

Vino a su casa, pero los suyos no la acogieron. Con frecuencia nos pasamos por alto esta seria advertencia repetida tres veces en distintos versículos. En Jesús se hizo patente esa presencia de Dios, pero a pesar de ello, muy pocos de los que estaban a su alrededor fueron capaces de descubrir esa presencia. Hasta a los más íntimos, que vivieron con él durante años, les costó Dios y ayuda descubrir la realidad de Jesús. Hoy la culpa de que el mundo siga sin reconocer a Jesús, la tenemos los que decimos seguirle. Hablamos demasiado de Jesús, pero la verdad es que a la hora de vivir como él, dejamos mucho que desear. Si todos los que nos llamamos cristianos viviéramos como él vivió, todo cambiaría.

“Pero a cuantos le recibieron les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre”. Recibir a Cristo significa creer en él, identificarse con él, repetir la actitud y la relación con Dios que él mismo tuvo. “Les dio poder para ser hijos de Dios”, no quiere decir que, desde fuera se haya añadido algo a lo que eran. Se trata de un descubrimiento y vivencia de una realidad que está en todos y cada uno de los seres humanos. No se trata de negar la originalidad de Jesús. Jn deja muy clara la diferencia entre ser Hijo referido a Jesús y ser hijos, referido a nosotros. Determinar esa diferencia es una de las claves para poder entender todo el mensaje de Juan. «Subo a mi Padre y vuestro Padre…»

En el AT, el título de hijo de Dios se aplicaba: a) A los ángeles. b) Al rey. c) Al pueblo judío en su conjunto. Ninguna de estas ideas sirve para comprender lo que Juan quiere decir. Los primeros cristianos “Hijo de Dios” lo entienden en sentido mesiánico, el enviado a cumplir una tarea de salvación. Nada que ver con la generación ni con su identidad sustancial con la divinidad. El mensaje de Jn va más allá de todo lo que podemos encontrar en el AT y en la primera comunidad sobre un Mesías Salvador. Este lenguaje es fruto de setenta años de experiencia mística cristiana y muestra una comprensión de Jesús que no podían tener los apóstoles ni sus primeros seguidores.

A pesar de lo dicho, la raíz de la idea de Hijo que Jn quiere trasmitirnos, hay que buscarla en la Sabiduría de los libros sapienciales. Como veíamos en la primera lectura de hoy, la Sabiduría, existía antes de la creación, participaba de la vida divina y era el agente de la creación y salvación. Esta idea unida a la cristolo­gía mesiánica da origen a la genial visión de Juan: «Hijo de Dios» o simplemente «el Hijo». El ser preexistente, vuelto hacia el Padre, que se hace carne para llevar a cabo el encargo (proyecto) del Padre: hacernos hijos. Para la mentalidad semita, hijo es aquel cuya actividad corresponda a la del Padre. En el 5,19 dice Jesús: «Un hijo no puede hacer nada que no vea hacer al Padre».

Tenemos aquí una perspectiva nueva para entender lo que quiere decir el NT con los conceptos de Padre e Hijo. Para un semita, era verdadero hijo el que obedecía en todo al Padre; el que salía al padre. Cuando a una persona se le quería introducir en el ámbito de la familia se le llamaba hijo. Lo más importante de ser hijo, no es la dependencia biológica, sino actuar como el padre actúa. Que Jesús es Hijo de Dios no lo adivinamos porque comprendamos su naturaleza, sino por ver que actúa como Dios. Nacer de Dios sería actuar como Dios. El seguimiento nos capacita para actuar como Dios. Esto es lo que hizo Jesús.

“Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios”. Jn no da ninguna importancia a la procedencia biológica de Jesús. Después de dejar clara su preexistencia, comienza su evangelio con el verdadero nacimiento, el del Espíritu. Dice el Bautista: “Yo he visto al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre él”. Aquí se deja claro que la generación biológica no tiene ninguna importancia. Lo que verdaderamente importa es nacer de Dios. A Nicodemo le dice Jesús: “Hay que nacer de agua y de Espíritu”; “Lo que nace de la carne es carne…”

“Y la Palabra se hizo carne…” Carne es el hombre sometido a su debilidad, pero susceptible de recibir el Espíritu. Carne no es lo contrario de espíritu, sino la posibilidad de que el espíritu se manifieste. En la antropología judía no existía el concepto de alma y cuerpo. Para ellos el ser humano era un todo indivisible; pero se podía descubrir en él distintos aspectos: hombre carne, hombre cuerpo, hombre alma, hombre espíritu. Cuando nos dice que “se hizo carne”, quiere decir que la Palabra asumió la humanidad en su totalidad hasta lo más bajo del ser humano. Quiere decir que la revelación definiti­va de Dios, no es una sombra, un sueño, una ilusión óptica, sino una realidad tangible.

La revelación de Dios no es una enseñanza, sino su misma persona. Al hacerse carne, la Palabra ni dejó de ser Palabra, ni dejó de ser Dios. Al contrario, al hacerse carne la Palabra desarrolla su función al máximo. La finalidad de la palabra es comunicar. En la encarnación Dios se comunica de modo insuperable. En la encarnación la Palabra sigue siendo Dios, pero manifestado, Dios-con-nosotros. El hombre entero es la nueva localización de la presencia de Dios. Ya no debemos buscar a Dios en la tienda del encuentro ni el templo, sino en el hombre.

 

Meditación-contemplación

La luz brilla más en la tiniebla.
Es la tiniebla la que necesita de la luz.
Nos pasamos la vida maldiciendo de las tinieblas que nos rodean,
pero hacemos muy poco por iluminar esa tiniebla.
………………………

Tu vida es la que tiene que ser luz que ilumina.
La Vida de Dios que te atraviesa
tiene que reflejarse en todo momento.
Mientras más oscuridad haya, más preciosa será tu luz.
……………………

La lámpara no tiene que hacer nada para iluminar,
solo dejar que la corriente le atraviesa.
No pienses que eres tú el que tienes que iluminar.
Es la Vida de Dios la que se hace luz en ti.
…………………

 

Fray Marcos

 

Navidad mística: Concebir a Dios, nacer de Dios (con Juan de la Cruz)

Blog de Xabier Pikaza
Religión Digital

Navidad es la celebración del Dios que nace como hombre (de los hombres). Cada uno somos así «belén», somos Nacimiento de Dios, quizá algo borroso (como la catedral de Salamanca en el espejo ondulado del río, que disloca un poco su figura sin desfigurarla).

Eso significa que los hombres «concebimos» a Dios y que Dios nace en nosotros (no simplemente porque le concebimos, como si fuera invento nuestro, que lo es), sino porque él es Dios , y nos da el poder de concebirle (es decir, de inventarle, es decir, de encontrarle, de invenio), en el sentido más profundo del término, inventándonos así y descubriéndonos a nosotros mismos.

Éste es un misterio de amor, que sólo en amor puede formularse, como sabe San Juan de la Cruz cuando dice: “Más vive el alma donde ama que en el cuerpo donde anima” (CB 8, 3).

Estas palabras constituyen la mejor definición de la Navidad, que es nacer y vivir en el amado: Dios en los hombres, los hombres en Dios, unos hombres en otros. El amante nace y habita en aquel a quien ama. Así nace Dios y así vive en nosotros.

Así vivimos nosotros en Dios: le concebimos, viviendo unos en otros, conforme a la palabra audaz y hermosa de San Juan de la Cruz, que ahora comentamos, siguiendo el texto de un libro dedicado al tema: Amor de Hombre, Dios enamorado . Animarse a nacer, nacer de nuevo, dar y recibir la vida, para compartirla: eso es Navidad

1. La Navidad es esta fiesta del Dios enamorado.

Vivir es quererse, comunicándose el aliento. Por eso, vivir en Navidad es un milagro: ¿Cómo mantenernos y seguir (animando nuestro cuerpo), si sabemos que nuestra realidad más honda se halla fuera de nosotros? ¿Cómo vivirá en sí la amante si tiene su vida en el Amado? (CB 8):

Mas ¿cómo perseveras,
¡oh vida! no viviendo donde vives,
y haciendo por que mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del Amado en ti concibes?

¿Cómo perseveras…? La vida es un milagro, lo más frágil, lo más fuerte: (1) El amor es frágil, siempre inmerecido, transitorio, temeroso de la muerte, que al fin siempre llega. (2) El amor es duradero, poderoso, vencedor sobre la muerte, fuente de resurrección , como irá mostrando el resto del poema. Para situarlo mejor empezaremos retomando las tres palabras centrales de este canto:

2. Los versos del canto

1.Vida: “Mas ¿cómo perseveras, oh vida, no viviendo donde vives…?”. Estos versos definen al amante, hombre o mujer (como hacían los poemas de amor del renacimiento), presentándole como alguien que habita fuera de sí mismo, de manera que su misma existencia (su perseverancia) es un milagro.

Por eso, la amante se admira y pregunta: No sabe cómo puede vivir dislocada, fuera de su sitio. Todo amante es vagabundo, un pobre que no tiene donde reclinar su cabeza, pues sólo vive en el Amado, como SJC ha supuesto en Noche 8 y como afirma, en otra perspectiva, Mt 8, 20.

2. Muerte: “Y haciendo porque mueras las flechas que recibes…”. Un antiguo mito griego representa al Amor como un niño o joven ciego (con ojos vendados) que empuña el arco y dispara sus flechas, de un modo que parece descuidado, pero siempre certero. Así pudo verlo SJC en la escalera principal de su Universidad de Salamanca.

Las flechas del amor evocan la guerra más honda en que los hombres y mujeres se buscan, se hieren y se curan, perdiendo y ganando su vida. La amante sabe que la flecha de amor tendría que haberle matado y, sin embargo, ella vive.

3. Concepción: “De lo que del Amado en ti concibes”. Las flechas provienen de un amado que está dentro y penetran en el mismo corazón de la amante (como supone el signo de la transverberación de Santa. Teresa: estatua de Bernini, en Roma). Esas flechas provienen de fuera, viniendo de dentro: de la misma idea interna de la amante que concibe y engendra en sí al Amado. El conocimiento de amor se define y presenta, según eso, como fecundidad y concepción amorosa: mente y corazón de quien ama son todo el universo.

3. Navidad, concebir a Dios

La Biblia identifica conocimiento personal y encuentro enamorado: así dice que Adán “conoció” a su mujer y que ella dio a luz un hijo (Gen 4, 1). En esa línea se sitúa nuestra amante, diciendo que las flechas del Amor arquero le han fecundado, de forma que alumbra con dolor, aunque de un modo insuficiente: concibe de la idea del Amado (dentro) más que del Amado en sí (fuera). Pero ¿qué es dentro y es fuera? ¿Dónde vive ella en verdad? En ese contexto ha formulado San Juan de la Cruz su más honda verdad antropológica:

El alma más vive donde ama que en el cuerpo donde anima,
porque en el cuerpo ella no tiene su vida,
antes ella la da (vida) al cuerpo,
y ella vive por amor en lo que ama.
Pero, demás de esta vida de amor,
por el cual vive en Dios el alma que le ama,
tiene el alma su vida radical y naturalmente
– como también todas las cosas criadas –
en Dios, según aquello de San Pablo, que dice:
en él vivimos, y nos movemos y somos…
Y como el alma ve que tiene su vida natural en Dios
por el ser que en Él tiene,
y también su vida espiritual por el amor con que le ama,
quéjase y lastímase que puede tanto
una vida tan frágil en cuerpo mortal, que la impida
vivir una vida tan fuerte, verdadera y sabrosa
como vive en Dios por naturaleza y amor.
(Cf. Hech 17, 28. Coment 8, 3).

La forma exterior de este pasaje es poética en sentido simbólica y distingue una vida corporal, con el alma animadora (que alienta en el cuerpo), y una más alta o de Dios, donde encontramos a su vez dos planos, uno natural (ser en Dios, por inmersión de esencia) y otro espiritual (comunicarse en Dios, por comunión de amor, de gracia).

4. Navidad. Las tres vidas del hombre

Desarrollando esas intuiciones anteriores, podemos distinguir tres vidas, distintas y vinculadas:

1.Vida corporal, el regalo de la Vida. El hombre es viviente del mundo: alma “animadora” de un cuerpo emparentado con plantas y animales, en fragilidad y riesgo. Sin embargo, “el alma vive más donde ama que en el cuerpo donde anima”: está más cerca de aquellos con quienes comparte su afecto, que del cuerpo al que mueve; más vive en los amigos (sobre todo en el Amado) que en sí misma, como sabía el Cantar y como sabe nuestra amante, que es capaz de regalar su vida a los amigos (al Amado), muriendo por ellos, pues en ellos vive, en esperanza de resurrección.

2.Vida natural en Dios, inmersión divina. En este nivel, SJC comparte una teoría común del pensamiento teológico antiguo, presente incluso en muchos no cristianos (platónicos, estoicos…), que se trasluce en Hech 17, 28 («en Dios vivimos, nos movemos y somos») y en Jn 1, 4, citado por SJC («todo lo que fue hecho era Vida en Dios») . Esto significa que el hombre vive de una forma natural en Dios, pues Dios es Vida de todos los seres y, de un modo especial, de los hombres que se saben inmersos en su esencia .

3.Vida espiritual en Dios,
comunión de personas. En este nivel se despliega la vida más honda, en sentido dialogal o comunión de amor, como iremos indicando en lo que sigue. El hombre no está inmerso en lo divino por naturaleza (como en el plano anterior), sino que comparte en Dios (con Dios) la vida, en comunicación personal, de entrega, de regalo mutuo. En este nivel se sitúan las palabras centrales de SJC, que venimos comentando: “Más vive el alma donde ama que en el cuerpo donde anima, porque en el cuerpo ella no tiene su vida, antes ella la da al cuerpo, mientras que ella vive por amor en lo que ama”.