Domingo de la octava de Navidad. Sagrada Familia

Lecturas
Gen 15, 1-6; 21, 1-3  
Sal 104, 1b-9  
Hb 11, 8. 11-12. 17-19  
Lc 2, 22-40

EN NAVIDAD Y EN FAMILIA.

      Nuestra tradición, más reciente de lo que parece, une con fuerza la navidad y la familia. Días de encuentros y de reconciliaciones, de disfrute por estar y sabernos juntos y, si cristianos todos, hasta de alegría por estar unidos y salvados. Con todo, la coincidencia de muchos y diversos también facilita las tensiones y enfrentamientos y, más que nada, las frustraciones por las expectativas puestas y el corto resultado.

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ORAR CON EL EVANGELIO (lC.2, 22-40)

  

PREGÓN  DE  NAVIDAD. 

¡Despertar!, herman@s, despertar!Oíd que el silencio de la noche se rasga,
Y la Palabra se hace carne, se hace hombre
Y cumple las promesas anunciadas desde siempre.

El Señor, nuestra justicia,
El jefe de Israel,
Ha cruzado las puertas, está aquí. Celebramos su venida.
Porque se hace carne, se hace niño.
En Judá de Belén.
Tenemos la señal entre nosotr@s
La Virgen está encinta, y da a luz un hijo.
EMANUEL. DIOS CON NOSOTROS.
¡Despertar del sueño, despertar! 

¿No esperabais la luz?
Ved la noche rasgarse en resplandores
Porque llega la luz.  

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domingo de la octava de Navidad. 28 de diciembre

28 de diciembre de 2008Domingo en la octava de Navidad. SAGRADA FAMILIA.Gen 15, 1-6; 21, 1-3   Sal 104, 1b-9   Hb 11, 8. 11-12. 17-19   Lc 2, 22-40          EN NAVIDAD Y EN FAMILIA.      Nuestra tradición, más reciente de lo que parece, une con fuerza la navidad y la familia. Días de encuentros y de reconciliaciones, de disfrute por estar y sabernos juntos y, si cristianos todos, hasta de alegría por estar unidos y salvados. Con todo, la coincidencia de muchos y diversos también facilita las tensiones y enfrentamientos y, más que nada, las frustraciones por las expectativas puestas y el corto resultado.
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Orar con el evangelio: Pregón de Navidad

  

PREGÓN  DE  NAVIDAD. 

¡Despertar!, herman@s, despertar!Oíd que el silencio de la noche se rasga,
Y la Palabra se hace carne, se hace hombre
Y cumple las promesas anunciadas desde siempre.

El Señor, nuestra justicia,
El jefe de Israel,
Ha cruzado las puertas, está aquí. Celebramos su venida.
Porque se hace carne, se hace niño.
En Judá de Belén.
Tenemos la señal entre nosotr@s
La Virgen está encinta, y da a luz un hijo.
EMANUEL. DIOS CON NOSOTROS.
¡Despertar del sueño, despertar! 

¿No esperabais la luz?
Ved la noche rasgarse en resplandores
Porque llega la luz.  

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Domingo 21 de diciembre – IV de adviento

Lecturas:
2Sam 7, 1-5; 8-12; 14-16 
Sal 88, 2-5, 27-29 
Rom 16, 25-27  
Lc 1, 26-38
 

Y TERMINA EL ADVIENTO

Ya tenemos la Navidad encima. Tendremos que repetir el mensaje de siempre con fe renovada. Esto es evangelio, actualizar el mensaje de siempre, que trata de Dios y Jesús, haciéndolo pasar por nuestras historias actuales que tratan de nosotros. Importante sería que lo consiguiéramos en esta Navidad.

No vale protestar de las condiciones actuales de la misma, ni quejarnos de la imposibilidad de sacar de ella la más pequeña porción de fe. No merece la pena lamentarnos otra vez de la pérdida de valores esenciales. Puede resultar un caso más de que nos resulta más sencillo presentar los misterios de Dios en las circunstancias difíciles de la vida que en las gozosas. Hay buenas noticias, excelentes noticias, noticias hoy sólo de expansión y alegría: Dios con nosotros para siempre, los pecados perdonados, la paz garantizada, el sentido de la vida y del universo respondido, la ternura brotando mansamente. Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha regalado. Vida nueva, divertida, retozante del crío, observado bobaliconamente por todos, padres, abuelos, hermanos. Qué gustazo, qué alegría, qué bienestar junto a él. Y llega una multitud de pobres que nadie sabría contar, de toda lengua, raza y nación, con sus imponentes miserias, y al niño se le ve feliz como ellos y con ellos que son los suyos. La madre, como loca, que le llamarán dichosa para siempre. Que nos conceda el Señor saber decir lo de siempre con palabras y gestos nuevos y emocionantes, en el ambiente actual de la Navidad que puede gustarnos o desagradarnos.

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DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO. (Lc.1,26-38) ” B ”

ORAR CON EL EVANGELIO.

              Hoy volvemos a leer el relato del anuncio del ángel a María.
Es que la actitud  de María, la madre de Jesús, contemplada en esta
narración, completa las cuatro actitudes que la liturgia de Adviento 
nos propone:
 

VIGILANCIA,  CAMBIO  DE VIDA,  ALLANAR EL CAMINO Y  LA  FE  HECHA  DISPONIBILIDAD. 

Para esperar debidamente la venida de Jesús: la historia que
conmemoramos cada año en Navidad y la definitiva de la parusía.
            Subrayamos la fe y disponibilidad de María, porque la fe es
ante todo, fiarse de Dios, ser fiel a su llamada y responder con
nuestro vivir, con nuestra esperanza,
            María responde con decisión: “AQUÍ ESTÁ LA ESCLAVA
DEL SEÑOR, HÁGASE EN MÍ  SEGÚN TU PALABRA".

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ORAR CON EL EVANGELIO (Jn. 1, 6-8. 19-28)

 

ORAR CON EL EVANGELIO  (Jn. 1,6-8.19-28) DOMINGO 3º  DE  ADVIENTO  – (Diciembre 14 – 08)             El domingo pasado, nos hablaba el Evangelio de Jesús como “BUENA NOTICIAHoy, nos presenta Juan a Jesús como “LUZ DEL MUNDO”. Juan Bautista da testimonio de Él..Pero nos señala una nueva actitud que se une a las dos de las semanas anteriores:                    “Vigilancia y cambio de vida”: y nos dice: “ALLANAD EL CAMINO DEL SEÑOR”.Y sabemos que la acción de “allanar” implica en unas ocasiones “rellenar” y en otras “aplanar”. Suplicar lo que nos falta y rebajar lo que estorba, en concreto, facilitar el camino.Esta es una condición necesaria para recibir al Señor que viene. Él se quiere hacer presente, nos ofrece su amor infinito de manera incondicional. Pero no siempre estamos dispuestos a recibir el amor de Dios que Jesús nos ofrece.            El Señor nos decía Isaías es LA LUZ.

 

 

 

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TERCER DOMINGO DE ADVIENTO (Jn 1, 6-8.19-28)

ORAR CON EL EVANGELIO     

El domingo pasado, nos hablaba el Evangelio de Jesús como una BUENA NOTICIA. Hoy, nos presenta Juan a Jesús como La LUZ DEL MUNDO.
Juan Bautista da testimonio de El..
Pero nos señala la una nueva actitud que se une a las dos de las semanas anteriores:
             La Vigilancia y cambio de vida: y nos dice:  
            ALLANAD EL CAMINO DEL SEÑOR.
Y sabemos que la acción de allanar implica en unas ocasiones el rellenar y en otras el aplanar. Suplicar lo que nos falta y rebajar lo que estorba, en concreto, facilitar el camino.
Esta es una condición necesaria para recibir al Señor que viene. El se quiere hacer presente, nos ofrece su amor infinito de manera incondicional. Pero no siempre estamos dispuestos a recibir el amor de Dios que Jesús nos ofrece.

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Domingo 14 de diciembre – III de adviento

Lecturas
Is 61, 1-2ª. 10-11.
Luc 1, 46-54.
1Tes 5, 16-24.
Jn 1, 6-8. 19-28.
 

TODAVÍA ES ADVIENTO

                Suele hablarse en este domingo de la alegría. Incluso se permiten ornamentos rosados que mitiguen la seriedad del morado penitencial, y algunas flores. (Tampoco estaría mal repasar el significado de los colores en la nueva situación o la moda. Qué expresan hoy el negro, el violeta, el rosa, el blanco o el verde, cuando los curas se visten así.)

                A parte del talante de cada cual, ser más o menos alegre depende de muchas circunstancias (educación, ambiente familiar, compañeros y amigos). Estar alegre parece algo más circunstancial y pasajero. Habría que pensar si tenemos muchas razones hoy para estar alegres. Además, la segunda lectura vincula esta alegría a la fe. A saber ser agradecido y dar las gracias, a expresarse ante Dios en oración. Huir de cualquier maldad y aguardar la vuelta del Señor. La fidelidad de Dios es la garantía.

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Domingo 7 de diciembre – II de adviento

Lecturas
Is 49, 1-5. 9-11.
Sal 84.
2Pe 3, 8-14.
Mc 1, 1-8.
                

SEGUIMOS EN ADVIENTO

Entre el consuelo de la 1ª lec y la exigencia del Ev. En medio, como colchón mullido, la 2ª y su afirmación de que todo es paciencia de Dios con todos, que en profundidad es salvación. Una salvación muy “discreta”, muy difícil de distinguir del común de la vida.

                Consolar, como todo entre humanos, termina siendo un arte en equilibrio inconstante difícil de precisar. Son malos y humillantes los consuelos paternalistas, desde fuera y de superioridad. Siempre será necesario consolar, imprescindible y profundamente humano (El Dios bendecido, porque nos consuela de 2Cor 1, 3). ¿Cómo consolar sin ser una vez más entrometidos? ¿Cómo descubrir al que urge de consuelo y no lo dice porque ni puede? Con facilidad, nos desentendemos de los demás por el peligro cierto de invadir intimidades. Podemos resultar  entrometidos, consolando sin miramiento, a quien no lo necesita o lo rechaza. Se precisa humildad no retórica para aceptar una mano al hombro y una palabra buena. Y se precisa una verdadero arte para saber consolar en el momento preciso sin ingerencia y tan delicadamente que sólo procure bienestar y paz. La bendición inicial de la citada 2Cor da gracias por convertirnos Dios a nosotros en agentes de consuelo para la tribulación de cualquiera. Somos quienes han de consolar, hoy mismo, a esta humanidad de crisis, desgracias e injusticias estructurales con una palabra acertada, cargada de futuro y de esperanza.

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