Urteko 11. igandea / Domingo 11 Tiempo ordinario – José A. Pagola

-B (Markos 4,26-34)

Evangelio del 17/junio/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

APAL-APAL ETA KONFIANTZAZ

Jesusek kezka handia bizi zuen bere jarraitzaileak halako batean etsipenean eroriko ote ziren, pentsatuz; hain zuzen, mundua gizatarrago eta zoriontsuago egiteko beren ahaleginek arrakastarik ez zutela ikustean. Ez ote zuten bertan behera utziko Jainkoaren erreinua? Eutsiko ote zioten zeruko Aitarekiko konfiantzari? Nolanahi ere, honek izan beharko lukete gauzarik garrantzizkoena: ez ahaztea sekula, nola lan egin.

Galileako nekazarien esperientziatik jasotako etsenpluez baliatuz, eskatu die, lan egin dezatela beti oinak lurrean dituztela, pazientziaz eta konfiantza handiz. Ezin ireki zaio bidea nolanahi Jainkoaren Erreinuari. Kontuan izan behar dute, hartan nola lan egin.

Lehenik eta behin, jakin behar dute, beren lana ereitea dutela eta ez uzta biltzea. Ez dute bizi behar emaitzak zein izango begira. Ez dute kezkatu behar, ez eginkortasunez, ez berehalako arrakastaz. Ebanjelioa ereitea izan behar dute beren arreta nagusia. Jesusen lankideek ereile izan behar dute. Besterik ez.

Hedapen erlijioso eta ahalmen sozial handiko mende askoren ondoren, ereilearen keinu apala berreskuratu behar dugu Elizan kristauek. Beti fruituak jasotzera doan uzta-biltzailearen logikaz ahaztu, eta etorkizun hobea erein nahi duenaren pazientziazko logika besarkatu.

Ereite ororen hasierak apalak izan ohi dira beti. Askoz gehiago, arazoa gizakiaren bihotzean Jainkoaren Egitasmoa ereitea baldin bada. Ebanjelioaren indarra ez da sekula gauza handios edo arranditsua. Jesusen arabera, «mostaza-hazia» bezalako gauza txiki eta ezdeus bat ereitea bezala da, fedea jendearen bihotzean ezkutuan ernetzen baita.

Horregatik, fedeaz bakarrik erein daiteke Ebanjelioa. Hori eman nahi die aditzera Jesusek bere parabola xumeen bidez. Mundua gizatasun handiagoko egiteko, Jainkoaren Egitasmoak berekin du indar salbatzaile eta eraldatzailea, jada ereilearen esku ez dagoena. Jainko horren Berri Ona pertsona batengan edo gizatalde batengan sartzen denean, gu gainditzen gaituen zerbait hasten da indartzen han.

Elizan ez dakigu une honetan nola jokatu, egoera berri eta inoiz ez bezalako honetan, gero eta ez-axolago eta nihilistago den gizarte honetan. Inork ez du errezetarik. Inork ez daki juxtu zer egin. Egin behar duguna, bide berriren bila jotzea da, apal-apal eta konfiantza Jesusengan jarriz.

Goiz edo berandu, funtsezkora itzuli beharra sentituko dugu kristauek. Konturatuko gara, Jesusen indarrak bakarrik biziberritu dezakeela fedea gure egun hauetako gizarte deskristautu honetan. Orduan ikasiko dugu Ebanjelioa apal-apal ereiten, fede berritu baten hasiera bezala, ez geure ahalegin pastoralez eskualdatua, baizik Ebanjelioak berak sortua.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

-B (Markos 4,26-34)

Evangelio del 17/junio/2018

CON HUMILDAD Y CONFIANZA

A Jesús le preocupaba que sus seguidores terminaran un día desalentados al ver que sus esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no obtenían el éxito esperado. ¿Olvidarían el reino de Dios? ¿Mantendrían su confianza en el Padre? Lo más importante es que no olviden nunca cómo han de trabajar.

Con ejemplos tomados de la experiencia de los campesinos de Galilea les anima a trabajar siempre con realismo, con paciencia y con una confianza grande. No es posible abrir caminos al reino de Dios de cualquier manera. Se tienen que fijar en cómo trabaja él.

Lo primero que han de saber es que su tarea es sembrar, no cosechar. No vivirán pendientes de los resultados. No les ha de preocupar la eficacia ni el éxito inmediato. Su atención se centrará en sembrar bien el Evangelio. Los colaboradores de Jesús han de ser sembradores. Nada más.

Después de siglos de expansión religiosa y gran poder social, los cristianos hemos de recuperar en la Iglesia el gesto humilde del sembrador. Olvidar la lógica del cosechador, que sale siempre a recoger frutos, y entrar en la lógica paciente del que siembra un futuro mejor.

Los comienzos de toda siembra siempre son humildes. Más todavía si se trata de sembrar el proyecto de Dios en el ser humano. La fuerza del Evangelio no es nunca algo espectacular o clamoroso. Según Jesús, es como sembrar algo tan pequeño e insignificante como «un grano de mostaza», que germina secretamente en el corazón de las personas.

Por eso el Evangelio solo se puede sembrar con fe. Es lo que Jesús quiere hacerles ver con sus pequeñas parábolas. El proyecto de Dios de hacer un mundo más humano lleva dentro una fuerza salvadora y transformadora que ya no depende del sembrador. Cuando la Buena Noticia de ese Dios penetra en una persona o en un grupo humano, allí comienza a crecer algo que a nosotros nos desborda.

En la Iglesia no sabemos en estos momentos cómo actuar en esta situación nueva e inédita, en medio de una sociedad cada vez más indiferente y nihilista. Nadie tiene la receta. Nadie sabe exactamente lo que hay que hacer. Lo que necesitamos es buscar caminos nuevos con la humildad y la confianza de Jesús.

Tarde o temprano, los cristianos sentiremos la necesidad de volver a lo esencial. Descubriremos que solo la fuerza de Jesús puede regenerar la fe en la sociedad descristianizada de nuestros días. Entonces aprenderemos a sembrar con humildad el Evangelio como inicio de una fe renovada, no transmitida por nuestros esfuerzos pastorales, sino engendrada por él.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 11º ordinario 17 de junio – Koinonia

Ez 17,22-24: Ensalcé un árbol humilde
Salmo 91: Es bueno dar gracias al Señor
2Cor 5,6-10: Nos esforzamos en agradar a Dios
Mc 4,26-34: La semilla pequeña se hace la más grande

Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.»

Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.» Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

COMENTARIO LITÚRGICO

La parábola es un arco que se eleva por el aire y cae justo en su objetivo, evadiendo los obstáculos, enfocándose hacia su meta. Las parábolas de Jesús tienen un efecto similar. Frente a las interpretaciones oscuras y cargadas de sanciones con las que los maestros de la ley solían responder a sus interlocutores, las palabras de Jesús se imponen con una claridad demoledora. Frente a las intrincadas y sofisticadas interpretaciones de los maestros griegos, las enseñanzas de Jesús se presentan con una evidencia incontrovertible. Las palabras de Jesús hablan de la vida cotidiana: el campesino que salva su cosecha; de la persona que al cocinar administra con tino y prudencia la sal. Las palabras del profeta Ezequiel nos hablan del cedro, un árbol excepcional por su longevidad y por la calidad de su madera. Pablo nos hablará del cuerpo, como un domicilio provisional, y sin embargo imprescindible, para alcanzar una residencia permanente en un cuerpo resucitado.

El profeta Ezequiel compara la acción de Dios con la de un campesino que reforesta las cumbres áridas con cedros que se caracterizan por su tamaño excepcional, por la duración de su madera y por su singular belleza. El nuevo Israel será un rebrote joven plantado en lo alto de los montes de Judá; atrás quedaría la soberbia de la monarquía y todos los peligros de su desmesurada avidez de poder. El profeta tiene la esperanza de que su pueblo renazca luego del exilio y su estirpe perdure como lo hacen los cedros que pueden llegar a durar dos mil años.

Las parábolas de Jesús, en cambio, no hablan desde la perspectiva de los árboles grandes, sino de los arbustos que pueden crecer en nuestros jardines sin derribar la casa ni secar las otras hortalizas. La primera parábola habla de la fuerza interna de la semilla, que opera prácticamente sin que el campesino se percate. Si la semilla encuentra las condiciones favorables, florecerá. La labor del campesino se limita a preparar el terreno para que ofrezca esas condiciones que hacen posible el cultivo; a los cuidados indispensables para que la semilla germine y se fortalezca, y a la acción oportuna para cosechar los frutos. De manera semejante opera la acción del cristiano, favoreciendo la implantación de la semilla del Reino.

La homilía podría orientarse también muy justificadamente, más que por esa línea bíblica, por la línea teológica: el tema de “el Reino?, que es el protagonista, el tema principal de las parábolas de Jesús del evangelio de hoy. En realidad sabemos que el tema del Reino fue… la pasión, la manía, el estribillo, la obsesión de Jesús. Porque fue también «Su Causa», la Causa por la que vivió y luchó, la causa por la que fe perseguido, capturado, condenado y ejecutado. Para comprender a Jesús nada hay más importante que tratar de comprender el tema del Reino y la relación de Jesús con él.

[Es importante recordar –sin marcar bien los contrastes históricos caemos en el riesgo de repetir los errores pasados– que el Reino era en realidad un ausente mayor en el cristianismo clásico, incluso en el cristianismo que quienes hoy día somos «mayores» aprendimos y vivimos antes del Concilio Vaticano II. En el último milenio de la Iglesia se dio lo que el recordado pastoralista Teófilo Cabestrero denominó «el eclipse del Reino»: aquella Iglesia prácticamente lo desconoció. Empleaba la palabra, el término, pero confundiéndolo. Típica de esta confusión es la definición de “el Reino de Dios? que el P. Vilariño, jesuita español de principios del siglo XX en aquel triple nivel: el Reino de Dios es el cielo –decía Vilariño–, porque allí es donde Dios puede reinar efectivamente; el Reino de Dios es también la Iglesia, porque la Iglesia vendría a ser el Reino de Dios en la tierra…; y el Reino de Dios, en tercer lugar, sería la gracia santificante en las almas, pues por medio de ella Dios se hace presente y reina en nuestro interior… Ninguna de estas tres definiciones corresponde a lo que el obsesionado Jesús tenía en mente cuando hablaba de, y soñaba con, y se arriesgaba por… el Reino de Dios…]

Hay que subrayar que el tema del Reino de Dios, su redescubrimiento, a partir de ese citado «eclipse del Reino», es sin duda el tema teológico que más ha transformado a la Iglesia –y a la eclesiología y a la teología toda–. Véase la descripción del «Reinocentrismo» (por ejemplo en el libroEspiritualidad de la Liberación, de Casaldáliga-Vigil, disponible en servicioskoinonia.org/biblioteca) para desarrollar el tema de la transformación de la teología y de la espiritualidad con el re-descubrimiento del tema jesuánico del Reino…

El Reinocentrismo significa la superación del eclesiocentrismo, que se instaló en la Iglesia bien pronto, en contra de la mentalidad de Jesús. Reinocentrismo no es una «nueva teología»… sino el pensamiento mismo de Jesús…

Sería vano quedarse en explicaciones simplonas sobre la semilla y los árboles grandes que acogen a todas las aves… sin entrar en lo que realmente significaba para Jesús el tema del Reino, y sin dejar entrever que esa pasión por conseguir la Utopía del Reino por parte de Jesús, es no sólo la ipsissima verba Iesu (las mismísimas palabras de Jesús), sino también la ipsissima intentio Iesu, o sea, la mismísima intención de Jesús, y por tanto Su mismísima Causa, y –permítasenos llevar a término esta argumentación de consecuencias concatenadas– que, por tanto, también debe ser la Causa misma del cristiano. Mostrar esto es, de hecho, el principal objetivo de la homilía…

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 24 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión, el audio y su comentario se encuentran aquí:

https://radialistas.net/article/24-como-una-semilla-de-mostaza/

 

Jesús y su familia – Fray Marcos

(Gen 3,9-15) La serpiente me engañó y comí.

(2 Gal 4,13-5,1) Todo es para vuestro bien.

(Mc 3,20-35) El que cumple la voluntad de Dios ése es mi hermano y mi madre

 

Jesús no se amolda a la voluntad de su familia. La primera obligación de todo ser humano es ser fiel a sí mismo.

El tema del pecado y de la salvación es un tema muy serio. El pecado es aparentemente un contrasentido, no tiene fácil explicación; por eso el hombre ha buscado respuesta en los mitos. Hoy tendemos a creer que los mitos eran cuentos inventados para engañar a la gente; sin embargo en ellos se encuentran enseñanzas muy profundas. Lo que sucede es que no se pueden entender literalmente. Hay que decodificar el lenguaje.

El mito de la inocencia primigenia perdida por un pecado del primer hombre nos quiere trasmitir una verdad profunda, pero no podemos entenderlo al pie de la letra. La situación anterior a la caída hay que entenderla como una armonía total con la naturaleza por parte del ser humano que aún no había tomado conciencia de su singularidad, de su diferenciación de la realidad que le rodea. Era una situación que se adivina como idílica, parecida a la del niño en el vientre de su madre, protegido y seguro. Seguridad que hay que abandonar si se quiere llegar a ser un hombre completo.

Lo que llamamos pecado es el resultado inevita­ble de esa individua­li­zación. En cuanto el ser humano tomó conciencia de que era algo separado se erigió en persona con capacidad de conocer y por lo tanto con capacidad de elegir, de tomar decisiones basadas en ese conocimiento. Como el conocimiento no es perfecto, la decisión puede ser equivocada y llega el fallo. En vez de elegir lo que le edifica, elige lo que le deterio­ra; a eso le llamamos pecado. En las  culturas orientales la serpiente no es el símbolo del mal como nos han hecho creer, sino de la inteligencia y de la astucia.

Hay que hacer una sería revisión de lo que entende­mos por pecado. En nuestra cultura ha estado siempre ligado a la voluntad. Se ha creído que la persona podía elegir entre lo bueno y lo malo. Si elegía el bien se consideraba a la persona buena, si elegía el mal se consideraba depravada. Esto no es así. La voluntad no tiene capacidad para elegir el mal. Es una potencia ciega que sólo puede ser movida por el bien. Por lo tanto el pecado es siempre una ignorancia o falta de conocimien­to. Si tuviéramos claro que algo nos hace daño, nunca la voluntad se pegaría a ello. El único antídoto es mayor conocimiento.

Con frecuencia me dicen que la persona obra el mal sabiendo que hace mal. Siempre buscamos nuestro bien, aunque ello reporte algún mal para otro. No basta haber aprendido por programación que una cosa es mala. Hay que estar verdaderamente convencido de ello. Si acepto una cosa como mala solo por programación, podré acomodarme artificialmente a esa enseñanza pero la actitud fundamental y vital no está de acuerdo con la programación y, antes o después, la actitud vital prevalecerá. Esta es la razón de nuestros pecados, confesados una y otra vez pero nunca rectificados. Nuestra moral es artificial. Nuestro arrepentimien­to ficticio y nuestras confesiones fingidas.

La existencia del ser humano es imposible si le negamos la posibilidad de equivocarse. Muchas veces no podemos saber que está el anzuelo escondido hasta que no lo mordemos. El ser humano que progresa no es el que no se equivoca nunca, sino el que reconoce sus fallos. El único pecado irreparable es negarse a rectificar, es decir, instalarse en una postura estática y no querer avanzar. Esta postura es mucho más frecuente de lo que nos podemos imaginar. Se debe a dos razones fundamentalmente.

Una, el miedo a equivocarse. El miedo al pecado y al castigo ha paralizado a muchísimas personas que, sin ese obstáculo, hubieran podido aportar logros increí­bles a la evolución. Cuando queremos actuar desde la seguridad vivimos volcados en el pasado y el progreso es imposible. Otra, creer que ya hemos llegado. Creer que ya lo sabemos todo, que tenemos respuestas para todo, que no hay que esperar nada nuevo. Es la postura que más daño ha hecho al ser humano. Jesús dijo: «Tengo muchas cosas que deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; el Espíritu Santo os irá llevando hacia la verdad plena”.

Este sería el pecado contra el Espíritu Santo. Estar cerrados a toda posible novedad, por miedo a la equivocación o por creernos en la posesión de la verdad absoluta. Podríamos recordar el dicho castellano: el que no se arriesga no pasa la mar. O aquel otro oriental que me habéis oído tantas veces: el que se empeña en cerrar la puerta a todos los errores, dejará inevitablemente fuera la verdad.

La verdadera salvación sólo puede venir por el camino del conocimiento. En la medida que tengamos conocimiento de lo que es bueno para nosotros, seremos capaces de actuar en consecuencia. No olvidemos la frase capital del evangelio: la verdad os hará libres. Solo la verdad tiene capacidad de liberar y de salvar del error y por lo tanto del pecado. Estar abiertos a la verdad es estar abiertos al Espíri­tu.

Casi nunca se trata el tema de la relación de Jesús con su familia porque plantea serios problemas. No encaja con el concepto que nos hemos hecho de la sagrada familia. Si somos capaces de superar los prejuicios veremos como normal que incluso su madre se preocupara de las andanzas de Jesús, que no podían acarrearle nada bueno. En los evangelios se ve con toda claridad el conflicto que Jesús tuvo con sus parientes; y eso a pesar de las matizaciones que hacen y la delicadeza con que tratan el tema.

A los doce años nos cuentan el primer problema; se queda en Jerusalén sin que lo supieran sus padres. En su pueblo, les echa en cara su falta de confianza: «solo desprecian a un profeta en su pueblo y entre sus parientes”. Su familia quiere apartarlo de la vida pública porque considera que esa manera de actuar es una locura. El tiempo les dio la razón. Ellos no tenían capacidad para comprender desde qué perspectiva actuaba Jesús. Desde un punto de vista humano era lógico que su familia se preocupara por las andanzas de Jesús que ponían en peligro su vida.

A pesar de todo Jesús sigue adelante con una postura poco obedien­te… Esta postura de Jesús puede ilustrar el tema de hoy. Jesús no se conforma con lo que le enseñan de Dios, quiere ir más allá en el descubrimiento de lo que Dios es para el hombre y el hombre para Dios. Se abre al Espíritu. No tiene inconveniente en cuestionarse hasta las verdades más sagradas. ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?

 

Meditación

Tu limitado conocimiento te hace falible.

Se debe a tu condición de criatura, acéptalo.

Pertenece a tu esencia, no es una tara.

Estás aquí para aprender de tus errores

y caminar así hacia tu plenitud.

 

 

 

 

Urteko 10. igandea / Domingo 10 Tiempo ordinario – José A. Pagola

–B (Markos 3,20-35

Evangelio del 10/junio/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

ZER DA SANOAGO?

Kultura modernoak osasun fisiko eta mentalaren balioa goratzen du, eta mila ahalegin-mota egiten ditu gaixotasunei aurrea hartu eta kontra egiteko. Baina, aldi berean, guztien artean ari gara eraikitzen gizarte bat, zeinetan ez baita gauza erraza sano bizitzea.

Inoiz ez da egon bizitza hain mehatxatua: desoreka ekologikoa dela medio, kutsadura, estresa edo depresioa direla medio. Bestetik, pertsonari  era sanoan haztea eragozten dion biziera bat sustatzen ari gara: zentzuaren falta, balioen gabezia, kontsumismo-mota bat, sexuaren hutsalkeria, inkomunikazioa eta beste hainbat frustrazio direla medio.

S. Freud-ek sumatu zuen, jada, bere El malestar en la cultura obran, gerta daitekeela, gizarte bat bere osotasunean gaixo egotea eta neurosi kolektiboak jasatea, zeinez oso jende gutxi ohartuko bailitzateke. Are gehiago, gerta daiteke, gizarte gaixo baten baitan, gaixotzat ematea, hain juxtu sanoen daudenak.

Horrelako zerbait gertatzen da Jesusekin berarekin, familiarte batzuek uste izan baitute «burutik dagoela» eta Jerusalemdik etorritako adituek esan baitute «Beeltzebul duela bere baitan».

Nolanahi den, esan beharra dugu, gizarte bat sano, jendearen garapen sanoa faboratzen duen neurrian biziko dela sano. Aitzitik, norberari barneaz hustera, zatitzera, gauza huts bihurtzera edo gizatasuna galtzera eragiten dionean, esan beharra dugu, gizarte hori patogenoa  [gaixotasunak joa] dela, hein batean bederen.

Horregatik, aski jende argi eta azti izan beharko genuke, geure buruari galdetzeko, ez ote garen erortzen ari neurosi kolektibo eta jokabide ez-sanoetan, hartaz kasik ohartu gabe.

Zer da sanoago, espiritua lozorrotzen eta jendearen sormena kamusten duen konfortaren, erosotasunaren eta gehiegikeriaren bizieran erortzea, ala soil eta moduz bizitzea, «ugaritasunaren patologian» erori gabe?

Zer da sanoago, «objektu» bezala funtzionatzen jarraitzea, zentzurik gabeko bizitzan jira-biraka, bizitza «desio eta asetze-sistema» hutsera murriztuz, ala bizitza eraikitzea, egunez egun, fedetik azken zentzua emanez? Ez dezagun ahantz, Carl G. Jung ausartu zela esatera, neurosia «bere zentzua aurkitu ez duen arimaren sufrimendua» dela.

Zer da sanoago, alderdi erlijiosoa erreprimitzea, gure bizitza transzendentziarik gabe utziz, ala konfiantzazko jarrera bizitzea «biziaren adiskide» den Jainko horrengan, gizakiaren betearen betea bakarrik nahi duen eta bilatzen duen horrengan?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

–B (Markos 3,20-35

Evangelio del 10/junio/2018

¿QUÉ ES MÁS SANO?

La cultura moderna exalta el valor de la salud física y mental, y dedica toda clase de esfuerzos para prevenir y combatir las enfermedades. Pero, al mismo tiempo, estamos construyendo entre todos una sociedad donde no es fácil vivir de modo sano.

Nunca ha estado la vida tan amenazada por el desequilibrio ecológico, la contaminación, el estrés o la depresión. Por otra parte, venimos fomentando un estilo de vida donde la falta de sentido, la carencia de valores, un cierto tipo de consumismo, la trivialización del sexo, la incomunicación y tantas otras frustraciones impiden a las personas crecer de manera sana.

Ya S. Freud, en su obra El malestar en la cultura,consideró la posibilidad de que una sociedad esté enferma en su conjunto y pueda padecer neurosis colectivas de las que tal vez pocos individuos sean conscientes. Puede incluso suceder que dentro de una sociedad enferma se considere precisamente enfermos a aquellos que están más sanos.

Algo de esto sucede con Jesús, de quien sus familiares piensan que «no está en sus cabales», mientras los letrados venidos de Jerusalén consideran que «tiene dentro a Belzebú».

En cualquier caso, hemos de afirmar que una sociedad es sana en la medida en que favorece el desarrollo sano de las personas. Cuando, por el contrario, las conduce a su vaciamiento interior, la fragmentación, la cosificación o disolución como seres humanos, hemos de decir que esa sociedad es, al menos en parte, patógena.

Por eso hemos de ser lo suficientemente lúcidos como para preguntarnos si no estamos cayendo en neurosis colectivas y conductas poco sanas sin apenas ser conscientes de ello.

¿Qué es más sano, dejarnos arrastrar por una vida de confort, comodidad y exceso que aletarga el espíritu y disminuye la creatividad de las personas o vivir de modo sobrio y moderado, sin caer en «la patología de la abundancia»?

¿Qué es más sano, seguir funcionando como «objetos» que giran por la vida sin sentido, reduciéndola a un «sistema de deseos y satisfacciones», o construir la existencia día a día dándole un sentido último desde la fe? No olvidemos que Carl G. Jung se atrevió a considerar la neurosis como «el sufrimiento del alma que no ha encontrado su sentido».

¿Qué es más sano, llenar la vida de cosas, productos de moda, vestidos, bebidas, revistas y televisión o cuidar las necesidades más hondas y entrañables del ser humano en la relación de la pareja, en el hogar y en la convivencia social?

¿Qué es más sano, reprimir la dimensión religiosa vaciando de trascendencia nuestra vida o vivir desde una actitud de confianza en ese Dios «amigo de la vida» que solo quiere y busca la plenitud del ser humano?

José Antonio Pagola

 

Domingo 10º ordinario 3 de junio – Koinonia

Gén 3,9-15: Establezco hostilidades entre ti y la mujer
Salmo 129: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa
2Cor 4,13–5,1: Creemos y por eso hablamos
Mc 3,20-35: Satanás no puede subsistir

Satanás está perdido

En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales. También los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.»

Él los invitó a acercarse y les puso estas parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.» Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

COMENTARIO LITÚRGICO

Para sus familiares Jesús está loco, fuera de sí. Ha perdido la cabeza y deben contenerlo volviéndolo a su casa y haciéndole reflexionar, para eso llevan a su madre con ellos. Y para los letrados de Jerusalén, Jesús está poseído de un demonio. Loco y endemoniado. Desquiciado y dominado por un mal espíritu. ¡Pobre Jesús! Se necesitaba mucha valentía y convicción para superar opiniones tan negativas de su propia familia y de los maestros de su pueblo. ¡Cómo quedarían de confundidos los discípulos después de escuchar comentarios de tal calibre sobre el Maestro que recién comenzaban a seguir!

Jesús no pierde la serenidad. Enfrenta con firmeza profética a sus adversarios. A los escribas los desenmascara colocándolos delante de sus propias contradicciones. Si está poseído por un demonio ¿Cómo puede echar otro demonio? Si Satanás está contra Satanás significa que su reino está siendo destruido. Si una persona está siendo liberada por el poder de Jesús de la alienación a la que estaba sometida, ¿cómo pueden declarar a Jesús endemoniado, si el que aliena y domina es el demonio? Están luchando contra la evidencia de que Dios ha comenzado a actuar en la historia a través de Jesús. Están luchando para no ver, para cerrar los ojos a la verdad. Están luchando contra el Espíritu de Dios que libera y da vida. Ese pecado no puede ser perdonado porque es cerrazón a la gracia, es contumacia, es obstinación. No niegan a Dios, niegan que la práctica liberadora de Jesús sea de Dios. Y a su familia que lo tiene por desquiciado, Jesús agrega una nueva locura: declara que ese pequeño grupo de hombres y mujeres de Galilea, sentados a su alrededor, son más familia suya que la que lo busca. Esa nueva familia está comulgando con sus ideas y sus enseñanzas más que la otra.

Delante de este Jesús valiente y libre, debemos preguntarnos cuántas veces nosotros mismos que nos decimos cristianos, que nos decimos su comunidad, enmascaramos nuestras cobardías ante lo nuevo de Dios y nos refugiamos en poner etiquetas y descalificar lo que no queremos admitir: que donde hay liberación, más salud, más vida y dignidad está actuando el Espíritu de Dios.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 110 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión, el audio y su comentario se encuentran aquí:
https://radialistas.net/article/32-dicen-que-esta-loco/

 

Corpus – Fray Marcos

(Ex 24,3-8) Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros.

(Heb 9,11-15) Por eso él es el mediador de una alianza nueva.

(Mc 14,12-26) Tomó un pan, lo partió y se lo dio diciendo: comed, esto soy yo.

La plenitud consiste en darse como pan. Descubrir lo que fue Jesús no es suficiente. El objetivo de celebrar la eucaristía es ser nosotros lo que él fue.

La eucaristía es el sacramento de nuestra fe. A pesar de haberle dedicado miles de horas de lectura y reflexión, sigue siendo el más difícil cuando intento hablar de él. Por muy claras que tenga las ideas y por muy razonada que sea la explicación, siempre termina pesando más la postura tradicional ante esta realidad. Pero resulta que la tradición que prevalece no es la original, sino la que se fue elaborando a través de los siglos, al tiempo que se perdía el sentido original del sacramento. ¿Alguien puede imaginarse a Pedro poniéndose de rodillas ante el trozo de pan que le ofrecía Jesús o recogiendo las migas que habían caído?

Los sacramentos son signos que hacen referencia a realidades trascendentes que no pueden entrar por nuestros sentidos. Signo es cualquier sonido, gesto o realidad que, a través de nuestros sentidos, provoca en nuestra mente una imagen concreta. Los signos son la única manera que tenemos los humanos de trasmitir lo que tenemos en nuestro cerebro. Cuando los signos hacen referencia a realidades físicas, pueden ser sustituidos por la cosa en sí. Pero las realidades trascendentes no caen bajo el objeto de nuestros sentidos por lo cual, si queremos hacerlas presentes, no tenemos más remedio que utilizar signos.

En la eucaristía el signo no es el pan, sino el pan partido y repartido, preparado para ser comido, y el vino como sangre (vida) que se pone al servicio de los demás. En ambos casos la realidad significada es el AMOR, que es Dios. Esta realidad, por ser trascendente, divina, está siempre ahí porque no está sometida al tiempo y al espacio. Ni se trae ni lleva, ni se pone ni se quita. DIOS-AGAPE está invadiéndolo todo e identificándolo con Él en todo instante, pero nosotros podemos no ser conscientes de ello; por eso necesitamos los signos, para tomar conciencia de una realidad que está siempre ahí pero puede pasar desapercibida.

Dios no puede estar más en un lugar que en otros. Ni siquiera está más en una persona que en otra. Está siempre en todos de la misma manera. Somos nosotros los que podemos pasar toda nuestra vida sin enterarnos o podemos tomar conciencia de esta realidad y vivirla. El signo lo necesitamos nosotros, porque las cosas llegan a nuestro cerebro a través de los sentidos. Dios ni necesita los signos ni está condicionado por ellos. Dios no está más presente en nosotros después de comulgar que antes de hacerlo. Celebramos la eucaristía y comulgamos para tomar conciencia de una realidad que nos abre infinitas posibilidades.

Creo que estamos en condiciones de comprender que los sacramentos ni son magia ni son milagros. La experiencia me dice lo difícil que va a ser superar la comprensión de la eucaristía como magia. Cuando celebramos una eucaristía ni el sacerdote ni Dios hacen ningún milagro. Lo que hacemos es algo mucho más profundo, pero lo tenemos que hacer nosotros mismos. Tomar conciencia de lo que fue Jesús durante su vida mortal y comprometernos a ser nosotros lo mismo. Lo que pasa fuera de mí, lo que puedo ver u oír es solo un medio para descubrir, dentro de mí, una realidad que me transciende.

Lo repito: el signo no es el pan, a secas, sino el pan partido y repartido, preparado para ser comido. El partir el pan forma parte de la esencia del signo. Jesús se hace presente en ese gesto, no en la materia del pan. Si comprendiéramos bien esto se evitarían todos los malentendidos sobre la presencia real de Jesús en la eucaristía. El pan consagrado hace siempre referencia a una ‘fracción del pan’ (celebración eucarística). Lo mismo en la copa. El signo no es la copa, sino el cáliz bebido, es decir, compartido. Para los judíos la sangre era la vida. La copa derramada es la vida de Jesús (no la muerte) puesta al servicio de todos.

Debemos superar el “ex opere operato”. Ninguna celebración puede tener valor automático. Cuando me llamaron al orden, me dijeron: “Tú tienes que ser como el farmacéutico, que despacha las pastillas a los clientes sin explicarles lo que han hecho en el laboratorio”. Mi desacuerdo con esta propuesta es absoluto. El ácido acetilsalicílico produce su efecto en el paciente automáticamente, aunque no tenga ni idea de su composición. Pero los sacramentos son la unión de un signo con una realidad significada que no se puede dar si no contamos con una mente despierta. Sin esa conexión, el rito se queda en puro garabato.

La realidad significada es Jesús como don; es Dios-Ágape, manifestado en Jesús. La palabra hebrea que traducen al griego por ????, no significa exactamente cuerpo. En la antropología judía el ser humano era un todo único, pero distinguían distintos aspectos: hombre carne, hombre cuerpo, hombre alma, hombre espíritu. Hombre cuerpo no hace referencia a la carne, sino a la persona sujeto de relaciones. El ???? griego tiene varios significados; al traducirlo por “corpus” terminó por imponerse el significado físico y esto distorsionó el mensaje original. Jesús no dijo: Esto en mi cuerpo sino esto soy yo, esto es mi persona.

La eucaristía resume la actitud vital de Jesús, que consistió en manifestar, amando, lo que es Dios. Como buen hijo, hace siempre presente al padre. La realidad significada, por ser espiritual, no está sometida el tiempo ni al espacio. Hacemos el signo no para crearla, sino para descubrir su presencia y poder así vivirla conscientemente. No podemos celebrar la eucaristía sin los demás. Solo en nuestras relaciones con los demás podemos hacer presente el amor. Con demasiada frecuencia hemos convertido la eucaristía en una devoción particular en la que los otros incluso nos molestan, como me han comentado alguna vez.

Jesús nunca hizo hincapié en que amaba mucho a su Abba, sino en su unidad con Él. Esa misma es la experiencia de todos los místicos de todas las religiones. S. Juan de la Cruz: “¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que la alborada! ¡Oh noche que juntaste amado con amada, amada en el amado transformada!” Dios no puede hacerse presente en un lugar acotado, sencillamente porque no puede dejar de estar en todo lugar. Tampoco puede estar más presente aquí que allí. Nosotros, como seres humanos, no tenemos más remedio que percibirlo en un lugar para poder tomar conciencia de su realidad.

Cuando Jesús propone el mandamiento nuevo, Jesús está hablando de las consecuencias que debía tener en nuestra vida el amor (ágape) del Padre. El fin último de la celebración de una eucaristía es hacer presente, con los signos, este ágape que nos fundiría con Dios y nos abriría a los demás, hasta sentirlos fundidos en Dios también. El hombre tiene el privilegio de poder tomar conciencia de este hecho y vivirlo. El que lo descubre y lo vive descubre su verdadero ser y disfruta siéndolo. Nunca se nos ocurra pensar que dándonos a los demás les estamos haciendo un favor. Con esa actitud de entrega, estás alcanzando tú la plenitud.

Un hombre descubrió la manera de hacer fuego. Viendo la importancia del invento, se fue a la tribu más cercana y les enseñó el proceso. Todos quedaron maravillados al ver aparecer el fuego. Se marchó creyendo que les había ayudado. Mucho tiempo después volvió a ver lo que habían avanzado con la utilización del fuego. Cuando les preguntó, le sacaron a un lugar donde habían construido un altar y habían guardado en una urna de oro los instrumentos de hacer fuego. Todos los días iban a adorar aquellos útiles que tenían tanto poder. Pero no vio fuego por ninguna parte. Eso hemos hecho nosotros con la eucaristía.

 

Meditación

Esto soy yo, pan que me parto y me reparto.

Esto tenéis que ser vosotros.

Todo el mensaje de Jesús esta aquí.

Celebrar la eucaristía es comprometerme con los demás.

Es aprender de Jesús el camino de la entrega.

El pan que me salva no es el  pan que recibo, sino el pan que doy.

 

Kristoren Gorputz Odolak / Cuerpo y Sangre de Cristo – José A. Pagola

-B (Markos 14,12-16.22-26)

Evangelio del 3/junio/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

EUKARISTIA ETA KRISIALDIA

Kristau guztiek dugu ezagutzen. Igandeko eukaristia aisa bihur daiteke «babes erlijioso», aste osoan bizi ohi dugun bizitza gatazkatsutik babesteko. Tentagarria da mezara joatea, esperientzia erlijioso bat partekatzera, alde guztietatik estutzen gaituzten problemak, tirandurak eta albiste txarrak ahazteko.

Batzuetan sentibera izan ohi gara ospakizunaren duintasunari dagokionez; baina gutxiago kezkatzen gaitu Jaunaren afaria ospatze horrek berekin dituen eskakizunez ahazteak. Ez dugu atsegin izaten apaizen batek erritu-araudia zorrotz ez betetzea; baina axola gutxi izan ohi diogu meza ohikeriaz ospatzeari, Ebanjelioaren deiei kasurik egin gabe.

Bat bera da beti arriskua: Kristorekin bihotzaren hondoan elkartasuna egin nahi izatea, sufritzen ari diren anai-arrebekin elkartzeaz arduratu gabe. Eukaristiako ogia partekatu, bai, baina ogirik, justiziarik, etorkizunik ez duten milioika anai-arreben goseari ezikusia eginez.

Datozen urteetan krisiaren ondorioak larriagotzen joan daitezke, uste genuen baino gehiago. Iragartzen ari diren erabakiek handiagotu egingo dut zuzenaren kontrako desberdintasuna, gure artean. Ikusiko dugu nola doan gero eta pobreago bihurtzen geure ingurune hurbilagoko edo urrunagoko jendea, etorkizun ziurtasunik gabeko eta ezin aurreikusiko batean koloka.

Hurbiletik ezagutuko dugu: etorkin-jendea osasun-babesik gabe, gaixo-jendea bere osasun- edo botika-arazoei nola aurre egin ez dakiela, familiak erruki-egintzatik bizitzera behartuak, pertsonak etxea uztera mehatxaturik, jendea laguntzarik gabe, gazteak etorkizun argirik gabe… Ezin saihestu izango dugu. Edota betiko geure ohitura egoistak indartu edota solidarioago bihurtu.

Krisialdian bizi den gizarte honetan eukaristia ospatzeak kontzientzia esnatzera eragin diezaguke. Nori bere onura hutsa kontuan hartzera eragin izan digun bakoizkeriaren kultura alde batera utzi beharra dugu, xinpleki gizatasun handiagoko jende izateko. Eukaristia oro dago bideratua anai-arreba artekotasuna eragitera.

Ez da bidezkoa igandero, urte osoan, Jesusen Ebanjelioa entzutea, haren deiaren aurrean erreakzionatu gabe. Ezin eskatu diogu Aitari «geure eguneroko ogia», lortzeko zailtasunak dituztenak kontuan hartu gabe. Ezin bizi dugu elkartasunik Jesusekin, lagun hurkoarekin eskuzabalago eta solidarioago bihurtu gabe. Ezin eman diogu bakea elkarri, krisia dela-eta bakartiago eta babesik gabeago bizi direnei eskua luzatu gabe.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

-B (Marcos 14,12-16.22-26)

Evangelio del 3/junio/2018

EUCARISTÍA Y CRISIS

Todos los cristianos lo sabemos. La eucaristía dominical se puede convertir fácilmente en un «refugio religioso» que nos protege de la vida conflictiva en la que nos movemos a lo largo de la semana. Es tentador ir a misa para compartir una experiencia religiosa que nos permite descansar de los problemas, tensiones y malas noticias que nos presionan por todas partes.

A veces somos sensibles a lo que afecta a la dignidad de la celebración, pero nos preocupa menos olvidarnos de las exigencias que entraña celebrar la cena del Señor. Nos molesta que un sacerdote no se atenga estrictamente a la normativa ritual, pero podemos seguir celebrando rutinariamente la misa sin escuchar las llamadas del Evangelio.

El riesgo siempre es el mismo: comulgar con Cristo en lo íntimo del corazón sin preocuparnos de comulgar con los hermanos que sufren. Compartir el pan de la eucaristía e ignorar el hambre de millones de hermanos privados de pan, de justicia y de futuro.

En los próximos años se pueden ir agravando los efectos de la crisis mucho más de lo que nos temíamos. La cascada de medidas que se dictan irán haciendo crecer entre nosotros una desigualdad injusta. Iremos viendo cómo personas de nuestro entorno más o menos cercano se van quedando a merced de un futuro incierto e imprevisible.

Conoceremos de cerca inmigrantes privados de una asistencia sanitaria adecuada, enfermos sin saber cómo resolver sus problemas de salud o medicación, familias obligadas a vivir de la caridad, personas amenazadas por el desahucio, gente desasistida, jóvenes sin un futuro claro… No lo podremos evitar. O endurecemos nuestros hábitos egoístas de siempre o nos hacemos más solidarios.

La celebración de la eucaristía en medio de esta sociedad en crisis puede ser un lugar de concienciación. Necesitamos liberarnos de una cultura individualista que nos ha acostumbrado a vivir pensando solo en nuestros propios intereses, para aprender sencillamente a ser más humanos. Toda la eucaristía está orientada a crear fraternidad.

No es normal escuchar todos los domingos a lo largo del año el Evangelio de Jesús sin reaccionar ante sus llamadas. No podemos pedir al Padre «el pan nuestro de cada día» sin pensar en aquellos que tienen dificultades para obtenerlo. No podemos comulgar con Jesús sin hacernos más generosos y solidarios. No podemos darnos la paz unos a otros sin estar dispuestos a tender una mano a quienes están más solos e indefensos ante la crisis.

José Antonio Pagola

 

 

Cuerpo y Sangre de Cristo 3 de junio – Koinonia

Éx 24,3-8: Ésta es la alianza que hace el Señor
Salmo 115: Alzaré la copa de salvación, invocando el nombre del Señor
Heb 9,11-15: La sangre de Cristo los purificará
Mc 14,12-16.22-26: Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?» Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.» Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

COMENTARIO BÍBLICO

Situada entre dos mares, con sus dos puertos, la ciudad de Corinto era el centro más importante del archipiélago griego, encrucijada de culturas y razas, a mitad de camino entre Oriente y Occidente.

Su población estaba compuesta por doscientos mil hombres libres y cuatrocientos mil esclavos. Dicen que Corinto tenía ocho kms. de recinto amurallado, veintitrés templos, cinco supermercados, una plaza central y dos teatros, uno de ellos capaz para veintidós mil espectadores. En Corinto se daban cita los vicios típicos de los grandes puertos. La ociosidad de los marineros y la afluencia de turistas, llegados de todas partes, la habían convertido en una especie de capital de «Las Vegas» del Mundo Mediterráneo. «Vivir como un corintio» era sinónimo de depravación; «corintia» era el término universalmente empleado para designar a las prostitutas, y ya puede uno imaginarse lo que significaba «corintizar».

En Corinto, cuya población era muy heterogénea (griegos, romanos, judíos y orientales) se veneraba a todos los dioses del “Pan-teón” griego. Sobre todos ellos, a Afrodita, cuyo templo estaba asistido por mil prostitutas.

Hacia el año 50 de nuestra era llegó a esta ciudad Pablo de Tarso. Tras predicar el Evangelio fundó una comunidad cristiana. Durante dieciocho meses permaneció como animador de la misma. Sus feligreses pertenecían a las clases populares (pobres y esclavos), pero también los había de entre la gente notable, por su cultura y por su dinero. Nació así una de las comunidades cristianas primitivas más conflictivas.

Cuando Pablo, por impulso de su vocación misionero, se marchó de Corinto, se declaró en su seno una verdadera lucha de clases que se manifestaba vergonzosamente en la celebración de la Eucaristía. Aquellos nuevos cristianos, ricos y pobres, libres y esclavos, convivían, pero no compartían; eran insolidarios. A la hora de celebrar la Eucaristía (por aquel entonces se trataba simplemente de la “fracción del pan?, comer juntos recordando a Jesús) se reunían todos, pero cada uno formaba un grupo con los de su clase social, de modo que «mientras unos pasaban hambre, los otros se emborrachaban» (1Cor 11,17ss).

Desde Éfeso, Pablo les dirigió una dura carta, para recordarles qué era aquello de la Eucaristía, lo que Jesús hizo la noche antes de ser entregado a la muerte, cuando, «mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: Tomen, esto es mi cuerpo…».

Sería malentender a Jesús que lo que estaba haciendo era mandar ir a misa y comulgar, un rito que en nada complica la vida. Rito que no sirve para nada si, antes de misa, no se toma el pan -símbolo de nuestra persona, nuestros bienes, nuestra vida entera- y se parte, como Jesús, para repartirlo y compartirlo con los que son nuestros prójimos cotidianos.

Habrá que recuperar el significado profundo del rito que Jesús realiza. «La sangre que se derrama por ustedes» significa la muerte violenta que Jesús habría de padecer como expresión de su amor al ser humano; «beber de la copa» lleva consigo aceptar la muerte de Jesús y comprometerse con él y como él a dar la vida, si fuese necesario, por los otros. Y esto es lo que se expresa en la eucaristía; ésta es una “nueva alianza?, un compromiso de amor a los demás hasta la muerte. Quien no entiende así la eucaristía, se ha quedado en un puro rito que no sirve.

Una mala interpretación de las palabras de Jesús ha identificado el pan con su cuerpo y el vino con su sangre, llegándose a hablar del milagro de la «transustanciación o conversión del pan en el cuerpo y del vino en la sangre de Cristo». Los teólogos, por lo demás, se las ven y se las desean para explicar este misterio. Como si esto fuera lo importante de aquel rito inicial. El significado de aquellas palabras es bien diferente: «En la cena, Jesús ofrece el pan («tomad) y explica que es su cuerpo. En la cultura judía «cuerpo» (en griego soma) significaba la persona en cuanto identidad, presencia y actividad; en consecuencia, al invitar a tomar el pan/cuerpo, invita Jesús a asimilarse a él, a aceptar su persona y actividad histórica como norma de vida; él mismo da la fuerza para ello, al hacer pan/alimento. El efecto que produce el pan en la vida humana es el que produce Jesús en sus discípulos. El evangelista no indica que los discípulos coman el pan, pues todavía no se han asimilado a Jesús, no han digerido su forma de ser y de vivir, haciéndola vida de sus vidas. Al contrario que el pan, Jesús da la copa sin decir nada y, en cambio, se afirma explícitamente que «todos bebieron de ella». Después de darla a beber, Jesús dice que «ésa es la sangre de la alianza que se derrama por todos». La sangre que se derrama significa la muerte violenta o, mejor, la persona en cuanto sufre tal género de muerte. «Beber de la copa» significa, por tanto, aceptar la muerte de Jesús y comprometerse, como él, a no desistir de la actividad salvadora (representada por el pan) por temor ni siquiera a la muerte. «Comer el pan» y «beber la copa» son actos inseparables; es decir, que no se puede aceptar la vida de Jesús sin aceptar su entrega hasta el fin, y que el compromiso de quien sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. Éste es el verdadero significado de la eucaristía. Tal vez nosotros la hayamos reducido al misterio –por lo demás bastante difícil de entender y explicar– de la conversión del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo.

«Mi Cuerpo es Comida»

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

(Pedro Casaldáliga)

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 110 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión, el audio y su comentario se encuentran aquí:

https://radialistas.net/article/11o-la-cena-de-pascua/

La serie «Otro Dios es posible» de los mismos hermanos López Vigil, incluye un capítulo (una «entrevista») titulado «¿El Cuerpo y la Sangre de Cristo?». El audio, el guión y los textos complementarios pueden ser encontrados en esta página:

https://radialistas.net/article/64-el-cuerpo-y-la-sangre-de-cristo/

En la biblioteca de Koinonía (servicioskoinonia.org/biblioteca) hay una obra de José María CASTILLO, célebre sobre el tema de eucaristía y justicia: «Donde no hay justicia no hay eucaristía». Está disponible libremente, en dos versiones, amplia y breve

 

Trinidad – Fray Marcos

(Dt 4,32-40) El Señor es el único Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra.

(Rom 8,14-17) Habéis recibido un Espíritu de hijos que os hace gritar Abba, Padre.

(Mt 28,16-20) Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Pensar a Dios no sirve de nada; vivirlo sí. Mi verdadero ser es Él. Mi única tarea es pasar de mi falso ser al verdadero.

Es verdad que la Biblia dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza pero, en realidad, es el hombre el que está fabricando a cada instante un Dios a su medida. Es verdad que nunca podremos llegar a un concepto adecuado de lo que es Dios, pero no es menos cierto que muchas ideas de Dios pueden y deben ser superadas. Si ha cambiado nuestro conocimiento de la realidad y del hombre, será lógico que cambie nuestra idea de Dios. El Dios antropomórfico tiene que dejar paso a un Dios-Espíritu, cada vez menos cosificado.

Decir que la Trinidad es un dogma o un misterio no hace más comprensible la formulación trinitaria. La verdad es que hoy no nos dice casi nada, y menos aún las explicaciones que se han dado a través de los siglos. Todas las teologías surgieron de una elaboración racional que siempre se hace desde una filosofía, determinada por un tiempo y una cultura. También la primitiva teología cristiana se desarrolló en el marco de una cultura y una filosofía, la griega. Pudo ser muy útil a través de la historia, pero no tenemos por qué atarnos a ella.

Cada día se nos hace más difícil la comprensión del misterio, entre otras cosas porque no sabemos qué querían decir los que elaboraron el dogma. Aplicar hoy a las tres personas de la Trinidad la clásica definición de Boecio “individua sustantia, racionalis naturae”, se antoja un poco ridículo. Aplicar a Dios la individualidad y la racionalidad propia del hombre es ridículo. Dios no es un individuo, ni es una sustancia ni es una naturaleza racional.

La dificultad para hablar de Dios como tres personas la encontra­mos en el mismo concepto de persona que, lejos de ser una constante a través de la historia, ha experimentado sucesivos cambios de sentido. Desde el «prosopon» griego, que era la máscara que se ponían en el teatro para que “resonara” la voz, pasando a significar el personaje que se representaba; al final terminó significando el individuo físico. El sentido moderno de persona es el de yo individual, conciencia subjetiva, es decir, el núcleo íntimo del ser humano.

En la raíz del significado está la limitación. Existe la persona porque existe la diferencia y la separación. Esto es imposible aplicárselo a Dios. En los últimos años se está hablando del ámbito transpersonal. Creo que va a ser uno de los temas más apasionantes de los próximos decenios.

Si el hombre está anhelando lo transpersonal, es ridículo seguir encasillando a Dios en un concepto personal, que siempre supone la limitación del propio ser.

Siempre que nos atrevemos a decir “Dios es…” estamos expresando una idea, es decir, un ídolo. Ídolo no es solamente una escultura de dios. También es un ídolo cualquier concepto que le aplicamos. El ateo sincero está más cerca del verdadero Dios que los teólogos que creen haberlo atrapado en conceptos. Dios no es nada que podemos nombrar. El “soy el que soy” del AT tiene más miga de lo que parece. Dios es solo verbo, pero un verbo que no se conjuga porque no tiene tiempos ni modos. Dios ES un inmenso presente que lo llena todo.

Dios no se identifica con la creación, pero tampoco es nada separado de ella. De la misma manera que no podemos imaginar la Vida como algo separado del ser que está vivo, no podemos imaginar lo divino separado de todo ser creado que, por el mero hecho de existir, está traspasado de Dios. Tampoco podemos decir que está donde actúa, porque tampoco puede actuar de una manera causal a semejanza de las causas segundas. La acción de Dios no podemos percibirla por los sentidos ni ser objeto de  ciencia.

El Dios de Jesús no es el Dios de los buenos, de los piadosos, de los religiosos ni de los sabios, es también el Dios de los excluidos y marginados, de los enfermos y tarados; incluso de los irreligiosos inmorales y ateos. El evangelio no puede ser más claro: “las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el Reino de Dios”. El Dios de Jesús no nos interesa porque no aporta nada a los “buenos” que ya lo tienen todo. En cambio llena de esperanza a los “malos” que se sienten perdidos. «No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores». El mensaje de Jesús escandalizó porque hablaba de un Dios que se da a todos sin que tengamos que merecerlo.

Para nosotros es sobre todo la experiencia que Jesús tuvo de su Abba lo que nos debe orientar en nuestra búsqueda. Jesús no se propuso inventar una nueva religión ni un nuevo Dios. Lo que intentó con todas sus fuerzas fue purificar la idea de Dios que tenía el pueblo judío en su época. Ese esfuerzo le costó la vida. Jesús en todo momento quiere dejar claro que su Dios es el mismo del AT. Eso sí, tan purificado y limpio de adherencias idolátricas que da la impresión de ser una realidad completamente distinta.

La forma en que Jesús habla de Dios como amor-salvación para los hombres se inspira directamente en su experiencia personal. Naturalmen­te esa vivencia no hubiera sido posible sin hacer suyo el bagaje religioso heredado de la tradición bíblica. En ella se encuentran ya claros chispazos de lo que iba ser la revelación de Jesús. La experiencia básica de Jesús fue la presencia de Dios en su propio ser. Descubrió que Dios lo era todo para él y decidió corresponder siendo él mismo todo para los demás. Tomó concien­cia de la fidelidad de Dios y respondió siendo fiel a sí mismo. Al llamar a Dios «Abba», Jesús abre un horizonte completamente nuevo en las relaciones con el absoluto.

La base de toda experiencia religiosa reside en la condición de criaturas. El hombre se descubre sustentado por la permanente acción creadora de Dios. El modo finito de ser uno mismo demuestra que no se da a sí mismo la existencia; por lo tanto, es más de Dios que de sí mismo. Sin Dios no sería posible nuestra existencia. El reconoci­miento de nuestra limitación es el camino para llegar a la experiencia de Dios.

Él es el único verdadero y sólido fundamento sin el cual nada existe. Jesús descubre que el centro de su vida está en Dios. Pero eso no quiere decir que tenga que salir de sí para encontrar su centro. Descubrir a Dios como fundamento es fuente de una insospechada humanidad.

Esta idea de Dios supone un salto sobre la idea del AT. Allí Dios era el Todopoderoso que hace un pacto al modo humano y observa desde su atalaya a los hombres para ver si cumplen o no su “Alianza”, y reacciona en consecuencia. Si la cumplen, los ama y los premia; si no la cumplen, los reprueba y castiga. En Jesús Dios actúa de modo muy diferente. Él es don absoluto e incondicional. Él es ágape y se da totalmente. Es el hombre el que tiene que reaccionar al descubrir lo que Dios es para él. La fidelidad de Dios es lo primero y el verdadero fundamento de una actitud humana.

Dios no puede ser un «tú» en el mismo sentido que lo es otro ser humano. Dios sería más bien la realidad que posibilita el encuentro con un tú; es decir, sería como ese tú ilimitado que se experimenta en todo encuentro humano con el otro. Pero a Dios nunca se le puede experimentar directa­mente como tal tú sin el rodeo del encuentro con un tú humano. No se trata, pues, de evitar a toda costa el vocabulario teísta sino exponer con suficiente claridad el carácter analógico de todo lenguaje sobre Dios.

 

Meditación

La mejor pista nos la da Jesús: “Yo y el Padre somos uno”.

Bien entendido que esto lo dijo como ser humano.

Jesús sigue siendo Jesús y Dios sigue siendo Dios,

pero toda diferencia ha desaparecido.

Solo si llego a descubrir lo que soy

puedo llegar, no a conocer, sino a vivir lo que es Dios.

 

 

Hirutasun Santua / Santísima Trinidad – José A. Pagola

-B (Mateo 28,16-20)

Evangelio del 27/mayo/2018

por Coordinador – Mario González Jurado

ADISKIDERIK HOBENA

Jainko hirukoitzari dagokion kristau-fedearen muinean bada funtsezko den baieztapen bat. Jainkoa ez da izaki ilun eta barnera ezina, bere baitan era egoistan hesitua. Jainkoa Maitasun da, eta soil-soilik Maitasun. Kristauok sinesten dugu ezen errealitatearen azken misterioan, den guztiari zentzua eta izatasuna emanez, ez dagoela Maitasuna baizik.

Jesusek ez du idatzi inolako trataturik Jainkoaz. Behin ere ez da ageri Galileako jendeari Jainkoaz dotrina irakasten. Jesusentzat, Jainkoa ez da kontzeptu bat, ez da teoria eder bat, ez da definizio ikusgarri bat. Gizakiaren Adiskiderik hobena da Jainkoa.

Ikertzaileek ez dute dudarik ebanjelioetan ageri den datu batez. Jesusi Jainkoaz hitz egiten entzuten zionak eta haren izenean jarduten ikusten zuenak, Jainkoa Berri On dela sentitzen zuen. Jesusek Jainkoaz esaten diona zerbait berri eta zerbait on iruditzen zaio. Jainkoaz entzun dezakeen albisterik onena iruditzen zaio Jesusek komunikatzen eta kutsatzen duen esperientzia. Zergatik?

Agian, hau da jendeak sumatzen duen lehenengo gauza: gizon-emakume guztien Jainkoa dela, eta ez tenpluan haren aurrean agertzeko duin direla pentsatzen dutenena bakarrik. Jainkoa ez dago leku sakratu bati kateatua. Ez da erlijio bakar baten jabetza ere. Ez da Jerusalemera erromes joan ohi den jende jainkozalearen jabetza ere. Jesusen arabera, «jende onaren eta gaiztoaren gainera aterarazten du eguzkia». Jainkoak ez du inor, ez baztertzen, ez negatiboki bereizten. Jesusek denak gonbidatzen ditu Jainkoagan konfiantza izatera: «Otoitz egitean, esazue: “Aita!”»

Jesusekin, aurkituz doaz ezen Jainkoa ez dela harengana merezimenduz beterik hurbiltzen direnena soilik. Halakoei baino lehen, erremediorik gabe bekatari direla pentsatuz, erruki eske doazkionei entzuten die. Jesusen arabera, galdurik bizi direnen bila ibili ohi da Jainkoa beti. Horregatik sentitzen da Jesus hain adiskide bekatarientzat. Horregatik esaten die, bera «galdua zenaren bila etorri dela eta hura salbatzera».

Konturatu da ere jendea, Jainkoa ez dela jakintsuena eta adituena soilik. Jesusek eskerrak eman dizkio Aitari, gustuko duelako adituentzat ezkutuko diren gauzak xumeei agertzea. Jainkoak arazo gutxiago izan ohi du herri xumearekin konpontzeko, dena dakitela uste duten jakintsuekin baino.

Baina Jesusen bizierak, Jainkoaren izenean gaixoen sufrimena arintzera emanak, espiritu gaiztoak harturik zituenak askatzera, lepradunak marjinaziotik libratzera, bekatariei eta prostituituei barkazioa eskaintzera emana zen Jesusen bizierak… sentiarazi zion jendeari konbentzimendu hau: alegia, gizakiaren Adiskiderik hobena bezala ikusten zuela Jainkoa Jesusek, soilik gure ongia bilatzen duena bezala, eta zerbaiten kontra jartzen bada, kalte egiten digunaren kontra jartzen dela soilik. Jesusen jarraitzaileek ez zuten sekula dudarik izan honetaz: Jainko gizon egina eta Jesusengan agertua Maitasun dela eta soilik Maitasun gizon-emakume guztientzat.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

-B (Mateo 28,16-20)

Evangelio del 27/mayo/2018

EL MEJOR AMIGO

En el núcleo de la fe cristiana en un Dios trinitario hay una afirmación esencial. Dios no es un ser tenebroso e impenetrable, encerrado egoístamente en sí mismo. Dios es Amor y solo Amor. Los cristianos creemos que, en el Misterio último de la realidad, dando sentido y consistencia a todo, no hay sino Amor. Jesús no ha escrito ningún tratado acerca de Dios. En ningún momento lo encontramos exponiendo a los campesinos de Galilea doctrina sobre él. Para Jesús, Dios no es un concepto, una bella teoría, una definición sublime. Dios es el mejor Amigo del ser humano.

Los investigadores no dudan de un dato que recogen los evangelios. La gente que escuchaba a Jesús hablar de Dios y le veía actuar en su nombre experimentaba a Dios como una Buena Noticia. Lo que Jesús dice de Dios les resulta algo nuevo y bueno. La experiencia que comunica y contagia les parece la mejor noticia que pueden escuchar de Dios. ¿Por qué?

Tal vez lo primero que captan es que Dios es de todos, no solo de los que se sienten dignos para presentarse ante él en el Templo. Dios no está atado a un lugar sagrado. No pertenece a una religión. No es propiedad de los piadosos que peregrinan a Jerusalén. Según Jesús, «hace salir su sol sobre buenos y malos». Dios no excluye ni discrimina a nadie. Jesús invita a todos a confiar en él: «Cuando oréis, decid: “¡Padre!”».

Con Jesús van descubriendo que Dios no es solo de los que se acercan a él cargados de méritos. Antes que a ellos escucha a quienes le piden compasión, porque se sienten pecadores sin remedio. Según Jesús, Dios anda siempre buscando a los que viven perdidos. Por eso se siente tan amigo de pecadores. Por eso les dice que él «ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».

También se dan cuenta de que Dios no es solo de los sabios y entendidos. Jesús le da gracias al Padre porque le gusta revelar, a los pequeños, cosas que les quedan ocultas a los ilustrados. Dios tiene menos problemas para entenderse con el pueblo sencillo que con los doctos que creen saberlo todo.

Pero fue sin duda la vida de Jesús, dedicado en nombre de Dios a aliviar el sufrimiento de los enfermos, liberar a poseídos por espíritus malignos, rescatar a leprosos de la marginación, ofrecer el perdón a pecadores y prostitutas…, lo que les convenció de que Jesús experimentaba a Dios como el mejor Amigo del ser humano, que solo busca nuestro bien y solo se opone a lo que nos hace daño. Los seguidores de Jesús nunca pusieron en duda que el Dios encarnado y revelado en Jesús es Amor y solo Amor hacia todos.

José Antonio Pagola