XVI. IGANDEA URTEAN ZEHAR – XVI DOMINGO T.O., JESUSEN BEGIRATUA – LA MIRADA DE JESÚS Mc. 6, 30-34

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

Jesusen begiratua

2012ko uztailaren 22a

Xeheki kontatu du Markosek pasadizoa. Leku patxadatsu eta bakartu baterantz doa Jesus ontziz ikasleekin. Lasai entzun nahi die, nekaturik itzuli baitira beren lehen ibilaldi ebanjelizatzailetik, eta bidali dituen Profetarekin partekatu nahi baitute beren esperientzia.

Jesusen asmok, ordea, huts egin du. Jendeak antzeman dio nora doan eta, ertzetik korrika, aurrea hartu dio. Iritsi direnean, Jesus eta ikasleak inguruko herrixka guztietatik etorri den jendetzarekin egin dute topo. Zein izango ote Jesusen erreakzioa?

Markosek grafikoki deskribatu du haren jokabidea: ikasleek ikasi beharra dute jendea nola tratatu; kristau-elkarteetan gogoan izan beharko da nola jokatzen zuen Jesusek anonimatuan galdua zen jendearekin, inork kontuan hartzen ez zuenarekin. «Ontzitik ateratzean, Jesusek jendetza ikusi eta hunkitu zen, zeren artzainik gabeko ardiak bezala baitzebiltzan, eta irakasten hasi zitzaien, batere presarik gabe».

Ebanjelizatzaileak azpimarratzen duen lehenengo gauza, Jesusen begiratua da. Ez da haserretu bere asmoa huts eginarazi diotelako. Pausatuki jarri zaie begira eta hunkitu da. Jendea Jesusek ez du sekula gogaikarri. Haren bihotzak sumatu du herrixka haietako landa-jendea zein bide galdurik eta abandonaturik bizi den.

Jendeari Jesusek bezala begiratzen ikasi beharra dugu geure Elizan: askok jasaten duen sufrimena, bakartasuna, nahasmendua edo abandonua atzemanez. Errukia ez da sortzen arauez arduratzetik edo gure betebeharrak gogoan izatetik. Sufritzen dutenei adi-adi begiratzetik sortu ohi da.

Begiratu horrekin konturatu da Jesus jende haren premiarik sakonenaz: «artzainik gabeko ardiak bezala dabiltza». Maisuek eta legelariek eskaintzen dieten irakaspenak ez die ematen behar duten janaririk. Beraiez inor arduratzen ez dela bizi dira. Ez dute ez gidatu, ez defenda ditzakeen artzainik.

Errukiak eraginda, «batere presarik gabe hasi zaie irakasten». Presarik gabe, Jainkoaren Berri Ona eta erreinuaz duen egitasmo gizatarra irakasteari emanik biziko da. Ez da ari derrigorrez. Ez da ari bere buruari begira. Jainkoaren Hitza eman nahi die, bizi duten artzain baten premiak hunkiturik.

 

La mirada de Jesús / Jesusen begiratua

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

22 de Julio de 2012

Marcos describe con todo detalle la situación. Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharles con calma, pues han vuelto cansados de su primera correría evangelizadora y desean compartir su experiencia con el Profeta que los ha enviado.

El propósito de Jesús queda frustrado. La gente descubre su intención y se les adelanta corriendo por la orilla. Cuando llegan al lugar, se encuentran con una multitud venida de todas las aldeas del entorno. ¿Cómo reaccionará Jesús?

Marcos describe gráficamente su actuación: los discípulos han de aprender cómo han de tratar a la gente; en las comunidades cristianas se ha de recordar cómo era Jesús con esas personas perdidas en el anonimato, de las que nadie se preocupa. «Al desembarcar, Jesús vio la multitud, se conmovió porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles con calma».

Lo primero que destaca el evangelista es la mirada de Jesús. No se irrita porque han interrumpido sus planes. Los mira detenidamente y se conmueve. Nunca le molesta la gente. Su corazón intuye la desorientación y el abandono en que se encuentran los campesinos de aquellas aldeas.

En la Iglesia hemos de aprender a mirar a la gente como la miraba Jesús: captando el sufrimiento, la soledad, el desconcierto o el abandono que sufren muchos y muchas. La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta en nosotros cuando miramos atentamente a los que sufren.

Desde esa mirada Jesús descubre la necesidad más profunda de aquellas gentes: «andan como ovejas sin pastor». La enseñanza que reciben de los maestros y letrados de la ley no les ofrece el alimento que necesitan. Viven sin que nadie cuide realmente de ellas. No tienen un pastor que las guíe y las defienda.

Movido por su compasión, Jesús «se pone a enseñarles con calma». Sin prisas, se dedica pacientemente a enseñarles la Buena Noticia de Dios y su proyecto humanizador del reino. No lo hace por obligación. No piensa en sí mismo. Les comunica la Palabra de Dios, conmovido por la necesidad que tienen de un pastor.

No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro de nuestras comunidades cristianas, anda buscando un alimento más sólido que el que recibe. No hemos de aceptar como normal la desorientación religiosa dentro de la Iglesia. Hemos de reaccionar de manera lúcida y responsable. No pocos cristianos buscan ser mejor alimentados. Necesitan pastores que les transmitan la enseñanza de Jesús.

DOMINGO XVI T.O., 22 de Julio 2012, Mc. 6, 30 – 34

Mc 6, 30-34

FRAY MARCOS – COMENTARIO

CONTEXTO

Para comprender los distintos aspectos del evangelio de hoy, tenemos que tener presente el contexto. Los apóstoles acaban de volver de la misión a la que Jesús les ha envidado (evangelio del domingo pasado). Entre el envío y el regreso, nos ha contado la muerte de Juan Bautista.

El hecho de retirarse a un sitio tranquilo y apartado, puede tener dos motivos aparentes: que los discípulos descansen del trabajo, o que, ante el peligro de Herodes, buscasen menor notoriedad. Pero estos motivos nos dirían muy poco. Lo importante está un poco más allá. Marcos nos está diciendo que los discípulos necesitan una seria reflexión sobre el éxito de su misión, como Jesús necesitó meditar sobre su mesianismo.

EXPLICACIÓN

Después de la misión de los doce, se vuelven a reunir y se cuentan las peripecias de la tarea que acaba de terminar. Parece ser que les ha ido bien y vienen encantados (Lucas lo dice expresamente). La euforia de la gente que les busca ratifica esa visión. El éxito se les está subiendo a la cabeza y no les deja tomar la postura adecuada.

«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco». El mismo Jesús que les empujó a una actividad febril entre la gente, les lleva ahora a un alejamiento de esa misma gente para dedicarse a ellos mismos. No se trata solamente de la preocupación por su cansancio. Se trata, sobre todo, de que entiendan bien el sentido de lo que está sucediendo y no se dejen llevar por falsos espejismos. Por dos veces se dice que van al desierto, para dejar claro que necesitan una reconversión.

El texto griego no dice ‘lugar tranquilo o despoblado’ sino ‘lugar desértico’. La diferencia es importante si tenemos en cuenta el significado que Marcos da al desierto, como lugar de lucha contra el falso mesianismo. Inmediatamente después de ser bautizado, Marcos coloca a Jesús en el desierto, para que allí aclare cuál va a ser su verdadera misión, superando la tentación de un mesianismo triunfalista. Después del primer éxito en la sinagoga de Cafarnaún y la curación de la suegra de Pedro, se marcha él solo al desierto (exactamente la misma expresión). Ahora Jesús pretende que una reflexión calmada, haga superar el estado de euforia.

«Se les adelantaron». Los planes van a ser frustrados por una urgencia mayor, la de la gente que le esperaba. En la profunda humanidad manifestada por Jesús en el evangelio de hoy, tenemos que descubrir su verdadera divinidad. Es de notar que el relato habla ahora del grupo. «Los reconocieron», «se les adelantaron». Al incorporar a los doce a su propia misión, queda establecido el grupo como comunidad. La búsqueda de la gente refleja una carencia de apoyo y estímulo que posibilita la tarea de Jesús. Como la hemorroísa, como Jairo, el pueblo oprimido descubre su necesidad de salvación y la busca en Jesús.

«Como ovejas sin pastor». Es una imagen clásica en el AT. En una cultura en que la ganadería era el principal medio de sustento, todos sabían perfectamente lo que se estaba insinuando con la imagen del pastor. Siguiendo la primera lectura (Jr 23,1-6), Jesús hace una crítica a los dirigentes que, en vez de cuidar de las ovejas, las utilizan en beneficio propio. Siempre ha pasado lo mismo. Nunca han faltado pastores, pero han sido tantas las ofertas y hechas con tanta persuasión, que el pueblo se ha sentido indefenso ante las ofertas más disparatadas.

«Le dio lástima». Hoy no le conmueve un ciego o leproso, sino la gente normal, que anda descarriada. La ‘compasión’ sería una manera más adecuada de expresar el amor, superando los malentendidos que la palabra ‘lástima’ puede comportar. Podemos sentir lástima de una persona, pero no mover un dedo para sacarle de su lastimosa situación.

En todos los tiempos podemos constatar políticos y eclesiásticos que no tienen en cuenta al pueblo a la hora de tomar sus decisiones. La actitud de Jesús (enseñar y dar de comer) es el mejor antídoto contra la tentación de buscar en la gente el aplauso y la sumisión.

«Y se puso a enseñarles con calma». Una manera muy sutil de decir que por encima de los planes de Jesús, está la necesidad de la gente. Por cierto, el texto griego no dice «con calma», sino «muchas cosas». La verdad es que del contexto se deduce que dedicó todo el día a esa tarea, pues a continuación Marcos narra la primera multiplicación de los panes, que empieza advirtiendo de que ‘se hizo tarde’.

El tiempo es lo más preciado que tenemos porque es limitado. Tener tiempo para los demás es la mejor manera de responder a las exigencias del evangelio. En realidad, la vocación del cristiano es ésta: ser para los demás.

APLICACIÓN

Se cumple la promesa de Jeremías. Jesús es el único pastor. Como dice Juan, él es el modelo de pastor, el único que no nos va a engañar ni se va a aprovechar de nosotros. Con todos los demás que se presenten como intermediarios, hay que tener cuidado, porque nos pueden desviar poniendo sus intereses por delante de los nuestros. Es una tentación en la que los seres humanos caemos casi siempre; incluso cuando hablamos de Dios es para manipularlo y ponerlo a nuestro servicio.

También hoy andan las ovejas sin pastor. No faltan pastores, pero cada uno las manda por un camino diferente. No sé lo que pasaría en otras épocas, pero si hay una característica de la nuestra, es precisamente la desorientación. Es urgente descubrir el verdadero mensaje de evangelio para poder superar tanta ideología y legalismo como se le ha adherido a través del tiempo.

Cuando Pablo dice que derribó el muro que los separaba (Ef 2,13-18), no se refiere a una situación externa, sino a una actitud interna de fidelidad a sí mismos, que permite a los seres humanos superar la barrera del odio. Lo que nos separa es siempre nuestro «ego» (falso yo). Nuestro verdadero ser, lo que hay de Dios en nosotros, es idéntico en todos.

Cuando en el evangelio Jesús invita a los apóstoles a retirarse al «desierto», está tratando de decirnos que solo en el silencio y en el recogimiento interior, podemos encontrar el verdadero ser, y solo después de saber donde está, podemos indicar a los demás el camino para encontrarlo. Sin vida interior, sin meditación profunda, no puede haber una verdadera vida espiritual. Sin esa vivencia no podemos ayudar a los demás a descubrir el manantial de agua viva que llevan dentro. Si encontramos a Dios en nosotros, llevarlo a los demás se convertirá en la tarea más urgente y más fácil de nuestra vida.

El evangelio de hoy es un reconocimiento de la necesidad del silencio para recuperar la armonía interna, amenazada por el exceso de actividad en cualquier orden de cosas. El estrés que hoy padecemos se debe a que no tenemos tiempo para nosotros mismos. Esta falta de tiempos tranquilos nos impide asimilar y ordenar los acontecimientos, que de esa manera, nos pueden destrozar, como la comida no digerida y por lo tanto indigesta.

Busca en tu interior y descubre allí el verdadero guía. No mendigues más agua que se te da a cuentagotas y por un precio; busca la fuente que está siempre manando y a tu entera disposición. Las mediaciones serán buenas en la medida que no se conviertan en fines o en medios para que otro se aproveche. Te ayudará todo aquel que te ayude a entrar dentro de ti y a ser fiel a las exigencias que nacen de lo hondo del ser. La exigencia fundamental del ser humano es el amor. Sin ser amado puedes desplegar tu humanidad, sin amar, no.

El dedicarse a los demás y la dedicación a uno mismo no son dos aspectos que se puedan separar. La contemplación y la acción no pueden disociarse. Ni una ni otra serían auténticas si las separáramos. Todo acercamiento a Dios lleva directamente a los demás. Todo verdadero acercamiento a los demás, nos acerca inevitablemente a Dios. Si en nuestra vida somos capaces de olvidar uno de los dos aspectos, será la señal de que nos estamos equivocando de objetivo y además, nos estamos alejando del evangelio.

XV DOMINGO T.O., Mc. 6, 7-13, 15 julio 2012

¿QUÉ MISIÓN?

Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

«Misión» es una palabra que actualmente cotiza a la baja, hasta el punto de que corre el peligro de resultar inutilizable.

El motivo tiene que ver con la nueva sensibilidad que emerge a partir de la modernidad, que lleva a cuestionar radicalmente los supuestos habituales sobre los que la idea de la «misión» se sustentaba.

Nacida en una etapa mítica y, por tanto, etnocéntrica, tal idea comportaba inevitablemente un componente de «superioridad» y de proselitismo. Quienes se consideraban en posesión de la verdad –fuera filosófica, política o religiosa- se sentían en la obligación interior de («enviados a») darla a conocer, para que también los otros accedieran a ella.

A partir de ese planteamiento, tácita y definitivamente aceptado, todo lo demás era consecuencia. Tanto el sentimiento de superioridad –con frecuencia, en forma de paternalismo-, como el afán de «convertir» a los otros proclamando que así se buscaba su bien, constituían elementos imprescindibles de aquella cosmovisión.

A medida que se iba superando el nivel mítico, empezó a chirriar cualquier idea de «superioridad». Y a partir del momento en que fuimos siendo capaces de tomar distancia del modelo mental de conocer, vinimos a reconocer que la trampa se encerraba justamente en aquel principio que se daba por supuesto: la idea misma de estar en posesión de la verdad.

Tanto las personas como los grupos poseemos diferentes «mapas», con los que tratamos de comprender el «Territorio» de lo Real. Esos mapas –no puede ser de otro modo- están formados por un conjunto de ideas, normas y creencias, que buscan apuntar más allá de sí mismas. Cuando esto se olvida y se absolutizan las creencias, se cae en un error grave y sumamente perjudicial: el de creerse en posesión de la verdad, considerando erróneos todos aquellos otros «mapas» que no coincidan con el propio.

Entre esta postura que podemos designar como «absolutismo dogmático» y el otro extremo del relativismo vulgar, empezamos a ser cada día más conscientes de que nuestro modo de conocer siempre es relativo, por cuanto se halla situado dentro de unas determinadas coordenadas espaciotemporales. Si a eso añadimos que la Verdad no se puede pensar –por cuanto no es un «objeto» delimitable-, nos dejaremos conducir a una actitud humilde. En ella, no renunciamos al espíritu crítico, pero no caemos tampoco en la prepotencia arrogante de quien se identifica con los resultados –siempre pobres- de la propia razón.

Nuestro espíritu crítico nos hará ver que no todos los mapas son iguales, que hay afirmaciones más ciertas que otras y modos de actuar más positivos que otros. Pero todo eso no nos ahorrará el esfuerzo de la búsqueda ni la flexibilidad para tomar distancia de nuestros propios mapas, abriéndonos a la Verdad que los trasciende.

En todo este camino, que habrá de estar marcado por el encuentro y el diálogo, así como por el respeto y la valoración del otro diferente –la diferencia no tiene por qué ser fuente de inseguridad, como ocurría en el nivel mítico, sino aporte enriquecedor-, me parece que podremos empezar a ponernos de acuerdo en dos indicadores.

El primero de ellos, que ya ha quedado insinuado, podría formularse de este modo: la Verdad no puede ser pensada ni encerrada o reducida a una creencia –»el Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao»-; solo podemos conocerla cuando la somos. No se trata, por tanto, de tener la verdad –algo inaccesible a nuestra mente-, sino de ser Verdad. Y únicamente cuando la somos, es cuando la conocemos.

Evidentemente, este camino es mucho más honesto, exigente y humilde. Ya no me veo a mí mismo como alguien que –con un más o menos disimulado sentimiento de superioridad- se cree en posesión de la Verdad, sino como aquel que va descubriendo que solo en la medida en que tome distancia de su propio ego, podrá abrirse al Territorio que trasciende la mente y la perspectiva egoica.

No solo eso. Al salir de la identificación con el propio yo, emergerá la Identidad compartida y, con ella, el Amor y la valoración hacia todos los seres.

También desde esta perspectiva, se hace patente que la apertura a la Verdad pasa por ir respondiendo adecuadamente a la pregunta primera: «¿quién soy yo?». Las respuestas inadecuadas o «incompletas» a la misma, que nos llevan a identificarnos con determinados objetos (cuerpo, mente, afectividad, experiencias, creencias…) nos mantendrán sumidos en la ignorancia, la confusión y el sufrimiento. Solo la respuesta adecuada –soy aquello que no puede ser observado, lo que no es «objeto»- hará posible la sabiduría y la liberación.

Hablaba también de un segundo indicador para el camino. Se trata, a mi modo de ver, de la posibilidad de compartir un «mínimo común denominador», en el que todos, más allá de los «mapas» de cada cual, podamos encontrarnos.

Ese mínimo me parece que no puede ser otro que el cuidado de la Vida –de toda vida- y el Amor a todos los seres. De modo que cualquier «mapa» pueda ser sometido a este test.

Me parece claro que todas las tradiciones espirituales han planteado, de un modo u otro, este «doble indicador», aunque posteriormente las «formas» adoptadas históricamente lo hayan podido oscurecer.

Si venimos al texto del evangelio que leemos hoy, reconocemos esa misma intuición original, antes de lo que fuera la «práctica» concreta de aquellas primeras comunidades. El horizonte del envío no es otro que el de favorecer la vida. La «autoridad sobre los espíritus inmundos» no es otra cosa que el compromiso a favor de la vida y de las personas, frente a aquellas fuerzas que tienden a doblegar y a dañar.

Desde esta perspectiva, la «misión» puede reencontrar su sentido. Enviados a favor de la Vida, por el camino de ser, que nos conducirá a la experiencia de nuestra verdadera identidad, una Identidad que percibiremos compartida y no-dual. Será esta experiencia la que hará posible que modifiquemos nuestros patrones de comportamiento, en la línea que pone de relieve el siguiente relato.

Un antropólogo que estudiaba los hábitos y costumbres de una tribu en África, que siempre estaba rodeado de niños de la tribu, decidió hacer algo divertido entre ellos; consiguieron una buena cantidad de caramelos en la ciudad y los pusieron a todos en una canasta decorada con cinta y otros adornos, y luego dejaron la canasta debajo de un árbol.

Luego llamó a los niños y propuso un juego: que cuando él dijese «ahora», ellos deberían correr hasta aquel árbol y el primero que llegase a la canasta sería el ganador, y tendría derecho a comerse todos los caramelos él solo.

Los niños fueron colocados en fila, esperando la señal acordada.

Cuando dijo «¡Ahora!», todos los niños se tomaron de las manos y salieron corriendo juntos hacia la canasta. Llegaron juntos, y comenzaron a dividir los caramelos, y sentados en el suelo, los comieron felices.

El antropólogo fue a su encuentro y les preguntó indignado por qué habían ido todos juntos, si solo uno pudo haber tenido toda la canasta.

Entonces, los niños respondieron: ¡¡¡UBUNTU!!! ¿Cómo uno de nosotros podría ser feliz si todos los otros estuviesen tristes?

UBUNTU significa: «¡Yo soy porque nosotros somos!».

 

Enrique Martínez Lozano

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XV. IGANDEA URTEAN ZEHAR-XV DOMINGO T.O., EBANJELIZAZIO BERRIA – EVANGELIZACIÓN NUEVA

EBANJELIZAZIO BERRIA – EVANGELIZACIÓN NUEVA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Ebanjelizazio berri baten premia sentitzen dugu gaur egun Elizan. Zer izan daiteke, ordea? Zein izan daiteke berritasuna? Zer behar dugu aldatu? Zein izan zen egiaz Jesusen asmoa, ikasleak bere ebanjelio-eginkizuna luzatzera bidali zituenean?

Markosen kontakizunak argi uzten du Jesus bakarrik dela haren jarraitzaileen egintza ebanjelizatzailearen iturria, inspiratzailea eta eredua. Jesusen aginpidez jardungo dute jarraitzaileek. Ez dute ezer egingo beren izenean. Jesusen «bidaliak» dira. Ez dira izango beren buruaren predikari: Jesusen Ebanjelioa hots egingo dute, soilik. Ez dute izango beste interesik: soilik, Jainkoaren erreinuari bideak urratzeari emanak biziko dira.

«Ebanjelizazio berri» bat eragiteko era bakarra Jesusekiko lotura hau garbitu eta indartzea izango da. Ez da izango ebanjelizazio berririk, ez badago ebanjelizatzaile berririk, eta ez da izango ebanjelizatzaile berririk, ez badago Jesusekin harreman biziagorik, argiagorik eta suharragorik. Hura gabe, munduan haren Espiritua sartu ez beste edozer gauza egingo dugu.

Bidali dituenean, Jesusek ez ditu utzi ikasleak beren indarraren baitan. «Bere aginpidea» eman die; ez da, ordea, gainerakoak kontrolatzeko, gobernatzeko edo dominatzeko boterea, baizik «espiritu lohiak bota» ahal izateko bere indarra da, jendea askatzen duena pertsona eta gizartea esklabutzen, estutzen eta gizatasuna kentzen duen orotatik.

Ikasleek oso ondo dakite zer dien Jesusek gomendatu. Ez dute ikusi hura sekula inor mendean hartzen. Beti ezagutu dute zaurituak sendatzen, sufrimendua arintzen, bizitza eraberritzen, beldurretik liberatzen, Jainkoaganako konfiantza kutsatzen. «Sendatu» eta «liberatu» dira lehenengo egitekoak Jesusen jardueran. Horrek guztiak errotik aldatuko luke gure ebanjelizazioaren aurpegiera.

Premiazkoa berekin dutela bidali ditu ebanjelizatzera. Markosen arabera, «makila, sandaliak eta tunika bat» eramango dute soilik. Ez dute beste ezeren beharrik funtsezkoaren lekuko izateko. Aske eta loturarik gabe ikusi nahi ditu Jesusek; beti prest, ongizateari lotu gabe; Ebanjelioaren indarrean fidaturik.

Ebanjelio-jarrera hau berreskuratu ezean, ez da izango ebanjelizazio berririk. Garrantzizkoa ez da jarduera eta estrategia berriak abian jartzea, baizik eta alde batera uztea ohiturak, egiturak, mirabetzak, Ebanjelioaren funtsa egiaz eta xume kutsatzeko aske izatea eragozten diguten neurrian.

Elizak galdu egin du Jesusek iradokitzen duen bidari-estilo hau. Eta bidari nagi eta astun bihurtu da Eliza. Ez da gai gizadiari lagun egiteko. Ez dugu zalutasunik kultura batetik bestera igarotzeko. Izan dugun botereari eutsi nahi diogu. Jainkoaren erreinuarekin zerikusirik ez duten interesetan katramilatu gara. Bihotz-berritu beharra dugu.

EVANGELIZACIÓN NUEVA

José Antonio Pagola

En la Iglesia se siente hoy la necesidad de una nueva evangelización. ¿En qué puede consistir? ¿Dónde puede estar su novedad? ¿Qué hemos de cambiar? ¿Cuál fue realmente la intención de Jesús al enviar a sus discípulos a prolongar su tarea evangelizadora?

El relato de Marcos deja claro que solo Jesús es la fuente, el inspirador y el modelo de la acción evangelizadora de sus seguidores. Estos actuarán con su autoridad. No harán nada en nombre propio. Son «enviados» de Jesús. No se predicarán a sí mismos: solo anunciarán su Evangelio. No tendrán otros intereses: solo se dedicarán a abrir caminos al reino de Dios.

La única manera de impulsar una «nueva evangelización» es purificar e intensificar esta vinculación con Jesús. No habrá nueva evangelización si no hay nuevos evangelizadores, y no habrá nuevos evangelizadores si no hay un contacto más vivo, lúcido y apasionado con Jesús. Sin él haremos todo menos introducir su Espíritu en el mundo.

Al enviarlos, Jesús no deja a sus discípulos abandonados a sus fuerzas. Les da su «autoridad», que no es un poder para controlar, gobernar o dominar a los demás, sino su fuerza para «expulsar espíritus inmundos», liberando a las gentes de lo que esclaviza, oprime y deshumaniza a las personas y a la sociedad.

Los discípulos saben muy bien qué les encarga Jesús. Nunca lo han visto gobernando a nadie. Siempre lo han conocido curando heridas, aliviando el sufrimiento, regenerando vidas, liberando de miedos, contagiando confianza en Dios. «Curar» y «liberar» son tareas prioritarias en la actuación de Jesús. Darían un rostro radicalmente diferente a nuestra evangelización.

Jesús los envía con lo necesario para caminar. Según Marcos, solo llevarán «bastón, sandalias y una túnica». No necesitan de más para ser testigos de lo esencial. Jesús los quiere ver libres y sin ataduras; siempre disponibles, sin instalarse en el bienestar; confiando en la fuerza del Evangelio.

Sin recuperar este estilo evangélico, no hay nueva evangelización. Lo importante no es poner en marcha nuevas actividades y estrategias, sino desprendernos de costumbres, estructuras y servidumbres que nos están impidiendo ser libres para contagiar lo esencial del Evangelio con verdad y sencillez.

La Iglesia ha perdido ese estilo itinerante que sugiere Jesús. Su caminar es lento y pesado. No acierta a acompañar a la humanidad. No tenemos agilidad para pasar de una cultura a otra. Nos agarramos al poder que hemos tenido. Nos enredamos en intereses que no coinciden con el reino de Dios. Necesitamos conversión.

 

 

XIV. DOMINGO T.O., Mc. 6, 1-6, 8 de Julio de 2012

EL MIEDO A CAMBIAR ARRUINA CUALQUIER «BUENA NOTICIA»

Fray Marcos

FE ADULTA

CONTEXTO

Las tres lecturas de hoy nos hablan de limitaciones del ser humano. Tanto Ezequiel como Pablo como Jesús se dan cuenta de lo poca cosa que son, pero terminan descubriendo que esas limitaciones no anulan las posibilidades de humanidad plena que Dios espera de ellos. Somos humanos, tal vez ‘demasiado humanos’ como decía Nietzsche, pero la plenitud de humanidad, que podemos alcanzar, es algo increíblemente grandioso y más que suficiente para dar sentido a una vida.

Viniendo al evangelio, con este texto concluye Marcos una parte de su obra. Después de este relato, que manifiesta la aceptación por el pueblo (la mayoría) de las tesis de los dirigentes, nos vuelve a poner a Jesús en relación con los representantes oficiales de la religión. Sigue enseñando, pero al pueblo (los menos) oprimido, que quiere liberarse. Jesús se convence de que no hay nada que hacer con la institución, y en adelante se va a dedicar al pueblo marginado. Este episodio se encuentra en los tres sinópticos, pero relatos paralelos se pueden encontrar en Juan y en otros lugares de los mismos sinópticos.

Marcos no tiene relatos de la infancia. Por eso puede narrar sin prejuicios este encuentro con los de su «pueblo». Es un toque de alerta ante el afán de divinizar la vida humana de Jesús. Para los que mejor le conocían, era solo uno más del pueblo. Sus paisanos estaban tan seguros de que era una persona normal, que no pueden aceptar otra cosa. Eran sus compañeros de niñez, habían corrido, jugado y trabajado con él, sabían perfectamente quién era. Lo encuadraban en una familia (requisito indispensable en aquella época para ser alguien). Hasta ese momento no habían descubierto nada fuera de lo normal en él. Es lógico que no esperasen nada extraordinario. ¿De dónde saca todo eso?

EXPLICACIÓN

Jesús vuelve a su pueblo (el texto griego y la Vulgata dicen «patria»). Ni nombra al pueblo ni hace referencia al lugar geográfico. Se refiere más bien al ambiente social en que desarrolló su vida. Llega con sus discípulos, es decir, convertido en un rabino que tiene sus seguidores fijos. No sale nadie a recibirle. Tuvo que esperar al sábado, e ir él a la sinagoga a hablarles. No fueron a la sinagoga a escucharle, sino a cumplir con el precepto del sábado. Es Jesús el que, por su cuenta y riesgo, se pone a enseñarles sin que se lo pidan.

Marcos ya había advertido de la relación de Jesús con sus parientes. En 3,21 dice que sus parientes vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales. Quedan impresionados, como ya sucediera en la sinagoga de Cafarnaúm.

El texto griego no dice: «desconfiaban de él», sino «se escandalizaban» (exkandalizonto), que indica una postura mucho más radical. No se dignan pronunciar su nombre, se refieren a él despectivamente con el pronombre «ese». Le dicen que es hijo de María; no nombran a su padre, que era la manera de considerar digna a una persona.

Es curioso que Mateo corrige el texto de Marcos y dice: «hijo del carpintero». Pero Lucas va más lejos y dice: «el hijo de José». Estos evangelistas, que copian de Marcos, seguramente intentan quitarle al texto toda posible interpretación peyorativa. Para Marcos, no era hijo de José, porque había roto con la tradición de su padre; ya no era un seguidor de las tradiciones, como era su obligación…

Fijémonos bien. Ese conocimiento, yo diría excesivo, de Jesús, es lo que les impide creer en él. Conocen muy bien a Jesús, pero se niegan a reconocerle como lo que es. Hay que estar muy atentos al texto. En aquel tiempo, cualquiera de la asamblea podía hacer la lectura y comentarla. Si no aceptan la enseñanza de Jesús, es porque no se presentó como carpintero sino con pretensiones de maestro.

Tampoco lo rechazan por enseñar como un Rabí, sino por enseñar cosas nuevas. La religión judía estaba demasiado segura de sí misma como para admitir novedades. Ya se encargaban los jefes religiosos de adoctrinar al pueblo para que no admitiera nada distinto a lo que ellos enseñaban.

Jesús no ha estudiado con ningún rabino ni tiene títulos oficiales. Precisamente por eso, la sabiduría que manifiesta tiene que venir de Dios (profeta) o del diablo (magia). Al hacer Jesús alusión al rechazo del «profeta», está respondiendo a las cinco preguntas puramente retóricas que se habían hecho sus paisanos. Jesús no enseña nada de su cosecha, sino que habla en nombre de Dios. Esa era la primera característica de un profeta. Al no aceptarle, están rechazando a Dios mismo.

La extrañeza de Jesús no es por verse rechazado sino por verse rechazado por su pueblo. Rechazado por los sometidos a quienes intentaba liberar. El golpe psicológico que recibió Jesús fue realmente muy fuerte.

Nos queda por aclarar un apunte muy interesante en el relato. Su desconfianza impide que Jesús pueda hacer allí milagro alguno. El domingo pasado decía Jesús a la hemorroísa: «tu fe te ha curado»; y a Jairo: «basta que tengas fe». La fe o la falta de fe, son determinantes a la hora de producirse un milagro.

¿Dónde está entonces el poder de Jesús? Tenemos que superar la idea de un Jesús que tiene la omnipotencia de Dios y que puede hace lo que quiere en cada momento. Ni Dios ni Jesús pueden hacer lo que quieren si entendemos el «hacer» como causalidad física. La idea de un Jesús con el comodín de la divinidad disponible en cualquier momento, ha falseado el verdadero rostro de Jesús.

APLICACIÓN

El relato de hoy nos está hablando de la humanidad plena de Jesús. Nos está confirmando que es uno de tantos, sin privilegios de ninguna clase. Por eso es tan difícil aceptarle como profeta envidado de Dios.

También para nosotros sigue siendo difícil descubrir a Dios en aquel, que simplemente se muestra como muy humano. También hoy rechazamos por instinto cualquier Jesús que no esté de acuerdo con el que aprendimos de pequeños. Yo he oído más de una vez esta frase: «No nos compliques la vida. ¿Por qué no nos dices lo de siempre?» Acostumbrados a oír siempre lo mismo, si a alguien se le ocurre decir algo distinto, aunque esté más de acuerdo con el evangelio, saltamos como hienas.

Todo lo que no responda a lo sabido, a lo esperado, no puede venir de Dios. Esa fue la postura de los jefes religiosos del tiempo de Jesús y esa es la postura de los jerarcas de todos los tiempos. Pero esa es también la postura de todos los que lo niegan. Como no responde a las expectativas, no existe.

Aceptar a Jesús, como aceptar a Dios, implica el estar despegado de todas las imágenes que nos podemos hacer sobre él. Siempre que nos encerremos en ideas fijas sobre Jesús, estamos preparándonos para el escándalo.

Dios nunca se presenta dos veces con la misma cara. Si de verdad le buscamos lo descubriremos siempre diferente y desconcertante. Si esperamos encontrar al Dios domesticado, nos engañamos a nosotros mismos aceptando al ídolo que ya nos es familiar. La consecuencia inesperada de toda religión institucionalizada, será siempre el tratar de manipular y domesticar a Dios para hacer que se acomode a nuestras expectativas.

El profeta no es el que adivina el porvenir, sino el que habla de un Dios desconcertante e imprevisible que puede salir en cualquier instante por peteneras.

El profeta nunca estará conforme con la situación actual, ni personal ni social, porque sabe que la exigencia de Dios es la perfección total a la que no podemos llegar nunca. El auténtico profeta será siempre un inconformista (hoy diríamos un indignado). Lo más «antiprofético» y antievangélico será siempre la persona o la institución instalada.

A pesar del rechazo de «muchos» queda siempre la esperanza de que «pocos» sigan abiertos a la enseñanza y a la acción de Jesús. El gran espejismo en que hemos caído en el pasado, fue pensar que «todos» tenían la obligación de aceptar el mensaje de Jesús. Nada ha hecho más daño al cristianismo, que el querer imponerlo a todos. Desde Constantino hasta nuestra historia reciente, hemos cometido el disparate de hacer cristianos por «decreto». La opción por el evangelio seguirá siendo cuestión de minorías.

Meditación-contemplación

 

El conocimiento de Jesús nos impide descubrirlo.

Todo lo aprendido sobre él, se convierte en prejuicio,

que nos impide abrirnos a su significado profundo.

Lo que es y significa Jesús, no se puede meter en doctrinas.

……………

También las «ideas» que tenemos sobre Dios,

impiden la apertura a lo que Él es en realidad.

Toda idea sobre Dios es un ídolo, que nos impide acercarnos a Él.

Si quieres conocer a Dios, abandona toda «idea» sobre Él.

……………

A Dios solo se llega viviendo su presencia en nosotros.

Para llegar a la vivencia tengo que superar el conocimiento.

El conocimiento de Dios me ha venido de fuera.

La experiencia de Dios me llegará de dentro.

…………………

URTEAN ZEHAR XIV. IGANDEA, Mc. 6, 1 – 6, 2012ko uztailaren 8a

BEREEN ARTEAN UKATUA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesus ez da Tenpluko apaiz bat, erlijioa zaintzera eta sustatzera emana. Ez du hartzen inork Lege-maisutzat ere, Moisesen Tora defenditzera emana. Galileako landa-jendeak, haren keinu sendatzaileetan eta haren suzko hitzetan, Jainkoaren Espirituak eragina den profeta baten jarduera ikusten du.

Jesusek badaki bizitza zaila eta gatazkatsua izango duela. Erlijio-buruzagiek aurre egin diote. Profeta ororen zoria da. Ez du barruntatzen artean, hain xuxen bereek egingo diotela uko, haurtzarotik hobekien ezagutzen dutenek.

Nazareteko herrian Jesusi egin zioten ukoa oso komentatua izan zen lehen kristauen artean. Hiru ebanjelarik xeheki jaso dute pasadizoa. Markosen arabera, ikasle-talde bat lagun duela iritsi da Jesus Nazaretera, eta profeta sendatzaile baten fama duela. Jesusen auzotarrek ez dakite zer pentsa.

Larunbata iristean, herriko sinagoga txikira doa Jesus. Eta «irakasten hasi da». Auzokoek eta familiartekoek doi-doi entzuten diote. Galdera-mota asko sortu zaizkie. Haurtzarotik dute ezaguna Jesus: auzotar bat gehiago da. Non ikasi du mezu harrigarri hori Jainkoaren erreinuaz? Nondik datorkio sendatzeko ahalmen hori? Markosek dio ezen dena «eskandalagarri gertatzen zitzaiela». Zergatik?

Landa-jende hark uste du dena dakiela Jesusez. Haurtzarotik moldatu dute hartaz beren ideia. Beren aurrean agertu zaien bezala onartu ordez, hartaz duten irudiak blokeatu egin ditu. Irudi horrek eragotzi egin die Jesusen baitan den misterioari bihotza irekitzea. Gogor egin diote harengan Jainkoaren hurbiltasun salbatzailea aurkitzeari.

Bada besterik ere. Profetatzat onartzeak Jainkoaren izenean agertu dien mezua entzuteko prest egotea eskatuko lieke. Eta horrek arazoak ekartzen ahal lizkieke. Beren sinagoga dute, beren liburu sakratuak eta beren tradizioak. Bakean bizi dute beren erlijioa. Jesusen presentzia profetikoak herrixkako bakea hausten ahal du.

Kristauek irudi aski desberdinak ditugu Jesusez. Denak ez datoz bat hurbiletik ezagutu eta jarraitu ziotenen irudiarekin. Nork bere irudia dugu Jesusez. Irudi honek baldintzatzen du fedea bizitzeko era. Jesusez dugun irudia pobrea, erdizkakoa edo desitxuratua bada, pobrea, erdizkakoa edo desitxuratua izango da gure fedea.

Zergatik saiatzen gara hain gutxi Jesus ezagutzen? Zergatik eskandalizatzen gaitu haren giza ezaugarriak gogoratzeak? Zergatik egiten diogu gogor Jainkoa Profeta batengan haragitu dela aitortzeari? Haren bizitza profetikoak haren Eliza sakon eraldatzera behartuko gintuzkeela barruntatzen dugulako ote?

14 Tiempo ordinario (B) Marcos 6, 1-6

RECHAZADO ENTRE LOS SUYOS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA,04/07/08.- Jesús no es un sacerdote del Templo, ocupado en cuidar y promover la religión. Tampoco lo confunde nadie con un maestro de la Ley, dedicado a defender la Torá de Moisés. Los campesinos de Galilea ven en sus gestos curadores y en sus palabras de fuego la actuación de un profeta movido por el Espíritu de Dios.

Jesús sabe que le espera una vida difícil y conflictiva. Los dirigentes religiosos se le enfrentarán. Es el destino de todo profeta. No sospecha todavía que será rechazado precisamente entre los suyos, los que mejor lo conocen desde niño.

El rechazo de Jesús en su pueblo de Nazaret era muy comentado entre los primeros cristianos. Tres evangelistas recogen el episodio con todo detalle. Según Marcos, Jesús llega a Nazaret acompañado de un grupo de discípulos y con fama de profeta curador. Sus vecinos no saben qué pensar.

Al llegar el sábado, Jesús entra en la pequeña sinagoga del pueblo y “empieza a enseñar”. Sus vecinos y familiares apenas le escuchan. Entre ellos nacen toda clase de preguntas. Conocen a Jesús desde niño: es un vecino más. ¿Dónde ha aprendido ese mensaje sorprendente del reino de Dios? ¿De quién ha recibido esa fuerza para curar? Marcos dice que todo “les resultaba escandaloso”. ¿Por qué?

Aquellos campesinos creen que lo saben todo de Jesús. Se han hecho una idea de él desde niños. En lugar de acogerlo tal como se presenta ante ellos, quedan bloqueados por la imagen que tienen de él. Esa imagen les impide abrirse al misterio que se encierra en Jesús. Se resisten a descubrir en él la cercanía salvadora de Dios.

Pero hay algo más. Acogerlo como profeta significa estar dispuestos a escuchar el mensaje que les dirige en nombre de Dios. Y esto puede traerles problemas. Ellos tienen su sinagoga, sus libros sagrados y sus tradiciones. Viven con paz su religión. La presencia profética de Jesús puede romper la tranquilidad de la aldea.

Los cristianos tenemos imágenes bastante diferentes de Jesús. No todas coinciden con las que tenían los que lo conocieron de cerca y lo siguieron. Cada uno nos hacemos nuestra idea de él. Esta imagen condiciona nuestra forma de vivir la fe. Si nuestra imagen de Jesús es pobre, parcial o distorsionada, nuestra fe será pobre, parcial o distorsionada.

¿Por qué nos esforzamos tan poco en conocer a Jesús? ¿Por qué nos escandaliza recordar sus rasgos humanos? ¿Por qué nos resistimos a confesar que Dios se ha encarnado en un Profeta? ¿Tal vez intuimos que su vida profética nos obligaría a transformar profundamente su Iglesia?

 

XIII DOMINGO T.O., 1 de Julio de 2012, Mc. 5, 21-43

¿QUÉ SALVACIÓN BUSCAMOS EN JESÚS?

Fray Marcos

FE ADULTA

Del final del capítulo 4 de Marcos, pasamos al final del cap. 5. En este capítulo, antes del relato que vamos a leer, narra un episodio muy raro: Jesús cura a un endemoniado y permite que los espíritus inmundos se metan en una piara de cerdo, que, acto seguido, se precipita en el mar. Jesús vuelve a atravesar el lago en dirección a Galilea, y allí encuentra de nuevo a la multitud que le busca.

Tomando un poco de perspectiva descubrimos que el domingo pasado nos hablaba del «poder» de Jesús sobre la naturaleza (la tempestad calmada). Continúa el evangelio con la manifestación de «poder» sobre los espíritus inmundos (curación del endemoniado en Gerasa), que no hemos leído. Hoy damos dos pasos más: «Poder» sobre la enfermedad (la hemorroísa); Y «poder» sobre la muerte (la hija de Jairo). No cabe una síntesis más clara, ordenada y progresiva de la actividad salvadora de Jesús.

En el doble relato de hoy, descubrimos un mensaje muy profundo. Por una parte, la niña y su padre son imagen de los sometidos a la institución. Jairo es un cargo público, aunque no estrictamente religioso. La mujer enferma representa a los marginados y excluidos por una interpretación demasiado legalista de la Ley. Este simbolismo se hace más claro por el anonimato de las dos mujeres, y los doce años de enfermedad de la mujer y los doce años de vida de la niña. El número doce es símbolo de Israel.

Jairo (símbolo de la institución) no encuentra salida en la religión y busca la salvación en Jesús, que ya había sido rechazado por sus jefes. La decisión es tan difícil que espera hasta el último momento para ir en busca de Jesús.

La mujer enferma, también se había gastado toda su fortuna en buscar salvación, sin hallarla. Tampoco le quedaba otra salida. La religión no sólo no le daba solución, sino que la marginaba y la excluía hasta límites inimaginables hoy.

Uno viola formalmente la Ley acudiendo a un proscrito. La otra viola literalmente la Ley tocando a Jesús. Es muy interesante constatar que en los dos casos, Jesús apela a la fe-confianza como motor de puesta en marcha de la curación-salvación.

Para descubrir la importancia del relato hay que tener en cuenta las leyes de pureza que afectaban a la mujer. El Levítico dice:

«La mujer permanecerá impura cuando tenga su menstruación o tenga hemorragias; todo lo que ella toque quedará impuro, así como también quien entre en contacto con ella».

Es muy difícil hacernos una idea de cómo quedaban limitadas las posibilida¬des de relaciones sociales y religiosas con esta ley. La mujer era considerada impura y causante de impureza. Podemos imaginar la tara psicológica que dejaba en la mujer esta considera¬ción de impura.

La hemorroísa tenía prohibido, por imperativo social y religioso, tocar y ser tocada. Ella sabe que el acto que puede salvarle, está expresamente prohibido por la Ley. Sin embargo, doce años de sufrimiento la empujan. Esta valentía no está exenta de temor, se acerca por detrás. Tocar a Jesús no solo manifiesta la confianza en él, sino en sí misma. Su valentía le devuelve la salud.

Con una aguda sensibilidad más que humana, percibe que le han tocado (todos le están apretujando). Cuando Jesús pregunta «¿Quién me ha tocado?», está dando a entender que alguien ha llegado hasta él buscando una respuesta a su opresión. Aceptando ser tocado, más allá de la norma, entra en la dinámica que la mujer había iniciado. Se abre a la comunicación profunda y sanadora a través del cuerpo.

Los dos están expresando lo mejor de sí mismos. El cuerpo «impuro» de la mujer, es reconocido y aceptado como normal. Dejándose tocar Jesús se coloca por encima de los códigos sociales y religiosos. Los cuerpos son instrumentos de encuentro liberador. El tabú de la impureza queda roto. Se da una complicidad total entre dos seres humanos que se relacionan desde lo más hondo de su ser. Una relación que abarca todos los aspectos del ser, el físico, el psíquico y el religioso.

La mujer obra saltándose la Ley, pero Jesús va aún más allá, y reacciona como si la Ley no existiera. Se seca la fuente de su hemorragia. Subjetivamente, nota que había sido curada. El milagro se produce sin que intervenga la voluntad expresa de Jesús. Es la fe-confianza de la mujer la que desencadena los aconteci¬mientos.

También es interesante la alusión a una fuerza especial que sale de Jesús. La fuerza viene de Jesús, pero es la mujer la que pone en marcha esa energía. Este relato es una mina para tratar de descubrir qué es lo que sucedía de verdad cuando el evangelio habla de «milagros».

No significa una acción que vaya en contra de las leyes de la naturale¬za. Todo lo contrario, es dejar libre la naturaleza para que pueda desarrollar su ley sin las trabas que le pone el ser humano. Porque estar en armonía con la naturaleza no es lo normal, llegamos a llamar milagro los procesos que serían los más naturales del mundo cuando no hay obstrucción a esas fuerzas que están siempre a nuestro favor.

Claro que se produce un milagro, una verdadera maravilla. Mucho más grande que convertir una piedra en pan. Un ser humano liberado de sus complejos, de sus miedos, de una religión opresora e inhumana. Un ser humano que puede empezar a ser él mismo, que empieza a valorarse porque se siente apreciado.

Se reanuda el relato de la hija de Jairo con la llegada de los emisarios, que traen noticias de muerte. Jesús es portador de vida y le dice a Jairo: basta que tengas fe. La multitud se pone de parte de los emisarios de muerte y se pone a llorar; pero Jesús no hace ningún caso y sigue adelante.

Coge de la mano a la muchacha, pero a diferencia de la suegra de Pedro, no la levanta, sino que le dice: ¡levántate! (el mismo verbo que Marcos emplea para hablar de resurrección). En contra de lo que dice expresamente la Ley, toca a un muerto, y en vez de quedar él contaminado de muerte, comunica la vida al cadáver.

APLICACIÓN

No nos engañemos, la importancia de estos relatos no está en el hecho de curar o de resucitar, sino en el simbolismo que encierran. Pensar que la obra de Jesús se puede encerrar en tres resurrecciones y en una docena de curaciones, es ridiculizar la figura de Jesús. Objetivamente, los curados volverán a enfermar y entonces no estará allí Jesús para curarlos; y los resucitados volverán a morir sin remedio. Sabemos que Jesús no puso el objetivo de su misión en una solución de los problemas puntuales de aquí abajo.

La salvación de Jesús es para todos y en cualquier circunstancia. También para los enfermos, marginados, explotados. Si no tenemos esto en cuenta, puedo pensar que la salvación de Jesús no es para mí.

Ya en el AT queda muy claro que Dios no hizo la muerte. Jesús va más allá y nos dice que Dios no quiere nada negativo para el hombre. Aunque las limitaciones son inherentes a nuestra condición de criaturas, la salvación de Dios es siempre de un plano superior y más pleno que cualquier limitación; por eso se puede dar en plenitud, a pesar de cualquier limitación, incluida la muerte.

La verdadera salvación, la que propone Jesús, libera siempre. No se trata de un premio para unos pocos privilegiados, sino de una oferta absoluta de Dios desde lo hondo de cada ser. Esa fuerza, que Jesús era capaz de poner en marcha, está disponible para todos, lo único que tenemos que hacer, es dejar que actúe en nosotros.

No se trata de magia sino de conocimiento de las posibilidades que el ser humano tiene de utilizar las leyes de la naturaleza a su favor. De la misma manera que tiene poder para bloquear los procesos naturales y causar así un daño a su propio ser o/y a los demás.

En los dos casos, la multitud queda al margen de los acontecimientos y de la salvación que representan. Para Jesús, los entes de razón (multitud, pueblo, iglesia) no pueden ser objetos de salvación. Lo único que le importa es la persona, porque es lo único real. Esto lo hemos olvidado, y hemos cometido y seguimos cometiendo, el disparate de sacrificar a la persona en aras de la institución. Nada hay más antievangélico que este atropello.

También hoy tendría que ser nuestra principal tarea el liberar a tantas personas atrapadas por las interpretaciones aberrantes de Dios. La religión, mal entendida, seguirá oprimiendo y esclavizando mientras seguimos dando más importancia a la institución que a la persona.

Meditación-contemplación

«Tu fe te ha curado». «Basta que tengas fe».
En el orden espiritual, es imprescindible la fe.
Aunque sería cómodo, las seguridades son imposibles.
Sin confianza en el OTRO no daremos un paso.

……………………

¡Despierta! ¡Resucita!
No permanezcas inerte en el cálido capullo,
Que tú mimo has tejido.
Atrévete a volar.
Si no afrontas el riesgo, no encontrarás la Vida.

…………………..

No te quejes de que estés apagado.
La culpa es tuya porque no acabas de conectarte.
Tu lámpara está capacitada para iluminarse.
Toda la energía está a tú disposición.
Solo tienes que tocar la fuente de energía.

………………..

Fray Marcos

URTEAN ZEHAR XIII. IGANDEA, Uztailaren 1a, Mc. 5, 21-43

EMAKUMEAREN FEDEA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Harrigarria da pasadizoa. Markos ebanjelariak emakume ezezagun bat dakarkigu fede-eredutzat, kristau-elkarteentzat. Harengandik ikasi ahal dute nola ibili Jesusen bila fedez, nola iritsi harekin harreman sendagarria izatera eta nola topatu Jesusengan biziera berri bati ekiteko indarra, bakezko eta osasungarri bati.

Jairo, «sinagogako buruzagi» eta Kafarnaumeko gizon ezaguna omen den hori, ez bezala, emakume hau ez da inor. Ezkutuko gaixotasuna, tipikoki femeninoa, duela dakigu soilik, emakume, emazte eta ama bezala osasuntsu bizitzea eragozten dion gaixotasuna.

Sufrimendu fisiko eta moral handia du. Dena xahutu du medikutan, inork sendatu gabe. Halere, ez du amore eman emakume gaixo bezala bizitzera. Bakarrik dago. Inork ez dio lagundu Jesusengana hurbiltzen, baina aurkitu du harengana hurbiltzeko modua.

Ez dago planto eginik, Jesusek hurbildu eta eskuak noiz ezarriko. Berak jo du haren bila. Eragozpen guztiak gainditu ditu. Ahal duen eta dakien guztia egin du. Jesusek ulertu du bizitza sanoago baten bila dabilela. Konfiantza osoa jarri du Jesusen indar sendatzailean.

Ez da konformatu Jesus urrunetik ikustearekin. Harreman zuzenagokoa eta pertsonalagoa nahi du. Erabakitasunez jokatu du, baina ez eroa bezala. Ez du inor gogaitu nahi. Atzetik hurbildu, jende artean, eta soingainekoa ukitu du. Keinu samur horrekin zehaztu eta adierazi du Jesusengan duen konfiantza osoa.

Ezkutuan gertatu da dena, baina emakume horren fedearen berri guztiek izan dezaten nahi du Jesusek. Emakumeak, beldurti eta dar-dar, egin duena aitortzean, Jesusek diotso: «Ene alaba, zeure fedeak sendatu zaitu. Zoaz bakean eta osasuntsu». Emakume hau, Jesusengan Jainkoak eskaini digun salbazio bila ibiltzeko eta onartzeko azaldu duen ahalbidearekin, fede-eredu bihurtu da gu guztiontzat.

Zeinek laguntzen die gaur egungo emakumeei Jesusekin topo egiten? Zein ahalegintzen da, gaur egungo Elizan aurkitzen dituzten oztopoak ulertzen, Kristorekiko beren fedea «bakean eta osasuntsu» bizi ahal dezaten? Zeinek hartzen ditu aintzat emakume teologoen fedea eta ahaleginak?, kasik inolako sostengurik gabe eta era guztietako trabak eta ukoak gaindituz, emakumeari bideak irekitzen atsedenik gabe saiatzen direnean, Jesusen Elizan duintasun handiagoz bizi ahal izateko?

Emakumeek ez dute izaten gure artean Jesusek eskaintzen zien onarpenik, balio-aitorpenik eta ulermenik. Ez dakigu Jesusek begiratzen zien bezala begiratzen. Halaz guztiz, emakumeak dira, sarritan, gaur ere gure kristau-elkarteen sostengu Jesusekiko beren fedeaz eta beren ebanjeliozko arnasaz.

XII DOMINGO T.O., Mc. 4, 35 – 40, 24 de Junio de 2012

HACIA LA OTRA ORILLA

Enrique Martínez Lozano

FE ADULTA

Jesús, quien ha visto, invita y anima a ir «más allá» de lo conocido y de lo trillado, hacia «la otra orilla».

El ser humano tiende a instalarse, acomodándose a aquello que va consiguiendo. Fácilmente nos acostumbramos a lo conocido y nos dejamos mecer por la rutina que evita sobresaltos y nos otorga una cierta sensación de seguridad.

Y esto suele ocurrir también con nuestras ideas, creencias o cosmovisiones. Acostumbrados a ver la realidad desde una determinada perspectiva, nos cuesta abrirnos a otros ángulos nuevos o desconocidos.

Preferimos, aun sin darnos cuenta, quedarnos instalados en «esta orilla», la conocida, habitual, acostumbrada. Es la preferida de nuestra mente y de nuestra sensibilidad, por la sencilla razón de que les resulta familiar y les aporta tranquilidad.

Es una actitud en principio comprensible, aunque comporta un riesgo importante: quedar reducidos a una visión estrecha y ahogados en una vida mortecina, una vez que nos hemos cerrado a cualquier posible salida…, sobre todo cuando hemos logrado un «bienestar» que se prolonga.

En realidad, cuando todo en la vida nos resulta fácil, es más probable que nos instalemos en nuestras seguridades. En ocasiones, solo cuando estas se conmueven, la persona conecta con otro anhelo más profundo.

Porque, si bien en los niveles mental y emocional, tendemos a instalarnos, en lo más profundo de nosotros, sin embargo, nos habita un Anhelo de «más», que nos empuja desde dentro en un despliegue abierto a horizontes cada vez mayores.

Tal anhelo podemos verlo también como la voz de nuestro «maestro interior» que nos da paz, pero que no nos deja en paz. Si no lo ahogamos con compensaciones ni lo acallamos con nuestro ruido, escucharemos su voz que nos anima a cruzar a «la otra orilla». Por eso, al escuchar estas palabras de Jesús, es probable que reconozcamos el «eco» que producen en nuestro interior, y que la invitación nos resulte conocida.

La «otra orilla» es la novedad del presente, el descubrimiento incesante, la amplitud sin límites. Pero solo podremos empezar a cruzarla si estamos dispuestos a dejar nuestros caminos trillados y nos entregamos con docilidad a la Vida –otro nombre de nuestro «maestro interior»-, en todo lo que tenga que enseñarnos.

Si «esta orilla» es la del yo –al identificarnos con la mente, nos habíamos reducido a él-, la otra es la de nuestra identidad profunda. Por eso, la primera es «cerrada» –tiene los mismos límites que el yo-, mientras que la segunda es ilimitada.

En aquella, pretendemos controlar todo desde la primacía del yo; en esta, nos reconocemos en la Vida misma que fluye y que se expresa en todo, incluido el propio yo, que ha «cedido» su protagonismo anterior.

Pero, aun oyendo la invitación y reconociendo la resonancia que produce en nuestro interior, el tránsito no suele ser fácil. Debido a nuestra identificación con la mente, que nos ha hecho creer que éramos el «yo individual» que ella misma ha plasmado, nos cuesta mirar la realidad desde otra perspectiva que no sea la del yo.

La dificultad del tránsito queda magníficamente expresada en el relato evangélico que estamos comentando. El yo (la barca), aun atreviéndose a salir de su mundo habitual, experimenta un oleaje (mental y emocional) amenazador en el que teme hundirse sin remedio.

Sin embargo, dentro de esa misma tempestad, hay alguien que duerme serenamente. No solo eso: es alguien que impone la calma con su sola palabra. De pronto, ante tal calidad de presencia, el mar (todo aquello que nuestra mente percibe y etiqueta como «mal») se torna apacible, y el miedo angustiante se convierte en confianza admirada y agradecida.

¿Ante quién estamos? Jesús, de quien había partido la invitación a cruzar a «la otra orilla» (nuestro maestro interior), es la expresión de quien «ha visto», conoce y vive su identidad profunda.

No se halla reducido a su «yo individual», sino que se sabe Consciencia y Vida sin límites, Presencia consciente y amorosa, que se nombra como «Yo Soy», sin otros añadidos.

Esa Presencia –otro nombre de nuestra identidad profunda- es paz, ecuanimidad y fuerza. Calma el mar embravecido y nos introduce en la paz que supera todo lo que podemos pensar.

En los niveles mágico o mítico de consciencia, Jesús era visto como alguien «exterior» o separado, cuya fuerza podía liberarnos «milagrosamente» de todos los males. La oración consistía, precisamente, en implorar su poder para sortear las dificultades.

En el nivel transpersonal, de la mano de la perspectiva no-dual, la liberación sigue ocurriendo, pero la explicación es distinta: Jesús es el «espejo» de lo que somos todos; en él nos vemos reflejados y en él podemos percibir y reconocer nuestra misma identidad.

Se trata de una identidad «compartida» (no-dual) que, sin negar las diferencias, reconoce que su fondo y nuestro fondo es uno y el mismo. En realidad, todo lo que existe «comparte» o participa de ese mismo Núcleo que constituye la Mismidad de todo lo que es.

Desde esta nueva perspectiva, por tanto, Jesús no aparece como un salvador «externo», sino como la referencia que, al abrirnos los ojos, nos hace tomar consciencia de que estamos ya salvados, en la Identidad que somos. El engaño consistía en nuestra propia ceguera, que nos había reducido a las dimensiones del yo mental.

De modo que las palabras del relato –»¿por qué sois tan cobardes?; ¿aún no tenéis fe?»- podrían «traducirse» por estas otras: ¿por qué estáis tan ciegos?, ¿todavía no veis? Despertad a vuestra verdadera identidad… Todo lo demás –la calma, la fuerza, el coraje…- se os dará por añadidura.

Necesitamos, para ello, activar nuestra «inteligencia espiritual», como la capacidad que nos permite acceder y conectar con esa dimensión profunda de lo real, a la que nos referimos con el término «espiritualidad».

(A quien esté interesado en todo ello, puedo sugerirle la lectura del último libro que he escrito, y que acaba de publicar la editorial PPC: «Vida en plenitud. Apuntes para una espiritualidad transreligiosa»).

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

IGANDEAN ZEHAR XII. T.O., Lc. 1,57-66.80, 24 de junio de 2012

ZERGATIK ZARETE HAIN BELDUR?

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesus eta haren ikasleak doazen itsasontzia ekaitz batek jo du, Galileako aintziran udako egun batzuetan ezustean eta harro sortzen diren haietako batek. Markosek pasadizo hori deskribatu du, une zailak bizi dituzten kristau-elkarteen fedea esnatzeko.

Kontakizuna ez da istorio lasaigarri bat, gaur egungo kristauak kontsolatzeko, Jainkoaren babesa aginduz Elizari historian patxadan ibiltzeko aukera emateko. Jesusen dei erabakitzailea da, une zailetan berarekin itsasbidea egiteko: «Zergatik zarete hain koldar? Oraino ez al duzue federik?»

Hasieratik prestatu du Markosek pasadizoa. Esan digu «arratsa zela». Laster estaliko du aintzira gau ilunak. Jesus izan da itsasbide arraro horren eragilea: «Goazen beste ertzera». Esapidea ez da batere inozentea. Elkarrekin joatera gonbidatu ditu, ontzi berean, beste mundu baterantz, ezaguna dutena baino harago: Dekapolis lurralde paganorantz.

Bat-batean, urakan zakar bat jaiki da, eta uhinek gogor jotzen dute ontzia, urez betez. Patetikoa da eszena: brankan, ikasleak borrokan, ezinean, ekaitzaren kontra; txopan, txoko altuxeagoan, Jesus lo, kuxin baten gainean.

Izuturik, Jesus esnatu dute ikasleek. Ez dute sumatu Aitarekiko Jesusek duen konfiantza. Harengan ikusi duten gauza bakarra, beraietaz axolarik ez izatea da. Beldurrak jota ageri dira eta urduri: «Maisu, ez al dizu inporta gu hondoratzea?»

Jesusek ez du zuritu bere jarrera. Zutik jarri eta konjuru antzeko bat bota du: haizea gelditu eta dena bare-bare egin da. Bake eta isiltasun handi horietaz baliatuz, bi galdera egin dizkie Jesusek, guganaino iritsi diren hauek: «Zergatik zarete hain koldar?Oraino ez al duzue federik?»

Zer ari zaigu gertatzen kristauei? Zergatik gara hain beldur aldi erabakigarri hauei aurre egiteko?, zergatik hain konfiantza txikia Jesusengan? Ez ote da hondoratzeko beldur hori blokeatzen gaituena? Ez ote da segurtasun bila itsu-itsu ibiltzea, aldi hauen irakurketa buru argiz, erantzukizunez eta konfiantzaz egitea eragozten diguna? Zergatik gara hain uzkur ikusteko, Jainkoa dela Eliza gidatzen duena Jesusi eta haren Ebanjelioari leialago izatera? Zergatik bilatzen dugu segurtasuna iraganean ezaguna eta eraikia den hartan?, zergatik ez dugu entzun nahi «beste ertzera igarotzeko» Jesusen deia?, Jainkoaz axolagabe den, baina hartarainoko esperantza-beharra duen munduan Berri Ona apal-apal ereiteko.