3º DOMINGO T.O., 27 DE ENERO DE 2013, Lc 1, 1-4 / Lc 4, 14-21

AÚN NO HEMOS ACEPTADO LA BUENA NOTICIA: LIBERARNOS Y LIBERAR

Escrito por Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 1, 1-4 / Lc 4, 14-21

CONTEXTO

Como sabéis, este ciclo C nos toca leer al evangelista Lucas. Después de los relatos de infancia, narra el bautismo de Jesús y a continuación las tentaciones del desierto. En 4, 14 comienza propiamente la vida pública de Jesús con este relato de la predicación en la sinagoga de su pueblo, después de una breve introducción general en la que habla de sus enseñanzas por las sinagogas de Galilea. En el texto queda claro que no es la primera vez que entra en una sinagoga porque dice «como era su costumbre». Y en los versículos siguientes: «haz aquí lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».

EXPLICACIÓN

El texto de Isaías que Jesús mismo lee, es el punto de partida. Pero más importante aún que la cita, es la omisión voluntaria de la última parte del párrafo, que dice: «… y un día de venganza para nuestro Dios» (estaba expresamente prohibido añadir o quitar un ápice del texto). Jesús manifiesta talante, antes de empezar el comentario. Los que escuchaban conocían de memoria el texto, y se dieron cuenta de la omisión. Parece que le muestran su aprobación, pero no pasa de una nerviosa expectación. Que el hijo de José se atreva a rectificar la Escritura era inaceptable. Para un judío era impensable que alguien se atreviera a cambiar la idea de Dios reflejada en la Escritura. En el texto de Isaías queda claro que la buena noticia anunciada era para los judíos. Jesús trae una buena noticia para todos.

No comenta un texto de la Torá, que era lo más sagrado para el judaísmo de aquel tiempo, sino un texto profético. El fundamento de la predicación de Jesús se encuentra más en los profetas que en el Pentateuco. Debemos dejar claro que el mismo Espíritu que ha inspirado la Escritura, unge a Jesús para ir mucho más allá de ella. El valor absoluto que se daba a la Escritura queda abolido. No se anula la Escritura, sino el carácter absoluto que le habían dado los rabinos. Ninguna teología, ningún rito, ninguna norma pueden tener valor absoluto. El hombre debe estar siempre abierto al futuro.

Al aplicarse a sí mismo el texto, está declarando su condición de «Ungido». Seguramente es esta pretensión la que provoca la reacción de sus vecinos, que le conocían de toda la vida y sabían quién era su padre y su madre. En otras muchas partes de los evangelios se apunta a la misma idea: la mayor cercanía a la persona de Jesús se convierte en el mayor obstáculo para poder aceptar lo que verdaderamente representa.

Con la Escritura en la mano, Jesús anuncia la raíz más profunda de su mensaje. Fijémonos bien. A las promesas de unos tiempos mesiánicos por parte de Isaías, contrapone Jesús los hechos, «hoy se cumple esta Escritura». Toda la Biblia está basada en una promesa de liberación por parte de Dios. Pero debemos tener mucho cuidado para no entender literalmente ese mensaje, y seguir esperando de Dios lo que ya nos ha dado. Dios no nos libera, Dios es la liberación. Soy yo el que debo tomar conciencia de que soy libre y puedo vivir en libertad sin que nadie me lo impida. Como Jesús, no debo dejar que nada ni nadie me oprima. Ni Dios ni los hombres en su nombre, pueden exigirme ningún vasallaje.

La libertad es el estado natural del ser humano. La «buena noticia» de Jesús va dirigida a todos los que padecen cualquier clase de sometimiento, por eso tiene que consistir en una liberación. No debemos caer en una demagogia barata. La enumeración que hace Isaías no deja lugar a dudas. En nombre del evangelio no se puede predicar la simple liberación material. Pero tampoco podemos conformarnos con una propuesta de salvación meramente espiritual, desentendiéndonos de las esclavitudes materiales, en nombre de una salvación que nos empeñamos en proyectar para el «más allá».

Oprimir a alguien o desentenderse del oprimido, es negar radicalmente al Dios de Jesús. El Dios de Jesús no es el aliado de unos pocos que le caen en gracia. No es el Dios de los buenos, de los piadosos ni de los sabios. Es, sobre todo, el Dios de los marginados, de los excluidos, de los enfermos y tarados, de los pecadores. Solo estaremos de parte de Dios, si estamos con ellos. De otro modo, podemos estar seguros de que nos relacionamos con un ídolo. Una religión, compatible con cualquier clase de exclusión, es idolátrica. Cuando el Bautista envía dos discípulos a preguntar a Jesús si era él el que había de venir, responde Jesús: «id y contarle a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan… etc.

Más que nunca busca hoy el ser humano su liberación, pero algo está fallando en esa búsqueda. Buscamos con ahínco la liberación de las opresiones externas, pero descuidamos la liberación interior que es la primera que tenemos que conseguir. Jesús habla de liberarse, antes de hablar de liberar a los demás. Sobre todo en el evangelio de Juan, está muy claro que tan grave es oprimir como dejarse oprimir. El ser humano puede permanecer libre, aunque le lluevan sometimientos externos. Hay siempre una parte de su ser que nada ni nadie puede doblegar. La vida de Jesús ha sido el mejor ejemplo. Para Jesús, la primera obligación de un ser humano es no admitir ninguna esclavitud. Y el primer derecho de todo hombre es verse libre de cualquier opresión. Debe quedar muy claro que la opresión más deshumanizadora es la que se ejerce en nombre de Dios.

¿Cómo conseguir ese objetivo? El evangelio nos lo acaba de decir: Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu. Ahí está la clave. Solo el Espíritu nos puede capacitar para cumplir la misión que tenemos como seres humanos. Tanto en el AT como en el NT, ungir era capacitar a uno para una misión. Pablo nos lo dice con claridad meridiana: si todos hemos bebido de un mismo Espíritu, seremos capaces de superar el individualismo, y entraremos en la dinámica de pertenencia a un mismo cuerpo.

La idea de que todos formamos un solo cuerpo es sencillamente genial. Ninguna explicación teológica puede llevarnos más lejos que esta imagen. La idea de que somos individuos con intereses encontrados es tan demencial como pensar que cualquier parte de nuestro cuerpo pueda ir en contra de otra parte del mismo cuerpo. El individualismo instintivo solo puede ser superado por la conciencia de unidad a la que nos lleva el Espíritu.

Pablo nos invita a aceptarnos los unos a los otros como diferentes. Esa diversidad es precisamente la base de cualquier organismo. Sin ella el ser vivo sería inviable. Tal vez sea una de las exigencias más difíciles de nuestra condición de criaturas, aceptar la diversidad, aceptar al otro como diferente, encontrando en esa diferencia, no una amenaza sino una riqueza insustituible. Si somos sinceros, descubrimos que estamos en la dinámica opuesta: rechazar y aniquilar al que no es como nosotros. Todavía hoy sigue siendo una asignatura pendiente para nuestra religión, no ya la aceptación, sino el simple soportar al diferente.

La única predicación de Jesús fue el amor, es decir, la unidad de todos los hombres. Eso supone la superación de todo egoísmo y por lo tanto la superación de toda conciencia de individualidad. Los conocimientos adquiridos en estos dos últimos siglos vienen en nuestra ayuda. Somos parte del universo, somos parte de la vida. Si seguimos empeñándonos en encontrar el sentido de mi existencia en la individualidad terminaremos todos locos. El sentido está en la totalidad, que no es algo separado de mi individualidad, sino que es su propio constitutivo esencial. No solo para sentirme unido a toda la materia, sino para sentirme identificado con todo el Espíritu.

Ya sabemos que el «Espíritu» no es más que Dios presente en lo más hondo de nuestro ser. Eso que hay de divino en nosotros es nuestro verdadero ser. Todo lo demás, no solo es accidental, transitorio y caduco, sino que terminará por desaparecer, querámoslo o no. No tiene ni pies ni cabeza que sigamos empeñados en potenciar lo que de nosotros es más endeble, aquello de lo que tenemos que despegarnos. Querer dar sentido a mi existencia potenciando lo caduco, es ir en contra de nuestra naturaleza más íntima.

Meditación-contemplación

Todo lo que es y significa Jesús, es obra del Espíritu.

Él descubrió dentro de sí esa realidad, y la vivió.

Por eso le llamaron Jesús el Cristo (ungido)

La buena noticia es que todos podemos llegar a la misma experiencia.

………………………….

Hoy se cumple esa Escritura en ti.

Ese mismo Espíritu que actuó en Jesús, está actuando siempre en ti.

Dios da el Espíritu sin medida.

Si no descubres y experimentas esto, ninguna vida espiritual será posible.

………………………

El Espíritu te llevará al encuentro del otro.

El amor se manifestará en actitudes, que siempre beneficiarán a los demás.

La fuerza del ego nos separa. La fuerza del Espíritu nos identifica.

Conecta con esa energía divina que ya está en ti,

y la espiritualidad será lo más espontáneo y natural de tu vida.

…………………….

Fray Marcos

 

3. IGANDEA URTEAN ZEHAR, PROFETA, Lk. 1,1-4; 4,14-21

PROFETA

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Galileako herrixka ezezagun batean, Nazaret izenekoan, herritarrak sinagogan bildu dira larunbat-goiz batean Jainkoaren Hitza entzuteko. Jainkoaren bila urte batzuk basamortuan egin ondoren, hazi zen herrira itzuli da Jesus.

Garrantzi handikoa da pasadizo hau, Jesus ezagutu eta haren misioa ondo ulertzeko. Lukasen kontakizunaren arabera, guztientzat ia ezezaguna den herrixka honetan Jesusek bere aurkezpena egin du, Jainkoaren Profeta bezala, eta herrixka honetan agertu du bere egitaraua, Isaias profetaren testua bere buruari aplikatuz.

Testu hori irakurri ondoren, esaldi bakar batekin komentatu du Jesusek guztia: «Gaur bete da entzun berri duzuen Idazki hau». Lukasen arabera, jendeak «begiak Jesusengan finko jarriak zituen». Guztien arreta, irakurri den testutik Jesus beragana igaro da. Zer aurki dezakegu gauk guk geure begiak Jesusengan finko jartzen baditugu?

Jainkoaren Espirituak eraginik. Jesusen bizitza guztia eragin, gidatu eta norabidetu dute Jainkoaren arnasak, indarrak eta maitasunak. Jesusen jainkotasunean sinestea ez datza kontzilioek landutako formula dogmatiko bat edo beste teorikoki aitortzean. Haren samurtasunean eta suan, haren hitzetan eta keinuetan, fededunok «Jainkoa» deitzen dugun bizitzaren azken Misterioa era zehatzean aurkituz joatean datza.

Jainkoaren Profeta. Jesus ez dute igurtzi oliba-olioz, erregeak igurtzi ohi zituzten bezala gobernu-aginpidea emateko edota apaiz nagusiak igurtzi ohi zituzten bezala ahalmen sakratuaz hornitzeko. Jainkoaren Espirituak «gantzutu» du Jesus. Ez da etorri ez gobernatzera, ez errege izatera. Jainkoaren profeta da, bizitza liberatzeari emana. Soilik, haren profeta-espirituz bizitzen ikasten badugu jarraitu ahal izango diogu.

Berri on pobreentzat. Jesusen jarduera Berri On da gizarte-klase marjinatuena eta baliogabetuena denarentzat: zerbait on entzuteko premia handiena dutenentzat, guztiek umiliatzen eta bazter uzten dituztenentzat. Jesusen antzeko izaten orduan hasiko gara: gure biziera, gure jarduera eta maitasun solidarioa pobreek gauza on bezala sumatzen hasiko direnean.

Askatzeari emana. Gizakia esklabotasun-mota guztietatik askatzeari emanik bizi da Jesus. Sufrimendu, zapalkuntza eta abusu guztietatik askatzen duen pertsona bezala sumatu du jendeak; zentzugabekeriatik eta etsipenik askatzen duen argitzat hartu dute itsuek; onginahi eta barkazio bezala sumatu dute bekatariek. Jesus hori esklabotzen, kaskartzen eta gizagabetzen gaituen ororen askatzailetzat hartuz goazen neurrian izango gara haren jarraitzaile. Orduan hartuko dugu bera betiko Bizira bideratzen gaituen Salbatzailetzat.

3 Tiempo ordinario (C) Lucas 1,1-4; 4,14-21

PROFETA

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 23/01/13.- En una aldea perdida de Galilea, llamada Nazaret, los vecinos del pueblo se reúnen en la sinagoga una mañana de sábado para escuchar la Palabra de Dios. Después de algunos años vividos buscando a Dios en el desierto, Jesús vuelve al pueblo en el que había crecido.

La escena es de gran importancia para conocer a Jesús y entender bien su misión. Según el relato de Lucas, en esta aldea casi desconocida por todos, va a hacer Jesús su presentación como Profeta de Dios y va a exponer su programa aplicándose a sí mismo un texto del profeta Isaías.

Después de leer el texto, Jesús lo comenta con una sola frase: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Según Lucas, la gente «tenía los ojos fijos en él». La atención de todos pasa del texto leído a la persona de Jesús. ¿Qué es lo que nosotros podemos descubrir hoy si fijamos nuestros ojos en él?

Movido por el Espíritu de Dios. La vida entera de Jesús está impulsada, conducida y orientada por el aliento, la fuerza y el amor de Dios. Creer en la divinidad de Jesús no es confesar teóricamente una fórmula dogmática elaborada por los concilios. Es ir descubriendo de manera concreta en sus palabras y sus gestos, su ternura y su fuego, el Misterio último de la vida que los creyentes llamamos «Dios».

Profeta de Dios. Jesús no ha sido ungido con aceite de oliva como se ungía a los reyes para transmitirles el poder de gobierno o a los sumos sacerdotes para investirlos de poder sacro. Ha sido «ungido» por el Espíritu de Dios. No viene a gobernar ni a regir. Es profeta de Dios dedicado a liberar la vida. Solo le podremos seguir si aprendemos a vivir con su espíritu profético.

Buena Noticia para los pobres. Su actuación es Buena Noticia para la clase social más marginada y desvalida: los más necesitados de oír algo bueno; los humillados y olvidados por todos. Nos empezamos parecer a Jesús cuando nuestra vida, nuestra actuación y amor solidario puede ser captado por los pobres como algo bueno.

Dedicado a liberar. Vive entregado a liberar al ser humano de toda clase de esclavitudes. La gente lo siente como liberador de sufrimientos, opresiones y abusos; los ciegos lo ven como luz que libera del sinsentido y la desesperanza; los pecadores lo reciben como gracia y perdón. Seguimos a Jesús cuando nos va liberando de todo lo que nos esclaviza, empequeñece o deshumaniza. Entonces creemos en él como Salvador que nos encamina hacia la Vida definitiva. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

* ORAR CON EL EVANGELIO:(Lc.1,1-4;1,4-21)

* DOMINGO 3º T.o. –C- ENERO 27 DE 2013

* El Evangelio de este domingo tiene dos partes que hay que distinguir por necesidad. La primera corresponde al prólogo primero de la obra de Lucas (Lc.1,1-4). La 2ª, casi cuatro capítulos después, narra los inicios de la actividad pública de Jesús en su aldea de Nazaret (Lc.4,14-21).
* ¿Cuál es el programa de Jesús? Algo muy sencillo y eficaz para transformar la realidad; “dejarse guiar por el Espíritu”, que está sobre Él. Espíritu, con el que ha sido ungido para realizar la Misión de dar la Buena Nueva a los pobres, anunciar a los cautivos la libertad y conseguir la libertad a l@s oprimid@s. Estas palabras de (Isaías 61,1-2) representan el programa que Jesús se trae entre manos y que cumplirá con toda fidelidad a lo largo de su actividad pública.
+ Jesús convertido en el hombre “para los demás” en conformidad con los planes divinos, tiene como opción primordial levantar de su postración a los pobres, los cautivos, los oprimidos y los aquejados tanto de enfermedades físicas como psíquicas y morales. En definitiva Jesús se debe a tod@s l@s necesitad@s, que para ser personas de verdad necesitan de su ayuda liberadora.
* Y ese programa de Jesús tiene su continuidad en la misión de los cristian@s. Estamos llamad@s a proseguir con lealtad y arrojo la causa de Jesús que, hoy como ayer tiene l@s mismos destinatarios. El destino humano de sufrimiento se repite desgraciadamente una y otra vez a lo largo de la historia. Para ello contamos con el Espíritu de Jesús que se encuentra en nosotr@s, su Luz, su Fuerza, su Palabra. Necesitamos hambre y sed para volvernos a Dios y a su Palabra y así nuestra acción, será eficaz.

• ORACIÓN

Tu Palabra, Señor, es evangelio anunciado en los confines de la tierra.
Está en las Escrituras, está en los pobres, se siembra y da su fruto, si es verdadera.
Tu Palabra, Señor, llegó a nosotr@s con esperanza nueva, como un grito en la noche.
Tu Palabra, Señor, la transmitieron nuestros padres y los profetas.
Hoy queremos que se encarne en nuestras vidas para proclamarla, transmitirla y hacerla vida.
Tu Palabra, Señor, es fuerza y lucha, es sal, es luz y es levadura.
Es paz en armonía, es convocatoria juvenil que invita a la alegría.
Bendita es la Palabra del Señor. Que sepamos proclamarla, vivirla y transmitirla con alegría. AMÉN

* SEGUIMOS ORANDO.
* Que tu espíritu, Jesús de Nazaret, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y por ella en el mundo entero, nos vaya introduciendo en la Vedad plena y haga que habite en nosotr@s intensamente tu Palabra.
* Que tus Palabras y dichos, Jesús del Evangelio, ilumine la realidad de nuestra vida, denunciando las injusticias, suscitando esperanza, inspirando los valores verdaderos.
* Que en los acontecimientos de la vida oigamos tu voz y la sigamos prontamente:
* “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista… para anunciar el año de gracia del Señor.
* Tu programa de vida sigue abierto:
Ayúdanos, Jesús del Espíritu, a recuperarlo, en nosotr@s y en la Iglesia.
Quítanos el miedo para trabajar en tu Reino por los más pobres y necesitad@s.
Que nuestra vida sea “el año de gracia” de tu amor permanente. AMÉN. ZURIÑE

2º DOMINGO T.O., 20 de ENERO de 2013, JUAN 2, 1-11

HISTORIA Y SÍMBOLO EN EL EVANGELIO DE JUAN

Escrito por José Enrique Galarreta
FE ADULTA

Con este relato Juan empieza lo que se ha llamado «el Libro de los Signos». Juan recoge solamente siete «signos», siete milagros de Jesús, y este es el primero.

Son los siguientes:

• Las bodas de Caná
• El funcionario real
• El paralítico de Betseda
• La multiplicación de los panes
• Camina sobre el mar
• El ciego de nacimiento
• La resurrección de Lázaro.

De ellos, las bodas de Caná, el paralítico de Betseda, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro no están en los sinópticos. Encontramos aquí, una vez más, una muestra de cómo cada evangelista ha recogido diversas fuentes, y las ha seleccionado y organizado según su intención.

Juan elige siempre sus relatos porque cuenta con que ya son conocidos los hechos y las palabras de Jesús, y está ofreciendo una gran elaboración teológica. No se trata ya de informar: eso ya está hecho. Se trata de una reflexión, para la cual Juan selecciona lo que más le interesa.

En la narración de sucesos, Juan siempre hace lo mismo: cuenta lo que sucedió como medio de comunicar su mensaje. Lo que sucedió tiene valor por lo que significa. Así, en su narración es inseparable el hecho de su contenido, de su significado y su simbolismo. Y no es que el suceso le da una oportunidad para expresar una idea. Lo que pasa es que Juan «ve» lo que significa lo que sucedió.

Es una antiquísima manera de expresarse de toda la Biblia. Cuando Israel escapa del faraón en el Mar de las Cañas, el suceso que ven los ojos es una fuga con suerte. El suceso verdadero es la acción de Dios liberando a Israel. Ese «suceso» es el que nos cuenta el Libro del Éxodo. Del mismo modo, en Caná nos cuenta Juan lo que sucedió, lo que verdaderamente sucedió aunque no lo vieron los ojos.

En Caná, sobre el hecho de la presencia de Jesús en una boda y la «multiplicación» del vino, se construye toda una elaboración teológica sobre quién es Jesús, los Nuevos tiempos, la Plenitud que Jesús significa.

Por otra parte, de los pequeños detalles, de los diálogos, no deben sacarse excesivas conclusiones. Se han dicho miles de cosas sobre esto: Jesús cayó de repente a la boda con sus discípulos y no había vino para todos… María hizo que se precipitara «la hora» de Jesús… No va por ahí. El estilo de Juan nos lleva a sacar conclusiones más profundas, no aplicaciones piadosas inmediatas. En el Evangelio de Juan es imposible separar historia y símbolo. Este es precisamente su género literario, de tal manera que intentar distinguirlos equivale a destruir su manera de transmitir el mensaje. De hecho, en este relato hay tanta teología que resulta completamente imposible reconstruir lo que realmente sucedió.

Para nuestra mentalidad, esto es a veces una dificultad. Nos han convencido de que los evangelios narran solamente historias sucedidas y que todos y cada uno de los detalles que se cuentan sucedieron realmente. No es así. Sobre la base de un suceso se crea un relato teológico, en el cual el significado es mucho más importante que el suceso. Nos guste o no, así tenemos que leer el evangelio de Juan, porque así lo escribió su autor. Por lo tanto, en vez de interesarnos tanto en reconstruir el suceso, nuestra atención se debe centrar en el mensaje que Juan nos dirige. Y el mensaje, como veremos, es riquísimo.

LAS BODAS

Demasiadas veces hemos hablado de Dios como «El Señor», «El Juez». Y sin embargo, la Biblia está llena de esta otra imagen: El Esposo, el Novio enamorado. Lo hemos visto en el precioso texto de Isaías. Un libro entero, el Cantar de los Cantares, presenta a Dios así (tal es al menos la lectura que hace la iglesia). Y esta será la esencia de la última revelación de Jesús, y el eje fundamental del Evangelio de Juan: Dios es Amor. ¿Por qué nos interesan más las imágenes de poder o de juicio que las imágenes de abundancia, de felicidad y de amor?

Nada hay en las relaciones humanas tan estupendo como una boda, la celebración del amor, esa cualidad específicamente humana que significa estar una persona loca por otra, incluso contra toda razón, prudencia o justicia. Una boda es la fiesta que todos armamos para celebrar esa locura. Es el triunfo del amor sobre la vida cotidiana, sobre lo razonable, sobre lo justo. Es como el descanso de fin de semana, en que celebramos nuestra liberación del trabajo y de la utilidad. Y La Biblia ha elegido esta locura para hablar de Dios, de cómo es Dios con nosotros.

La boda, y la abundancia. Seiscientos litros de estupendo vino. El tema conecta con la multiplicación de los panes, con la harina y el aceite que nunca se acababan en los milagros de Elías y Eliseo, con el Banquete que la Sabiduría preparaba a los hombres… Y empieza a avanzar una catequesis de la Eucaristía, en que no es el maná ni la ley lo que nos alimenta, sino la Palabra y el Amor de Dios hechos presentes en Jesucristo.

Juan empieza sus SIGNOS por aquí. Una boda, en que Jesús colabora a la estupenda abundancia de vino. Sin Jesús, la boda hubiera sido triste. Con Jesús, fue lo nunca visto. Increíble Juan. Es estupenda le expresión de este evangelio: «manifestó su gloria». Nos sentimos tan sorprendidos como en aquella «señal» que se ofreció a los pastores en Belén (un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre). Entonces decíamos: ¡extraña señal, un niño pobre nacido en una cuadra! Ahora pensamos: ¡escasa gloria, una boda pueblerina en que se soluciona el problema del vino! Pero la lección es en ambos casos la misma: la gloria de Dios, su señal, es la alegría del reino, que es cosa de sencillos, de pobres; la gloria de Dios fuera del Templo y del poder y de la ley: la gloria de Dios que es siempre la felicidad de sus hijos.

EL VINO NUEVO

Todo el Evangelio de Juan está basado en que Jesús es «La Palabra hecha carne», «la luz que resplandece en las tinieblas», «El Pan de la Vida». Estos son los grandes temas-síntesis que provienen de su propia experiencia personal con Jesús y de una honda reflexión sobre lo que vio, una especie de síntesis y profundización final en la fe.

El vino nuevo y los odres viejos es un tema presente en los Sinópticos. Cambiar el agua vieja por el vino nuevo, entrar en el Banquete del Reino, apreciar la riqueza y la novedad del «Dios con nosotros Salvador que nos invita a la vida de Hijos, a la plenitud humana que produce la presencia de Dios…» En la narración de Caná se hace presente todo esto a partir del suceso histórico. El banquete de bodas, el agua de los antiguos ritos superada por la abundancia y la calidad del vino nuevo, la manifestación de Dios-amor en Jesús, los discípulos que creen en Él…

Está claro que la contemplación del suceso de manera meramente histórica no es suficiente. Juan está presentando quién es Jesús. A veces reducimos el sentido de estos «signos» de una manera casi mágica, como si los milagros de Jesús fueran prodigios que demuestran su poder; como una demostración de fuerza para que quede claro que es más que humano. No es así: los signos son revelación de Dios: este signo muestra, a través de Jesús, que Dios es la abundancia, la novedad, la plenitud muy por encima de lo que la razón puede saber de Él. Esto lo hemos visto en Jesús

EL REINO ES UN BANQUETE, ES UNA FIESTA.

«El Reino se parece a un mercader de perlas, que encuentra una extraordinaria y vende todo lo que tiene y la compra… se parece a un tesoro que un hombre encuentra en un campo, y lleno de alegría, vende todo lo que tiene para comprar el campo».

«Os anuncio una gran Alegría: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido el Salvador».

Y el anuncio del Reino es, desde el principio, el Evangelio, La Buena Noticia.

Es imprescindible que vivamos así nuestra fe en Jesús, como una fiesta. El centro del mensaje es una Noticia increíble: Dios me quiere; todo lo demás se debe entender en ese marco. Es el fondo de la fe: aceptar en lo más íntimo que Dios me quiere. Esta es la fe a que llegó el autor de la profecía de Isaías, que se permite la osadía de presentar a Dios como un novio enamorado. Es la fe que nos ha hecho leer el Cantar de los Cantares como un poema de amor entre Dios y el hombre. Esta es la fe que nos hace ver en el matrimonio un signo de la presencia de Dios. Esta es la primera Buena Noticia, la que lo cambia todo.

Lo primero que se cambia es el sentido del pecado: Dios me quiere como soy, como se ama al hijo enfermo. Porque el amor no surge del aprecio, sino al revés. No se ama a alguien porque es maravilloso. Primero se ama, y luego todo es aceptable, excusable… Esto se entiende a veces mejor en la mera amistad. «Somos amigos»… Y mi amigo puede ser lo que sea, pero le quiero y puede contar conmigo siempre. No le quiero porque es bueno: le quiero. Mis pecados no estorban el amor de Dios. Cuento con Él para que mis pecados no me abrumen. Él es el que quita el pecado, el Salvador, el Libertador. Él quita el pecado porque es la fuerza para librarme del pecado, y porque es el amigo al que no le ofenden mis enfermedades. Es la primera Fiesta: en mi vida no manda el Juez; en mi vida manda mi Madre.

Lo segundo que se cambia es el sentido de «los otros». El amor es contagioso. Descubrimos con alegría que se puede vivir amando y sirviendo. Descubrimos que así el mundo es mejor, más fácil, más «como debe ser». La Gran Noticia hay que anunciarla, hay que compartirla. Hay que hacer un mundo de Hijos que pelean contra el mal, con la fuerza del perdón, con la intransigencia plena contra todo lo que hace sufrir a los Hijos. Esto da sentido a la vida: Dios no está, pero yo sí estoy. Dios no está, pero sus hijos sí están. Toda mi vida está pensada para anunciar la Buena Noticia, tiene valor, tiene sentido. ¿Cuáles son «mis carismas», como les llama Pablo? Es decir, ¿qué instrumentos se me han dado para poder servir, para poder anunciar la Noticia, para hacer creíble el amor de Dios?

José Enrique Galarreta

2. ASTEA URTEAN ZEHAR, KEINU BAT EZ OSO ERLIJIOSOA-UN GESTO POCO RELIGIOSO

KEINU BAT EZ OSO ERLIJIOSOA

José Antonio Pagola. Itzultzailea:
Dionisio Amundarain

Jn. 2, 1-11

«Ezteiak ziren Galilean». Horrela hasten da kontakizun hau, gauza bat ezustekoa eta harrigarria esanez. Jesusek, Jainkoaren Bidaliak, jendaurrean izan duen lehen parte-hartzeak ez du erlijiosotik ezer. Ez da gertatu leku sakratu batean. Oso deseroso izan zitekeen eztei-jai bat «onik ateraz» estreinatuko du Jesusek bere jarduera profetikoa.

Galileako herrixka pobre haietan, guztietan preziatuena zen eztei-jaia. Hainbat egunetan lagun egiten zieten familiartekoek eta adiskideek ezkonberriei, haiekin jan-edanez, jai-giroan dantza eginez eta maitasun-kantak abestuz.

Joanen ebanjelioak esan digu eztei-jai hauetako batean egin zuela Jesusek bere «lehen seinalea»; Jesusen jarduera guztia eta haren misio salbatzailearen zentzu sakona ulertzeko giltza da seinale hori.

Joan ebanjelariak ez du aipatzen «miraririk». Jesusek gauzatzen dituen keinu harrigarriei «seinale» izena ematen die. Ez du nahi irakurleak geldi daitezen bere jarduerak izan dezakeen alde harrigarriarekin. Egintza harrigarri horien esanahi sakona bilatzera gonbidatzen gaitu. Horretarako, izaera sinbolikoa duten pista batzuek eskaintzen dizkigu. Ikus dezagun horietako bat.

Jesusen ama, jaiaren xehetasunei adi-adi, konturatu da «ez zaiela gelditzen ardorik» eta bere semeari eman dio aditzera. Agian, gonbidatuen kopuruak gainditu egin ditu maila pobreko ezkonberriak. Kezkatua dago Maria. Arriskuan dago jaia. Zer azken izan lezake eztei-jai batek ardorik gabe? Mariak Jesusengan jarri du konfiantza.

Galileako landa-jendearen artean pozaren eta maitasunaren sinbolo oso ezaguna zen ardoa. Guztiek zuten horren berri. Bizitzan poza eta maitasuna falta badira, zer azken izan lezake elkarrekiko bizitzak? Maria ez dabil batere oker. Jesusek parte hartu du jaia onik ateratzeko, ardoa ugari eta on-ona bideratuz.

Jesusen keinu honek bikain laguntzen ahal digu haren bizitza osoaren norabidea eta Jainkoaren erreinuaz duen egitasmoaren funtsezko edukia atzematen eta ulertzen.Gidari erlijiosoak eta lege-maisuak erlijioaz arduratsu dira; Jesus, berriz, jendearen bizitza gizatarrago eta eramangarriago egiteaz arduratzen da.

Ebanjelioek erlijioaren inguruan ez, baizik bizitzaren inguruan bildurik aurkezten digute Jesus. Ez da etorri jende erlijioso eta jainkozalearentzat bakarrik. Erlijioak etsirik utzi duen baina, halere, era duinagoan eta zoriontsuagoan bizi beharra sentitzen duen jendea ere gogoan du. Zergatik? Jesusek fidagarria den eta pozerako laguna den Jainkoarekiko fedea kutsatu nahi duelako, eta jendea, maitasun solidarioak eraginda, biziera eskuzabalago baterantz erakarri nahi duelako.

2 Tiempo ordinario (C) Juan 2, 1-11

UN GESTO POCO RELIGIOSO

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 16/01/13.- «Había una boda en Galilea». Así comienza este relato en el que se nos dice algo inesperado y sorprendente. La primera intervención pública de Jesús, el Enviado de Dios, no tiene nada de religioso. No acontece en un lugar sagrado. Jesús inaugura su actividad profética «salvando» una fiesta de bodas que podía haber terminado muy mal.

En aquellas aldeas pobres de Galilea, la fiesta de las bodas era la más apreciada por todos. Durante varios días, familiares y amigos acompañaban a los novios comiendo y bebiendo con ellos, bailando danzas festivas y cantando canciones de amor.

El evangelio de Juan nos dice que fue en medio de una de estas bodas donde Jesús hizo su «primer signo», el signo que nos ofrece la clave para entender toda su actuación y el sentido profundo de su misión salvadora.

El evangelista Juan no habla de «milagros». A los gestos sorprendentes que realiza Jesús los llama siempre «signos». No quiere que sus lectores se queden en lo que puede haber de prodigioso en su actuación. Nos invita a que descubramos su significado más profundo. Para ello nos ofrece algunas pistas de carácter simbólico. Veamos solo una.

La madre de Jesús, atenta a los detalles de la fiesta, se da cuente de que «no les queda vino» y se lo indica a su hijo. Tal vez los novios, de condición humilde, se han visto desbordados por los invitados. María está preocupada. La fiesta está en peligro. ¿Cómo puede terminar una boda sin vino? Ella confía en Jesús.

Entre los campesinos de Galilea el vino era un símbolo muy conocido de la alegría y del amor. Lo sabían todos. Si en la vida falta la alegría y falta el amor, ¿en qué puede terminar la convivencia? María no se equivoca. Jesús interviene para salvar la fiesta proporcionando vino abundante y de excelente calidad.

Este gesto de Jesús nos ayuda a captar la orientación de su vida entera y el contenido fundamental de su proyecto del reino de Dios. Mientras los dirigentes religiosos y los maestros de la ley se preocupan de la religión, Jesús se dedica a hacer más humana y llevadera la vida de la gente.

Los evangelios presentan a Jesús concentrado, no en la religión sino en la vida. No es solo para personas religiosas y piadosas. Es también para quienes se han quedado decepcionados por la religión, pero sienten necesidad de vivir de manera más digna y dichosa. ¿Por qué? Porque Jesús contagia fe en un Dios en el que se puede confiar y con el que se puede vivir con alegría, y porque atrae hacia una vida más generosa, movida por un amor solidario. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

* ORAR CON EL EVANGELIO.(jN. 2,1-11)

* EN CANÁ DE GALILEA JESÚS COMENZÓ SUS “SIGNOS”

* En este tiempo ordinario que comenzamos en la Liturgia, nos vamos a ir acercando poco a poco al misterio de Jesús y al misterio de la Iglesia. Lo importante de todo es que, acogiendo la Palabra, estemos dispuestos a hacerla vida. tod@s estamos convocad@s, llamad@s…
* Jesús va desvelando su misterio comenzando por lo que es un “signo” que va más allá del simple “convertir” el agua en vino.
* El agua puede significar lo anterior a Jesús, pero el Vino Nuevo es Jesús que irrumpe con fuerza en la historia dando lugar a fiesta, la alegría y el gozo.
* Desde el Evangelio de hoy Jesús se nos muestra como un misterio de cercanía, de acompañamiento, de amistad. Todo comenzó en una fiesta. Todo comenzó por una realidad tan bonita que se llama comprensión. ¡Qué cosa más bonita esta expresión: Jesús estaba siempre muy cerca de la gente! Allí, en la boda, estaba Jesús con sus discípulos y su Madre.
* María se da cuenta de una carencia: la del vino. Hace de su descubrimiento una petición a su Hijo e invita a los sirvientes: “HACED LO QUE ÉL OS DIGA”. Les propone lo que en el fondo ha sido su vida “Hágase en mí según tu Palabra”… Jesús la va a llamar por 1ª vez con el nombre que nos la dará por Madre desde la Cruz: “MUJER”….
* ¿Cuál es el vino que nos falta en nuestro mundo? ¿El vino de la paz, el de la ternura; de la fe, de la esperanza y del amor; el vino de la verdad…? Cuando faltan estos vinos, la vida se “avinagra”. Surgen los intereses partidistas, los chanchullos económicos, la mentira como medio de comunicación, la violencia…
* María vio la carencia en la boda, la hizo suya solidariamente, y se puso manos a la obra, no se quedó en lamentaciones. Hay que darse cuenta del “vino” que nos falta, arrimar el hombro en lo que de nosotr@s depende, teniendo en la Palabra de Jesús nuestra fuerza y nuestra luz. “LLENAD LAS TINAJAS”… Los sirvientes, así lo hicieron… Esto fue Caná.
Los discipul@s viendo el “signo” creyeron en Él. (Jn.2,11). El final es que habiendo “VINO”, hubo fiesta. Dios que todo lo puede hacer sin nosotr@s, quiere nuestra colaboración. Bien nos lo demuestra Jesús y de nuevo nos dice a cada un@: “LLENAD LAS TINAJAS”

• ORACIÓN
•“HACED LO QUE EL OS DIGA”: y El les dijo: “LLENAD LAS TINAJAS”…
Así lo hicieron.
• Me siento tranqil@ y me imagino una de esas bodas en las que he participado…
El rumor entre los sirvientes… Y ¿Dónde vamos? Y… ¿Qué hacemos?…
Pero entre los comensales, hay muchas mujeres; una es muy observadora, detallista y entregada… y… descubre que algo pasa… No os preocupéis… Y actúa discretamente…alguien le dice: ¿dónde vas, “mujer”?… Tranquil@s… Ya vuelvo…

• “HACED LO QUE EL OS DIGA”. “LLENAD LAS TINAJAS”. y LLEGÓ EL VINO NUEVO.
• María, Madre y mujer sencilla, mujer del pueblo y que sabes descubrir cuando alguien lo pasa mal. Hoy no te pedimos que nos libres de nuestros problemas. No podemos olvidar que la vida hay que vivirla aunque haya momentos difíciles, tu Hijo nuestro Jesús de Nazaret, pasó por ellos, y tú también.
Nos hace falta esa confianza, esa Fe que tú tienes en tu Hijo Jesús, Palabra de Dios y hoy nos dices a cada un@ de nosotr@s. “HACED LO QUE EL OS DIGA”.
• Las tinajas, de barro, quizá no muy bonitas hicieron el gran papel en la boda de Caná. Se llenaron de Ti, Jesús de Nazaret, del VINO NUEVO.
• Eso somos nosotros Jesús, tinajas de barro y muy vacías. Llénanos de la Fe de tu Madre, de la Esperanza de los sirvientes. Del Amor que se necesita para que haya boda y fiesta. Tú poder, Dios nuestro es grande, pero tu misericordia es incalculable. Nos has dado cualidades. Ayúdanos a utilizarlas que tengamos el corazón abierto y la capacidad de sentir como nuestros cada uno de los problemas y carencias de nuestro mundo, de nuestra Iglesia… AMÉN.
• ZURIÑE

EL BAUTISMO DE JESÚS, 13 de Enero de 2013, Lc 3, 15-16 y 21-22

JESÚS TOMA CONCIENCIA DE SÍ MISMO

Escrito por Fray Marcos
FE ADULTA

Lc 3, 15-16 y 21-22

CONTEXTO

Comenzamos hoy el «tiempo ordinario». El bautismo de Jesús, es el primer acontecimiento que podemos garantizar como histórico. Es además, el más significativo desde su nacimiento hasta su muerte. Lo importante no es el hecho en sí, sino la carga simbólica que los relatos encierran.

El bautismo y las tentaciones hablan de la profunda transformación que produjo en él una experiencia que se pudo prolongar durante mucho tiempo. En ellos se nos invita a tomar conciencia de cómo vivió él esa experiencia de Dios. Jesús descubrió lo que Dios era para él y lo que tenía que ser él para los demás. Por tanto, descubrió el sentido de su vida y la misión que debía realizar de parte de Dios.

Los cuatro evangelistas resaltan, a su vez, la importancia que tuvo para Jesús y el descubrimiento de su misión, el encuentro con Juan el Bautista; a pesar de que es un reconoci¬miento de cierta dependencia de Jesús con relación a Juan. Si a pesar de que se podía interpretar como una subordinación a Juan, lo han narrado todos los evangelistas, quiere decir que tiene unas posibilidades muy grandes de ser histórico. Es más, sería el primer dato histórico que nos ha llegado de la vida de Jesús.

Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús. Él mismo nos dijo que el nacimiento del agua y del Espíritu, era lo importante. Si seguimos celebrando con mayor énfasis el nacimiento carnal, es que no hemos entendido en su justa medida el mensaje evangélico.

Nuestra religión sigue empeñada en que busquemos a Dios donde no está. Dios no está en lo material, en lo biológico, en los acontecimientos que podemos percibir por los sentidos. Dios está en lo hondo del ser y allí tenemos que descubrirlo. El bautismo de Jesús tiene un hondo calado en todos los evangelios, precisamente porque el relato nos lanza más allá de lo sensible. Recordemos que Marcos y Juan comienzan su evangelio con el bautismo.

EXPLICACIÓN

El relato de Lucas no da ninguna importancia al hecho concreto del bautismo. Se centra en los símbolos: Cielo abierto, bajada del Espíritu y voz del Padre. Imágenes que en el AT están relacionadas con el Mesías. Se trata de una teofanía. Según aquella mentalidad, Dios está en los cielos y tiene que venir de allí. Abrirse los cielos es señal de la cercanía de Dios a los hombres. Esa venida tiene que ser descrita de una manera visible, para poder ser percibida.

Por lo tanto, lo importante no es lo que sucedió fuera, si no lo que vivió Jesús dentro de sí mismo. El evangelio de Juan ni siquiera narra el bautismo, lo da por supuesto y habla directamente de la presencia del Espíritu en Jesús.

El gran protagonista de la liturgia de hoy es el Espíritu. En las tres lecturas se hace referencia directa a él. En el NT el Espíritu es entendido a través de Jesús; y a la vez, Jesús es entendido a través del Espíritu. Esto indica hasta qué punto se consideran mutuamente implicados. Comprenderemos esto mejor si damos un repaso a la relación de Jesús con el Espíritu en los evangelios, aunque no en todos los lugares podemos estar seguros de que la palabra «espíritu» se refieren a la misma realidad.

Marcos:

1,10 Vio rasgarse los cielos y al Espíritu descender sobre él.
1,12 El Espíritu lo impulsó hacia el desierto.

Mateo:

1,18 Resultó que (María) había concebido por obra del Espíritu Santo.
1,20 El ángel a José: no temas, el hijo que espera, viene del Espíritu Santo.
3,16 Se abrieron los cielos y vio el Espíritu de Dios que bajaba como paloma.

Lucas:

1,35 El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con…
3,22 El Espíritu Santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma.
4,1 Jesús salió del Jordán lleno del Espíritu Santo.
4,14 Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a galilea.
4,18 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Juan:

1,32 Yo he visto que el Espíritu bajaba del cielo y permanecía sobre él.
1,33 Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, es quien bautiza con E. S. y fuego.
3,5 Nadie puede entrar en el reino, si no nace del agua y del Espíritu.
6,63 El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada.

Está claro que la figura de Jesús no podría entenderse si no fuera por la «acción» del Espíritu. Seguir entendiendo esa acción del Espíritu referida a su procedencia biológica es desbaratar el sentido de las Escrituras. Recordemos lo que dice el mismo Jesús a Nicodemo: «Hay que nacer de nuevo» y «Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu».

¡Claro que Jesús es inconcebible sin la acción del Espíritu! Recordemos sin embargo, que cuando hablamos del Espíritu, estamos hablando del mismo Dios como energía, como vida; es lo que significaba espíritu en el AT. También hay que recordar que estamos hablando de la experiencia de Jesús como ser humano, no de la segunda o de la tercera persona de la Trinidad.

Lo que de verdad nos debe importar a nosotros es el descubrimiento de la relación de Dios para con él como ser humano, y la respuesta que el hombre Jesús dio a esa toma de conciencia. Lo singular de esa relación es la respuesta de Jesús a esa presencia de Dios-Espíritu en él.

En contra de lo que siempre se nos ha dicho, el bautismo no es la prueba de la divinidad de Jesús, sino la prueba de una verdadera humanidad. Un ser humano que acepta sus limitaciones y ora.

En el discurso de Juan en la última cena, Jesús hace constantes referencias al Espíritu que les enviará, pero también les dice que no les dejará huérfanos, que volverá. Sin duda esas dos expresiones hacen referencia a la misma realidad. De la misma manera que también dice que el Padre y él vendrán y harán morada en aquel que le ama. Jesús se siente identificado con Dios, que es Espíritu.

Aunque no tenemos datos suficientes para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación personal. Se atreve a llamarle Abba, (papá) cosa inusitada en su época y aún en la nuestra. Hace su voluntad: Le escucha siempre, etc.

Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experiencia de Dios como Espíritu. El único objetivo de su predica¬ción fue que también nosotros lleguemos a esa misma experiencia.

La comunicación de Jesús con su «Abba», no fue a través de los sentidos ni a través de un órgano especial y portentoso. Se comunicaba con Dios como nos podemos comunicar cualquiera de nosotros. Ningún hilo telefónico especial. Tenemos que descartar cualquier privilegio en este sentido.

A través de la oración, de la contemplación el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lucas nos acaba de decir, que esa manifestación de Dios en Jesús, se produjo «mientras oraba».

El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien¬cia de criatura. Dios como creador está en la base de todo ser creado, constituyéndolo en ser. Yo soy yo porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está comunicando Dios; es el mismo ser de Dios en mí. Solo una cosa me diferencia de Dios; mis limitaciones. Esas, sí son mías y hacen que yo no sea Dios, ni criatura alguna pueda identificarse con Dios.

Lo importante para nosotros es intentar descubrir lo que pasó en el interior de Jesús y ver hasta que punto podemos nosotros aproximarnos a esa misma experiencia.

La experiencia de Dios que tuvo Jesús no fue un chispazo que sucedió en un instante. Más bien tenemos que pensar en una toma de conciencia progresiva que le fue acercando a lo que después intentó transmitir a los discípulos.

Los evangelios no dejan lugar a duda sobre la dificultad que tuvieron los primeros seguidores de Jesús para entender esto. Eran todos judíos y la religiosidad judía estaba basada en la Ley y el templo, es decir, en una relación puramente externa con Dios. Para nosotros esto es muy importante. Una toma de conciencia de nuestro verdadero ser no puede producirse de la noche a la mañana.

Meditación-contemplación

Jesús nació del Agua y del Espíritu (bautismo).
Parir, es «dar a luz». Nacer, es «venir a la luz».
Este segundo nacimiento dará a luz mi verdadero ser.

………………………..

Jesús era la lámpara perfecta.
El Espíritu la atraviesa y la transforma en luz.
No solo es luz, sino que ilumina a todos.

………………

La energía que enciende la lámpara, es el Espíritu.
Es Dios, en cuanto energía, que hace incandescente todo mi ser.
Sigo siendo yo, pero completamente transformado.

………………..

No te identifiques con tus limitaciones, con tus fallos.
Descubre que los fallos son ausencia de ser, carencias.
Tú eres lo positivo que hay en ti.

……………………

Fray Marcos

JAUNAREN BATAIOA-EL BAUTISMO DEL SEÑOR 2013ko urtarrilaren 13a

HASI ERREAKZIONATZEN

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Luk. 3,15-16.21-22

Joan Bataiatzaileak ez dio jendeari biderik eman bera Mesiasekin nahastu dezan. Badaki zein diren bere mugak eta onartu ditu. Bada bera baino indartsuago eta funtsezkoago bat. Hari bakarrik egin behar dio herriak ongietorria. Bistakoa da arrazoia. Bataiatzaileak ur-bataioa eskaintzen du. Jesusek, Mesiasek, bakarrik «baiatuko du Espiritu Santuaz eta suaz».

Behatzaile ez gutxiren ustez, Elizaren arazorik handiena gaur egun «eskastasun espirituala» da. Elizak ez du adore espiritualik gaur egungo kinkari aurre egiteko. Gero eta argiago da hori. Jesusek bere suaz eta Espirituaz bataia gaitzan behar dugu.

Azken urte hauetan haziz joan da Espirituaren indarrarekiko konfiantza-falta, eta berritzera eraman gaitzakeen ororekiko beldurra. Asko azpimarratzen da jarraikitasuna iragana gorde ahal izateko, baina ez gara arduratzen Espirituaren deia entzuteaz geroa prestatzeko. Pixkana itsu ari gara bihurtzen «aldien seinaleak» irakurtzeari dagokionez.

Lehentasuna ematen zaie ziurtasunei eta sineskizunei fedea indartzeko eta gizarte modernoaren aurrean eliz kohesio handiagoa lortzeko; baina, sarritan, ez da lantzen Jesusekiko atxikimendu bizia. Ez ote dugu ahazten ezen Jesus gu guztiok baino ahaltsuagoa dela? Erlijio-doktrinak, beti kategoria aurre-modernoetan adierazia den hark, ez ditu ukitzen bihotzak, ezta bihotz-berritzen ere gure bizitza.

Kontzilioaren arnasa berritzailea alde batera utzirik, itzaliz joan da poza kristau-herriaren garrantzizko sektoretan, etsipenari tokia uzteko. Era isil baina usaingarrian, haziz doa eliz erakundearen eta kristau ez gutxiren artean atxikimendurik eza eta bereizketa.

Premia gorrikoa da giro maitagarriago eta bihozkoiago bat sortzea. Edozeinek ezin esnatu izango du herri xumeagan galdutako ilusioa. Geure fedearen sustraira itzuli beharra dugu. Ebanjelioarekin harremanetan jarri beharra. «Espiritua eta bizia» diren Jesusen hitzez elikatu beharra.

Urte batzuen buruan, gure kristau-elkarteak oso txikiak izango dira. Parrokia askotan ez da jada apaizik izango, era iraunkorrean. Zein garrantzizkoa den Ebanjelioaren inguruan fededun-nukleo bat oraintxetik zaintzea. Horiek eutsiko diote bizirik gure artean Jesusen Espirituari. Apalagoa izango da guztia, baina ebanjelikoagoa ere bai.

Jadanik erreakzionatzen hastea tokatzen zaigu. Geroko belaunaldiei uzten ahal diegun ondarerik hobena Jesusekiko beste maitasun bat da, erdigunetzat Jesus bera eta haren egitasmoa duen fede bat. Gainerako guztia bigarren mailakoa da. Jesusen Espirituaz bizi badira, aurkituko dituzte bide berriak.

INICIAR LA REACCIÓN

El Bautismo del Señor (C)

Lucas 3,15-16.21-22

INICIAR LA REACCIÓN

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 09/01/13.- El Bautista no permite que la gente lo confunda con el Mesías. Conoce sus límites y los reconoce. Hay alguien más fuerte y decisivo que él. El único al que el pueblo ha de acoger. La razón es clara. El Bautista les ofrece un bautismo de agua. Solo Jesús, el Mesías, los «bautizará con el Espíritu Santo y con fuego».

A juicio de no pocos observadores, el mayor problema de la Iglesia es hoy «la mediocridad espiritual». La Iglesia no posee el vigor espiritual que necesita para enfrentarse a los retos del momento actual. Cada vez es más patente. Necesitamos ser bautizados por Jesús con su fuego y su Espíritu.

Estos últimos años ha ido creciendo la desconfianza en la fuerza del Espíritu, y el miedo a todo lo que pueda llevarnos a una renovación. Se insiste mucho en la continuidad para conservar el pasado, pero no nos preocupamos de escuchar las llamadas del Espíritu para preparar el futuro. Poco a poco nos estamos quedando ciegos para leer los «signos de los tiempos».

Se da primacía a certezas y creencias para robustecer la fe y lograr una mayor cohesión eclesial frente a la sociedad moderna, pero con frecuencia no se cultiva la adhesión viva a Jesús. ¿Se nos ha olvidado que él es más fuerte que todos nosotros? La doctrina religiosa, expuesta casi siempre con categoría premodernas, no toca los corazones ni convierte nuestras vidas.

Abandonado el aliento renovador del Concilio, se ha ido apagando la alegría en sectores importantes del pueblo cristiano, para dar paso a la resignación. De manera callada pero palpable va creciendo el desafecto y la separación entre la institución eclesial y no pocos creyentes.

Es urgente crear cuanto antes un clima más amable y cordial. Cualquiera no podrá despertar en el pueblo sencillo la ilusión perdida. Necesitamos volver a las raíces de nuestra fe. Ponernos en contacto con el Evangelio. Alimentarnos de las palabras de Jesús que son «espíritu y vida».

Dentro de unos años, nuestras comunidades cristianas serán muy pequeñas. En muchas parroquias no habrá ya presbíteros de forma permanente. Qué importante es cuidar desde ahora un núcleo de creyentes en torno al Evangelio. Ellos mantendrán vivo el Espíritu de Jesús entre nosotros. Todo será más humilde, pero también más evangélico.

A nosotros se nos pide iniciar ya la reacción. Lo mejor que podemos dejar en herencia a las futuras generaciones es un amor nuevo a Jesús y una fe más centrada en su persona y su proyecto. Lo demás es más secundario. Si viven desde el Espíritu de Jesús, encontrarán caminos nuevos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

* ORAR CON EL EVANGELIO.(Lc.3,15-16.21-22)

•CELEBRACIÓN DEL BAUTISMO DE JESÚS. (Enero 13 de 2013)

* El tiempo de Navidad finaliza el domingo después de la Epifanía celebrando la fiesta del Bautismo de Jesús. Aquel Niño que hemos celebrado naciendo en Belén y manifestándose a los pastores y a los magos, ahora lo vemos ya persona adulta que empieza su Misión. Y la empieza sumándose a la hilera de gente que está allí en el Jordán, con Juan Bautista deseosos de cambiar y convertirse, y deseosos de prepararse así para la acción salvadora de Dios.
* Jesús va allí donde hay gente que tiene ganas de algo nuevo, gente que tiene ganas de que Dios actúe y salve. Y allí es manifestado por Dios como Hijo suyo, como el que es enviado precisamente para llevar a cabo aquellos anhelos.
* La fiesta del Bautismo de Jesús nos hace dar cuenta de que la encarnación del Hijo de Dios no se acaba en un Niño pequeño y tierno, sino que se realiza en la vida entera de Jesús., que llevará la Buena Noticia de Dios a lo largo de una vida adulta fiel hasta la muerte. Y lo hará no al margen de la vida de las personas, sino compartiendo las aspiraciones y anhelos de aquellos que esperan la novedad que viene de Dios. Y el Bautismo de Jesús nos recuerda también nuestro Bautismo: el momento en que llenos del Espíritu Santo, fuimos unid@s, también nosotros, al camino salvador de Jesucristo.
* Jesús llevaba tiempo pensando la manera de empezar algo nuevo, algo que valiera la pena… que marcara un antes y un después…que le sirviera a El de punto de unión en su compromiso de amistad con Dios, que le sacudiera el polvo de la duda o el temor de no saber por donde empezar… Allí, con Juan y aquellas personas de corazón disponible, con hambre y sed de Dios… Para Él era tan buen momento como cualquier otro para decir que sí. Definitivamente e infinitamente… Sí. Sí a Dios, sí a las personas, sí a la vida y a la vida en abundancia.

* O R A C I Ó N

•“TÚ ERES MI HIJO, EL AMADO, EL PREDILECTO”
• JESÚS SE BAUTIZÓ. Y, MIENTRAS ORABA, SE ABRIÓ EL CIELO, BAJÓ EL ESPÍRITU SANTO SOBRE EL.
• Jesús se sumergió en el Jordán, en el río de tu Espíritu, Señor.
Ayúdanos a sumergirnos en tú Espíritu a refrescar nuestro corazón que parece seco y sediento de Ti.
• El río de nuestra vida está contaminado. Llévanos a tu agua, para que de nosotras pueda brotar agua viva, esa agua cuya fuente sólo Tú tienes.
Llévanos al agua de La Oración, para que como Tú cuando orabas metido en el agua, se abrió el cielo, y se nos abra también a nosotr@s para oír la voz de tu Padre y nuestro Padre, Dios.
• Llévanos a tus aguas refrescantes. Quisiéramos beber de tu agua, esa agua que recibimos en el Bautismo y… que la hemos dejado correr sin dejarnos refrescar con ella. Queremos beber de nuevo de ella, que es beber de Ti y así no volver a tener sed de las aguas contaminadas que nos rodean.
• Jesús, sumergido en el Jordán, haz que brote en nuestros corazones tu fuente de agua viva, Haznos nacer de nuevo con tu Espíritu, para que El nos transforme de nuevo en verdader@s discípul@s tuyos, un discípul@ renacid@s, joven, fervoroso, y valiente. AMÉN
• ZURIÑE

EPIFANÍA DEL SEÑOR, 6 de Enero de 2013, Mt. 2, 1-12

MÁS ALLÁ DEL MITO Y DE LA LITERALIDAD

Escrito por Enrique Martínez Lozano

Mt 2, 1-12

Como en todos los relatos de la infancia, nos hallamos ante un texto legendario, creado con una intencionalidad teológica. Técnicamente, a este tipo de escritos se le denomina midrash hagádico: se trata de una escenificación de textos del Antiguo Testamento, que recogen la promesa hecha a los judíos exiliados y a los gentiles que en los tiempos mesiánicos vendrían a Jerusalén a ofrecer sus dones.

El interés, por tanto, no es histórico, sino teológico. Se trata de una suma de símbolos, que convierten a este texto en “un evangelio dentro del evangelio”.

Jerusalén, que “mata a sus profetas”, está anunciando la muerte de Jesús. Sin embargo, Jesús “escapa” a Herodes, del mismo modo como escapará a la muerte, gracias a la resurrección. Ya aquí aparecen los sumos sacerdotes, que serán quienes, históricamente, urdan el complot que desembocará en la cruz. Los magos, imagen de todas las naciones, adoran al “Rey de los judíos”, título que hará poner Pilato en el letrero de la cruz…

Por otro lado, Mateo, a lo largo de todo su evangelio, trata de presentar a Jesús como el “nuevo Moisés”. Así, del mismo modo que Moisés escapó milagrosamente de las manos del Faraón que buscaba matarle, Jesús también se librará de la amenaza de Herodes. Huido a Egipto, de allí habrá de venir como nuevo y definitivo liberador del pueblo.

La estrella cumple también una función simbólica. Los antiguos creían que la aparición de una estrella desconocida correspondía con el nacimiento de un soberano excepcional. Así, dentro del propio pueblo judío, la profecía de Balaam (Libro de los Números 24,17: “una estrella sale de Jacob”) había sido interpretada por el judaísmo, desde mucho tiempo atrás, de este modo: “Un rey debe surgir de entre la casa de Jacob”.

Los “magos” –en ningún momento se dice que sean reyes, ni que sean tres- son una imagen de todos los pueblos. En ellos se simboliza la manifestación (ese es el significado de la palabra “epifanía”) de Jesús a toda la humanidad. En cierto modo, podría decirse que, para Mateo, así como Jesús nació para el pueblo judío el día de Navidad, hoy “nace” para la humanidad entera (no es extraño que los cristianos ortodoxos celebren hoy la fiesta de Navidad).

Nos hallamos, pues, ante un texto eminentemente teológico, dentro del más típico gusto mateano. Por su propio carácter, esto texto no pretende “probar” nada de lo que en él se dice: ni que existieran esos magos, ni que hubiera aparecido una estrella, ni que Jesús hubiera nacido en Belén en lugar de Nazaret, ni que hubiera habido un pesebre “con el buey y la mula”, ni que Herodes –aunque sanguinario- hubiera decretado la “matanza de los inocentes” para eliminar al “hijo de David” (es impensable que, de haber sucedido, no quedara constancia en algún documento de la época)… Todo eso no es sino material simbólico, al servicio de la finalidad teológica del relato evangélico.

¿Cuál es esa finalidad? Presentar a Jesús como el Mesías, hijo de David, cuyo nacimiento marca un hito decisivo en la historia. Jesús será el “nuevo Moisés” que, trascendiendo incluso los límites del pueblo judío, será reconocido, “adorado”, por todas las naciones.

En un nivel de consciencia mítico y desde el modelo mental (dual) de conocer, se comprende que se haya visto a Jesús como un personaje celeste (mítico) de quien se hacía depender literalmente la salvación de la humanidad entera.

Sin embargo, desde un nuevo nivel de consciencia y desde el modelo no-dual, aquellas lecturas no pueden sino sonar a “leyendas” piadosas que hoy no podemos asumir. Entenderlas literalmente equivale a obligar a un adulto a que crea al pie de la letra los cuentos infantiles.

Podemos quedarnos con la sabiduría que tales lecturas nos proporcionan sin necesidad de asumirlas literalmente. No se trata de ningún “salvador celeste”, sino de alguien en quien muchas personas reconocemos lo que somos todos; de alguien en quien el Fondo único y común de lo que es, se ha manifestado de un modo privilegiado.

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com