Pazkoaldiko 2. Igandea – 2º Pascua – B, José A. Pagola

(Juan 20,19-31)

Evangelio del 12/04/2015
por Coordinador Grupos de Jesús

JESUSEN PRESENTZIA BIZI

Ezin iradokitzaileagoa eta interpelagarriagoa da Joanen kontakizun hau. Soilik, beren artean Jesus berpizturik sumatu dutenean eraldatu da ikasleen taldea. Bakea berreskuratu, beldurra galdu, buruak ezin eman ahalako pozez bete, Jesusen hatsa beren gain sentitu eta ateak ireki: Aitagandik Jesusek hartua zuen egitekoa bera bizitzera bidaliak direla sentitu dute.

Elizaren gaur egungo krisialdiak, haren beldurrak, haren espirituzko sendotasun-faltak maila sakonean du bere jatorria. Sarritan, Jesus piztua eta gure artean delako ustea pentsamenduzko eta aldarrikaturiko doktrina hutsa izan ohi da, bizi izandako esperientzia baino gehiago.

Elizaren erdian dago Kristo berpiztua, baina ez dago errotua gu baitan hura gure artean bizi delakoa, ez dago txertatua gure elkarteen muinean, ez ditu hark elikatzen eskuarki gure egitasmoak. Hogei mendeko kristautasunaren ondoren, Jesus ez da ez ezaguna, ez ulertua bere nortasun berezian. Ez dugu maite, ez diogu jarraitzen ikasleek egin zuten moduan.

Berehala nabari ohi da talde bat edo elkarte bat, ezin ikusizkoa baina egiazkoa eta eraginkorra den Kristo berpiztuaren presentzia horrek joa denean. Halako talde hark ez du aski izaten eliz bizitza arautzen duten gidalerroak ohituraren ohituraz betetzearekin. Sentiberatasun berezia izan ohi du Jesusen Ebanjelioa entzun, bila ibili, oroitu eta egokitzeko. Elizan diren gune osasuntsuenak eta bizienak dira.

Ez ezerk, ez inork eman diezaguke gaur egun bizi dugun aurrekaririk gabeko krisialdi honi aurre egiteko behar dugun indarra, poza eta sormena, Kristo berpiztuaren presentziak egin dezakeen moduan. Haren espirituzko adorea izan ezean, ezin irtengo gara ia berezkoa bezalakoa dugun geure pasibotasunetik; mundu modernoari ateak itxirik jarraituko dugu, «agindurik» dagoena betetzen segituko dugu, poz eta konbentzimendurik gabe. Non aurki genezake Eliza birkreatzeko eta eraldatzeko behar dugun indarra?

Kontuan hartu beharra dugu erronka. Inoiz baino handiagoa dugu Jesusen premia. Haren presentzia bizia bizi beharrean gara, une oro haren irizpidea eta Espiritua gogoan hartu beharrean, haren bizitza etengabe hausnartu beharrean, gure egintzaren inspiratzailea bera izan dadin utzi beharrean. Beste inork baino argi eta indar handiagoa eman diezaguke hark. Gure artean dugu hura bere bakea, bere poza, bere Espiritua emanez.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 Pascua – B (Juan 20,19-31)

Evangelio del 12/04/2015

por Coordinador Grupos de Jesús

VIVIR DE SU PRESENCIA

El relato de Juan no puede ser más sugerente e interpelador. Solo cuando ven a Jesús resucitado en medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz, desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre.

La crisis actual de la Iglesia, sus miedos y su falta de vigor espiritual tienen su origen a un nivel profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada, que una experiencia vivida.

Cristo resucitado está en el centro de la Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre de ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue por sus discípulos y discípulas.

Se nota enseguida cuando un grupo o una comunidad cristiana se siente como habitada por esa presencia invisible, pero real y activa de Cristo resucitado. No se contentan con seguir rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el Evangelio de Jesús. Son los espacios más sanos y vivos de la Iglesia.

Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad que necesitamos para enfrentarnos a una crisis sin precedentes, como puede hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia?

Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús más que nunca. Necesitamos vivir de su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu.

José Antonio Pagola

 

 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN, José Enrique Galarreta, S.J.

José Enrique Galarreta, S.J.

HECHOS DE APÓSTOLES 10, 34 y 37-43

… Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él… Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó…

El texto recoge un sermón de Pedro en Cesarea, en casa del centurión Cornelio, y es un perfecto resumen de la fe de las primeras comunidades. Jesús de Nazaret, un hombre «ungido»: es el signo de la elección de los reyes en el Antiguo Testamento. Significa que es «el elegido de Dios». La unción consiste en que está lleno del Espíritu; por eso pasó haciendo el bien y curando, liberando de la esclavitud del mal. Todo esto se explica «porque Dios estaba con Él». Esta fe de que Dios estaba con él fue puesta a prueba cuando lo mataron en la cruz. Pero esa misma fe resucitó cuando vieron vivo, cuando esos mismos discípulos cuya fe vacilaba «comieron y bebieron con él después de su resurrección».

Se formula aquí por tanto la esencia del discípulo: testigo de Jesús, que ha reconocido en él la presencia del Espíritu.

Apenas se puede exagerar la importancia de este texto: nos muestra la primera cristología, probablemente la más antigua; NOS DICE EN QUÉ CONSISTE LA FE DE LOS TESTIGOS.

Cuando Jesús muere vencido por sus enemigos, la conclusión oficial de Israel, y la de cualquier israelita normal es: «Dios no estaba con Él». La experiencia pascual se formula en el primer momento como inversión de esa afirmación: «Dios estaba con Él», no con los que le crucificaron à «Tenía razón», una razón que viene del mismo Dios.

Este «Dios estaba con él» es la motivación por la que adoptamos los criterios y los valores de Jesús, por la que nos ponemos de su lado y del lado de todos los crucificados del mundo. Porque la apariencia, e incluso una religiosidad no poco frecuente es que tener suerte en el mundo, dinero, status etc. etc., son bendiciones de Dios, lo que implica que Dios está con ésos. Pues no, Dios está con Jesús el crucificado y con los crucificados como él: y hay que tomar partido.

 

COLOSENSES 3, 1-4

Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra….

Se repite el mismo mensaje que leíamos durante la Vigilia Pascual en la carta a los romanos. Estáis resucitados, vivid una vida nueva; no os conforméis con los bienes de barro, aspirad a los bienes del Espíritu, los bienes de arriba, los superiores. los definitivos, los valores de Jesús.

Pablo repite sus mismas fórmulas: habéis muerto, y el mundo y sus valores han muerto para vosotros. Vuestros valores no lo son para el mundo, pero sí para Dios. Y se insiste en el mensaje de la esperanza: éstos son los valores del futuro, los que un día se revelarán como verdaderos y definitivos. Todo esto es evidente aplicación del «Dios estaba con él» que acabamos de leer.

José Enrique Galarreta, S.J.

DOMINGO 1º DE PASCUA, Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Jn 20, 1-9

La realidad pascual es, tal vez, la más difícil de reflejar en conceptos mentales. La palabra Pascua (paso) tiene unas connotaciones bíblicas que pueden llenarla de significado, pero también nos pueden despistar y enredarnos en un nivel puramente terreno que nada nos dice de lo que estamos celebrando. Lo mismo pasa con la palabra resurrección, también ésta nos constriñe en una connotación de vida y muerte biológicas, que nada tiene que ver con lo que pasó en Jesús y con lo que tiene que pasar en cada uno de nosotros.

La Pascua bíblica fue el paso de la esclavitud a la libertad, pero entendidas de manera material y directa. También la Pascua cristiana debía tener ese efecto de paso, pero en un sentido completamente distinto. En Jesús, Pascua significa el paso de la MUERTE a la VIDA; las dos con mayúsculas, porque no se trata ni de la muerte física ni de la vida biológica. El evangelio de Jn lo explica muy bien en el diálogo de Jesús con Nicodemo. «Hay que nacer de nuevo». Y «De la carne nace carne, del espíritu nace espíritu». Sin este paso, es imposible entrar en el Reino de Dios.

Cuando el grano de trigo cae en tierra, «muriendo», desarrolla una nueva vida que ya estaba en él en germen. Cuando ya ha crecido el nuevo tallo, no tiene sentido preguntarse que pasó con el grano. La Vida que los discípulos descubrieron en Jesús, después de su muerte, ya estaba en él antes de morir, pero estaba velada. Solo cuando desapareció como viviente biológico, se vieron obligados a profundizar. Al descubrir que ellos poseían esa Vida comprendieron que era la misma que Jesús tenía antes y después de su muerte.

Teniendo esto en cuenta, podemos intentar comprender el término resurrección, que empleamos para designar lo que pasó en Jesús después de su muerte. En realidad, no pasó nada. Con relación a su Vida Espiritual, Divina, Definitiva, no está sujeta al tiempo ni al espacio, por lo tanto no puede «pasar» nada; simplemente continúa. Con relación a su vida biológica, como toda vida, era contingente, limitada, finita, y no tenía más remedio que terminar. Como acabamos de decir del grano de trigo, no tiene ningún sentido preguntarnos qué pasó con su cuerpo. Un cadáver no tiene nada que ver con la vida.

Pablo dice: Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana. Pero un Jesús en cuerpo, saltando de la ceca a la meca, o travesando paredes y puertas cerradas, para colocarlo después en el cielo a la derecha de Dios, no nos serviría de gran cosa. Yo diría: Si nosotros no resucitamos, nuestra fe es vana, es decir vacía. Aquí debemos buscar el meollo de la resurrección. La Vida de Dios, manifestada en Jesús, tenemos que hacerla nuestra, aquí y ahora. Si nacemos de nuevo, si nacemos del Espíritu, esa vida es definitiva. No tenemos que temer la muerte biológica, porque no la puede afectar para nada. Lo que nace del Espíritu es Espíritu. ¡Y nosotros empeñados en utilizar el Espíritu, para que permanezca nuestra carne!

Los discípulos pudieron experimentar como resurrección la presencia de Jesús después de su muerte, porque para ellos, efectivamente, había muerto. Y no hablamos solo de la muerte física, sino del aniquilamiento de la figura de Jesús. La muerte en la cruz significaba precisamente esa destrucción total de una persona. Con ese castigo se intentaba que no quedase de ella, ni el recuerdo. Los que le siguieron entusiasmados durante un tiempo, vieron como se hacía trizas su persona. Aquel en quien habían puesto todas sus esperanzas, había terminado aniquilado por completo. Por eso la experiencia de que seguía vivo, fue para ellos una verdadera resurrección.

Hoy nosotros tenemos otra perspectiva. Sabemos que la verdadera Vida de Jesús, la divina no puede ser afectada por la muerte física, y por lo tanto, no cabe en ella ninguna resurrección. Pero con relación a la muerte biológica, no tiene sentido la resurrección, porque no añadiría nada al ser de Jesús. Como ser humano era mortal, es decir su destino natural es la muerte. Nada ni nadie puede detener ese proceso, que nos es de destrucción si no de maduración. Cuando vemos la espiga de trigo que está madurando, ¿a quién se le ocurre preguntar por el grano que la ha producido y que ha desaparecido? El grano está ahí, pero desplegado en todas sus posibilidades de ser, que antes sólo eran en él, germen.

Meditación-contemplación

Si no he resucitado, mi fe sigue siendo vana.
Comprender lo que pasó en Jesús no es el objetivo.
Es solo el medio para saber qué tiene que pasar conmigo.
También yo tengo que morir y resucitar, como Jesús.
………………..

No se trata de morir físicamente
ni de una resurrección corporal.
Como Jesús tengo que morir al egoísmo
y nacer del Espíritu al verdadero amor a los demás.
…………

Día a día tengo que morir a todo lo terreno.
Día a día tengo que nacer a lo divino.
Ni muerte ni resurrección terminan mientras viva.
Pero cuanto más muera, más Vida habré conseguido.
………………………….

 

Fray Marcos

 

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Jn.20,1-9)

  • DOMINGO DE PASCUA:-B- (Abril 5 de 2015)
  • CRISTO HA RESUCITADO. ¡ALELUYA! ¡ALELUYA!
  • ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive’
  • Nuestro Jesús de Nazaret ¡HA RESUCITADO! La Resurrección de Cristo, es el contenido central.

La Vigilia Pascual es la explosión de la LUZ y de la ALEGRÍA. Todo nos habla del triunfo de Jesús sobre la muerte, todo está lleno de su RESURRECCIÓN. Primero será la luz nueva de la Pascua, después la Palabra de Dios nos irá recordando como Dios se ha hecho presente en nuestra historia; el agua nos hablará de la vida nueva en el Bautismo, y por último, en esta eucaristía de pascua, el pan y vino, consagrados, serán para nosotros Cuerpo y Sangre de Jesús Resucitado.

La Pascua celebración de la Vida. Los símbolos: el fuego, la luz, el agua, nos hablan de vida.

  • La Palabra proclamada nos anuncia la Vida. Una Vida nueva y para siempre. Una vida actual

Porque celebramos al que Vive para siempre: Jesús de Nazaret.
Vida pues, diferente, nueva, para siempre, por eso lleva consigo trabajar por todo lo que es vida en nuestro mundo: vida humana, vida digna de toda persona; vida natural cuidando el entorno humano.
La Pascua es la fiesta del compromiso cristiano con la Vida. En este día deberíamos pensar seriamente cuál es nuestra colaboración diaria en la tarea de repartir vida a nuestro alrededor para que quienes se acerquen a nosotros puedan encontrar al Resucitado, para que los que nos conozcan y nos traten y estén a nuestro lado comprendan que el Dios en el que creemos y con el que nos hemos comprometido es un Dios que reparte claridad, luz a tanto nubarrón y tanto hielo como muchas veces enturbian la relaciones humanas.
Ser testigos de la Resurrección, ésta es nuestra honrosa tarea y nuestra elevada Misión.
Dichosos los que crean, sin haber visto.

  • PREGÓN PASCUAL
    ¡Aleluya!, Hoy  es la fiesta mayor de los cristianos.
    El triunfo y el regalo de la Pascua.
    El mejor obsequio que Dios hace a sus hijos. A pequeños y mayores, a todos
    ¡RESUCITASTE, SEÑOR!

Por las personas que estaban perdidas.
Por los que no tienen ganas de vivir.
Por el que se alejó de los buenos caminos.

¡RESUCITASTE, SEÑOR!
Y nos trajiste felicidad. ALELUYA.
Y nos llenas de Paz.   ALELUYA.

Y nos hiciste más hermanos. ALELUYA.

¡RESUCITASTE, SEÑOR!

Para que nos amásemos más.
Para que sepamos ayudar al necesitado.

Para que no nos olvidemos de Dios nuestro Padre.

Para que llevemos tu nombre por toda la tierra.

Has resucitado. ¡ALELUYA!. Y, contigo, todos estamos llamados a la vida. Por eso cantamos. ALELUYA  ALELUYA  ES LA FIESTA DEL SEÑOR, ALELUYA  ALELUYA  EL SEÑOR RESUCITÓ.  (2)

¡ALEGRAOS!. JESÚS HA RESUCITADO. ZORIONAK. JESUS, BERPIZTU  DA.

  • Esta es la gran noticia que, desde esta noche pasada, corre por todo el mundo allá donde hay cristianos, seguidores de Jesús. ¡JESÚS VIVE!, Dios lo ha resucitado, esta gran verdad llena nuestras vidas de alegría:
    ¡TAMBIÉN NOSOTROS RESUCITAREMOS!.
    Vamos a poner en esta celebración nuestras voces, cantando la alegría de la Resurrección.
    Vamos a poner el corazón para dejar a Jesús que entre en Él y nos llene de una vida nueva.
    Miramos con alegría el cirio Pascual encendido que representa a Jesús resucitado. CAMINO,  VERDAD  Y  VIDA. ALELUYA.
    ¡FELICES PASCUAS!. ¡ZORIONAK!
    ZURIÑE
  • DAMOS GRACIAS AL RESUCITADO
  • Jesús de Nazaret Resucitado:
    Gracias porque, como escucharon  las mujeres la mañana de Pascua, Tú vas por delante de nosotros.
  • Gracias por tantos signos de esperanza y de vida auténtica que podemos ver cada día como fruto de tu Amor y de tu presencia y la del espíritu santo en el mundo:
  • Haz que los sepamos descubrir y valorar.
  • Gracias porque con la fuerza de tu Pascua renuevas nuestra vida, nos llenas de esperanza y nos dices que vale la pena dedicar la vida a ser discípulos y anunciadores de tu evangelio.
  • Gracias por los testigos que vemos cada día y que nos hablan de Ti: mujeres y hombres, ancianos, adultos, jóvenes y niños que viven la fe con alegría y coraje, que dan sentido a la propia existencia y contagian el gozo profundo del evangelio y la Resurrección.
  • Gracias porque tu Iglesia no se cansa de fijar en ti sus ojos y de encontrar en ti y en tu Palabra las razones de su existir y de estar presente en el mundo.
  • ¡GRACIAS, JESÚS RESUCITADO!
  • SEGUIMOS  REFLEXIONANDO
    SOLO DIOS
  • Sólo Dios puede dar la fe,

Pero tú puedes dar tu testimonio.

Sólo Dios puede dar la esperanza,
pero tú puedes entregar confianza a tus hermanos.
Sólo Dios puede entregar el Amor,
pero tú puedes enseñar a otros a amar.
Sólo Dios puede dar la paz,
pero tú puedes sembrar la unión.
Sólo Dios puede dar la fuerza.
pero tú puedes sostener a un desalentado.
Sólo Dios es el Camino,
pero tú puedes indicarlo a otros.
Sólo Dios es la Luz,
pero tú puedes hacerla brillar ante los ojos de todos.
Sólo Dios es la vida,
pero tú puedes dar a otros el gusto de vivir.
Sólo Dios se basta a sí mismo,
pero El prefiere que cuentes con Él.
*******

¡FELICES PASCUAS!. ¡ZORIONAK!

SOLO EXISTE LA VIDA, Enrique Martínez Lozano

SOLO EXISTE LA VIDA

Escrito por  Enrique Martínez Lozano
FE ADULTA

Jn 20, 1-9

El simbolismo de este texto, de una riqueza extraordinaria, empieza jugando con contrastes. Para quien ha vivido la experiencia, se trata del «primer día de la semana»; para María Magdalena, sin embargo, todavía es de noche: «está oscuro».

Sabemos que para el autor del cuarto evangelio, la noche es sinónimo de oscuridad, confusión, ignorancia; el «primer día», por el contrario, alude a la «nueva creación». A la oscuridad de quienes aún no lo han experimentado, los testigos proclaman: Jesús ha resucitado y su resurrección constituye una «nueva creación» del mundo, sobre cimientos de vida y certeza definitivas.

Un contraste similar es el que muestra a María marchando al sepulcro –el «sepulcro» es el lugar de la muerte y de la desesperanza-, cuando la realidad es que «la losa estaba quitada», es decir, la muerte había sido vencida. Imagen que, entre líneas, nos sugiere algo profundamente sabio: debajo de cada «losa» que parezca aplastarnos, hay vida que quiere resucitar.

Más profundamente aún, no hay ninguna «losa»: nada es capaz de aplastar la vida. Cualquier «losa» que nuestra mente pueda imaginar ha sido ya «quitada»: lo que somos, se halla siempre a salvo; la vida no puede ser derrotada.

Pero María sigue sin «ver» –no ve más allá del Jesús difunto- y recurre a una explicación «racional»: «Se lo han llevado». Con todo, no deja de buscar; echa a correr… y contagia a los discípulos en su misma búsqueda, aunque también estos no piensan más que en el «sepulcro», es decir, en la muerte como final.

Continúa el simbolismo: lo que ven no es al Resucitado, sino «vendas» y «sudario». Pero tanto las vendas como el sudario no son elementos que «produzcan» por sí mismos la fe en la resurrección: es lo que le ocurre a Pedro. Se requiere una forma de «ver» que vaya más allá de la materialidad, o mejor, que sepa descubrir en lo material la Presencia inmaterial que todo lo ocupa y alienta.

Quien sabe «ver» de ese modo es «el otro discípulo, a quien quería Jesús». Se trata del «discípulo amado» que, en el cuarto evangelio, es imagen del verdadero discípulo.

En el plano simbólico, es indudable que el amor –que «corre» más deprisa que la autoridad- capacita para ver. Vienen a la memoria palabras como las de Pascal: «El corazón tiene razones que la razón no conoce»; o las de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry: «Lo esencial es invisible a los ojos; solo se ve bien con el corazón». Y es que el amor, por su propia estructura integradora y unificadora, nos hace descubrir la dimensión más profunda de lo real que, de otro modo, se nos escapa.

El relato, pues, es una catequesis: toda una invitación a saber mirar con el corazón para poder descubrir, en las «vendas» que nos rodean, al Resucitado, la Presencia de Lo Que Es.

«Vendas» son todo deseo de superación; las ganas que sentimos de ser mejores; el anhelo de vivir; el amor a los demás y la capacidad de perdón; el anhelo de plenitud; la belleza de lo que nos rodea; la vivencia del gozo; la esperanza mantenida, en medio del sufrimiento; el silencio; la vivencia del Presente; la oración; el encuentro personal; la experiencia de ser transformados; la Eucaristía compartida…

Lo que ocurre es que la mente dual no sabe qué hacer con esas «vendas». Las ve únicamente como «objetos» separados, realidades aisladas, debido a su propia incapacidad de percibir la Unidad de todo.

Necesitamos acallar la mente, para poder ver «más allá» (más acá) y acceder así a aquella experiencia transpersonal que los discípulos vivieron y nos comunicaron, con las categorías propias de su «idioma» cultural. Experiencia que puede resumirse en una afirmación: la vida no es «algo» que tenemos y podemos perder; somos vida y el engaño radical consiste en creernos separados o desgajados de ella. No somos un yo particular que tiene vida; somos la Vida que se expresa temporalmente en la forma de este yo particular.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

 

VIGILIA PASCUAL, Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Mc 16, 1-7

El centro de esta vigilia no es un cuerpo, ni muerto ni vivo, sino el fuego y el agua. Ya tenemos la primera clave para entender lo que estamos celebrando en la liturgia más importante de todo el año. Fuego y agua son los dos elementos indispensables para la vida biológica. Del fuego surgen dos cualidades sin las cuales no puede haber vida: luz y calor. El agua es el elemento fundamental para formar un ser vivo. El 80% de cualquier ser vivo, incluido el hombre, es agua. El recordar nuestro bautismo es la clave para descubrir de qué Vida estamos hablando. Hoy, fuego y agua simbolizan a Jesús porque le recordamos VIVO y comunicando Vida. Este es el centro de la experiencia pascual.

La vida que esta noche nos interesa, no es la física, ni la psíquica, sino la trascendente. Por no tener en cuenta la diferencia entre estas vidas, nos hemos armado un buen lío con la resurrección de Jesús. La vida biológica no tiene ninguna importancia para la realidad que estamos tratando. «El que cree en mí aunque haya muerto vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre». La psíquica tiene importancia, porque es la que nos capacita para alcanzar la espiritual. Solo el ser humano, que es capaz de conocer y de amar, puede acceder a la Vida divina. Si nuestra preocupación se limita a lo biológico, estamos perdidos.

Lo que estamos celebrando esta noche, es la llegada de Jesús a esa meta. Jesús, como hombre, alcanzó la plenitud de Vida. Posee la Vida definitiva, que es la Vida de Dios. Esa vida ya no puede perderse porque es plena y eterna. Podemos seguir empleando el término «resurrección», pero creo que no es hoy el más adecuado para expresar esa realidad divina. Inconscientemente lo aplicamos a la vida biológica y psicológica, porque es lo que nosotros podemos sentir, es decir descubrir por los sentidos.  Pero lo que hay de Dios en Jesús no se puede descubrir mirando, oyendo o palpando.

Ni vivo ni muerto ni resucitado, nadie puede descubrir su divinidad. Tampoco puede ser el resultado de alguna demostración lógica. Lo divino no cae dentro del objeto de nuestra razón. A la convicción de que Jesús está vivo, no se puede llegar por razonamientos. Lo divino que hay en Jesús, y por lo tanto su resurrección, solo puede ser objeto de fe. Para los apóstoles como para nosotros se trata de una experiencia interior. A través del convencimiento de que Jesús les está dando VIDA, descubren que él tiene que estar VIVO.

Creer en la resurrección exige haber pasado de la muerte a la Vida. Por eso tiene en esta vigilia tanta importancia el recuerdo de nuestro bautismo. Cristiano es el que está constantemente muriendo y resucitan­do. Muriendo a lo terreno y caduco, al egoísmo, y naciendo a la verdadera Vida, la divina. Tenemos del bautismo una concepción estática que nos impide vivirlo. Creemos que hemos sido bautizados un día a una hora determinada y que allí se realizó un milagro que permanece por sí mismo. Para descubrir el error, hay que tomar conciencia de lo que es un sacramento.

Todos los sacramentos están constituidos por dos elementos: un signo y una realidad significada. El signo es lo que podemos ver oír, tocar. La realidad significada ni se ve ni se oye ni se palpa, pero está ahí siempre porque depende de Dios que está fuera del tiempo. En el bautismo, la realidad significada es esa Vida divina que significamos para hacerla presente y vivirla. Un día han hecho el signo sobre mí, pero vivir lo significado es tarea de toda la vida. Todos los días tengo que estar haciendo mía esa Vida. Y el único camino para hacer mía la Vida de Dios que es AMOR, es superando el ego-ísmo, es decir, amando.

 

Fray Marcos

JUEVES SANTO: DÍA DEL SERVICIO A LOS DEMÁS, POR AMOR Y EN HUMILDAD, Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Jn 13, 1-15

El tema central del Triduo Pascual es el AMOR. El Jueves se manifiesta en los gestos y palabras que lleva a cabo Jesús en la entrañable cena. El Viernes queda patente el grado supremo de amor al dar la vida por no renunciar al bien del hombre. El Sábado, celebramos la Vida que surge de ese Amor incondicional. En la liturgia de estos días intentamos manifestar de manera plástica, la realidad del amor supremo que se manifestó en Jesús. Lo importante no son los ritos, sino el significado que éstos encierran.

La liturgia del Jueves Santo está estructurada como recuerdo de la última cena. La lectura del evangelio de Jn nos debe hacer pensar; se aparta tanto de los sinópticos que nos llama la atención que no mencione la fracción del pan, pero en su lugar, nos narra una curiosa actuación de Jesús que nos deja desconcertados. Si el gesto sobre el pan y el vino, tuvo tanta importancia para la primera comunidad, ¿por qué lo omite Juan? Y si realmente Jesús realizó el lavatorio de los pies, ¿por qué no lo mencionan los tres sinópticos?

No es fácil resolver estas cuestiones, pero tampoco debemos ignorarlas o pasarlas por alto a la ligera. Seguiremos haciendo sugerencias, mientras los exegetas no lleguen a conclusiones más o menos definitivas. Sabemos que fue una cena entrañable, pero el carácter de despedida, se lo dieron después los primeros cristianos. Seguramente en ella sucedieron muchas cosas que después se revelaron como muy importantes para la primera comunidad. El gesto de partir el pan y de repartir la copa de vino, era un gesto normal que el cabeza de familia realizaba en toda cena pascual. Lo que pudo añadir Jesús, o los primeros cristianos, es el carácter de símbolo, de lo que en realidad fue la propia vida de Jesús.

El gesto de lavar los pies era una tarea exclusiva de esclavos. A nadie se le hubiera ocurrido que Jesús la hiciera si no hubiera acontecido algo similar. Es una acción más original y de mayor calado que el partir el pan. Seguramente, en las primeras comunidades se potenció la fracción del pan, por ser más sencilla. Poco a poco se le iría llenando de contenido sacramental hasta llegar a significar la entrega total de Jesús. Pero esa misma sublimación llevaba consigo un peligro: convertirla en un rito estereotipado que a nada compromete. Aquí veo yo la razón por la que Jn se olvida de la fracción del pan. La explicación que da de la acción, lleva directamente al compromiso con los demás y no es fácil escamotearla.

Parece demostrado que, para los sinópticos, la Última Cena es una comida pascual. Para Jn no tiene ese carácter. Jesús muere cuando se degollaba el cordero pascual, es decir el día de la preparación. La cena se tuvo que celebrar la noche anterior. Esta perspectiva no es inocente, porque Jn insiste, siempre que tiene ocasión, en que la de Jesús es otra Pascua. Identifica a Jesús con el cordero pascual, que no tenía carácter sacrificial, sino que era el signo de la liberación. Jesús el nuevo cordero, es signo de la nueva liberación.

Los amó hasta el extremo. Se omite toda referencia de lugar y a los preparativos de la cena. Va directamente a lo esencial. Lo esencial es la demostración del amor. «Hasta el extremo» (eis telos) = en el más alto grado, hasta alcanzar el objetivo final. Manifestó su amor durante toda su vida, ahora va a manifestarse de una manera total y absoluta. «Había amado… y demostró su amor hasta el final», dos aspectos del amor de Dios manifestado en Jesús: amor y lealtad, (1,14) amor que no se desmiente ni se escatima.

Dejó el manto y tomando un paño, se lo ató a la cintura. No se trata en Jn de la cena ritual pascual, sino de una cena ordinaria. Jesús no celebra el rito establecido, porque había roto con las instituciones de la Antigua Alianza. Dejar el manto significa dar la vida. El paño (delantal, toalla) es símbolo del servicio. Manifiesta cual debe ser la actitud del que le siga: Prestar servicio al hombre hasta dar la vida como Él. Jn pinta un cuadro que queda grabado para siempre en la mente de los discípulos. Esa última acción de Jesús, tiene que convertirse en norma para la comunidad. El amor es servicio concreto y singular a cada persona.

Se puso a lavarles los pies y a secárselos con la toalla. El lavar los pies era un signo de acogida o deferencia. Solo lo realizaban los esclavos o las mujeres. Lavar los pies en relación con una comida, siempre se hace antes, no durante la misma. Esto muestra que lo que Jesús hace no es un servicio cualquiera. Al ponerse a los pies de sus discípulos, echa por tierra la idea de Dios creada por la religión. El Dios de Jesús no actúa como Soberano, sino como servidor. El verdadero amor hace libres. Jesús se opone a toda opresión. En la nueva comunidad todos deben estar al servicio de todos, imitando a Jesús. La única grandeza del ser humano es ser como el Padre, don total y gratuito para los demás.

¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Esta explicación que el evangelista pone en boca de Jesús, nos indica hasta qué punto es original esa actitud. Retomó el manto pero no se quita el delantal. Se recostó de nuevo, símbolo de hombre libre. El servicio no anula la condición de hombre libre, al contrario, da la verdadera libertad y señorío. La pregunta quiere evitar cualquier malentendido. Tiene un carácter imperativo. Comprended bien lo que he hecho con vosotros, porque estas serán las señas de identidad de la nueva comunidad.

Vosotros me llamáis «Maestro» y «Señor» y decís bien porque lo soy. Jn es muy consciente de la diferencia entre Jesús y ellos. Lo que quiere señalar es que esa diferencia no crea rango de ninguna clase. Las dotes o funciones de cada uno no justifican superioridad alguna. Los hace iguales y deben tratarse como iguales. La única diferencia es la del mayor o menor amor manifestado en el servicio. Esta diferencia nunca eclipsará la relación personal de hermanos, todo lo contrario, a más amor más igualdad, más servicio.

Pues si yo os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Reconoce los títulos, pero les da un significado completamente nuevo. Es «Señor», no porque se imponga, sino porque manifiesta el amor, amando como el Padre. Su señorío no suprime la libertad, sino que la potencia. El amor ayuda al ser humano, a expresar plenamente la vida que posee. Llamarle Señor es identificarse con él, llamarle Maestro es aprender de él pero no doctrinas sino su actitud vital. Sienten la experiencia de ser amados, y así amarán con un amor que responde al suyo.

Os dejo un ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Los sinópticos dicen, después de la fracción de pan: «Haced esto para acordaros de mí». Es exactamente lo mismo, pero en el caso del lavatorio de los pies, queda mucho más claro el compromiso de servir. Lo que acaba de hacer no es un gesto momentáneo, sino una norma de vida. Ellos tienen que imitarle a él como él imita al Padre. Ser cristiano es imitar a Jesús en un amor que tiene que manifestarse siempre en el servicio a todos los hombres.

Es una pena que una vivencia tan profunda se haya reducido a celebrar hoy el día de la «caridad«. Tranquilizamos nuestra conciencia con un donativo de algo externo a nosotros, siempre de lo que me sobra, o por lo menos, que en nada compromete mi nivel de vida. Podemos aceptar que no somos capaces de seguir a Jesús, pero no tiene sentido engañarnos a nosotros mismos con ridículos apaños. Celebrar la eucaristía es comprometerse con el gesto y las palabras de Jesús. Él fue pan partido y preparado para ser comido. Él fue sangre (vida) derramada para que todos los que encontró a su paso la tuviera también. Jesús promete y da Vida definitiva al que es capaz de seguirle por el camino que nos marcó. La misma Vida de Dios, la comunica a todo el que acepta su mensaje. No al que es perfecto, sino al que, con autenticidad, se esfuerza por imitarle en la preocupación por el hombre.

 

Fray Marcos

* ORAR CON EL EVANGELIO. (Mc.14,1-15.47)

  • DOMINGO DE RAMOS. MARZO 29 de 2015

*          No podemos hablar de entrada “triunfal”. La llegada de Jesús a Jerusalén no fue ni quiso ser triunfal. Este rey no llega montado a caballo, sino que viene en un asno. El animal del trabajo y de la vida diaria de la gente sencilla y de los pueblos pobres. Viene humildemente y “en son de Paz”.

* El triunfo vendrá después. El domingo de Ramos es el resumen anticipado  de lo que la liturgia en sus celebraciones irá desgranando en los días siguientes. Este es el sentido de la Pasión en el día de hoy. No hay victoria sin Pasión. Primero hay que entregar la vida.

*          Su Reino no es de este mundo, aunque muchos se confundieron. Su Reino es del servicio, del Amor, de la Bondad, de la Misericordia, de la justicia. La bandera de Jesús no es la de la prepotencia sino de la pobreza y la humillación. Es el que siendo de condición divina se despojó de su gloria y se hizo uno de tantos sometiéndose a la muerte de Cruz. (Fil.2.)

*ORACIÓN

Jesús De la Semana Santa, de la Pasión y Resurrección:
Prepara nuestro corazón a contemplar tu fidelidad hasta la muerte.

Danos tu espíritu de confianza en el Dios de vida para todos.
Ábrenos a la solidaridad con los que más sufren la limitación de la naturaleza.
Ponnos al lado de los que sufren por cualquier causa de injusticia.
Danos tu Luz y tu fuerza:

Para descubrir nuestra vocación en tu Reino.
Para “velar y orar”  ante las dificultades.
Para confesar y comunicar tu Amor  a otros con valentía.

Para aprender de ti y vivirlo: el servicio, la bondad, la misericordia, la justicia, la paz el Amor. AMÉN

 

  • JUEVES  SANTO. (Jn. 13.1.15)   (Abril 2 de 2015)

*     Jesús celebra con sus discípulos una cena en el contexto de las fiestas de Pascua. Era una cena donde se recordaba el paso del Señor por la liberación de Egipto. (Ex.12).
*     El ambiente es de unión. Pero esta cena de Jesús es algo más que un memorial de la Pascua. Es una Cena de DESPEDIDA de los suyos… Jesús sabía que “HABÍA LLEGADO SU HORA” de llegar al Padre. Y por eso, como en toda despedida, la atmósfera se vuelve tensa y solemne y las palabras no bastan. Es necesario hacer gestos, símbolos proféticos, que expresen todo lo que bulle en el corazón del que se va, como resumen y expresión de su vida.:
*    JESÚS LAVA LOS PIES A SUS DISCÍPULOS (Jn. 13). Es un símbolo de lo que ha sido toda su vida: vida al servicio de los demás, de los pobres y pecadores  Los discípulos quedan aturdidos  y desconcertados.
*     “El símbolo del pan y el vino, junto con el símbolo del lavatorio de los pies, son partes indisolubles del mismo y único sacramento”. La eucaristía está unida a la opción de lavar los pies, de amar hasta el final, como  Él  AMA.
*     Y Jesús toma el pan, el vino y les dice, nos dice ESTE SOY YO, haced esto en memoria mía.
La Eucaristía tiene que ver con la vida, con el hambre, con los pobres, con la solidaridad, con el compartir, con la justicia, con la paz. La eucaristía simboliza el banquete del reino que celebramos anticipadamente. Pero esto supone que la Liturgia se vuelve vida, que pasamos del templo a la calle, de la Celebración a la vida de cada día.
*     En el silencio orante, nos podíamos preguntar: ¿Hemos hecho, hacemos de nuestras vidas una Eucaristía de servicio a los demás?
Lo que importa es que las brasas de esta Caridad no se apaguen y sigan siendo fermento de un mundo nuevo en el que reine el amor. Y el amor, tiene que ver con lo cotidiano, como el pan y el vino que llevamos a la mesa del Señor, o el agua sencilla del lavatorio de los pies. La caridad es la savia de la vida cristiana cotidiana: de nuestras relaciones familiares, vecinales, comunitarias, sociales. Que Jesús de Nazaret nos siga dando fuerza para hacer de nuestras vidas una Eucaristía.

  • ORACIÓN
    Tú Cristo, fuente de toda caridad, te hiciste pobre con los pobres de toda pobreza, hermano de todos, y consuelo de los afligidos. 

        • Tú Cristo, fuente de toda caridad, entra en nuestras vidas con todo tu Amor, y haz de nosotros instrumentos humildes de tu Paz para ayudar a quien lo necesite.
          Tú Cristo, fuente de toda caridad, despierta en nosotros un corazón tan grande que sintamos los problemas de los demás como nuestros y que nuestras manos se tiendan para ayudar al que lo necesite, al que se siente solo, al que no tienen fuerza para caminar, al que no te ha descubierto a Ti, Cristo nuestro, como PAN DE VIDA.
        • Cristo Bueno, haz que comprendamos y pongamos en práctica lo que Tú hiciste y nos dejaste como herencia.

Que de nuestro silencio de ADORACIÓN Y GRATITUD brote un deseo cada vez mayor de ser discípulos tuyos más fieles. AMÉN.

* * *  *  * *
* VIERNES SANTO. (Jn. 18.1.19-42) (Abril 3 de 2015)

  • PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS: “MIRAD AL ÁRBOL DE LA CRUZ”
  • Este día, centrado en torno a la muerte de Jesús, volvemos a encontrarnos con el relato de la Pasión.
    Cuando uno se adentra en la narración de Juan, lo que más llama la atención es la presentación que hace de Jesús. Su grandeza, su libertad, su dominio y serenidad ante todo lo que acontece, hacen que el camino hacia la Cruz, no parezca el final de un ajusticiado que ha fracasado, sino la victoria del que ha llevado a término la obra que su Padre le ha confiado.
  • La  Cruz  no es sólo pasión en el sentido de pasividad, contemplación, sino también opción personal y libre de una vida entregada a favor de una salvación para todos. Esto es lo que nos reúne a los cristianos. El Crucificado nos revela la profundidad del mal en el mundo:
    “ESTE ES EL HOMBRE; AQUÍ LO TENÉIS. ÉSTE ES EL HIJO”
  • En este viernes santo, ante nosotros se levanta la Cruz para que la contemplemos, la honremos, la besemos y participemos de su poder redentor. Nos colocamos a los pies de la Cruz como testigos y discípulos, como parte de la familia de Dios, unidos unos a otros en el sufrimiento compartido y en especial de los más solos.
  • Celebramos y vivimos en el Viernes Santo la entrega de Jesús, la muerte de Jesús, en la Cruz.
    Hagamos un pequeño silencio y… pongámonos junto a María su Madre…  Dejemos que ella, nos hable al corazón…
  • Podríamos pensar que todo termina aquí. Pero no es así: en la Cruz está la muerte, pero también está la vida, la victoria y la gloria. La Cruz del viernes Santo no es el final de la vida de Jesús, sino una etapa que nos lleva llenos de Esperanza al
    TRIUNFO DE LA RESURRECCIÓN”.
  • ORACIÓN
  • Jesús de Nazaret, Jesús crucificado, en actitud de silencio y adoración queremos contemplarte clavado en la Cruz y te agradecemos porque quisiste ser probado en todo como nosotros menos en el pecado, y especialmente te damos gracias porque no te echaste atrás cuando el egoísmo humano te clavó en la Cruz.
    Te pedimos nos ayudes a ser como tú en la capacidad de Amar y perdonar y saber vivir a fondo la fe y la entrega.
    Que al besar hoy la Cruz, tu Cruz, aprendamos a llevar las nuestras y a saber ayudar a otros a llevar la suya con la esperanza de saber que un día nos resucitarás en el gozo y la gloria para siempre. AMÉN. ZURIÑE 

     

     

 

 

«PUEDO DESPLEGAR LA MISMA VIDA DE DIOS QUE YA ESTÁ EN MÍ», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Jn 12, 20-33

Estamos en el c. 12. Después de la unción en Betania y de la entrada triunfal en Jerusalén, y como respuesta a los griegos que querían verle, Juan pone en boca de Jesús un pequeño discurso que no responde ni a los griegos ni a Felpe y Andrés. Versa, como el domingo pasado sobre la Vida, pero desde otro punto de vista. Aquí la Vida solo puede ser alcanzada después de haber aceptado la muerte. También hoy hace referencia a ser levantado en alto, pero aquí para atraer a todos hacia él. Los «griegos» que quieren ver a Jesús podían ser simplemente extranjeros simpatizantes del judaísmo. El mensaje de Jn en este relato en muy claro: Los «judíos» rechazan a Jesús, y los paganos le buscan.

Ha llegado la hora de que se manifieste la gloria de este Hombre. Todo el evangelio de Jn es como una gran lente que concentrara todos sus rayos en la «hora«. Por tres veces se ha repetido en el texto la palabra «hora»; y otras tres, aparece el adverbio «ahora». Se trata del momento decisivo, manifestado en la cruz. Llegada la «hora», se manifiesta la gloria-amor de Dios y de «este Hombre». Reflejar lo que es Dios en su entrega total, será la mayor honra del Hijo. Todos estamos llamados a esa plenitud humana que se manifiesta en el amor-entrega. Ahora es posible la apertura a todos. El valor fundamental del hombre no depende ni de religión ni de raza ni de cultura. Los que buscaban su salvación en el templo, tienen que descubrirla ahora en «el Hombre».

Si el grano de trigo no muere, permanece él solo; en cambio, si muere, produce muchos frutos. Declaración rotunda y central para Jn. Dar Vida es la misión de Jesús. La Vida solo se comunica aceptando la muerte. La Vida es fruto del amor, pero el egoísmo es la cáscara que impide germinar esa vida, aunque esté dentro de mí. Amar es romper la cáscara y darse. La muerte del falso yo es la condición para que la Vida se libere. La incorporación de todos a la Vida, será la tarea que se impone Jesús; y será posible gracias a su entrega total hasta la muerte. El fruto no dependerá de la comunicación de un mensaje sino de la manifestación del un amor total. El amor es el verdadero mensaje. El fruto-amor solo puede darse en la nueva comunidad. Esta idea es original de Jn.

Hoy sabemos que el grano de trigo no muere más que en apariencia. Solo desaparece lo accidental para ser alimento de lo esencial. En la semilla hay vida, pero está latente, esperando la oportunidad de desplegarse. Esto es muy importante a la hora de interpretar el evangelio de hoy. La vida no se pierde cuando se convierte en alimento de la verdadera Vida. La vida biológica cobra pleno sentido cuando se pone al servicio de la Vida. La vida humana llega a su plenitud cuando trasciende lo puramente natural. Lo biológico no queda anulado por lo espiritual, sino potenciado y «plenificado».

Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden este, es conservarse para una Vida definitiva. La traducción del griego es muy difícil. Primero habla de psyche (alma, vida sicológica) y al final, de «zoe» vida, pero al añadir «aionion» perdurable, eterna, en latín «vitam aeternam», nos está hablando de una vida definitiva, trascendente. No es un trabalenguas, está hablando de dos realidades distintas. Hoy podemos entenderlo mejor. Se trata de ganar o perder tu «ego», falso yo, lo que crees ser o de ganar o perder tu verdadero ser, lo que hay en ti de trascendente.

El amor tiene que superar el apego a la vida biológica y sicológica. En contra de lo que parece, entregar la vida no es desperdiciarla, sino llevarla a plenitud. No se trata de entregarla de una vez muriendo, sino de entregarla poco a poco en cada instante, sin miedo a que se termine. El mensaje de Jesús no conlleva un desprecio a la vida, sino todo lo contrario, solo cuando nos atrevemos a vivir a tope, dando pleno sentido a la vida, alcanzaremos la plenitud a la que estamos llamados. La muerte al falso yo, no es el final de la vida biológica, sino su plenitud. Consciente de esto y perdido el temor a la muerte, nadie ni nada te puede esclavizar. El evangelista tiene muy claro cual es el sentido de la muerte de Jesús, que no coincide en absoluto, con el sentido que se le ha dado después.

El que quiera colaborar conmigo, que me siga, y así, allí donde yo estoy, estará también mi colaborador. «Diakonos» significa servir, pero por amor, no  servir como esclavo. Traducir por servir y servidor, no deja claro el sentido del texto. Seguir a Jesús es compartir la misma suerte. Seguir a Jesús es entrar en la esfera de lo divino, es dejarse llevar por el Espíritu. El lugar donde habita Jesús, es el de la plenitud del amor. Lo manifestará cuando llegue su «hora«. Allí entregando su vida, hará presente el Amor total, que es Dios. No se trata de la muerte física; mucho menos en el género de muerte que él sufrió. Se trata de dar la vida, día a día, en la entrega confiada a los demás.

Ahora me siento fuertemente agitado; ¿Qué voy a decir?  «Padre líbrame de esta hora» ¡Pero, si para esto he venido, para esta hora! En esta escena, que los sinópticos colocan en Getsemaní, se manifiesta la auténtica humanidad de Jesús. Nos está diciendo, que ni siquiera para Jesús fue fácil lo que está proponiendo. Se trata del signo supremo de la muerte al «ego». Se deja llevar por el Espíritu, pero eso no suprime su condición de «hombre». Su parte sensitiva protesta vigorosamente. Pero está en el ámbito de la Vida, y eso le permite descubrir que se trata del paso definitivo.

Ahora el jefe de este orden va a ser echado fuera. Cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mí. Como el domingo pasado, identifica la cruz y la glorificación, idea clave para entender el evangelio de Jn. Todos nos tenemos que sentir, no sólo llamados, sino empujados hacia la misma meta.

Muerte y vida se entremezclan y se confunden en el evangelio de Jn. Para entender este lenguaje, hay que tener muy claro que está hablando de dos clases de muerte y dos clases de vida. Una es la muerte espiritual al falso yo superando todo egoísmo y otra la muerte física, que ni añade ni quita nada al verdadero ser del hombre. La muerte física no es imprescindible para llegar a la Vida. La muerte al falso «yo», sí, porque es el único camino hacia la Vida. La Vida de Dios en nosotros, es una realidad muy difícil de aprehender, pero a la que hay que llegar para alcanzar la plenitud humana. Toda vida espiritual es un proceso, un paso de la muerte a la vida, de la materia al espíritu. Hay que nacer de nuevo.

Mi plenitud humana no puede estar en la satisfacción de los sentidos, de las pasiones, de los apetitos, sino que tiene que estar en lo que tengo de específicamente humano; es decir, en el desarrollo de mi capacidad de conocer y de amar. La meta está en el descubrimiento de que mi verdadero ser existe en la medida que me doy a los demás, que la razón de mi existencia lo encontraré en la entrega y en el servicio. El dolor que causa el renunciar a la satisfacción de la parte inferior de mí ser, la interpreta el evangelio como muerte, y solo a través de esa muerte se puede acceder a la verdadera Vida. Si ponemos todo nuestro ser al servicio de la vida biológica y sicológica, nunca alcanzaremos la espiritual.

Estamos aquí para vivir muriendo. Aceptar la muerte es darse cuenta de nuestra limitación fundamental como criatu­ras, como seres vivos, como animales, y descubrir la posibilidad de ser más en lo que tenemos de específicamente humano. Estoy aquí para llevar la materia hacia el espíritu, para poner Vida donde solo había vida. El gran secreto, revelado en el evangelio, es que el hombre que vive biológicamente, puede acceder a otra realidad que llamamos Vida. Esta es la verdadera meta de un ser humano. El objetivo del hombre es esa Vida, no eliminar la muerte biológica y alcanzar una inmortalidad física. Si enfocamos todas nuestras energías hacia la vida terrena, nunca descubriremos la vida espiritual.

Meditación-contemplación

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere…
Se trata de una condición que no podemos soslayar.
Si queremos dar fruto, es decir, dar sentido a nuestra vida,
Tenemos que gastarnos y consumirnos.
…………………

La vela solo cobra sentido cuando está encendida.
Pero si está encendida, se consume.
La rosa al esparcir su fragancia, entrega algo de sí mismo,
Y así está manifestando su verdadero ser.
——–

La vida es movimiento y por lo tanto, energía desplegada.
Si la consumo en beneficio del ego, la malogro.
Puedo consumirla en beneficio de los demás,
Y entones, consumarla dándole plenitud.

Fray Marcos

 

Erramu Igandea – Domingo de Ramos, B (Markos 14,1–15,47), José A. Pagola

Erramu Igandea – B (Markos 14,1–15,47)

Evangelio del 29/03/2015

por Coordinador Grupos de Jesús

EZAUGARRI GORENA – EL GESTO SUPREMO

Jesusek indarkeriazko azkena barruntatua zuen. Ez zen pertsona gexala. Bazekien zer zetorkiokeen Jainkoaren Erreinuaren egitasmoari atxikirik jarraitzen bazuen. Ezinezkoa zen «pobreentzat» eta «bekatarientzat bizitza duin baten bila» hain errotik jo eta ez eragitea erreakziorik inolako aldaketarik komeni ez zitzaion jendeagan.

Jakina, Jesus ez da suizida bat. Ez dabil gurutzean josi dezaten bila. Ez zuen opa izan sekula ufrimendurik, ez beretzat, ez besteentzat. Horren aurka jardun zuen, hain juxtu, bizitza osoan, arriskuan aurkitzen zuen guztietan: gaixotasunean, zuzengabekerian, bekatuan, etsipenean. Beraz, ez dabil orain heriotzaren bila, baina ez dago atzera egiteko ere bere asmoan.

Bekatariei eta zokoratuei harrera eginez jarraituko du, bere jarduerak tenpluan amorrua eragingo badu ere. Kondenatzen badute, delitugile eta zokoratu bezala hilko da bera ere, baina bere bizitza osoa aietsiko du bere heriotzaz: bere barkazioa inori ukatzen ez dion Jainkoaganako konfiantza osoa baietsiko du.

Azkenak direnei Jainkoak dien maitasuna hots egiten jarraituko du Jesusek, pobreenekin bat eginez eta inperioa gutxietsiz, erromatar gobernariaren inguruan pertsonarik gogaigarriena izango bada ere. Esklaboentzat izan ohi den gurutzean noizbait hiltzen badute, esklabo mespretxagarri bezala hilko da bera ere, baina bere heriotzaz biktimen defendatzaile den Jainkoarekiko fideltasuna zigilatuko du.

Jainkoarekiko maitasunaz beterik, «salbamena» eskaintzen jarraituko du gaitzak eta gaixotasunak jota direnei: «harrera» eskainiko die gizarteak eta erlijioak zokoratu dituztenei; Jainkoaren doako barkazioa erregalatuko die bekatariei eta jende galduari, haren adiskide izatera itzuli ezin direnei. Bere bizitza guztia arnastu duen jarrera salbatzaile hau izango du bere heriotzan ere.

Horregatik gertatzen zaigu gurutzea kristauoi hain erakargarri. Gurutziltzatuari musu ematen diogu, harengana jasotzen ditugu begiak, haren azken hitzak entzuten ditugu…, zeren, Jesus gurutzean ikusirik, batetik, Aitaren egitasmoari hark eskaini dion azken zerbitzua baitugu ikusten eta, bestetik, bere Semea emanez, gizadi osoarekiko maitasunagatik, Aitak agertu digun ezaugarri gorena.

Bilaukeria da aste santua folklore nahiz turismorako apeu edo dei bihurtzea. Jesusen jarraitzaileentzat, Jaunaren nekaldia eta heriotza ospatzea emozioz beteriko esker ona da, Jainkoaren maitasun «ezin sinetsizkoa» pozik adoratzea, Jesus bezala bizitzeko deia gurutzetuekin bat eginez.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Domingo de Ramos – B (Marcos 14,1–15,47)

Evangelio del 29/03/2015

por Coordinador Grupos de Jesús

EL GESTO SUPREMO

Jesús contó con la posibilidad de un final violento. No era un ingenuo. Sabía a qué se exponía si seguía insistiendo en el proyecto del reino de Dios. Era imposible buscar con tanta radicalidad una vida digna para los «pobres» y los «pecadores», sin provocar la reacción de aquellos a los que no interesaba cambio alguno.

Ciertamente, Jesús no es un suicida. No busca la crucifixión. Nunca quiso el sufrimiento ni para los demás ni para él. Toda su vida se había dedicado a combatirlo allí donde lo encontraba: en la enfermedad, en las injusticias, en el pecado o en la desesperanza. Por eso no corre ahora tras la muerte, pero tampoco se echa atrás.

Seguirá acogiendo a pecadores y excluidos aunque su actuación irrite en el templo. Si terminan condenándolo, morirá también él como un delincuente y excluido, pero su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no excluye a nadie de su perdón.

Seguirá anunciando el amor de Dios a los últimos, identificándose con los más pobres y despreciados del imperio, por mucho que moleste en los ambientes cercanos al gobernador romano. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá también él como un despreciable esclavo, pero su muerte sellará para siempre su fidelidad al Dios defensor de las víctimas.

Lleno del amor de Dios, seguirá ofreciendo «salvación» a quienes sufren el mal y la enfermedad: dará «acogida» a quienes son excluidos por la sociedad y la religión; regalará el «perdón» gratuito de Dios a pecadores y gentes perdidas, incapaces de volver a su amistad. Esta actitud salvadora que inspira su vida entera, inspirará también su muerte.

Por eso a los cristianos nos atrae tanto la cruz. Besamos el rostro del Crucificado, levantamos los ojos hacia él, escuchamos sus últimas palabras… porque en su crucifixión vemos el servicio último de Jesús al proyecto del Padre, y el gesto supremo de Dios entregando a su Hijo por amor a la humanidad entera.

Es indigno convertir la semana santa en folclore o reclamo turístico. Para los seguidores de Jesús celebrar la pasión y muerte del Señor es agradecimiento emocionado, adoración gozosa al amor «increíble» de Dios y llamada a vivir como Jesús solidarizándonos con los crucificados.

José Antonio Pagola