Abendualdiko 3º Igandea – Domingo 3º de Adviento, José A. Pagola

-B (Juan 1, 6-8.19-28)

Evangelio del 17 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

JAINKOARI
IREKIRIK BIZI

Jende askorentzat esperientzia problematiko bihurtu da fedea. Ez dakite, juxtu, zer gertatu zaien azken urte hauetan. Baina gauza bat dago argi: jada ez dute sinetsiko haurtzaroan sinetsi zuten hartan. Hartaz guztiaz, sineskizun batzuk bakarrik gelditu dira, inguru-ertz aski lausokoak. Nork bere barne mundua eraiki du, askotan ezin saihestu dituzte duda-muda eta galdekizun larriak.

Pertsona hauetako gehienek bakarrik eta kasik sekretuan egiten dute beren «ibilbide erlijiosoa». Zeinekin hitz egin dezakete gauza hauetaz? Ez da, ez gidaririk, ez erreferentzia-gunerik. Bakoitzak ahal duen moduan jokatzen du gizakiaren alderik sakonenari dagozkion arazo hauetan. Askok ez daki gertatzen zaiona gauza normala den ala kezkatzekoa.

Atlantako James Fowler irakasleak fedearen garapenaz egin dituen azterketek laguntzen ahal diote jende ez gutxiri norberaren ibilbidea hobeto ulertzen. Aldi berean, argigarri dira pertsonak, bere «zentzu-unibertsoa egituratzeko, jarraitu beharko lituzkeen etapez. Bizitzako lehen unetan, haurrak gogoetarik gabe onartzen ditu proposatzen dizkioten sineskizunak eta balioak. Beren fedea ez dute, artean, erabaki pertsonala. Haurrak egiazko ala gezurrezko, on ala gaizto, kanpotik irakasten diotenaren arabera ezartzen du.

Aurrerago, sineskizuna, jarduerak eta irakaspenak modu gogoetatsuagoz onartuko ditu pertsona batek, baina beti taldeak, tradizioak edo agintari erlijiosoek zehazturik dituzten eran. Ez zaio otutzen ezer ere dudan jartzea. Dena da fede-gai, dena da seguru.

Beranduago iritsiko da krisia. Pertsona jabetuko da fedeak gauza askea eta pertsonala izan behar duela. Jada ez du uste, Elizak irakasten duena itsu-itsuan sinestera behartua dagoenik. Pixkana, gauza batzuk erlatibizatzen hasiko da eta beste batzuk aukeratzen. Bere mundu erlijiosoa aldatzen ari du eta urratu ere egiten du. Dena ez dator zinezkotasun handiago bat nahi izatetik. Tartean izango dira arintasuna eta inkoherentziak ere.

Horretan geldi daiteke dena. Baina jarrai dezake ere pertsonak bere barne munduan sakontzen. Jainkoari zinez irekitzen bazaio eta bere barnearen sakonenean hura bilatzen badu, sortzen ahal zaio fede berri bat. Jainkoaren maitasunak, apal-apal onartuak, zentzu sakonago bat ematen dio den-denari. Barne koherentzia harmoniatsuago bat ezagutuko du pertsonak. Duda-mudak ez dira, jada, oztopo. Pertsonak orain azken balio bat sumatzen du lehenago kritikatu zituen jarduera eta sinboloetan. Berriro iratzarri da Jainkoarekiko komunikazioa. Pertsona hori bat eginik sentitzen da munduan den on guztiarekin, eta bizia maitatzeko eta zaintzeko deia sumatzen du.

Funtsezko gauza, beti, geure baitan benetako lekutxo bat egitea da Jainkoaren esperientziari. Horra zergatik den garrantzizkoa profetaren dei honi kasu egitea: «Prestatu Jaunari bidea». Bide hau geure bihotzaren barruenean ireki behar diogu.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

Domingo 3º de Adviento

Evangelio del 17 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

ABRIRNOS
A DIOS

La fe se ha convertido para muchos en una experiencia problemática. No saben exactamente lo que les ha sucedido estos años, pero una cosa es clara: ya no volverán a creer en lo que creyeron de niños. De todo aquello solo quedan algunas creencias de perfil bastante borroso. Cada uno se ha ido construyendo su propio mundo interior, sin poder evitar muchas veces graves incertidumbres e interrogantes.

La mayoría de estas personas hace su «recorrido religioso» de forma solitaria y casi secreta. ¿Con quién van a hablar de estas cosas? No hay guías ni puntos de referencia. Cada uno actúa como puede en estas cuestiones que afectan a lo más profundo del ser humano. Muchos no saben si lo que les sucede es normal o inquietante.

Los estudios del profesor de Atlanta James Fowler sobre el desarrollo de la fe pueden ayudar a no pocos a entender mejor su propio recorrido. Al mismo tiempo arrojan luz sobre las etapas que ha de seguir la persona para estructurar su «universo de sentido».

En los primeros estadios de la vida, el niño va asumiendo sin reflexión las creencias y valores que se le proponen. Su fe no es todavía una decisión personal. El niño va estableciendo lo que es verdadero o falso, bueno o malo, a partir de lo que le enseñan desde fuera.

Más adelante, el individuo acepta las creencias, prácticas y doctrinas de manera más reflexionada, pero siempre tal como están definidas por el grupo, la tradición o las autoridades religiosas. No se le ocurre dudar seriamente de nada. Todo es digno de fe, todo es seguro.

La crisis llega más tarde. El individuo toma conciencia de que la fe ha de ser libre y personal. Ya no se siente obligado a creer de modo tan incondicional en lo que enseña la Iglesia. Poco a poco comienza a relativizar ciertas cosas y a seleccionar otras. Su mundo religioso se modifica y hasta se resquebraja. No todo responde a un deseo de autenticidad mayor. Está también la frivolidad y las incoherencias.

Todo puede quedar ahí. Pero el individuo puede también seguir ahondando en su universo interior. Si se abre sinceramente a Dios y lo busca en lo más profundo de su ser, puede brotar una fe nueva. El amor de Dios, creído y acogido con humildad, da un sentido más hondo a todo. La persona conoce una coherencia interior más armoniosa. Las dudas no son un obstáculo. El individuo intuye ahora el valor último que encierran prácticas y símbolos antes criticados. Se despierta de nuevo la comunicación con Dios. La persona vive en comunión con todo lo bueno que hay en el mundo y se siente llamada a amar y proteger la vida.

Lo decisivo es siempre hacer en nosotros un lugar real a la experiencia de Dios. De ahí la importancia de escuchar la llamada del profeta: «Preparad el camino del Señor». Este camino hemos de abrirlo en lo íntimo de nuestro corazón.

José Antonio Pagola

 

Domingo 3º de Adviento, 17 de diciembre de 2017 – Koinonia

Is 61,1-2ª.10-11: Desbordo de gozo con el Señor

Interleccional: Lc 1,46-54: Me alegro con mi Dios

1 Tes 5,16-24: El Dios de la paz los santifique

Jn 1.6-8.19-28: En medio de ustedes hay uno que no conocen

En medio de vosotros hay uno que no conocéis

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?» Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy.» «¿Eres tú el Profeta?» Respondió: «No.» Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?» Él contestó: «Yo soy al voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías.» Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

En la memoria de la gente estaban vivas las figuras del Cristo (Ungido), de Elías y del Profeta; ellas pertenecen a “los últimos días”, cuando Dios visite a su pueblo. El sumo sacerdote y el rey eran consagrados con aceite para dedicarlos a su misión, por eso eran ungidos. Elías sería el gran restaurador o unificador de las tribus de Israel (Eclo 48,1-11). Por su parte, Dios había prometido “levantar” de en medio del pueblo un profeta tan grande como Moisés (Dt 18,15-18). Juan no es el personaje mediante el cual Dios visitará a su pueblo, sino el testigo firme de la Luz.

El evangelio de Juan se presenta como un gran proceso judicial en el que hay que decidir si Jesús ha sido enviado por Dios o es un impostor. Los jueces son las autoridades religiosas de Jerusalén, y el lector. Juan el Bautista es el primer testigo; vendrán otros: lo que Jesús hace, su Padre que lo envió, el Espíritu, etc. Este proceso viene revestido en lenguaje simbólico; por eso habla de Juan como testigo de la luz.

Como la luz a nuestros ojos, la verdad atrae siempre a nuestra inteligencia. Nos repugna la mentira y huimos de la oscuridad. La mentira insulta nuestro entendimiento y la oscuridad nos apaga el gusto de vivir. Esto nos descubre nuestras aspiraciones más profundas y nuestra vocación última: somos personas orientadas a la verdad y a la luz. Los creyentes en Jesús el Mesías de Dios, debemos vivir orientados y empapados de la Verdad y la Luz que Dios nos dio. Nos debemos reconocer como testigos de la Verdad y de la Luz, como Juan el Bautista.

Por desgracia, muchas veces la mentira y el miedo a perder nuestras comodidades no nos permiten ser testigos de la verdad ni de la luz que irradia de Dios. Por lo tanto no nos queda mas que escuchar la voz de Juan, profeta del Adviento, que nos invita a: “enderezar el camino de Dios”, para convertirnos al igual que Juan el Bautista, en testigos de la Luz.

El profeta Isaías invita a todo el pueblo que retorna del destierro, y que ha visto que las promesas con que esperaban encontrar su tierra no son tan ciertas; lo invita a la esperanza. La acción de Dios es efectiva y eficaz. La Jerusalén que ahora ven arruinada, será en un futuro centro de peregrinaciones y a la que acudirán todas las naciones de la tierra. Es una realidad muy dura de pobreza, de tristeza y de cautiverio. Por eso, la vocación del profeta esta dirigida hacia esas personas. Se siente capacitado por Dios para el anuncio de «buenas noticias» de esperanza a los marginados del país. Las cosas están difíciles pero podemos salir adelante, Dios no nos abandona, parece decir el profeta. Aunque haya dificultades al regreso el Señor ha revestido al pueblo de ropas de salvación, le ha retornado el don de la tierra, y así como está hace germinar los frutos, quien hace germinar la justicia y la alabanza es el Señor.

El salmo recoge hoy la oración de María cuando visita a Isabel, que la tradición llama Magnificat. La oración esta basada en el cántico de Ana que encontramos en el 1Sam 2, 1-10. Se centra en dos grandes temas, por una parte los pobres y humildes son socorridos en detrimento de los poderosos, y por otra, el hecho de que Israel es objeto del favor de Dios desde la promesa hecha a Abraham (Gn 15,1; 17,1). María canta la grandeza de Dios salvador que se ha fijado en los humildes, especialmente en la pequeñez de María, y nos muestra que la lógica de Dios no siempre coincide con la lógica e los poderosos. Precisamente ha hecho una promesa con un pueblo pequeño cumpliendo la promesa de Abraham, se ha fijado en la humildad y pequeñez de María, ha derribado del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. La lógica de Dios pasa por el reconocimiento de los más pequeños como sujetos preferenciales de su acción. En eso consiste ser creyente. Esta es la palabra profética que la tradición pone en boca de María.

En la segunda lectura vemos como el apóstol Pablo invita a la comunidad de Tesalónica a la fidelidad. La vida de la comunidad tenía algunas dificultades: problemas con los animadores de la comunidad, peleas, desánimo, falta de fe, fornicación. Es una comunidad que se ha convertido del paganismo al cristianismo (1,9) y que ha dejado los ídolos, sus dioses, para seguir al Dios verdadero, pero que le cuesta desprenderse del todo de sus tradiciones antiguas, de su legado cultural. Parece que la exigencia de la vida de comunidad no le era satisfactoria a muchos que se sentían desilusionados. Es por esto que Pablo les llama la atención; reconoce que ha sido una comunidad que se ha esforzado por seguir a Jesús, que posee el Espíritu del Resucitado, pero que aún puede dar más. Les llama a estar alegres, a orar constantemente, a no dejarse desanimar. No se trata de rechazar todo lo que les viene de fuera y que les impide la vida de comunidad, se trata de examinar todo y quedarse con lo bueno. Les llama a fidelidad y a continuar en el camino que han emprendido. No hay que dejarse desanimar por los problemas, que siempre habrán, se trata de ser fieles al camino emprendido y vivirlo con alegría pues estamos convencidos que es el mejor camino a la felicidad.

El evangelio de Juan no presenta el testimonio de Juan el Bautista que ahondaremos a lo largo de esta semana litúrgica. La lectura nos introduce diciendo que este es el testimonio de Juan y luego nos cuenta que de Jerusalén los dirigentes judíos enviaron delegados para preguntarle si era el Mesías o Elías que precedería a la llegada del Mesías. La respuesta de Juan es ambigua. Si bien no se reconoce como Mesías tampoco se reconoce como Elías que ha de venir; sin embargo, sí se reconoce como la voz que clama en el desierto, que prepara la venida del Mesías. La respuesta genera una pregunta lógica en los emisarios judíos: si no eres, entonces ¿por qué bautizas? Su respuesta es parecida a la primera: el bautismo de agua es un bautismo purificador, si se quiere externo, pero quien vendrá traerá un bautismo que purificará a todo el ser humano y ante el cual el bautismo de Juan es solo anticipo. Es claro que la figura de Juan el Bautista tiene gran importancia para las primeras generaciones cristianas. Además de homologarlo con el profeta Elías, muchos de los seguidores de Juan pertenecieron a las primeras comunidades cristianas. Por otro lado, fue crítico ante el poder dominante de los romanos y de Herodes, lo que le llevó a la muerte. Fue un hombre que supo entregarse a su misión y que supo ver en el futuro que se avecinaba, los tiempos esperados.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 6 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El hacha en la raíz». El audio, el guión y un comentario bíblico-teológico ad hoc pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/article/6-el-hacha-en-la-raiz/

 

Domingo 2º de Adviento – Fray Marcos

(Is 4,1-11) En el desierto, preparadle un camino al Señor.

(2Pe 3,4-8) Esperamos un cielo y una tierra nuevos, donde habite la justicia.

(Mc 1,1-8) Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Siempre hay profetas que ven antes el camino. Aunque, con demasiada frecuencia, nos quedamos mirando al dedo cuando nos señalan la luna.

El evangelio del domingo pasado nos hablaba de estar despierto. Hoy hablan los profetas. No se trata de un adivinador del porvenir. Tampoco se trata de un ser humano separado y elegido por Dios, que le va indicando lo que tiene que decir a los demás. Profeta es todo aquel que está despierto. La principal característica del profeta es precisamente su inserción en el pueblo y su preocupación por la suerte de los más humildes. Su principal objetivo ha sido denunciar la injusticia.

Verdadero profeta sería el que ha llegado a una experiencia de su verdadero ser y, fiel a ella, ayuda a los demás a descubrir el camino de lo humano. Falso sería el que conduce al hombre a mayor egoísmo. El problema está en que lo “humano” solo se puede valorar desde lo humano. Por eso no hay manera de distinguir lo falso de lo verdadero mientras no se tenga una mínima experiencia de humanidad.

No debemos extrañarnos de encontrar tantos y tan expresivos textos para este tiempo litúrgico. Lo que el segundo Isaías anuncia es un evangelio (buena noticia). El destierro había acabado con toda una teología triunfalista que invitaba a dormirse en los laureles de sentirse elegidos, sin aceptar ninguna responsabilidad para con Dios ni para con los demás. Las denuncias de todos los profetas advertían de que no se puede confiar en Dios mientras se practica toda clase de atropellos e injusticias.

La primera palabra del evangelio de Mc es “arje”, que en griego designa el comienzo de un texto, pero  también algo mucho más profundo. El evangelio de Jn comienza también con esta palabra y lo traducimos: “en el principio” = origen. “Arje” significa origen y fundamento; es decir, aquello que ha sido la causa de que otra cosa surja. La Vulgata lo tradujo por “Initium” que también significa “origen”. El texto se debía traducir: “Éste es el origen de la alegre noticia de Jesús el Ungido, el Hijo de Dios”.

Tampoco “euanggelion” debemos traducirlo por evangelio, que es un concepto muy elaborado, sino por buena noticia. Quiere decir que comienza el evangelio que es todo él una buena noticia. Lo mismo tenemos que decir de “Jesous” y  “Christos”, que en griego están separados y significan simplemente Jesús el ungido. Con el tiempo los cristianos unieron el nombre con el adjetivo y confesaron al Jesucristo que ha llegado hasta nosotros. Este texto es un resumen de todo lo que en él se va a proponer.

Este evangelio, a pesar de ser el primero que se escribió, no sabe nada de la infancia de Jesús. Esto es muy interesante a la hora de interpretar los textos de Lc y Mt que vamos a leer en todo el tiempo de Navidad. Estos relatos se fueron elaborando a través de los primeros años de cristianismo y no tienen nada que ver con la historia. Son relatos míticos y leyendas casi todas anteriores al cristianismo que se han cristianizado para darnos un mensaje teológico, no para informarnos de lo que pasó.

Mc pasa directamente a hablarnos de Juan Bautista como último representante del profetismo. El Bautista es uno de los personajes claves en el tiempo de Adviento, porque se trata del último de los profetas del AT. Debemos recordar que hacía casi trescientos años que no se había conocido un verdadero profeta. Todos los evangelistas lo consideran el heraldo de Jesús, lo anuncia, lo propone al pueblo y es protagonista de su nacimiento en el Espíritu (bautismo), donde empieza Jesús a manifestar lo que realmente era.

No podemos asegurar que este relato responda a una situación histórica. Es muy poco lo que sabemos sobre la relación de Jesús con Juan. De todos modos, es cierto que el primer dato histórico sobre Jesús que encontramos en fuentes extrabíblicas es su bautismo por parte de Juan. No es descabellado suponer que a Jesús, un buscador incansable, le llamara la atención un personaje como Juan que ya era famoso cuando él empezó su vida pública. A Juan, como a Jesús, no le gustaba el cariz que había tomado la religión judía.

Los primeros cristianos dieron al Bautista un papel relevante en la aparición del cristianismo; seguramente mayor del que hoy le reconocemos. La prueba está en que, en un momento determinado, vieron la necesidad de marcar distancias entre Jesús y Juan para dejar claro quién era el más importante. Seguramente esa relevancia se deba más a la necesidad de justificar una figura tan desconcertante como la de Jesús, conectándole con el profetismo del AT, que a una real influencia de Juan en la doctrina de Jesús

Preparadle el camino al Señor. Este grito es el mejor resumen del espíritu de Adviento. Pero fijaros que fuerza el sentido del texto, que habla de prepararle un camino a Yahvé, mientras Mc habla de preparar un camino a Jesús. El texto está insinuando que si Dios no llega a nosotros es porque se lo impedimos con nuestra actitud vital, que orienta su preocupación en otras direcciones. Él viene, pero nosotros nos vamos.

Yo bautizo con agua, pero él bautizará con Espíritu Santo. Es la clave del relato y marca la diferencia abismal entre Jesús y Juan. Las primeras comunidades tenían muy clara la originalidad de Jesús frente a los personajes del pasado. Toda la relación con Dios, hasta la fecha, era consideraba como externa al hombre y en relación desigual. Dios era el soberano y el ser humano el súbdito. Jesús manifiesta una relación con Dios distinta. Él está empapado del Espíritu y nos sumerge (bautiza) a todos en ese mismo Espíritu.

Los textos de este domingo nos hablan de utopía. Isaías dice: Aquí está vuestro Dios. Pedro: Nosotros esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia. El salmo: La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan. Mc: Él bautizará con Espíritu Santo. En un mundo tan poco propicio al optimismo, encontrarnos con esta oferta puede ser impactante. Pero tampoco tenemos que caer en el triunfalismo. Derrotismo y triunfalismo son estrategias extremas que utiliza el yo para fortalecerse.

Hoy la necesidad de estar alerta es más apremiante que nunca, porque jamás se han ofrecido al ser humano más caminos falsos de salvación. Hay toda una gama de productos disponibles en el mercado, desde las drogas hasta los gurus a medida. Por eso necesitamos más que nunca de la figura del profeta. Seres humanos que, por su experien­cia personal, puedan arrojar alguna luz en esa maraña de senderos que se entrecruzan y que la inmensa mayoría son sendas perdidas que no llevan a ninguna parte.

Podemos volcarnos sobre lo sensible, buscando el placer inmediato, o descubrir las posibilidades de plenitud que todos tenemos. El no tomar una decisión es ya tomar partido por lo que nos pide el cuerpo. No despertar, es seguir dormidos. Decidirse por lo más difícil solo es posible después de una toma de conciencia, que tiene que ir más allá de los sentidos y de la razón. Es una iluminación que me empuja por un camino que ni siquiera sé a dónde me va a llevar, pero estoy convencido que me hará más humano.

 

Meditación

La experiencia del bautismo es la clave para entender a Jesús.

Después de esa experiencia personal, dice a Nicodemo:

Hay que nacer del agua y del Espíritu.

El único camino hacia lo humano es el que Jesús recorrió.

Tenemos que sumergirnos en lo sagrado.

Tenemos que dejarnos inundar por lo divino.

 

 

Abendualdiko 2º Igandea – Domingo 2º de Adviento, José A. Pagola

– B (Markos 1, 1-8)

Evangelio del 10 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

JESUSEKIN ZERBAIT
BERRIA HASI DA

Urte liturgiko berri honen joan-etorrian, Markosen ebanjelioa irakurriko dugu kristauek. Titulu honekin hasten da liburu hori: «Jesu Kristo Jainkoaren Semearen Berri Onaren hasiera». Hitz hauek iradokitzen digute jada, kontakizun horretan aurkituko dugun zerbait.

Jesusekin zerbait berri «hasi da». Horixe da Markosek argi jarri nahi duen lehenengo gauza. Aurreko guztia iraganeko gauza da. Zerbait berriren eta nahastezinen hasiera da Jesus. Kontakizunean, «aldia bete dela» esango digu Jesusek. Jainkoaren Berri Ona iritsi da berarekin.

Horixe ari dira bizitzen lehen kristauak. Jesusekin biziro topo egin eta beraren misterioan hein batean murgiltzen denak badaki bizi berria hasi duela, ordu arte sekula esperimentatu ez zuen zerbait.

«Berri Ona» da Jesusengan aurkitzen duena. Zerbait berri eta on. Markosek darabilen «Ebanjelio» hitza oso sarri erabiltzen zuten Jesusen lehen jarraitzaileek, eta berarekin topo egitean sentitzen zutena adierazten du. Liberazio-sentipena, poza, segurtasuna eta beldurra galtzea. «Jainkoaren salbazioarekin» egiten dute topo Jesusen baitan.

Jesusengan gizakiaren adiskideen Jainkoa, herri guztien Aita, azkenak direnen defendatzailea, galduak direnen esperantza aurkitzen duenak ondo daki ez duela albiste hoberik aurkituko. Mundua gizatarrago, duinago eta zoriontsuago egiteko Jesusen lan-egitasmoa ezagutzen duenak badaki ez duela izango zeregin handiagorik.

Jesus bera da, Markosek idatzi duen kontakizunaren protagonista, Berri On hori. Horregatik, bere lehenengo asmoa Markosek ez du Jesusez ikasbide bat ematea, ezta hartaz informazio biografikoa ematea ere, baizik eta gu liluratzea, Jesusen baitan bakarrik aurkitu ahal izango dugun Berri Onari geure bihotza ireki diezaiogun.

Bi titulu ematen dizkio Markosek Jesusi: bat bereziki judua, bestea unibertsala. Halere, badu irakurlearentzat ezustekorik. Juduek beren herriaren askatzailetzat espero zuten «Mesias» da Jesus. Baina erromatarrak suntsitzeko espero zuten lider gerlaria ez bezalako Mesias da, guztiz. Bere kontakizunean, Jainkoak bidalitakotzat ematen du Jesus Markosek, gizadiaren bizia gizatartzeko eta haren historia behin betiko salbaziora bideratzeko. Horra lehenengo ezustekoa.

«Jainkoaren Semea» da Jesus, baina ez batzuek imajinatu izan zuten botereaz eta aintzaz hornituriko hura. Jainkoaren Semea guztiz gizatarra da, hartaraino non Jainkoa bakarrik izan baitaiteke horrelakoa. Guztientzat izan duen zerbitzu-bizitza bukatzean bakarrik, gurutzean josi dutenean alegia, aitortu ahal izango du erromatar ehuntariak: «Zinez, Jainkoaren Semea zen gizon hau». Horra bigarren ezustekoa.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

Domingo 2º de Adviento

Evangelio del 10 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

CON JESÚS
COMIENZA ALGO BUENO

A lo largo de este nuevo año litúrgico, los cristianos iremos leyendo los domingos el evangelio de Marcos. Su pequeño escrito arranca con este título: «Comienzo de la buena noticia de Jesús, el Mesías, Hijo de Dios». Estas palabras nos permiten evocar algo de lo que encontraremos en su relato.

Con Jesús «comienza algo nuevo». Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que «el tiempo se ha cumplido». Con él llega la buena noticia de Dios.

Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio sabe que con él empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.

Lo que encuentran en Jesús es una «Buena Noticia». Algo nuevo y bueno. La palabra «evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con «la salvación de Dios».

Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

Esta Buena Noticia es Jesús mismo, el protagonista del relato que va a escribir Marcos. Por eso su intención primera no es ofrecernos doctrina sobre Jesús ni aportarnos información biográfica sobre él, sino seducirnos para que nos abramos a la Buena Noticia que solo podremos encontrar en él.

Marcos le atribuye a Jesús dos títulos: uno típicamente judío; el otro, más universal. Sin embargo, reserva a los lectores algunas sorpresas. Jesús es el «Mesías» al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. En su relato, Jesús es descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación definitiva. Es la primera sorpresa.

Jesús es «Hijo de Dios», pero no dotado del poder y la gloria que algunos hubieran imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que solo Dios puede ser así. Solo cuando termine su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confesará: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios». Es la segunda sorpresa.

José Antonio Pagola

 

 

Domingo 2º de Adviento, 10 de diciembre de 2017 – Koinonia

Is 40,1-5.9-11: Preparen un camino al Señor
Salmo 84:
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
2Pe 3,8-14:
Esperemos un cielo nuevo y una tierra nueva
Mc 1,1-8:
Allanad los senderos del Señor

Allanad los senderos del Señor

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.»» Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaba sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

En los tiempos que escribe el profeta Isaías el pueblo de Israel se encuentra en el exilio de Babilonia y es inminente un posible retorno a la tierra de Israel. Isaías da aliento a su pueblo diciéndoles que ya han satisfecho la pena que tenía estipulada por sus culpas, satisfacción lograda por medio de la esclavitud y los trabajos forzosos que han vivido en Babilonia. Ahora vendrá un mensajero, al que el escritor no pone nombre, proclamando que todo monte sea rebajado, allanando, aplanado para hacer una senda a nuestro Dios que regresa triunfante a Jerusalén conduciendo a su pueblo como en otro tiempo lo hizo con los israelitas saliendo de Egipto. El escritor ha tomado una costumbre de su época, según la cual cuando un rey ganaba una guerra o una batalla se hacían caminos ceremoniales en los cuales se celebraba el triunfo del rey sobre sus enemigos. Asimismo Yahvé es el Señor, el Dios de Israel que retorna glorioso triunfante a Jerusalén por un camino preparado por Él. El mensajero anuncia a todo el pueblo esta noticia, noticia de esperanza y de alegría para una comunidad que vivía marginación y explotación. Los evangelistas han asociado a este mensajero que prepara el retorno de Yahvé con Juan el Bautista.

El Salmo canta la esperanza del pueblo desterrado que ahora retorna. Ellos se preguntan hasta cuándo Dios estará alejados de ellos, y la respuesta es unánime: Él mora en aquellos que le son fieles. Ese día Yahvé se hará presente. La justicia y la paz reinarán y las cosechas, que no han producido lo esperado, prosperarán. Es un himno al Dios compasivo que ahora retorna a su tierra para hacerla fructificar. Es la espera y la esperanza en un futuro mejor.

La segunda lectura de la carta de Pedro, nos sitúa dentro del debate sobre el día de la segunda venida del Señor. La comunidad para la que esta dirigida la carta de Pedro se preguntaba cuándo sería ese día en que Jesucristo resucitado volvería. En un principio se les había dicho que pronto pero pasaba el tiempo y no retornaba. El apóstol le responde diciéndole que el Señor no se retrasa en el cumplimiento de la promesa como ellos suponen, sino que usa de la paciencia de los hombres queriendo que todos lleguen a la salvación; por que un día es como mil años y mil años como un día para el Señor. En ese día se inaugurara un nuevo cielo y nueva tierra. Lo que nosotros tenemos que hacer es esforzarnos para ser hallados en paz ante él, y ésta debe ser una actitud permanente pues no sabemos el día en que vendrá. Pedro anima a la espera a una comunidad impaciente, y más que a una espera a vivir esperanzadamente en un futuro mejor. No niega que haya problemas en la comunidad (divisiones, persecuciones), pero lo que nos debe identificar como cristianos es la confianza en un futuro mejor.

El evangelio de Marcos se centra en la predicación de Juan el Bautista. En él se cumple la profecía de Malaquías según la cual vendrá un mensajero delante del Mesías (que sería Elías); y del profeta Isaías que expresa la misión del precursor preparar el camino de aquel que ha de venir. Juan proclamaba un bautismo de conversión el cual era signo del perdón de los pecados y que implicaba el compromiso de cambio de vida. Predicaba un castigo inminente de Dios y ante esa amenaza debíamos reconocernos pecadores, débiles, que hemos fallado, por lo cual el bautismo era expresión de un real cambio de vida y no solo un simple rito. Esta predicación era muy aceptada por las gentes de Jerusalén y de Judea, especialmente los más pobres (luego evangelistas nos dirán que los fariseos y los doctores de la ley, personas importantes, no creyeron en él). Caracteriza a Juan su vestimenta y su dieta, que indicaban su talante profético. Se viste a sí porque las tradiciones de la época identificaban con estos rasgos a los profetas. La venida inminente de quien bautizará en Espíritu, es la esperanza que el grupo de seguidores de Juan arraiga en su corazón.

Como vemos, la liturgia del día de hoy nos invita a esperanza, a creer que en medio de las dificultades, de las persecuciones, de las realidades más duras de la vida; es posible un futuro mejor, porque el Señor es fiel a quienes asumen los valores de la verdad, de la justicia, de la fraternidad. Todas estas esperanzas que nos invitan las lecturas, como cristianos, las leemos en Jesús, sobre todo en este tiempo de espera alegre de la Navidad, espera de un nuevo mundo. Que nuestra esperanza sepa dar testimonio ante el mundo de que un futuro mejor, en medio de las difíciles condiciones de nuestra realidad, es posible.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 3 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Una voz en el desierto». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:https://radialistas.net/article/3-una-voz-en-el-desierto/

 

Domingo 1 de Adviento – Fray Marcos

Is 63,16-64,8) Tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero.

(1 Cor 1,3-9) Dios os llamó a participar de la vida de su Hijo. Y él es fiel.

(Mc 13,33-37) Mirad, vigilad, pues no sabéis cuándo es el momento.

Solo el despierto descubrirá que  vive. Solo viviendo a tope puedo alcanzar mi plenitud humana.

Estamos en el día de Año Nuevo de la liturgia. Comenzamos con el Adviento, que no es solamente un tiempo litúrgico sino toda una filosofía de vida. Se trata de una actitud vital que tiene que atravesar toda nuestra existencia. No habremos entendido el mensaje de Jesús si no nos obliga a vivir en constante Adviento. Lo importante no es recordar la primera venida de Jesús; eso es solo el pretexto para descubrir que ya está aquí. Mucho menos prepararnos para la última, que solo es una  gran metáfora (mitología). Lo verdaderamente importante es descubrir que está viniendo en este instante.

Todo el AT está atravesado por la promesa y por la espera. Según el relato bíblico Dios les va prometiendo lo que ellos, en cada momento más ansían. A Abrahán, descendencia; a los esclavos en Egipto, libertad; a los hambrientos en el desierto, una tierra que mana leche y miel; cuando han conquistado Canaán, una nación fuerte y poderosa; cuando están en el Exilio, volver a su tierra; cuando destruyen el templo, reconstruirlo; etc., etc.. En el AT siempre les promete cosas terrenas porque es lo único que ellos esperan. Jesús promete algo muy distinto. «He venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

Según el AT Dios les puso la zanahoria delante de las narices o el palo en el trasero para hacerles caminar según su voluntad. Tomado al pie de la letra sería ridículo. Dios no hace promesas para el futuro, porque ni tiene nada que dar ni tiene futuro. Las promesas de Dios son hechas por los profetas como una estratagema para ayudar al pueblo a soportar momentos de adversidad, que ellos interpretaban como castigo por sus pecados. Nada de lo que anunciaron los profetas se cumplió en Jesús. Gracias a Dios, porque todos los textos están encaminados hacia una salvación de seguridades materiales. Hoy podemos entender aquellas imágenes como metáforas de la verdadera salvación.

La clave del relato evangélico está en la actitud de los criados. Nos quiere decir que Dios está siempre viniendo. Él es “el que viene”. La humanidad vive un constante adviento, pero no por culpa de un Dios cicatero que se complace en hacer rabiar a la gente obligándole a infinitas esperas antes de darle lo que ansía. Estamos todavía en Adviento porque estamos dormidos o soñando con logros superficiales, y no hemos afrontado con la debida seriedad la existencia. Todo lo que espero de fuera, lo tengo ya dentro.

Vigilad. Para ver no solo se necesita tener los ojos abiertos, se necesita también luz. No se trata de contrarrestar el repentino y nefasto ataque de un ladrón. Se trata de estar despierto para afrontar la vida con una conciencia lúcida. Se trata de vivir a tope una vida que puede transcurrir sin pena ni gloria. Si consumes tu vida dormido, no pasa nada. Esto es lo que tenía que aterrarte, que pueda transcurrir tu existencia sin desplegar las posibilidades de plenitud que te han dado. La alternativa no es salvación o condenación. Nadie te va a condenar. La alternativa es o plenitud humana o simple animalidad.

Pues no sabéis cuando es el ‘momento’. En griego hay dos palabras que traducimos al castellano por “tiempo”: “kairos” y “chronos”. Chronos significa el tiempo astronómico, relacionado con el movimiento de los cuerpos celestes. Kairos sería el tiempo psicológico, el momento oportuno para tomar una decisión. Por no tener en cuenta esta sencilla distinción, se han hecho interpretaciones descabelladas. En el evangelio que acabamos de leer, se habla de kairos. Naturalmente que el hombre, como criatura, se encuentra siempre en el chronos, pero lo verdaderamente importante para él es descubrir el kairos.

El punto clave de nuestra reflexión debe ser: ¿Esperamos nosotros esa misma salvación que esperaban los judíos? Si es así, también nosotros hemos caído en la trampa. Jesús no puede ser nuestro salvador. La mejor prueba de que los primeros cristianos, verdaderos judíos, no estaban en la auténtica dinámica para entender a Jesús, es que no respondió a sus expectativas y creyeron necesaria una nueva venida. Esta vez sí, nos salvará de verdad, porque vendrá con “poder y gloria”. ¿No os parece un poco ridículo? La médula de su mensaje es que la salvación que Dios nos ofrece está en la entrega y el don total.

Las primeras comunidades oraban: “Maranatha” (ven Señor). Vivieron la contradicción de una escatología realizada y otra futura. “Ya, pero todavía no”. “Ya” por parte de Dios, que nos ha dado ya la salvación. “Todavía no” porque seguimos esperando una salvación a nuestra medida y no hemos descubierto la verdadera salvación, que ya poseemos. Aquí radica el sentido del Adviento. Porque “todavía no” ha llegado la verdadera salvación, tenemos que tratar de adelantar el ya. Eso no lo conseguiremos si seguimos dormimos.

Luchar por un mayor consumismo y creyendo que en él está la verdadera salvación sería una trampa. Descubrir ese engaño sería estar despiertos. El ser humano sigue esperando una salvación que le venga de fuera, sea material, sea espiritual. Pero resulta que la verdadera salvación está dentro de cada uno. En realidad Jesús nos dijo que no teníamos nada que esperar, que el Reino de Dios estaba ya dentro de nosotros. En este mismo instante está viniendo. Si estamos dormidos, seguiremos esperando.

La falta de encuentro se debe a que nuestras expectativas van en una dirección equivocada. Esperamos un Dios que llegue desde fuera. Esperamos actuaciones espectaculares por parte de Dios. Esperamos una salvación que se me conceda como un salvoconducto, y eso no funciona. Da lo mismo que la espere aquí o para el más allá. Lo que depende de mí no lo puede hacer Dios ni lo puede hacer otro ser humano. Esta es la causa de nuestro fracaso. Seguimos esperando que otro haga lo que solo yo puedo hacer.

La religión me ofrece salvación, pero solo me salva de las ataduras que ella misma me ha colocado. Dios es la salvación y ya está en mí. Lo que de Dios hay en mí es mi verdadero ser. No tengo que conseguir nada ni cambiar nada en mí auténtico ser, simplemente tengo que despertar y dejar de potenciar mi falso yo. Tengo que dejar de creer que soy lo que no soy. Esta vivencia me descentrará de mí mismo y me proyectará hacia los demás. Me identificaré con todo y con todos. Mi falso ser, mi individualidad, se desvanece.

El verdadero problema está en la división que encontramos en nuestro ser. En cada uno de nosotros hay dos fieras luchando a muerte: Una es mi verdadero ser que es amor, armonía y paz; otra es mi falso yo que es egoísmo, soberbia, odio y venganza. ¿Cuál de las dos vencerá? Muy sencillo y lógico. Vencerá aquélla a quien tú mismo alimentes.

Como los judíos, seguimos esperando una tierra que mane leche y miel; es decir, mayor bienestar material, más riquezas, más seguridades de todo tipo, poder consumir más… Seguimos pegados a lo caduco, a lo transitorio, a lo terreno. No necesitamos para nada la verdadera salvación o, a lo máximo, para un más allá. Si no sientes necesidad no habrá verdadero deseo, y sin deseo no hay esperanza. Hoy ni los creyentes ni los ateos esperamos nada más allá de los bienes materiales. También Dios sigue esperando.

 

Meditación

Para ver se necesita tener los ojos abiertos,

Pero también se necesita la luz.

Para nosotros la luz es Jesús.

Despertar solo depende de mí.

Pudo pasarme la vida entera dormido,

pero entonces no podrás culpar a nadie.

 

 

Abendualdiko 1 Igandea – Domingo 1 Adviento, José A. Pagola

– B (Markos 13, 33-37)

Evangelio del 03 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

ELIZA ESNA BIZI

Jesus Jerusalemen dago, Oliamendin eseria, Tenplura begira eta lau adiskiderekin bakarrik, solasean: Pedro, Santiago, Joan eta Andres. Kezkaturik nabari ditu, aldien azkena noiz izango den. Berari, berriz, besterik zaio axola: nola biziko diren bere jarraitzaileak bera beren artean ez dutenean izango.

Horregatik, beste behin agertu die bere kezka:«Kontu egizue, bizi esna». Ondoren, ikusle apokaliptikoen hizkuntza ikaratzailea alde batera utzirik, parabola labur bat kontatu die, kristauentzat ia oharkabeko gertatu izan dena.

«Jaun bat bidaiari joan zen, etxea utzirik». Baina alde egin aurretik, «bere morroietako bakoitzari bere egitekoa gomendatu zion». Agur egitean, gauza bat azpimarratu zien: «Egon erne, ez baitakizue etxejabea noiz etorriko den». Etortzean, ez zaitzatela lo aurkitu.

Kontakizunak iradokitzen du ezen Jesusen jarraitzaileek familia bat osatzen dutela. «Jesusen etxe» izango da Eliza, eta «Israelen etxea» ordezkatuko du. Elizan denak dira zerbitzari. Ez da jaunik. Denak biziko dira etxeko Jaun bakarraren zain: Jesu Kristoren zain. Ez dira ahaztuko sekula hartaz.

Jesusen etxean ezin da inor alfer egon. Inork ez du sentitu behar bere burua zokoratua, inolako erantzukizunik gabe. Guztiak dira premiazko. Guztiek dute egitekoren bat, Jesusek emana. Guztiak dira deituak zeregin handira, Jesus bezala bizitzeko, zeina Jainkoaren erreinuari emanik ikusi baitute.

Urteak igaroko dira. Bizirik eutsiko ote diote Jesusen espirituari beraren jarraitzaileek? Premiarik handiena dutenentzat eta ezgaituenak direnentzat hark bizi izan duen zerbitzu-espirituari gogoan eutsiko ote diote? Hark urratu duen bideari jarraituko ote diote? Beraren kezka nagusia Eliza lokartuko ote den izan da. Horregatik, hiruraino errepikatu die: «bizi zaitezte esna». Ez da momentuan entzuten ari diren lau ikasleei egindako gomendioa, baizik eta aldi guztietako fededunei emandako agindua: «Zuei esaten dizuedana, jende guztiari diot esaten: egon esna».

Eliza bertan behera utzi ez duten kristauen ezaugarririk orokorrena pasibotasuna da segur aski. Mendetan hezi ditugu fededunak menpeko eta esaneko izaten. Jesusen etxean gutxi batzuek soilik sentitzen dute gaur egun eliz erantzukizunen bat dutela.

Iritsia da erreakzionatzeko unea. Ezin jarraitu dugu «agintzen dutenen» eta «obeditzen dutenen» arteko aldea oraino handiago egiten. Hoztasuna, elkar zokoratzea edo pasibotasuna sustatzea bekatua da. Guztiok esna ikusi nahi gintuen Jesusek, guziok eginkor, argi eta erantzukizunez auzolanean.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

Domingo 1 Adviento – B (Marcos 13,33-37)

Evangelio del 03 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

UNA IGLESIA DESPIERTA

Jesús está en Jerusalén, sentado en el monte de los Olivos, mirando hacia el Templo y conversando confidencialmente con cuatro discípulos: Pedro, Santiago, Juan y Andrés. Los ve preocupados por saber cuándo llegará el final de los tiempos. A él, por el contrario, le preocupa cómo vivirán sus seguidores cuando ya no lo tengan entre ellos.

Por eso, una vez más, les descubre su inquietud: «Mirad, vivid despiertos». Después, dejando de lado el lenguaje terrorífico de los visionarios apocalípticos, les cuenta una pequeña parábola que ha pasado casi inadvertida entre los cristianos.

«Un señor se fue de viaje y dejó su casa». Pero, antes de ausentarse, «confió a cada uno de sus criados su tarea». Al despedirse solo les insistió en una cosa: «Vigilad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa». Que, cuando venga, no os encuentre dormidos.

El relato sugiere que los seguidores de Jesús formarán una familia. La Iglesia será «la casa de Jesús» que sustituirá a «la casa de Israel». En ella, todos son servidores. No hay señores. Todos vivirán esperando al único Señor de la casa: Jesús, el Cristo. No lo han de olvidar jamás.

En la casa de Jesús nadie ha de permanecer pasivo. Nadie se ha de sentir excluido, sin responsabilidad alguna. Todos somos necesarios. Todos tenemos alguna misión confiada por él. Todos estamos llamados a contribuir a la gran tarea de vivir como Jesús. Él vivió siempre dedicado a servir al reino de Dios.

Los años irán pasando. ¿Se mantendrá vivo el espíritu de Jesús entre los suyos? ¿Seguirán recordando su estilo servicial a los más necesitados y desvalidos? ¿Le seguirán por el camino abierto por él? Su gran preocupación es que su Iglesia se duerma. Por eso les insiste hasta tres veces: «Vivid despiertos». No es una recomendación a los cuatro discípulos que le están escuchando, sino un mandato a los creyentes de todos los tiempos: «Lo que os digo a vosotros os lo digo a todos: velad».

El rasgo más generalizado de los cristianos que no han abandonado la Iglesia es seguramente la pasividad. Durante siglos hemos educado a los fieles para la sumisión y la obediencia. En la casa de Jesús, solo una minoría se siente hoy con alguna responsabilidad eclesial.

Ha llegado el momento de reaccionar. No podemos seguir aumentando aún más la distancia entre «los que mandan» y «los que obedecen». Es pecado promover el desafecto, la mutua exclusión o la pasividad. Jesús nos quería ver a todos despiertos, activos, colaborando con lucidez y responsabilidad en su proyecto del reino de Dios.

José Antonio Pagola

 

 

 

Domingo 1 de Adviento, 3 de diciembre de 2017 – Koinonia

Is 63,16b-17.19b; 64,2b-7: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!
Salmo 79:
Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve
1Cor 1,3-9:
Aguardamos la manifestación de Jesucristo
Mc 13,33-37:
Velen, no saben cuándo vendrá el Dueño

Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa

En aquel tiempo, dijo Jesús sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La comunidad judía que retorna del exilio enfrenta un gran desafío: reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad y el Templo. No era una tarea fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado desde Judea cincuenta años antes ya habían muerto y los descendientes no sentían gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado continuamente a reconocer los errores que habían conducido a la ruina, pero la mayor parte de los exiliados ignoraban a los mediadores de Yahvé.

Algunos tomaron entre sus manos el proyecto de reconstruir la identidad, las instituciones y la vida de la nación. Sin embargo, no contaron inicialmente con mucho apoyo, Parecía una idea loca e innecesaria: para qué volver a Jerusalén si ya no había remedio… Lo mismo nos ocurre a veces a nosotros, vivimos de la nostalgia del pasado pero no nos comprometemos a transformar la realidad del presente. Añoramos otros tiempos en que se vivía mejor, pero no rescatamos los valores que hacen posible una convivencia humana justa y equitativa.

Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprende: mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la misión que Jesús nos encomienda. Jesús, en el evangelio, nos enseña a estar en guardia contra los que creen que las enseñanzas cristianas son algo superfluo. El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud vigilante.

La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia el futuro o hacia la escatología estuvo casi siempre revestida de un tinte apocalíptico y de temor: el Señor había establecido un plazo, que se podría cumplir en cualquier momento, imprevisiblemente, por lo cual necesitábamos estar preparados para un juicio sorpresivo y castigador que el Señor podría abrir en cualquier momento contra nosotros. «Que la muerte nos sorprenda confesados». Este miedo funcionó durante mucho tiempo, durante tantos siglos como duró una imagen mítica de Dios, excesivamente calcada de la imagen del emperador soberano o del señor feudal que dispone despóticamente sobre sus súbditos. El miedo a la condenación eterna, tan impregnado en la sociedad cristiana medieval y barroca, hizo que la «huelga de confesonarios» pudo ser en determinados momentos un arma esgrimida por el clero contra las clases altas, por ejemplo por parte de los misioneros defensores del pueblo contra los conquistadores españoles dueños de esclavos (recuérdese el film La misión, o la historia del profeta dominico Antonio Montesinos). Causa sonrisas pensar en la eficacia que una tal «huelga de confesionarios» pudiera tener hoy día. Y es que la estrella de la «vida eterna», el dilema de la salvación/condenación eternas, brillaba con su potencia indiscutible en el firmamento de la cosmovisión del hombre y la mujer premodernos… Pero son ya tiempos idos. Sería un error enfocar el comentario a evangelios como el que hoy leemos en esa misma perspectiva, pensando que nuestros contemporáneos son todavía premodernos…

El estado de alerta, la mirada atenta al futuro que evita el adocenamiento o la rutina… sí que es una categoría y una dimensión del hombre y de la mujer modernos. Si lo interpretamos como «esperanza», la pertinencia del mensaje aún es más vigente.

¿Qué puede significar «Adviento» para la sociedad actual? Como nombre de un tiempo litúrgico significa no significa mucho, y no habría que lamentarse mucho ni gastar pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde– la Iglesia cambiará el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el «Advenimiento» –que eso significa la palabra–, el «noch nicht Sein» como diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía pero tratando de llegar a ser»… Ateo como era, Bloch construyó todo su poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza… Ebeling, en la misma línea decía: «lo más real de lo real, no es la realidad misma, sino sus posibilidades»… Lo real más real no es lo real sin más, sino las posibilidades de ser que lo que hoy es lleva consigo.

Después de los años 90 del siglo pasado, estamos en un tiempo en el que se dice que se ha dado un «desfallecimiento utópico». Con el triunfo del neoliberalismo y la derrota de las utopías (no «de las ideologías», alguna de las cuales siguen muy vivas), la cultura moderna –o mejor posmoderna- castiga al pensamiento esperanzado y utopista. El ser humano moderno-posmoderno está escarmentado. Ya no cree en «grandes relatos». Se nos ha impuesto una cultura anti-utópica, antimesiánica, a-escatológica, ¿sin esperanza?, a pesar de la brillantez de que hacen gala los productos de la industria mundial del entretenimiento; detrás del atractivo seductor de ese entretenimiento, la imagen de ser humano que queda está ayuna de toda esperanza que trascienda siquiera mínimamente el «carpe diem», el «disfruta la vida». ¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún «advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico», o a un tiempo pre-navidad… ¿Cómo pues?

El Advenimiento que esperamos los cristianos no es la Navidad… Ni tampoco es «el cielo»… ¡Es el Reino! «No es otro mundo… es este mismo mundo… ¡pero totalmente otro»! Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la nostalgia de Aquel que decía: «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda…!». Los cristianos no podemos inculturarnos del todo en esta cultura anti-utópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios… Podríamos no celebrar el adviento, pero no podemos dejar de darnos la mano con los santos y mártires ateos y con todos los hombres y mujeres de la tierra, de cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento del Nuevo Mundo.

Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno-sororal y solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó malkuta Yahvéen su boca aramea, Reino de Dios, pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio, ése es el Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace estar en «alerta».

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 105 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Un cielo nuevo y una tierra nueva». El audio, el guión y un comentario teológico–bíblico ad hoc pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/article/1o5-un-cielo-nuevo-y-una-nueva-tierra/

 

DOM 34 CRISTO REY (A), Fray Marcos

 

(Ez 34,11-17) Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas siguiendo su rastro.

(1 Cor 15,26-28) Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto.

(Mt 25,31-46) Tuve hambre y sed y me disteis de comer y de beber.

El “Jesús del Gran Poder” es el reflejo de nuestros sueños. Consumirme en beneficio de los demás, sería dar plenitud de sentido a mi vida.

Jesús nunca reivindicó ningún reino para sí. Todo lo contrario, dijo expresamente que, “el que quiera ser primero, sea el servidor”. Afirmó de palabra y con su vida, que él “no venía a ser servido, sino a servir”. Después del ayuno en el desierto, el ser dueño y señor del mundo se le presenta como una tentación. ¿No hemos ocupado el lugar del tentador, cuando, sin pedirle consentimien­to, le hemos dado todos los reinos del mundo? Jesús criticó muy duramente todo poder. Después de la multiplicación de los panes, Nos dice Juan: «Viendo que querían echarle mano para proclamarle rey, se retiró a la montaña.»

¿No hemos superado la burla macabra de los soldados, poniéndole una corona de oro, un manto real y un cetro cargado de brillan­tes? O no he entendido nada del evangelio o este cetro y esta corona es mucho más denigrante para Jesús, que la caña y las espinas. Cuando Pilato pone el título sobre la cruz, «Éste es el rey de los judíos», lo hace para burlarse de él y de los judíos. ¿No será también una burla llamarle rey del universo?

¿Cómo surge esta tergiversación del mensaje de Jesús? Nuestro ego narcisista está incapacitado para asumir su desaparición. Tiene una capacidad increíble para revolverse sobre la punta de una aguja y salir con la suya. Como la propuesta de Jesús era inasumible, la presenta como una estrategia para conseguir plenitud de gloria. Así, cuando Jesús dice que la meta de su vida es el don total a los demás, el ego la interpreta como el único medio para ser glorificado por Dios. Una vez presentada así la trayectoria de Jesús, será muy fácil hacernos ver que la nuestra debe seguir el mismo camino.

El ser humano, como la vela, está hecho par dar luz, pero la vela nada más encenderla se empieza a consumir. La vela, hasta que no es encendida es un trasto que rueda por los cajones. El día que se va al luz, la buscamos y la encendemos. En ese momento empieza a ser vela. Nuestro ego nos impide aceptar esta perspectiva. Nada ni nadie le puede convencer de que su objetivo es desaparecer, menos aún, en beneficio de los demás. El colmo del desastre fue que descubrió la manera de emplear toda la parafernalia espiritual para conseguir su propio objetivo. No hay forma de que pueda cambiar de perspectiva.

Fijaros qué contradicción. Para celebrar la gloria de Jesús recordamos el momento de su vida donde mejor dejó reflejada su actitud vital, la eucaristía. Yo, como el pan, me parto y me vuelvo a partir para que me coman. Me dejo masticar, tragar, asimilar para alimentar a otros, aunque sea a costa de desaparecer. Yo entrego mi vida (mi sangre) a los demás para que la hagan suya y puedan trasformar su propia vida. La sangre solo se puede entregar a costa de la propia vida. Si la doy a los demás, me quedaré sin ella. Todo esto lo celebramos como un rito más, pero para nada condiciona mi propia existencia.

Sin duda, el Reino de Dios fue el centro de la predicación de Jesús. La imagen de Dios como rey de Israel se remonta a la época de la entrada en Palestina del pueblo judío. Para un nómada nada podía significar la idea de un rey; pero cuando entran en contacto con las estructuras sociales de la gente que vivía en ciudades, los israelitas piden a Dios un rey. Esto fue interpretado por los profetas, como una traición a Yahvé. Poco a poco se va enriqueciendo esa idea y termina por ser la imagen clave para la apocalíptica. El final de la historia será un Reino de Dios que termina por sobreponerse a todos los demás.

Solo en este contexto cultural podemos entender la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios. Sin embargo, el contenido que le da es muy distinto. En tiempo de Jesús, el futuro Reino de Dios se entendía como una victoria del pueblo judío sobre los gentiles y una victoria de los buenos sobre los malos. Jesús predica un Reino de Dios, del que van a quedar excluidos lo que se creían buenos y van a entrar las prostitu­tas, los pecadores, los marginados. Los gentiles serán llamados y muchos judíos quedarán fuera.

El Reino predicado por Jesús ya está aquí, ha comenzado ya. «el Reino de Dios está dentro de vosotros”.  Esta idea desbarata todo nuestro montaje sobre el reino de Dios. No se trata de preparar un reino para Dios, se trata de un Reino que es Dios, no de que Dios  tenga un reino. Haremos que se vea con nuestra manera de actuar, pero solo después de haber descubierto su presencia en lo más hondo de nuestro corazón. Es un reinado del AMOR. No es un reino de personas físicas, sino de actitudes vitales. Cuando me acerco al que me necesita preocupándome por él, hago presente el Reino de Dios.

Cuando Pilato le pregunta si es rey, contesta Jesús: “mi reino no es de este mundo”. No quiere decir que vendrá después o que estará en otro lugar, sino que no tiene nada que ver con lo que él entendía por reino. Al insistir Pilato, Jesús le dice: «sí, soy rey, yo para esto he venido al mundo, para ser testigo de la verdad.» Ser testigo de la verdad, ser auténtico, ser verdad, es la única manera de ser dueño de sí mismo, y por la tanto de ser dueña de la realidad entera. Jesús es rey de sí mismo y así es Rey en absoluto.

El Reino de Dios, lo divino que nos inunda, es un fermento, un alma, una luz que transforma mi ser y toda la realidad. Se manifiesta como una cualidad, pero en realidad, es mi esencia. Yo tengo que esforzarme por hacerla surgir desde lo hondo de mí mismo, aceptando que viene a absorberme. Es necesario que tras haber cooperado con todas mis fuerzas a hacerla brotar, consienta en la comunión, en la que mi propia individualidad se hundirá y acepte convertirme  en su alimento (Teilhard de Chardin).

Después de lo dicho podemos comprender que no se trata de entronizar a Jesús ni antes ni después de morir. Lo Crístico, es decir, lo que significa y encarna la figura de Jesús, es lo que tiene que reinar entre nosotros. Cuando decimos: reina la armonía, reina la paz, etc. estamos hablando de una ambiente envolvente que permite su desarrollo. Hablar del reinado de Cristo significa que su mismo espíritu mueve también nuestra existencia.

En el relato que hemos leído encontramos la clave de la encarnación. Dios no se hace un hombre, sino que se hace hombre. El que juzga es el Hombre, el punto de contraste para valorar una vida humana es la semejanza con Jesús “el Hombre”. No tenemos que esperar ningún juicio desde fuera. Mis actitudes van manifestando en cada momento el grado de identificación con el modelo de Hombre. En la medida que me identifique con el modelo, me salvo; en la medida que me separe de él, me voy condenando.

Hemos conseguido un cristianismo cómodo colocando a Dios en el cielo. Sería demasiado peligroso descubrir a Dios encarnado en cada uno de los seres humanos que nos rodean. Pero no hay escapatoria. Dios es encarnación y lo tenemos que descubrir en las criaturas. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”. La pregunta de los rechazados deja bien claro que, si hubieran descubierto la presencia de Dios en el necesitado, lo hubieran socorrido. La tarea es descubrir lo que somos.

Meditación

A Dios no le servimos para nada.

Los demás sí necesitan de nosotros.

Si quieres llegar a Dios cuida del otro.

En él lo encontrarás pobre y necesitado.

Al cuidar con amor de sus heridas,

Restañarás las tuyas.

 

Kristo Erregearen Jaia – Jesucristo Rey, José A. Pagola

– A (Mateo 25,31-46)

Evangelio del 26 / Nov / 2017
por Coordinador – Mario González Jurado

GAUZA ERABAKITZAILEA – LO DECISIVO

Gaurko kontakizuna ez da juxtu parabola, baizik eta herri guztien azken auziaren gogorapena. Elkarrizketa luzea da pasadizo guztia; Jesus berpiztua baizik ez den Epailearen eta bi pertsona-talderen arteko elkarrizketa da; azken hauen artean, batetik, premia handienekoen sufrimendua arindu dutenak daude eta, bestetik, beren laguntza ukatuz bizi izan direnak.

Mendeen joan-etorrian, «Ebanjelioaren laburbiltzerik hoberentzat» eman izan dute kristauek elkarrizketa txundigarri hau, «maitasun solidarioaren laudorio absolututzat» edota «erlijioan faltsuki babesturik bizi direnentzako abisurik larri-larritzat». Seinala ditzagun baieztapenik oinarrizkoenak.

Gizon-emakume guztiak, salbuespenik gabe, izango dira juzgatuak irizpide bat beraz. Bizitzari balio galezina ematen diona ez da izaera soziala, talentu pertsonala edo urtetan barna lortu izan den arrakasta. Laguntza-beharrean gertatu direnei eskaini izandako maitasun praktikoa eta solidarioa da gauza erabakitzailea.

Maitasun hau egintza zehatzetan gauzatzen da. Adibidez, «jaten eman», «edaten eman», «etorkina onartu», «biluzia jantzi», «gaixoa edo presoa bisitatu». Gauza erabakitzailea Jainkoaren aurrean ez dira egintza erlijiosoak, baizik premian direnei eskainitako laguntza-keinu gizatar hauek. Fededun baten bihotzetik nahiz sufritzen dutenak gogoan dituen agnostiko baten bihotzetik sor daitezke.

Bidean aurkitu izan dituzten premiatsuei lagundu dietenen taldeak ez du jokatu izan arrazoi erlijiosoengatik. Ez dute izan gogoan ez Jainkoa, ez Jesu Kristo. Soil-soilik, munduan den sufrimendua arindu nahi izan dute pixka bat. Orain, Jesusek gonbidaturik, Jainkoaren erreinuan sartuko dira «Aitaren bedeinkatu» bezala.

Zergatik da, ordea, hain gauza erabakitzailea premiatsuei laguntzea eta hain gauza gaitzesgarria laguntza ukatzea? Epaileak dioenez, halakoei egiten zaiena edo ukatzen, Kristogan haragitu den Jainkoari berari egiten zaiolako edo ukatzen. Halakoei sufrimena arintzean, Jainkoari berari arintzen diogu.

Mezu txundigarri honek sufritzen ari direnei begira jartzen gaitu guztiok. Ez da egiazko erlijiorik, ez da politika aurrerakoirik, ez da giza eskubideen erantzukizunezko aldarrikapenik premiatsuenak defendituz ez bada, halakoen sufrimena arinduz eta halakoen duintasuna berreginez ez bada.

Sufritzen ari den pertsona bakoitzarengan Jesus datorkigu bidera, begira jartzen zaigu, galde eta erregu. Ezerk ez gaitu hurbiltzen Jesusengana sufritzen ari direnei errukiz eta arretaz begiratzeak baino gehiago. Ezin ikusi ahal izango dugu inon ere modu egiazkoagoan Jesusen aurpegia.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesucristo, Rey del universo – A (Mateo 25,31-46)

Evangelio del 26 / Nov / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

LO DECISIVO

El relato no es propiamente una parábola, sino una evocación del juicio final de todos los pueblos. Toda la escena se concentra en un diálogo largo entre el juez, que no es otro que Jesús resucitado, y dos grupos de personas: los que han aliviado el sufrimiento de los más necesitados y los que han vivido negándoles su ayuda.

A lo largo de los siglos, los cristianos han visto en este diálogo fascinante «la mejor recapitulación del Evangelio», «el elogio absoluto del amor solidario» o «la advertencia más grave a quienes viven refugiados falsamente en la religión». Vamos a señalar las afirmaciones básicas.

Todos los hombres y mujeres, sin excepción, serán juzgados por el mismo criterio. Lo que da un valor imperecedero a la vida no es la condición social, el talento personal o el éxito logrado a lo largo de los años. Lo decisivo es el amor práctico y solidario a los necesitados de ayuda.

Este amor se traduce en hechos muy concretos. Por ejemplo, «dar de comer», «dar de beber», «acoger al inmigrante», «vestir al desnudo», «visitar al enfermo o encarcelado». Lo decisivo ante Dios no son las acciones religiosas, sino estos gestos humanos de ayuda a los necesitados. Pueden brotar de una persona creyente o del corazón de un agnóstico que piensa en los que sufren.

El grupo de los que han ayudado a los necesitados que han ido encontrando en su camino no lo ha hecho por motivos religiosos. No ha pensado en Dios ni en Jesucristo. Sencillamente ha buscado aliviar un poco el sufrimiento que hay en el mundo. Ahora, invitados por Jesús, entran en el reino de Dios como «benditos del Padre».

¿Por qué es tan decisivo ayudar a los necesitados y tan condenable negarles la ayuda? Porque, según revela el juez, lo que se hace o se deja hacer a ellos se le está haciendo o dejando de hacer al mismo Dios encarnado en Cristo. Cuando abandonamos a un necesitado estamos abandonando a Dios. Cuando aliviamos su sufrimiento lo estamos haciendo con Dios.

Este sorprendente mensaje nos pone a todos mirando a los que sufren. No hay religión verdadera, no hay política progresista, no hay proclamación responsable de los derechos humanos si no es defendiendo a los más necesitados, aliviando su sufrimiento y restaurando su dignidad.

En cada persona que sufre, Jesús sale a nuestro encuentro, nos mira, nos interroga y nos interpela. Nada nos acerca más a él que aprender a mirar detenidamente el rostro de los que sufren con compasión. En ningún lugar podremos reconocer con más verdad el rostro de Jesús.

José Antonio Pagola