Epifanía y Bautismo de Jesús – Fray Marcos

Epifanía

(Is 60,1-6) ¡Levántate, brilla, Jerusalén, la gloria del Señor amanece sobre ti!

(Ef. 3,2-6) Los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo…

(Mt 2,1-12) Hemos visto su estrella y venimos a adorarlo.

Dios se manifiesta siempre, pero desde dentro. Si nos empeñamos en descubrirlo por los sentidos, nos encontraremos con el ídolo.

Esta fiesta es la más antigua que se conoce. Fue la única fiesta de Navidad que se celebró en toda la Iglesia hasta que en Occidente se empezó a celebrar el 25 de Diciembre la Natividad. La palabra “Epifanía” significa en griego «manifestación», sobre todo la aparición de la primera claridad de la mañana, antes de que aparezca el sol. Siguió celebrándose la fiesta de Epifanía, pero con otros significados. Durante mucho tiempo se celebraban en ella tres “epifanías”: la adoración de los Magos, el bautismo de Jesús y las bodas de Caná. El 6 de Enero se celebraba en Roma el triple triunfo de Augusto Cesar.

Empezábamos el tiempo de Navidad con un relato del evangelista Lucas que hablaba de pastores, ángeles y el niño en el pesebre. Hoy terminamos con otro relato no menos fantástico de Mateo sobre unos magos que vienen a adorar a Jesús. En esta “historia” está recogida la tradición del AT y la experiencia de los primeros cristianos. Se intenta expresar una cristología ya avanzada. Debemos recordar que el título de Rey no se le dio a Jesús hasta después de su muerte. También debemos tener presente que los tres títulos que en el relato se sobreentienden (Rey, Hijo de Dios y Mesías) se implican unos en otros.

La apertura de los primeros cristianos a los paganos fue un salto cualitativo en la manera que tenía el pueblo judío de interpretar sus relaciones con Dios. Este cambio de perspectiva no se llevó a cabo sin traumas dentro de la primera comunidad. Los escritos del NT dejan bien claro que solo se consiguió después de muchas discusiones y mucha reflexión. No nos debe extrañar esta dificultad. Los judíos se consideraban el pueblo elegido. Creían sinceramente que Dios había hecho por ellos prodigios que no había hecho con ningún otro pueblo. Todavía nos cuesta mucho a nosotros aceptar que Dios no puede tener privilegios con ninguna persona ni con ningún pueblo ni con ninguna religión.

Esta universalidad del mensaje es el tema de las tres lecturas e incluso del salmo de la liturgia de hoy. Desde distintos ángulos, todas nos hablan de una novedad en la relación de Dios con los hombres. Dios se manifiesta siempre a todos, aunque solo le descubre el que le busca. La originalidad de la experiencia religiosa del pueblo judío no la puso Dios sino la peculiar manera de ser de este pueblo, capaz de interpretar los acontecimientos de la vida como manifestación del amor de Dios hacia ellos. En realidad, Dios no puede hacer por uno lo que no hace por otro. Dios es AMOR absoluto y total. En Él, el amor es su esencia, no una cualidad, que podría tener o no tener, como pasa en nosotros.

Dios constantemente se está manifestan­do en su creación para todo aquel que está atento. Esa atención no se refiere a los sentidos, sino al ser. Muchas veces os he dicho que Dios no actúa desde fuera como las causas segundas, sino desde el ser de cada criatura y acomodándose a la manera de ser de cada una; por lo tanto, será inútil todo intento de percibir esas acciones con nuestros sentidos. Para descubrir esas manifestaciones de Dios hay que desplegar una muy especial atención, dirigida al centro de nuestro propio ser.

El relato de los Magos va en esta dirección. Ellos descubrie­ron la estrella porque se dedicaban a escudriñar el cielo; fueron capaces de levantar los ojos de la tierra… Ellos, a pesar de estar lejos vieron la estrella; la inmensa mayoría de los que estaban alrededor del recién nacido, ni se enteraron. Nuestra religiosidad no consigue su objetivo porque nos empeñamos en encontrar a Dios donde no está. Porque nos empeñamos en descubrir no al verdadero Dios, sino al ídolo que nos hemos fabricado.

Dios no está en los fenómenos que percibimos por los sentidos. Mejor dicho, Dios está en todos los fenómenos, aunque no de una manera especial en los que nosotros percibimos como maravillosos. Nosotros nos empeñamos en descubrirlo solo en lo extraordina­rio, pero la verdad es que Dios se manifiesta exactamente igual en los acontecimientos más sencillos y cotidianos. Hay que aprender a descubrir esa presencia. En la fragancia de una flor, en un amanecer, en la sonrisa de un niño, en el sufrimiento de un enfermo, etc.

La experiencia de todos los místicos les llevó a concluir que Dios es siempre el escondido, el ausente. S. Juan de la Cruz: «A donde te escondiste, Amado y me dejaste con gemido. Como el ciervo huiste, habiéndome herido. Salí tras ti clamando y eres ido.» Y el místico sufí persa Edwin Rumi dice: “Calla mi labio carnal. Habla en mi interior la calma, voz sonora de mi alma, que es el alma de otra Alma eterna y universal. ¿Dónde tu rostro reposa, Alma que a mi alma da vida? Nacen sin cesar las cosas, mil y mil veces ansiosas de ver Tu faz escondida.” También dice Pascal: “Toda religión que no predique un Dios escondido, es falsa.” De Dios nunca se podrá decir está aquí o está allí, es esto o es lo otro. Y cuando lo hacemos, fallamos estrepitosamente.

Me preocupa que los católicos estemos convencidos de que no hay nada que aprender sobre Dios porque ya lo sabemos todo. Sea en cuanto a las verdades, sea en cuanto a las normas morales, sea en cuanto a las celebraciones litúrgicas, el hecho de que no haya capacidad de innovación es la mejor prueba de que estamos en una religión sin vivencia, es decir, en una religión muerta. Dios se manifiesta siempre como novedad. Si encontramos dos veces el mismo dios, estamos relacionándonos con un ídolo.

Ya hemos dicho que la clave de esta celebración es la universalidad del mensaje. En Navidad veíamos a Dios encarnado. Hoy celebramos a Dios manifestado. La manifestación de Dios es universal, en cuanto al tiempo y en cuanto al espacio; es decir, se está siempre manifestando y se manifiesta en todo lo creado. Esto no lo hemos asumido del todo los cristianos. Seguimos creyéndonos unos privilegiados porque conocemos a Jesús. Seguimos lamentando la situación de los que no creen en él porque los pobrecitos no podrán participar de su salvación. Es verdad que desde el Vaticano II hemos avanzado mucho en esta materia, pero no hemos dado el paso definitivo.

Hoy debíamos tener ya muy claro que Jesús no vino a fundar una religión frente a la religión judía; ni una Iglesia frente a otras Iglesias. Jesús predicó el Reino de Dios. Jesús nos trajo un evangelio (buena noticia) para todas las religiones, para todas las Iglesias, para todos los pueblos, para todos y cada uno de los seres humanos. Nuestra religión, como todas las demás, tiene que estar abierta a la buena noticia de Jesús. No debemos dar por supuesto que somos portadores de esa buena noticia; mucho menos que somos los únicos depositarios de ella.

Es curioso que el término “católica”, que significa universal, haya terminado significando solamente una parte de los seguidores de Jesús. Claro que el término universal se puede entender de dos maneras. Universal porque todos pertenezcan a ella (así lo hemos entendido siempre). Universal por el objetivo de nuestra preocupación y nuestra entrega. Para mí, este segundo aspecto sería mucho más evangélico que el primero. Que el objeto de la preocupación, del cariño, en una palabra, del amor, fueran todos los seres humanos sin excepción. Si no tenemos claro lo segundo, es que no hemos entendido el evangelio.

El relato era completamente verosímil en aquel tiempo. Todos, incluidos los más ilustrados, creían que el nacimiento de grandes personajes estaba precedido de fenómenos astrológicos. La aparición de una nueva estrella era el más común. El hecho de que fuera verosímil no quiere decir que el relato sea histórico. Los cristianos tenían motivos para apoyarse en tales relatos, una vez que estaban convencidos del significado de Cristo a todos los niveles.

 

Bautismo de Jesús

(Is 42,1-7) Mirad a mi siervo a quien prefiero, sobre él he puesto mi espíritu.

(Hch 10,34-38) Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu.

(Mc 1,6-11) Vio al Espíritu bajar sobre él como una paloma.

Jesús nace del agua y del Espíritu. Jesús no puede ser concebido sin el Espíritu que le comunica la verdadera Vida.

Estamos en el primer domingo del “tiempo ordinario”, pero no se trata de un cambio radical en la liturgia. Celebramos hoy una de las tres manifestaciones de Jesús que estuvieron durante los primeros siglos integradas en la fiesta de la Epifanía. Las dos lecturas nos preparan para entender el evangelio. Para Mc, este es el comienzo. El relato es la clave para comprender todo su evangelio. No podemos dudar de la historicidad del hecho. Lo narran los tres sinópticos y Jn, más contundente, lo da por supuesto.

El bautismo de Jesús es el primer dato que se puede constatar históricamente por fuentes extra bíblicas. Es un relato que ningún cristiano se hubiera atrevido a inventar, porque compromete el altísimo concepto que tuvieron de su maestro. Si no hubieran creído en su importancia, seguramente se les hubiera olvidado. De ahí también la necesidad de dejar claras, en todos los relatos, las diferencias entre Jesús y Juan.

El mensaje teológico que se quiere trasmitir con el relato del bautismo de Jesús es de los más importantes de todo el NT. No fue un acto de humildad ni una comedia ante los demás, sino una actitud de búsqueda de su identidad. Resume toda su vida. Para aceptar este punto de vista, tenemos que admitir que fue verdadero hombre. Esto no es tan fácil, a pesar de que un concilio lo definió como dogma de fe. Un hombre al que le hicieron tantas “judiadas” y murió como murió, tienen que obligarnos a aceptar que fue hombre.

Los humanos no podemos aceptar racionalmente que una realidad sea, a la vez, dos cosas contradictorias entre sí. Desde nuestra racionalidad, no podemos pensar en un ser que es a la vez hombre y Dios, porque tenemos una idea equivocada de lo que es Dios. Como no podemos pensar en una bola de billar que sea a la vez blanca y negra. El listo de turno nos puede decir que podemos poner la mitad de pigmento blanco y la mitad negro; pero entonces resultaría una bola gris… Esto es lo que hemos hecho con Jesús.

A través de la historia del cristianismo nos hemos visto “obligados” a pensar a Jesús como hombre, olvidándonos de lo divino, o pensarlo como Dios, olvidándonos de lo humano. En una palabra, parece que no podemos hacer cristología sin caer en la herejía. Lo mismo que no podemos hacer teología sin hacernos un ídolo. Tenemos dos salidas: a) repetir las formulaciones, aceptándolas sin entender ni palabra. b) aparcar la razón y buscar la vivencia para superar la contradicción: Lo divino y lo humano ni se mezclan ni se excluyen. En Jesús está la plenitud de la humanidad y la plenitud de la divinidad.

Si aceptamos que Jesús es un ser humano, tendremos que admitir una trayectoria humana como la de cualquier hombre. No fue un extraterrestre, sino que tuvo que desarrollarse hasta alcanzar su plenitud. Desde esta perspectiva, podemos entender lo que sería para Jesús descubrir a Juan Bautista. Hacía cientos de años que no aparecían profetas en Israel; es natural que se sintiera atraído por esta figura y que intentara aprender de él. El hecho de que se bautizara nos lleva mucho más allá de un encuentro fortuito. Jesús aceptó la predicación de Juan y se comprome­tió con ella.

Lo importante no es que narren lo que pasó, sino el cómo nos lo dicen para que descubramos el sentido espiritual del relato. La liturgia de hoy lo pone bien de manifiesto. Las tres lecturas nos hablan del Espíritu. El evangelio, para hablar del Espíritu, tiene que emplear una imagen sensible, como una paloma. No significa que vio una paloma que bajaba sobre él como normalmente se entiende y reflejan pinturas que representan la escena. Oseas 8,1, dice: Como un águila cae el mal sobre la casa de Israel… Quiere decir que el Espíritu cayó sobre Jesús como un ave se lanza “en picado” desde lo alto. En el principio de la Biblia se dice que el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.

El Espíritu transforma interiormente a Jesús y le capacita para llevar a cabo la difícil tarea que le esperaba. En el AT se ungía al rey para que el Espíritu lo capacitara para su misión.  Nos están hablando del nuevo nacimiento “del agua y del Espíritu”. Lo que Jesús pide más tarde a Nicodemo lo vivió primero él mismo. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu”. No se puede concebir a Jesús sin el Espíritu… Porque nacer de la carne es menos importante que nacer del Espíritu, lo que estamos celebrando hoy es más importante que lo que acabamos de celebrar en Navidad.

No debemos caer en la tentación de pensar en fenómenos aparatosos. La manera de narrar el hecho puede ser una trampa. Ni Espíritu visible, ni voz audible, ni cielo rasgado. Todos estos fenómenos no son más que imágenes para comunicarnos verdades teológicas que nos lleven a la comprensión de Jesús. El Espíritu actúa siempre de la misma manera, silenciosamente, desde dentro, sin ruidos, sin aspavientos, sin violentar la naturaleza porque actúa siempre de acuerdo con ella. «No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha humeante no la apagará». (Isaías)

Aunque no tenemos datos suficientes para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación que desbordó todo lo conocido. Se atreve a llamarle “Abba” (papá), cosa inusitada en su época. Hace su voluntad: Le escucha siempre. Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experien­cia de Dios. El único objetivo de su misión fue que nosotros lleguemos a esa misma experiencia. Toda esa relación de Jesús con Dios era con un Dios que es Espíritu. En el diálogo con la Samaritana lo dejó claro. Dios es Espíritu…

Tú eres mi Hijo amado. La experiencia de ser amado es la base del verdadero amor. La comunicación de Jesús con su «Abba» fue a través de su ser profundo. Solo a través de la contemplación, el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lc. dice expresamente: “y mientras oraba…” El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de hombre. Dios como creador está en la base de todo ser, constituyéndolo en ser. Yo soy yo, porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está dando Él. Mi verdadero ser es el mismo ser de Dios. Una cosa me diferencia de Dios; mis limitaciones.

El cielo rasgado recuerda unas palabras de Is: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!”. El cielo se había cerrado. Hacía siglos que no había aparecido un profeta; ahora se abre. La comunicación entre el cielo y la tierra queda abierta para siempre por medio de este ser humano que se siente identificado con Dios. Mc nos está trasmitiendo el descubrimiento de la vocación de Jesús y su conciencia de enviado del Padre.

Pedro nos ofrece el modelo: Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con él. Dios también está contigo, solo falta que tú respondas como respondió él. La más importante tarea de tu vida es desplegar tus posibilidades de ser. Si despliegas solamente tus posibilidades biológicas, habrás desarrollado solo una parte de ti. Eres también Espíritu y, si quieres alcanzar tu plenitud, tienes que desplegar el Espíritu.

 

Meditación

El Espíritu (Dios) no tiene que venir de ninguna parte.

Ya estaba en él desde siempre,

como está en cada uno de nosotros.

Descubrir esa presencia es nacer del Espíritu.

Lo que nació de la carne, seguirá siendo carne,

pero una vez nacido del Espíritu, la carne significará muy poco.



 

 

 


 

 


 

 

Jaunaren Epifania eta Jaunaren Bataioa / Epifanía del Señor y Bautismo del Señor – José A. Pagola

Jaunaren Epifania

-B (Mateo 2,1-12)

Evangelio del 6 /Ene / 2018

por Coordinador – Mario González Jurado

JAINKOAGANA BIDERATU

Ez da teknikarik, ez metodorik era automatikoan Jainkoagana gida gaitzakeenik. Baina badira jarrerak eta keinuak, harekin topo egitera prestatzeko, eratu gaitzaketenak. Are gehiago. Jainkoaz jaulkitako hitzik ederrenak eta diskurtsorik distiratsuenak gauza alfer dira, nork bere barnea irekitzen ez badu. Nola?

Jainkoagana bideratzeko gauzarik inportanteena, bihotz barnetik berari dei egitea da, norberak bakarrik, norberaren kontzientzia barnekoienetik. Hor zaio pertsona irekitzen konfiantzaz Jainkoaren misterioari edota hor du erabakitzen bakarrik bizitzea, era ateoan, Jainkoa gabe. Baina dei egiten ahal dio Jainkoari, harengan sinesten ez duenak, ezertaz seguru ez dagoenak? Foucauld-eko Karlosek eta beste fedegabe batzuek, dei hau eginez hasi ziren Jainkoaren bila: «Jainkoa, existitzen bazara, ager iezadazu zeure aurpegia». Dei hau, apala eta zinezkoa ilunpean egina, da, agian, biderik argienetako bat Jainkoaren misterioaz geure burua sentibera bihurtzeko.

Jainkoagana bideratzeko, garrantzizkoa da orobat ezabatzea, norberaren bizitzatik, harekin topo egitea eragozten digun hura. Adibidez, den-dena dakizulakoan bazaude eta errealitatearen, gizakiaren, bizitzaren eta heriotzaren azken misterioa ulertu duzulakoan bazaude, zail gertatuko zaizu Jainkoaren bila ibiltzea egiaz. Ikara desberdinek harturik edota etsipenak jota bizi bazara, nolatan irekiko zatzaizkio mugarik gabe maite zaituen Jainkoari?

Jainkoagana bideratzeko, garrantzizkoa da desioa, bilatzeari eustea, deika jarraitzea, itxaroten jakitea. Ez da beste erarik biziaren iturri denaren Misteriora bide egiteko. Magoen kontaerak era askotan nabarmentzen du Salbatzailearen bila bizi izan zuten jarrera eredugarria. Gizon hauek jakin dute nola ekin bideari Misteriorantz.

  • Jakin dute apal-apal galdetzen,
  • ilunaldiak gainditzen,
  • bilatzeari iraupenez eusten
  • eta gizaki baten ahuldadean haragitu den Jainkoa adoratzen.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain


Epifanía del Señor

ORIENTARNOS HACIA DIOS

No hay técnicas ni métodos que conduzcan de forma automática hacia Dios. Pero sí hay actitudes y gestos que nos pueden disponer a las personas a prepararnos al encuentro con él. Más aún. Las palabras más bellas y los discursos más brillantes sobre Dios son inútiles si cada uno no nos abrimos él. ¿Cómo?

Lo más importante para orientarnos hacia Dios es invocarlo desde el fondo del corazón, a solas, en la intimidad de la propia conciencia. Es ahí donde uno se abre confiadamente al misterio de Dios o decide vivir solo, de forma atea, sin Dios. Pero ¿se puede invocar a Dios cuando uno no cree en él ni está seguro de nada? Carlos de Foucauld y otros no creyentes iniciaron su búsqueda de Dios con esta invocación: «Dios, si existes, muéstrame tu rostro». Esta invocación humilde y sincera en medio de la oscuridad es, probablemente, uno de los caminos más puros para hacernos sensibles al misterio de Dios.

Para orientarnos hacia Dios también es importante eliminar de la propia vida aquello que nos está impidiendo encontrarnos con él. Si uno, por ejemplo, tiene la pretensión de saberlo todo y de haber comprendido ya el misterio último de la realidad, del ser humano, de la vida y de la muerte, es difícil que busque de verdad a Dios. Si uno vive encogido por diferentes miedos o hundido en la desesperanza, ¿cómo se abrirá con confianza a un Dios que lo ama sin fin? Si alguien se encierra en su propio egoísmo y solo siente desamor e indiferencia hacia los demás, ¿cómo podrá abrirse a un Dios que es solo Amor?

Para orientarnos hacia Dios es importante mantener el deseo, perseverar en la búsqueda, seguir invocando, saber esperar. No hay otra forma de caminar hacia el Misterio de quien es la fuente de la vida. El relato de los magos destaca de muchas formas su actitud ejemplar en la búsqueda del Salvador. Estos hombres saben ponerse en camino hacia el Misterio.

  • Saben preguntar humildemente,
  • superar momentos de oscuridad,
  • perseverar en la búsqueda
  • y adorar a Dios encarnado en la fragilidad de un ser humano.

José Antonio Pagola


Jaunaren Bataioa

-B (Markos 1,7-11)

Evangelio del 7 /Ene / 2018

por Coordinador – Mario González Jurado

JESUSEN ESPIRITUA

Judu-herriak krisialdi erlijioso handia bizi zuen une batean agertu zen Jesus Galilean. Denbora asko zeraman Jainkoaren urruntasuna jasaten. Zerua «itxia» zegoela uste zuen. Ematen zuen ezin ikusizko murru antzeko batek eragozten ziola Jainkoarekin komunikatzea. Inor ez zen gai haren ahotsa entzuteko. Ez zuten jada profetarik. Ez zuen inork hitz egiten Espirituak eraginda.

Hauxe zuten gauzarik gogorrena: Jainkoa beraiez ahaztu egin zela uste izatea. Israel herriaren arazoa Jainkoari bost axola  zitzaiola uste izatea. Zergatik zegoen ezkutuan? Zergatik hain urrun? Apika, jende askok zuen gogoan antzinako profeta baten otoitz hau: «Ai zerua urratu bazeneza eta jaitsiko bazina!».

Markosen ebanjelioa entzun zuten lehenengo kristauak harriturik geldituko ziren, noski. Markosek kontatzen duenez, Jordan ibaiko uretik irtetean, bataioa hartu ondoren, Jesusek «zerua urratzen ikusi zuen» eta «bere gainera Jainkoaren Espiritua jaitsi zela» sentitu zuen. Azkenean, posible zen Jainkoarekin topo egitea. Bazen lurrean Jainkoaren Espirituak hartua zuen gizon bat. Jesus zeritzan eta Nazaretetik zetorren.

Jesusen gainera jaitsi den Espiritu hori, bizia kreatzen duen Jainkoaren hatsa da, bizidunak berritzen eta sendatzen dituena, guztia eraldatzen duen maitasuna. Horregatik, bizitza askatzera emanik bizi da Jesus, bizia sendatzera eta gizatarrago egitera emanik. Lehen kristauek ez zuten nahi Bataiatzailearen ikasletzat har zitzaten. Jesusen Espirituak bataiatutzat zuten beren burua, ez urez, baizik eta Jesusen Espirituaz.

Espiritu hori gabe, dena da itzaliko kristautasunean. Galdua dateke Jainkoarekiko konfiantza. Ahuldua fedea. Iraganeko pertsona huts bilakatzen da Jesus, bizirik gabeko letra bihurtzen da Ebanjelioa. Maitasuna hoztu, eta Eliza erakunde erlijioso bat gehiago baizik ez da izango.

Jesusen Espiriturik gabe, askatasuna itoa da, poza itzalia, ospakizuna ohitura huts bihurtua, elkartasuna hautsia. Espiriturik gabe, misioa ahaztu egiten da, esperantza hil, beldurra handitu, Jesusi jarraitzea

erdipurdiko gauza erlijioso bihurtzen da.

Gure arazorik nagusiena, Jesus ahaztu izana da, haren Espirituaz ez arduratzea. Oker handia da antolatzearekin, lanarekin, debozioarekin edo mila eratako estrategiarekin lortu nahi izatea Espirituagandik bakarrik jaio daitekeen hura. Sustraietara itzuli beharra dugu, Ebanjelioa bere freskotasun eta egiatasun osoan berreskuratu beharra, Jesusen Espirituaz bataiatu beharra.

Ez dezagula engaina geure burua. Espiritu honi ez badiogu uzten biziberritu eta birsortu gaitzan, kristauek ez dugu izango garrantzizko inolako ekarpenik gaur egungo gizartearentzat, hain barnetasun gabea eta maitasun solidariorako hain gaitasun gabea eta hain esperantza-beharrean den honentzat.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain


Bautismo del Señor

EL ESPÍRITU DE JESÚS

Jesús apareció en Galilea cuando el pueblo judío vivía una profunda crisis religiosa. Llevaban mucho tiempo sintiendo la lejanía de Dios. Los cielos estaban «cerrados». Una especie de muro invisible parecía impedir la comunicación de Dios con su pueblo. Nadie era capaz de escuchar su voz. Ya no había profetas. Nadie hablaba impulsado por su Espíritu.

Lo más duro era esa sensación de que Dios los había olvidado. Ya no le preocupaban los problemas de Israel. ¿Por qué permanecía oculto? ¿Por qué estaba tan lejos? Seguramente muchos recordaban la ardiente oración de un antiguo profeta que rezaba así a Dios: «Ojalá rasgaras el cielo y bajases».

Los primeros que escucharon el evangelio de Marcos tuvieron que quedar sorprendidos. Según su relato, al salir de las aguas del Jordán, después de ser bautizado, Jesús «vio rasgarse el cielo» y experimentó que «el Espíritu de Dios bajaba sobre él». Por fin era posible el encuentro con Dios. Sobre la tierra caminaba un hombre lleno del Espíritu de Dios. Se llamaba Jesús y venía de Nazaret.

Ese Espíritu que desciende sobre él es el aliento de Dios, que crea la vida, la fuerza que renueva y cura a los vivientes, el amor que lo transforma todo. Por eso Jesús se dedica a liberar la vida, a curarla y hacerla más humana. Los primeros cristianos no quisieron ser confundidos con los discípulos del Bautista. Ellos se sentían bautizados por Jesús, no con agua, sino con su Espíritu.

Sin ese Espíritu, todo se apaga en el cristianismo. La confianza en Dios desaparece, la fe se debilita. Jesús queda reducido a un personaje del pasado, el Evangelio se convierte en letra muerta, el amor se enfría y la Iglesia no pasa de ser una institución religiosa más.

Sin el Espíritu de Jesús, la libertad se ahoga, la alegría se apaga, la celebración se convierte en costumbre, la comunión se resquebraja. Sin el Espíritu, la misión se olvida, la esperanza muere, los miedos crecen, el seguimiento a Jesús termina en mediocridad religiosa.

Nuestro mayor problema es el olvido de Jesús y el descuido de su Espíritu. Es un error pretender lograr con organización, trabajo, devociones o estrategias pastorales lo que solo puede nacer del Espíritu. Hemos de volver a la raíz, recuperar el Evangelio en toda su frescura y verdad, bautizarnos con el Espíritu de Jesús.

No hemos de engañarnos. Si no nos dejamos reavivar y recrear por ese Espíritu, los cristianos no tenemos nada importante que aportar a la sociedad actual, tan vacía de interioridad, tan incapacitada para el amor solidario y tan necesitada de esperanza.

José Antonio Pagola

 


 

Epifanía del Señor, 6 de enero de 2017 – Koinonia

Is 60,1-6: La gloria del Señor amanece sobre ti
Salmo 71:
Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra
Ef 3,2-3a.5-6:
Ha sido revelado que también los gentiles son coherederos
Mt 2,1-12:
Venimos de Oriente para adorar al Rey

 

Venimos de Oriente para adorar al Rey

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel»».

Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Hoy la Iglesia católica celebra con gozo desbordante la fiesta de los reyes magos. Litúrgicamente se denomina “epifanía” que significa manifestación de la salvación de Dios. Con esta fiesta vamos concluyendo el ciclo de navidad que nos permitirá contemplar a Jesús pequeño, humilde y pobre… niño que, a su vez, revela la grandeza del amor de Dios. El profeta Isaías exalta la grandeza de la ciudad de Jerusalén porque se convertirá en luz para todos los pueblos. Es la luz para toda la humanidad, es la esperanza para los pobres. La oscuridad de la injusticia y la violencia, la opresión y la marginación será vencida definitivamente por la presencia luminosa de Dios manifestada en el niño de Belén. El salmo 71 también canta las maravillas que hace Dios en medio de su pueblo. Manifiesta la esperanza que todos los reyes y poderosos se abajen y se postren ante la pequeñez y la humildad. Los motivos de la alabanza es la justicia de Dios que derrota a los opresores y defiende a los pobres y oprimidos. La justicia de Dios a favor de lo empobrecidos y excluidos de todos los tiempos se hace motivo de regocijo y alabanza para el salmista.

En la carta de Pablo a la comunidad de Éfeso hace caer en cuenta a todos los creyentes que las promesas hechas al pueblo de la ley y la alianza ahora se extienden a los gentiles, es decir, a toda la humanidad. De tal manera que la salvación no será propiedad exclusiva de un pueblo sino de todos los pueblos, del gran pueblo de Dios, es decir, de todos los seres humanos que se abren a la buena noticia de la salvación. Dos actitudes totalmente opuestas se reflejan en el relato de la visita de los reyes, sabios o magos de oriente que presenta el evangelista Mateo. Más allá de si es o no es un acontecimiento histórico, lo hermoso de este texto es hacer ver al lector cómo el corazón de los poderosos de Israel se cierra ante la presencia de la pequeñez del niño de Belén. En cambio los gentiles, los paganos o extranjeros se abajan de su realeza para reconocer en la pobreza, humildad y pequeñez de aquel niño la revelación de la propuesta salvífica de Dios ofrecida a toda la humanidad que le busca con sincero corazón. ¿En qué personas y situaciones de la vida reconoces a Jesús?

 

Sagrada Familia y María, madre de Dios – Fray Marcos

Sagrada Familia

(Eclo 3,3-17) El que respeta a sus padres, acumula tesoros.

(Col 3,12-21) Sea vuestro uniforme: misericordia, bondad, humildad, dulzura…

(Lc 2,22-40) El niño iba creciendo y robusteciéndose y se llenaba de sabiduría.

Toda familia es divina si es verdaderamente humana. El marco familiar nos permite desplegar lo divino en lo humano.

Debemos aclarar que el modelo de familia de aquella época tenía muy poco que ver con el nuestro. Los estudios sociológicos que se han hecho sobre la familia en tiempo de Jesús, no dejan lugar a duda. Si no tenemos en cuenta los resultados de esos estudios será imposible entender nada del ambiente en que se desarrolla la infancia de Jesús. El tipo de familia de Nazaret que se nos ha propuesto durante siglos, no ha existido nunca. El modelo de familia del tiempo de Jesús, era el patriarcal. La familia molecular era completamente inviable, tanto por motivos sociológicos como económicos. ¿Qué podían hacer dos jóvenes de 13 y 14 años con un recién nacido en los brazos?

Cuando el evangelio nos dice que José recibió en su casa a María, no quiere decir que fueran a vivir a una nueva casa. María dejó de vivir en la casa de su padre y pasó a integrarse en la familia de José. Esto no quiere decir que no tuvieran su intimidad y sus relaciones más estrechas los tres. El relato de la pérdida del Niño en Jerusalén es impensable en una familia de tres. Pero cobra su verosimilitud si tenemos en cuenta que es todo el clan el que hace la peregrinación y vuelven a casa todos juntos.

El relato evangélico que acabamos de leer es muy rico en enseñanzas teológicas. Está escrito sesenta o setenta años después de morir Jesús. Lc quiere dejar claro, desde el principio de su evangelio, que la vida de Jesús estuvo insertada plenamente en las tradiciones judías. Su persona y su mensaje no son realidades caídas del cielo, sino surgidas desde el fondo más genuino del judaísmo tradicional.

Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte. Sus relaciones, aunque se hayan desarrollado en un marco familiar distinto, pueden servirnos como ejemplo de valores humanos que debemos desarrollar, cualquiera que sea el modelo donde tenemos que vivirlos. Jesús predicó lo que vivió. Si predicó el amor, es decir, la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió él. Todo ser humano nace como proyecto que tiene que ir desarrollándose a lo largo de toda la vida con la ayuda de los demás.

Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona, que es el valor supremo. Las instituciones no son santas ni sagradas. Nunca debemos poner a las personas al servicio de la institución, sino al contrario. Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas con uñas y dientes. Claro que no son las instituciones las que tienen la culpa. Son algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses a costa de los demás.

No debemos echar por la borda una institución porque me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser, me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano; ni siquiera cuando me reporte ventajas o seguridades egoístas. La familia sigue siendo el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, pero no sólo durante los años de la niñez o juventud, sino que debe ser el campo de entrenamiento durante todas las etapas de nuestra vida. El ser humano solo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás.

La familia es el marco insustituible para esas relaciones profundamente humanas. Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo. En cada una de esas situaciones la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana. Los lazos de sangre o de amor natural debían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio. Si en la familia superamos la tentación del egoísmo amplificado, aprenderemos a tratar a todos con la misma humanidad: exigir cada día menos y darse cada día más.

No tenemos que asustarnos de que la familia esté en crisis. El ser humano está siempre en constante evolución; si no fuera así, hubiera desaparecido hace mucho tiempo. En el evangelio no encontramos un modelo de familia. Se dio siempre por bueno el existente. Más tarde se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de vista legal era muy avanzado. Los cristianos de los primeros siglos hicieron muy bien en adoptar ese modelo. Lo malo es que se sacralizó y se vendió después como modelo cristiano, sin hacer la más mínima crítica a los defectos que conllevaba.

Con el evangelio en la mano, debemos intentar dar respuesta a los problemas que plantea la familia hoy. La Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas. No conseguiremos nada si nos limitamos a decir: el matrimonio indisoluble, indisoluble, indisoluble, aunque la estadística nos diga que el 50 % se disuelven. No se trata de que las personas sean peores que hace cincuenta años. Hoy para mantener un matrimonio se necesita una madurez mayor.

Al no darse esa madurez, los matrimonios fracasan. Dos razones de esta mayor exigencia son: a) La estructura nuclear de la familia. Antes las relaciones familiares eran entre un número de personas mucho más amplio. Hoy, al estar constituidas por tres o cuatro miembros, la posibilidad de armonía es mucho menor porque los egoísmos se diluyen menos. b) La mayor duración de la relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta años juntos. Es más fácil que, en algún momento, surjan dificultades.

Como cristianos tenemos la obligación de hacer una seria autocrítica sobre el modelo de familia que proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política. Lo que Jesús predicó no hace referencia a las instituciones, sino a las actitudes que debían tener los seres humanos en sus relaciones con los demás. Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser; a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que permita esta relación plenamente humana, puede ser cristiana.

No solo no es malo que se separen dos personas que no se aman. Es completamente necesario que se separen, porque no hay cosa más inhumana que obligar, por decreto, a vivir juntas a dos personas que no se aman. Esto no contradice en nada la indisolubilidad del matrimonio, porque lo único que demostraría es la falta de amor que ha hecho nulo, de todo derecho, lo que hemos llamado matrimonio. Si hay sacramento, ciertamente es indestructible. Pero para que haya sacramento no es suficiente que hagamos el signo. Es imprescindible que se dé la realidad significada, el amor.

 

Meditación

Éste es el Jesús que nos interesa de verdad.

Un ser humano que recorre nuestro propio camino.

Solo así nos puede indicar la verdadera dirección.

En nuestra vida espiritual

lo importante es no instalarse ni apoltronarse.

Paso a paso debemos avanzar, aunque sea en la oscuridad.

Mientras sigas dando pasos, estás en el buen camino.

 

María, Madre de Dios – Año nuevo – Día de la paz

(Nm 6,22-27) El Señor te bendiga y te proteja, se fije en ti y te conceda la paz

(Gal 4,4-7) Al cumplirse el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido bajo la Ley…

(Lc 2,16-21) A los ocho días tocaba circuncidar al niño, y le pusieron Jesús.

Todo pasa pero Algo permanece. El tiempo cronológico pasa. En la medida que descubra el kairos, dejará de pasar en balde.

El texto de Lc que acabamos de leer está en línea con lo que venimos diciendo estos días: total inserción de Jesús en las tradiciones judías. Al decirnos que María rumiaba todo esto, está apuntando a la importancia de lo que estaba pasando dentro de ella y de los demás protagonistas. Importante el nombre: Jesús=Dios salva, lo dice todo.

El tema de María Madre merecería más aclaración de la que permite este pequeño comentario. ¡Claro que la maternidad de María es un dogma! Pero no se discutió en el concilio como un tema mariológico, sino cristológico. Fue definido en Éfeso en el 431. Inmediatamente fue mal entendido (hay que tener en cuenta que, en aquella ciudad, se veneraba a la «Magna Mater», diosa virgen Artemisa o Diana) y tuvo que ser aclarado veinte años después por el concilio de Calcedonia (451) matizando lo formulado en Éfeso, concretando que María era madre de Dios «en cuanto a su humanidad».

Debemos tener en cuenta el contexto en que fue formulado este dogma. Se definió como un intento de confirmar, contra la herejía nestoriana que afirmaba dos personas en Jesús, que el fruto del parto de María fue una única persona. No olvidemos que el concilio de Éfeso lo promovió Nestóreo para condenar como hereje a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo; y por lo tanto que María era, con pleno sentido, madre de Dios. A Nestóreo le salió el tiro por la culata, pero faltó el canto de un duro para que se condenara como herejía lo que se definió como dogma.

En efecto, en una primera sesión, sin la asistencia de Nestóreo, que no quería que se celebrara antes de que llegara su amigo el patriarca de Antioquia, se definió el dogma condenando a Nestóreo. Cuando a los pocos días llegó su amigo Juan de Antioquia, se celebró una sesión paralela y definieron lo contrario, condenando como hereje a Cirilo. Visto lo cual el Emperador Teodosio depone a los dos, (Cirilo y Nestóreo) y los encarcela. Unos días más tarde, cuando llegan los delegados del Papa, convencen al emperador para que acepte lo definido en la primera sesión y libere a Cirilo. A Nestóreo le obligó a retirarse a un monasterio. Teodosio decidió qué era dogma y qué era herejía

Este dogma es el mejor ejemplo de cómo, conservando las palabras, tergiversamos el sentido. Cuando se definió el dogma se tenía una idea completamente distinta de la maternidad. Se creía entonces que la madre era solo el recipiente donde el varón depositaba la semilla del nuevo ser, en el que la madre no tenía más misión que la de acogerle y alimentarle. De hecho la traducción correcta del término griego «theotokos» sería «la que pare a Dios». Solo desde esa concepción de la maternidad se pudieron desarrollar las mitologías sobre seres humanos que se consideraron hijos de Dios.

Lo que estamos celebrando es que María hace presente a Dios alumbrando a Jesús. S. Agustín dice que María fue madre de Dios no por su relación biológica, sino por haber aceptado el proyecto de Dios. El evangelio deja bien claro lo que es importante en María. Cuando le dicen a Jesús que su Madre y sus hermanos están fuera, contesta: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? El que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Año Nuevo.- Estamos en el tiempo para darme cuenta de mi verdadero ser y descubrir que estoy ya en la eternidad, que mi verdadero ser no está en el chronos sino en el kairos. Seré cada año más joven si soy cada día más libre. Mi verdadero ser lo constituye lo que de divino hay en mí, y eso es eterno. No tengo que esperar nada. Soy ya la plenitud y estoy en lo eterno. Mi singularidad e individualidad es apariencia. No debemos empeñarnos en meter a Dios en el tiempo, sino en salir nosotros de él. Soy la ola que aun no se ha dado cuenta de que es océano. El océano aun no se ha reflejado en mí. Tengo que darme cuenta de que soy océano y entonces el océano me dirá que él es ola. Cuando Jesús dice: “Yo y el padre somos uno» no lo dice desde el falso yo, sino desde su verdadero ser. Es lo que hay en mí de Dios quien dice: Yo y Dios somos uno.

El tiempo en el que se desarrolla nuestra existencia tiene mucha importancia, pero solo como medio para conseguir esa toma de conciencia que me hará trascender. Nuestra reflexión de hoy tiene que estar encaminada a descubrir qué estoy haciendo yo con mi tiempo. Puedo estar malgastando o perdiendo lo que se me ha dado para que lo aproveche. Van pasando mis años y con ellos las oportunidades de dar verdadero sentido a mi vida. Esta tiene que ser mi preocupación cuando estamos pasando de un año a otro.

Día de la paz.- Creo que merece la pena hacer una denuncia de las circunstancias en las que nos encontramos y tratar de poner un poco de luz en la maraña de informaciones e intereses que nos envuelven. En nombre de la libertad no se puede defender todo.  En nombre de la libertad religiosa no se pueden propugnar ideas que vayan contra los más elementales derechos de las personas, ni siquiera de una sola persona. En nombre de la libertad política no se pueden defender ideas que no respeten los derechos fundamentales de los demás. Tengo la obligación de defender mis derechos; pero mis derechos terminan donde empiezan los derechos del otro, que se convierten en obligaciones para mí.

Debemos desenmascarar el fariseísmo de nuestro mundo occidental, que se atreve a celebrar un día mundial de la paz mientras está sosteniendo, por acción o por omisión, situaciones de injusticia que claman al cielo. Nos hemos arrogado el derecho de decidir quién es el bueno y quien es el malo. Nos hemos colocado en estadios éticos anteriores a la ley del talión. En ella se decía que si te rompen un diente, tienes derecho a romperle un diente al agresor, no más. Hoy estamos oyendo todos los días que hay que romperle todos los dientes al otro, porque si no, el día de mañana me puede morder.

No es deseable la paz a cualquier precio. A nadie le interesa la paz de los cementerios. Tampoco debía interesarnos la paz sobre la que se fundaron todos los imperios, desde el egipcio hasta el que padecemos hoy. La paz que se basa en la fuerza no es verdadera paz. No se trata solo de la fuerza física; también la fuerza de una legalidad que hemos construido los poderosos basados en la ley del embudo. La norma debe ser la verdadera justicia. Hemos pasado milenios predicando la guerra justa. No he encontrado esa idea en ninguna parte del evangelio. Toda violencia es inhumana.

La paz no se puede conseguir directamente. Es un fruto y, como tal, si quiero recogerlo, tengo que plantar primero el árbol y cuidarlo. El mínimo indispensable para que surja la paz es la justicia. La paz, para el que tiene el poder, es que nadie se mueva. Para el que está sometido a la injusticia será algo muy distinto. Si nos interesa la paz debemos luchar cada día por abandonar toda opresión (el pecado del mundo) y entrar en la dinámica del amor. Si de verdad queremos la paz, tendremos que dar voz a los que sufren la violencia injustificada. Ellos nos indicarán cómo alcanzar la verdadera justicia.

 

Meditación

María no entiende nada de lo que está pasando,

pero hace un esfuerzo de penetración del misterio.

Tanto las cosas como los acontecimientos tienen varias lecturas.

Podemos quedarnos en una comprensión superficial,

o podemos profundizar en el mensaje que toda realidad

aporta, más allá de sí misma.




Familia Santua ta Andre Maria, Jainkoaren Ama / Sagrada Familia y Santa María, Madre de Dios – José A. Pagola

Familia Santua – Sagrada Familia

-B (Lukas 2,22-40)

Evangelio del 31 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

FAMILIA KRISTAUAK

Gaur egun asko hitz egiten da familia-erakundearen krisiaz. Eta, benetan, larria da krisia. Halaz guztiz, familiaren jokabidean ematen ari den egiazko iraultza baten lekuko bagara ere, eta jende askok familiaren molde tradizional askoren heriotza aldarrikatzen badu ere, inork ez du iragartzen gaur egun familia galduko denik. Aitzitik, ematen du, historiak adierazten duela, aldi zailetan are estuago bihurtzen direla lotura familiarrak. Ugaritasunak banatu egiten ditu gizon-emakumeak. Krisiak eta premialdiak batu. Aldi zailak bizi beharko ditugun susmoaren aurrean, jende askok barruntatzen du familiaren birsortze berri bat.

Sarritan, kristau askok Nazareteko Familia imitatzeko duen zinezko desioak indartu egin izan du ideal hau: norberaren familiako harmonian eta zorionean oinarrituriko familia baten ideala. Dudarik gabe, beharrezkoa da gaur egun ere sustatzea gurasoen agintea eta erantzukizuna, seme-alaben obedientzia, familia baitako elkarrizketa eta solidaritatea. Balio hauek gabe familiak porrot egingo luke.

Alabaina, ez die erantzuten nolanahiko familia batek Jesusek planteaturiko Jainkoaren erreinuko eskakizunei. Badira, bai gizartearen zerbitzuari irekiak diren familiak, bai familia egoistak, beren baitan triku bihurtuak. Badira familia autoritarioak eta familiak zeinetan elkarrizketa egiten ikasten baita. Badira familiak, egoismoan hezten dutenak eta familiak, solidaritatea irakasten dutenak.

Zehazki, jasaten ari garen krisialdi ekonomiko larriaren testuinguru honetan, familia izan daiteke solidaritate-ezaren eskola, zeinetan egoismo familiarra jarduera-irizpide bihurtzen baita, seme-alaben portaera soziala eratuko duena. Eta izan daiteke, alderantziz, leku bat zeinetan semeak edo alabak gogoratuko baitu Aita komun bat daukagula, eta mundua ez dela bukatzen norberaren etxeko pareten barnean.

Horregatik, ezin ospatu dugu Nazareteko Familiaren jai hau geure fedearen erronka entzun gabe. Izango ote dira gure familiak belaunaldi berrientzat Ebanjelioaren deia entzuteko leku: anai-arreba artekotasun unibertsalerako, bazter utzien defentsarako eta gizarte zuzen bat bilatzeko deia entzuteko leku?, ala gainerakoen problemekiko axola-ezaren, inhibizioaren eta geldotasun pasiboaren eskolarik eginkorren bihurtu dira?

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain


HOGARES CRISTIANOS

Hoy se habla mucho de la crisis de la institución familiar. Ciertamente, la crisis es grave. Sin embargo, aunque estamos siendo testigos de una verdadera revolución en la conducta familiar, y muchos han predicado la muerte de diversas formas tradicionales de familia, nadie anuncia hoy seriamente la desaparición de la familia.

Al contrario, la historia parece enseñarnos que en los tiempos difíciles se estrechan más los vínculos familiares. La abundancia separa a los hombres. La crisis y la penuria los unen. Ante el presentimiento de que vamos a vivir tiempos difíciles, son bastantes los que presagian un nuevo renacer de la familia.

Con frecuencia, el deseo sincero de muchos cristianos de imitar a la Familia de Nazaret ha favorecido el ideal de una familia cimentada en la armonía y la felicidad del propio hogar. Sin duda es necesario también hoy promover la autoridad y responsabilidad de los padres, la obediencia de los hijos, el diálogo y la solidaridad familiar. Sin estos valores, la familia fracasará.

Pero no cualquier familia responde a las exigencias del reino de Dios planteadas por Jesús. Hay familias abiertas al servicio de la sociedad y familias egoístas, replegadas sobre sí mismas. Familias autoritarias y familias donde se aprende a dialogar. Familias que educan en el egoísmo y familias que enseñan solidaridad.

Concretamente, en el contexto de la grave crisis económica que estamos padeciendo, la familia puede ser una escuela de insolidaridad en la que el egoísmo familiar se convierte en criterio de actuación que configurará el comportamiento social de los hijos. Y puede ser, por el contrario, un lugar en el que el hijo puede recordar que tenemos un Padre común, y que el mundo no se acaba en las paredes de la propia casa.

Por eso no podemos celebrar la fiesta de la Familia de Nazaret sin escuchar el reto de nuestra fe. ¿Serán nuestros hogares un lugar donde las nuevas generaciones podrán escuchar la llamada del Evangelio a la fraternidad universal, la defensa de los abandonados y la búsqueda de una sociedad más justa, o se convertirán en la escuela más eficaz de indiferencia, inhibición y pasividad egoísta ante los problemas ajenos?

José Antonio Pagola

 

Andre Maria, Jainkoaren Ama – Santa María, Madre de Dios

-B (Lukas 2,16-21)

Evangelio del 01 /Ene / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

GAUR

Jesusen jaiotzaren kontakizuna honela bukatzen du Lukasek: irakurleei adieraziz«Mariak gauza hauek guztiak bihotzean gordetzen zituela». Ez du gordetzen gertatua, iraganeko zenbait oroitzapen bezala, baizik bere bizitza guztian eguneratuko eta biziberrituko duen esperientzia bezala.

Ez da funtsik gabeko oharpena. Fede-eredu dugu Maria. Ebanjelari honen iritziz, Jesus Salbatzaileagan sinestea ez da aspaldiko garai bateko gauzak gogoratzea, baizik eta beraren indar salbatzailea gaur esperimentatzea, gure bizitza gizatarrago egiteko gai dela esperimentatzea.

Horregatik, baliabide literario berezi-bereziaz baliatu da Lukas. Jesus ez da iraganeko norbait. Nahita errepikatzen du ezen Jesus berpiztuaren salbazioa gaur, orain berean, ari zaigula eskaintzen, berarekin topo egiten dugun bakoitzean. Hona adibide batzuk.

Honela iragartzen digu Jesusen jaiotza: «Daviden hirian Salbatzaile bat jaio zaizue gaur». Gaur ere jaio daiteke Jesus guretzat. Gaur sar daiteke gure bizitzan eta alda dezake hau betiko. Bizi berrira jaio gaitezke berarekin orain berean.

Galileako herrixka batean ezindu bat ekarri diote Jesusi. Hau hunkitu egin da, hura bekatuak blokeaturik ikustean, eta sendatu egin du barkazioa eskainiz: «Barkatuak dituzu zeure bekatuak». Jainkoa goratuz erreakzionatu du jendeak: «Gauza harrigarriak ikusi ditugu gaur». Guk ere esperimenta dezakegu gaur barkazioa, Jainkoaren bakea eta barneko poza, Jesusi senda gaitzan uzten badiogu.

Jeriko hirian, Jesusek Zakeoren etxean hartu du ostatu, zerga-biltzaile aberats eta boteretsu haren etxean. Jesusekin topo egiteak erabat eraldatu du Zakeo: hainbat jenderi lapurtua itzuliko du eta pobreekin partekatuko bere aberastasunak. Jesusek diotso: «Gaur salbazioa iritsi da etxe honetara». Jesusi geure bizitzan sartzen uzten badiogu, gaur berean hasi ahal izango dugu geuk ere biziera duin, haurride arteko eta solidario bat.

Jesus hilzorian da gurutzean, bi gaizkileren artean. Haietako batek konfiantza hartu du Jesusengan: «Jesus, gogora zaitez nitaz zeure erreinuan izango zarenean». Bat-batean erreakzionatu du Jesusek: «Gaur nirekin izango zara paradisuan». Gure heriotzako ordua ere salbazio-eguna izango da. Hainbeste espero genituen hitz hauek entzungo ditugu azkenean Jesusengandik: «Har ezazu atseden, izan konfiantza nigan, gaur nirekin izango zara, eta betiko».

Gaur urteberria hasi dugu. Baina, zer izan daiteke guretzat zerbait berri eta on? Zeinek jaioaraziko du gugan poz berri bat? Zein psikologok irakatsiko digu gizatasun handiagoko izaten? Ezer gutxirako dira desio onak. Gugan ernetzen den gauzarik hoberenerako esna bizitzea da garrantzia duena. Egunero eskaintzen digu Jainkoak salbazioa. Ez dugu zertan egon ezeren zain. «Gaur» hau bera izan daiteke niretzat salbazio-egun.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

 

HOY

Lucas concluye su relato del nacimiento de Jesús indicando a los lectores que «María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón». No conserva lo sucedido como un recuerdo del pasado, sino como una experiencia que actualizará y revivirá a lo largo de su vida.

No es una observación gratuita. María es modelo de fe. Según este evangelista, creer en Jesús Salvador no es recordar acontecimientos de otros tiempos, sino experimentar hoy su fuerza salvadora, capaz de hacer más humana nuestra vida.

Por eso Lucas utiliza un recurso literario muy original. Jesús no pertenece al pasado. Intencionadamente va repitiendo que la salvación de Jesús resucitado se nos está ofreciendo hoy, ahora mismo, siempre que nos encontramos con él. Veamos algunos ejemplos.

Así se nos anuncia el nacimiento de Jesús: «Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador». Hoy puede nacer Jesús para nosotros. Hoy puede entrar en nuestra vida y cambiarla para siempre. Ahora mismo podemos nacer con él a una existencia nueva.

En una aldea de Galilea traen ante Jesús a un paralítico. Jesús se conmueve al verlo bloqueado por su pecado y lo sana ofreciéndole el perdón: «Tus pecados quedan perdonados». La gente reacciona alabando a Dios: «Hoy hemos visto cosas admirables». También nosotros podemos experimentar hoy el perdón, la paz de Dios y la alegría interior si nos dejamos sanar por Jesús.

En la ciudad de Jericó, Jesús se aloja en casa de Zaqueo, rico y poderoso recaudador de impuestos. El encuentro con Jesús lo transforma: devolverá lo robado a tanta gente y compartirá sus bienes con los pobres. Jesús le dice: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa». Si dejamos entrar a Jesús en nuestra vida, hoy mismo podemos empezar una vida más digna, fraterna y solidaria.

Jesús está agonizando en la cruz en medio de dos malhechores. Uno de ellos se confía a Jesús: «Acuérdate de mí cuando estés en tu reino». Jesús reacciona inmediatamente: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». También el día de nuestra muerte será un día de salvación. Por fin escucharemos de Jesús esas palabras tan esperadas: «Descansa, confía en mí, hoy estarás conmigo para siempre».

Hoy comenzamos un año nuevo. Pero ¿qué puede ser para nosotros algo realmente nuevo y bueno? ¿Quién hará nacer en nosotros una alegría nueva? ¿Qué psicólogo nos enseñará a ser más humanos? De poco sirven los buenos deseos. Lo decisivo es estar más atentos a lo bueno que Jesús despierta en nosotros. La salvación se nos ofrece cada día. No hay que esperar a nada. Hoy mismo puede ser para mí un día de salvación.

José Antonio Pagola

Sagrada Familia, Domingo 31 de diciembre de 2017 – Koinonia

Eclo 3,2-6.12-14: El que teme al Señor honra a sus padres
Salmo 127: Dichoso el que respeta al Señor y sigue sus caminos
Col 3,12-21: Sopórtense y perdónense mutuamente
Lc 2,22-40: El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, [de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.]

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todo estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de su época y de la cultura greco-romana, la exhortación a virtudes como la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es siempre bienvenida

El evangelio de Lucas que hoy meditamos nos cuenta, dentro del género de los «relatos de la infancia», el rito de la presentación del niño en el Templo, celebrado también por los padres de Jesús. El fragmento de hoy concluye con unas palabras muy importantes, que, junto con otros pasajes paralelos de Mateo, proclaman el “progreso” en el “crecimiento” de Jesús «en edad, sabiduría y gracia, ante los hombres y ante Dios».

Tiempos hubo en que la «cristología vertical descendente», la que fue la cristología clásica, se veía en la necesidad de corregir estas palabras diciendo que, obviamente, Jesús no podía «crecer, progresar en sabiduría ni en gracia», porque ya era perfecto desde siempre… La cristología renovada, «ascendente» ahora, por el contrario, se fijó en estos versículos y los subrayó: sería el evangelio mismo el que nos estaría afirmando que Jesús «fue haciéndose», no sólo creciendo en edad, sino «en sabiduría» e incluso «en gracia».

Este evangelio, y sus paralelos, es, por ello muy importante, por cuanto nos insta a desvincularnos de los planteamientos griegos estáticos, metafísicos. La «encarnación» no se habría dado en un momento, como un chispazo de conexión instantánea entre dos «naturalezas», la divina y la humana, sino que, en todo caso, habría que pensarla como un proceso histórico.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con los demás. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdón. Así procede Dios con nosotros, dice Pablo. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v. 12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v. 14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v. 15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v. 50), como nosotros.

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”).

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 138 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Un viejo con esperanza». El audio, el guión y un comentario bíblico-teológico ad hoc pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/article/138-un-viejo-con-esperanza/

 

Domingo 4º de Adviento, Nochebuena y Navidad – Fray Marcos

(2 Sm 7,1-16) ¿Eres tú quien me va a construir una casa para habitar en ella?

(Rom 16,25-27) Gloria a Dios que ha revelado el misterio de Cristo, escondido.

(Lc 1,26-38) Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

La encarnación de Dios en Jesús es la clave. Si descubrimos a Dios encarnado una vez, podemos afirmar que Dios es encarnación.

Los textos que vamos a leer estos días están tomados del “evangelio de la infancia”. Debemos tomar conciencia del sentido no histórico de los textos. El anuncio del nacimiento de un hijo de dios, el nacimiento de madre virgen, el nacimiento en una gruta, los pastores adorando al niño, el intento de matar al niño, la huída después de un aviso, la muerte de los inocentes, el anuncio por medio de una estrella, la adoración de unos magos, etc. todos son relatos míticos ancestrales y ninguno es original del cristianismo.

El decir “mítico” no quiere decir “mentira”. Este es el primer error a superar. El mito es un relato que intenta desvelar una verdad radical que atañe al hombre entero y que no se puede explicar por medio de discursos racionales. Al decir que estos relatos son míticos,no estamos devaluando su contenido, sino todo lo contrario; nos estamos obligando a descubrir el significado profundo y vital que tienen. Lo nefasto es haber considerarlo los relatos míticos como crónicas de sucesos sin mayor alcance vital.

Todo esto lo ha descubierto la exégesis hace muchas décadas. No acabo de comprender por qué existe tanto miedo a que el pueblo conozca la verdad. ¿No nos dice el mismo evangelio que la verdad os hará libres? ¿O es que lo que nos asusta es esa libertad? Es verdad que la explicación del sentido profundo de estos textos no es sencilla, pero es precisamente esa dificultad la que debía espolearnos. He visto a la gente abrir ojos como platos cuando han comprendido la profundidad del mensaje.

En las lecturas de hoy destaca el contraste entre la actitud de David que, después de  hacerse un palacio, decide hacer un favor a Dios construyéndole un templo para que habite; y la actitud de María que ve solo la gratuidad de Dios para con ella. La humildad de María hace posible el acercamiento a Dios. La soberbia de David le aleja de Él. La lección es clara: Nosotros no podemos hacer nada por Dios, es Él quien lo hace todo por nosotros. Ni siquiera tenemos que comprar su voluntad a partir de sacrificios y oraciones.

Lo que Lc nos propone es la teología de la encarnación entendida desde el AT. Casi todas las palabras del relato hacen referencia a situaciones bíblicas. El evangelista acaba de narrar la concepción de Juan, que tiene como modelo la de Isaac. Para la concepción de Jesús, Lc toma como modelo la creación de Adán. Como Adán, Jesús nace de Dios mismo sin intermediarios; y como él va a ser el comienzo de una nueva humanidad. No es uno más de los grandes personajes de la historia de Israel. Esta es la clave de todo el relato.

Ángel=mensajero no tiene, en el AT, la misma connotación que tiene para nosotros. No debemos pensar en unos seres al servicio de Dios, sino en la presencia de Dios de una manera humana para que el hombre pueda soportarla. El pueblo de Nazaret no es nombrado en todo el AT; es algo completamente nuevo. Galilea era la provincia alejada del centro de la religiosidad oficial. La intervención divina en Jesús rompe con el pasado y va a constituir una auténtica novedad. Todo sucede lejos del templo y de la oficialidad.

La escena se desarrolla en una casa sencilla de un pueblecito desconocido. A una virgen= doncella, no ligada a la institución, sino completamente anónima. Ni tiene ascendencia ni cualidad alguna excepcional. De los padres de Juan acaba de hacer grandes elogios, de María, ninguno. Virgen no debemos entenderla según nuestro concepto actual. Se trata de una niña aun no casada. Alude a la absoluta fidelidad a Dios por oposición a la imagen del pueblo rebelde, tantas veces representado por los profetas como la adúltera o prostituta. María representa al pueblo humilde, sin relieve social alguno, pero fiel.

Alégrate, agraciada, el Señor está de tu parte. Alusión también a los profetas: “Alégrate hija de Sión, canta de júbilo hija de Jerusalén”. Es un saludo de alegría en ambiente de salvación. Cercanía de Dios a los israelitas fieles. Dios se ha volcado sobre ella con su favor. La traducción oficial, “llena de gracia”, nos despista, porque el concepto que nosotros ponemos detrás de la palabra “gracia” se inventó muchos siglos después. No se trata de la gracia (un ser divino), sino de afirmar que le ha caído en gracia a Dios.

Al contrario que en Mt, José, descendiente de David, no tiene papel alguno en el plan de salvación anunciado en Lc. María misma impondrá el nombre a Jesús = Salvador. No será hijo de David, sino del Altísimo. Ser Hijo, en el relato mítico, no significa generación biológica, sino heredar la manera de ser del padre y tener por modelo al Padre. No será David ni cualquier otro ser humano el modelo para Jesús, sino Dios. Jesús no puede tener padre humano, porque en ese caso tendría la obligación de obedecerle e imitarle.

El Espíritu Santo y la fuerza del Altísimo son lo mismo. Cubrir con su sombra hace referencia a la gloria de Dios que en el Génesis se representaba por una nube que cubría el campamento. Santo=Consagrado, Hijo de Dios, son designaciones mesiánicas. Consagrado  hace referencia siempre a una misión. El rey ungido era, desde ese instante, hijo de Dios. El Espíritu no actúa sobre el cuerpo sino sobre el ser de Jesús, dándole calidad divina. “De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu”, dice Jn. No es la carne de Jesús la que procede del Espíritu, sino su verdadero ser. Claro que Jesús fue ‘engendrado’ por obra del Espíritu, pero de un modo más profundo de lo que pensamos.

Aquí está la esclava del Señor. Hemos insistido tanto en los privilegios de María que hemos convertido en impensable la encarnación de Dios en alguien que no sea perfecto. Pablo nos habla del misterio escondido y revelado. El misterio mantenido en secreto por generaciones es que Dios es encarnación. Dios salva desde dentro de cada persona, no desde fuera con actos espectaculares. La buena noticia es una salvación que alcanza a todos. Misterio que está ahí desde siempre, pero que muy pocos descubren. No es que Dios realice la salvación en un momento determinado,  Dios no tiene momentos.

Cambia el concepto de Dios para el evangelista. El Dios que a través de todo el AT se manifiesta como el poderoso, el invencible, el dador de la muerte y la vida, pide ahora el consentimiento a una humilde muchacha para llevar a cabo la oferta más extraordinaria en favor de los hombres. Ese formidable cambio de la manera de concebir a Dios no es fácil de comprender. Una y otra vez hemos vuelto al Júpiter tonante, que está a nuestro favor y en contra de nuestros enemigos pero estará contra nosotros si le fallamos.

Dios se hace presente en la sencillez. Seguimos esperando portentos y milagros en los que se manifieste el dios que nos hemos fabricado. Ningún acontecimiento espectacular hace presente a Dios. Al contrario, en cualquier acontecimiento, por sencillo que sea, podemos descubrirlo. Somos nosotros los que ponemos a Dios allí donde lo vemos. Pascal dijo: “Toda religión que no predique un Dios escondido, es falsa”. Los budistas repiten: “Si te encuentras al Buda, mátalo”. Todo dios que percibimos viniendo de fuera, es un ídolo.

 

Meditación

La disponibilidad de María es la clave del mensaje.

Dejar hacer a Dios es descubrir lo que está haciendo.

Él lo está haciendo todo en cada instante.

Descubrir esta presencia activa,

es la esencia de toda vida espiritual auténtica.

No tienes que hacer nada ni conseguir nada.

En ti está ya la plenitud que quieres alcanzar.

 

Nochebuena (B)

(Is 9,2-7) La vara del opresor, el jugo de carga, el bastón, los quebrantaré

(Tit 2,11-14) Ha aparecido la gracia de Dios, que traerá la salvación para todos.

(Lc 2,1-14) En la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

Dios es siempre encarnación. No estamos celebrando un cumpleaños sino tratando de descubrir y vivir lo que está sucediendo.

El relato de Lc no es una crónica de sucesos, sino teología narrativa que es algo muy distinto. Hoy identificamos verdadero con histórico. En tiempo de Jesús era distinto y lo importante era la vida, no la historia. Jesús vivió en un momento y en un lugar histórico, Pero lo importante es que nos invitó a vivir la realidad de un Dios que no está atado a un tiempo ni a un espacio. Lo importante de este relato es la idea de Dios que transmite. La profundización no es nada fácil, porque exige una actitud personal de silencio y de escucha. Desde fuera, es muy poco lo que te puede ayudar a esta tarea.

Lo que deja claro el evangelista es, que Jesús se inserta plenamente en la historia universal, para que nadie pueda poner en duda su condición humana. Una censo oficial al que están sujetos como cualquier mortal, sus padres. Importa poco que los datos no sean exactos. Lo que nos interesa es la intención de Lc, es decir, conectar la buena noticia con Jesús que nace en un lugar y en un momento de la historia. A nosotros hoy lo que de verdad nos cuesta es descubrir al Jesús humano que nos pueda servir de modelo. Enfrascados durante siglos en la trascendencia, nos hemos olvidado de que no hay más divinidad que la que se manifiesta a través de la plenitud de un ser humano.

Ponernos en el lugar del que escribe es la clave para poder entender lo que nos quiere trasmitir. Para Lc, de mentalidad helenista, Dios está en el cielo. Si quiere hacerse presente, tiene que bajar. Viene a salvar a los pobres y empieza por compartir su condición. La salvación se hará desde abajo, pero para llevarla a cabo, Dios tiene que bajar primero. Pero solo lo encontrará el que está en camino, el que está buscando, el que está velando, no los que están satisfechos, instalados cómodamente en este mundo. No lo encontrarán en el bullicio de las relaciones sociales del día, sino en el silencio de la noche.

Los dioses, desde su trascendencia necesitan intermediarios. Estos se ponen en acción y quieren anunciar el acontecimiento. ¿Quién estará preparado para escucharlo? Solo los pastores, la profesión más despreciada y marginada de aquella sociedad. La salvación se anuncia en primer lugar a los oprimidos, a los que menos cuentan. Los demás están descansando, dormidos, cómodos; no necesitan ninguna salvación. Este dato es decisivo porque nosotros nos encontramos entre ese grupo que para nada necesita la salvación que el ángel anunció. Solo necesitamos que nos confirmen en nuestro bienestar.

El anuncio es ‘buena noticia’. El Dios verdadero es siempre buena noticia. La noticia es que Dios viene para salvarlos. “Os ha nacido un Salvador”. Puesta al día, la noticia sería que Dios está viniendo siempre hacia mí para darme plenitud. Los pastores salen corriendo. No será fácil encontrarlo. Alguna pista: Un niño en un pesebre (comedero) semidesnudo y entre pajas, él mismo es alimento (apuntando a la eucaristía). Está  acompañado por sus padres que no dicen nada. ¿Qué podrían decir? Cuando Dios decide enviar su Palabra a los hombres, resulta que nos envía a un niño que no sabe hablar.

Es importante el matiz de que la salvación es para todo el pueblo, no para los privilegiados del momento. No en Jerusalén, sino en la ciudad de David. Él viene a destronar a los poderosos, pero se presenta como uno de los pobres y oprimidos. Esto es la causa de la alegría en el cielo y de la alabanza a Dios en la tierra. Los pastores descubres con alegría la gran noticia y no tienen más opción que proclamarla. Entre los que escuchan, sorpresa. Dios se encuentra lejos de las instituciones, lejos del templo.

El evangelista no está dando los primeros datos de una biografía sino poniendo los fundamentos de una teología. Desde la perspectiva de una biografía, tendríamos que decir: No sabemos nada; ni dónde nació, ni cuando, ni como. Por el contrario, tenemos suficientes elementos de juicio para saber que no pasó nada extraordi­nario desde el punto de vista externo. Ni María ni José ni nadie se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo allí. Nació como todos los niños. Fue un niño normal. Cuando Jesús empezó su vida pública, decían sus vecinos: ¿No es este el hijo de José, su madre no se llama María? ¿De donde saca todo eso? En otra ocasión su madre y sus hermanos vinieron a llevárselo porque decían que estaba loco. ¿Se habían olvidado de los prodigios de su nacimiento?

Y sin embargo aquello era el comienzo de todo. Allí empezaba Jesús su andadura humana, que iba a ser capaz de hacer presente a Dios entre los hombres. Era Emmanuel (Dios-con-nosotros) y era Jesús (salvado). Nacimiento, vida y muerte de Jesús, forman una unidad inseparable. Es importante su nacimiento por lo que fue su vida y su muerte. Hizo presente a Dios, amando, dándose, entregándose a los demás. Eso es lo que es Dios. Salió a su Padre. Es Hijo de Dios. Como pasó con todos los grandes personajes anteriores a él, se hace la biografía de la infancia desde la perspectiva de su vida y “milagros”.

En el ambiente de la celebración de la Navidad hoy, lo más probable es que nos quedemos en las pajas y no vayamos al grano. La importancia del acontecimiento se la tengo que dar yo, aquí y ahora. Dios no tiene que venir de ninguna parte, ni puede estar en ninguna parte más que en otra. Dios está donde nosotros le descubrimos y le hacemos presente. Dios está donde hay amor. Allí donde un ser humano es capaz de superar su egoísmo y darse al otro. Allí donde hay comprensión, perdón, tolerancia, allí está Dios. Dios no será nada si yo no lo hago presente con mi postura ante los demás.

El único objetivo de esta fiesta es que aprendamos a amar. Que aprendamos a salir de nosotros mismos y seamos capaces de ir al otro. El verdadero amor es el resultado del nacimiento de Dios en mí, en todo ser humano, en todo niño recién nacido. No debemos cerrarnos al entorno familiar o afectivo. Debemos recordar también a aquellos niños o mayores que en este momento están muriendo de hambre o de cualquier enfermedad perfectamente curable. Mueren porque nosotros preferimos adorar un muñeco de cartón, antes que aceptar que cualquier recién nacido es divino porque en él reside Dios.

Todo lo que nos hace más humano debemos incorporarlo a la fiesta. La reunión con la familia, la comida, los encuentros y abrazos, todo puede ayudarnos a descubrir lo que somos como seres humanos y a manifestarlo con alegría. La fiesta cobrará sentido para todos en el momento que sepamos aunar lo humano y lo divino. Si unos y otros sabemos ir más allá de los mitos y folklores nos podemos encontrar celebrando la única realidad que debe interesarnos a todos: la VIDA que está en nosotros y espera ser desplegada. Merece la pena hacer un esfuerzo en estos días y dedicar tiempo a lo que nos debía interesar de verdad: ser hoy un poco más humanos que ayer pero menos que mañana.

 

Meditación

Lo que el silencio no diga, nadie te lo podrá dar.

Cuanto te venga de fuera, de nada te servirá.

En tu interior está el pozo donde tienes que beber.

Ninguna otra agua prestada llegará a apagar tu sed.

 

Navidad (B)

(Is 57,7-10)  Y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

(Heb 1,1-6) Ahora en esta etapa final nos ha hablado por el Hijo.

(Jn 1,1-18) En el principio ya existía la Palabra,… y Dios era la Palabra.

La Vida que había en la palabra es la misma que hay en mí. Esa vida es más importante que la biológica. Es la que debo desplegar al máximo.

En el evangelio de Lc que leíamos anoche encontramos un relato mítico-simbólico del nacimiento de Jesús. En el de Jn que acabamos de leer, afrontamos  un relato metafísico. Es casi imposible descubrir que hacen referencia al mismo ser. En ambos se quiere comunicar el misterio de la encarnación. En ambos, con lenguaje muy diverso, se nos quiere decir lo que es Dios. Pero lo que Dios es solo podemos conocerlo si descubrimos lo que es Jesús. Por eso es tan importante esta fiesta. Mientras más nos acerquemos al Jesús de Nazaret, mejor viviremos lo que él vivió.

El misterio de la encarnación no es cosa de niños, sino algo muy serio. Tan serio que en él nos va la Vida. Retomamos la idea central de la Navidad: La encarnación es la verdad fundamental del cristianismo, pero no siempre la hemos entendido bien. Estamos sin duda ante la página más sublime de toda la literatura universal que yo conozco. Se trata de un himno cristológico anterior a la redacción del evangelio, fruto de la experiencia de una comunidad eminentemente mística. Es una condensación de todo el evangelio. Es prólogo pero podía ser epílogo.

En la encarnación estamos celebrando que Dios se identifica con la creación entera. Los primeros cristianos vivieron la implicación de Dios en Jesús y en cada uno de los seres humanos. Algo incomprensible a la razón pero simple para el corazón. Cuando en el s. II se encontró el evangelio con la Razón griega, los Santos Padres trataron de explicarlo racionalmente y lo complicaron hasta hacerlo irreconocible. Esa complicación se plasmó definitivamente en los s. IV y V, hasta hacerlo inútil para la vivencia espiritual. Nuestra tarea es superar la racionalidad y volver a la vivencia.

El primer versículo nos dice ya tres cosas sobre Dios y el Logos: Que el Logos está en el origen (En el principio ya existía la Palabra). Que los dos estaban volcados el uno sobre el otro. (La Palabra estaba junto a Dios). Que, aunque distintos, uno y otro eran lo mismo (La Palabra era Dios).  No se trata de conceptos trinitarios posniceanos. Al comenzar con la misma palabra que el Génesis nos está diciendo que la encarnación no es el comienzo de algo nuevo, sino la culminación de la creación. El Logos no comenzó, porque es el origen de todo.  Luego se hace carne (comienza a ser en el tiempo) para terminar la creación del hombre.

La traducción de ‘Logos’ por Palabra no creo que sea la más adecuada, porque se pierde la originalidad del concepto que quiere trasmitir el texto. La palabra ‘Logos’ ya existía, pero el concepto que Jn transmite es nuevo. Esta palabra se encuentra por primera vez en Heráclito, s. VI a C, (precisamente en Éfeso, donde parece que se escribió este evangelio) y significaba la realidad permanente dentro del devenir de la realidad material. La utilizan los estoicos, Platón, y Filón de Alejandría que la emplea 1.200 veces; los evangelios solo 330. En el NT tiene un amplísimo significado: desde palabra engañosa hasta el sentido cristológico del prólogo que estamos comentando.

Repito que aquí el concepto es original; no deducible de las distintas tradiciones. No se repite más, ni siquiera en Jn. El concepto es incomprensible sin la experiencia pascual. Sin una profunda experiencia mística no se puede acceder al significado que se quiere expresar. Podíamos decir que es el Proyecto eterno que esa comunidad descubrió realizado en Jesús. Es muy interesante la expresión: «junto a Dios», en griego: vuelto hacia, volcado sobre. Expresa proximidad pero también distinción. Está en íntima unión por relación, pero no se confunde con Dios. Se deja un margen para el misterio. Este dato no siempre lo hemos tenido en cuenta.

Por medio de la Palabra se hizo todo”. En el AT Dios crea siempre por su Palabra. No se trata de un sonido que emite Dios. Otra vez tenemos que ir más allá del concepto primero. Nos está diciendo que el Logos es origen de todo. Con una redundancia, intenta llevarnos más allá de la misma palabra. Al margen de Dios y del Logos, no existe nada. No se trata solamente de lo que existe en el tiempo, sino de todo lo que existe en absoluto, material y espiritual.

Y la tiniebla no la recibió. El mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Esta insistencia tiene que hacernos reflexionar. En Jn se percibe esa lucha  incesante entre la luz y la tiniebla. Era una idea que flotaba en el ambiente de la época. En un escrito de Qunrám se dice: Que la luz no sea vencida por las tinieblas. Ni siquiera los suyos fueron capaces de descubrirla. Tenemos aquí el primer reproche al pueblo judío, que no fue capaz de ver en Jesús la Vida que podía llevarle a la comprensión de la ley.

Pero a cuantos la recibieron… Vemos que lo anterior era una exageración. Unos no la recibieron pero otros sí la recibieron. Se habla aquí de creer en sentido bíblico. No se trata de la aceptación de verdades sino de la aceptación de su persona. Sería: a los que confían en lo que significa Jesús y lo viven, Les da poder para ser hijos de Dios. Tenemos aquí la buna noticia. El que cree es engendrado como hijo de Dios. En Jn. se advierte una diferencia clara en el concepto de hijo cuando se dice de Jesús y cuando se dice de otros. Se descubre que Jesús es Hijo porque actúa como Dios, no porque conozcamos su naturaleza.

Y la Palabra si hizo carne. Meta de todo lo anterior. Se trata de una nueva presencia de Dios. Dios no está ya en el  templo, ni en la tienda del encuentro. Ahora está en Jesús. No se identifica Palabra y Jesús. Se deja una margen para el misterio. Para  la antropología semita hombre-carne, hombre-cuerpo, hombre-alma, hombre-espíritu, son aspectos de una solo realidad, el hombre. Se hizo hombre-carne; limitado pero susceptible de Espíritu. Se hizo carne, sin dejar de ser Logos, sin dejar de estar volcado sobre Dios se identifica con lo más bajo del hombre.

Los cristianos no hemos sido aún capaces de armonizar la trascendencia con la inmanencia en Dios y en nosotros. En nuestra estructura mental cartesiana, no cabe que una realidad sea a la vez inmanente y trascendente. Por eso nuestro lenguaje sobre Dios es siempre ambiguo. Dios está más allá que toda realidad, pero a la vez es el fundamento de todo porque está siempre encarnándose. En Jesús esa encarnación se manifestó absolutamente. De esa manera nos abrió el camino para vivirla nosotros. “Les da poder para ser hijos de Dios”.

 

 

 


 

 


 

 


 

Abendualdiko 4º Igandea ta Eguberri – Domingo 4º de Adviento y Navidad, José A. Pagola

-B (Lukas 1,26-38)

Evangelio del 24 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

POZIK ETA KONFIANTZAZ

Vatikano II.ak «Elizaren prototipo eta eredutzat» eman du Andre Maria, Jesu Kristoren Ama. Eta emakume apaltzat deskribatu du, Jainkoa konfiantzaz eta pozik entzuten duena bezala.

«Poztu zaitez». Horra Mariak Jainkoagandik entzun duen lehenengo gauza; gaur ere entzun beharko genukeena. Pozaren falta dugu geure artean. Sarritan kutsatzen gaitu Eliza zaharkitu eta ahituaren tristurak. Jesus ez da jada Berri On? Ez dugu sentitzen jada haren jarraitzaile izatearen poza? Poza falta denean, freskotasuna galtzen du fedeak, bihozkoitasuna galtzen da, fededunen arteko adiskidetasuna hozten da. Dena da zail bihurtzen. Premia gorrikoa da gure elkarteetan poza esnaraztea eta Jesusek ondare utzi digun bakea berreskuratzea.

«Jauna zeurekin duzu». Ez da erraza gaur eguneko Elizan pozik bizitzea. Soilik, Jainkoagan konfiantza baduzu lortuko duzu hori. Ez gara umezurtz. Bidelagun dugun Jainko Aitari deika ari gara egunero, defendatzaile dugun eta beti gizakiaren onaren bila dabilen Aitari deika. Jainkoa geurekin dugu beti.

Batzuetan hain nahasia eta galdua den Eliza hau, Ebanjeliora nola itzuli ez dakien hau, ez da bizi bera bakarrik. Jesus, Artzain Ona, gure bila dabil. Haren Espiritua gu nola erakarriko dabil; haren hatsa eta ulermena geurekin ditugu. Jesusek ez gaitu utzi bertan behera. Harekin dena da posible.

«Ez beldur izan». Beldur askok zurruntzen gaitu Jesusen jarraitzaileok. Beldurra mundu modernoari eta fedea galdu duen gizarteari. Beldurra ziurtasunik gabeko geroari. Beldurra Ebanjeliora bihurtzeari. Kalte handia ari zaigu egiten beldurra. Etorkizunerantz esperantzaz bide egitea eragozten digu. Iragana agor gordetzera mugatzen gaitu. Ugalduz doaz gure mamuak. Galduz doa errealismo sanoa eta ebanjelioaren zentzua.

Premia gorrikoa da konfiantzaren Eliza eraikitzea. Jainkoaren ahala ez da agertzen Eliza boteretsuan, baizik umilean. Geure elkartean entzun beharra dugu Mariak entzun dituen hitz hauek: «Ez beldur izan».

«Seme bat izango duzu eta Jesus izena ezarriko». Andre Mariari bezala, guri ere egiteko bat eman digu Jainkoak: gau ilunean argi egiten esku hartzea. Ez zaigu eskatu mundua juzgatzea, baizik eta esperantza ereitea. Gure egitekoa ez da itzaltzear den argizari punta erabat itzaltzea, baizik eta fedea piztea, jende askorengan ernetzear dena: gaurko gizon-emakumeei Jesus aurkitzen lagundu behar diegu.

Geure elkarteetatik, gero eta txikiago eta umilago diren horietatik, mundu sanoago eta anai-arreba artekoago baten legamia izan gintezke. Esku honetan gaude. Jainkoa ez du krisiak jo. Gu geu gara Jesusi pozik eta konfiantzaz jarraitzera ausartzen ez garenak. Mariak gure eredu izan behar du.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Domingo 4º de Adviento

Evangelio del 24 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

CON ALEGRÍA Y CONFIANZA

El Concilio Vaticano II presenta a María, Madre de Jesucristo, como «prototipo y modelo para la Iglesia», y la describe como mujer humilde que escucha a Dios con confianza y alegría. Desde esa misma actitud hemos de escuchar a Dios en la Iglesia actual.

«Alégrate». Es lo primero que María escucha de Dios y lo primero que hemos de escuchar también hoy. Entre nosotros falta alegría. Con frecuencia nos dejamos contagiar por la tristeza de una Iglesia envejecida y gastada. ¿Ya no es Jesús Buena Noticia? ¿No sentimos la alegría de ser sus seguidores? Cuando falta la alegría, la fe pierde frescura, la cordialidad desaparece, la amistad entre los creyentes se enfría. Todo se hace más difícil. Es urgente despertar la alegría en nuestras comunidades y recuperar la paz que Jesús nos ha dejado en herencia.

«El Señor está contigo». No es fácil la alegría en la Iglesia de nuestros días. Solo puede nacer de la confianza en Dios. No estamos huérfanos. Vivimos invocando cada día a un Dios Padre que nos acompaña, nos defiende y busca siempre el bien de todo ser humano. Dios está también con nosotros.

Esta Iglesia, a veces tan desconcertada y perdida, que no acierta a volver al Evangelio, no está sola. Jesús, el Buen Pastor, nos está buscando. Su Espíritu nos está atrayendo. Contamos con su aliento y comprensión. Jesús no nos ha abandonado. Con él todo es posible.

«No temas». Son muchos los miedos que nos paralizan a los seguidores de Jesús. Miedo al mundo moderno y a una sociedad descreída. Miedo a un futuro incierto. Miedo a la conversión al Evangelio. El miedo nos está haciendo mucho daño. Nos impide caminar hacia el futuro con esperanza. Nos encierra en la conservación estéril del pasado. Crecen nuestros fantasmas. Desaparece el realismo sano y la sensatez evangélica.

Es urgente construir una Iglesia de la confianza. La fortaleza de Dios no se revela en una Iglesia poderosa, sino humilde. También en nuestras comunidades hemos de escuchar las palabras que escucha María: «No temas».

«Darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús». También a nosotros, como a María, se nos confía una misión: contribuir a poner luz en medio de la noche. No estamos llamados a juzgar al mundo, sino a sembrar esperanza. Nuestra tarea no es apagar la mecha que se extingue, sino encender la fe que, en no pocos, está queriendo brotar: hemos de ayudar a los hombres y mujeres de hoy a descubrir a Jesús.

Desde nuestras comunidades, cada vez más pequeñas y humildes, podemos ser levadura de un mundo más sano y fraterno. Estamos en buenas manos. Dios no está en crisis. Somos nosotros los que no nos atrevemos a seguir a Jesús con alegría y confianza. María ha de ser nuestro modelo.

José Antonio Pagola


 

Jaunaren Jaiotza (Eguberri) – Natividad del Señor, José A. Pagola

-B (Lukas 2,1-14)

Evangelio del 25 / Dic / 2017

por Coordinador – Mario González Jurado

GANBELA BATEAN

Lukasen kontaeraren arabera, Aingeruak artzainei ekarritako mezuak eskaintzen digu giltza gaurko misterio hau fedetik irakurri ahal izateko; alegia, Betleemetik kanpo inguruabar arraroetan jaio den haurraren misterioa irakurtzeko.

Gaua da. Argi ezezagun batek egiten du dirdira, Betleem estaltzen duen ilunean. Argia ez da jaitsi haurra dagoen lekura, baizik eta haren mezua entzuten ari diren artzainak bildu ditu. Haurra ezkutuan dago ilunpean, leku ezezagun batean. Ahalegin bat egin beharra da hura aurkitzeko.

Hona entzun behar ditugun lehenengo hitzak: «Ez beldur izan. Berri ona dakarkizuet: poz handia herri guztiarentzat». Egundoko gauza da gertatu dena. Guztiok dugu alaitzeko arrazoia. Haur hori ez da Mariarena eta Joserena. Guztiontzat jaio da. Ez da jende pribilegiatu batena. Jende guztiarentzat da.

Kristauek ez genituzke hartu behar jai hauek geureak bailiran. Fedez jarraitu diotenena da Jesus eta hartaz ahaztu direnena, Jainkoagan konfiantza dutenena eta dena koloka jarri dutenena. Inor ez dago bakarrik bere beldurren aurrean. Inor ez dago bakarrik bere bakardadean. Bada gu guztiok gogoan gaituen norbait.

Horixe aldarrikatu du mezulariak: «Salbatzailea jaio zaigu gaur; Mesias, Jauna». Ez da Augusto enperadorearen semea, mundua dominatzen duen horrena, ez da jendeak salbatzailetzat eta bere soldadu-legioen bidez bakearen ekarletzat hartu duen horrena. Boteretsu baten jaiotza ez da berri on, jende ahula abusu-mota guztien biktima den munduan.

Inperioak mendean duen herri batean jaio da haur hau. Ez da erromatar hiritarra. Inor ez dago Erroman haur hau jaio zain. Baina behar dugun salbatzailea da. Ez da jarriko inongo Zesarren zerbitzura. Ez du lan egingo inongo inperiorentzat. Gizon egin den Jainkoaren Semea da. Soilik, Jainkoaren erregetza bilatuko du eta haren zuzentasuna. Bizitza gizatarrago egiteko biziko da. Honengan aurkituko du gure mundu zuzengabe honek Jainkoaren salbazioa.

Non dago, ordea, haur hau? Nola antzeman ahal diogu? Hona zer dioen mezulariak: «Hona seinalea: haur bat aurkituko duzue, oihaletan bildua, ganbela batean etzana». Zokoratu bat bezala jaio da haur hau. Gurasoek ezin aurkitu izan diote leku erosorik. Inoren laguntzarik gabe munduratu du amak. Bera bakarrik baliatu da ama, ahal bezala, haurra oihaletan bildu eta ganbelan etzateko.

Ganbela honetan hasi du Jainkoak bere abentura, gizakion artean. Ez dugu aurkituko boteretsuen artean, baizik ahulen artean. Ez dago gauza handi-mandi eta ikusgarrietan, baizik eta gauza pobre eta xumeetan. Goazen Betleemera; itzul gaitezen geure fedearen sustraietara. Bila dezagun Jainkoa haragi egin den leku hartan.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarai


EN UN PESEBRE

Según el relato de Lucas, es el mensaje del ángel a los pastores el que nos ofrece las claves para leer desde la fe el misterio que se encierra en un niño nacido en extrañas circunstancias en las afueras de Belén.

Es de noche. Una claridad desconocida ilumina las tinieblas que cubren Belén. La luz no desciende sobre el lugar donde se encuentra el niño, sino que envuelve a los pastores que escuchan el mensaje. El niño queda oculto en la oscuridad, en un lugar desconocido. Es necesario hacer un esfuerzo para descubrirlo.

Estas son las primeras palabras que hemos de escuchar: «No temáis. Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo». Es algo muy grande lo que ha sucedido. Todos tenemos motivo para alegrarnos. Ese niño no es de María y José. Nos ha nacido a todos. No es solo de unos privilegiados. Es para toda la gente.

Los cristianos no hemos de acaparar estas fiestas. Jesús es de quienes lo siguen con fe y de quienes lo han olvidado, de quienes confían en Dios y de los que dudan de todo. Nadie está solo frente a sus miedos. Nadie está solo en su soledad. Hay Alguien que piensa en nosotros.

Así lo proclama el mensajero: «Os ha nacido hoy un Salvador: el Mesías, el Señor». No es el hijo del emperador Augusto, dominador del mundo, celebrado como salvador y portador de la paz gracias al poder de sus legiones. El nacimiento de un poderoso no es buena noticia en un mundo donde los débiles son víctima de toda clase de abusos.

Este niño nace en un pueblo sometido al Imperio. No tiene ciudadanía romana. Nadie espera en Roma su nacimiento. Pero es el Salvador que necesitamos. No estará al servicio de ningún César. No trabajará para ningún imperio. Es el Hijo de Dios que se hace hombre. Solo buscará el reino de de su Padre y su justicia. Vivirá para hacer la vida más humana. En él encontrará este mundo injusto la salvación de Dios.

¿Dónde está este niño? ¿Cómo lo podemos reconocer? Así dice el mensajero: «Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». El niño ha nacido como un excluido. Sus padres no le han podido encontrar un lugar acogedor. Su madre le ha dado a luz sin ayuda de nadie. Ella misma se ha valido como ha podido para envolverlo en pañales y acostarlo en un pesebre.

En este pesebre comienza Dios su aventura entre los hombres. No le encontraremos entre los poderosos, sino en los débiles. No está en lo grande y espectacular, sino en lo pobre y pequeño. Vayamos a Belén; volvamos a las raíces de nuestra fe. Busquemos a Dios donde se ha encarnado.

José Antonio Pagola



 

Domingo 4º de Adviento y Navidad, 24 y 25 de diciembre de 2017 – Koinonia

2Sam 7,1-5.8b-12.14a.16: El reino de David durará por siempre
Salmo 88:
Cantaré eternamente tus misericordias, Señor
Rom 16,25-27:
El misterio ahora se ha manifestado
Lc 1,26-38:
Concebirás y darás a luz un hijo

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le podrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La lectura del segundo libro de Samuel cuenta que deseando David edificarle una casa (un templo) a Yahvé en Jerusalén (para que sustituir la tienda de campaña en que había sido venerado por aquel pueblo itinerante), Yahvé se dirigió al profeta Natán, para comunicarle que sería al revés: Yahvé le edificará la «casa a David», le constituirá en el poder como una dinastía perpetua. V. 13: «consolidaré tu trono para siempre». V. 16: «Tu casa y tu monarquía durarán para siempre en mi presencia; tu trono permanecerá para siempre». V. 9: «Yo he estado contigo en todas tus empresas, he aniquilado a todos tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra». Por toda esta elaboración teológica creada en torno a la figura de David, éste pasó a ser para los israelitas el rey más grande de toda su historia, una figura que se coloca sólo por detrás de Moisés y del profeta Elías. David viene a ser casi un nuevo patriarca, padre de la gran dinastía de Israel, como Abraham lo sería del pueblo. Con esa promesa divina la figura de David se carga de futuro: un «hijo de David» saldrá de sus entrañas como el Mesías de la nueva Liberación… Todavía hoy, la bandera de israel es… la estrella de David.

En aquel contexto, los primeros seguidores de Jesús –aunque no necesariamente los primeros estadios históricos del movimiento de Jesús, sino la reflexión de los grupos posteriores, hubieron necesariamente de asumir ese concepto para viabilizar su comprensión de Jesús: Él sería el Hijo de David, el Mesías enviado, en el que se cumple la promesa hecha a David, que quedó hecha añicos cuando Judá fue vencido y desterrado. Jesús será verdaderamente aquel «cuyo reino no tendrá fin», como rezamos en el credo.

Pero cabe preguntar: todo lo que dice la Biblia sobre David, ¿es verdad histórica o elaboración teológica? Quien más nos puede ayudar hoy es la más reciente arqueología bíblica. ¿Qué nos dice ésta? En una síntesis muy apretada nos dice que a pesar de ese versículo 9 más arriba citado –te haré famoso como los más famosos de la tierra– no tenemos más que un solo testimonio extrabíblico sobre David: un fragmento de una inscripción encontrada en Dan –extremo norte de Israel– que testimonia que un rey ha vencido a la «casa de David», sin que sepamos bien a qué hecho se refiere. No aparece el nombre de David en ningún documento de Mesopotamia, ni de Egipto ni de los pueblos circundantes (peor parte lleva Salomón, que no es citado absolutamente por ningún documento extrabíblico). La arqueología actual piensa que el David que tal vez existió, tendría muy poco que ver con el grandioso rey de un poderoso reino que la Biblia nos pinta. Los restos de la Casa de David, actualmente todavía en estado de excavación en Jerusalén, confirman palmariamente esa opinión.

Hoy la arqueología y la historia creen que toda esta parte de la Biblia ha sido escrita, en un primer momento, durante el tempo del rey Josías, que capitanea el Reino de Judá después de que el Reino de Israel haya sido deportado por los babilonios, y necesita aprovechar el momento para expandir el reino del sur, Judá, y para ello necesita echar mano de una historia de «monarquía unida», a la que habría que volver, y unir a todos aquellos territorios dispersos en un único reino panisraelita. Para ello escribieron este libro dedicado enteramente a David, como también la historia de la conquista, en la que Josué figura claramente como el anticipo de Josías, a quien estaría legitimando en sus deseos de expansión por aquellos mismos territorios supuestamente antes conquistados.

El tema es más que interesante: sorprendente (siempre habíamos pensado otra cosa, durante más de dos mil años), desafiante (para el judaísmo, para el cristianismo, para el Estado mismo de Israel…), y para todos nosotros, creyentes que hemos estado pensando desde siempre que estábamos respondiendo a una actuación bien conocida de Dios en nuestra historia. Si la ciencia (historia, arqueología…) nos dicen que ese «relato» no es histórico, que es construido, y que tiene otras explicaciones, sin duda algo entra en crisis y necesita ser repensado.

Estamos en la Navidad, y algo semejante podríamos decir sobre este símbolo: hoy sabemos que Jesús no nació en Belén (de donde procedería simbólicamente el Hijo de David), ni nació el 25 de diciembre (aunque hay que tirar del hilo sobre el significado de esa fecha que se escogió), y que el llamado «evangelio de la infancia», del que hoy leemos un fragmento es también una sofisticada elaboración teológica, no una literal descripción histórica.

Lo que dicen hoy la arqueología y la historia no es baladí, ni es algo que «yo ya lo había oído», como dicen los que no quieren reconocer que estamos en un nuevo nivel de probabilidad científica. Es un momento nuevo. Toda la historia de los patriarcas, de la salida de Egipto y de la entrada en Canaán han sido reenviadas al reino de la leyenda. Podemos seguir creyendo, pero ha de ser sobre otras bases, diferentes.

Obviamente, no es éste el lugar para desarrollar este tema, pero sí lo es para recomendarnos vivamente a todos la necesidad de estudiarlo y, sobre todo, replantear las bases de nuestra fe. También la Navidad, con todo ese gran conjunto de sentimientos embargadores, recuerdos familiares, imágenes entrañables… que nos evocan enseguida la vivencia religiosa de nuestra infancia, es un tiempo bueno para replantearnos la fe: ¿en qué pues estamos creyendo? ¿En qué consiste creer? ¿Se trata de creer realmente? ¿Cómo entiendo yo a estas alturas de mi vida la fe cristiana que embargaba mis sentimientos cuando la vivía en el medio familiar siendo niño/a? El tema del desafío de la arqueología/historia está ahí, y no son muchos quienes se atreven a afrontarlo. Tal vez estos días con una oportunidad especial para abordar esa tarea.

Aquí daremos sólo una indicación, que incluye bastante bibliografía (accesible) que permite ahondar y ensanchar el pensamiento. Ojalá lo puedan hacer en grupo, en la comunidad. El texto es: «Nuevo paradigma arqueológico-bíblico». En la red, en pdf, puede recogerse en https://goo.gl/x9YcxD Como htm puede leerse en el número 442 de la RELaT (Revista Latinoamericana de Teología), de los servicios Koinonía (www.servicioskoinonia.org/relat/442.htm). Para más bibliografía sobre este nuevo paradigma (y otros), véase servicioskoinonia.org/BibliografiaNuevosParadigmas.pdf

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 131 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «Un niño va a nacer». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí:https://radialistas.net/article/131-un-nino-va-a-nacer/

 

Natividad del Señor, 25 de diciembre de 2017 – Koinonia

Is 52,7-10: Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios
Salmo responsorial 97: Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios
Heb 1,1-6: Dios nos ha hablado por el Hijo
Jn 1,1-18: Prólogo del evangelio de Juan

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Inauguramos hoy el tiempo de Navidad, celebrando la fiesta del nacimiento de Jesús, celebración de júbilo y alegría para los cristianos, quienes lo reconocemos como iniciador de un camino religioso universal ofrecido por Dios a toda la Humanidad.

La lectura del libro de Isaías es un canto de alabanza de la próxima liberación de Jerusalén. Dos imágenes enmarcan la lectura, por una parte la de los mensajeros que sobre los montes de Judá traen la noticia de la próxima liberación, y gritan: ¡Yahvé reina! La segunda imagen es la de los centinelas que prorrumpen en júbilo porque ven el retorno de Yahvé a Sión y exclaman alborozados como el Señor ha consolado a su pueblo y ha rescatado a Jerusalén. Y es que en el momento en que se escribe el libro de Isaías, la mayoría del pueblo de Israel se encuentra exiliado en Babilonia, son esclavos de los asirios. Sin embargo, ven como muy positivo que Darío asuma el poder, pues ponen sus esperanzas en que el será el rescatador, que les permitirá retornar a su tierra. Esta realidad es inminente por lo que el escritor canta la alegría del retorno a la tierra. Para nosotros, hoy, esos pies del mensajero anuncian el nacimiento del Señor y nosotros, como los centinelas, proclamamos alegres la presencia del salvador que se hace vida en medio de nosotros.

El salmo responsorial corresponde a un himno de alabanza dirigido a Yahvé porque ha obrado maravillas y porque ha revelado la justicia a las naciones acordándose de la lealtad de Dios a Israel. El salmista invita a toda la creación (mar, ríos y montes) a aclamara Yahvé que llega a juzgar el mundo con justicia y los pueblos con equidad. Esa felicidad la compartimos nosotros con el salmista cuando recibimos a Jesús que llega, que nace. Él es Dios mismo que se convierte en Buena Noticia, anuncio de salvación para todos los pueblos, que asume nuestra condición humana y por ello estamos alegres y cantamos llenos de júbilo y esperanza.

La carta a los Hebreos, que está tratando de animar a cristianos-hebreos desanimados, elabora su reflexión, a su estilo. Expresa que «muchas veces y de múltiples maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas, pero en estos últimos tiempos nos habló por medio de su Hijo a quien instituyó heredero de todo»… Hermanos, estamos en los últimos tiempos pues la revelación a llegado a su plenitud en Jesucristo. Él es imagen de Dios invisible: quien le ve a él ve al Padre; pues al asumir la condición humana y al nacer en un establo, como un hombre pobre, Dios se ha manifestado como solidario con todos los hombres de la tierra y por medio de Jesús ha mostrado el camino de la salvación. Es, obviamente, un modo de expresarse, un lenguaje de aquella época y en contexto teológico judeo-cristiano, tan alejado culturalmente de nosotros, en el que se mueve el autor.

La liturgia de hoy, además, nos propone el prólogo del evangelio de Juan para la reflexión. Este himno al Verbo-Palabra de Dios, a la Verdad, a la Luz, que es Jesús mismo; posee una dinámica descendente. En el principio la Palabra se encuentra al lado de Dios y por ella son hechas todas las cosas. Es la Palabra preexistente, junto a Dios y antes de todos lo tiempos. Esta Palabra, que es Jesús puso su Morada entre nosotros, se hace carne, asume la condición humana, se hace uno de nosotros y por que él nos ha comunicado al Padre hemos visto a Dios. Juan vino a dar testimonio de Jesús, le preparó el camino, vino antes para anunciar la venida del Salvador. Vino la Luz que es Jesús y los suyos, que el evangelio de Juan llama judíos no lo recibieron, pero a los que le acogieron les dio el poder de hacerse hijos de Dios en el Hijo (hermanos). Como se ve es un texto teológico muy profundo, en él se expresa el misterio de la encarnación. Dios se hace hombre, asume la temporalidad y limitación de los hombres, para hacer infinito e ilimitado al hombre. Dios se hace hombre, para hacer del hombre imagen de Dios.

Esta es la misma dinámica que estamos invitados a asumir en nuestra vida como cristianos, encarnarnos, asumir los valores y realidades de los lugares donde vivimos; mirar hacia abajo, a los que son vistos por la sociedad como poca cosa, y reconocer que en ellos la revelación de Dios acontece a los ojos del creyente. Buscamos las seguridades en nuestras vidas, pero la novedad de la encarnación de Jesús es el riesgo de abandonar la seguridad del Padre para asumir la inseguridad de la condición humana y de la condición humana pobre, por eso es que creer en Jesús implica el riesgo de dejarlo todo para seguirle.

El evangelio de hoy no es dramatizado en la serie «Un tal Jesús», pero es fácil escoger algún episodio de la serie relacionado con la Navidad (https://radialistas.net/category/un-tal-jesus/).

Otra serie de los Hnos LÓPEZ VIGIL, «Otro Dios es posible», ofrece varias «entrevistas a Jesús» sobre temas que se pueden utilizar pedagógicamente en torno a la Navidad: ¿Nació en Belén? (4), ¿25 de diciembre? (5), ¿Ángeles, reyes y estrellas? (6), ¿Cómo dio a luz María? (7), ¿Hermanos de Jesús? (9), ¿Anunciación a María? (11), ¿María Virgen? (12), ¿José, esposo de María? (13)… u otros, según las características del grupo que lo va a trabajar. Pueden verse fácilmente las 100 entrevistas, aquí:https://radialistas.net/category/otro-dios-es-posible/


 

Domingo 3º de Adviento – Fray Marcos

(Is 61,1-11) El Espíritu está sobre mí. Me ha enviado para dar la buena noticia.

(1 Tes 5,16-24) Estad alegres. No apaguéis el espíritu. Quedaros con lo bueno.

(Jn 1,6-8,19-28) Yo soy la voz. Yo bautizo con agua…

 

Solo soy un espejo pero que puede reflejar toda la Luz. Lo importante de ti no es lo que eres, sino lo que reflejas de Dios.

Las lecturas nos invitan a repensar nuestra condición de criaturas, limitadas pero con posibilidades infinitas. El tono es de alegría. La verdadera alegría nace del descubrimiento de lo que somos en Dios. No solo tenemos derecho a estar alegres, sino que tenemos la obligación de ser alegres. Puede ser interesante hablar de la alegría justo en este momento que estamos preparando la Navidad. ¿Qué alegría buscamos en esta fiesta?

El primer paso sería diferenciar el placer y el dolor de la alegría y la tristeza. El placer y el dolor son mecanismos que la evolución ha desplegado para asegurar nuestra supervivencia como individuos y como especie. Son respuestas automáticas del organismo ante lo que es bueno o perjudicial para nuestra biología. Si el contacto con el fuego no me produjera dolor, me abrasaría sin poner remedio alguno.

El placer que nos proporciona la biología no es malo. Pero las necesidades de placer no tienen límite y nunca quedan satisfechas. Debemos encontrar otro camino para desplegar una vida feliz. Esa alegría es la clave para alcanzar la felicidad de permanece en el tiempo. La alegría es un estado que debemos alimentar desde dentro. Nacerá de un verdadero conocimiento de nuestro ser y de la estructura de nuestra psicología.

Una alegría que perdure tiene que estar fundamentada en nuestro ser profundo, no en lo accidental que podemos tener hoy y perder mañana. No se puede apoyar en la riqueza, en la fama, en los honores; realidades que vienen de fuera de nosotros mismos. Pero tampoco se puede apoyar en la salud, en la belleza, en el cuerpo, porque también esas realidades son efímeras y antes o después las perderemos.

Nuestra principal tarea como seres humanos es descubrir ese verdadero ser y vivir desde la perspectiva de su realidad inconmovible. Entonces nuestra alegría será completa y nuestra felicidad absoluta y duradera. El ser felices o desgraciados no depende de las circunstancias que nos rodean, sino de la manera como cada uno respondemos a esas influencias de lo externo y de lo interno.

Es probable que el versículo 6 fuera el principio del evangelio de Jn. Muchos libros del AT comienzan así: “Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba…” Los otros 10 versículos son la continuación del prólogo y nos narran una  misión de los “judíos”. Da por supuesto que el lector conoce lo que el Bautista hacía en el desierto de Judea. Empieza con el interrogatorio al que le someten los enviados. Eran los responsables del orden, por tanto no tiene nada de extraño que se preocupen por lo que está haciendo.

La pregunta es simple: ¿Tú quién eres? Existían varias figuras mesiánicas. La principal era el Mesías, pero también la de un profeta escatológico (como Moisés). La de Elías que volvería. Juan atrajo mucha gente a oír su predicación y a participar en su bautismo. La pregunta quería decir: ¿Con cuál de las figuras mesiánicas te identificas? La respuesta es también sencilla: Con ninguna: No soy el Mesías ni Elías ni el Profeta. No quedan satisfechos y le exigen que defina su papel. La respuesta es también simple: Soy una voz.

Allanad el camino al Señor. Es el grito de todo profeta. Esto es lo que nos dice Jesús por activa y por pasiva. Lo que debemos tener en cuenta hoy es que “el Señor” no tiene que venir de fuera, sino dejarle surgir desde dentro. Con esta salvedad, esta sugerencia sigue siendo la clave de toda religiosidad. ¿Cómo conseguirlo? Apartando de nosotros todo lo que impide esa manifestación de lo divino en nosotros, el egoísmo e individualismo.

Entonces, ¿por qué bautizas? No se identifica con ninguno de los personajes previsibles, pero se siente enviado por Dios. La pregunta lleva en sí una acusación. Es un usurpador. El hecho de bautizar estaba asociado a una de las tres figuras anteriores. Consideran su bautismo como un movimiento en contra de las instituciones. En realidad era el símbolo de una liberación de las autoridades.

Yo bautizo con agua. La justificación de su bautismo es humilde. Se trata de un simple bautismo de agua. El que ha de venir bautizará en espíritu santo. Esta distinción entre dos bautismos, agua y Espíritu, es típicamente cristiana, se trae a colación para dejar, una vez más, bien clara la diferencia entre el bautismo de Juan y el cristiano.

Entre vosotros hay uno que no conocéis. El bautista habla de una presencia velada que no es fácil de descubrir. Es el recuerdo de lo que les costó conocer a Jesús. Esa dificultad permanece hoy. Incluso los que repetimos como papagayos que Jesús es Hijo de Dios, no tenemos ni idea de quién es Dios y quién es Jesús. Ni lo tenemos como referente ni significa nada en nuestras vidas. En el mejor de los casos, lo único que nos interesa es la doctrina, la moral y los ritos oficiales para alcanzar una seguridad externa.

Para entender la relación entre la figura del Bautista y Jesús es imprescindible que nos acerquemos a la narración sin prejuicios. Para nosotros esto no es nada fácil, porque lo que primero que hemos aprendido de Jesús es que era el Hijo de Dios, o simplemente que era Dios. Desde esta perspectiva, no podremos entender nada de lo que pasó en la vida real de Jesús. Este juicio previo (prejuicio) distorsiona todo lo que el evangelio narra.  Lc dice que Jesús crecía en estatura, en conocimiento y en gracia ante Dios y los hombres.

Jesús desplegó su vida humana como cualquier otro ser humano. Como hombre, tuvo que aprender y madurar poco a poco, echando mano de todos los recursos que encontró a su paso. Fue un hombre inquieto que pasó la vida buscando, tratando de descubrir lo que era en su ser más profundo. Su experiencia personal le llevó a descubrir dónde estaba la verdadera salvación del ser humano y entró por ese camino de liberación. Si no entendemos que Jesús fue plenamente hombre, es que no aceptamos la encarnación.

Es comprensible que los primeros cristianos no se sintieran nada cómodos al admitir la influencia de Juan Bautista en Jesús. Esta es la razón por la que siempre que hablan de él los evangelios hacen referencia al precursor, que no tiene valor por sí mismo sino en virtud de la persona que anuncia. A pesar de ellos tenemos muchos datos interesantes sobre Juan Bautista. Incluso de fuentes extrabíblicas. El primer dato histórico sobre Jesús que podemos constatar en fuentes no bíblicas es el bautismo de Jesús por Juan.

Jesús aceptó la propuesta de Juan, pero no renunció a seguir buscando. Eso le llevó a distanciarse de él en muchos puntos. Están de acuerdo en que no basta la pertenencia a un pueblo ni los rituales externos para salvarse. Es necesaria una actitud interior de apertura a Dios que se traduzca en obras. Pero hay diferencias. Juan no predicaba una buena noticia, sino una estrategia para escapar del castigo. Jesús predica una buena noticia para todos. Enseña la manera de participar del amor, no a escapar de la ira.

 

Meditación

“No era él la luz, sino testigo de la luz”.

La luz física no puede ser percibida directamente.

El ojo ve los objetos que reflejan la luz que los alcanza.

El ser humano Jesús, tampoco era la Luz,

Pero dejaba ver con toda claridad la Luz que es Dios.

La Luz te está alcanzando siempre. ¡Refléjala!