Navidad (A) – Fray Marcos

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(Jn 1,1-18)

Dios se encarnó en Jesús, luego es en carnación. Se está encarnando siempre y en todos.

Anoche nos hablaban de un Niño, del pesebre, de pastores, de ángeles. En esta mañana de Navidad nos habla del Verbo, Palabra preexistente, de Dios eterno y trascendente. Es una prueba más de que nos encontramos ante algo indecible. Curiosamente termina diciendo exactamente lo mismo: y la PALABRA se hace carne, Niño.

Los dos relatos, como buenos subalternos, te colocan ante el misterio, pero el que tienes que torearlo eres tú. Solo tú puedes adentrarte en la realidad que está en ti, “más dentro de ti mismo que lo más íntimo de ti mismo”, como decía Agustín. Pero está ahí, y solo tú puedes descubrir ese tesoro y disfrutar de él y hacer que los demás también lo vean.

La encarnación solo tiene realidad dentro de ti, como solo tuvo realidad dentro de Jesús, no fuera en acontecimientos o fenómenos externo. Solamente dentro de ti y dentro del otro lo podrás encontrar. Buscarlo en otra parte es engañarte. El habernos convencido de que Dios está en la estratosfera y puntualmente en Jesús ha arruinado nuestra Vida.

Un señor que pasaba, ve a su vecino que está buscando algo enfrente de su casa. ¿Qué es lo que has perdido? La llave de mi casa. Yo te ayudaré a encontrarla. Pasa media hora y la llave no aparece. ¿Pero dónde la has perdido? Dentro de casa. ¿Entonces por qué la estás buscado aquí? Es que aquí hay más luz… Si no descubro lo que hay de Dios en mí, jamás lo descubriré ni en los acontecimientos ni en los demás ni en Jesús.

Aunque el domingo segundo de Navidad volvemos a leer este evangelio, voy a adelantar una frase: “kai Theos en o Lagos” y en latín: “et Deis erat Verbum”. La traducción puede ser: “y Dios era la Palabra” o “un ser divino era el proyecto”, puesto que en esta frase “Theos” no lleva artículo. En castellano también podemos traducir: “y la Palabra era Dios”.

Tomemos conciencia de que no se explica lo que es la Palabra por lo que es Dios, sino al revés, Se explica lo que es Dios por lo que es la Palabra, manifestada en un hombre, Jesús. Dios es el que se hizo hombre, y si se hizo hombre en Jesús, es que se hace hombre en todos los seres humanos. Verlo solo en Jesús es quedarse a medio camino.

Tomemos conciencia de que, si es Jesús el que se hace Dios, nosotros quedaremos al margen de lo que allí pasó. El despiste está asegurado y en ese error hemos vivido toda nuestra vida. Seguimos pensando en un Jesús convertido en Dios y no en que Dios se hizo carne. Aceptar esto nos llevaría a identificar lo divino y lo humano.

Seguimos diciendo que el hombre se ha hecho Dios, y hacemos decir al evangelio lo que nos interesa que digan no lo que en realidad dice. No es el hombre el que tiene que escalar las alturas del cielo para llegar a ser Dios, ha sido Dios el que se ha abajado y ha compartido su ser con lo más bajos del hombre, la carne. Eso significa la encarnación.

Por medio de Jesús, podemos llegar a saber lo que es Dios. Pero un Dios que no está ya en la estratosfera ni en los templos ni en el templo ni en la Ley ni en los ritos sino en el hombre. Pero debemos tomar conciencia de que no se encarna en lo más elevado, sino en lo más bajo, en aquello que nos une a todos, lo que nos pega a la tierra a lo caduco.

Las consecuencias de esta verdad en nuestra vida religiosa serían tan demoledoras que nos asustan; por eso preferimos seguir pensando en un Jesús que es Dios, pero dejando bien claro que eso no me afecta a mí directamente, sino solo como indirecta salvación que me tiene que venir de fuera. A lo más que aspiramos es a merecerla.

Hallarme has en ti, hallarte has en mí, decía Dios a Santa Teresa.

NOCHEBUENA (A) – Fray Marcos

(Lc 2,1-14)

Dios se hace presente. No pienses en lo que sucedió entonces, sino en lo que está sucediendo.

Tanto Lucas como Mateo dan por supuesto el hecho, aunque lo explican de distinta manera. En Lucas se dan razones para justificar que Jesús nació en Belén, aunque no era de allí. Mateo trata de justificar por qué terminó viviendo en Nazaret, dando por supuesto que nació en Belén. Ambos resaltan la importancia de que el Mesías fuese descendiente de David, para ellos el más grande.

Recordamos el nacimiento de Jesús, que sucedió en un lugar y en un momento determinado. Pero lo que celebramos está más allá de toda circunstancia de tiempo y espacio. Si se manifestó en Jesús, quiere decir que estaba en él, se encarnó en él. Podemos estar seguros de que Dios es encarnación y nunca podrá dejar de encarnarse. El Dios desencarnado no existe, La Realidad ni empieza ni termina, ni está aquí ni está allá. Dios está en mí exactamente igual que en Jesús.

Para creer en la encarnación hay que dejar de creer en un Dios desencarnado. Si no se manifiesta en mí como se manifestó en Jesús, la culpa es solo mía. En Jesús ha nacido un libertador. Pero en mí sigue habiendo un opresor, porque el salvador que hay en mí, aún no ha nacido.

Repito, lo que Dios ha hecho en el hombre Jesús, los está haciendo hoy en mí. El nacimiento de Dios en Jesús fue tarea de toda su vida. Nada se le dio como cómoda posesión automática. También él tuvo que nacer de nuevo. El nacimiento del Espíritu tiene que ser consciente.

Nunca puede ser un presupuesto, ni para Jesús ni par nadie. Se nos da gratis, pero hay que desenvolver el regalo, y la envoltura tiene muchas capas que nos fascinan y nos invitan (tientan) a quedarnos ahí y no seguir quitando capas inútiles. En lo más hondo de ti, estará siempre Él.

Miremos hacia dentro. Cuando Pablo nos dice que somos otro Cristo, quiere decir algo muy profundo y real. Dios está en mí; “yo y el Padre somos uno”, no es símbolo, sino realidad más real que el Belén, los pastores, los magos y los ángeles juntos. Esto es lo que estamos celebrando.

El portal de Belén no es más que un símbolo sensible, pero dentro de mí, está la realidad de un Dios identificado conmigo. Tengo que descubrir el Niño en mí. Toda la magia y la luz que puedo percibir en esa escena, está dentro de mí. No permitáis que la Navidad quede fuera.

Entonces la llevaréis con vosotros a todas partes y os permitirá caminar, y los que os vean, podrán caminar también a esa luz. Estamos celebrando no un hecho que pasó sino algo que está pasando

La buena noticia no es que “en la ciudad de David os ha nacido un Salvador” sino que dentro de ti está ese salvador y puedes darle a luz en cualquier instante. Para eso estás aquí. Está dentro de ti, pero tan envuelto en trapos y capisayos que puedes quedarte sin descubrirlo.

Celebrar la navidad es dar a luz en nosotros a ese Niño, para que todos puedan ver que Dios sigue naciendo aquí y ahora. No te conformes con celebrarlo en el recuerdo. Atrévete a vivir la realidad presente y actual. Dios será siempre un Niño que yo tengo que dar a luz como decía Eckhart.

Si miro hacia fuera, puedo quedar deslumbrado por las luces o por los cantos de los ángeles, pero me perderé el verdadero tesoro que está escondido en mí y en cada uno de los seres humanos.

Para Dios, los pastores, despreciados por la sociedad de entonces, son lo preferidos. Dios ve su verdadero valor y los llama a su salvación. Otros en cambio le cierran las puertas. Un pesebre es comedero. Este evangelio se escribió cuando la eucaristía era ya práctica litúrgica significativa para el cristiano. Sin duda el relato quiere hacernos pensar en Cristo pan de vida.

Jesús no responde a las expectativas que lo judíos tenían con relación al Mesías. Los cristianos cambiaron sustancialmente el significado de la salvación, pero siguieron manteniendo el lenguaje aplicando conceptos distintos a las mismas palabras. Aquí se precisa que la salvación es para los marginados, para los que no contaban ni desde el punto de vista social ni del religioso.

Y en la tierra paz. ¡Ojalá descubriéramos el profundo significado de esta palabra! No se trata solo de ausencia de guerras, de conflictos, de refriegas. La paz es la consecuencia de una armonía, primero interna, luego hacia los demás. Desde lo divino que hay en nosotros, sería impensable cualquier guerra. Si Dios me acepta como soy, ¿por qué no puedo aceptar a los demás como son, sin pretender que sean como yo quiero que sean? Piensa que, al rechazarlos, rechazamos a Dios.

4º DOMINGO ADVIENTO:  – Fidel Aizpurúa

FE ADULTA

”LE PONDRÁN POR NOMBRE ENMANUEL”

La Palabra nos inquieta y nos espolea. Con ello nos ayuda a no detenernos en nuestro caminar de personas, en nuestra búsqueda del sentido y de la dicha.

Desde antiguo, y sobre todo cuando nos aflige alguna desgracia grande, nos hacemos una pregunta sin respuesta: ¿Dónde está Dios? Ante un terremoto destructor, una dana devastadora, un volcán que lo arrasa todo a su paso, una guerra que aniquila a mayores y a niños nos preguntamos en nuestra desolación: ¿Está Dios con nosotros o no está? Esta pregunta la encontramos ya en las páginas del Antiguo Testamento (Ex 17,7).

El evangelio que hemos leído tiene una respuesta: LE PONDRÁN POR NOMBRE ENMANUEL. Es decir, en Jesús sabemos que Dios está con nosotros siempre, sobre todo cuando más sufrimos. Su manera de estar es acompañarnos en nuestros sufrimientos porque él no interviene en las leyes de la naturaleza que son independientes. O si se quiere: interviene en nuestro cuidarnos unos a otros cuando el mal nos aflige. Interviene en nuestra mediación humanizadora.

Es difícil tener esta certeza de un Dios con nosotros si lo imaginamos como un Dios fuera y no como un Dios dentro. Un Jesús Enmanuel es lenguaje de un Dios dentro de nosotros. ¿Cómo entender mejor esto?

  • Dios está dentro de la persona: no fuera de él, no en un cielo distante de él. Está en su corazón, en sus anhelos más verdaderos, en sus logros y debilidades. “Vendremos a él y haremos morada en él”, dice el evangelio (Jn 14,23).
  • Dios está dentro de la sociedad: como vecino de nuestro barrio, como disfrutante de nuestros gozos, como sufriente en nuestras penas, como caminante que acompasa su paso al nuestro (Lc 24,15).
  • Dios está dentro del cosmos: no solo como creador de esta inmensa realidad, sino como impulso profundo que lo va llevando a la plenitud, aunque nosotros no sepamos muy bien cómo (Col 1,17).

A veces hemos explicado, de una manera un tanto pintoresca, que en la encarnación de Jesús se cumple aquel dicho castellano de que “dos que duermen en el mismo colchón se hacen de la misma opinión”. Dios duerme en nuestro colchón, está en total sintonía con lo nuestro. Algo de eso quiere decir ese nombre peculiar de Enmanuel.

Dicen los analistas sociales que cada vez se acumulan más síntomas de que el sentimiento religioso tiene cada vez más cabida en nuestra sociedad, debido, quizá, a que vivimos en un mundo hostil y refractario a las certezas estables la vuelta a lo religioso puede resultar atractiva para muchas personas. Tal vez nos vamos dando cuenta de que es imposible vivir en mundo  sin perdón ni misericordia. Lo cierto es que el Enmanuel sigue con nosotros. Así lo anhelamos, así lo creemos.

Fidel Aizpurúa Donazar

ADVIENTO 4º (A) – Fray Marcos

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(Mt 1,18-24)

Lo divino está siempre ahí pero no se percibe. Ni en Jesús ni en ningún ser humano

Los relatos “de la infancia” de Mateo y Lucas, no son crónicas de sucesos, son teología narrativa.  Ni Marcos ni Juan saben nada de esas historias. La fuente Q tampoco. Los relatos de Mt y Lc coinciden en lo esencial, en los detalles, no se parecen casi en nada.

El interés por Jesús, empezó con su vida pública. Al nacer nada extraordinario sucedió. Hablar de esas maravillas, fue una necesidad de comunicación, para hacer creíble lo que habían descubierto en Jesús. Lo hicieron tomando ejemplo de otros personajes famosos.

En todas las culturas se ha intentado explicar la grandeza de un personaje, contando historias sobre su nacimiento. De más de cuarenta personajes anteriores, se dice, que han nacido de madre virgen. En todos los casos, se incluyen el anuncio de su concepción.

Solo después de la experiencia pascual, se intentó explicar quién era Jesús con relatos que iban más allá de lo que se podía percibir por los sentidos. El modo en que lo hicieron era lo lógico para ellos. Ni se engañaban ni quisieron engañar. Nos engañamos nosotros al entender literalmente el texto, dando al relato un sentido distinto al que ellos le dieron.

“María estaba desposada con José”. El matrimonio, constaba de dos partes: el contrato y la boda. Lo importante era el contrato. En la boda se celebraba la acogida de la esposa en la casa familiar del novio. María y José estaban formalmente casados. El anuncio y el encargo de poner el nombre se hace a José. En Lc se hacer a María.

“Antes de vivir juntos”. Todo lo que es y significa Jesús, es obra del Espíritu. El pensar que Dios garantiza su presencia en Jesús por vía biológica es una monstruosidad. Dios no puede manipular el material genético. Dios no tiene actos puntuales. En Dios ser y actuar son lo mismo. Dios en Jesús, se manifiesta en lo más profundo de lo humano, no fuera.

“Por obra del Espíritu Santo”. Lc habla del Espíritu sin artículo. Al ponerle artículo, nos empujan a entenderlo mal. “Pneumatos Agiou”, hace referencia a Dios Espíritu. Sería: “por obra de la fuerza de Dios”. “Agiou” tampoco coincide con nuestro concepto de santo; significa, más bien, separado, incontaminado, distinto, y además separador y purificador.

José, su esposo que era bueno.” José es el centro del relato. Ni la palabra “bueno” ni la de “justo”, traducen la riqueza del término griego. Significaría un israelita auténtico, temeroso de Dios y cumplidor de la Ley. Manifiesta el conflicto vivido entre el judaísmo fiel al AT y la nueva comunidad. Recibir a María, invita aceptar lo nuevo que Dios ofrece.

“El ángel del Señor”, no es una naturaleza angélica como lo concebimos nosotros, sino la presencia misteriosa del mismo Dios. Es Dios mismo el que hace la invitación a dar el salto. Los judíos pueden sentirse seguros al abandonar el AT. “En sueño”, es la manera de dirigirse Dios a los hombres en todo el AT. “Hijo de David”, deja clara la pertenencia al pueblo judío. Se trata de deshacer toda prevención por parte de los judíos.

“Tú le pondrás por nombre Jesús”. El nombre es resumen de lo que va a ser una persona. La imposición de ese nombre va a depender de otro hombre, José. En el relato de Lucas el nombre se lo revela a María el ángel y ella será quien se lo imponga.

“Para que se cumpliera la Escritura”. Isaías usa ‘almâ’, que significa joven, fue traducida al griego por “párthenos” que significa (célibe, soltera, doncella, virgen). En hebreo hay una palabra (betûâ) que significa virgen, pero no fue la usada. Se refiere a la joven esposa del rey Acaz al tener su primer hijo que iba a suponer la salvación del reino.

“Dios-con-nosotros”. La ausencia de Dios fue la causa de todos los males para Judá. Su presencia garantizaba que las cosas iban a ir bien. Jesús no será un enviado más de Dios. No podía tener padre humano, porque sería a quien tenía que imitar. Su modelo será exclusivamente Dios. Será Hijo porque en todo imitará al Padre.

Abendualdiko 4. igandea – A – José A. Pagola

(Mateo 1,18-24)

JESUS IZENA IPINIKO DIOZU – LE PONDRÁS POR NOMBRE JESÚS

Hebrearren artean ez zitzaion jaioberriari edozein izan ipintzen, era arbitrarioan; «izenak», antzinako kultura ia guztietan bezala, pertsonaren izaera adierazten zuen, beraren benetako nortasuna, beragandik espero zena.

Horregatik du hartarainoko ardura Mateo ebanjelariak azaltzeko, hasieratik, bere irakurleei bere kontakizunaren protagonista izango denaren izenaren esanahi sakona. Oraindik jaio ez den haur horren «izena» Jesus izango da: «Jainkoak salbatzen du» esan nahi duen izena. Izen hori izango du, beraz, «bere herria bekatutik salbatuko duelako».

  1. o. 70. urtean, Vespasiano, juduen errebolta itotzen ari zela enperadore berri izendatua, Erromara joan zen; bi izenez hartu eta aldarrikatu zuten han: «Salbatzailea» eta «Ongilea». Mateo ebanjelariak garbi utzi nahi ditu gauzak. Munduak behar duen «salbatzailea» ez da Vespasiano, baizik eta Jesus.

Salbazioa ez zaigu etorriko inongo enperadoreren eskutik, ezta herri batek beste baten gain lortutako garaipenetik ere. Gizadiak gaitzetik, zuzengabekeriatik eta indarkeriatik salbatu beharra du, eta birnorabidetu beharra gizakiaren bizitza duinago baterantz. Hau da Jesusek eskaintzen digu salbazioa.

Mateok, gainera, beste izen hau esleitzen dio Jesusi: «Emmanuel». Badaki ez zaiola inori eman izen hori historian barna. Izen harrigarria da, guztiz berria; «Jainkoa gurekin» esan nahi du. Beragan eta beragandik, Jainkoa bidelagun dugula, bedeinkatzen eta salbatzen gaituela sinesten dugunok ematen diogun izena da.

Lehen kristau-belaunaldiek beren bihotzean grabaturik eraman ohi zuten Jesusen izena. Behin eta berriz errepikatzen zuten izen hori. Beraren izenean bataiatzen ziren, beraren izenean elkartzen ziren otoitz egitera. Mateorentzat, bere fedearen sintesi bat da Jesusen izena. Paulorentzat, ez da ezer handiagorik. Lehen kristauen gorazarreetako baten arabera, «Jesusen izenaren aurrean belaun orok tolestu egin behar du» (Filipoarrei 2,10).

Hogei menderen ondoren, kristauok ikasi beharra dugu Jesusen izena era berri batean ahoskatzen: txeraz eta maitasunez, fede eraberrituz eta konbertsio-jarreraz. Jesusen izena geure ezpainetan eta geure bihotzean dugularik, esperantzaz bizi eta hil gaitezke.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

LE PONDRÁS POR NOMBRE JESÚS

Entre los hebreos no se le ponía al recién nacido un nombre cualquiera, de forma arbitraria, pues el «nombre», como en casi todas las culturas antiguas, indica el ser de la persona, su verdadera identidad, lo que se espera de ella.

Por eso el evangelista Mateo tiene tanto interés en explicar desde el comienzo a sus lectores el significado profundo del nombre de quien va a ser el protagonista de su relato. El «nombre» de ese niño que todavía no ha nacido es «Jesús», que significa «Dios salva». Se llamará así porque «salvará a su pueblo de los pecados».

En el año 70, Vespasiano, designado como nuevo emperador mientras estaba sofocando la rebelión judía, marcha hacia Roma, donde es recibido y aclamado con dos nombres: «Salvador» y «Benefactor». El evangelista Mateo quiere dejar las cosas claras. El «salvador» que necesita el mundo no es Vespasiano, sino Jesús.

La salvación no nos llegará de ningún emperador ni de ninguna victoria de un pueblo sobre otro. La humanidad necesita ser salvada del mal, de las injusticias y de la violencia; necesita ser perdonada y reorientada hacia una vida más digna del ser humano. Esta es la salvación que se nos ofrece en Jesús.

Mateo le asigna además otro nombre: «Emmanuel». Sabe que nadie ha sido llamado así a lo largo de la historia. Es un nombre chocante, absolutamente nuevo, que significa «Dios con nosotros». Un nombre que le atribuimos a Jesús los que creemos que, en él y desde él, Dios nos acompaña, nos bendice y nos salva.

Las primeras generaciones cristianas llevaban el nombre de Jesús grabado en su corazón. Lo repetían una y otra vez. Se bautizaban en su nombre, se reunían a orar en su nombre. Para Mateo, el nombre de Jesús es una síntesis de su fe. Para Pablo, nada hay más grande. Según uno de los primeros himnos cristianos, «ante el nombre de Jesús se ha de doblar toda rodilla» (Filipenses 2,10).

Después de veinte siglos, los cristianos hemos de aprender a pronunciar el nombre de Jesús de manera nueva: con cariño y amor, con fe renovada y en actitud de conversión. Con su nombre en nuestros labios y en nuestro corazón podemos vivir y morir con esperanza.

José Antonio Pagola

DOMINGO 4º DE ADVIENTO -A- Koinonía

Miqueas 5, 1-4a

De ti saldrá el jefe de Israel

Así dice el Señor: «Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel.

Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial.

Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz,

y el resto de sus hermanos

retornará a los hijos de Israel.

En pie, pastoreará con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios.

Habitarán tranquilos, porque se mostrará grande hasta los confines de la tierra, y éste será nuestra paz.»

Salmo responsorial: 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19

Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece. Despierta tu poder y ven a salvarnos. R.

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa. R.

Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. R.

Hebreos 10, 5-10

Aquí estoy para hacer tu voluntad

Hermanos: Cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.»»

Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.»

Niega lo primero, para afirmar lo segundo.

Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Lucas 1, 39-45

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Vamos a hacer en primer lugar un comentario litúrgico-pastoral a estos textos bíblicos en una línea más bien tradicional. Luego haremos una nota crítica.

En el pasaje de Isaías que escuchamos hoy resuena ese anuncio esperanzador del nacimiento de alguien que estará permanentemente inserto en medio de su pueblo. Al parecer estas palabras del profeta al rey Acaz se dieron en un contexto en el que las esperanzas del mantenimiento de la seguridad del reino de Judá se centraban más en el poder político y militar, dejando a un lado la confianza en el Dios YHWH. Isaías ha visto los afanosos intentos del rey para aliarse con sus vecinos en orden a defenderse de las amenazas del reino del norte, quienes a su vez se han aliado con otros para defenderse del poderoso de turno.

Para despertar de nuevo la confianza en Dios, el profeta se vale de un hecho probablemente histórico, el embarazo de alguna de las doncellas del rey. Así como esa joven dará a luz un primogénito, del mismo modo enviará Dios un descendiente davídico que asuma los destinos del pueblo, en medio del cual estará siempre; por eso su nombre “Emmanuel”, Dios con nosotros. Con base en esta profecía, se fue fomentando la idea de que el Mesías nacería de una virgen. Desde entonces, toda primeriza en Israel albergaba la esperanza de ser la madre del Mesías; todo ello debido a la misma terminología empleada tanto en el hebreo como en el griego y luego en nuestra lengua. Cuando Mateo relata la concepción de Jesús, se hace eco de esta profecía de Isaías y la cita textualmente.

La segunda lectura está tomada de la carta de san Pablo a los romanos, concretamente se trata del encabezamiento de la carta. Allí relata Pablo a los cristianos de Roma su propia vocación al apostolado, para lo cual fue elegido por el mismo Dios. Para Pablo está claro que el evangelio que él predica es Jesucristo mismo, su persona, su obra, su muerte y resurrección. Es muy importante para el apóstol subrayar que este Jesús es descendiente de David en cuanto a lo humano, pero que Dios le otorgó su Espíritu constituyéndolo en Mesías todopoderoso, Señor Único, resucitándolo de entre los muertos. Otra cosa que recalca Pablo es que su actividad evangelizadora le ha sido otorgada por puro don, por vocación; de ahí que su preocupación haya sido durante toda su vida el dar a conocer a la noticia de Jesucristo especialmente a los gentiles.

En el evangelio, Mateo nos narra el origen de Jesucristo. María estaba desposada con José, pero aún no vivían juntos. Ello indica que estaban en un período que llamaban desposorio o compromiso matrimonial, período que podía durar de seis meses a un año, tiempo prudente para el esposo construir o acondicionar la casa en donde recibiría a su esposa. En el entretiempo la novia seguía viviendo con sus padres, dependiendo de su papá hasta que pasara formalmente a depender de su marido. La promesa de matrimonio o desposorio implicaba completa fidelidad al novio; todo acto de infidelidad era adulterio, y como tal podía ser castigado conforme a la ley mosaica.

En esas circunstancias, nos narra el evangelio que María resultó embarazada; pero aclara diciendo: “por obra del Espíritu Santo”. El hecho haría sentirse muy mal a José; sin embargo, agrega Mateo, que como “era un hombre justo, y para no exponerla a la infamia, decidió abandonarla en secreto”. José hubiera podido hacer valer sus derechos, exigir el castigo previsto por la ley…; con todo, quizá sin darse cuenta, va colaborando también él con los planes divinos.

En estos planes divinos no todo está garantizado, pues en ellos también están involucradas la libertad y la voluntad humanas. Es una constatación que podemos hacer en toda la historia de la salvación partiendo desde el mismo paraíso. Parece que los planes de Dios caminaran sobre el filo de la navaja (!). Un ejemplo de ello lo tenemos en el relato que hoy nos cuenta Mateo.

Pero en esos planes hay siempre una cosa muy importante que se llama diálogo. Precisamente en el diálogo con el ángel que le habla en sueños a José se nos muestra cómo Dios va incorporando a su proyecto a sus mismas criaturas. El silencio de aceptación de José es la respuesta que Dios nos pide también a nosotros. Le ponemos muchas trabas y condiciones a la obra de Dios. A veces intentamos “corregir” la manera como Dios actúa; ¡no es necesario! Basta que pongamos nuestra fuerza y voluntad al servicio del plan de Dios, lo demás Él sabe cómo lo hace.

Aunque en nuestro pasaje se resalta la figura de José en su duda, en su aceptación de ser padre de Jesús y de ponerle el nombre, la verdad es que María, que apenas es nombrada, está también allí recordándonos su actitud de fe y sumisión a los planes de Dios que son vida para el hombre y la mujer de todos los tiempos.

 

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 133 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «Una noche de dudas». El audio, el guión del texto, y su comentario bíblico-teológico, puede ser tomado de aquí: https://radialistas.net/133-una-noche-de-dudas/.

Como nota crítica podríamos decir algo que hace mucho tiempo que es ya un «lugar común» en el mundo bíblico: los profetas no fueron en su tiempo adivinos del futuro, ni muchas de las cosas que los primeros cristianos creyeron ser «cumplimiento de lo anunciado por las Escrituras» realmente lo fueron. Ese esquema apologético de que lo sucedido en Jesucristo estaría previsto y ya anunciado en el pasado, hace tiempo que ha sido abandonado en los estudios bíblicos. Más. Desde hace apenas unos años, menos de veinte, se está hablando de una nueva ola, un nuevo «revolcón» en el tema de la historicidad bíblica. Ya sabíamos que había muchas cosas y figuras (importantes) de la Biblia que no eran literalmente históricas. Los grandes especialistas bíblicos ya mostraban hace tiempo una visión bastante matizada de la base histórica bíblica. Los planteamientos concordistas de La Biblia tenía razón, aquel famoso libro (1955), hace mucho tiempo que no gozan de audiencia.

Pero en los últimos años, como decimos, se ha dado una vuelta de tuerca. Hay toda una corriente arqueológica última, la más actual, que se pronuncia ya con claridad por una postura bastante más radical sobre la historicidad. No quieren ya utilizar la arqueología (religiosa) para ornamentar con curiosidades la ciencia bíblica, sino que creen que debemos ser honrados y someter los estudios bíblicos a lo que la arqueología laica descubre y cree poder probar. Es, de alguna manera, una nueva edición del conflicto entre la ciencia y la fe, pero a estas alturas la solución del conflicto está ya muy precocinada, y no caben componendas. Ya no vamos a condenar a Galileo… ni a los arqueólogos.

No podemos entrar aquí en más profundidad. Remitimos a un libro clave, de Finkelstein, La Biblia desenterrada. Una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados, Siglo XXI Editores, Madrid y Buenos Aires, 2003 (está en la red). O vean cualquiera de estos cuatro videos: https://vimeo.com/user10361814/videos, que son de toda calidad científica.

Concretamente en torno a la Navidad, para grupos más críticos o formados, puede ser bueno estudiar a fondo el tema del significado de la encarnación, tanto del misterio en sí mismo, cuanto de los relatos evangélicos correspondientes. Hay propuestas teológicas muy interesantes que merecen atención, como «La metáfora de Dios encarnado» de John HICK (tiempoaxial.org), o «Jesús, hijo de mujer» de John Shelby SPONG (en la biblioteca de Koinonía, servicioskoinonia.org/biblioteca), o el estudio sobre «Las narraciones de la Natividad de Jesús» de Mariano CORBÍ, en la RELaT (servicioskoinonia.org/relat), el nº 381. Otras muchas ideas y sugerencias pueden verse en servicioskoinonia.org/pastoral en tiempo previo a la Navidad.

EL MÁS PEQUEÑO EN EL REINO DE LOS CIELOS ES MÁS GRANDE QUE ÉL – Fidel Aizpurúa

Fe Adulta

El evangelio no es un libro de recetas para nuestras situaciones difíciles. Es, más bien, luz y fuerza para que pongamos manos a la obra.

Nunca sabremos a ciencia cierta cuáles fueron las relaciones entre Juan el Bautista y Jesús. Parece que las hubo, siendo inicialmente más importante la influencia del Bautista que la de Jesús. Éste quizá fuera discípulo de él. Pero, en un momento dado, sus caminos se separaron: el Bautista siguió aferrado al Antiguo Testamento y su radicalismo religioso y Jesús tomó el cauce de la espiritualidad de la compasión y del amor.

Aun así, el evangelio de hoy pone en boca de Jesús un elogio de Juan y una valoración de la suerte que es vivir en el tiempo del Evangelio: Juan es más que profeta, pero EL MÁS PEQUEÑO EN EL REINO DE LOS CIELOS ES MÁS GRANDE QUE ÉL. Esto quiere decir que vivir en el tiempo de Jesús, que vivir la fe es una suerte. Tantas veces que hemos entendido la fe como una obligación y hasta como un peso, la Palabra nos dice que es una suerte. ¿En qué sentido?

  • Es una suerte tener a Jesús: porque sus modos de vida y sus maneras de pensar nos hacen bien, humanizan nuestra vida, nos hacen más espirituales y nos empujan a la fraternidad gozosa. Tener a Jesús nos sitúa en el lado hermoso de la vida.
  • Es una suerte tener el evangelio:porque sus valores nos iluminan, orientan y nos colocan en la situación de quien ama la vida y de quien espera en su plenitud. Tener el evangelio nos empuja a trabajar sin desfallecimiento por la dicha de los demás y la propia.
  • Es una suerte tener a la comunidad de seguidores de Jesús:porque esa comunidad es aliento y apoyo dándonos ánimo para mantenernos en la fe de que la justicia y el bien llegaran a triunfar si colaboramos en esa hermosa tarea.

¿Cómo ayudarnos a entender la fe como una suerte, más que como una obligación? Vamos a decirlo de una forma que casi nos ruboriza, pero digámoslo: tendríamos que enamorarnos de Jesús. ¿Es esto posible o es una fantasía religiosa? Es posible porque el amor salta las fronteras de los años y puede ser vivo si lo cultivamos, si leemos el evangelio, si unimos vida y fe, si somos compasivos y solidarios. Enamorarse de Jesús es posible. Y luego: comprobar que el evangelio nos hace bien, nos hace mejores personas, nos da energía para vivir en humanidad.

Podríamos vivir este Adviento como el tiempo en que se me quiere decir que la fe es una suerte y que es algo realmente hermoso si la amo, la cultivo, la comparto y la hago vida. La celebración de la eucaristía en Adviento habría de estar alimentada por ese anhelo. No son cosas imaginadas. Hay quien “toca” estas realidades en toda su densidad. Hay quien no duda de que hacen parte de su vida. Que a quienes tenemos una fe más débil nos anime y empuje la fe de los que son más fuertes. Compartamos la suerte de creer.

Fidel Aizpurúa Donázar

 

ADVIENTO 3º – A- Fray Marcos

Mt 11, 2-11)

La salvación para tu ego sería inútil. Tu verdadero ser no la necesita.

La pregunta de Juan es muy concreta, pero Jesús responde a dos cuestiones. De sí mismo responde de manera indirecta con un texto de Isaías. De Juan responde por su cuenta y riesgo, de una manera sorprendente. El relato que nos propone hoy el evangelio es desconcertante. El Precursor dudando que el anunciado sea auténtico.

¿No había dicho, no soy digno de llevarle las sandalias? ¿No había dicho que él bautizaría con Espíritu Santo? ¿No había dicho que él era el que tenía que ser bautizado por Jesús? ¿No había visto al Espíritu bajar sobre él? ¿No había oído la voz: este es mi Hijo amado? ¿Quiere decir que Jesús no respondía a lo esperado?

El tema propuesto hoy fue muy difícil de resolver. El mensaje y su comportamiento, nada tenía que ver con lo que los judíos de su tiempo esperaban del Mesías. En la respuesta de Jesús, no se trata tanto de hablar de Juan cuanto de intentar que todos los que le están oyendo se den cuenta de lo que significa Jesús y su mensaje.

Contadle a Juan lo que estáis viendo. Jesús recuerda el texto de Isaías, para que Juan asociara lo visto con los tiempos mesiánicos anunciados. Ni todos los leprosos van a quedar limpios, ni todos los sordos van a oír. También nos dice Isaías que el lobo habitará con el cordero y la pantera se tumbará con el cabrito. Estas imágenes tenemos que entenderlas como símbolos. ¿Por qué interpretamos otras como reales?

El texto quiere decir que la llegada del Reino tendrá consecuencias para todos, pero sobre todo para los más desfavorecidos. Quiere decir que el que acoja el Reino, saldrá de la dinámica de la opresión y entrará en la del servicio. Por cierto, entre las imágenes que se refieren a la presencia del Mesías no hay ni un solo signo religioso.

La noticia es que Dios no va a pedirnos cuenta de nuestros pecados, sino que nos ha liberado de todos ellos. La noticia de que no son los sabios y entendidos los que descubrirán a Dios sino los sencillos. La noticia de que no son los que detentan el poder religioso los que están más cerca de Dios sino los que lo sufren y padecen.

Jesús rompe todos los moldes, desbarata todos los deseos. Lo que aporta va en la dirección contraria de las expectativas. No viene a imponer nada, sino a proponer el servicio. Su actitud de no-violencia, de no defenderse de los enemigos, de no destruir al adversario, escandaliza a todos. No solo no vine a imponer “justicia” sino que acepta la injusticia en su propia carne. …y dichoso el que no se escandalice de mí.

El Reino no lo hacen presentes los ciegos o sordos o cojos curados, sino el que se preocupa de ellos. Por no tener esto en cuenta, creemos que lo importante es librar al pobre de sus carencias. El objetivo primero debe ser librarme yo de mi inhumanidad. Incluso para un ciego, más importante que ver, es recuperar su humanidad.

La advertencia sirve también para nosotros. Seguimos creyendo que la salvación que Jesús nos trajo no responde a lo que esperábamos. Seguimos sin enterarnos de que el amor que predica Jesús es eficaz solo si se hace vida y es inútil si se queda en teoría.

El amor nunca se pondrá al servicio de nuestro ego para alcanzar provecho personal. El amor va siempre en dirección a los demás y se olvida de sí. Nos empujará siempre a desprendernos de nuestro ego. El amor compasivo es nuestra verdadera naturaleza.

La mayoría de las miserias humanas no están a lo fisiológico. Todos estamos rodeados de carencias más importantes que las biológicas. La falta de alimento me puede matar, pero la falta de amor me destroza como ser humano. Entraré en la dinámica del Adviento cuando haga presente el Reino no defraudando al que espera algo de mí.

Abendualdiko 3. igandea – A – José A. Pagola

(Mateo 11,2-11)
GRUPOS DE JESÚS

EZ USTE IZATEA JAINKOAK HUTS EGIN DIGULA – NO SENTIRNOS DEFRAUDADOS POR JESÚS

Krisi erlijiosoa eta barne nahasmendua bizi ditugun aldi hauetan, garrantzizkoa da gogoratzea ezen Jesu Kristo ez dela Elizen arteko inoren jabetza pribatua. Ez, guztiena da. Beragana hurbiltzen ahal dira, bai Jainkoaren Semetzat hartzen dutenak, bai beren bizitzarentzat zentzu gizatiarragoa bilatzen ari direnak.

Duela jadanik urte batzuk, Roger Garaudy pentsalari ezagunak, garai hartan uste osoko marxistak, oihu hau egin zien kristauei: «Zuek jaso eta gorde duzue esperantza hau: Jesu Kristo. Zuek behar diguzue itzul, bera guztiona da eta».

Aldi berean kasik, Jean Onimus-ek bere liburu zirraragarri eta ez-ohikoa argitaratu zuen Jesusez, Le Perturbateur titulu probokatzailearekin. Jesusi zuzenduz, hau zioen idazle frantsesak: «Zergatik izan behar duzu, soilik, predikatzaileen, doktoreen eta jende eskolatu batzuen jabetza?, zuk, gauza hain xume eta zuzeneko esan dituzun horrek?, guztientzat diren eta betiko bizirako hitz direnak?»

Horregatik, gauza gutxik ematen dit poz handiagorik, jakiteak baino ohiko praktika erlijiosotik urrundu diren gizon eta emakume asko ari dela Jesusen bila nire idazkietan. Konbentzimendu osoa dut ezen Jesus izango dela biderik hobena Jainko Adiskidearekin topo egiteko eta nork bere bizitzari zentzu itxaropentsuago bat emateko.

Jesusek ez du uzten hotz eta axolagabe beragana hurbiltzen den inor. Egian bizi den norbaitekin egiten du topo pertsonak, azkenean; zergatik bizi behar den eta zergatik hiltzea merezi duen dakien batekin. Sumatzen du biziera hori, «hain Jesusena den hori», dela bizitzari eta heriotzari aurre egiteko erarik zuzenekoena eta gizatiarrena,

Jesusek sendatu egiten du. Biziaz duen grinak agerian ipintzen ditu gure azalkeria eta konbentzionaltasuna. Babesgabekoez duen maitasunak mozorrogabetu egiten ditu gure egoismoa eta eskastasuna. Berak, egiak, agerian ipintzen ditu gure auto-engainuak. Baina, batez ere, bere Aitagan duen baldintzarik gabeko fedeak sinesgabetasunetik irtetera gonbidatzen gaitu eta Jainkoaz fidatzera.

Gaur egun Eliza alde batera uzten dutenek, beraren baitan deseroso sentitzen direlako edota beraren jarduera edo jarraibide batzuekin ezin bat egin dutelako edota, besterik gabe, kristau-liturgiak beraientzat bizi-interes guztia galdu duelako, ez lukete horregatik Jesus bera alde batera utzi behar automatikoki.

Pertsona batek, beste erreferentzia-puntuak galdu dituenean eta sumatzen duenean «zerbait» bere kontzientzian hiltzen ari dela, gauza erabakigarria izan dezake Jesu Kristorekiko harremanak ez haustea. Hona ebanjelioko testuak dakartzan Jesusen hitzak: «Zorionekoa nitaz desengainaturik sentitzen ez dena». Zorionekoa ulertzen duena Kristok beraren bizitzarako esan nahi duena.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Adviento – A (Mateo 11,2-11)

NO SENTIRNOS DEFRAUDADOS POR JESÚS

En estos tiempos de crisis religiosa y confusión interior es importante recordar que Jesucristo no es propiedad particular de las Iglesias. Es de todos. A él pueden acercarse quienes lo confiesan como Hijo de Dios, y también quienes andan buscando un sentido más humano a sus vidas.

Hace ya algunos años, el conocido pensador Roger Garaudy, marxista convencido en aquel tiempo, gritaba así a los cristianos: «Vosotros habéis recogido y conservado esta esperanza que es Jesucristo. Devolvédnosla, pues ella pertenece a todo el mundo».

Casi por la misma época, Jean Onimus publicaba su apasionante e insólito libro sobre Jesús con el provocativo título de Le Perturbateur. Dirigiéndose a Jesús, decía así el escritor francés: «¿Por qué vas a permanecer propiedad privada de los predicadores, de los doctores y de algunos eruditos, tú que has dicho cosas tan sencillas, palabras directas, palabras que permanecen para los hombres, palabras de vida eterna?»

Por eso pocas cosas me producen más alegría que saber que hombres y mujeres alejados de la práctica religiosa habitual buscan en mis escritos encontrarse con Jesús. Estoy convencido de que él puede ser para muchos el mejor camino para encontrarse con el Dios Amigo y para dar un sentido más esperanzado a sus vidas.

Jesús no deja indiferente a nadie que se acerca a él. Uno se encuentra, por fin, con alguien que vive en la verdad, alguien que sabe por qué hay que vivir y por qué merece la pena morir. Intuye que ese estilo de vivir «tan de Jesús» es la manera más acertada y humana de enfrentarse a la vida y a la muerte.

Jesús sana. Su pasión por la vida pone al descubierto nuestra superficialidad y convencionalismo. Su amor a los indefensos desenmascara nuestros egoísmos y mediocridad. Su verdad desvela nuestros autoengaños. Pero, sobre todo, su fe incondicional en el Padre nos invita a salir de la incredulidad y a confiar en Dios.

Quienes hoy abandonan la Iglesia porque se encuentran incómodos dentro de ella, o porque discrepan de alguna de sus actuaciones o directrices concretas, o porque sencillamente la liturgia cristiana ha perdido para ellos todo interés vital, no deberían por ello abandonar automáticamente a Jesús.

Cuando uno ha perdido otros puntos de referencia y siente que «algo» está muriendo en su conciencia, puede ser decisivo no perder contacto con Jesucristo. El texto evangélico nos recuerda sus palabras: «¡Dichoso el que no se sienta defraudado por mí!» Dichoso el que entienda todo lo que Cristo puede significar en su vida.

José Antonio Pagola

Domingo 3º de Adviento – Koinonía

Isaías 35,1-6a.10

Dios viene en persona y os salvará

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

Salmo responsorial: 145

Ven, Señor, a salvarnos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, / hace justicia a los oprimidos, / da pan a los hambrientos. / El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego, / el Señor endereza a los que ya se doblan, / el Señor ama a los justos, / el Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda / y trastorna el camino de los malvados. / El Señor reina eternamente, / tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

Santiago 5,7-10

Manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

Mateo 11,2-11

¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.» Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La primera y la segunda lectura de hoy, del profeta Isaías y del apóstol Santiago, coinciden en el mensaje: hay que esperar, debemos esperar, merece la pena esperar, porque viene nuestro Dios, él mismo viene en persona, y trae el desquite… Hay que tener paciencia, porque es inminente su llegada, ya está a la puerta…

No dudamos de que esta forma de plantear la esperanza, de vivirla y de transmitirla, ha sido útil y muy eficaz para muchas generaciones anteriores a nosotros, pero tampoco dudamos de que hoy día, ese planteamiento pudiera no servir ya.

– Este motivo aducido clásicamente para fundamentar la esperanza de que Alguien viene, alguien va a irrumpir apocalípticamente en nuestra vida, incluso con inminencia, y de que nuestra esperanza consista en «esperar» (de espera, no de esperanza) su llegada… no resulta hoy ya plausible.

– Ese esquema conceptual según el cual Dios ha anunciado que vuelve, en una segunda venida que sellará el final del mundo, y que nosotros estamos por tanto en un tiempo intermedio, incierto y amenazado por la espada colgante (de Damocles) de esa sorpresa divina que llegará como la visita del ladrón… ha sido una imagen poderosa, que ha cautivado la atención de muchas generaciones, pero que hoy empieza ya a no funcionar.

– Esa idea de que debemos esperar que en el futuro Dios va a castigar a los malos… y así «poner las cosas en su sitio» y vengar las maldades de los que nos han hecho daño… probablemente fue muy efectiva en otro tiempo, como lo ha sido en pedagogía todo lo referente a los premios y castigos, las buenas y las malas notas, pero hoy ya muy pocas mentes lúcidas pueden aceptar que la pedagogía humana infantil pueda ser aplicada al misterio existencial del ser humano.

Aquellas generaciones tenían una comprensión del mundo míticamente religiosa, inserta en las coordenadas de la descripción del mundo que las mismas religiones habían elaborado: un mundo que consistía esencialmente en un «plan de Dios» para poner una prueba al ser humano y llevarlo a otra vida, mejor o peor según mereciera premio o castigo. Dentro de ese «pequeño mundo», dentro de esa cosmovisión religiosista que ocupó por milenios el imaginario de nuestros mayores, funcionaba el hablar de una segunda venida, de la prueba que Dios nos pone, de la amenaza que supone la posible sorpresa del Dios que viene e irrumpe en el mundo para finalizarlo e inaugurar otro eón, el de los premios y castigos. Este imaginario religioso (tradicional, antiquísimo, milenario…) está agotándose, desapareciendo con las generaciones mayores, desvaneciéndose y perdiendo vivacidad y plausibilidad en las generaciones medias, y siendo rechazada en las generaciones jóvenes, en las que no logra ya implantarse. La transmisión de ese tipo de fe se está interrumpiendo.

En el nuevo imaginario o cosmovisión que muchos estamos adquiriendo, fundamentado en la nueva imagen que la cosmología y el conjunto actual de las ciencias nos ofrecen, ya no cabe concebir la realidad tan «antropocéntricamente» como para pensar que todo consiste y todo se reduce a «un plan que Dios ha hecho para probar al ser humano». Al ser humano actual no le resulta ya plausible una espiritualidad que le dice que él es el centro del cosmos, y que este cosmos «ha sido creado simplemente para servir de escenario al drama humano de su salvación ultraterrena»… Y no le resulta plausible tampoco que el misterio tan respetable del más allá sea asociado con y puesto al servicio de la amenaza de castigos o la promesa de premios…

¿Es posible ser cristiano sin aceptar estas imágenes que hoy sentimos como no incorporables a nuestra cosmovisión? Sí, lo es, al costo de purificar nuestra esperanza -y, más ampliamente, nuestra cosmovisión religiosa global- de aquellas imágenes propias de un tiempo que ya no es el nuestro.

En realidad, lo que importa es el contenido profundo, la experiencia espiritual, la dimensión de esperanza (en este caso), no el soporte de categorías, esquemas mentales, cosmovisiones apocalípticas o esquemas de concepción del tiempo de los que echaron mano nuestros antepasados. El cristianismo, a lo largo de su historia, ya ha abandonado muchas imágenes que en su tiempo fueron comunes, que luego se oscurecieron, y que finalmente nos resultaron inaceptables (de algunas de las cuales hoy incluso nos avergonzamos). Durante muchos siglos, el predominio del pensamiento estático, el supuesto de la ahistoricidad, y el desconocimiento del carácter evolutivo de todo, nos ha querido hacer pensar que no podemos cambiar nada, que debemos creer a la letra lo que expresaron nuestros mayores, sin remontarnos a revivir su misma experiencia profunda pero con libertad y creatividad, y que nada puede ser innovado. Pero la misma historia está ahí para mostrar lo contrario a quien sepa y quiera verlo. Y también está ahí el presente: son muchos ya, de hecho, los cristianos/as que «creen de otra manera».

El evangelio de Mateo nos presenta la llamada «prueba mesiánica». Juan el Bautista desde la cárcel manda emisarios para preguntarle a Jesús si es él el esperado o si deben esperar a otro. Jesús no responde con algunas pruebas teológicas, ni con citas bíblicas apologéticas, o con algunos dogmas o doctrinas, sino que se remite y remite a los consultantes a los puros hechos, que pueden ser «vistos y oídos»: «los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios… y a los pobres se les anuncia el Evangelio, la Buena Noticia». Estos «hechos», estas buenas noticias, son la prueba de identidad del Mesías. Y serán, tienen que ser, la prueba de identidad de quienes sigan al Mesías, al Xristós, o sea, los «cristianos». Sólo si nuestra vida produce esos mismos hechos, sólo si somos «buena noticia para los pobres», sólo entonces estaremos siendo seguidores de aquel Mesías, del Xristós, o sea, «cristianos».

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 45 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «Una pregunta desde la cárcel». El audio, el guión del texto, y su comentario bíblico-teológico, puede ser tomado de aquí: https://radialistas.net/45-una-pregunta-desde-la-carcel/.

 

Respecto al tema de los premios y castigos eternos, repetimos aquella indicación bibliográfica para quienes puedan leerlo en inglés –mientras está a punto de salir en castellano en la colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org)–, el libro de John Shelby SPONG, Vida eterna: una nueva visión. Más allá de las religiones, más allá del teísmo, más allá de cielo e infierno, 232 pp, publicado en español por la editorial Abya Yala de Quito, en su colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org). El subtítulo lo dice todo sobre la intención y el enfoque de este libro.