Una política anticrisis éticamente irresponsable

por Guillermo Múgica

DIARIO DE NOTICIAS

La conocida catedrática de Ética Adela Cortina decía recientemente que al Estado de bienestar deberíamos denominarlo, más bien, Estado de justicia. Efectivamente, la universalidad de acceso a los bienes básicos que el mismo propicia no es una concesión graciosa y generosa, y menos discrecional. Es un derecho. Histórico y contextual como todos, pero derecho. Y, por parte del Estado que lo garantiza y posibilita, un deber, el cumplimiento de una responsabilidad que le concierne. No en vano no está por encima de la sociedad y de la ciudadanía, sino por debajo y a su servicio. Tampoco podría ser de otra manera en una democracia que se pretende y proclama «social». Y que sólo es realmente tal, si lo es de justicia; y que sólo siéndolo, podrá denominarse en verdad social.

Se ha afirmado a menudo que la crítica mejor, más objetiva y radical a una determinada dinámica histórica y a los impulsos políticos que la sustentan viene de la realidad misma, de los hechos, de los efectos y consecuencias que dichos impulsos y la mencionada dinámica provocan. Pues bien, a tenor de ello, muchas y muchos pensamos que el afrontamiento general de la crisis presente no sólo es injusto e inhumano y nada tiene que ver con el tipo de democracia que consagra nuestra Constitución. Es realmente criminal, por muy dura que suene la palabra y que, aquí, no quiere tener nada de metafórica. Más aún, incluso en función de los fines que supuesta, retórica y oficialmente pretende, es irracional. Así lo vienen repitiendo hasta la saciedad algunas de las mejores mentes mundiales en materia económico-social.

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¿Porque casi no se habla del debate climático de Durban?

Rómulo Pardo Silva (especial para ARGENPRESS.info)

 

Porque la Educación en el conjunto del planeta no forma hombres libres sino personas programadas para seguir señales, instrucciones, adoctrinamientos decididos por los dueños del capital.

Para saber lo que se lucha en Durban habría que realizar una búsqueda independiente y eso está fuera de lo enseñado y aprendido.

 

Las mujeres y los hombres con autonomía para pensar, criticar, proponer, actuar según los hechos de la realidad son minoría. La mayoría pasivamente hace propio el pensamiento que le entregan los empresarios a través de la escuela, la religión, la publicidad, el periodismo…

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Dios y las desgracias

José Mª Castillo, teólogo

Teología sin censura

 

Como ahora se habla tanto de la crisis, todo el mundo, a todas horas y por todas partes, quiere saber quiénes son los responsables de este desastre. Unos le echan la culpa a los políticos, otros dicen que los causantes de todo esto son los banqueros, los economistas, los ricos, etc, etc. Y a todo esto se ha venido a sumar, desde hace algunos meses, un nuevo responsable. Y ese responsable es nada menos que Dios. O eso es lo que se da a entender.

Porque hay quienes aseguran que la causa de la crisis está en el olvido de Dios. Porque, como hemos abandonado las creencias religiosas, de forma que ya es demasiada la gente que no se acuerda de Dios y de sus mandamientos, por eso nos hemos hecho más egoístas, más codiciosos, más comodones y nos hemos puesto a vivir por encima de nuestras posibilidades. Por eso, el olvido de Dios nos ha hundido en esta miseria de crisis, de la que vamos a salir solamente el día que Dios quiera, como se dice en algunas hojas parroquiales o publicaciones parecidas.

Sin entrar en más profundidades, el lenguaje y las explicaciones que acabo de reproducir tienen un inconveniente que me preocupa: todo eso puede dar pie a que haya gente – quizá mucha gente – que, a partir de semejante discurso, en vez de acercarse a Dios, lo que haga sea alejarse más de Él. Es malo asociar a Dios con las desgracias, por ejemplo con los terremotos, las sequías, las enfermedades y todo lo malo que nos puede ocurrir en la vida. Hacer a Dios responsable del sufrimiento humano es una falta de respeto a Dios. Y además es una solemne mentira.

Porque si Dios es el responsable de los males y las desgracias, ¿cómo nos atrevemos a decir que Dios es bueno y nos quiere? ¿Es que un padre, que quiere a sus hijos, les manda sufrimientos y desgracias para mostrarles así su cariño? Y que nadie me diga que Dios “no quiere” los males, sino que “los permite”, para que así nos santifiquemos mediante el aguante y la paciencia. ¡Por favor! Permitir tanto sufrimiento es la prueba más clara de que quien hace eso, tiene muy malas entrañas. La lógica más elemental nos dice que el que permite tanto mal, es que debe ser muy malo.

Lo de los males y las desgracias tiene su explicación en que el mundo es como es, con sus limitaciones y contadas posibilidades. Y a eso hay que añadir la inclinación al mal que todos los humanos tenemos en nuestros sentimientos y deseos más comunes.

Pero, en el caso de la crisis que estamos sufriendo, hay que decir algo más. Los que peor lo están pasando son las víctimas de los que manejan el gran capital mundial. De donde resulta que los más culpables de la crisis son los que más están ganando y mejor lo están pasando. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Ahora va a ser verdad que los pobres, por ser pobres, son los que más merecido tienen el castigo de Dios? Esto sí que no cuadra, por muchas vueltas que le demos al asunto.

La primera petición, que le hacemos a Dios en el Padrenuestro, es: “santificado sea tu nombre”. Sea cual sea el sentido más técnico y profundo que tenga esa petición, por lo menos viene a decir que el primer deseo de todo buen cristiano debe ser éste: “no utilicemos nunca el nombre de Dios para lo que no debe usarse”. El nombre de Dios se utiliza mal cuando se blasfema. Pero también cuando se invoca a Dios para explicar o justificar criterios o formas de conducta que impulsan a la gente a alejarse de Dios, a hacer daño a los demás o simplemente a causar sufrimiento a quien sea y como sea

No hagamos más daño a la Iglesia

José Maria Castillo

San Pablo tenía una obsesión: vivir de tal manera que su conducta no fuera para nadie motivo de alejarse del Evangelio. Era ésta una obsesión que tenía un fundamento muy serio: Pablo sabía que todo lo que aleja del Evangelio, por eso mismo aleja también de la Iglesia. Y esto era, sin duda alguna, lo que más le dolía al apóstol Pablo.

Este razonamiento, tan sencillo y tan claro, es el argumento que Pablo utilizó siempre para justificar por qué, teniendo tanto que hacer, no renunció nunca a su trabajo, el oficio duro de fabricar tiendas de campaña, con el que se ganaba la vida.

Pablo sabía que la predicación del Evangelio y la organización de las comunidades (“iglesias”) le daba derecho a vivir de esa tarea en favor de los demás. Pero Pablo repite, una y otra vez, que él renunció libremente a ese derecho “para no crear obstáculo alguno al Evangelio” (1 Cor 9, 12; 1 Tes 2, 9; 2, 6-12; 4, 10 ss; 1 Cor 4, 12; 9, 4-18; 2 Cor 11, 7-12; 12, 13-18; Hech 20, 33-35; cf. Hech 18, 1-4). Por tanto, Pablo sabía que, a veces, vivir de la religión, le crea problemas a la religión. Por eso Pablo cortó por lo sano. Y, en consecuencia, vivió de su trabajo, como todo hijo de vecino.

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Gasolino

por Juan Kruz Lacasta

Diario de Noticias

 

Anochecía y el gasolino que une Hendaia y Hondarribia estaba a punto de partir del puerto labortano. Llegaron al embarcadero dos mujeres árabes con cinco niños. El piloto de la chalupa les informó de que era el último viaje de ida y vuelta, por lo que si querían regresar a Hendaia en barca no podrían bajarse ni por un instante en Hondarribia. Las mujeres torcieron el gesto contrariadas, pero le respondieron que aun así harían el viaje porque a sus hijos les hacía mucha ilusión. Añadieron que los críos llevaban todo el día pidiendo que los montaran en barco. El piloto les dijo que sólo les cobraría el viaje de ida. Las mujeres se lo agradecieron con amplias sonrisas y gestos de alivio. Él les dio los tickets y ellas le pagaron con calderilla que iban sacando de sus carteras.

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No hagamos más daño a la Iglesia

José Maria Castillo

San Pablo tenía una obsesión: vivir de tal manera que su conducta no fuera para nadie motivo de alejarse del Evangelio. Era ésta una obsesión que tenía un fundamento muy serio: Pablo sabía que todo lo que aleja del Evangelio, por eso mismo aleja también de la Iglesia. Y esto era, sin duda alguna, lo que más le dolía al apóstol Pablo.

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Ciudadanos de izquierdas crean una asociación de inspiración cristiana

DIARIO DE NOTICIAS

·         El colectivo, ligado a pax romana, aboga por abrir el diálogo a la cultura actual.

·         La búsqueda de la paz, la reconciliación, la justicia social y la defensa de los derechos humanos, entre sus objetivos. Pamplona 5 de Diciembre.

Solasbide, que en euskera significa «vía para el diálogo», ha sido el nombre elegido por un grupo de hombres y mujeres, profesionales e intelectuales navarros presentes en diversos ámbitos, para designar a una asociación que, constituida ya el curso pasado, nace con vocación de contribuir al diálogo y al bien común en nuestra sociedad, desde una visión cristiana y en perspectiva abierta a la aldea global.

Vinculada a Pax Romana, movimiento internacional de profesionales e intelectuales católicos, ha recibido los pasados días la visita de su presidente mundial, el profesor universitario Javier Iguiñiz, peruano oriundo de Lesaka.

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Otra economía

José Arregui, teólogo
El Blog de José Arregui

Un hermano franciscano, que tiene de socarrón cuanto tiene de bondadoso –y es mucho–, me soltó hace unos días con su sonrisa traviesa: “Ya te vale de hablar de pajaritos en el aire y de nubes en el cielo. Escribe de economía”. ¡Caramba, Toño! Tan listo como eres, ¿piensas acaso que los pájaros y las nubes no forman parte de nuestra economía? ¿Crees que no son los mismos los males que nos afligen a ellos y a nosotros, pues somos carne común?

Pero bien, no me saldré por la tangente, cosa imposible contigo, y hoy escribiré de economía. Aunque no sé cómo puedo yo escribir de economía, si apenas hace un año que me enteré de cómo funcionan la hipoteca y el euríbor, y además estoy seguro de que la próxima semana, con la misma sorna mansa y con la misma razón, me dirás: “Zapatero, a tus zapatos”.

Los zapatos nos aprietan cada vez más, al igual que el cinturón, a pesar de que todos estamos en régimen de adelgazamiento general. Ajustar los zapatos y estrechar el cinturón: he ahí la receta que nos quieren imponer, en nombre de la razón económica. Bajar salarios, disminuir pensiones, reducir servicios. Adelgazar lo público y engordar lo privado. Trabajar más y ganar menos. Producir más y distribuir menos. Empobrecer a muchos y enriquecer a unos pocos. Abaratar el despido, facilitar el desahucio, encarecer el préstamo. Obligar a endeudarse, exigir que paguen, e impedir que puedan hacerlo.

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La gran perversión

Leonardo Boff, teólogo

Koinonía 

Para resolver la crisis económico-financiera de Grecia y de Italia se han formado, por exigencia del Banco Central europeo, gobiernos solo de técnicos sin participación de ningún político. Se partía de la ilusión de que se trata de un problema económico que debe resolverse económicamente. Quien solo entiende de economía, acaba no entendiendo ni siquiera la economía. La crisis no es de economía mal manejada, sino de ética y de humanidad.

Ambas muy relacionadas con la política. Por eso la primera lección de un marxismo básico es entender que la economía no es parte de la matemática y de la estadística sino un capítulo de la política. Gran parte de la obra de Marx está dedicada a desmontar la economía política del capital. Cuando en Inglaterra ocurrió una crisis semejante a la actual y se creó un gobierno de técnicos, Marx hizo duras críticas mofándose con ironía, pues preveía un fracaso total, como efectivamente ocurrió. No se puede usar el veneno que creó la crisis como remedio para curarla.

 

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A Arantzazu por la paz

Jose Arregi, 24-Noviembre-2011

ATRIO

Eutsi berrituz, un grupo de cristianas y cristianos de Gipuzkoa, convoca un encuentro por la paz en Arantzazu para el próximo sábado 26 de Noviembre. Eutsi berrituz es un buen nombre y lema: “Perseverar renovando”, o “Resistir reformando”. Perseverar y resistir renovando ¿qué? Esta sociedad resignada, este mundo atemorizado, esta Iglesia paralizada en el pasado. Y esta paz insegura que volvemos a soñar. Les felicito por la iniciativa y os animo a sumaros el día 26, por el sitio que es –Arantzazu, lugar de espinas, lugar de perdón, lugar de paz– y por la causa que les lleva –la paz de la memoria, la paz de la justicia, la paz de la bondad–.

Creo en la paz, fruto de nuestra tarea, regalo de Dios. “Que los montes traigan paz y los collados justicia”, rezaba el salmista bíblico, no porque esperase que la paz llegaría por sí misma de los montes y de los collados, o del cielo, desde fuera y desde lejos, como llega una caravana extranjera. Bien sabía el salmista que la paz y la justicia han de germinar en nuestros valles, que todos los dones del cielo han de brotar en nuestra tierra, que Dios nace y viene de esta frágil arcilla que somos, de este barro que Él/Ella misma anima pacientemente.

 

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