Un comentario de Feli Alonso Curiel en Religión Digital del 21 de Mayo de 2009
Cayó en mis manos hace pocas semanas un ejemplar de la revista Iglesia Viva 235 (2008) y, al comprobar que escribía Torres Queiruga, me animé a leerlo con sumo interés. La teología es un tema que me apasiona desde hace años y, sin llegar a ser teóloga, sí tengo una cierta formación teológica que me permite paladear todo lo que concierne al cristianismo y, por ende, a mi propia fe.
El título del artículo era “Aclaración sobre mi teología. Respuesta a un diagnóstico de Olegario González de Cardedal”. Siempre es bueno, pensé, asistir a un debate entre dos teólogos. A medida que leía, comprobaba que era otra cosa de la que yo pensaba. Torres Queiruga usaba ese artículo para ejercer su derecho a defenderse ante los injustificados y temerarios juicios que había emitido González de Cardedal en su libro El quehacer de la teología de Sígueme.
Leí el artículo hasta meda docena de veces. El lenguaje me resultaba muy denso en algunos párrafos y hasta ininteligible; mas, el respeto y el agradecimiento que siento por la obra de Torres Queiruga, me incitaba a intentar comprenderlo bien. Además descubrí una necesidad de posicionarme ante el problema de gran calado que presentaba la queja de Torres Queiruga.