BITACORA
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Hace dos años y dos meses que murió el religioso Marcial Marcel, fundador de los Legionarios de Cristo. Pederasta reconocido. Hasta un exorcista mandó el Vaticano para tratar de que, al menos antes de morir, se arrepintiera y muriera en paz. No admitió ayuda. Ya no creía ni en el perdón de Dios. Dejó más de seis hijos ocultos, varias esposas. En cada país tenía identidad distinta. Un patrimonio de más de 20.000 millones de euros.
Su gran valedor fue el Cardenal Ángelo Sodano, Secretario de Estado del Vaticano desde 1990 a 2006.
Se sabe que Maciel y Sodano se hicieron amigos en Chile, años 80, durante la dictadura de Pinochet. El cardenal Sodano además de constituirse en el defensor de Pinochet, se convirtió en el mayor “protector de Maciel".
Sodano intervino ante las autoridades italianas para cambiar y ampliar el plan de construcción de la universidad de los legionarios de Cristo. Maciel contrató al sobrino de Sodano, Andrea, como “asesor" y, cuando otros dirigentes “legionarios” quisieron retirarle de la obra del edificio por retrasos y mala calidad en la construcción y hasta llegaron a amenazar con no pagarle, Maciel gritó: "Páguenle, páguenle".
Maciel y Sodano entrecruzaron sus manejos, sus influencias y sus dineros. Maciel aportaba ingentes cantidades para sufragar, entre otros asuntos, los costosísimos viajes del papa Wojtyla, organizados por el grandullón Sodano.
El Cardenal fue siempre muy simpático y ocurrente. Dicen que ante cualquier petición de secularización de curas o religiosos siempre hacía la misma pregunta, o el mismo chiste: “¿cómo se llama ella?”. Ante la secularización del franciscano teólogo Leonardo Boff comentó: “siempre hubo judas en la Iglesia”. ¡Qué gracioso el Cardenal!
Señor Cardenal, hoy Decano del Colegio de Cardenales, no le hablo de teologías ni de evangelios ni de escrituras sagradas. Sólo le recuerdo la decencia social, política: la “decencia mundana”. De la decencia “divina” su Eminencia sabrá mucho y mejor que los vulgares mortales. Pero sólo dimitir, no. Entregue su capelo al Papa. Abandone el cardenalato. De ejemplo a la Iglesia y al mundo.
Además, no vuelva hablar en nombre de “toda la Iglesia”. ¡Váyase! ¡Y llévese con su Eminencia a unos pocos de la Curia!
Luis Alemán Mur
Después de firmar lo arriba escrito leo en Crónica del periódico El Mundo que su Eminencia Sodano “es señor de una codiciada villa en Settebagni (Roma)”. ¡Buen sitio para el retiro de un Príncipe de la Iglesia! A descansar, señor, en sus “siete baños” Pero deje el capelo, antes de irse. El capelo es un símbolo. (“Devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo .lo demás”)
