gabriel mª otalora –
Diario de Navarra
AGOSTO no es un mes proclive a grandes efemérides, como si los grandes acontecimientos supieran de nuestros ritmos y dejasen todo su protagonismo para el resto del año. Semejante irrealidad viene corroborada por el doble aniversario que nos trae al recuerdo a la comunidad de Taizé con su doble celebración; el 19 de agosto se celebró el 70º aniversario de su creación y el día 15 se cumplió cinco años del asesinato de su fundador, el nonagenario hermano Roger.
Si hubiese que resumir qué es el fenómeno Taizé, habría que identificarlo como un lugar en el que las barreras humanas han sido abatidas por la acogida. Ni los idiomas, ni la religión ni las ideas sociopolíticas tienen predicamento alguno en este gran foro de convivencia que actúa como una isla de acogida en un mundo cada vez más interconectado pero, a la vez, con tanta incomunicación.
La comunidad ecuménica de Taizé fue fundada por Roger Schutz, a la vera del pueblecito borgoñés que da nombre a la comunidad. En plena Segunda Guerra Mundial, aquel muchacho de 25 años se cuestionó qué responsabilidad cabía a los cristianos, divididos en la tragedia que entonces desangraba al mundo. Intuyó que si los cristianos estaban unidos, habría menos posibilidades de que una guerra similar se repitiera.