Gabriel Mª Otalora
FE ADULTA
Me da la sensación de que ha perdido fuelle la labor en pos de la unidad de las iglesias cristianas. O al menos, me parece que el tema ha pasado a segundo plano por la actualidad de otros acuciantes problemas en la Iglesia católica.
Es verdad que se siguen rezando los octavarios por la unión, y que las relaciones entre las diferentes confesiones cristianas no están enconadas como en otros tiempos, aunque no sé si vienen suficientemente acompañadas del esfuerzo humano necesario para lograr una sola iglesia de Cristo.
Quizá este noble objetivo esté experimentando una mutación hacia la consecución de otro logro de calado no menor al anterior, al menos por una parte significativa de católicos: conseguir que el mayor número de sensibilidades eclesiales -no confundir con eclesiásticas- estén presentes en las principales decisiones de nuestra iglesia.