KOLDO ALDAI, koldo@portaldorado.com
ECLESALIA, 18/07/11.- Iban de valle en valle ofrendando su saber, su esfuerzo, sus días para mayor gloria del Dios que entonces cabía en sus mentes. Tañer de metales era su machacona, pero piadosa oración sin fin. Los golpes de martillo y cincel sin contrato, ni horario, sin seguro, ni pensión…, era su entero regalo al Cielo y a aquel mundo aún tan pequeño. Los compañeros constructores del románico apenas dejaban unos símbolos grabados como firma. Su ejemplar testimonio eran las piedras anónimas que rudas, toscas, pero agradecidas, escalaban hacia lo Alto.Nadie corra a registrar hoy unas piedras que ayer se ofrendaron desde la más pura generosidad y sacrificado trabajo.
Nadie se apropie en exclusiva del sudor y de las donaciones de los antepasados. Que sean las autoridades civiles las que regulen el uso de ermitas y pequeñas iglesias sin propiedad definida hasta nuestros días. Que sean los consistorios los que administren esos espacios comunes para posibilitar un silencio y recogimiento cada vez más urgentes, para el desarrollo de celebraciones y actos por supuesto católicos, pero también plurales e interreligiosos. Que las gentes de fe que buscan paz y alabanza compartida, independientemente del credo, puedan hallar entre esos muros su necesario espacio. Que quienes no abrazan fe puedan allí también dar con sosiego, belleza, encuentro apacible consigo mismos/as.