CUARESMA ES SILENCIO

 FE ADULTA

 

Cuarenta, cuarentena, cantar las cuarenta, cuaresma. Dentro del año litúrgico, tiempo de ayuno, abstinencia, mortificación, arrepentimiento, penitencia. En el nacional catolicismo de posguerra, tenebroso recuerdo para los que somos mayores, un tiempo dominado por el clero, ejercicios espirituales, misiones populares. Tiempo de tristeza de color morado. 

Historia 

Siglo II. Se fijó un domingo para celebrar la pascua de resurrección del Señor. A su alrededor brotó una minicuaresma de dos días de ayuno: viernes y sábado santos. Unidos al domingo de resurrección formaron el triduo santo. El ayuno del viernes y sábado santos no era ayuno de comida. Era ayuno de eucaristía. Era como participar en la muerte, para participar en la resurrección. 

Siglo III. El triduo se extiende a una semana. Avanzado el siglo se prolonga a seis semanas. El fin es preparar a los catecúmenos al bautismo. Se escogen como textos básicos del curso catecumenal los capítulos evangélicos de la samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro. 

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LAS BIENAVENTURANZAS

José Arregui
(cartas de otros años)
  

Queridos amigos y amigas: 

                                                   Si tuviera que quedarme con una única palabra del Evangelio y dejar todas las demás, me quedaría con ésta: "¡Bienaventurados!". Con ella abrió Jesús su mensaje y en ella lo resumió por entero.  

Ardía por dentro con el fuego de los profetas de todos los tiempos, y subió a una montaña, como antiguamente había subido Moisés, pero en lugar de aquellos diez mandamientos antiguos de piedra, proclamó a los cuatro vientos ocho alegres pregones: "¡Bienaventurados vosotros!". A pobres, enfermos, perseguidos y a todos los miserables les anunció bienaventuranzas:  

"¡Bienaventurados vosotros, no porque sois pobres, claro está, sino porque vais a dejar de serlo!  

¡Bienaventurados vosotros, no porque lloráis, sino porque tendréis gozo en lugar de llanto! 

 ¡Bienaventurados vosotros, no porque seáis perseguidos, sino porque ya llega vuestra liberación! ¡Dios os librará!

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Haití­, Dios, el mal”: y de nuevo el dilema de Epicuro

Andrés Torres Queiruga, teólogo

  Religión Digital

Dios en Haití.
“El concepto de un mundo sin mal es tan contradictorio como un círculo-cuadrado”
El teólogo Andrés Torres Queiruga explica a Dios después del terremoto
La catástrofe ha sido terrible: como un mazazo en la conciencia del mundo, ya castigado por la crisis económica. Por fortuna, la reacción ha sido casi sorprendentemente buena. Se ha producido una especie de salto cualitativo en la solidaridad mundial, tanto en los individuos como sobre todo en los estados que, como nunca antes, comprendieron la necesidad, en estricta de justicia, de unirse para reconstruir un país destrozado y, antes, esquilmado (¿lo cumplirán?).

También la teología, en la casi totalidad de los artículos publicados, supo apuntar a algo fundamental: no remitir el problema a Dios centrándose en la catástrofe natural, sino insistir en nuestra responsabilidad humana, en el hecho de que, por nuestra culpa, los males causados hayan afectado ante todo y sobre todo a los pobres. Ellos han sufrido y sufren mayoritariamente las peores y más dolorosas consecuencias.

Lo que se espera no es, pues, el puro lamento o la simple compasión, sino la ayuda efectiva y la presión política.

 

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Mesa compartida, sí­, ni sacrificio, ni sacerdocio

José María Garcia Mauriño

 Todas las religiones tienen su sacerdocio. Esta institución tiene la tarea de mediación entre los dioses y el pueblo. Los dioses imponen su voluntad a la gente, tienen que cumplir las normas que provienen del Olimpo. Y el que no las cumpla es objeto de castigo, personal o socialmente. Se castiga a los individuos y al pueblo entero que no cumplen sus mandatos. Las enfermedades son un “castigo” divino personal.

Las tormentas, la sequía, son un castigo colectivo Así, Júpiter, el rey de los dioses, se “enfada” enviando rayos y truenos, al territorio de un pueblo que no obedece sus órdenes. Entonces, el sacerdote ofrece sacrificios para aplacar la ira de los dioses. El sacerdote es un ser especial, apartado de la gente, una persona sagrada y consagrada para ejercer un culto a los dioses. Es una persona que tiene poder para tener propicios a los dioses, celebrando cultos, sacrificios, ritos expiatorios, como la inmolación del cordero pascual.

Se le da carácter divino, como personas escogidas por dios. Existe, pues, una relación entre el sacerdote, el sacrificio y el pueblo. El acceso al dios se realiza mediante los ritos que el sacerdote ofrece a los dioses, en reparación por los pecados. El sacerdote está más cerca del dios que el resto de la gente. Por eso, se acude a él y le ofrecen dones, animales, dinero, etc. para estar a buenas con dios.

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JESÚS, ENCARNACIÓN DE DIOS EN LA TIERRA

FE ADULTA

¿Qué es más verdad:
que Dios “se hace” hombre
o que un hombre llega a ser Dios? 

Jesús nació por lo menos cinco años antes de Cristo. Seguramente no nació en Belén, sino en Nazaret. La verdad histórica es que no sabemos ni cuándo ni dónde nació. 

Pero no puede haber duda: Jesús de Nazaret fue un hombre sin trampa. Sin cartas en la bocamanga, sin privilegios. Con la ciencia y con la ignorancia de un hombre de su tiempo. No echemos purpurina, ni magia de circo sobre la realidad humana de aquel palestino llamado Yesuá. 

Él es el triunfo de la humanidad. Y esta maravilla de Hombre no sale hecho de las manos de Dios. Ese hombre se ha ido haciendo. 

Nada ha salido terminado de las manos de Dios. Dios no crea Hechos ni Personas. Dios crea evolución, crea historia. Jesús, como todo hijo de vecino, tuvo que “hacerse”. La llamada “encarnación” fue un hacerse. Como la llamada “creación” tampoco salió hecha de la palabra de Dios. 

 

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¿EXISTIERON LOS REYES MAGOS?

Los extraños visitantes

ATRIO

De todos los episodios de la infancia de Jesús, tal vez el más conocido es el de los Reyes Magos. ¡Quién no recuerda cada año, al llegar la Navidad, a aquellos misteriosos personajes que arribaron a Belén de tierras lejanas, envueltos en sus exóticos atuendos, para ofrecerle al Niño Dios sus presentes de oro, incienso y mirra! 

El único evangelista que conserva el recuerdo de este hecho es San Mateo (2,1-12). Según él, procedían de algún lugar de Oriente, y lograron encontrar a Jesús gracias a una misteriosa estrella que los guió por el camino. 

El episodio está tan grabado en la mentalidad popular, que millones de niños en todo el mundo creen que los Reyes Magos todavía siguen viniendo, en la madrugada del 6 de enero, a dejarles a ellos también algún regalo en sus zapatitos.

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CREER EN EL CIELO

José Antonio Pagola

En esta fiesta cristiana de Todos los Santos, quiero decir cómo entiendo y trato de vivir algunos rasgos de mi fe en la vida eterna. Quienes conocen y siguen a Jesucristo me entenderán. 

Creer en el cielo es para mí resistirme a aceptar que la vida de todos y de cada uno de nosotros es solo un pequeño paréntesis entre dos inmensos vacíos. Apoyándome en Jesús, intuyo, presiento, deseo y creo que Dios está conduciendo hacia su verdadera plenitud el deseo de vida, de justicia y de paz que se encierra en la creación y en el corazón da la humanidad. 

Creer en el cielo es para mí rebelarme con todas mis fuerzas a que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños, que solo han conocido en esta vida miseria, hambre, humillación y sufrimientos, quede enterrada para siempre en el olvido. Confiando en Jesús, creo en una vida donde ya no habrá pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar. Por fin podré ver a los que vienen en las pateras llegar a su verdadera patria.

 

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¿Jesús fue célibe?

José Arregi

 

¿Fue Jesús célibe? Empezaré por decir que la cuestión no me parece importante.  O, mejor, que no me parece que la cuestión sea importante por sí misma, sino por el significado que queramos darle, por los intereses se implican, por las emociones que nos provoca.

                 Si Jesús fue célibe o estuvo casado o tuvo pareja es una pregunta histórica que sólo la historia y sus métodos pueden responder. El creyente como tal no tiene nada que decir al respecto: no es la fe la que permite establecer o desmentir hechos históricos. No es mi afición al Athletic la que decide si ganó o perdió el domingo pasado. No es mi amor a Jesús el que determina si fue concebido sin varón o con varón, o si su amado cuerpo desapareció del sepulcro sin que nadie se lo llevara de allí, o si después de su muerte María de Magdala, la amiga, volvió a abrazarlo.

El mismo criterio se aplica en el caso que me ocupa: a uno le encantaría que Jesús hubiese compartido su vida y su cuerpo con una compañera (o un compañero); a otro le horroriza la mera hipótesis y no puede ni siquiera imaginar un Jesús con pareja. Pero ni el uno ni el otro tienen nada que decir sobre el hecho histórico en cuanto tal.

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¿Es posible que los ricos entren en el Reino de Dios?

15-Octubre-2009    José Arregi

¿Recuerdas la escena? Un hombre rico -¿un joven rico?-, un hombre íntegro y justo al menos en apariencia, se postra ante Jesús y le pregunta sin rodeos: “Maestro, ¿qué he de hacer para ganarme la vida eterna? Cumplo todos los mandamientos de Dios, y doy buenas limosnas. Pero no estoy seguro de que eso baste. Quiero asegurar la vida eterna. ¿Qué tengo que hacer para ganarla?”. No podemos negarle buena voluntad a este hombre. Pero su voluntad ¿es realmente buena?
Jesús le miró con cariño, y luego le respondió: “Amigo, ¿me has dicho ‘vida eterna’? ¿Te refieres a la vida del cielo después de la muerte? ¿Y tan empeñado estás en ganar el cielo? ¡Si el cielo ya lo tienes ganado, buen hombre! Mejor dicho, no necesitas ganarlo. Nadie necesita ganar el cielo, pues todos lo tenemos seguro desde siempre, desde antes del comienzo. El cielo, ¿sabes?, es Dios mismo, y Dios no puede excluir a nadie del cielo -ni aunque lo quisiera, pero tampoco lo puede querer-. De modo que a nadie le faltará ese bendito cielo de después. Pero es que no es ésa la cuestión, amigo mío. Yo nunca me he preocupado por ese cielo, por ese paraíso futuro que será regalado a todos cuando Dios será todo entero Dios para todos. El problema no es ese cielo futuro, el cielo en el cielo. No, el problema es el cielo de aquí, el cielo de ahora, el cielo de la tierra. De tanto querer ganar tanto, querido amigo, ¿no estarás perdiendo justamente el cielo de ahora? ¿No será que, con ese tu afán de poseer, estás malgastando la vida presente? ¿No será que estás convirtiendo, ¡perdón!, la tierra en infierno para ti y para tantos? Míralo bien: lo que importa no es la vida eterna de luego, del cielo futuro.

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El camino de la cruz versus el camino del poder

La Comunidad

Juan Masiá Clavel, teólogo, bioeticista

Redes Cristianas

La frase es fuerte. Jesús llama “Satanás” a Pedro. Pedro quería apartar a Jesús de su camino, le recomendaba que se hiciera con el poder.

¿Se imaginan a los dirigentes eclesiásticos recibiendo de mañana un e-mail venido del cielo que dijera: “Apartáos de mí, Satanases”?. No sería raro que llegase ese mensaje cada vez que la cohabitación de la iglesia institucional con los poderes de este mundo aleja al pueblo de la fe.

Cuando buscamos poder, influencia, prestigio y dominación, no vamos por la línea del movimiento de las redes que inició Jesús: no de poder, sino de servicio.


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