Historia de una decadencia
Rafael Ramos | Londres
Corresponsal
La Vanguardia
Donde hubo un barrio aristocrático londinense, Peckham, viven ahora familias dependientes de los subsidios sociales.
Por término medio la policía me da el alto tres veces al día sin motivo alguno, me pide los papeles, me hace un par de preguntas y me deja marchar tras comprobar que no soy ningún delincuente –se lamenta Patrick Radebe, el propietario negro de una imprenta de Peckham–. Y eso que voy bien vestido, con traje y corbata, no luzco collares de oro en el cuello ni pendientes de diamantes en las orejas como los mafiosos locales o los capos de la droga. ¡Imagínese lo que ocurre con los chavales que llevan un chándal, zapatillas de deporte caras y el rostro cubierto con una capucha".