Uno de los nuestros, obispo. La Iglesia de Madrid está de enhorabuena

Alguien que tiene la capacidad de decir las cosas con firmeza, de unir diferentes sensibilidades y, sobre todo, alguien que ha descubierto que la Iglesia debe ser instrumento de salvación y casa materna para todos.

Hay noticias que nos alegran y nos llenan de esperanza, que nos hacen entender que nada es para siempre, que todo pasa y todo llega y que la historia se va escribiendo cada día y ésta puede cambiar de un momento para otro. Mi estancia en Brasil me ha ayudado a tener una visión diferente del episcopado, como gente de carne y hueso, algunos también hay en España, con quien te puedes sentar a hablar de tú a tú, reírte o ver como algunos viven sin mucha parafernalia. Recuerdo que la primera vez que Don André de Witte, el obispo de Ruy Barbosa, la diócesis donde trabajé durante más de diez años, durmió en mi casa, me pidió una “mesita de noche” y, como no tenía otra cosa, le puse una caja de cartón. Él me lo agradeció de verdad, a mí se me caía la cara de vergüenza, pero es que no tenía otra cosa para ofrecer…

En España, aunque sea algo que forma parte del subconsciente profundo, que casi nunca estamos dispuestos a reconocer, nuestra visión de los obispos, inclusive entre el clero, es diferente. Por eso, el nombramiento de José Cobo como obispo auxiliar de Madrid, junto con Santos Montoya y Jesús Vidal, no sé si por verles como gente de mi generación, que por otro lado era un rumor que ya había llegado con insistencia hasta estas periferias del mundo en que uno vive, es algo que desde ayer me ha llevado a pensar, a rezar y a agradecer a Dios, a la Iglesia y a ellos por haber aceptado este nuevo servicio, por el que hay quien se alegra mucho y por el que también van a recibir muchos palos, como de hecho uno ya está leyendo por ahí, gente que en el caso de unos les ningunea y en el del otro se atreve a decir que es malo. Leer mas…