Este año hay 98 millones de hambrientos menos que en 2009, cuando se alcanzó el negro récord de 1.023 millones. Es positivo pero no suficiente
Tras estas buenas noticias 925 millones de niños, mujeres y hombres nos siguen pidiendo a gritos que hagamos algo ya. ¿Estamos en el buen camino? Toca responder el 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación.
El próximo 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación, podremos celebrar que la cifra de hambrientos ha bajado de 1023 a 925 millones. “Es, en efecto, una buena noticia que hayamos conseguido rebajar el triste récord del pasado año pero no podemos ni debemos relajarnos: una de cada seis personas sigue sin tener con qué alimentarse cada día”, señala el Director General de Acción contra el Hambre, Olivier Longué. “No podemos olvidar –continúa- que la crisis, la subida del precio de los alimentos y las tensiones en los mercados agrícolas internacionales siguen haciendo mella en los más vulnerables”. Y es que el hambre no ha retrocedido en todos los países por igual: es Asia y el Pacífico, con 80 millones de desnutridos menos, la región que ha conseguido los mayores avances, probablemente gracias a un entorno económico más favorable. No obstante sigue siendo la región con más hambrientos del mundo: 658 millones de personas. Pero sigue siendo África el continente donde el peso relativo del hambre es más preocupante: casi una de cada tres personas vive en inseguridad alimentaria.
925 millones de personas nos dicen que vamos en dirección equivocada
Tras las congratulaciones iniciales por la reducción cabe preguntarse por qué las cifras del hambre siguen siendo tan desbordantes aun después de haber tenido las tres cosechas más abundantes de la Historia (2009, 2008 y 2010 respectivamente), prueba de que el problema no es tanto la disponibilidad de alimentos sino de un mala distribución de los mismos. “Algo estaremos haciendo mal, probablemente hay que superar los enfoques de seguridad alimentaria con los que venimos luchando contra el hambre desde hace mas de 20 años”, apunta el Director Técnico de Acción contra el Hambre, Amador Gómez, quien señala tres nuevos caminos que podrían hacernos ir más rápido:
– Prevenir. Los hechos demuestran que, aun siendo necesaria la respuesta, la prevención puede resultar mucho más eficaz. Para ello hay que empezar por entender las intervenciones de nutrición no como un gasto sino como una inversión a futuro.
– Diseñar soluciones adaptadas a cada tipo de población: no existen respuestas universales ni fórmulas mágicas para luchar contra el hambre.
– Seguir el recientemente presentado Libro Blanco de la Desnutrición de Acción contra el Hambre (Taking action, nutrition for survival, growth & development), una propuesta de 24 medidas concretas dirigidas a erradicar la desnutrición en cinco ámbitos: el diagnóstico, la prevención, el tratamiento, el establecimiento de alianzas y la dotación de recursos humanos y financieros.
Estas medidas pretenden colocar la nutrición en lo más alto de las agendas internacionales del desarrollo. Es lo que trata de conseguir Acción contra el Hambre en todos los foros internacionales en los que participa, convencida de que hay que ampliar de una vez el foco de la agricultura y superar las medidas orientadas exclusivamente a la producción de alimentos para cumplir el primer Objetivo del Milenio, la reducción a la mitad del número de personas con hambre antes de 2015.
Acción contra el Hambre
