Soy un laico cristiano, miembro de una comunidad eclesial de base. Vivo en el mundo secular y, como muchos hermanos y hermanas, en una frontera difusa, desdibujada. En ella, cada día, hay que vivir a la intemperie y, en colaboración con otros, pensar y actuar para humanizar la vida.
Hay, desde este confín, bastante distancia al terreno donde se mueve la jerarquía. No dudo de que en una y otra zona está presente el evangelio, pero los acentos son distintos. Los obispos están muy empeñados –este es el encargo que se les hizo al nombrarlos y que ellos cumplen- en mantener una institución que, desde la frontera y más allá de ella, se ve como decadente y en paulatina descomposición.
Hubo un tiempo en que pensé que, parafraseando a aquel buen cristiano y militante político Alfons Carles Comin, nuestra tarea de laicos cristianos podía consistir en “ser mundanos en la Iglesia y ser cristianos en el mundo”.
Hoy veo cada vez más difícil introducir las preguntas y demandas de la gente común al interior de la institución y sus órganos de gobierno, no digamos ya de los de consulta no vinculante porque, como síntoma, el pleno del Consejo Diocesano de Pastoral de Pamplona y Tudela no se ha reunido desde el día 2 de marzo de 2013, hace dos años ya, y no ha sido convocado después.
No es mi intención hablar de lo que no me parece bien en el gobierno de la diócesis. Sigo en ello el consejo de un bienintencionado amigo no creyente: “no entréis en polémica, no os enfrentéis, intentad influir para que las cosas vayan mejor” Sinceramente, lo hemos intentado, y no ha habido encuentro.
Sólo quiero decir una cosa. Hago mía, y en lo que vale la refiero a la situación de la Iglesia en Navarra, la opinión de un militante de la HOAC, estudioso de la historia del movimiento obrero, quien, a mediados de febrero, ofreció una conferencia en el Foro Gogoa, Cristianismo y Mundo actual, de Pamplona: “Los Estudios de la Fundación FOESSA, vinculada a Caritas, dejan bien claro el crecimiento de la desigualdad social en nuestro país y que no es la crisis su causa principal, sino el sistema capitalista. El Papa llama la atención sobre las políticas de trabajo y empleo, para que no haya explotación ni exclusión, y pide que la organización social no gire en torno a la economía sino a la dignidad de la persona humana. La mayoría de nuestros obispos no parecen entender al Papa. La HOAC, movimiento eclesial, que ha cumplido 68 años, tuvo buena comunicación con los obispos años atrás. Queremos plantear con ellos la necesidad y líneas de una pastoral obrera, pero ahora no hay diálogo. Otra cosa que sentimos es una creciente clericalización de la Iglesia y desinterés de los sacerdotes jóvenes por la acción social y evangelizadora de los laicos”
Siendo difícil pues eso de “hacer que el mundo real entre en la Iglesia”, nos queda la tarea de intentar “ser cristianos en el mundo”, testimoniar, evangelizar.
Pero, como dice el Papa Francisco “evangelizar no es hacer proselitismo” sino proponer la alegría de la buena noticia. Y, leyendo a Gustavo Gutiérrez, latinoamericano como el obispo de Roma, “la evangelización es gesto y palabra”. El gesto es lo primero: da densidad y autentifica a la palabra. La palabra explica y desentraña después el significado del gesto. Pero, el ritmo de la explicitación de nuestro actuar lo marcan los otros. Es cuando alguien nos pregunta el momento de “dar razón de nuestra esperanza”
Ahí es donde sigo viendo las razones de mi fidelidad a la Iglesia, y de la que mantienen tantas hermanas y hermanos en la fe. Soy fiel a la Iglesia porque ella me ha transmitido la integridad del evangelio. Porque en ella he encontrado a lo largo de mi vida un ambiente cálido de acogida. Porque he vivido en compañía de personas enamoradas de Jesús y comprometidas con la transformación social, que me han sostenido con su ejemplo de vida. Porque en la Iglesia he aprendido a hacer análisis de la realidad, a verla con ojos compasivos, y a hacer proyectos para mejorarla. Porque valoro los esfuerzos de tantos y tan buenos teólogos por hacer transparente a los hombres y mujeres de nuestro tiempo el mensaje de Jesús. Porque conozco la experiencia de comunidades cristianas de muchos países. Porque creo en la eficacia del trabajo en red de tantos servicios comunes, revistas, proyectos y movimientos eclesiales que sirven a toda la humanidad, especialmente a la más desvalida. Porque formo parte de una comunidad, pequeña iglesia fraterna de iguales que ora, estudia y se compromete, unida a organizaciones de la sociedad civil.
Javier Pagola Lorente
Para Herri 2000 Eliza
