LA FE COMO COMPROMISO POR LOS OTROS

Txemi Pérez en Herria 2000 Eliza Abril 2015

Tengo 57 años, estoy casado y tengo una hija de 20 años. Cuando yo tenía 17, allá por el año 74, caí por la parroquia de un barrio de Iruña de gente obrera y luchadora; eran los últimos coletazos del franquismo y estábamos en plena transición política y represión policial. Y conocí a unos adultos comprometidos que seguían a Jesús desde una comunidad de base. Me encontré con unos seguidores de un Jesús que anunciaba el Reino de Dios, que optaba por los pobres y que se comprometía en la lucha por la justicia de tal manera que me enamoré de su figura, de su mensaje y de su proyecto. Unos adultos que viven la fe de manera personalizada y no sociológicamente, que viven la vida a la luz de la fe, sin dualismos, que la viven en comunidad, compartiendo la fe y la vida, que la viven con conciencia de clase y de pueblo, sintiéndose Pueblo de Dios y participando activamente en la parroquia de su barrio que pretendía ser una comunidad de comunidades. Vamos, puro Vaticano II…

Este modelo de comunidad y de parroquia evolucionó al par que el modelo eclesiológico en el que se apoyaba, el de una Iglesia de Base o Popular, que ha sufrido la contrarreforma del Vaticano II y los cambios sociológicos y políticos de estas últimas décadas. Fruto de esa evolución ahora la comunidad de base sólo somos un grupo más de la parroquia, con gente comprometida en lo social y en lo pastoral pero sin ese papel protagonista en la parroquia que tuvo durante muchos años.

Hoy es el día en que todavía continúo en esa comunidad en la que estamos 40 personas de edades entre los 45 y los 80 años, y no dejo de dar gracias a Dios por semejante regalo, por toda una vida compartiendo fe y esperanzas, crisis y experiencias, distintos hermanos y hermanas que me han mantenido en la fe a través de su testimonio, que me han acompañado en todo mi proceso y sin cuya acogida y cariño no sé dónde estaría yo a estas horas.

En una primera etapa asumí con mucha dedicación el compromiso pastoral, volcándome como catequista de jóvenes y cuantas tareas surgieran en la parroquia, coordinando con otras parroquias la pastoral juvenil y coordinando también las comunidades de base tanto en el ámbito de Navarra como en el de Euskadi e incluso en el estatal.

Como el proyecto de Jesús, el Reino de Dios, es para este mundo y no para “el otro” como tantas veces se ha presentado, ya desde el principio en las comunidades se potenciaba el servicio como toda una pedagogía de seguimiento de Jesús, puesto que Jesús no vino a ser servido sino a servir. Jesús curaba, expulsaba demonios, devolvía la dignidad, denunciaba la opresión, acogía con misericordia, anunciaba con palabras y obras, invitaba al banquete en torno a la mesa como anticipo del futuro que ya se estaba haciendo presente… Y nosotros queríamos ser, como Él, levadura en la masa, un pequeño fermento de transformación de esta realidad injusta, poner nuestro granito de arena en cambiar las estructuras que perpetúan la explotación y la desigualdad, que marginan y discriminan en torno a los nuevos ídolos del dinero, del prestigio y del poder.

Así en nuestras comunidades había gente que estaba comprometida en lo político, en lo sindical, en lo cultural, en lo juvenil, en la igualdad de la mujer, en la lucha contra la droga, en lo vecinal, en la solidaridad internacional, en la pastoral… Cada cual según su realidad y sus circunstancias. Frente al dualismo que todavía se vive en amplios sectores de la Iglesia, donde la fe va por un lado con el cumplimiento de ritos, sacramentos, dogmas, actos piadosos, etc. y la vida por otro, como si no tuviera nada que ver, nosotros vivimos una fe inserta en la vida, una fe que ilumina la realidad para que se vaya acercando al Reino de Dios y una vida que se deja modelar por esa fe que la ilumina.

Al poco tiempo, fruto de esa manera de entender la fe inserta en la vida, asumí que durante mi tiempo de trabajo también podía comprometerme y no sólo al acabar mi jornada laboral, por lo que compaginé mi actividad pastoral con la sindical.

Durante varios años viví, con el resto de mi comunidad y de otras comunidades, una efervescencia que atribuyo al talante y entusiasmo que nos contagiaron los curas que vivieron el cambio que supuso el Concilio. Vivíamos el seguimiento a Jesús con ilusión, desde la actitud de servicio que nos llevaba al compromiso, personalizando la fe, intentando que estuviera inserta en la vida y construyendo una Iglesia comunitaria, participativa, desde la base, una Iglesia popular, con el pueblo y para el pueblo, muy abiertos a la experiencia de América Latina de Puebla y Medellín. De hecho en el 83 fuimos un grupo de jóvenes de mi comunidad un mes a Nicaragua a convivir con las comunidades de base de allí fruto de la relación que teníamos con ellas y con las salvadoreñas.

Conforme fui dejando el compromiso pastoral, fruto de las dificultades de la contrarreforma y el invierno eclesial que antes he comentado, fui aumentando el compromiso sindical hasta quedarme únicamente con éste, y he estado durante muchos años viviendo mi fe y mi compromiso en la comunidad al margen de lo diocesano, sin querer saber prácticamente nada de lo que ocurría en la Iglesia ya que todo lo que me llegaba iba en dirección contraria a lo que había vivido y por lo que había trabajado.

A raíz de mi prejubilación hace tres de años dejo paulatinamente mi compromiso sindical y comienzo a replantearme esta nueva etapa de mi vida. Fruto de varias “casualidades”, que si las leo en clave de fe adivino la mano de Dios que vuelve a guiar mi vida, voy descubriendo que puedo aportar mi granito de arena a la renovación de la Iglesia a pesar del invierno eclesial reinante (todavía no había aparecido el Papa Francisco). También influyó el que en la comunidad lleváramos un año reflexionando sobre el Vaticano II y los nuevos paradigmas a los que se enfrenta la Iglesia, es decir, una nueva cosmovisión, un nuevo conjunto de valores, creencias y experiencias en la sociedad y en la Iglesia, un cambio radical en todos los órdenes: doctrinal, pastoral, estructural…  y nos hayamos puesto en la comunidad a “Soñar la Iglesia”.

Actualmente mi compromiso, sin dejar de apoyar las iniciativas sociales y populares, tiene de nuevo un carácter más eclesial y consiste en asumir la responsabilidad de coordinar mi propia comunidad, formar parte del Foro Gogoa y trabajar en la Permanente de Herrieliza. El Foro Gogoa, Cristianismo y Mundo Actual, es una asociación civil promovida por un grupo de mujeres y hombres creyentes, laicos en su mayoría, que pretende potenciar el diálogo Fe-Cultura y ser un punto de encuentro, en el ámbito del pensamiento crítico social y religioso, abierto al conjunto de toda la sociedad; propone reflexiones y presenta experiencias nacidas de la práctica en favor de la justicia y organiza conferencias, debates y seminarios de acceso libre y gratuito, además de editar publicaciones sencillas. Desde Herrieliza intentamos potenciar la participación y el intercambio de experiencias entre todos los cristianos y cristianas y entre los grupos de base que nos relacionamos en Navarra en torno a Redes Cristianas.

Es un compromiso social y eclesial que, de alguna forma, vuelve al inicio de mis primeros pasos como seguidor de Jesús, cuando lo descubrí inserto en la vida; ahora tengo más claro, si cabe, que a Jesús sólo lo puedo descubrir en la realidad de este mundo, que es donde se hace presente, más allá de todo dualismo.

Txemi Pérez
Iruña

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

One thought on “LA FE COMO COMPROMISO POR LOS OTROS

  1. Me siento muy identificada con lo que escribes Txemi y creo que muchas personas de comunidades hemos seguido un proceso parecido al que describes.
    Gracias por describir tu historia y por plantear con esperanza ese resurgir de la Iglesia como comunidad viva. ¡ojala sea así y también los jóvenes vayan descubriendo a su manera lo que significa Jesús en la Historia y en sus vidas!
    Un abrazo

  2. Amigo Txemi. Muchas gracias: Por la riqueza que transmites en tu comunicación de vida. Pido a Jesús de Nazaret para que te siga dando la Fuerza de su Espíritu y sigas así caminando y haciendo el bien en el aquí y ahora y dando ese impulso nuevo que nos hace falta en nuestra querida Iglesia, Gracias. Un abrazo.

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