La Iglesia se halla en la mayor crisis de credibilidad desde la Reformación. La “Iniciativa del Pueblo de la Iglesia” (1995), diferentes memorandos de teólogos y teólogas y últimamente el “Llamamiento a la Desobediencia” por parte de la “Iniciativa de los Párrocos” en Austria demuestran: a 50 años del último concilio ecuménico en Roma es es hora de que los obispos entren en un diálogo abierto y sincero con el pueblo de la Iglesia y la teología.
Una Iglesia, que vive en el mundo y quiere servir al mundo no puede cumplir sus propósitos sin el diálogo con las personas del mundo. La Iglesia necesita formas de expresión de su mensaje que sean comprensibles y útiles para las personas contemporáneas, fundadas en la Biblia, racionales y actualizadas.
Es necesario un diálogo triple: un diàlogo interno, para acercarse a una solución de los temas controversiales de la Iglesia, un diálogo con otras comunidades de fe y un diálogo con las ciencias y el mundo. Todos en la Iglesia tenemos que adiestrarnos en el arte de dialogar.