Luces y sombras de la beatificación de monseñor Romero

La Iglesia Luterana, representada por el obispo salvadoreño D. Medardo Gómez y una obispa de la Iglesia Luterana de Nicaragua, así como varias pastoras y pastores luteranos estaban aislados en un rincón de la iglesia San José de la Montaña, desde donde saldríamos en procesión hasta la plaza de El Salvador del Mundo, donde sería la magna celebración. «Nos ha tenido que invitar el Papa directamente, porque la jerarquía de la Iglesia salvadoreña no nos invitó», me decía D. Medardo, quien se sentía feliz «porque Mons. Romero es de todos, también de los luteranos» me apuntaba, pues «él ha sido un referente muy claro para reconocer y seguir a Jesús en la vivencia del evangelio».