El documento denuncia «un orden económico establecido exclusivamente sobre el afán del lucro y las ansias desmedidas de dinero, sin consideración a las verdaderas necesidades del hombre». Piden «perdón por los momentos en que no hemos sabido responder a los lamentos de los más necesitados». La CEE denuncia la «economía sin rostro» y pide «no dejar todo en manos de la banca». Los obispos se apartan definitivamente de la doctrina social y política del Partido Popular, y denuncian la corrupción como «una grave deformación del sistema político«.