Memoria y justicia

En Nota de prensa de los Obispos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria, titulada Purificar la memoria. Servir a la verdad. Pedir perdón, expresan su voluntad de "cumplir el  deber pendiente… ante los catorce sacerdotes ejecutados en los años 1936 y 1937 por quienes vencieron en aquella contienda",   contribuyendo  "a la dignificación de quienes han sido olvidados o excluidos y a mitigar el dolor de sus  familiares y allegados". Fueron excluidos no sólo en la lista  de los llamados 498 "mártires", sino -lo que es de verdad doloroso, teniendo en cuenta que fueron asesinados por su actividad pastoral a favor de su  Pueblo – en su propia diócesis, como lo reconocen nuestros Obispos. Aunque  tardío, nos parece necesario e importante este reconocimiento episcopal.


Subrayando, por tanto,  la trascendencia  de la Nota a favor de los catorce presbíteros vascos "ejecutados",  deseamos resaltar de manera especial a todas las  "personas que fueron ejecutadas, víctimas de odios y venganzas", como también recuerdan los Obispos. Queremos  subrayar la memoria  de tantos miles  de personas que defendieron a Euskal Herria de diversas formas y sufrieron todo tipo de  represiones en un régimen  que buscaba aniquilar la identidad de un  Pueblo en todos sus herrialdes, incluida Nafarroa. Muchos fueron fusilados, encarcelados, perseguidos, desterrados y estigmatizados, entre ellos centenares de sacerdotes vascos, ante el silencio cómplice y apoyo  cooperante de una Jerarquía eclesiástica fiel  al Estado franquista. Por ello pensamos que, para  "purificar la memoria y servir a la verdad", es necesario denunciar  la histórica injusticia  de quienes vencieron en una sublevación militar contra un régimen  legítimo y la cruel y despiadada persecución contra los vascos, fieles  a su Pueblo, tanto en la guerra como en la posguerra. Así lo hicieron, entre otros,  la  Memoria dirigida a Pío XII por parte de varios miembros del clero vasco"(1944) y Mons. Mateo Múgica, desde su destierro,  en su Carta abierta al presbítero Dn. José Miguel de Barandiarán. Imperativos de mi conciencia (1945). Creemos que el reconocimiento de los "errores y culpas" que, con valor y honradez, asumen nuestros Obispos, implica denunciar las causas de una guerra contra un Pueblo que defendió sus derechos y, que durante largos y penosos  años, ha sido humillado y despreciado. Así lo expresó, ante el silencio jerárquico, el escrito firmado  por 339 sacerdotes de Navarra, Araba  Bizkaia, Gipuzkoa (1960), movidos por su conciencia y responsabilidad pastoral y luego sancionados por la misma Iglesia. Esta denuncia se ha reiterado en los cuatro herrialdes hasta hoy, cuando aún permanecen las raíces de un conflicto que hace sufrir  a  tantas personas, reclamando no recaer en errores del pasado, evitar actuaciones sesgadas y resolverlo no "por la fuerza ciega o por el puro imperio de la ley…sino por el diálogo y el acuerdo", como insistían los Obispos vascos en su carta pastoral Preparar la paz (2002). Proponen los Obispos en su Nota, entre otras acciones,  la celebración de un "funeral conjunto", donde esperamos se tenga en cuenta  de manera explícita  a todas aquellas personas seglares fusiladas, desaparecidas, represaliadas, así como la denuncia de la injusticia  de tanto sufrimiento. Sin embargo en el lugar  elegido  para este acto, la Catedral Nueva de Vitoria -inaugurada por Franco-, todavía  está en lugar preferente -en su nave del crucero central-  el símbolo más representativo  de aquel  régimen dictatorial. Pedimos que sea eliminado cuanto antes y, por supuesto, tapado desde ahora, como un "signo de la purificación de la memoria", según el sentido que  los  Obispos  quieren dar al acto convocado. Con nuestros Obispos, buscamos servir a la verdad desde la justicia, construir la paz y la reconciliación. Acompañar a todas las víctimas de ayer y de hoy. Perdonar y ser perdonados.  Por ello reclamamos justicia con las personas  y con el Pueblo Vasco no sólo por las injusticias cometidas en el pasado; también  por las dificultades, obstáculos y negaciones que hoy impiden la plena realización de Euskal Herria. Porque, como afirmó Pablo VI, “…hasta que los derechos de todos los Pueblos, entre los que se encuentran el de autodeterminación y el de independencia, no sean debidamente reconocidos y honrados, no podrá haber paz verdadera y duradera "( 1974). Y Juan Pablo II: "Una  de las formas más  dramáticas de discriminación consiste  en negar a grupos étnicos  y minorías nacionales el  derecho fundamental a existir como tales. Esto  ocurre cuando se intenta su  supresión o deportación, o también cuando se pretende  debilitar su  identidad   étnica  hasta   hacerlos irreconocibles."  (En la Jornada Mundial de la paz 1999). Con nuestros Obispos y apoyando sus iniciativas, como paso hacia una memoria y justicia integrales,   deseamos "aprender a construir un presente y  mañana nuevos" para lograr la paz desde la fidelidad al Evangelio liberador.          Herria 2000 Eliza  Cominidades Cristianas Populares  Coordiandoira de Sacerdotes de Euskal Herria                                                      Euskal Herria, julio de 2009