No vamos a negar la extrema gravedad de estos hechos, no es momento de presentar excusas, ni alegar que los abusos también suceden en otros ámbitos, sino que es tiempo de sentirnos confundidos y avergonzados, de pedir perdón a Dios y a las víctimas, de escucharlas, de buscar reparación y tomar serias medidas de cara al futuro: repensar la elección y formación afectivo-sexual de candidatos al ministerio ordenado, abrirse a nuevos ministerios, elaborar protocolos para la protección de menores, denunciar la lepra del clericalismo machista que abusa de su poder sobre menores y mujeres, etc. Leer más (Víctor Codina)