La represión contra los Hermanos Musulmanes hunde a Egipto en la confrontación armada. Si alguien tenía todavía dudas sobre el golpe de Estado militar que derrocó al presidente Mohamed Morsi el pasado mes de julio, ayer quedaron más que definitivamente despejadas de la forma más sangrienta y brutal posible. Egipto está repitiendo el guion que conoció Argelia hace 20 años, cuando el Ejército interrumpió violentamente entre la primera y la segunda vuelta las elecciones democráticas que iban a dar la victoria al Frente Islámico de Salvación y abrió las puertas del infierno de una guerra civil que costó al país magrebí más de 150.000 víctimas mortales.