El arzobispo de Tánger denuncia la degradación de la política a chantaje en Ceuta. Se llevan ustedes por delante, con la vida de los emigrantes, el evangelio de Cristo y la vida de la Iglesia.
Vuelve la cal viva y las cizallas, la mierda ¡y la sangre!, las armas con que los emigrantes ponen en peligro la vida de los agentes de la guardia civil. Vuelve el «miedo al emigrante», se habla incluso de «pánico justificado».
Vuelven las insinuaciones, las medias verdades, y después de ensuciar sin piedad la imagen de los emigrantes, de todos los emigrantes, se abre un paréntesis para meter en él con calzador el adjetivo «humanitario», con el que nos limpiamos las vergüenzas, que no la conciencia.
Una sola de esas muchas palabras que la información utiliza, ahoga en cal viva la vida de centenares de personas, y cubre de sangre y de suciedad sus cuerpos.
Yo sé de la vulnerabilidad sin protección ninguna de esos chicos: sé que tienen derechos pisoteados sistemáticamente, y sé que no van armados, y sé que, si quieren pasar la frontera, tendrán que forzar la valla y vencer la oposición de las fuerzas del orden, y sé que luego les van a acusar de violentos por haberlo hecho, y sé que nadie va a recordar la violencia continuada que se ejerce contra ellos, violencia que, sin que ningún hospital pueda dar testimonio de ello, les dejará secuelas físicas o psíquicas para toda la vida.
Los Gobiernos europeos, todos, y con ellos los responsables de Bruselas, han gastado y continúan gastando miles de millones de euro en rechazar emigrantes en las fronteras, y no han sido capaces de elaborar una política migratoria digna de ese nombre.
La degradación de la política a chantaje, eso es lo que se nos obliga a ver en estos días, sin que nadie parezca escandalizarse por ello. Leer más…
Santiago Agrelo en Religión Digital, 26 de agosto de 2018