El cuerpo diplomático vaticano es el corazón del poder de la Curia. Su reforma es una de las asignaturas pendientes de Francisco. ¿Asistiremos al principio del fin de los clanes mafiosos en el Vaticano?
A mitad de su pontificado (aunque eso sólo lo saben Dios y el propio Papa), Francisco se topó de bruces con el ‘caso chileno’, aderezado con una serie de ingredientes, que lo convierten en paradigmático no sólo para Chile, sino también para el propio Pontífice y para toda la Iglesia.
Consciente de ello, primero ha pedido perdón personalmente (no como Wojtyla o Ratzinger que pidieron perdón por los pecados de la institución) y, después, en un gesto histórico e inédito, ha convocado, del 15 al 17 de este mes, en Roma a todo el episcopado chileno.
Para que los obispos, con el Papa al frente, hagan examen de conciencia, se arrepientan, pidan perdón y cumplan la penitencia. Y también, para encontrar colegial y democráticamente medidas «a corto, medio y largo plazo», como él mismo dice, que corrijan el rumbo de la Iglesia chilena y sirvan de pauta y patrón para las demás Iglesias del mundo. ¿Qué es lo que se juega el Papa en le caso chileno y por qué?
1/ Se juega su prestigio. Un prestigio global, mundial de máxima autoridad moral, de líder auténtico, de defensor de los pobres y de las causas justas, que se ganó a pulso durante estos cinco años. Un aura que se puede ver empañada, porque el propio Francisco defendió agria y abiertamente y en repetidas ocasiones al obispo Barros, a los que las víctimas del abusador Karadima (una especie de Marcial Maciel chileno), acusan de encubridor. De hecho, el mismo Papa reconoció que se equivocó y pidió perdón. Pero con ser mucho ese gesto inusual en un Papa, no basta. A Francisco la opinión pública y publicada le exigen más. Para recuperar su prestigio intacto ya no son suficientes las palabras. La gente espera de él actos justos, equitativos, pero también sanadores y contundentes.
2/ Se juega su credibilidad. Leer más…
José Manuel Vidal en Religión Digital, 14 de mayo de 2018