El viaje del papa Francisco ha logrado uno de sus grandes objetivos: confrontar a México consigo mismo. Cada parada de la visita ha puesto el dedo en la llaga de sus principales problemas: la pobreza, el narco, la migración. Todos fueron recapitulados en Ciudad Juárez. Allí, al pie de la frontera con EE UU, interpeló a los gobernantes: “¿Qué quiere dejar México a sus hijos? ¿Quiere dejarles una memoria de explotación, de salarios insuficientes, de acoso laboral?”. Les dijo que “uno de los flagelos más grandes a los que se ven expuestos sus jóvenes es la falta de oportunidades de estudio y de trabajo sostenible”. Que esa situación conduce a la pobreza. “Y esta pobreza”, añadió, “es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia.