Según Duch, la crisis incontestable de las iglesias europeas no es lo más preocupante, sino que esta crisis es consecuencia secundaria de la crisis de la imagen del Dios de la tradición judeocristiana. Dios se ha convertido en un extraño en su casa, es un Dios ajeno, distante, en el exilio, y para muchos, inexistente; la modernidad ha socavado todas las certezas que se daban por descontadas. ¿Significa esto que Dios ha dejado de tener eficacia en la vida privada y pública? Leer más (Víctor Codina)