No se oye su voz magisterial ante hechos como la corrupción o la mentira. Si somos francos, tenemos que admitir que la nuestra es una Iglesia que ya no atrae.
Me preguntan qué iglesia encontrará el Papa cuando nos visite. Pecando de simplista, diría que encontrará dos iglesias en paralelo -en algunos lugares incluso contrapuestas. Las calificaría como una iglesia clerical y una iglesia laical.
Califico como clerical aquella iglesia ostensible ya en las vestimentas (sotanas, hábitos) y en las poses que marcan distancia, con ínfulas de superioridad, muy dueños de «la verdad». Es la iglesia religiosamente correcta, la «oficial», preocupada de su imagen, que gusta de los primeros puestos y busca quedar bien con las esferas de poder, es así que se acomoda y no incomoda -por lo mismo, carente de personalidad.
Se hace sonora en los medios de comunicación para afirmar su presencia y supuesta autoridad. Ve el cristianismo como una ideología que hay que propagar, por eso su prioridad es su «verdad», y asume el papel de fiscal.
Es en esa iglesia que encontramos movimientos fundamentalistas que son proselitistas y enamoran a los poderosos, alimentando una sociedad de «rich and famous», haciéndole el juego al oportunismo político de «derechas» -muchos afines a Fujimori. Es la iglesia que defiende «los valores tradicionales» y cuya religión es «la de siempre» -¡basta oír los sermones!
Alineada con el neoliberalismo, los pobres y la justicia son solo tema de conversación y lamentos. De hecho, en Perú nacieron movimientos ultraconservadores sumamente acaudalados y proselitistas como el Sodalicio y Pro Ecclesia Sancta, que ven comunismo y herejías por doquier, y denigran sin disimulos todo lo que les suene a «progre» (vea ACI prensa, sede en Lima).
La mayoría del clero de esta iglesia se ha moldeado a espaldas del «Perú profundo» y del pensamiento moderno; su teología es acríticamente apologética. Cultiva el clericalismo al estilo colonial -ese que, con toda razón, el Papa ha criticado reiteradas veces. Los laicos son simplemente clientes (¡ni hablemos de las mujeres!). Esta iglesia no asumió Puebla, ni luego Aparecida -que asocian a la «teología de la liberación», que califican como «marxista»-, e ignoró olímpicamente la encíclica del Papa Francisco sobre la ecología, y la exhortación sobre la familia la acomodó a su moral, además de ignorar otros mensajes papales. Leer mas…
Eduardo Arens en Religión Digital