TERCER DOMINGO DE CUARESMA. Ciclo A. 27 de marzo de 2011

Lecturas:
Ex 17, 3-7  
Sal 94, 1-2. 6-9  
Rom 5, 1-2. 5-8  
Jn 4, 5-42

PRIMERAS REFLEXIONES

                Los tres próximos domingos nos colocan ante el cuarto evangelio, el último, el de Juan. Tres textos muy largos, de enorme riqueza y de bastante complejidad. Son textos para dejarnos llevar por las resonancias y ecos que encierran, tejidos de escritura y de experiencia. Caben infinidad de comentarios, estudios y homilías, todos importantes y válidos en su diversidad. El evangelio de Juan, sobre todo en su primera parte (1-12) se muestra reiterativo en los temas, les da vueltas por aclararlos y profundizarlos para su comunidad. El agua, la luz, la vida, la hora. Los tres primeros son los evangelios de los domingos próximos, y nos dejan a las puertas de “la hora”, la del juicio, la de la luz y las tinieblas. Conviene recordar, a propósito de los tres, que una de las técnicas empleadas por este evangelio es el diálogo  (una entrevista actual) y dentro de él, el equívoco. Este segundo, busca facilitar la comprensión por contraste (equívocos sobre el nacer, la sed, la curación, el pan, la resurrección, el suicidio, la verdad). El diálogo da juego para presentar facetas diferentes de un mismo tema, para desarrollarlo más: el de hoy concluirá en la presentación y reconocimiento de un “salvador”. En el diálogo se nos explicará que apaga la sed y el deseo, que reorienta el culto, que sabe tanto de los textos de la Escritura que presentan al salvador como esposo, como de las experiencias de pareja que no aportan salvación. Es más, este salvador puede ser anunciado por otros (una mujer, los vecinos, los discípulos), pero ha de ser encontrado personalmente. Y se le encuentra relacionado con la comida (nuevo equívoco) y, por ella, con Dios mismo y sus planes. Qué queda de histórico en estas escenas montadas artificiosamente (la samaritana, el ciego de nacimiento, Lázaro) no podemos afirmarlo, pues para nada era algo que interesara así al autor del evangelio. Los sinópticos narran parábolas, el cuarto evangelio monta escenas y relatos como si de parábolas se tratara: podemos fijarnos en el final del texto de hoy, y en la cantidad de material que contiene y que, en los sinópticos, figura en otros contextos.

                Los bautizados han de saber que nacerán del agua y del Espíritu (Jn 3, 5). El evangelio de hoy, completo, se lo aclarará en profundidad. Los dos, agua y Espíritu, recorren, inundan las Escrituras de principio a fin: de Gn 1, 2 a Ap 22, 17. La experiencia de la sed no se ha perdido y, en ocasiones, adquiere hoy tintes dramáticos. La sed y los salmos (Sal 62; 41), la sed de Jesús Jn 19, 28), la referida por Isaías (Is 55, 1) y retomada por el apocalipsis (Ap 22, 17). El agua, la sed y el Espíritu, que o es esa sed o la suscita, llenan literalmente las Escrituras. Que lo sepan y lo descubran por experiencia los que van a ser bautizados.

LOS TEXTOS Y SUS CONTEXTOS

                La 1ª lec, del libro del Éxodo, nos lleva a uno de los orígenes del tema del agua. Un bloque de tradiciones en torno a los lugares de Masá y Meribá. La sed del pueblo en el desierto, sus protestas, la intervención de Moisés, y una fuente inesperada en el lugar más imposible. La conclusión de la lectura formula la pregunta radical y permanente de la experiencia creyente: “¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?”  Pablo, en la 2ª carta a los de Corinto (10, 4), hace una lectura en estilo rabínico del texto de hoy y atribuye a la roca el desplazamiento con el pueblo y la identificación con Cristo mismo. Algo parecido hace también el salmo 94, que figura hoy como interleccional.

                La 2ª lectura es de la carta a los romanos y presenta la justificación por la fe como paz con Dios por medio de Jesucristo. Por él estamos en esa gracia. Él nos ha amado, aun en nuestra maldad, como descubrimos en su muerte y resurrección. Una forma de presentación del misterio pascual.

                El evangelio ya sabemos que es el conocido “de la samaritana”. Jesús, cansado, necesita comida y bebida. Los discípulos buscan comida y la traen, como aparece al final del texto. La bebida, junto al mismo pozo en que la buscó Jacob, que encontró en él agua y esposa. La samaritana, mujer poco ortodoxa y esposa bien probada, entra en el juego de la sed, el agua y la bebida. Por samaritana plantea el culto auténtico, por esposa, el marido verdadero. Jesús queda reconocido como profeta, como mesías y como salvador. Llega la comida y, con ella, la respuesta al “culto en espíritu y verdad”: cumplir la voluntad de Dios, que es salvación. Entre cosechas, siembras, siegas, salarios, sudores y frutos, algo de la historia de la comunidad cristiana en Samaria. Los catecúmenos son iniciados por otros, pero han de descubrir ellos mismos.

PARA UNA POSIBLE HOMILÍA

                Bautizados en el agua y el Espíritu, vivimos otra cuaresma, la de este año 2011, recordando nuestro bautismo y buscando su revitalización. Sentados con Jesús a la boca de un conocido pozo, nos reflejamos y reconocemos en el agua transparente. Han pasado años, muchos, de nuestro encuentro ingenuo en el agua viva y creadora del bautismo. Han pasado años y no ha pasado, sino que ha aumentado, la sed: ni la paz, ni la felicidad, ni la claridad son completas, más bien escasas. Y con Jesús, cansado, hambriento y sediento, nos sentimos cómodos al descubrirnos como él. Le contamos que hemos buscado con sed un culto auténtico, sólo de espíritu y verdad, que nos pareció  entreverlo en la vida litúrgica renovada. Nos desahogamos contándole nuestras muy placenteras experiencias de amor y de pareja en las que hemos reforzado la vida y la esperanza de felicidad mayor. Aprieta el hambre, y le comentamos que sí que ha sido él nuestro pan para la vida. Que ciertamente hemos trabajado lo mejor que hemos sabido en el campo inmenso de la tierra y en la pequeña huerta de la Iglesia. Persiste el hambre y la sed, y sabemos que tiene que ver con una plenitud que no está a nuestro alcance, y que nos rodean amigos y vecinos tan sedientos como nosotros, tan cansados. Transcurrido tanto tiempo desde que nos encontramos por primera vez en el manantial, sabemos mejor que la comida que llena y fortalece la vida es la aceptación de que el Padre tiene un plan de salvación universal y total. Y que el cosquilleo continuo interior tiene que ver con otro manantial de agua viva, tan escondido que nadie lo ve, pero que salta en nuestras entrañas y arrastra a la vida plena (Jn 7, 38). Y el manantial es el Espíritu que recibimos de Jesús en el bautismo (39). No lo sabía la samaritana, pero nosotros ya sabemos dónde brota agua de continuo: brota del que tenía tanta sed, que murió declarándola (Jn 19,28) y, una vez muerto, dejó saltar agua desde su costado herido (Jn 19, 34). Si tenernos sed, cualquier sed, real o metafórica, nos abocamos a este costado traspasado, y, con los ojos cerrados, soñamos con el pozo de Jacob, con el de la samaritana, con Jesús y su agua y su sed, con una voz firme y serena que nos promete agua siempre limpia, viva y gratis en el pozo de Dios (Ap 22, 17). 

J. Javier Lizaur