- DOMINGO XXXII T.O. –B– NOVIEMBRE 8 DE 2015
* El Dios de Jesús sabe ver el corazón, leer en lo profundo del ser humano. A Él no se le escapa nada, como no se le escapó a Jesús el “óbolo de la viuda”, muy pequeño, casi insignificante (sobre todo si se le compara con lo que echaban los ricos que “echaban” en cantidad), pero ha echado más que nadie porque era “todo lo que tenía para vivir”. También esta viuda se fió y lo dio todo, se vació a sí misma para llenarse de Dios. Ella no escucha el elogio de Jesús, se va. Los discípulos quedan asustados ante la reflexión de Jesús; por eso lo transmiten en el evangelio, que es Buena Noticia: Dios se hace presente de manera especial en Jesús y el Dios de Jesús está a favor de los pobres, de los últimos, de los pequeños.
* Tampoco Jesús se reserva nada para sí; se desvive por los demás, se da todo entero a la causa del Reino, la causa de los pobres, y… eso le lleva a la muerte. Porque confió y se entregó de lleno a vivir con y para los demás, sobre todo para y con los últimos de su tiempo, los pobres, los pecadores, los marginados, los despreciados, los que se creían lejos de Dios, para esos: RESUCITÓ JESÚS
* La ofrenda de la viuda es el auténtico “sacrificio”. “darse, vaciarse” a favor de los demás y así, “LLENARSE DE DIOS”.
Los cristianos hoy, debemos aprender a… prescindir de lo superfluo. En estos tiempos de crisis, saber compartir: tiempo, vida, ingresos. Escucha, compañía…
* Quizá tenemos que aprender, que para resucitar para vivir en plenitud, hemos de darlo todo, por poco que sea, vaciarnos de nosotros mismos como hemos dicho, para dejarle a Dios ser DIOS EN NOSOTROS, y que todos los pobres, los hambrientos, los enfermos, los presos, los parados, los inmigrantes, todos, tengan vida en abundancia (Jn. 10, 10).
*ORACIÓN
Jesús de Nazaret, Dios nuestro, en cada uno de nosotros has puesto en nuestro interior, un tesoro. Cada uno somos una piedra viva que podemos entregarnos a los demás.
Ayúdanos a descubrir lo que tenemos que cambiar y saber actuar.
Quizás a personas que necesitan ayuda en nuestras comunidades, o grupos.
Haznos comprender y vivir, que la mayor riqueza de la humanidad son las personas que se dedican generosamente a amar, a hacer el bien, a aliviar el sufrimiento de los demás, a compartir gratuitamente la vida y las cualidades personales.
Y haznos superar el miedo a ser generosos.
Jesús, hoy en su Evangelio, nos enseña a ser auténticos, con el ejemplo de una viuda que echa todo lo que tiene, no para quedar bien ante nadie, sino para hacer lo que le pide el corazón.
Nos podemos preguntar ante esta reflexión
¿Qué nos pide hoy Dios a cada uno de nosotros?
Que sepamos escuchar en nuestro interior, y responder como lo hizo la virgen María:
“HÁGASE EN MÍ, SEGÚN TU PALABRA”. AMÉN. ZURIÑE