*ORAR CON EL EVANGELIO: (Lc.7,36-8,3)

* DOMINGO XI – T.O –C -. Junio 16 de 2013

* En la sociedad en que vivió Jesús, profundamente patriarcal, el dinero no era el valor primero, sino el prestigio, la estima que una persona tiene a los ojos de los demás. Esto también contaba en la religión. Los privilegios y derechos eran proporcionados al rango de cada uno, por lo cual el colectivo de marginad@s quedaba totalmente excluido@s. Por eso, para saber de verdad cómo es Dios debemos dirigir nuestra mirada a Jesús de Nazaret.
* Así nos fijamos en el evangelio de hoy. En la mujer pecadora, que se acerca a Jesús, y Jesús no la rechaza sino que la acoge con amabilidad, se deja tocar, besar… De nuevo vemos la misericordia de Dios con los pecadores. Es lo que nos enseña Jesús con su mensaje, pero sobre todo, con su conducta, cambió muchas cosas. Lo que más llama la atención es el cambio que introdujo en los valores, que deben regir la vida de las personas. Para los judíos, era el cumplimiento escrupuloso de la ley. Para Jesús, no.
* Jesús, vio que lo que cambia a la gente es la “acogida”; por eso, nunca Jesús amenazó.
En muchas narraciones aparece Jesús junto con los pecadores y come con ellos. En este comportamiento de Jesús se ve claro su actitud: la acogida tierna y entrañable. Sin embargo, esto no significa que Jesús no reconozca la realidad del pecado, ni tampoco la minimiza, pero recalca que la venida del reino es gracia y no venganza. Por eso no rechaza a la mujer pecadora, pero tampoco ataca a Simón; quiere hacer que comprenda la parábola. Jesús tiene una acogida liberadora, por eso reconocer el propio pecado no lleva a la angustia, ni al miedo, sino que es algo liberador, porque en la acogida resplandece el amor gratuito que nos ama tal como somos, incluso más de lo que merecemos. La acogida también es liberadora porque devuelve la dignidad de los despreciad@s y marginad@s, como lo vemos en la magadalena. Lo que dignifica a la persona, es el Amor. Esta acogida, expresión de un amor incondicional de Dios, logra, lo que no logra las puras exigencias morales, ni las amenazas, ni las condenas, ni los desprecios sociales, logra la liberación gozosa interior. ¡Qué bien lo expresa la mujer pecadora! El gran amor, que manifiesta en sus gestos, es prueba de una experiencia profunda del amor a Dios que le ha perdonado. Jesús alaba a la mujer porque ha sido capaz de parar, mirarse, y llorar su pecado. El fariseo en cambio, no se siente deudor de nada… Y ¡qué bien lo comprendió Jesús! Al decir a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”.
*¿En cuál de los dos personajes nos vemos reflejad@s nosotr@s como personas y como creyentes?

* ORACIÓN
* Jesús de Nazaret, Maestro y Amigo.
Nos alienta tu delicadeza con l@s pecadores, como es el caso de la “mujer” del Evangelio, que, superando el que dirán y la extrañeza del fariseo, que pensaba para sus adentros: “si este fuera profeta, sabría quien es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora”.
Tú, Jesús, no te defiendes ni justificas, sino que cuentas la “parábola de los dos deudores”.
También razonas el motivo del perdón:
“Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor”.
Y además añades:
“Tu fe te ha salvado, vete en paz”.
He aquí la clave de tu Mensaje: condenar el pecado y salvar al pecador.
Ayúdanos, Jesús de Nazaret a tener humildad para reconocer nuestros pecados y, amándote y teniendo fe, volver a Ti, con actitud de arrepentimiento y conversión, para recibir tu perdón y tu paz, y empezar de nuevo nuestro camino. AMÉN
ZURIÑE