Abendualdiko 4. igandea – A – José A. Pagola

(Mateo 1,18-24)

JESUS IZENA IPINIKO DIOZU – LE PONDRÁS POR NOMBRE JESÚS

Hebrearren artean ez zitzaion jaioberriari edozein izan ipintzen, era arbitrarioan; «izenak», antzinako kultura ia guztietan bezala, pertsonaren izaera adierazten zuen, beraren benetako nortasuna, beragandik espero zena.

Horregatik du hartarainoko ardura Mateo ebanjelariak azaltzeko, hasieratik, bere irakurleei bere kontakizunaren protagonista izango denaren izenaren esanahi sakona. Oraindik jaio ez den haur horren «izena» Jesus izango da: «Jainkoak salbatzen du» esan nahi duen izena. Izen hori izango du, beraz, «bere herria bekatutik salbatuko duelako».

  1. o. 70. urtean, Vespasiano, juduen errebolta itotzen ari zela enperadore berri izendatua, Erromara joan zen; bi izenez hartu eta aldarrikatu zuten han: «Salbatzailea» eta «Ongilea». Mateo ebanjelariak garbi utzi nahi ditu gauzak. Munduak behar duen «salbatzailea» ez da Vespasiano, baizik eta Jesus.

Salbazioa ez zaigu etorriko inongo enperadoreren eskutik, ezta herri batek beste baten gain lortutako garaipenetik ere. Gizadiak gaitzetik, zuzengabekeriatik eta indarkeriatik salbatu beharra du, eta birnorabidetu beharra gizakiaren bizitza duinago baterantz. Hau da Jesusek eskaintzen digu salbazioa.

Mateok, gainera, beste izen hau esleitzen dio Jesusi: «Emmanuel». Badaki ez zaiola inori eman izen hori historian barna. Izen harrigarria da, guztiz berria; «Jainkoa gurekin» esan nahi du. Beragan eta beragandik, Jainkoa bidelagun dugula, bedeinkatzen eta salbatzen gaituela sinesten dugunok ematen diogun izena da.

Lehen kristau-belaunaldiek beren bihotzean grabaturik eraman ohi zuten Jesusen izena. Behin eta berriz errepikatzen zuten izen hori. Beraren izenean bataiatzen ziren, beraren izenean elkartzen ziren otoitz egitera. Mateorentzat, bere fedearen sintesi bat da Jesusen izena. Paulorentzat, ez da ezer handiagorik. Lehen kristauen gorazarreetako baten arabera, «Jesusen izenaren aurrean belaun orok tolestu egin behar du» (Filipoarrei 2,10).

Hogei menderen ondoren, kristauok ikasi beharra dugu Jesusen izena era berri batean ahoskatzen: txeraz eta maitasunez, fede eraberrituz eta konbertsio-jarreraz. Jesusen izena geure ezpainetan eta geure bihotzean dugularik, esperantzaz bizi eta hil gaitezke.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

LE PONDRÁS POR NOMBRE JESÚS

Entre los hebreos no se le ponía al recién nacido un nombre cualquiera, de forma arbitraria, pues el «nombre», como en casi todas las culturas antiguas, indica el ser de la persona, su verdadera identidad, lo que se espera de ella.

Por eso el evangelista Mateo tiene tanto interés en explicar desde el comienzo a sus lectores el significado profundo del nombre de quien va a ser el protagonista de su relato. El «nombre» de ese niño que todavía no ha nacido es «Jesús», que significa «Dios salva». Se llamará así porque «salvará a su pueblo de los pecados».

En el año 70, Vespasiano, designado como nuevo emperador mientras estaba sofocando la rebelión judía, marcha hacia Roma, donde es recibido y aclamado con dos nombres: «Salvador» y «Benefactor». El evangelista Mateo quiere dejar las cosas claras. El «salvador» que necesita el mundo no es Vespasiano, sino Jesús.

La salvación no nos llegará de ningún emperador ni de ninguna victoria de un pueblo sobre otro. La humanidad necesita ser salvada del mal, de las injusticias y de la violencia; necesita ser perdonada y reorientada hacia una vida más digna del ser humano. Esta es la salvación que se nos ofrece en Jesús.

Mateo le asigna además otro nombre: «Emmanuel». Sabe que nadie ha sido llamado así a lo largo de la historia. Es un nombre chocante, absolutamente nuevo, que significa «Dios con nosotros». Un nombre que le atribuimos a Jesús los que creemos que, en él y desde él, Dios nos acompaña, nos bendice y nos salva.

Las primeras generaciones cristianas llevaban el nombre de Jesús grabado en su corazón. Lo repetían una y otra vez. Se bautizaban en su nombre, se reunían a orar en su nombre. Para Mateo, el nombre de Jesús es una síntesis de su fe. Para Pablo, nada hay más grande. Según uno de los primeros himnos cristianos, «ante el nombre de Jesús se ha de doblar toda rodilla» (Filipenses 2,10).

Después de veinte siglos, los cristianos hemos de aprender a pronunciar el nombre de Jesús de manera nueva: con cariño y amor, con fe renovada y en actitud de conversión. Con su nombre en nuestros labios y en nuestro corazón podemos vivir y morir con esperanza.

José Antonio Pagola

DOMINGO 4º DE ADVIENTO -A- Koinonía

Miqueas 5, 1-4a

De ti saldrá el jefe de Israel

Así dice el Señor: «Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel.

Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial.

Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz,

y el resto de sus hermanos

retornará a los hijos de Israel.

En pie, pastoreará con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios.

Habitarán tranquilos, porque se mostrará grande hasta los confines de la tierra, y éste será nuestra paz.»

Salmo responsorial: 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19

Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece. Despierta tu poder y ven a salvarnos. R.

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa. R.

Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. R.

Hebreos 10, 5-10

Aquí estoy para hacer tu voluntad

Hermanos: Cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.»»

Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.»

Niega lo primero, para afirmar lo segundo.

Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Lucas 1, 39-45

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Vamos a hacer en primer lugar un comentario litúrgico-pastoral a estos textos bíblicos en una línea más bien tradicional. Luego haremos una nota crítica.

En el pasaje de Isaías que escuchamos hoy resuena ese anuncio esperanzador del nacimiento de alguien que estará permanentemente inserto en medio de su pueblo. Al parecer estas palabras del profeta al rey Acaz se dieron en un contexto en el que las esperanzas del mantenimiento de la seguridad del reino de Judá se centraban más en el poder político y militar, dejando a un lado la confianza en el Dios YHWH. Isaías ha visto los afanosos intentos del rey para aliarse con sus vecinos en orden a defenderse de las amenazas del reino del norte, quienes a su vez se han aliado con otros para defenderse del poderoso de turno.

Para despertar de nuevo la confianza en Dios, el profeta se vale de un hecho probablemente histórico, el embarazo de alguna de las doncellas del rey. Así como esa joven dará a luz un primogénito, del mismo modo enviará Dios un descendiente davídico que asuma los destinos del pueblo, en medio del cual estará siempre; por eso su nombre “Emmanuel”, Dios con nosotros. Con base en esta profecía, se fue fomentando la idea de que el Mesías nacería de una virgen. Desde entonces, toda primeriza en Israel albergaba la esperanza de ser la madre del Mesías; todo ello debido a la misma terminología empleada tanto en el hebreo como en el griego y luego en nuestra lengua. Cuando Mateo relata la concepción de Jesús, se hace eco de esta profecía de Isaías y la cita textualmente.

La segunda lectura está tomada de la carta de san Pablo a los romanos, concretamente se trata del encabezamiento de la carta. Allí relata Pablo a los cristianos de Roma su propia vocación al apostolado, para lo cual fue elegido por el mismo Dios. Para Pablo está claro que el evangelio que él predica es Jesucristo mismo, su persona, su obra, su muerte y resurrección. Es muy importante para el apóstol subrayar que este Jesús es descendiente de David en cuanto a lo humano, pero que Dios le otorgó su Espíritu constituyéndolo en Mesías todopoderoso, Señor Único, resucitándolo de entre los muertos. Otra cosa que recalca Pablo es que su actividad evangelizadora le ha sido otorgada por puro don, por vocación; de ahí que su preocupación haya sido durante toda su vida el dar a conocer a la noticia de Jesucristo especialmente a los gentiles.

En el evangelio, Mateo nos narra el origen de Jesucristo. María estaba desposada con José, pero aún no vivían juntos. Ello indica que estaban en un período que llamaban desposorio o compromiso matrimonial, período que podía durar de seis meses a un año, tiempo prudente para el esposo construir o acondicionar la casa en donde recibiría a su esposa. En el entretiempo la novia seguía viviendo con sus padres, dependiendo de su papá hasta que pasara formalmente a depender de su marido. La promesa de matrimonio o desposorio implicaba completa fidelidad al novio; todo acto de infidelidad era adulterio, y como tal podía ser castigado conforme a la ley mosaica.

En esas circunstancias, nos narra el evangelio que María resultó embarazada; pero aclara diciendo: “por obra del Espíritu Santo”. El hecho haría sentirse muy mal a José; sin embargo, agrega Mateo, que como “era un hombre justo, y para no exponerla a la infamia, decidió abandonarla en secreto”. José hubiera podido hacer valer sus derechos, exigir el castigo previsto por la ley…; con todo, quizá sin darse cuenta, va colaborando también él con los planes divinos.

En estos planes divinos no todo está garantizado, pues en ellos también están involucradas la libertad y la voluntad humanas. Es una constatación que podemos hacer en toda la historia de la salvación partiendo desde el mismo paraíso. Parece que los planes de Dios caminaran sobre el filo de la navaja (!). Un ejemplo de ello lo tenemos en el relato que hoy nos cuenta Mateo.

Pero en esos planes hay siempre una cosa muy importante que se llama diálogo. Precisamente en el diálogo con el ángel que le habla en sueños a José se nos muestra cómo Dios va incorporando a su proyecto a sus mismas criaturas. El silencio de aceptación de José es la respuesta que Dios nos pide también a nosotros. Le ponemos muchas trabas y condiciones a la obra de Dios. A veces intentamos “corregir” la manera como Dios actúa; ¡no es necesario! Basta que pongamos nuestra fuerza y voluntad al servicio del plan de Dios, lo demás Él sabe cómo lo hace.

Aunque en nuestro pasaje se resalta la figura de José en su duda, en su aceptación de ser padre de Jesús y de ponerle el nombre, la verdad es que María, que apenas es nombrada, está también allí recordándonos su actitud de fe y sumisión a los planes de Dios que son vida para el hombre y la mujer de todos los tiempos.

 

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 133 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «Una noche de dudas». El audio, el guión del texto, y su comentario bíblico-teológico, puede ser tomado de aquí: https://radialistas.net/133-una-noche-de-dudas/.

Como nota crítica podríamos decir algo que hace mucho tiempo que es ya un «lugar común» en el mundo bíblico: los profetas no fueron en su tiempo adivinos del futuro, ni muchas de las cosas que los primeros cristianos creyeron ser «cumplimiento de lo anunciado por las Escrituras» realmente lo fueron. Ese esquema apologético de que lo sucedido en Jesucristo estaría previsto y ya anunciado en el pasado, hace tiempo que ha sido abandonado en los estudios bíblicos. Más. Desde hace apenas unos años, menos de veinte, se está hablando de una nueva ola, un nuevo «revolcón» en el tema de la historicidad bíblica. Ya sabíamos que había muchas cosas y figuras (importantes) de la Biblia que no eran literalmente históricas. Los grandes especialistas bíblicos ya mostraban hace tiempo una visión bastante matizada de la base histórica bíblica. Los planteamientos concordistas de La Biblia tenía razón, aquel famoso libro (1955), hace mucho tiempo que no gozan de audiencia.

Pero en los últimos años, como decimos, se ha dado una vuelta de tuerca. Hay toda una corriente arqueológica última, la más actual, que se pronuncia ya con claridad por una postura bastante más radical sobre la historicidad. No quieren ya utilizar la arqueología (religiosa) para ornamentar con curiosidades la ciencia bíblica, sino que creen que debemos ser honrados y someter los estudios bíblicos a lo que la arqueología laica descubre y cree poder probar. Es, de alguna manera, una nueva edición del conflicto entre la ciencia y la fe, pero a estas alturas la solución del conflicto está ya muy precocinada, y no caben componendas. Ya no vamos a condenar a Galileo… ni a los arqueólogos.

No podemos entrar aquí en más profundidad. Remitimos a un libro clave, de Finkelstein, La Biblia desenterrada. Una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados, Siglo XXI Editores, Madrid y Buenos Aires, 2003 (está en la red). O vean cualquiera de estos cuatro videos: https://vimeo.com/user10361814/videos, que son de toda calidad científica.

Concretamente en torno a la Navidad, para grupos más críticos o formados, puede ser bueno estudiar a fondo el tema del significado de la encarnación, tanto del misterio en sí mismo, cuanto de los relatos evangélicos correspondientes. Hay propuestas teológicas muy interesantes que merecen atención, como «La metáfora de Dios encarnado» de John HICK (tiempoaxial.org), o «Jesús, hijo de mujer» de John Shelby SPONG (en la biblioteca de Koinonía, servicioskoinonia.org/biblioteca), o el estudio sobre «Las narraciones de la Natividad de Jesús» de Mariano CORBÍ, en la RELaT (servicioskoinonia.org/relat), el nº 381. Otras muchas ideas y sugerencias pueden verse en servicioskoinonia.org/pastoral en tiempo previo a la Navidad.

EL MÁS PEQUEÑO EN EL REINO DE LOS CIELOS ES MÁS GRANDE QUE ÉL – Fidel Aizpurúa

Fe Adulta

El evangelio no es un libro de recetas para nuestras situaciones difíciles. Es, más bien, luz y fuerza para que pongamos manos a la obra.

Nunca sabremos a ciencia cierta cuáles fueron las relaciones entre Juan el Bautista y Jesús. Parece que las hubo, siendo inicialmente más importante la influencia del Bautista que la de Jesús. Éste quizá fuera discípulo de él. Pero, en un momento dado, sus caminos se separaron: el Bautista siguió aferrado al Antiguo Testamento y su radicalismo religioso y Jesús tomó el cauce de la espiritualidad de la compasión y del amor.

Aun así, el evangelio de hoy pone en boca de Jesús un elogio de Juan y una valoración de la suerte que es vivir en el tiempo del Evangelio: Juan es más que profeta, pero EL MÁS PEQUEÑO EN EL REINO DE LOS CIELOS ES MÁS GRANDE QUE ÉL. Esto quiere decir que vivir en el tiempo de Jesús, que vivir la fe es una suerte. Tantas veces que hemos entendido la fe como una obligación y hasta como un peso, la Palabra nos dice que es una suerte. ¿En qué sentido?

  • Es una suerte tener a Jesús: porque sus modos de vida y sus maneras de pensar nos hacen bien, humanizan nuestra vida, nos hacen más espirituales y nos empujan a la fraternidad gozosa. Tener a Jesús nos sitúa en el lado hermoso de la vida.
  • Es una suerte tener el evangelio:porque sus valores nos iluminan, orientan y nos colocan en la situación de quien ama la vida y de quien espera en su plenitud. Tener el evangelio nos empuja a trabajar sin desfallecimiento por la dicha de los demás y la propia.
  • Es una suerte tener a la comunidad de seguidores de Jesús:porque esa comunidad es aliento y apoyo dándonos ánimo para mantenernos en la fe de que la justicia y el bien llegaran a triunfar si colaboramos en esa hermosa tarea.

¿Cómo ayudarnos a entender la fe como una suerte, más que como una obligación? Vamos a decirlo de una forma que casi nos ruboriza, pero digámoslo: tendríamos que enamorarnos de Jesús. ¿Es esto posible o es una fantasía religiosa? Es posible porque el amor salta las fronteras de los años y puede ser vivo si lo cultivamos, si leemos el evangelio, si unimos vida y fe, si somos compasivos y solidarios. Enamorarse de Jesús es posible. Y luego: comprobar que el evangelio nos hace bien, nos hace mejores personas, nos da energía para vivir en humanidad.

Podríamos vivir este Adviento como el tiempo en que se me quiere decir que la fe es una suerte y que es algo realmente hermoso si la amo, la cultivo, la comparto y la hago vida. La celebración de la eucaristía en Adviento habría de estar alimentada por ese anhelo. No son cosas imaginadas. Hay quien “toca” estas realidades en toda su densidad. Hay quien no duda de que hacen parte de su vida. Que a quienes tenemos una fe más débil nos anime y empuje la fe de los que son más fuertes. Compartamos la suerte de creer.

Fidel Aizpurúa Donázar

 

ADVIENTO 3º – A- Fray Marcos

Mt 11, 2-11)

La salvación para tu ego sería inútil. Tu verdadero ser no la necesita.

La pregunta de Juan es muy concreta, pero Jesús responde a dos cuestiones. De sí mismo responde de manera indirecta con un texto de Isaías. De Juan responde por su cuenta y riesgo, de una manera sorprendente. El relato que nos propone hoy el evangelio es desconcertante. El Precursor dudando que el anunciado sea auténtico.

¿No había dicho, no soy digno de llevarle las sandalias? ¿No había dicho que él bautizaría con Espíritu Santo? ¿No había dicho que él era el que tenía que ser bautizado por Jesús? ¿No había visto al Espíritu bajar sobre él? ¿No había oído la voz: este es mi Hijo amado? ¿Quiere decir que Jesús no respondía a lo esperado?

El tema propuesto hoy fue muy difícil de resolver. El mensaje y su comportamiento, nada tenía que ver con lo que los judíos de su tiempo esperaban del Mesías. En la respuesta de Jesús, no se trata tanto de hablar de Juan cuanto de intentar que todos los que le están oyendo se den cuenta de lo que significa Jesús y su mensaje.

Contadle a Juan lo que estáis viendo. Jesús recuerda el texto de Isaías, para que Juan asociara lo visto con los tiempos mesiánicos anunciados. Ni todos los leprosos van a quedar limpios, ni todos los sordos van a oír. También nos dice Isaías que el lobo habitará con el cordero y la pantera se tumbará con el cabrito. Estas imágenes tenemos que entenderlas como símbolos. ¿Por qué interpretamos otras como reales?

El texto quiere decir que la llegada del Reino tendrá consecuencias para todos, pero sobre todo para los más desfavorecidos. Quiere decir que el que acoja el Reino, saldrá de la dinámica de la opresión y entrará en la del servicio. Por cierto, entre las imágenes que se refieren a la presencia del Mesías no hay ni un solo signo religioso.

La noticia es que Dios no va a pedirnos cuenta de nuestros pecados, sino que nos ha liberado de todos ellos. La noticia de que no son los sabios y entendidos los que descubrirán a Dios sino los sencillos. La noticia de que no son los que detentan el poder religioso los que están más cerca de Dios sino los que lo sufren y padecen.

Jesús rompe todos los moldes, desbarata todos los deseos. Lo que aporta va en la dirección contraria de las expectativas. No viene a imponer nada, sino a proponer el servicio. Su actitud de no-violencia, de no defenderse de los enemigos, de no destruir al adversario, escandaliza a todos. No solo no vine a imponer “justicia” sino que acepta la injusticia en su propia carne. …y dichoso el que no se escandalice de mí.

El Reino no lo hacen presentes los ciegos o sordos o cojos curados, sino el que se preocupa de ellos. Por no tener esto en cuenta, creemos que lo importante es librar al pobre de sus carencias. El objetivo primero debe ser librarme yo de mi inhumanidad. Incluso para un ciego, más importante que ver, es recuperar su humanidad.

La advertencia sirve también para nosotros. Seguimos creyendo que la salvación que Jesús nos trajo no responde a lo que esperábamos. Seguimos sin enterarnos de que el amor que predica Jesús es eficaz solo si se hace vida y es inútil si se queda en teoría.

El amor nunca se pondrá al servicio de nuestro ego para alcanzar provecho personal. El amor va siempre en dirección a los demás y se olvida de sí. Nos empujará siempre a desprendernos de nuestro ego. El amor compasivo es nuestra verdadera naturaleza.

La mayoría de las miserias humanas no están a lo fisiológico. Todos estamos rodeados de carencias más importantes que las biológicas. La falta de alimento me puede matar, pero la falta de amor me destroza como ser humano. Entraré en la dinámica del Adviento cuando haga presente el Reino no defraudando al que espera algo de mí.

Abendualdiko 3. igandea – A – José A. Pagola

(Mateo 11,2-11)
GRUPOS DE JESÚS

EZ USTE IZATEA JAINKOAK HUTS EGIN DIGULA – NO SENTIRNOS DEFRAUDADOS POR JESÚS

Krisi erlijiosoa eta barne nahasmendua bizi ditugun aldi hauetan, garrantzizkoa da gogoratzea ezen Jesu Kristo ez dela Elizen arteko inoren jabetza pribatua. Ez, guztiena da. Beragana hurbiltzen ahal dira, bai Jainkoaren Semetzat hartzen dutenak, bai beren bizitzarentzat zentzu gizatiarragoa bilatzen ari direnak.

Duela jadanik urte batzuk, Roger Garaudy pentsalari ezagunak, garai hartan uste osoko marxistak, oihu hau egin zien kristauei: «Zuek jaso eta gorde duzue esperantza hau: Jesu Kristo. Zuek behar diguzue itzul, bera guztiona da eta».

Aldi berean kasik, Jean Onimus-ek bere liburu zirraragarri eta ez-ohikoa argitaratu zuen Jesusez, Le Perturbateur titulu probokatzailearekin. Jesusi zuzenduz, hau zioen idazle frantsesak: «Zergatik izan behar duzu, soilik, predikatzaileen, doktoreen eta jende eskolatu batzuen jabetza?, zuk, gauza hain xume eta zuzeneko esan dituzun horrek?, guztientzat diren eta betiko bizirako hitz direnak?»

Horregatik, gauza gutxik ematen dit poz handiagorik, jakiteak baino ohiko praktika erlijiosotik urrundu diren gizon eta emakume asko ari dela Jesusen bila nire idazkietan. Konbentzimendu osoa dut ezen Jesus izango dela biderik hobena Jainko Adiskidearekin topo egiteko eta nork bere bizitzari zentzu itxaropentsuago bat emateko.

Jesusek ez du uzten hotz eta axolagabe beragana hurbiltzen den inor. Egian bizi den norbaitekin egiten du topo pertsonak, azkenean; zergatik bizi behar den eta zergatik hiltzea merezi duen dakien batekin. Sumatzen du biziera hori, «hain Jesusena den hori», dela bizitzari eta heriotzari aurre egiteko erarik zuzenekoena eta gizatiarrena,

Jesusek sendatu egiten du. Biziaz duen grinak agerian ipintzen ditu gure azalkeria eta konbentzionaltasuna. Babesgabekoez duen maitasunak mozorrogabetu egiten ditu gure egoismoa eta eskastasuna. Berak, egiak, agerian ipintzen ditu gure auto-engainuak. Baina, batez ere, bere Aitagan duen baldintzarik gabeko fedeak sinesgabetasunetik irtetera gonbidatzen gaitu eta Jainkoaz fidatzera.

Gaur egun Eliza alde batera uzten dutenek, beraren baitan deseroso sentitzen direlako edota beraren jarduera edo jarraibide batzuekin ezin bat egin dutelako edota, besterik gabe, kristau-liturgiak beraientzat bizi-interes guztia galdu duelako, ez lukete horregatik Jesus bera alde batera utzi behar automatikoki.

Pertsona batek, beste erreferentzia-puntuak galdu dituenean eta sumatzen duenean «zerbait» bere kontzientzian hiltzen ari dela, gauza erabakigarria izan dezake Jesu Kristorekiko harremanak ez haustea. Hona ebanjelioko testuak dakartzan Jesusen hitzak: «Zorionekoa nitaz desengainaturik sentitzen ez dena». Zorionekoa ulertzen duena Kristok beraren bizitzarako esan nahi duena.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

3 Adviento – A (Mateo 11,2-11)

NO SENTIRNOS DEFRAUDADOS POR JESÚS

En estos tiempos de crisis religiosa y confusión interior es importante recordar que Jesucristo no es propiedad particular de las Iglesias. Es de todos. A él pueden acercarse quienes lo confiesan como Hijo de Dios, y también quienes andan buscando un sentido más humano a sus vidas.

Hace ya algunos años, el conocido pensador Roger Garaudy, marxista convencido en aquel tiempo, gritaba así a los cristianos: «Vosotros habéis recogido y conservado esta esperanza que es Jesucristo. Devolvédnosla, pues ella pertenece a todo el mundo».

Casi por la misma época, Jean Onimus publicaba su apasionante e insólito libro sobre Jesús con el provocativo título de Le Perturbateur. Dirigiéndose a Jesús, decía así el escritor francés: «¿Por qué vas a permanecer propiedad privada de los predicadores, de los doctores y de algunos eruditos, tú que has dicho cosas tan sencillas, palabras directas, palabras que permanecen para los hombres, palabras de vida eterna?»

Por eso pocas cosas me producen más alegría que saber que hombres y mujeres alejados de la práctica religiosa habitual buscan en mis escritos encontrarse con Jesús. Estoy convencido de que él puede ser para muchos el mejor camino para encontrarse con el Dios Amigo y para dar un sentido más esperanzado a sus vidas.

Jesús no deja indiferente a nadie que se acerca a él. Uno se encuentra, por fin, con alguien que vive en la verdad, alguien que sabe por qué hay que vivir y por qué merece la pena morir. Intuye que ese estilo de vivir «tan de Jesús» es la manera más acertada y humana de enfrentarse a la vida y a la muerte.

Jesús sana. Su pasión por la vida pone al descubierto nuestra superficialidad y convencionalismo. Su amor a los indefensos desenmascara nuestros egoísmos y mediocridad. Su verdad desvela nuestros autoengaños. Pero, sobre todo, su fe incondicional en el Padre nos invita a salir de la incredulidad y a confiar en Dios.

Quienes hoy abandonan la Iglesia porque se encuentran incómodos dentro de ella, o porque discrepan de alguna de sus actuaciones o directrices concretas, o porque sencillamente la liturgia cristiana ha perdido para ellos todo interés vital, no deberían por ello abandonar automáticamente a Jesús.

Cuando uno ha perdido otros puntos de referencia y siente que «algo» está muriendo en su conciencia, puede ser decisivo no perder contacto con Jesucristo. El texto evangélico nos recuerda sus palabras: «¡Dichoso el que no se sienta defraudado por mí!» Dichoso el que entienda todo lo que Cristo puede significar en su vida.

José Antonio Pagola

Domingo 3º de Adviento – Koinonía

Isaías 35,1-6a.10

Dios viene en persona y os salvará

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

Salmo responsorial: 145

Ven, Señor, a salvarnos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, / hace justicia a los oprimidos, / da pan a los hambrientos. / El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego, / el Señor endereza a los que ya se doblan, / el Señor ama a los justos, / el Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda / y trastorna el camino de los malvados. / El Señor reina eternamente, / tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

Santiago 5,7-10

Manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

Mateo 11,2-11

¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.» Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La primera y la segunda lectura de hoy, del profeta Isaías y del apóstol Santiago, coinciden en el mensaje: hay que esperar, debemos esperar, merece la pena esperar, porque viene nuestro Dios, él mismo viene en persona, y trae el desquite… Hay que tener paciencia, porque es inminente su llegada, ya está a la puerta…

No dudamos de que esta forma de plantear la esperanza, de vivirla y de transmitirla, ha sido útil y muy eficaz para muchas generaciones anteriores a nosotros, pero tampoco dudamos de que hoy día, ese planteamiento pudiera no servir ya.

– Este motivo aducido clásicamente para fundamentar la esperanza de que Alguien viene, alguien va a irrumpir apocalípticamente en nuestra vida, incluso con inminencia, y de que nuestra esperanza consista en «esperar» (de espera, no de esperanza) su llegada… no resulta hoy ya plausible.

– Ese esquema conceptual según el cual Dios ha anunciado que vuelve, en una segunda venida que sellará el final del mundo, y que nosotros estamos por tanto en un tiempo intermedio, incierto y amenazado por la espada colgante (de Damocles) de esa sorpresa divina que llegará como la visita del ladrón… ha sido una imagen poderosa, que ha cautivado la atención de muchas generaciones, pero que hoy empieza ya a no funcionar.

– Esa idea de que debemos esperar que en el futuro Dios va a castigar a los malos… y así «poner las cosas en su sitio» y vengar las maldades de los que nos han hecho daño… probablemente fue muy efectiva en otro tiempo, como lo ha sido en pedagogía todo lo referente a los premios y castigos, las buenas y las malas notas, pero hoy ya muy pocas mentes lúcidas pueden aceptar que la pedagogía humana infantil pueda ser aplicada al misterio existencial del ser humano.

Aquellas generaciones tenían una comprensión del mundo míticamente religiosa, inserta en las coordenadas de la descripción del mundo que las mismas religiones habían elaborado: un mundo que consistía esencialmente en un «plan de Dios» para poner una prueba al ser humano y llevarlo a otra vida, mejor o peor según mereciera premio o castigo. Dentro de ese «pequeño mundo», dentro de esa cosmovisión religiosista que ocupó por milenios el imaginario de nuestros mayores, funcionaba el hablar de una segunda venida, de la prueba que Dios nos pone, de la amenaza que supone la posible sorpresa del Dios que viene e irrumpe en el mundo para finalizarlo e inaugurar otro eón, el de los premios y castigos. Este imaginario religioso (tradicional, antiquísimo, milenario…) está agotándose, desapareciendo con las generaciones mayores, desvaneciéndose y perdiendo vivacidad y plausibilidad en las generaciones medias, y siendo rechazada en las generaciones jóvenes, en las que no logra ya implantarse. La transmisión de ese tipo de fe se está interrumpiendo.

En el nuevo imaginario o cosmovisión que muchos estamos adquiriendo, fundamentado en la nueva imagen que la cosmología y el conjunto actual de las ciencias nos ofrecen, ya no cabe concebir la realidad tan «antropocéntricamente» como para pensar que todo consiste y todo se reduce a «un plan que Dios ha hecho para probar al ser humano». Al ser humano actual no le resulta ya plausible una espiritualidad que le dice que él es el centro del cosmos, y que este cosmos «ha sido creado simplemente para servir de escenario al drama humano de su salvación ultraterrena»… Y no le resulta plausible tampoco que el misterio tan respetable del más allá sea asociado con y puesto al servicio de la amenaza de castigos o la promesa de premios…

¿Es posible ser cristiano sin aceptar estas imágenes que hoy sentimos como no incorporables a nuestra cosmovisión? Sí, lo es, al costo de purificar nuestra esperanza -y, más ampliamente, nuestra cosmovisión religiosa global- de aquellas imágenes propias de un tiempo que ya no es el nuestro.

En realidad, lo que importa es el contenido profundo, la experiencia espiritual, la dimensión de esperanza (en este caso), no el soporte de categorías, esquemas mentales, cosmovisiones apocalípticas o esquemas de concepción del tiempo de los que echaron mano nuestros antepasados. El cristianismo, a lo largo de su historia, ya ha abandonado muchas imágenes que en su tiempo fueron comunes, que luego se oscurecieron, y que finalmente nos resultaron inaceptables (de algunas de las cuales hoy incluso nos avergonzamos). Durante muchos siglos, el predominio del pensamiento estático, el supuesto de la ahistoricidad, y el desconocimiento del carácter evolutivo de todo, nos ha querido hacer pensar que no podemos cambiar nada, que debemos creer a la letra lo que expresaron nuestros mayores, sin remontarnos a revivir su misma experiencia profunda pero con libertad y creatividad, y que nada puede ser innovado. Pero la misma historia está ahí para mostrar lo contrario a quien sepa y quiera verlo. Y también está ahí el presente: son muchos ya, de hecho, los cristianos/as que «creen de otra manera».

El evangelio de Mateo nos presenta la llamada «prueba mesiánica». Juan el Bautista desde la cárcel manda emisarios para preguntarle a Jesús si es él el esperado o si deben esperar a otro. Jesús no responde con algunas pruebas teológicas, ni con citas bíblicas apologéticas, o con algunos dogmas o doctrinas, sino que se remite y remite a los consultantes a los puros hechos, que pueden ser «vistos y oídos»: «los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios… y a los pobres se les anuncia el Evangelio, la Buena Noticia». Estos «hechos», estas buenas noticias, son la prueba de identidad del Mesías. Y serán, tienen que ser, la prueba de identidad de quienes sigan al Mesías, al Xristós, o sea, los «cristianos». Sólo si nuestra vida produce esos mismos hechos, sólo si somos «buena noticia para los pobres», sólo entonces estaremos siendo seguidores de aquel Mesías, del Xristós, o sea, «cristianos».

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 45 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «Una pregunta desde la cárcel». El audio, el guión del texto, y su comentario bíblico-teológico, puede ser tomado de aquí: https://radialistas.net/45-una-pregunta-desde-la-carcel/.

 

Respecto al tema de los premios y castigos eternos, repetimos aquella indicación bibliográfica para quienes puedan leerlo en inglés –mientras está a punto de salir en castellano en la colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org)–, el libro de John Shelby SPONG, Vida eterna: una nueva visión. Más allá de las religiones, más allá del teísmo, más allá de cielo e infierno, 232 pp, publicado en español por la editorial Abya Yala de Quito, en su colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org). El subtítulo lo dice todo sobre la intención y el enfoque de este libro.  

 

 

 

INMACULADA (A) (Lc 1,26-38)

María hace presente la Divinidad inmaculada. Es la verdadera Realidad que somos

Dios te ha dado a ti exactamente lo mismo que a Jesús y María, porque se da siempre infinitamente. Si lo experimentas, saltará por los aires el corsé que te impide crecer y ser tú. Verlo en ellos, es una maravilla, pero no es suficiente. Debes descubrirlo en ti.

Ni los evangelios ni los Padres de la Iglesia hablan para nada de María inmaculada. La razón es muy simple, no se había elaborado la idea que hoy tenemos de pecado original. Solo cuanto se empezó creer que todos los hombres nacían con una mancha o pecado (“mácula”, según S. Agustín) se empezó también a pensar en una María in-maculada.

En los evangelios no hay ni rastro de la María mitológica, fuera de los relatos de la infancia de Mateo y Lucas. la capacidad de símbolos ha hecho posible convertir a María en un personaje simbólico, utópico, mítico. Solo la intuición, la vivencia personal más profunda permitió con el tiempo esos descubrimientos abismales en la figura de María.

Pero el que descubre esas verdades no racionales, tiene que expresarlas en un lenguaje racional. Cuando un ser humano que no ha tenido esa experiencia recibe ese lenguaje, lo interpreta racionalmente lo distorsiona y lo convierte en un lenguaje irracional.

¿Hay algo más irracional que una madre de Dios o una concepción virginal o una inmaculada o una subida al cielo en cuerpo y alma, entendido todo ello en sentido literal? Ésta es la causa de la esquizofrenia ante un lenguaje que no comprendemos.

Aunque el pecado original es un dogma, los exegetas nos dan hoy una explicación del relato del Génesis que no es compatible con la idea de pecado original de S. Agustín. Hoy sabemos que no ha existido ningún Adán y aceptamos como normal el paso progresivo de los simios al “homo sapiens”, a través de una muy larga evolución.

El pecado, incluido el original, no es ningún virus que se pueda quitar o poner. El primer “fallo” (¿pecado?) en el hombre, es consecuencia de su capacidad de conocimiento. En cuanto tuvo capacidad de conocer y de elegir, falló. El fallo no se debe al conocimiento, sino a una manera limitada de conocer, que toma por bueno, lo que en sí es malo.

El concepto de pecado como ofensa a Dios, necesita una revisión urgente. Creer que los errores que comete el hombre pueden ofender a Dios y causar una reacción por su parte es ridiculizarlo. Dios es impasible, no puede cambiar nunca. Es amor-unidad y lo será siempre y para todos. Al fallar me hago daño a mí mismo y a las demás, nunca a Dios.

Sea yo lo que sea, la oferta de amor por parte de Dios será siempre irrevocable. Pero esa oferta no la puede hacer Dios desde fuera de mí. Para Él no hay afuera. Lo divino es el fundamento y la base de mi ser. Ahí puedo volver en todo momento para descubrirlo.

El dogma dice: “por un singular privilegio de Dios”. Para nosotros hoy esa frase es desproporcionada e inaceptable. En sentido estricto, Dios no puede tener privilegios con nadie. Dios no puede dar a un ser lo que niega a otro. El amor en Dios es su esencia. Dios no tiene nada que dar, o se da Él mismo o no da nada. Además, no tiene partes.

Hablar de la Inmaculada es tomar conciencia de que en un ser humano (María) descubrimos algo, en lo hondo de su ser, que fue siempre limpio, puro, sin mancha alguna, inmaculado. Lo verdaderamente importante es que, si ese núcleo inmaculado se da en un solo ser humano, podemos tener la garantía de que se da en todos.

En la fiesta de María Inmaculada descubrimos la cercanía de lo divino. Lo singular de María está en que hace presente a Dios como mujer. Podemos descubrir en ella lo femenino de Dios. No son los capisayos que le hemos puesto a través de los siglos, los que la hacen grande, sino haber desplegado su feminidad desde esa realidad divina.

ADVIENTO 2º (A) – Fray Marcos

(Mt 3, 1-12)

Nunca hemos integrado la figura de Juan. El mayor profeta y el menor en el Reino

Hoy Isaías y Juan tiene la palabra. El profeta es el hombre que ve un poco más allá que el resto de los mortales. No le gusta lo que ve y busca algo nuevo. Esa novedad la encuentra dentro de sí, viendo las exigencias de su ser. El profeta es siempre un explorador del espíritu que tiene la valentía de comunicar a los demás lo que ha visto.

Los tiempos mesiánicos llegarán cuando ni las religiones ni los conocimientos racionales tengan la última palabra, sino que la norma última sea “la ciencia del Señor”. ¡Genial! Esa sabiduría está en lo hondo de nuestro ser y solo allí debemos descubrirla.

El evangelio del hoy es un alimento tan condensado, que necesitaría muchas horas de explicación (diluirle para que no resulte indigerible). El problema que tenemos es que lo hemos escuchado tantas veces, que es casi imposible que nos mueva a ningún examen serio sobre el rumbo de nuestra vida. Y, sin embargo, ahí está el revulsivo.

En aquellos días… Este comienzo es un intento de situar los acontecimientos y dejarlos insertados en un tiempo y en un lugar. Jesús tenía veintiocho o treinta años y estaba preparado para empezar su andadura. Los primeros pasos los quiere dar de la mano del primer profeta que aparecía en Israel después de trescientos años de sequía.

En el desierto. Aparece fuera de las instituciones y del templo, que sería el lugar más lógico, sobre todo si damos por supuesto que Juan era hijo de un sacerdote. Esto se dice con toda intención. Nos está advirtiendo que su predicación tiene muy poco que ver con la religiosidad oficial, que había desfigurado la imagen del verdadero Dios.

Convertíos, porque está cerca el Reino de Dios. Convertirse no es renunciar a nada ni hacer penitencia por nuestros pecados. Conversión (metanoia) es cambio de mentalidad. Es exactamente la frase con que, en el capítulo siguiente, comienza su predicación el mismo Jesús. Quiere resaltar la coincidencia de la predicación de ambos.

Éste es el que anunció el profeta Isaías. Esta manera de referirse al Bautista es muy interesante, porque resume muy bien lo que pensaban los primeros cristianos de Juan. Para ellos, la figura de Juan responde a las expectativas de Isaías y del pueblo. Juan es Elías (correa de cuero) que vuelve para preparar los tiempos mesiánicos.

Llevaba un vestido de piel de camello. Su figura es ya un reflejo de lo que será su mensaje, desnudo y sin adornos, puro espíritu, pura esencia. Juan es un inconformista que no se amolda a la manera religiosa de vivir que tenían los judíos de su tiempo.

Acudía a él toda la gente. La gente se aparta del templo y busca la salvación en el desierto junto a un profeta. La religión oficial se había vuelto inútil, en vez de salvar esclavizaba. Mateo llevará la gente a Jesús, en quien encontrará la salvación definitiva.

Dad el fruto que pide la conversión. Los fariseos y los saduceos eran los dos grupos más influyentes. Van a bautizarse, pero sin cambiar. Las instituciones opresoras tratan de domesticar ese movimiento inesperado, pero son desenmascarados por Juan.

Él os bautizará con Espíritu Santo. Está hablando de un bautismo superior al suyo. Toda plenitud es siempre realizada por el Espíritu. No se trata del Espíritu Santo, sino de la fuerza de Dios que actúa en Jesús y a todo el que “se bautice en él”.

La conclusión es demoledora. Ninguna religiosidad que no valore al hombre tendrá sentido. Somos propensos a dilucidar nuestra existencia relacionándonos directamente con Dios, pero se nos hace muy cuesta arriba el tener que salir del egoísmo y abrirnos a los demás. Nos cuesta aceptar que lo que me exige Dios (mi verdadero ser) es que cuide del otro. Sin pudiéramos escamotear esta exigencia, todos seríamos buenísimos.

Abendualdiko 2. igandea – A – José A. Pagola

(Mateo 3,1-12)

BIDEAK BERRESKURATZEA – RECUPERAR CAMINOS

Oso erraz gerta dakiguke bizitzan Jainkoaganako «biderik gabe» gelditzea. Ez da zertan izan ateoa. Ez da beharrezkoa Jainkoari era kontzientean uko egitea. Aski da geure egun hauetako joera orokorrari jarraitu eta axolagabetasun erlijiosoan bizitzeari ematea. Pixkana, Jainkoa galdu egiten da pertsonaren horizontetik. Gero eta gutxiago du axola. Posible al da gaur egun Jainkoaganako bidea berreskuratzea?

Agian, lehenengo gauza «erlijioaren gizatasuna» berreskuratzea dateke. Alde batera uztea bide anbiguoak, Jainko aprobetxatzaile eta dominatzaile batengana gidatzen dutenak, soilik, bere aintzaren eta boterearen irrika bakarrik duen Jainko batengana; eta, horren ordez, geure bihotza irekitzea beste Jainko honengana: oraintxetik eta betiko, guretzat denik eta gauzarik hobena bilatzen eta desiratzen duenagana. Jainkoa ez da inor zapaltzen eta umiliatzen duen Izaki Gorena, baizik eta Maitasun Santua da, erakartzen eta bizia ematen duena. Gaur egungo jendea ez da itzuliko Jainkoagana beldurrak eraginda, baizik eta maitasunak erakarrita.

Beharrezkoa da, aldi berean, geure bizitzaren horizontea zabalago bihurtzea. Geure bizitza gauzaz betetzen ari gara, eta geure barnea husten, hutsik uzten. Gauza guztien informazioa dugula bizi gara, baina jadanik ez dakigu norantz bideratu geure bizitza. Historiako belaunaldi adimenduena eta aurrerakoiena garelakoan gaude, baina ez dakigu geure bihotzean sartzen, adoratzeko eta eskerrak emateko. Jainkoagana hurbildu, existitzeko eremu berri baten bila hasten garenean hurbiltzen gara.

Garrantzizkoa da, ordea, bizitzarentzat «oinarri sendo bat» bilatzea. Zertan sostenga gaitezke hainbat eta hainbat ziurgabetasun eta nahasmenduren artean? Etxe bat bezala da bizitza: fatxada eta teilatua zaindu beharrekoak dira, baina garrantzi handiena duena zimentarri seguru baten gainean eraikitzea da. Azkenean, beti behar izango dugu geure azken konfiantza zerbaitetan edo norbaitengan ipintzea. Ez ote da izango Jainkoaren beharra dugula?

Harenganako bideak berreskuratzeko, isilik egoten ikasi beharra dugu. Existentziaren barnekoenera orduan iritsiko gara: ez aztoraturik eta beldurrez beterik bizi garenean, baizik eta geure barnea isiltasunak hartzen duenean. Pertsona barnebiltzen bada eta Jainkoaren aurrean isilik jartzen, goiz edo berandu beraren bihotza irekitzen hasiko da.

Pertsona bere baitan hesiturik bizi daiteke, biderik gabe ezer berri eta kreatzailerako. Baina posible da Jainkoaganako bide berrien bila ibiltzea ere. Honetara gonbidatzen gaitu Joan Bataiatzaileak.

José Antonio Pagola
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

2 Adviento – A– José A. Pagola

Grupos de Jesús

(Mateo 3,1-12)

RECUPERAR CAMINOS

Es muy fácil quedarse en la vida «sin caminos» hacia Dios. No hace falta ser ateo. No es necesario rechazar a Dios de manera consciente. Basta seguir la tendencia general de nuestros días e instalarnos en la indiferencia religiosa. Poco a poco, Dios desaparece del horizonte. Cada vez interesa menos. ¿Es posible recuperar hoy caminos hacia Dios?

Tal vez, lo primero sea recuperar «la humanidad de la religión». Abandonar caminos ambiguos que conducen hacia un Dios interesado y dominador, celoso solo de su gloria y su poder, para abrirnos a un Dios que busca y desea, desde ahora y para siempre, lo mejor para nosotros. Dios no es el Ser Supremo que aplasta y humilla, sino el Amor Santo que atrae y da vida. Las personas de hoy volverán a Dios no empujadas por el miedo, sino atraídas por su amor.

Es necesario, al mismo tiempo, ensanchar el horizonte de nuestra vida. Estamos llenando nuestra existencia de cosas, y nos estamos quedando vacíos por dentro. Vivimos informados de todo, pero ya no sabemos hacia dónde orientar nuestra vida. Nos creemos las generaciones más inteligentes y progresistas de la historia, pero no sabemos entrar en nuestro corazón para adorar o dar gracias. A Dios nos acercamos cuando nos ponemos a buscar un espacio nuevo para existir.

Es importante, además, buscar un «fundamento sólido» a la vida. ¿En qué nos podemos apoyar en medio de tanta incertidumbre y desconcierto? La vida es como una casa: hay que cuidar la fachada y el tejado, pero lo importante es construir sobre cimiento seguro. Al final, siempre necesitamos poner nuestra confianza última en algo o en alguien. ¿No será que necesitamos a Dios?

Para recuperar caminos hacia él necesitamos aprender a callar. A lo más íntimo de la existencia se llega no cuando vivimos agitados y llenos de miedo, sino cuando hacemos silencio. Si la persona se recoge y queda callada ante Dios, tarde o temprano su corazón comienza a abrirse.

Se puede vivir encerrado en uno mismo, sin caminos hacia nada nuevo y creador. Pero también se puede buscar nuevos caminos hacia Dios. A ello nos invita el Bautista.

José Antonio Pagola

Domingo 2º ADVIENTO – KOINONÍA

Ciclo A

Isaías 11,1-10

Juzgará a los pobres con justicia

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.

Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastoreará. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará con la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar.

Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Salmo responsorial: 71

Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.

Dios mío, confía tu juicio al rey, / tu justicia al hijo de reyes, / para que rija a tu pueblo con justicia, / a tus humildes con rectitud. R.

Que en sus días florezca la justicia/ y la paz hasta que falte la luna; / que domine de mar a mar, / del Gran Río al confín de la tierra. R.

Él librará al pobre que clamaba, / al afligido que no tenía protector; / él se apiadará del pobre y del indigente, / y salvará la vida de los pobres. R.

Que su nombre sea eterno, / y su fama dure como el sol: / que él sea la bendición de todos los pueblos, / y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R.

Romanos 15,4-9

Cristo salva a todos los hombres

Hermanos: Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así dice la Escritura: «Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre.»

Mateo 3,1-12

Convertíos, porque está acerca el reino de los cielos

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Éste es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.» Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: «Abrahán es nuestro padre», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.»

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

La primera lectura es uno de esos varios preciosos textos de Isaías –y de los profetas bíblicos en general– que nos «describen» la «utopía» bíblica. Por definición, la u-topía «no tiene lugar», no se la puede encontrar, todavía no se ha concretado en ningún sitio, todavía no ha tenido tiempo de ser construida o realizada… y en ese sentido tampoco se puede describir cómo es. Pero si hablamos de la utopía -o si incluso soñamos con ella- es porque sí tiene alguna forma de existencia. No es que simplemente no exista, sino que «no existe… todavía». Como decía Ernst Bloch, no sólo existe lo que es, sino lo-que-no-es-todavía (el “noch nicht Sein”). No es, pero puede llegar a ser, quiere ser y, como podemos comprobar de tantas maneras, lucha por llegar a ser. Y será. Como decía Ebeling, «lo más real de lo real, no es lo real mismo, sino sus posibilidades»…

El pensamiento utópico es un componente esencial del judeocristianismo. No lo es de otras religiones, incluidas las grandes religiones. No hay sólo un tipo de religiosidad. Podemos encontrar varias corrientes en las religiones «neolíticas», las de los últimos cinco mil años. Unas experimentan lo sagrado sobre todo en la conciencia (la interioridad, el pensamiento silencioso, la experiencia de la iluminación, de la no dualidad… una especie de «estado modificado» de conciencia); otras lo experimentan en la naturaleza, en la experiencia cósmica… (la experiencia de sintonía con la naturaleza, de unidad e interdependencia con ella, de su sacralidad imponente, de la Pachamama… lo que Mircea Elíade llamó la «experiencia uránica», ésa que todos los pueblos han sentido al contemplar la belleza del cosmos, de las  noches de cielo estrellado…). Las religiones abrahámicas, un tercer grupo, por su parte, han experimentado lo sagrado «en la historia», por medio de la fe, la esperanza y el amor, a través del llamado de una Utopía de Amor-Justicia. Véanse los tres enfoques diferentes de las tres gamas o ramas del árbol de las religiones: la interioridad de la conciencia, la misteriosidad de la naturaleza, y el llamado utópico de la justicia en el decurso de la historia…

Este tercer foco es, concretamente, el ADN de nuestra religión judeocristiana. Todo lo demás (doctrina, moral, liturgia, institución eclesiástica…) añade, reviste, completa… pero la esencia de la religiosidad abrahámica es esa fuerza espiritual que experimentamos en el llamado de la Utopía del Amor-Justicia. Que, por ser “amor-justicia”, obviamente, siempre estará de parte de los pobres, de los “injusticiados”, en cualquier nivel o tipo de injusticia (económica, cultural, racial, de género…) al que nos refiramos.

Los profetas, Isaías en el caso de la lectura de hoy, «describe» la Utopía, «cuenta el sueño» que le anima: un mundo amorizado, fraterno, sin injusticia, sin injusticiados, en armonía incluso con la naturaleza… La Utopía fue tomando en Israel el nombre de «reinado de Dios»: cuando Dios reina el mundo se transforma, la injusticia deja lugar a la justicia, el pecado al perdón, el odio al amor… las relaciones humanas descompuestas se recomponen en una red de amor y solidaridad. El conocido estribillo del canto del salmo 71 (el de la liturgia de este domingo) lo dice magistralmente: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor». Donde Dios está presente y «reina», es decir, donde se hacen las cosas «como Dios manda», allí hay Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gracia y Amor. Por eso hay que clamar con el estribillo cantado de ese salmo: «Venga a nosotros tu Reino, Señor». No hay sueño ni Utopía más grande, aunque esté tan lejana.

El adviento es, por antonomasia, el tiempo litúrgico de la esperanza. Y la esperanza es la «virtud» (la virtus, la fuerza) de la Utopía, la fuerza que la Utopía provoca, crea en nosotros para esperar contra toda esperanza. Adviento es por eso un tiempo adecuado para reflexionar sobre esta dimensión utópica esencial del cristianismo, y un tiempo para examinar si con el paso del tiempo nuestro cristianismo tal vez olvidó su esencia, tal vez arrinconó tanto la utopía como la esperanza.

El evangelio de Mateo nos presenta a Juan Bautista pidiendo a sus coetáneos la conversión, «porque el reinado de Dios [reinado “de los cielos” dirá Mateo, con el pudor reverencial judío que evita «tomar el nombre de Dios en vano»] está cerca». En aquellos tiempos de mentalidad precientífica y apocalíptica, la propensión a imaginar futuras irrupciones del cielo o del infierno servía para mover a las masas. Hoy, con una visión radicalmente distinta sobre la plausibilidad de tales expectativas apocalípticas, la argumentación de Juan Bautista ya no sirve, resulta increíble para la mayor parte de nuestros contemporáneos. No es que hayamos de cambiar (que hayamos de convertirnos) «porque el reino de Dios está cerca», sino exactamente al revés: el Reino de Dios puede estar cerca porque (y en la medida en que) decidimos cambiar nosotros (convertirnos), y es con ello como cambiamos este mundo… Ya no estamos en tiempos de apocalipsis (una irrupción venida de fuera y de arriba), sino de praxis histórica de transformación del mundo y de su historia (una transformación venida de abajo y desde dentro). El reinado de Dios -la Utopía, para decirlo con un lenguaje más amplio e interreligioso- no es ni puede ser objeto de «espera» (como ante algo que sucederá al margen de nosotros), sino de «esperanza» (la desinencia «anza» expresa ese matiz de actividad endógena). La esperanza es esa actitud que consiste en «desear provocando», desear ardientemente una realidad todavía «u-tópica», tratando de hacerla «tópica», presente en el «topos», en el lugar y en el tiempo, aquí y ahora, en la Tierra, no en el cielo futuro.

Insistimos: otras religiosidades discurren por otro tipo de experiencia de lo sagrado –y ello no es malo, es muy bueno, y es muestra de la pluriformidad de la religiosidad–, pero la vivencia espiritual específicamente judeocristiana es esta esperanza activa histórico-utópica comprometida. En este Adviento podríamos hacer de esto una materia de reflexión y examen.

Por cierto, la segunda lectura, de la carta a los romanos, coincide curiosamente con este mismo enfoque esencial: «Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza»… Mantener la «esperanza», mantener esa tensión de compromiso histórico-utópico es el objetivo de las Escrituras (por cierto, de «todas las Escrituras», no sólo de la Biblia…). Es decir: las Escrituras fueron escritas para eso. No para fines piadosos, para fines estrictamente transcendentes o sobrenaturales… sino «para mantenernos en la esperanza», por tanto, para comprometernos en la historia, para encontrar lo divino en lo humano, el Futuro absoluto en el futuro histórico y contingente. Cualquier utilización bíblica que nos encierre dentro de la Bíblia misma, nos separe de la vida o nos haga olvidar el compromiso histórico de construir apasionadamente la Utopía en esta tierra, será un uso malversado –o incluso perverso– de la Biblia.

El evangelio de hoy es dramatizado en varios capítulos de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. Son los capítulos 2, 3 y 6. El audio, el guión y el comentario teológico-bíblico del capítulo 2 puede ser tomado de aquí: https://radialistas.net/02-camino-al-jordan/