«¿A dónde quieres ir Iglesia de Navarra?: El peligro de hacer lo de siempre y como siempre»

Religión Digital

Me viene a la memoria una cita que he leído atribuida al teólogo, filósofo y humanista Erasmo de Rotterdam: «Al hombre no le gusta el cambio, porque el cambio significa mirar en el fondo de su alma con sinceridad, desafiarse a sí mismo y a su vida»

«He aquí lo que podría identificarse exactamente como el gusano más dañino no sólo de la vida humana, sino también de la vida espiritual, pastoral, eclesial -también, por hipótesis, de la Diócesis de Navarra-: ser resistentes al cambio»

«¡El cambio de paradigma no nos pide que hagamos cosas nuevas, sino que hagamos nuevas las cosas!»

«Y esto depende ni sólo ni principalmente del papa Francisco. Depende también, más y mejor aún, de su nuevo liderazgo, estimado Monseñor Florencio Roselló, y de la conversión -término clave para el cambio de las estructuras eclesiásticas- que debe producirse primero en cada uno de los que trabajamos en la Iglesia»

Me viene a la memoria una cita que he leído atribuida al teólogo, filósofo y humanista Erasmo de Rotterdam: «Al hombre no le gusta el cambio, porque el cambio significa mirar en el fondo de su alma con sinceridad, desafiarse a sí mismo y a su vida. Para ello hay que ser valiente, tener grandes ideales. La mayoría de los hombres prefieren revolcarse en la mediocridad, hacer del tiempo el estanque de su existencia»…Leer más (P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF )

Martin M. Lintner: «¿Qué carga hemos impuesto a la gente en la Iglesia con una moral sexual tan estricta?»

Religión Digital

«Veo mi libro como una oferta de diálogo al Magisterio sobre temas que hasta el día de hoy conducen a dolorosos conflictos entre la teología y el Magisterio y donde la Iglesia claramente ha perdido crédito»

“En el libro trato de manera integral y crítica el desarrollo de la moral sexual de la Iglesia. Me gustaría mostrar por qué la Iglesia a menudo ha adoptado una posición sexualmente hostil y cómo podemos superar esta visión negativa”

“Para decirlo de manera sencilla, fueron los Padres de la Iglesia, es decir, clérigos o religiosos predominantemente célibes, quienes moldearon la moral sexual de la Iglesia a lo largo de los siglos»

“El celibato sacerdotal obligatorio no se estableció definitivamente en la Iglesia latina hasta el siglo XII. Esto tenía que ver no solo con la interpretación negativa de los actos sexuales, que harían impuro a un sacerdote por celebrar los sacramentos en la persona de Cristo»

“En el libro trato de manera integral y crítica el desarrollo de la moral sexual de la Iglesia. Me gustaría mostrar por qué la Iglesia a menudo ha adoptado una posición sexualmente hostil y cómo podemos superar esta visión negativa”. Es el objetivo explícito del teólogo y sacerdote Martin M. Lintner, quien con la obra Ética de las relaciones cristianas: desarrollos históricos – fundamentos bíblicos – perspectivas actuales (Herder), asegura que la institución eclesial, “con su rígida moral sexual, dificultaba innecesariamente la vida de las personas y les causaba graves problemas de conciencia”.

Y desde ahí, pretende “hacer una contribución teológicamente sólida y constructiva en el área de la ética sexual y de las relaciones. Veo mi libro como una oferta de diálogo al Magisterio sobre temas que hasta el día de hoy conducen a dolorosos conflictos entre la teología y el Magisterio y donde la Iglesia claramente ha perdido crédito”…Leer más (José Lorenzo)

DOMINGO   6º  (B) – Fray Marcos

(Lv 13,1-2.44-46) El sacerdote le declarará impuro de lepra en la cabeza.

(1Cor10,31-11,1) No escandalicéis a judíos ni a griegos ni a la Iglesia

(Mc 1,40-45) Si quieres puedes limpiarme. lo agarró y: Quiero: queda limpio.

Jesús liberaba al aceptar a todos sin reservas. La única manera de desplegar nuestra humanidad es la identificación con el diferente.

Seguimos en el primer capítulo de Marcos. Después de un enunciado general, que resume su habitual manera de actuar, nos narra la curación de un leproso. El leproso no tiene nombre. Tampoco se habla de tiempo y lugar determinados. Se trata de una generalización de la manera de actuar de Jesús con los oprimidos. Se advierte una falta total de lógica narrativa. Apenas ha pasado un día de la predicación de Jesús y ya le conocen hasta los leprosos que vivían en total aislamiento de la sociedad.

La lepra era el motivo más radical de marginación. Lo que se entendía por lepra en la antigüedad, no coincide con lo que es hoy esa enfermedad concreta. Más bien se llamaba lepra a toda enfermedad de la piel que se presentara con un aspecto más o menos repugnante. Tanto la lepra como las normas sobre la enfermedad, no son originales del judaísmo. Esas normas nos parecen hoy inhumanas, pero no tenía otra manera de defenderse de una enfermedad que podía causar estragos.

Se acercó, suplicándole: Si quieres puedes limpiarme. Esta actitud indica a la vez valentía, porque se atreve a trasgredir la Ley, pero también el temor a ser rechazado. Se puede descubrir una complicidad entre el leproso y Jesús. Los dos van más allá de la Ley. La liberación solo es posible a través de una relación profundamente humana. Si no salimos de la trampa de un poder divino para hacer milagros, nunca entenderemos el verdadero mensaje del evangelio. Jesús libera, humaniza porque trata humanamente a los demás. De ese modo les devuelve la capacidad de ser humanos.

 Sintiendo lástima. La devaluación del significado de la palabra “amor” nos obliga a buscar un concepto más adecuado para expresar esa realidad. En el NT, ‘compasivo’ se dice solo de Dios y de Jesús. La acción de Dios manifestada a través de los sentimientos humanos. La compasión era ya una de las cualidades de Dios en el AT. Jesús la hace suya en toda su trayectoria. Es una demostración de que para llegar a lo divino no hay que destruir lo humano. La compasión es la forma más humana de amor.

 Le tocó. El significado del verbo griego aptw, no es en primer lugar tocar, sino sujetar, atar, enlazar. Este significado nos acerca más a la manera de actuar de Jesús. Quiere decir que no solo le tocó un instante, sino que mantuvo esa postura durante un tiempo. Había que traducirlo por ‘le dio la mano’ o le abrazó.  Teniendo en cuenta lo que acabamos de decir de la lepra, podemos comprender el profundo significado del gesto, suficiente, por sí mismo, para hacer patente la actitud de Jesús. No solo está por encima de la Ley sino que asume el riesgo de contraer la lepra.

 Quiero… La simplicidad del diálogo esconde una riqueza de significados: Confianza total del leproso, y respuesta que no defrauda. No le pide que le cure, sino que le limpie. Por tres veces se repite el verbo kadarizw limpiar, verbo que significa también, liberar. Nos lanza más allá de una simple curación. Desaparece la enfermedad y le restituye en su plena condición humana: Le devuelve su condición social, y su integración religiosa. Vuelve a sentir la amistad de Dios, que era el valor supremo para un judío.

Lo echó fuera… y cuando salió… La segunda parte del relato es de una gran importancia. Se supone que estaban en un lugar apartado del pueblo, sin embargo, el texto griego dice literalmente: lo expulsó fuera, y del leproso dice: cuando salió. Una vez más nos está empujando a una comprensión espiritual. Jesús no quiere que continúe junto a él y lo despide inmediatamente; eso sí, con el encargo de no contarlo y de presentarse ante el sacerdote. Una vez más, manifiesta Marcos el peligro de que las acciones de Jesús en favor del marginado, fueran mal interpretadas.

¡Qué curioso! Jesús acaba de saltarse la Ley a la torera, pero exige al leproso que cumpla lo mandado por Moisés. Hay que estar muy atento para descubrir el significad. Jesús no está contra la Ley, sino contra las injusticias y tropelías que se cometían en nombre de ella. Él mismo tuvo que defenderse: no he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud. Jesús se salta la Ley cuando le impide estar a favor del hombre. Presentarse al sacerdote era el único modo que tenía el leproso de recuperar su estatus social.

El evangelio nos dice que las consecuencias de la proclamación de hecho, fueron nefastas para Jesús. Si había tocado a un leproso, él mismo se había convertido en apestado. “Y no podía ya entrar abiertamente en ningún pueblo”. Las consecuencias de la divulgación del hecho, podían también ser nefastas para el leproso. Era el sacerdote el único que podía declarar puro al contagiado. Los sacerdotes podían ponerle dificultades si tenían conocimiento de cómo se había producido la curación.  

La lepra producía exclusión porque la sociedad era incapaz de protegerse de ella por otros medios. Hoy la sociedad sigue creando marginación por la misma razón, no encuentra los cauces adecuados para superar los peligros que algunas conductas suponen para ella. No somos todavía capaces de hacer frente a esos peligros con actitudes humanas. Tenemos que recurrir a métodos deshumanizadores.

Jesús se pone al servicio del hombre sin condiciones, mostrándonos lo que tenemos que hacer nosotros. Dios no tiene nada que ver con la injusticia, ni siquiera cuando está amparada por la ley humana o divina. Jesús se salta a la torera la Ley, tocando al leproso. Ninguna ley humana, sea religiosa, sea civil, puede tener valor absoluto. Lo único absoluto es el bien del hombre. Pero para la mayoría de los cristianos sigue siendo más importante el cumplimiento de la ley, que el acercamiento al marginado.

No creo que haya uno solo de nosotros que no se haya sentido leproso y excluido por Dios. El pecado es la lepra del espíritu, que es mucho más dañina que la del cuerpo. Es un contrasentido que, en nombre de Dios, nos hayan separado de Dios. El evangelio de Jesús es buena noticia. El Dios de Jesús es Padre porque es Agape. De Él, nadie se tiene que sentir apartado. La experiencia de ser aceptado por Dios, es el primer paso para no excluir a los demás. Si partimos de la idea de un Dios que excluye, encontraremos mil razones para excluir en su nombre.

Seguimos aferrados a la idea de que la impureza se contagia, pero el evangelio nos está diciendo que la pureza, el amor la libertad la salud, la alegría también. Seguimos justificando demasiados casos de marginación bajo pretexto de permanecer puros. ¡Cuántas leyes deberíamos saltarnos hoy para ayudar a todos los marginados a reintegrarse en la sociedad y permitirles volver a sentirse seres humanos!

Urteko 6. igandea – 6º domingo T.O. (B) -José A. Pagola

(Markos 1,40-45)

GIZARTE BAZTERKETAREN AURKA-CONTRA LA EXCLUSIÓN

Judu-gizartean, lepraduna ez zen soilik pertsona gaixo bat. Beste ezer baino lehen, kutsatua zen. Izaki desohoratu bat, gizartean tarterik ez zuena, inon ere harrera onik egiten ez zitzaiona, bizitzatik baztertua. Lebitarrei liburu zaharrak argiro esaten zuen: «Leprak jotako gizonak arropak urraturik eramango ditu, ilea harro, eta Kutsatua! Kutsatua! oihu eginez ibiliko da. Gaitzak alde egin arte kutsatua izango da eta bakarrik biziko, kanpalekutik aparte» (13,45-46).

Jarrera zuzena, Liburu Santuek berretsia, argi dago: gizarteak zokoratu egin behar ditu lepradunak bizikidetasunetik. Hori da gauzarik hoberena guztientzat. Baztertze- eta ukapen-jarrera sendoa. Beti izango da gizartean sobera den jenderik.

Jesus asaldatu egin da egoera horren aurrean. Behin batean, lepradun bat hurbildu zitzaion, jende guztiari lepradun zela adieraziz segur aski. Jesus bakarrik dago. Ikasleek alde egin dute, agian, izuturik. Lepradunak ez dio eskatu «senda dezan», «baizik eta «garbi gerta dadin». Nahi duena, kutsaduratik eta gizarte-ukapenik libre gelditzea da. Hunkiturik gelditu da Jesus, eskua luzatu, lepraduna «ukitu» eta diotso: «Nahi dut, Geldi zaitez garbi».

Jesusek ez du onartu lepradunak eta kutsatuak bazter uzten dituen gizarte bat. Ez du onartu gizarte-ukapena jende ez-desiragarri denarekiko. Jesusek ukitu egin du lepraduna, beldurretik, aurreiritzitik eta tabuetatik liberatzeko. Garbitu egin du, denei esateko, Jainkoak ez duela inor ez baztertzen, ez zigortzen gizartetik ertzera botaz. Gizartea izan ohi da, soilik bere segurtasun propioa kontuan hartuz, hesiak eraiki eta bere baitatik duingabeak baztertzen dituena.

Duela urte batzuk denok entzun ahal izan genuen promesa, Estatuko erantzule gorenak hiritarrei egina: «Garbituko dugu kalea gaizkile txikietatik». Itxuraz, gizarte garbi baten barnean, jende zintzoaz eratuan, bada «zabor» bat, baztertu beharrekoa, kutsa ez gaitzan. Zabor bat, egia esan, ezin birziklagarria; izan ere, gaur egungo kartzela ez dago egina inor birgaitzeko, baizik eta «gaiztoak» zigortzeko eta «zintzoak» defenditzeko.

Bai erraza dela «hiritarren segurtasuna» gogoan izatea eta gaizkile txiki, drogadikto, prostituitu, eskale eta deserrotuez ahanztea. Azken hauetako askok ez du ezagutu sukalde bateko gozotasuna, ezta lan baten segurtasuna ere. Betiko harrapaturik, ez daki nola irten bere zori tristetik, eta, ezin ere, ezin du. Eta guri, hiritar eredugarrioi, geure kaleetan hesiak ezarri besterik ez zaigu otutzen. Itxuraz, den-dena zuzena eta oso «kristaua». Baina baita Jainkoaren aurkakoa ere.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

6 Tiempo ordinario – B (Marcos 1,40-45)

CONTRA LA EXCLUSIÓN

En la sociedad judía, el leproso no era solo un enfermo. Era, antes que nada, un impuro. Un ser estigmatizado, sin sitio en la sociedad, sin acogida en ninguna parte, excluido de la vida. El viejo libro del Levítico lo decía en términos claros: «El leproso llevará las vestiduras rasgadas y la cabeza desgreñada… Irá avisando a gritos: Impuro, impuro. Mientras le dura la lepra será impuro. Vivirá aislado y habitará fuera del poblado» (13,45-46).

La actitud correcta, sancionada por las Escrituras, es clara: la sociedad ha de excluir a los leprosos de la convivencia. Es lo mejor para todos. Una postura firme de exclusión y rechazo. Siempre habrá en la sociedad personas que sobran.

Jesús se rebela ante esta situación. En cierta ocasión se le acerca un leproso avisando seguramente a todos de su impureza. Jesús está solo. Tal vez los discípulos han huido horrorizados. El leproso no pide «ser curado», sino «quedar limpio». Lo que busca es verse liberado de la impureza y del rechazo social. Jesús queda conmovido, extiende su mano, «toca» al leproso y le dice: «Quiero. Queda limpio».

Jesús no acepta una sociedad que excluye a leprosos e impuros. No admite el rechazo social hacia los indeseables. Jesús toca al leproso para liberarlo de miedos, prejuicios y tabúes. Lo limpia para decir a todos que Dios no excluye ni castiga a nadie con la marginación. Es la sociedad la que, pensando solo en su seguridad, levanta barreras y excluye de su seno a los indignos.

Hace unos años pudimos escuchar todos la promesa que el responsable máximo del Estado hacía a los ciudadanos: «Barreremos la calle de pequeños delincuentes». Al parecer, en el interior de una sociedad limpia, compuesta por gentes de bien, hay una «basura» que es necesario retirar para que no nos contamine. Una basura, por cierto, no reciclable, pues la cárcel actual no está pensada para rehabilitar a nadie, sino para castigar a los «malos» y defender a los «buenos».

Qué fácil es pensar en la «seguridad ciudadana» y olvidarnos del sufrimiento de pequeños delincuentes, drogadictos, prostitutas, vagabundos y desarraigados. Muchos de ellos no han conocido el calor de un hogar ni la seguridad de un trabajo. Atrapados para siempre, ni saben ni pueden salir de su triste destino. Y a nosotros, ciudadanos ejemplares, solo se nos ocurre barrerlos de nuestras calles. Al parecer, todo muy correcto y muy «cristiano». Y también muy contrario a Dios.

José Antonio Pagola

6º domingo de T.O. – Koinonía

El leproso tendrá su morada fuera del campamento

El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: «¡Impuro, impuro!» Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»

Salmo responsorial: 31

Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.

Dichoso el que está absuelto de su culpa, / a quien le han sepultado su pecado; / dichoso el hombre a quien el Señor / no le apunta el delito. R.

Había pecado, lo reconocí, / no te encubrí mi delito; / propuse: «Confesaré al Señor mi culpa» / y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor; / aclamadlo, los de corazón sincero. R.

1Corintios 10,31-11,1

Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo

Hermanos: Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

Marcos 1,40-45

La lepra se le quitó, y quedó limpio

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

En el evangelio de Marcos que hoy leemos, Jesús se encuentra con un leproso arriesgado que se atreve a romper una norma que lo obligaba a permanecer alejado de la ciudad. Esta norma es la que nos recuerda la primera lectura, del Levítico.

En la tradición judía (primera lectura) la enfermedad era interpretada como una maldición divina, un castigo, una consecuencia del pecado de la persona enferma –¡o de su familia!–. Porque entonces se la consideraba contagiosa, la lepra común estaba regulada por una rígida normativa que excluía a la persona afectada de la vida social. (Ha durado muchos siglos la falsa creencia de que la lepra fuese tan fácilmente contagiable). El enfermo de lepra era un muerto en vida, y lo peor era que la enfermedad era considerada normalmente incurable. Los sacerdotes tenían la función de examinar las llagas del enfermo, y en caso de diagnosticarlas efectivamente como síntomas de la presencia de lepra, la persona era declarada «impura», con lo que resultaba condenada a salir de la población, a comenzar a vivir en soledad, a malvivir indignamente, gritando por los caminos «¡impuro, impuro!», para evitar encontrarse con personas sanas a las que poder contagiar. En realidad, todo el sistema normativo religioso generaba una permanente exclusión de personas por motivos de sexo, salud, condición social, edad, religión, nacionalidad.

Este hombre, seguramente cansado de su condición, se acerca a Jesús y se arrodilla, poniendo en él toda su confianza: «si quieres, puedes limpiarme». Jesús, se compadece y le toca, rompiendo no sólo una costumbre, sino una norma religiosa sumamente rígida. Jesús se salta la ley que margina y que excluye a la persona. Jesús pone a la persona por encima de la ley, incluso de la ley religiosa. La religión de Jesús no está contra la vida, sino, al contrario: pone en el centro la vida de las personas. La vida y las personas por encima de la ley, no al revés.

Jesús le pide silencio (es el conocido tema del «secreto mesiánico», que todavía hoy resulta un tanto misterioso), y le envía al sacerdote como signo de su reinclusión en la dinámica social, «para que sirva de testimonio» de que Dios desea y puede actuar aun por encima de las normas, recuperando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas. Pero este hombre no hace caso de tal secreto, rompe el silencio, y se pone a pregonar con entusiasmo su experiencia de liberación. No parece servirse de la mediación del sacerdote o de la institución del templo, sino que se auto-incluye y toma la decisión autónoma de divulgar la Buena Noticia. Esto hace que Jesús no pueda ya presentarse en público en las ciudades sino en los lugares apartados, pues al asumir la causa de los excluidos, Jesús se convierte en un excluido más. Sin embargo, allí a las afueras, está brotando la nueva vida y quienes logran descubrirlo van también allí a buscar a Jesús.

Es una página recurrente en los evangelios: Jesús cura, sana a los enfermos. No sólo predica, sino que cura («no es lo mismo predicar que dar trigo», dice el refrán). Palabra y hechos. Decir y hacer. Anuncio y construcción. Teoría y praxis. Liberación integral: espiritual y corporal. Y ésa es su religión: el amor, el amor liberador, por encima de toda ley que aliene. La ley consiste precisamente en amar y liberar, por encima de todo.

La segunda lectura, que sigue, como siempre, un camino independiente frente a la relación entre la primera y la tercera, es un bello texto de Pablo que habla de la integralidad de la espiritualidad. La espiritualidad no es tan «espiritual»; de alguna manera es también «material». Hay que recordar que la palabra «espiritualidad» es una palabra desafortunada. Tenemos que seguir utilizándola por lo muy consagrada que está, pero necesitamos recordar que no podemos aceptar para su sentido etimológico. No queremos ser «espirituales» si ello significara quedarnos con el espíritu y despreciar el cuerpo o la materia.

Pablo está en esa línea: «ya sea que comáis o que bebáis o que hagáis cualquier otra cosa…». No sólo las actividades tradicionalmente tenidas como religiosas, o espirituales, tienen que ver con la espiritualidad, sino también actividades muy materiales, preocupaciones muy humanas, como el comer y beber, o cualquier otra actividad de nuestra vida, pueden, deben ser integradas en el campo de nuestra espiritualidad (que ya no resultará pues «solamente espiritual»). Nuestra vida de fe puede y debe santificar toda nuestra vida humana, en todas sus preocupaciones y trabajos, no sólo cuando tenemos la suerte de poder dedicar nuestro tiempo a actividades «estrictamente religiosas», como podrían ser la oración o el culto.

El Concilio Vaticano II insistió mucho en esto: «todos estamos llamados a la santidad» (cap. V de la Lumen Gentium). No hay unos «profesionales de la santidad» (cap. VI ibid.), algunos que estarían en un supuesto «estado de perfección», mientras los demás tendrían que atender a preocupaciones muy humanas… No. Todos estamos llamados elevar nuestros trabajos, tareas, preocupaciones humanas… «nuestra propia existencia» a la categoría de «culto agradable a Dios» (como dirá Pablo en Rom 12,1-2). Podemos ser muy «espirituales» (con reservas para esta palabra de resabios greco-platónicos) y santificarnos aun en lo más «material» de nuestra vida.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 20 de la serie «Un tal Jesús», titulado «Un leproso en el barrio», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión, y su comentario bíblico-teológico, pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/20-un-leproso-en-el-barrio/

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, varios capítulos que podrían ser útiles para suscitar un diálogo-debate sobre varios temas suscitados por las lecturas de hoy. Se puede ojear el índice de la serie para escoger uno adecuado para la comunidad, aquí: https://radialistas.net/serie-otro-dios-es-posible/

¿Quién será el presidente de la Conferencia Episcopal?

Religión Digital

Los obispos españoles se reúnen esta semana en Comisión Permanente, con la mirada puesta en las elecciones de marzo. El sector conservador, decidido a consagrar a Argüello pese al deseo del Papa de que el sucesor de Omella sea Cobo, mientras se negocia una ‘tercera vía’, con los arzobispos de Santiago y Sevilla en la recámara

Los obispos también habrán de hablar de la auditoría Cremades y decidir, un mes después, si apoyan al Papa en la polémica de Fiduca supplicans

Este martes, los obispos españoles mantendrán su primer encuentro del año, con muchos frentes abiertos. La Comisión Permanente, que aglutina a todos los arzobispos y presidentes de comisiones (unos 23 miembros), se encontrará en Madrid para, entre otras cosas, analizar -al fin- la famosa auditoría encargada al despacho Cremades&Calvo Sotelo, que la CEE dejó en suspenso hace más de un mes, pese a que se había comprometido a explicarla públicamente, así como a informar del coste total de la misma.

A su vez, los obispos habrán de ofrecer una palabra sobre la polémica suscitada tras la aprobación de ‘Fiducia supplicans’, la declaración del Vaticano aprobando la bendición de uniones homosexuales (y en situación ‘irregular’). El Episcopado español es el único de nuestro entorno que no se ha pronunciado al respecto, frente al apoyo papal recibido desde Italia, Francia o Portugal, y apenas tres obispos de nuestro país (Cobo, en Madrid, Gómez Cantero en Almería o el emérito de Zaragoza, Vicente Jiménez) han aclarado que seguirán la doctrina de Francisco, frente a la rotunda oposición del sector conservador, capitaneado por Munilla o Sanz, que llegó a tildar de “mastuerzo” al prefecto de Doctrina de la Fe, Víctor Manuel Fernández…Leer más (Jesús Bastante)

La tarea que tenemos por delante los críticos (o no) de Francisco

Religión Digital

La apuesta de Francisco me pareció, desde el primer momento, además de radicalmente evangélica, más de recibo que la pretensión de gestionar dicha “verdad en abstracto” o, en otras ocasiones, solo “natural”, poniendo a su servicio todo el poder eclesial

La falta de “conversión” que parece perceptible en tales colectivos en nombre de lo que entendían -y siguen comprendiendo- por verdad “natural”, se explican las críticas y rechazos de entonces -y de nuestros días- a la bendición de parejas vueltas a casar civilmente (o no) y de las uniones homosexuales

A Francisco -y a quienes estamos con él en esta “conversión” teológica y espiritual- no nos queda más remedio que armarnos de paciencia sin dejar de seguir exponiendo la consistencia -también racional- de la misericordia de un Dios que nos ha creado por amor “a su imagen y semejanza”

Los amigos de Religión Digital me invitan a escribir unas líneas de apoyo al Papa Francisco que, así lo espero, nos ayuden a comprender el sentido de su pontificado y del tiempo que estamos viviendo en la Iglesia católica. Es una invitación que acojo encantado. Y que la acojo, consciente no solo del coraje evangélico (la famosa “parresía”) de este singular Papa, sino también de algunas de las propias limitaciones que tiene como ser humano e histórico que es y que somos todos…Leer más (Jesús Martínez Gordo)

DOMINGO   5 º   (B)  – Fray Marcos

(Job 7,1-7) Mis días corren más que la lanzadera y se consumen sin esperanza.

(1 Cor 9,16-23) ¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!

(Mc 1,29-39) De madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.

Jesús nos quiere llevar a la verdadera Vida. Pero nosotros solo buscamos la solución de los problemas biológicos y materiales.

Recuerda que los evangelios no son crónicas de sucesos sino teología narrativa. No tiene importancia que las palabras atribuidas a Jesús sean exactamente las que él pronunció; ni que los hechos narrados hayan sucedido así. Lo importante es el mensaje que quieren trasmitirnos. Lo difícil será traducirlo adecuadamente a nuestro lenguaje, siempre relativo, de manera que lo podamos entender hoy. Para ello es imprescindible que nos coloquemos en el ambiente de aquella época y conozcamos las características de aquella cultura.

Seguimos en el primer día de la actuación de Jesús. Marcos intenta perfilar a grandes rasgos y con firmes trazos, la figura de Jesús. Se trata de un montaje programático para dejar muy clara la manera que tenía Jesús de desarrollar su ministerio. No podemos desligar la perícopa que hemos leído hoy de la del domingo pasado. Ambas forman un todo teológico progresivo, que empieza en la sinagoga, y termina orando solo en descampado. Allí consigue reavivar la experiencia de Dios, que le permite hablar y actuar con autoridad.

El paso de la sinagoga a la casa, y después a la calle, nos dice que Jesús lleva la salvación a todos los lugares en donde se desarrolla la vida y a todas las personas que tienen necesidad de liberación. Con toda naturalidad se nos habla de la suegra de Pedro, aunque nunca se hable de la esposa. En aquella sociedad era impensable el estado de soltero, y Jesús nunca cuestionó las normas existentes con relación a la sexualidad, al matrimonio o a la familia. Los cambios que después se produjeron, no se pueden vender como mensaje evangélico.

La cogió de la mano y la levantó. La palabra katekeito para decir “estaba postrada”, puede significar enfermedad o muerta, en cualquier caso, falta de vida. También para decir que la levantó, Mc emplea hgeiren, que puede significar levantar o resucitar. Está claro que Mc quiere dar un doble sentido a todo el relato, más allá del sentido literal.

 Se le pasó la fiebre y se puso a servirles”. Jesús cura para que la mujer pueda servir. En el mundo griego, el servicio (diakonía) se consideraba una deshumanización. En las primeras comunidades cristianas, era el signo de seguimiento de Jesús. El verbo que se utiliza en griego es dihkonei = servía a la mesa. Los cristianos eligieron precisamente la palabra “diakonía” para expresar el nuevo fundamento de las relaciones humanas en la comunidad. El mismo Jesús dirá que no ha venido a ser servido sino a servir.

Al anochecer… Nos está indicando que los que se admiraban de las palabras y obras de Jesús, eran judíos y no habían superado la dependencia de la Ley, que era la causa de la opresión. Al ponerse el sol terminaba el sábado y la obligación de descanso. Por lo tanto, ya podían ellos llevar a los enfermos y Jesús curarlos, sin faltar al primer precepto de la Ley.

Curó a muchos y expulsó muchos demonios. Todos buscan a Jesús para ser curados. Todos los evangelios comienzan con un éxito espectacular de la predicación de Jesús. Más tarde se verá que no les interesa nada más que ser atendidos en sus necesidades. Cuando queda claro que ese no es el objetivo de Jesús, le abandonan sin ninguna consideración.

Se marcha a descampado y allí se puso a orar. En muchos lugares de los evangelios se dice lo mismo: «Se levantó de madrugada, se fue a un descampado y allí se puso a orar». «Pasó la noche en oración». «Por la mañana estaba allí sólo».  Es la clave de la vida de Jesús. Realmente necesitaba orar como verdadero ser humano que era. Descubrir lo que era su Abba para él y lo que era él para su Abba, fue la clave de su espiritualidad. Esto solo se puede hacer apartándose de bullicio de la gente en soledad y silencio.

El domingo pasado decía el evangelio que hablaba con autoridad, no como los letrados. La clave está en este descubrimiento continuado de la presencia de Dios en él. A pesar de la absorben­te actividad, encontraba tiempo para estar a solas consigo mismo y cargar las pilas. Los evangelios nos dicen que también iba a la sinagoga y al templo, pero el verdadero encuentro con Dios lo realizaba a solas y en medio de la naturaleza.

¡Todo el mundo te busca! En el relato encontramos tres exageraciones intencionadas: ‘todo el mundo te busca’; ‘la población entera’; ‘todos los enfermos’. Los discípulos están en la misma dinámica que la gente. No quieren que su Maestro pierda la ocasión de afianzar su prestigio (poder). Jesús sabía muy bien lo que tenía que hacer: “Vámonos a otra parte”. En el principio del relato se habló por dos veces de su enseñanza (didach). Ahora dice predicar (khruxw, de donde viene kerigma, concepto clave de la primera comunidad).

 Todos los evangelios empiezan constatando la euforia con que la gente sigue a Jesús. Pero pronto, se va apoderando de ellos, primero la decepción, después el abandono, y finalmente la oposición total. En Juan este proceso se escenifica de manera genial en el c. 6, después de la multiplicación de los panes, cuando quieren hacerle rey y terminan abandonándole todos diciendo: “¿quién puede hacerle caso?” El porqué de esta actitud es claro: buscan ser curados, liberados, queridos, no les interesa curar, servir y amar.

Si tomásemos conciencia del este cambio en la gente, comprenderemos donde falla nuestro cristianismo. La respuesta está en el relato de la curación de la suegra de Pedro. Jesús cura para que seamos capaces de servir. Esto es precisamente lo que no nos gusta. Cuando Jesús va dejando claro que Dios no es un tapagujeros, que su predicación lo que persigue es cambiar las actitudes fundamentales del ser humano y convertirle en libre servidor en vez de opresor, la gente empieza a sentirse incómoda y le abandona sin contemplaciones.

El evangelio no habla de resignación ante cualquier clase de dolor, sea físico, sea psíquico, sea moral. Tampoco identifica la salvación con la supresión del dolor. Todo lo contrario, afirma expresamente que la verdadera salvación puede alcanzarla todo ser humano a pesar del mal que nos rodea. Siempre que se pueda, se debe suprimir el dolor. La victoria contra el mal no está en suprimirlo, sino en evitar que te aniquile.

La solución al problema vital del hombre no puede venir de fuera, la tenemos que encontrar dentro. Solo un conocimiento de lo hondo del ser nos descubrirá lo que somos. El hombre tiene que superar sus limitaciones. Pero solo lo conseguirá descubriendo que esas limitaciones no le impiden alcanzar su plenitud. Conocerme a mí mismo es conocer a Dios como fundamento de mi ser. Ser fiel a sí mismo es la única manera de ser fiel a Dios.

El fallo del cristianismo fue convertir la buena noticia del evangelio en una religión. Jesús quiso liberar al ser humano de todo lo que le impide ser él mismo, incluida la religión. Hay problemas que no tienen solución, pero una vida más humana siempre es posible. El esperar que cambien las circunstancias para sentirme bien es señal de hedonismo.

Urteko 5. igandea – B– José A. Pagola

(Marcos 1,29-39)

BIZITZAZ IRRIKA – PASIÓN POR LA VIDA

Jesus dagoen lekuan bizitza haziz doa. Horixe nabari ohi du pozik, Markos ebanjelariaren orrialde kutunak irakurtzen dituenak eta topo egiten duenak gaixoak sendatzen dituen Jesus horrekin, behartsuei harrera ona egiten, zoroak sendatzen eta bekatariei barkatzen dien Jesus horrekin.

Jesus dagoen lekuan bizitza maite da, sufritzen dutenez ardura ageri da, gaitz guztietatik liberatzeko irrika nabari da. Ez genuke ahaztu behar inoiz ere ezen ebanjelio-kontakizunek eskaintzen diguten lehen irudia Jesus sendatzailearena dena. Bizia hedatzen duen gizon batena, gaixo dena oneratzen duen batena.

Horregatik aurkitzen dugu beti beraren inguruan gizadiaren miseria: deabruak hartua den jendea, gaixoa, perlesiaduna, lepraduna, itsua, sorgorra. Bizia eskas duten gizon-emakumeak; «ilunpean bizi direnak», Bertolt Brechtek esango lukeenez.

Jesusen sendatzeek ez dute erremediatu ezer ere, esateko, gizon-emakumeen oinazezko historian. Beraren presentzia salbatzaileak ez ditu erremediatu giza problemak. Gaitzaren aurka borroka egiten jarraitu beharra dugu. Alabaina zerbait erabakitzailea eta esperantzagarria agertu digute Jesusek; Jainkoa biziaren adiskide da, eta irrikatsu maite ditu zoriontasuna, osasuna, gozamena eta bere seme-alaben betetasuna.

Kezkatzekoa da ikustea zein erraz ohitu garen heriotzara: naturaren heriotza dela, industria-kutsadurak suntsituarena alegia, dela errepideetako heriotzak, dela indarkeriaz hildakoak, dela jaiotzera iristen ez direnen heriotza, dela arimen heriotza.

Jasanezina da behatzea zein axolagabe entzuten ditugun zifra izugarriak, munduan goseak milioika hiltzen direla azaltzen digutenak, eta zein pasiboki begiratzen diogun isildua, baina eginkorra eta etengabea, den egitura zuzengabeen indarkeriari, jende ahula zokoan zokoratzen baitu.

Besteen oinazeak eta sufrimenduak ezer gutxi kezkatzen gaituzte. Ematen du, nor bere problemez bakarrik arduratzen dela, bere ongizateaz edo segurtasun pertsonalaz bakarrik. Jende askoz ari da jabetzen apatia, zabarkeria. Bizia maitatzeko gero eta ezgaiago bihurtzeko arriskua bizi dugu, zoriontsu bizi ezin denaren aurrean zirrararik ez sentitzeko arriskua.

Fededunok ez genuke ahaztu behar ezen kristau-maitasuna bizitzaz arduratzea dela beti, anai-arrebentzat zoriona irrikatsu bilatzea. Kristau-maitasuna jarrera hau da: Jainkoak gure bizitza grinatsuki maite duela konturatu denagandik jaioa, hain sutsuki maite duena non gure heriotza jasateko gai izan baita, guri betiko bizirako ateak zabaltzeko, beraren bizia betiko partekatu ahal dezagun.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarai

PASIÓN POR LA VIDA

Donde está Jesús crece la vida. Esto es lo que descubre con gozo quien recorre las páginas entrañables del evangelista Marcos y se encuentra con ese Jesús que cura a los enfermos, acoge a los desvalidos, sana a los enajenados y perdona a los pecadores.

Donde está Jesús hay amor a la vida, interés por los que sufren, pasión por la liberación de todo mal. No deberíamos olvidar nunca que la imagen primera que nos ofrecen los relatos evangélicos es la de un Jesús curador. Un hombre que difunde vida y restaura lo que está enfermo.

Por eso encontramos siempre a su alrededor la miseria de la humanidad: poseídos, enfermos, paralíticos, leprosos, ciegos, sordos. Hombres a los que falta vida; «los que están a oscuras», como diría Bertolt Brecht.

Las curaciones de Jesús no han solucionado prácticamente nada en la historia dolorosa de los hombres. Su presencia salvadora no ha resuelto los problemas. Hay que seguir luchando contra el mal. Pero nos han descubierto algo decisivo y esperanzador. Dios es amigo de la vida, y ama apasionadamente la felicidad, la salud, el gozo y la plenitud de sus hijos e hijas.

Inquieta ver con qué facilidad nos hemos acostumbrado a la muerte: la muerte de la naturaleza, destruida por la polución industrial, la muerte en las carreteras, la muerte por la violencia, la muerte de los que no llegan a nacer, la muerte de las almas.

Es insoportable observar con qué indiferencia escuchamos cifras aterradoras que nos hablan de la muerte de millones de hambrientos en el mundo, y con qué pasividad contemplamos la violencia callada, pero eficaz y constante, de estructuras injustas que hunden a los débiles en la marginación.

Los dolores y sufrimientos ajenos nos preocupan poco. Cada uno parece interesarse solo por sus problemas, su bienestar o su seguridad personal. La apatía se va apoderando de muchos. Corremos el riesgo de hacernos cada vez más incapaces de amar la vida y de vibrar con el que no puede vivir feliz.

José Antonio Pagola

Domingo 04 de Febrero de 2024 – Koinonía

Job 7,1-4.6-7

Mis días se consumen sin esperanza

Habló Job diciendo: «El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero. Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario. Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.

Salmo responsorial: 146

Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.

Alabad al Señor, que la música es buena; / nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. / El Señor reconstruye Jerusalén, / reúne a los deportados de Israel. R.

Él sana los corazones destrozados, / venda sus heridas. / Cuenta el número de las estrellas, / a cada una la llama por su nombre. R.

Nuestro Señor es grande y poderoso, / su sabiduría no tiene medida. / El Señor sostiene a los humildes, / humilla hasta el polvo a los malvados. R.

1Corintios 9,16-19.22-23

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Hermanos: El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles, me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

Marcos 1,29-39

Curó a muchos enfermos de diversos males

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron. «Todo el mundo te busca.» Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

COMENTARIO A LOS TEXTOS BÍBLICOS:

Hoy el libro de Job nos lo presenta sumido en un gran sufrimiento. Delante de sus amigos desnuda su corazón, su desilusión. Ellos, que defienden una teología alejada de la vida, no pueden comprender la queja de su amigo, ni acompañarlo plenamente en su dolor. El grito de Job está presente en la vida diaria de muchos hombres y mujeres en todos los rincones del planeta, que enfrentan una vida de lucha y dificultad. Job compara su existencia con la vida de un «mercenario»: mercenario es quien vende su lucha, que libra por dinero causas que no son suyas y se fatiga por empresas que no ama.

El libro de Job, como sabemos, es una joya literaria dentro de la Biblia hebrea (de la que está tomado nuestro «Primer Testamento»). Es una reflexión sapiencial sobre ese problema irresoluble, o mejor, sobre ese misterio eterno, que es «el mal». El misterio del mal, su presencia injustificada en el mundo, ante la cual necesitamos justificar también a quienes podrían resultar implicados por la existencia del mal. A Dios, en primer lugar. En efecto, la «teodicea» o disciplina filosófica que trata de mostrar la existencia de Dios, trata en realidad de «justificar» a Dios –como expresa la etimología misma de la palabra–.

Lo importante del libro de Job no son sus «datos históricos» (que no existen, pues no es un libro histórico), ni las respuestas de tipo explicativo que quisiera dar sobre el dolor humano (que estarían hoy absolutamente sobrepasadas), sino la sabiduría que encierra en sus reflexiones.

En efecto, la ciencia avanza cada día, y no tiene sentido estudiar hoy óptica en la obra de Newton por ejemplo, que fue uno de sus fundadores, pues, como ciencia, su obra está hoy enteramente sobrepasada. Pues bien, si en ciencia avanzamos mucho, avanzamos muy poco en sabiduría –que no está en el mismo plano de la ciencia–; hoy, la humanidad, en efecto, sigue viviendo de la sabiduría de personajes como Confucio, Buda, Sócrates, Jesús… En realidad no hemos sobrepasado aquella sabiduría fundamental adquirida hace ya tres mil años… Esta constatación nos permite escuchar y leer el libro de Job, para seguir rumiando su sabiduría.

Pablo, de manera parecida a Job, se encuentra en una discusión acalorada con sus interlocutores, en la comunidad de Corinto, en la que grupos fracciones que critican y cuestionan su autoridad (v.3). Pablo responde haciendo una defensa radical de su misión y declara su absoluta libertad frente a toda manipulación o poder humano. No se declara miembro de un movimiento o representante de alguna institución, sino como un hombre “obligado a cumplir una tarea”. En el imperio Romano era común la práctica del clientelismo, en la cual el benefactor se convertía en patrón de quien recibía sus beneficios. El apóstol desea dejar en claro la pureza de su mensaje, que no está vendido a ningún “cliente”, ni moldeado por ningún interés personal (v. 17-18). Esta libertad en Cristo, le permite al apóstol ser un servidor de los demás. No teme amoldarse a las condiciones de vida de los destinatarios de su mensaje: judíos, seguidores de la ley o rebeldes a ella, débiles. Pablo anuncia así el Evangelio de la libertad que no se matricula con la rigidez, ni hace el juego a ningún interés particular o sectario, sino que es capaz de entrar en diálogo con la diferencia y de llegar a “todas” las realidades humanas, como una Buena Noticia del amor de Dios.

Esto es precisamente lo que hace Jesús en el evangelio de Marcos: entrar en la vida de las personas, ser uno de ellos en su cotidianidad. El domingo pasado, lo vimos sanando a un endemoniado. Hoy, lo acompañamos con Simón y Andrés a la casa de Pedro. La casa, el lugar íntimo done se comparte el techo, la mesa. Allí se encuentra con una anciana enferma, la suegra de Pedro. Jesús se acerca, la toma de la mano y la levanta. Un gesto tan simple como es el acercarse y tomar de la mano, hace el milagro de recuperar a esta mujer, que no sólo recupera su salud, sino su capacidad de servicio. Al atardecer muchos vinieron a buscarlos, y relata el evangelista que Jesús continuó con sus curaciones. Era común en la época de Jesús que los enfermos fueran tenidos por malditos o poseídos por espíritus malos, de manera que eran alejados, excluidos y nadie se atrevía a acercarse a ellos. Jesús, al contrario, se entrega con amor y dedicación a su cuidado, siendo su servidor.

La práctica de curación, la lucha contra el mal, es decir, la praxis liberación del ser humano… es la práctica habitual de Jesús. Tan importante como hacer el bien, es evitar el mal, y luchar contra él: dar la vida en la tarea de procurar la paz, la salud, el bienestar, la felicidad… a todos aquellos que la han perdido. Ser cristiano es, entre otras muchas cosas, luchar contra el mal, no quedarse de brazos cruzados, o ensimismado en los propios asuntos, cuando vivimos en un mundo con las cifras escalofriantes de pobreza y miseria que hoy padecemos.

«Anunciar hoy el Reino» no es cuestión de sólo palabras; exige simultáneamente construirlo con los hechos. La «evangelización», la nuestra, ha de ser como la de Jesús. Su «anunciar» la buena noticia no es cuestión de transmitir simplemente información religiosa… sino de hacer, de construir, de luchar contra el mal, de sanar, curar, rehabilitar a los hermanos, ponernos a su servicio, acompañar y dignificar la vida, que en todas sus manifestaciones es manifestación de la mano creadora de Dios.

El evangelio de este domingo es dramatizado en el capítulo 19 de la serie «Un tal Jesús», titulado «La suegra de Pedro», de los hnos. López Vigil. El audio, el guión, y su comentario bíblico-teológico, pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/19-la-suegra-de-pedro/

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo, el 29, que se titula «¿Curó enfermos?», que puede ser útil para suscitar un diálogo-debate sobre el tema. Su guión y su audio puede recogerse en https://radialistas.net/29-curo-enfermos/

La «casa de Pedro» actualmente es uno de los lugares de obligada visita en Cafarnaúm. Hay numerosos estudios sobre el redescubrimiento, en este pasado siglo XX, de esta ubicación, hoy prácticamente segura, según los criterios arqueológicos. Puede ser interesante asomarse a este punto concreto, que, asociadamente, revela mucho sobre el tipo de vivienda y de la forma de vida en la Palestina de los tiempos de Jesús y en el entorno concreto de sus discípulos. Sólo como puna pista, puede consultarse GONZÁLEZ ECHEGARAY, Joaquín, Arqueología y evangelios, Verbo Divino, Estella 1994, p. 79ss (accesible por internet). Véase también: http://es.wikipedia.org/wiki/Cafarnaúm.

Por otra parte, a pesar de que en nuestro imaginario religioso hemos solido tomar muy a la letra aquello de «el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza», algunos exégetas creen haber demostrado que Jesús tenía también «su casa», la de él, y que podía ser una casa en Cafarnaúm, posiblemente compartida con Pedro… Cfr. NOLAN, Albert, Quién es este hombre, Sal Terrae, 1981, p. 63-64 (accesible también en internet).