FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD. CICLO B-José Luis Sicre

Esta fiesta surge bastante tarde, en 1334, y fue el Papa Juan XII quien la instituyó. Quizá pretendía (como ocurrió con la del Corpus) contrarrestar a grupos heréticos que negaban la divinidad de Jesús o la del Espíritu Santo. Cambiando el orden de las lecturas subrayo la relación especial de cada una de ellas con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Dios Padre (Deuteronomio 4, 32-34. 39-40)

Como es lógico, un texto del Deuteronomio, escrito varios siglos antes de Jesús, no puede hablar de la Trinidad, se limita a hablar de Dios. Su autor pretende inculcar en los israelitas tres actitudes:

1) Admiración ante lo que el Señor ha hecho por ellos, revelándose en el Sinaí y liberándolos previamente de la esclavitud egipcia.

2) Reconocimiento de que Yahvé es el único Dios, no hay otro; cosa que parece normal en un mundo como el nuestro, con tres grandes religiones monoteístas, pero que suponía una gran novedad en aquel tiempo. Este mensaje sigue siendo de enorme actualidad, ya que todos corremos el peligro de crearnos falsos dioses (poder, dinero, etc.).

3) Fidelidad a sus preceptos, que no son una carga insoportable, sino el único modo de conseguir la felicidad.

Dios Hijo (Mateo 28, 16-20)

El texto del evangelio, el más claro de todo el Nuevo Testamento en la formulación de la Trinidad, pero al mismo tiempo pone de especial relieve la importancia de Jesús.

A lo largo de su evangelio, Mateo ha presentado a Jesús como el nuevo Moisés, muy superior a él. El contraste más fuerte se advierte comparando el final de Moisés y el de Jesús. Moisés muere solo, en lo alto del monte, y el autor del Deuteronomio entona su elogio fúnebre: no ha habido otro profeta como Moisés, «con quien el Señor trataba cara a cara, ni semejante a él en los signos y prodigios…». Pero ha muerto, y lo único que pueden hacer los israelitas es llorarlo durante treinta días.

Jesús, en cambio, precisamente después de su muerte es cuando adquiere pleno poder en cielo y tierra, y puede garantizar a los discípulos que estará con ellos hasta el fin del mundo. A diferencia de los israelitas, los discípulos no tienen que llorar a Jesús sino lanzarse a la misión para hacer nuevos discípulos de todo el mundo. ¿Cómo se lleva a cabo esta tarea? Bautizando y enseñando. Bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo equivale a consagrar a esa persona a la Trinidad. Igual que al poner nuestro nombre en un libro indicamos que es nuestro, al bautizar en el nombre de la Trinidad indicamos que esa persona le pertenece por completo.

En la primera lectura, Dios exigía a los israelitas: «guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo»; en el evangelio, Jesús subraya la importancia de «guardar todo lo que os he mandado».

Dios Espíritu Santo (Romanos 8, 14-17)

La formulación no es tan clara como en el evangelio, pero Pablo menciona expresamente al Espíritu de Dios, al Padre, y a Cristo. No lo hace de forma abstracta, como la teología posterior, sino poniendo de relieve la relación de cada una de las tres personas con nosotros.

Lo que se subraya del Padre no es que sea Padre de Jesús, sino Padre de cada uno de nosotros, porque nos adopta como hijos.

Lo que se dice del Espíritu Santo no es que «procede del Padre y del Hijo por generación intelectual», sino que nos libra del miedo a Dios, de sentirnos ante él como esclavos, y nos hace gritarle con entusiasmo: «Abba» (papá).

Y del Hijo no se exalta su relación con el Padre y el Espíritu, sino su relación con nosotros: «coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados».

Reflexión final

La fiesta de la Trinidad provoca en muchos cristianos la sensación de enfrentarse a un misterio insoluble, no es la que más atrae del calendario litúrgico. Sin embargo, cuando se escuchan estas tres lecturas la perspectiva cambia.

El Deuteronomio nos invita a recordar los beneficios de Dios, empezando por el más grande de todos: su revelación como único Dios. (Esto no debemos interpretarlo como una condena o infravaloración de otras religiones).

El evangelio nos recuerda el bautismo, por el que pasamos a pertenecer a Dios.

La carta a los Romanos nos ofrece una visión mucho más personal y humana de la Trinidad.

Finalmente, las tres lecturas insisten en el compromiso personal con estas verdades. La Trinidad no es solo un misterio que se estudia en el catecismo o la Facultad de Teología. Implica observar lo que Jesús nos ha enseñado, y unirnos a él en el sufrimiento y la gloria.

José Luis Sicre

Elecciones europeas: manual de instrucciones

Atrio

Entre el 6 y el 9 de junio, se celebran unas elecciones europeas que se anuncian como cruciales. Según el Eurobarómetro, un 70% de los ciudadanos de la Unión Europea (UE) está interesado en los comicios. En 2019 eran un 10% menos. Finalmente, la participación real fue del 51%, pero todo apunta a que esta vez la abstención será la más baja de la historia. Aquí acaban las buenas noticias.

      No quiero parecer demasiado pesimista, pero la situación es la que es. La media de todos los sondeos existentes hasta la fecha que ofrece Politico no deja demasiado margen a la esperanza. En resumidas cuentas, no solo no hay cambios positivos a la vista, sino que incluso está en entredicho el mantenimiento del statu quo.

      Los pronósticos apuntan a que todos los partidos progresistas perderán escaños: el Partido Socialista Europeo (PSE), casi una decena; el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea (GUE/NGL), 5; los Verdes, la friolera de 27. Los liberales de Renew Europe (RE) bajarían también (-14 diputados), mientras la derecha tendría el viento en popa. El Partido Popular Europeo (PPE) repetiría los resultados de hace un lustro; Identidad y Democracia (ID, el grupo de Marine Le Pen, Matteo Salvini, Geert Wilders y Alternativa para Alemania) podría ganar una veintena de escaños, y los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR, la formación de Giorgia Meloni, Santiago Abascal y los polacos de Ley y Justicia), más de una decena…Leer más…

    

Monseñor Iceta, obligado a dialogar con las clarisas de Belorado y convencerlas de quedarse en la Iglesia

Religión Digital

«Sor Isabel no quería ni podía resignarse a perder el mando de una abadía que había ayudado a refundar hace unos 15 años, tras salir del convento de Lerma, que acababa de elegir abadesa a Sor Verónica Berzosa, su rival»

«Sólo le quedaba, para triunfar como Verónica, ampliar el ‘negociado’ y refundar un nuevo convento. Y se fijó en el de las clarisas de Orduña, que estaba en las últimas»

«Pablo de Rojas le ofreció los argumentos teológicos que le permitían salvar la cara a nivel doctrinal y la convenció para que abandonase la Iglesia católica conciliar (como él llama a la Iglesia católica romana) y se pasase a su Pía Unión, sin renunciar a su fe»

«Si son excomulgadas, tienen que dejar el convento, buscar acomodo en algún lugar que pueda proporcionarle su nuevo ‘jefe’ y renegar de los votos solemnes, a los que juraron ser fieles de por vida. Desahuciadas, sin casa y sin votos»

Ni un inmueble (por muy caro que sea) ni una profunda crisis de fe, que parece enterrar 40 años de vida espiritual contemplativa, ni las malas relaciones con el arzobispo de Burgos. La causa profunda y fundamental del cisma de Belorado parece estar en el ego desmedido de su abadesa, Sor Isabel de la Trinidad, y en su influencia autoritaria sobre la mayoría de sus ‘hermanas’ de comunidad…Leer más (José Manuel Vidal)…

TRINIDAD   (B) – Fray Marcos

(Dt 4,32-40) El Señor es el único Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra.

(Rom 8,14-17) Habéis recibido un Espíritu de hijos que hace gritar Abba.

(Mt 28,16-20) Bautizarlos en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

DIOS está más allá de ser 1 y de ser 3. No es nada de lo que es. Es fuente de todo lo que es. Lo que decimos de Él es absurdo, incluido lo que acabo de decir.

Es verdad que la Biblia dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero, en realidad, es el hombre el que está fabricando a cada instante un Dios a su medida. Es verdad que nunca podremos llegar a un concepto adecuado de lo que es Dios, pero no es menos cierto que muchas ideas de Dios pueden y deben ser superadas. Si ha cambiado nuestro conocimiento del mundo y del hombre, será lógico que cambie nuestra idea de Dios, dejando paso a un Dios-Espíritu, cada vez menos cosificado.

Decir que la Trinidad es un dogma o un misterio, no hace más comprensible la formulación trinitaria. La verdad es que hoy no nos dice casi nada, y menos aún las explicaciones que se han dado a través de los siglos. Todas las teologías surgieron de una elaboración racional que siempre se hace desde una filosofía, determinada por un tiempo y una cultura. También la primitiva teología cristiana se desarrolló en el marco de una cultura y una filosofía, la griega, que ninguno de nosotros entiende hoy.

Cada día se nos hace más difícil la comprensión del misterio, entre otras cosas porque no sabemos qué querían decir los que elaboraron el dogma. Aplicar hoy a las tres personas de la Trinidad la clásica definición de Boecio “individua sustantia, racionalis naturae”, es ridículo. No podemos aplicar a Dios la individualidad y la racionalidad propia del hombre. Dios no es un individuo, ni una sustancia ni naturaleza racional.

La dificultad para hablar de Dios como tres personas, la encontra­mos en el mismo concepto de persona, que ha experimentado sucesivos cambios de sentido a través de la historia. Desde el «prosopon» griego, que era la máscara que se ponían en el teatro para que “resonara” la voz; pasando a significar el personaje que se representaba; al final terminó significando el individuo físico. El sentido moderno de persona, es el de yo individual, conciencia subjetiva, el núcleo íntimo del ser humano.

En la raíz del significado está la limitación. Existe la persona porque existe la diferencia y la separación. Esto es imposible aplicárselo a Dios. En los últimos años se está hablando del ámbito transpersonal. Creo que va a ser uno de los temas más apasionantes de los próximos decenios. Si el hombre está anhelando lo transpersonal, es ridículo seguir encasillando a Dios en un concepto personal, que supone la límites.

Siempre que nos atrevemos a decir “Dios es…,” estamos expresando una idea, es decir, un ídolo. Ídolo no es solamente una escultura de dios. También es un ídolo cualquier concepto que le aplicamos. El ateo sincero está más cerca del verdadero Dios que los teólogos que creen haberlo atrapado en conceptos. Dios no es nada que podemos nombrar. El “soy el que soy” del AT, tiene más miga de lo que parece. Dios es solo verbo, pero un verbo que no se conjuga, porque no tiene tiempos ni modos.

Dios no se identifica con la creación, pero tampoco es nada separado de ella. De la misma manera que no podemos imaginar la Vida como algo separado del ser que está vivo, no podemos imaginar lo divino separado de todo ser creado que, por el mero hecho de existir, está traspasado de Dios. Tampoco podemos decir que está donde actúa, porque no puede actuar de manera causal a semejanza de las criaturas. La acción de Dios no podemos percibirla por los sentidos ni ser objeto de ciencia.

El Dios de Jesús no es el Dios de los buenos, de los piadosos, de los religiosos ni de los sabios, es también el Dios de los excluidos y marginados, de los enfermos y tarados; incluso de los irreligiosos inmorales y ateos. El evangelio no puede ser más claro: “las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el Reino de Dios”. El Dios de Jesús no nos interesa porque no aporta nada a los “buenos” que ya lo tienen todo. En cambio, llena de esperanza a los “malos” que se sienten perdidos. «No tienen necesidad de médico los sanos si no los enfermos».

 Para nosotros, es sobre todo la experiencia que Jesús tuvo de su Abba, lo que nos debe orientar en nuestra búsqueda. Jesús no se propuso inventar una nueva religión ni un nuevo Dios. Lo que intentó fue purificar la idea de Dios que tenía el pueblo judío en su época. Ese esfuerzo le costó la vida. Jesús en todo momento quiere dejar claro que su Dios es el mismo del AT. Eso sí, tan purificado y limpio de adherencias idolátricas, que da la impresión de ser una realidad completamente distinta.

La forma en que Jesús habla de Dios como amor, se inspira directamente en su experiencia personal. Naturalmen­te esa vivencia no hubiera sido posible sin hacer suyo el bagaje religioso heredado de la tradición bíblica. En ella se encuentran ya claros chispazos de lo que iba ser la revelación de Jesús. La experiencia básica de Jesús fue la presencia de Dios en su propio ser. Descubrió que Dios lo era todo para él y decidió corresponder siendo él mismo todo para los demás. Al llamar a Dios «Abba» abre un horizonte completamente nuevo en las relaciones con el absoluto.

La base de toda experiencia religiosa reside en la condición de criaturas. El hombre se descubre sustentado por la permanente acción creadora de Dios. El modo finito de ser uno mismo, demuestra que no se da a sí mismo la existencia, por lo tanto, es más de Dios que de sí mismo. Sin Dios no sería posible la existencia. El reconoci­miento de nuestra limitación, es el camino para llegar a la experiencia de Dios. Él es el único y sólido fundamento sin el cual, nada existe. Jesús descubre que el centro de su vida está en Dios. Pero eso no quiere decir que tenga que salir de sí para encontrarlo. Descubrir a Dios como fundamento, es fuente de una insospechada humanidad.

Esta idea de Dios supone un salto sobre la idea del AT. Allí Dios era el Todopoderoso que hace un pacto al modo humano, y observa desde su atalaya a los hombres para ver si cumplen o no su “Alianza”, y reacciona en consecuencia. Si la cumplen, los ama y los premia, si no la cumplen, los reprueba y castiga. En Jesús Dios actúa de modo muy diferente. Él es don absoluto e incondicional. Él es agape y se da totalmente. Es el hombre el que tiene que reaccionar al descubrir lo que Dios es para él. La fidelidad de Dios es lo primero y el verdadero fundamento de una actitud humana.

Dios no puede ser un «tú» en el mismo sentido que lo es otro ser humano. Dios sería más bien la realidad que posibilita el encuentro con un tú; es decir, sería como ese tú ilimitado que se experimenta en todo encuentro humano con el otro. Pero a Dios nunca se le puede experimentar directa­mente como tal tú, sin el rodeo del encuentro con un tú humano. No se trata pues, de evitar a toda costa el vocabulario teísta sino exponer con suficiente claridad el carácter analógico de todo lenguaje sobre Dios.

Manifiesto del VIII Encuentro de Redes Cristianas: «Las desigualdades: desafíos y propuestas»

Nosotras y nosotros participantes en el VIII ENCUENTRO DE REDES
CRISTIANAS que coordina a más de 100 grupos y asociaciones, sobre
“DESIGUALDADES: DESAFÍOS Y PROPUESTAS” nos hemos reunido en Madrid los
días 17, 18 y 19 de mayo para analizar y discernir sobre las diferentes
manifestaciones de desigualdad que sufren nuestra sociedad y nuestra iglesia e
impiden la construcción comunitaria.

Desigualdades socio-económicas: En 2023 el 1% de la población española acumulaba el 23% de la riqueza nacional- La causa principal de las diferencias económicas en España se encuentra en condiciones laborales, por las todavía elevadas tasas de paro y precariedad. La salida de la última crisis ha consolidado
el triunfo práctico del capitalismo neoliberal. La exclusión social y la desigualdad, características estructurales en el capitalismo, están siendo naturalizadas ante la opinión pública.

Las provocadas por las crecientes migraciones: los trabajadores migrantes sufren una desigualdad más sangrante. Se conculcan sus derechos humanos y laborales y se criminaliza a las personas y organizaciones que les brindan asistencia. El Pacto Europeo sobre Migración y Asilo supone la manifestación más clara de la deriva anti derechos de la U.E. Los procedimientos de la Ley de
Extranjería, particularmente los CIEs,se convierten en instrumentos de sufrimiento inútil. Nuestra sociedad ha normalizado que no todas las vidas humanas valen lo mismo…Leer más

Hirutasun Santu Santua-Santísima Trinidad–B – José A. Pagola

(Mateo 28,16-20)

KREDOKO FUNTSEZKOENA – LO ESENCIAL DEL CREDO

Mendetan barna, kristau-teologoek ikerketa sakonak landu dituzte Hirutasun santu-santuaz. Halere, gure egun hauetan aski kristau bizi da ulertzen ez duena zer duten ikusterik bere bizitzan irakaspen miresgarri horiek.

Ematen duenez, gaur egun Jainkoaz hitz egitean, hitz apal eta xumez hitz egin diezaguten beharra dugu: gure bihotz pobrea, nahasia eta etsia ukituko duten eta gure fede zalantzatia sendotuko duten hitzez hitz egin diezaguten beharra. Agian, gure Kredoko funtsezkoena berreskuratu beharra dugu, Kredo hori bera alaitasun berri batez bizi ahal izateko.

«Sinesten dut Jainko Aita, zeruaren eta lurraren kreatzailea». Ez gaude bakarrik geure problemen eta gatazken artean. Ez gara bizi ahazturik. Jainkoa geure «Aita» kutuna dugu. Horrela deitu ohi zion Jesusek eta horrela deitzen diogu geuk ere. Bera da gure bizitzaren jatorria eta helmuga. Guztiok maitasun hutsez kreatu gaitu, eta Aitaren bihotzez dagoke guztion esperoan mundu honetako erromesaldia bukatzean.

Jainko Aitaren izena jende askok du ahazten eta ukatzen gaur egun. Belaunaldi berriak beragandik urruntzen ari dira, eta fededunok ez dugu asmatzen geure fedea jende horri nola kutsatu; halere, Jainkoak guztioi begira jarraitzen du, maitasunez. Duda-mudaz beterik bizi bagara ere, ez genuke galdu behar Jainko honekiko, Kreatzaile eta Aita dugun honekiko, fedea, konfiantza; izan ere, orduan galdua genuke geure azken esperantza.

«Sinesten dut Jesu Kristo, Aitaren Seme bakarra, gure Jauna». Jainkoak munduari egin dion erregalu handia da. Honek adierazi digu nolakoa den Aita. Guretzat, Jesus ez da izango inoiz ere gizon bat gehiago. Berari begiratuz Aita ikusten dugu: beraren keinuetan Aitaren txera eta ulermena atzematen ditugu. Jesusengan senti dezakegu Jainkoa gizatar, hurbil eta adiskide dugula.

Jesus honek, Jainkoaren Seme kutun honek, gizon-emakume guztientzat bizitza haurridetsuagoa eta zoriontsuagoa eraikitzera eragin eta animatu gaitu. Horretarako bidea seinalatu digu, gainera: «Izan zaitezte errukitsu, zuen Aita errukitsu den bezala». Jesusez ahazten bagara, zeinek beteko du haren hutsunea?, zeinek erakutsi ahalko dizkigu haren argia eta esperantza?

«Sinesten dut Espiritu Santua, Jauna eta bizi-emailea». Jainkoaren misterio hau ez da urruneko zerbait edo norbait. Presente dago gutako bakoitzaren hondo-hondoan. Atzeman dezakegu, gure bizitza arnasten duen Espiritu delako, sufritzen ari direnengana gidatzen gaituen Maitasun delako. Espiritu hau da geure barnean dugun gauzarik hoberena.

Grazia handia da bizitzan bide egitea, Aitaren eta Semearen eta Espiritu Santuaren izenean bataiatu gisa. Ez genuke ahaztu behar.

José Antonio Pagola

Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Santísima Trinidad – B (Mateo 28,16-20)

LO ESENCIAL DEL CREDO

A lo largo de los siglos, los teólogos cristianos han elaborado profundos estudios sobre la Trinidad. Sin embargo, bastantes cristianos de nuestros días no logran captar qué tienen que ver con su vida esas admirables doctrinas.

Al parecer, hoy necesitamos oír hablar de Dios con palabras humildes y sencillas, que toquen nuestro pobre corazón, confuso y desalentado, y reconforten nuestra fe vacilante. Necesitamos, tal vez, recuperar lo esencial de nuestro Credo para aprender a vivirlo con alegría nueva.

«Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra». No estamos solos ante nuestros problemas y conflictos. No vivimos olvidados. Dios es nuestro «Padre» querido. Así lo llamaba Jesús y así lo llamamos nosotros. Él es el origen y la meta de nuestra vida. Nos ha creado a todos solo por amor, y nos espera a todos con corazón de Padre al final de nuestra peregrinación por este mundo.

Su nombre es hoy olvidado y negado por muchos. Las nuevas generaciones se van alejando de él, y los creyentes no sabemos contagiarles nuestra fe, pero Dios nos sigue mirando a todos con amor. Aunque vivamos llenos de dudas, no hemos de perder la fe en este Dios, Creador y Padre, pues habríamos perdido nuestra última esperanza.

«Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor». Es el gran regalo que Dios ha hecho al mundo. Él nos ha contado cómo es el Padre. Para nosotros, Jesús nunca será un hombre más. Mirándolo a él vemos al Padre: en sus gestos captamos su ternura y comprensión. En él podemos sentir a Dios humano, cercano, amigo.

Este Jesús, el Hijo amado de Dios, nos ha animado a construir una vida más fraterna y dichosa para todos. Es lo que más quiere el Padre. Nos ha indicado, además, el camino a seguir: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Si olvidamos a Jesús, ¿quién ocupará su vacío?, ¿quién nos podrá ofrecer su luz y su esperanza?

«Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida». Este misterio de Dios no es algo lejano. Está presente en el fondo de cada uno de nosotros. Lo podemos captar como Espíritu que alienta nuestras vidas, como Amor que nos lleva hacia los que sufren. Este Espíritu es lo mejor que hay dentro de nosotros.

Es una gracia grande caminar por la vida bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. No lo hemos de olvidar.

José Antonio Pagola

Domingo 26 de mayo – Santísima Trinidad – Koinonía

Deuteronomio 4,32-34.39-40

El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.

Salmo responsorial: 32

Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

La palabra del Señor es sincera, / y todas sus acciones son leales; / él ama la justicia y el derecho, / y su misericordia llena la tierra. R.

La palabra del Señor hizo el cielo; / el aliento de su boca, sus ejércitos, / porque él lo dijo, y existió, / él lo mandó, y surgió. R.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, / en los que esperan en su misericordia, / para librar sus vidas de la muerte / y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

Nosotros aguardamos al Señor: / él es nuestro auxilio y escudo; / que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, / como lo esperamos de ti. R.

Romanos 8,14-17

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre)

Hermanos: Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

Mateo 28,16-20

Bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

Comentarios a los textos:

Conscientes de que el material teológico para una predicación tradicional sobre la Trinidad es muy fácil de encontrar entre las varias decenas de servicios bíblico-litúrgicos que se ofrecen actualmente en internet, nosotros, fieles a nuestro «carisma», vamos a tratar de completar los enfoques tradicionales con algunas perspectivas críticas, para las comunidades que no quieren simplemente repetir lo de siempre, sino replanteárselo.

La reflexión teológica podría centrarse en la misma «trinidad» divina, o sea «el hecho de que Dios sea TRES personas», y la relación de esta trinidad con el monoteísmo. Veamos.

Jesús era y fue siempre judío, y como tal, fue absoluta y celosamente monoteísta. Jesús nunca habló de, ni siquiera pudo pensar en una «trinidad» de personas en Dios, lo que le hubiera sonado prácticamente a una blasfemia. Para Jesús, Dios es uno y sólo uno y nada más que uno.

Ello quiere decir algo que muchos cristianos no saben, y que algunos se extrañan al llegarlo a saber: que la doctrina de la Trinidad no es del tiempo de Jesús, sino muy posterior. De hecho, se adjudica al Concilio de Nicea (325) su primera formulación definitiva. Ello quiere también decir que los evangelios no nos pueden hablar de la Trinidad directamente tal como nosotros la conocemos, y que esas frases que la citan –como la del evangelio de este domingo- son inclusiones posteriores. (Es muy importante saber esto, que nuestros padres y abuelos no sabían).

Si la doctrina de la Trinidad es una elaboración de los primeros siglos de la Iglesia, que sólo en el siglo IV comenzaron a adquirir una formulación que quedaría luego consagrada oficialmente, ello significa que tiene un componente de construcción teológica, «construcción humana», pues. No es, como dice la simplificación al uso, que Jesús vino del cielo a revelarnos este misterio que no sabíamos, y que nos lo contó, como se daba por supuesto que el Evangelio decía.

Otro filón importante de este bloque temático es la tremenda huella de la filosofía griega que la doctrina de la Trinidad transpira: persona, sustancia, naturaleza, hipóstasis… Todo en ella es una articulación de conceptos de la filosofía griega. De alguna manera, la doctrina de la Trinidad es la respuesta que el cristianismo de aquel momento histórico dio, en una sociedad imbuida de filosofía griega, con la que estaba tratando de dialogar, a la pregunta por el dios en que creía esa religión que estaba saliendo de las catacumbas y luchaba por conseguir un puesto reconocido en la sociedad. No cabe duda de que la doctrina de la Trinidad es un modelo ejemplar de lo que es la «inculturación» de una religión en una cultura ajena. El judeocristianismo, que no sabía nada de aquellas categorías filosóficas helénicas, acabó expresándose, reformulándose a sí mismo en un lenguaje que nada tenía que ver con el lenguaje bíblico neotestamentario. Esta «inculturación» ha sido puesta frecuentemente como «modelo» de lo que debería ser la inculturación de la fe cristiana en otras culturas. Es la «helenización del cristianismo», tan ejemplar por una parte, como nefasta por otra.

El problema es que aquella filosofía griega hoy sólo se puede encontrar en los libros de historia; en la vida real nadie echa mano de aquella filosofía para responder a las preguntas actuales. Mientras el mundo y la cultura han dejado de creer en la filosofía griega, la Iglesia sigue formulándose a sí misma –y sus doctrinas- en aquella filosofía, y teniendo esas fórmulas como oficiales. Más aún, como intocables, y en no pocos casos como ininterpretables (es decir, que se prohíbe interpretarlas –mucho más reinterpretarlas–.

(Un ejemplo distinto al de la Trinidad, pero no al margen del domingo: la «transubstanciación», que es «hilemorfismo» aristotélico, pura filosofía griega, de la que nadie echa mano para comprender la realidad… De ahí que un elemento central de la eucaristía resulte ininteligible para todo cristiano de hoy que no comparta esa filosofía de hace 25 siglos. En el último diálogo teológico que hubo al respecto, los censores romanos desecharon toda otra explicación –se habían presentado varias, muy buenas– y decidieron que sólo la explicación de la «transubstanciación» era reconocida oficialmente como correcta. Desde entonces se acabó el diálogo teológico y pastoral sobre ese tema. Quedó oficialmente sobreseído y archivado).

Otro elemento es el mismo concepto de «persona». Se trata de un concepto también griego y, más ampliamente, occidental, no universal. En toda su concreta riqueza cultural resulta intraducible a otras culturas, en las que esa categoría no cuadra exactamente. Pero a los occidentales nos parece la categoría suprema, como «lo máximo» que podríamos atribuir a Dios, o, dicho de otra manera, como lo mínimo que no podríamos dejar de atribuirle. Así, frente al hinduismo, al budismo, a la espiritualidad «no dual»… a muchos cristianos les resulta imposible aceptar una idea de Dios menos «personal»… Pero si lo pensamos bien, Dios no es persona… Llamarle o considerarlo así, como persona, no deja de ser un «antropocentrismo». No debiéramos estar tan seguros de que «persona» sea una categoría aplicable a Dios, un concepto que «le calza bien»… No hay ninguna palabra en la que quepa Dios… y tampoco cabe en la palabra «persona». Más que «personal», puede ser que tuviéramos que decir que Dios es transpersonal, suprapersonal…

Un último elemento de reflexión respecto a la teología trinitaria es la frecuencia con la que los cristianos entendemos mal la doctrina oficial misma de la Trinidad. En la práctica muchos cristianos guardan en su espiritualidad la imagen de «tres personas como tres dioses», a pesar de la proclamación (meramente verbal) de la unicidad de Dios… Transcribimos más abajo algunas cautelas que Schillebeeckx expresara al respecto.

Habría todo otro tema a revisar, debajo mismo del plano de la Trinidad, y sería el tema del «teísmo» mismo. Demasiado fácilmente hablamos de «Dios», como si supiéramos lo que decimos, y como si en esa palabra sí que cupiera Dios, y le viniera justa la talla… No es tema para desarrollar ahora, pero sí que puede ser bueno simplemente apuntarlo: «Dios tampoco es dios»… o sea, no es theos, no se le ajusta ese concepto… En los últimos siglos muchos hombres y mujeres no han aguantado lo mal que se sentían ante esa creencia de identificar el Misterio de la Realidad con un theos, esa forma de creer que lo llama «Dios», y tuvieron que optar por el «a-teísmo» para no asfixiarse. Hoy, a estas alturas de los tiempos, afortunadamente, ya muchas personas sabemos que el «teísmo» no es más que un «modelo», una forma de modelar mentalmente ese Misterio de la Realidad, para entendernos. Y por eso mismo sabemos que no hay que darle más importancia a lo que es simplemente un modelo. La alternativa ya no es teísmo/ateísmo. Ahora conocemos la posibilidad del pos-teísmo… Podemos seguir creyendo en el Misterio de la Realidad, en todo aquello que nuestros abuelos y ancestros modelaron en la categoría theos, dios, sabiendo que no es sino un modelo, y desestimándolo si no nos sirve. Si aquellas creencias no nos resultan asumibles –en cuanto creencias, en cuanto modelos o ayudas para la comprensión– hoy podemos ser igualmente espirituales, e incluso concretamente cristianos, sin tener que ser teístas, ni ateos, sino «pos-teístas». El tema sería largo… Recomendamos para los interesados solamente el libro de John Shelby Spong, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org).

Acabemos recordando aquel lema que las Comunidades Eclesiales de Base brasileñas acuñaron hace unos 20 años: «A Trindade é a melhor Comunidade», la Trinidad es la mejor Comunidad.

Al evangelio de hoy (no a la Santísima Trinidad) se refiere el capítulo 130 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: https://radialistas.net/130-sobre-las-nubes-del-cielo/

La serie «Otro Dios es posible» de los mismos hermanos López Vigil, incluye un capítulo (una «entrevista») titulado «¿Trinidad?». El audio puede ser escuchado (o tomado de) aquí: https://radialistas.net/63-santisima-trinidad/

Transcribimos estas citaciones del libro de Schillebeeckx, «Soy un teólogo feliz» (Sociedad de educación Atenas, Madrid 1994):

Para mí, la Trinidad es el modo de Dios de ser persona. Todas las exigencias del dogma las admito sin correr el riesgo de hablar de tres personas, de una especie de familia y, de hecho, de un triteísmo, que es bastante popular en la fe cristiana. (p. 85/86)

En verdad no comprendo la especulación sobre la Trinidad. Respeto las especulaciones de Santo Tomás, por ejemplo, pero no le dicen nada a mi espiritualidad. Se especula demasiado sobre la Trinidad. ¿Dónde está la utilidad para la fe de todas estas especulaciones? (…)

Dios es Trinidad (¡esto es dogma!), pero no es tres personas. Sería triteísmo. No he escrito nunca sobre este tema porque tengo miedo. No quiero hacer especulaciones. Hay una Trinidad en la naturaleza personal de Dios. (86)

Soy por tanto muy modesto, casi agnóstico con relación a una teología trinitaria. Confieso la Trinidad, pero es necesario tener una especie de reticencia respecto a la racionalización de las relaciones de las tres personas. (87)

No estoy en contra de estas especulaciones, pero no veo qué añaden a mi vida espiritual. Diría que no añaden nada (88).

Las debilidades de nuestra Iglesia permiten estas patologías

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Por lo tanto creo que estas mujeres son muy libres de dejar la Iglesia y seguir a su gurú de turno. Más aún creo que nos hacen un favor desmarcándose
Creo que son víctimas de una esclavitud espiritual
que los demás sigamos el camino sinodal marcado por Francisco, que es lo que verdaderamente importa ahora

La noticia salta en Belorado pero afecta también a la comunidad de clarisas de Orduña(Diócesis de Vitoria): Estas dos comunidades se desligan de la Iglesia Católica Romana del siglo XXI y retroceden en el tiempo a los años 40 del pasado siglo XX.

En un documento de 70 páginas exponen sus motivos y ponen “a caldo” a todos los papas, curia romana y fieles católicos habidos y por haber a partir de 1958.

El arzobispado de Burgos ha salido al paso, y el obispado de Vitoria ha secundado la nota, donde muestran su sorpresa ante el anuncio de estas mujeres, que para más inri se ponen bajo el “amparo” de un falso obispo excomulgado ya en 2019 y con vínculos con el Palmar de Troya..Leer más (Vicente Luis García Corres)

La inmigración hoy: ¿Valor social o amenaza?

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«La inmigración ha enriquecido la vida y la sociedad de los Estados Unidos desde siempre. De inmigrantes está hecha esta gran Nación … Pero cada oleada o movimiento migratorio, en cada época, tiene sus propias características»

«Hoy, se trata de oleadas de hombres y de mujeres, adultos, jóvenes y niños, con muy escasos niveles de formación humana, religiosa, académica y profesional y, por ello, con muy pocos valores para ofrecer a la sociedad que los recibe y mucho para exigir»

«Se trata de un nuevo tipo de inmigrante que poco o nada aporta al progreso social y que – por el contrario – crea conflictos sociales desconocidos e inéditos en la vida de la sociedad norteamericana»

«Como CEO de SOMOS Community Care me preocupa esta falta de soluciones equitativas, justas, claras, y definitivas en el tema migratorio; del mismo modo que a todos nos preocupa esta falta de criterio para valorar quien merece y quien no merece documentos en los Estados Unido»

(SOMOS Comunity Care).- La inmigración ha enriquecido la vida y la sociedad de los Estados Unidos desde siempre. De inmigrantes está hecha esta gran Nación. Desde “los peregrinos” de 1620 hasta hoy, estas tierras norteamericanas no cesan de recibir y acoger hombres y mujeres, de todos los rincones de la tierra, que buscan aquí, hacer realidad sus mejores anhelos y aspiraciones…Leer más (Mario J. Paredes )

DOMINGO DE PENTECOSTÉS – José Luis Sicre

FE ADULTA

El “Gloria”, el himno que rezamos los domingos al comienzo de la misa, comienza alabando al “Dios Padre Todopoderoso”; sigue exaltando al “Señor nuestro Jesucristo”. Al final, casi de pasada, y como con vergüenza, termina: “Con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre”. Es un símbolo perfecto de la poca importancia que la mayoría de los católicos concede al Espíritu Santo. Aunque la situación ha cambiado notablemente en las últimas décadas, la fiesta de hoy ayuda a advertir la enorme importancia del Espíritu en nuestra vida cristiana y en la vida de la Iglesia.

La importancia del Espíritu (1 Corintios 12, 3b-7.12-13)

En este pasaje Pablo habla de la acción del Espíritu en todos los cristianos. Gracias al Espíritu confesamos a Jesús como Señor (y por confesarlo se jugaban la vida, ya que los romanos consideraban que el Señor era el César). Gracias al Espíritu existen en la comunidad cristiana diversidad de ministerios y funciones (apostolado, enseñanza, gobierno, etc.). Y, gracias al Espíritu, en la comunidad cristiana no hay diferencias motivadas por la religión (judíos ni griegos) ni las clases sociales (esclavos ni libres). En la carta a los Gálatas dirá Pablo que también desaparecen las diferencias basadas en el género (varones y mujeres). Se cumple lo anunciado por el profeta Joel: «Después derramaré mi espíritu sobre todos: vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones. También sobre siervos y siervas derramaré mi espíritu aquel día». En definitiva, todo lo que somos y tenemos los cristianos es fruto del Espíritu, porque es la forma en que Jesús resucitado sigue presente entre nosotros.

Ciento veinte contra diez. Dos versiones del don del Espíritu Santo.

Lucas y Juan cuentan el don del Espíritu de manera muy distinta. Lucas, en la línea del profeta Joel, lo presenta como un don a toda la comunidad cristiana, simbolizada por las ciento veinte personas reunidas en Jerusalén, que la impulsa a proclamar las grandezas de Dios. Juan, en cambio, lo relaciona con la promesa de Jesús durante la última cena: «Yo pediré al Padre que os dé otro abogado que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad» (Jn 14,15), ese Espíritu que «os enseñará todo y os irá recordando todo lo que yo os he dicho» (Jn 14,26). Una promesa hecha a los Once (Judas ya se ha ido de la cena) y que se cumple a los Diez (porque Tomás está ausente).

En resumen, Lucas enfoca el don desde el punto de vista de la alabanza universal, Juan desde el punto de vista de la misión de los apóstoles.

La versión de Lucas (Hechos de los apóstoles 2,1-11)

A nivel individual, el Espíritu se comunica en el bautismo. Pero Lucas, en los Hechos, desea inculcar que la venida del Espíritu no es sólo una experiencia personal y privada, sino de toda la comunidad. Por eso viene sobre todos los presentes, que, como ha dicho poco antes, eran unas ciento veinte personas (cantidad simbólica: doce por cien). Al mismo tiempo, vincula estrechamente el don del Espíritu con el apostolado. El Espíritu no viene solo a cohesionar a la comunidad internamente, también la lanza hacia fuera para que proclame «las maravillas de Dios», como reconocen al final los judíos presentes.

La versión de Juan 20, 19-23

Tratándose de algo tan importante, resulta curioso la brevedad con la que trata el don del Espíritu, relegándolo al final, después del saludo, la confirmación de que es Jesús quien se aparece, y el envío de los apóstoles.

El saludo es el habitual entre los judíos: “La paz esté con vosotros”. Pero en este caso no se trata de pura fórmula, porque los discípulos, muertos de miedo a los judíos, están muy necesitados de paz.

Ese paz se la concede la presencia de Jesús, algo que parece imposible, porque las puertas están cerradas. Al mostrarles las manos y los pies, confirma que es realmente él. Los signos del sufrimiento y la muerte, los pies y manos atravesados por los clavos, se convierten en signo de salvación, y los discípulos se llenan de alegría.

Todo podría haber terminado aquí, con la paz y la alegría que sustituyen al miedo. Sin embargo, en los relatos de apariciones nunca falta un elemento esencial: la misión. Una misión que culmina el plan de Dios: el Padre envió a Jesús, Jesús envía a los apóstoles. [Dada la escasez actual de vocaciones sacerdotales y religiosas, no es mal momento para recordar otro pasaje de Juan, donde Jesús dice: “Rogad al Señor de la mies que  envíe operarios a su mies”].

Todo termina con una acción sorprendente: Jesús sopla sobre los discípulos. No dice el evangelistas si lo hace sobre todos en conjunto o lo hace uno a uno. Ese detalle carece de importancia. Lo importante es el simbolismo. En hebreo, la palabra ruaj puede significar “viento” y “espíritu”. Jesús, al soplar (que recuerda al viento) infunde el Espíritu Santo. Este don está estrechamente vinculado con la misión que acaba de encomendarles. A lo largo de su actividad, los apóstoles entrarán en contacto con numerosas personas; entre las que deseen hacerse cristianas habrá que distinguir entre quiénes pueden ser aceptadas en la comunidad (perdonándoles los pecados) y quiénes no, al menos temporalmente (reteniéndoles los pecados).

Resumen

Estas breves ideas dejan clara la importancia esencial del Espíritu en la vida de cada cristiano y de la Iglesia. El lenguaje posterior de la teología, con el deseo de profundizar en el misterio, ha contribuido a alejar al pueblo cristiano de esta experiencia fundamental. En cambio, la preciosa Secuencia de la misa ayuda a rescatarla.

El don de lenguas

«Y empezaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse». El primer problema consiste en saber si se trata de lenguas habladas en otras partes del mundo, o de lenguas extrañas, misteriosas, que nadie conoce. En este relato es claro que se trata de lenguas habladas en otros sitios. Los judíos presentes dicen que «cada uno los oye hablar en su lengua nativa». Pero esta interpretación no es válida para los casos posteriores del centurión Cornelio y de los discípulos de Éfeso. Aunque algunos autores se niegan a distinguir dos fenómenos, parece que nos encontramos ante dos hechos distintos: hablar idiomas extranjeros y hablar «lenguas extrañas» (lo que Pablo llamará «las lenguas de los ángeles»).

El primero es fácil de racionalizar. Los primeros misioneros cristianos debieron enfrentarse al mismo problema que tantos otros misioneros a lo largo de la historia: aprender lenguas desconocidas para transmitir el mensaje de Jesús. Este hecho, siempre difícil, sobre todo cuando no existen gramáticas ni escuelas de idiomas, es algo que parece impresionar a Lucas y que desea recoger como un don especial del Espíritu, presentando como un milagro inicial lo que sería fruto de mucho esfuerzo.

El segundo es más complejo. Lo conocemos a través de la primera carta de Pablo a los Corintios. En aquella comunidad, que era la más exótica de las fundadas por él, algunos tenían este don, que consideraban superior a cualquier otro. En la base de este fenómeno podría estar la conciencia de que cualquier idioma es pobrísimo a la hora de hablar de Dios y de alabarlo. Faltan las palabras. Y se recurre a sonidos extraños, incomprensibles para los demás, que intentan expresar los sentimientos más hondos, en una línea de experiencia mística. Por eso hace falta alguien que traduzca el contenido, como ocurría en Corinto. (Creo que este fenómeno, curiosamente atestiguado en Grecia, podría ponerse en relación con la tradición del oráculo de Delfos, donde la Pitia habla un lenguaje ininteligible que es interpretado por el “profeta”).

Sin embargo, no es claro que esta interpretación tan teológica y profunda sea la única posible. En ciertos grupos carismáticos actuales hay personas que siguen «hablando en lenguas»; un observador imparcial me comunica que lo interpretan como pura emisión de sonidos extraños, sin ningún contenido. Esto se presta a convertirse en un auténtico galimatías, como indica Pablo a los Corintios. No sirve de nada a los presentes, y si viene algún no creyente, pensará que todos están locos.

José Luis Sicre