Juan G. Bedoya: “Zapatero hizo más concesiones a la Iglesia que el propio Franco”

J. F. Lamata

Religión Digital

Juan G. Bedoya es el responsable de información religiosa del diario El País. Político, intelectual, literato, periodista, Bedoya nos cuenta su visión acerca de la Iglesia española y vaticana, al tiempo que desmonta algunos mitos sobre clericales y anticlericales. “Zapatero hizo más concesiones a la Iglesia que el propio Franco”, asegura.

Usted ahora es uno de los referentes del periodismo religioso, por su trabajo actual en El País

En un momento determinado en El País la función del a información religiosa queda vacía. Yo vengo de coordinar las noches. Y me lo encargan a mí, que me sorprendió muchísimo que me encargaran religión. Leer más

5. IGANDEA URTEAN ZEHAR, EBANJELIOEN INDARRA-LA FUERZA DEL EVANGELIO

EBANJELIOAREN INDARRA

(C) Lukas 5, 1-11
2013ko otsailaren 10a

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Lukas ebanjelariak Galileako aintziran gertatu den arrantzu harrigarri eta ustekabekoaren pasadizoa idatzi du, Elizari arnasa emateko, konturatu baita bere mezua aditzera emateko egin dituen ahalegin guztiek huts egin dutela. Oso argi dago esan diguna: ebanjelioaren indarrean eta erakargarritasunean ipini behar dugu geure esperantza.

Ezohiko eszena batez hasi du kontakizuna. Jesus zutik dago aintziraren ertzean, eta «jendea haren inguruan pilatzen ari da Jainkoaren Hitza entzuteko». Ez doa jendea ikusminez. Ez da hurbildu gauza miresgarriak ikusteko. Soilik, Jainkoaren Hitza entzun nahi du Jesusen ahotik.

Ez da larunbata. Jendea ez da bildu Kafarnaumeko hurbileko sinagogan, urtean barna herriari irakurri ohi zaizkion irakurgaiak entzuteko. Ez da igo Jerusalemera Tenpluko apaizei entzuteko. Jendea hartaraino erakartzen duena Jesus Profetaren Ebanjelioa da, Nazareteko herritarrek ukatua.

Ezohikoa da arrantzuaren eszena ere. Gauez, arrantzurako garairik egokienean, Pedrok eta lagunek, beren kontura lan egin dutenean, ez dute lortu inolako emaitzarik. Aldiz, egunez, haien lana norabidetzen duen Jesusen Hitzari kasu eginez sareak bota dituztenean, arrantzu ugaria lortu dute, uste zutenaren kontra.

Kristautasunak gure artean bizi duen krisialdia gero eta argiagoa bihurtzen duten datuen hondo-hondoan, bada ukaezineko gertaera bat: Eliza modu ezin gerarazian ari da galtzen duela urte batzuk zuen erakarmen- eta sinesgarritasun-ahala.

Kristauok esperimentatzen ari gara ezen gero eta txikiagoa dela belaunaldi berriei geure fedea eskualdatzeko geure ahalmena. Ez da falta izan ahaleginik eta ekimenik. Baina kontua ez datza, itxuraz, estrategia berriak asmatzean, ezta nagusiki ere.

Iritsia da unea gogoratzeko ezen Jesusen Ebanjelioak baduela guk geuk ez dugun erakartzeko indar bat. Horrenbestez, hau da galderarik funtsezkoena: erakarmena eta sinesgarritasuna galtzen ari den Elizatik «gauzak egiten» jarraitu behar al dugu ala geure indar guztia Ebanjelioa berreskuratzen ipini behar dugu, gaur egungo gizon-emakumeengan fedea sortzeko indarra hark bakarrik duela pentsatuz?

Ez ote dugu Ebanjelioa lehen mailan jarri behar? Gauzarik inportanteenak une kritiko hauetan ez dira mendeen joan-etorrian landu diren doktrinak, baizik Jesus bera eta haren bizitza. Garrantzizkoena ez da jendea gure gauzetan parte hartzera etortzea, baizik Jesusekin harremanetan jartzea. Kristau fedea esnatu, jendeak Jesusen sua aurkituko duenean bakarrik esnatuko da.

5 Tiempo ordinario (C) Lucas 5, 1-11

LA FUERZA DEL EVANGELIO

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 06/02/13.- El episodio de una pesca sorprendente e inesperada en el lago de Galilea ha sido redactado por el evangelista Lucas para infundir aliento a la Iglesia cuando experimenta que todos sus esfuerzos por comunicar su mensaje fracasan. Lo que se nos dice es muy claro: hemos de poner nuestra esperanza en la fuerza y el atractivo del Evangelio.

El relato comienza con una escena insólita. Jesús está de pie a orillas del lago, y «la gente se va agolpando a su alrededor para oír la Palabra de Dios». No vienen movidos por la curiosidad. No se acercan para ver prodigios. Solo quieren escuchar de Jesús la Palabra de Dios.

No es sábado. No están congregados en la cercana sinagoga de Cafarnaún para oír las lecturas que se leen al pueblo a lo largo del año. No han subido a Jerusalén a escuchar a los sacerdotes del Templo. Lo que les atrae tanto es el Evangelio del Profeta Jesús, rechazado por los vecinos de Nazaret.

También la escena de la pesca es insólita. Cuando de noche, en el tiempo más favorable para pescar, Pedro y sus compañeros trabajan por su cuenta, no obtienen resultado alguno. Cuando, ya de día, echan las redes confiando solo en la Palabra de Jesús que orienta su trabajo, se produce una pesca abundante, en contra de todas sus expectativas.

En el trasfondo de los datos que hacen cada vez más patente la crisis del cristianismo entre nosotros, hay un hecho innegable: la Iglesia está perdiendo de modo imparable el poder de atracción y la credibilidad que tenía hace solo unos años.

Los cristianos venimos experimentando que nuestra capacidad para transmitir la fe a las nuevas generaciones es cada vez menor. No han faltado esfuerzos e iniciativas. Pero, al parecer, no se trata solo ni primordialmente de inventar nuevas estrategias.

Ha llegado el momento de recordar que en el Evangelio de Jesús hay una fuerza de atracción que no hay en nosotros. Esta es la pregunta más decisiva: ¿Seguimos «haciendo cosas» desde un Iglesia que va perdiendo atractivo y credibilidad, o ponemos todas nuestras energías en recuperar el Evangelio como la única fuerza capaz de engendrar fe en los hombres y mujeres de hoy?

¿No hemos de poner el Evangelio en el primer plano de todo?. Lo más importante en estos momentos críticos no son las doctrinas elaboradas a lo largo de los siglos, sino la vida y la persona de Jesús. Lo decisivo no es que la gente venga a tomar parte en nuestras cosas sino que puedan entrar en contacto con él. La fe cristiana solo se despierta cuando las personas descubren el fuego de Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Recuperar la dignidad

Quién nos protegerá de tanta indecencia. Quién nos rescatará de esta ciénaga apestosa de corrutos y corruptores. Quién destruirá las cloacas que discurren bajo la aparente normalidad democrática, política e institucional. Quién nos salvará de tanta iniquidad, quién. Solo nosotros podremos salvarnos a nosotros mismos. Nosotros, los ciudadanos de bien somos mayoría y podemos desenmascararlos, arrancarlos del mundo de privilegios que han creado a su medida. No será fácil expulsar a estos nuevos fariseos del templo, pero estoy seguro de que toda la rabia e indignación acumulada de cuantos nos sentimos afrentados y escarnecidos, logrará hacer frente a tanta rapiña, desgobierno e impunidad.

Un centenar de religiosos colombianos fueron asesinados desde 1984

La Iglesia pide confiar en el proceso de paz con las FARC.Un total de 83 sacerdotes, cinco religiosas, tres religiosos, tres seminaristas, un arzobispo y un obispo han sido asesinados en Colombia desde 1984, el último de ellos el pasado sábado, informó hoy el presidente de la Conferencia Episcopal de este país, monseñor Rubén Salazar.

«No hay justicia sin igualdad», campaña de Manos Unidas

(Manos Unidas).-La Campaña de este año, centrada en la promoción de la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer, se celebra con el lema: «No hay justicia sin igualdad«. La causa de la justicia nos apremia. Sólo el reconocimiento de la igual dignidad del hombre y la mujer nos permitirá construir un mundo más justo y el pleno desarrollo de todos.

La derecha política y la religión.

Teología sin censura
José M. Castillo, teólogo

REDES CRISTIANAS

Los sucesivos escándalos relacionados con la economía, que desde hace unos años se vienen atribuyendo a la derecha política española como presunta responsable de tales escándalos, plantean a muchos ciudadanos una pregunta inevitable y desagradable.
Si tradicionalmente la gente de derechas ha sido la gente más religiosa, ¿cómo se explica que personas vinculadas a las creencias católicas más tradicionales, sean precisamente la gente que más está dando que hablar en asuntos de extrema gravedad, asuntos relacionados con la moral, la ejemplaridad de vida, la responsabilidad en la gestión de cargos públicos, la toma de decisiones que están causando enormes sufrimientos a los más pobres y desamparados, etc, etc? Leer más

Ana María Schlüter: «Hay muchas equivalencias entre la mística cristiana y el zen»

Ana María Schlüter es una maestra zen que vive en Guadalajara. Desde el Instituto Superior de Pastoral de la Fundación Pablo VI, donde ha participado en la XXIV Semana de Teología Pastoral, nos habla de la «ceguera maligna» que padecemos en Occidente, «que nos hace pensar que sólo es verdad lo que se entiende con la cabeza, como se dice en la universidad».

«El Vaticano II anima a que promulguemos los bienes espirituales de otras religiones». La maestra zen participó en la Semana de Teología Patoral del ISP.

R. D. del CONGO. Mensaje de la Conferencia Episcopal.

A principios de diciembre el Comité permanente de la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (CENCO) publicó un mensaje sobre la situación del país ante el empeoramiento de la situación en la región del este. Constatan cómo sigue el proyecto de balcanización, la explotación ilegal de los recursos naturales, la proliferación de milicias y de grupos armados. La situación no ha hecho más que empeorar, la guerra ha producido enormes daños (degradación de los derechos humanos, asesinatos, violaciones secuestros, reclutamiento de menores, destrucción y saqueo, desplazamientos masivos y forzados de poblaciones). La caída de la ciudad de Goma ha hundido a todos los congoleños en una profunda consternación. Leer más

Apuntes para una lectura creyente del evangelio.

SANTOS OLÓNDRIZ

(El tema lo voy a enfocar, sobre todo, desde una lectura del Evangelio de Marcos)

1. Punto de partida: Lo importante es que al leer estas páginas nos hagamos preguntas. Algunas serán sencillas: 1/ Qué me ha llamado la atención. 2/Qué es lo que no entiendo. 3/ Qué me parece importante. 4/ Qué texto o textos me van a exigir algún cambio en mi vida; leer o escuchar de manera distinta los evangelios… Lo fundamental sería que, después de la lectura de estas páginas y de la puesta en común, saliéramos con más necesidad y ganas de acercarnos a los evangelios.

También es decisivo que nos preguntemos desde dónde me acerco yo a los evangelios. ¿Qué busco; qué respuestas encuentro; qué nuevas preguntas me surgen al tomar contacto con estos escritos; tengo alguna experiencia importante que proponer al grupo, que me haya ocurrido al leer, escuchar, comentar, rezar, celebrar los evangelios…? Leer más

4º DOMINGO T.O.,VINO A LOS SUYOS Y LOS SUYOS NO LE RECIBIERON

Escrito por José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Lc 4, 21-30

La primera lectura y el evangelio presentan al profeta y a Jesús como fuerza de Dios, presente en el mundo como fuerza que suscita hostilidad, rechazo. Los hombres pueden rechazar la Palabra, y perseguir al Profeta. Pero la fuerza de la Palabra, la fuerza de Dios que está en él es más poderosa que toda la hostilidad del mal y de los hombres. En este contexto podemos leer la vida de Jesús y la vida de los cristianos.

Y en este contexto hemos de leer el mensaje de la carta de Pablo sobre el amor, intentando profundizar en nuestro concepto del amor. La reflexión de Pablo nos lleva a la esencia fundamental de la fe, resumida por Jesús al responder a la cuestión de «¿cuál es el mayor mandamiento?». La respuesta de Jesús es: «AMARÁS a Dios de todo corazón, con toda tu alma y todas tus fuerzas, y al prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se resume toda la Ley y los profetas.»

Así pues, es básico entender que toda la fe y la actuación del cristiano se basa en amar. Amar a Dios y amar a los hombres. Lo demás son consecuencias.

Pero no podemos simplificar la palabra «amar». Y para ver de qué se trata, miremos un momento al Evangelio, para ver cómo ama Jesús.

La teoría (Lc 6, 35)

«Amad a vuestros enemigos, hacedles el bien, prestad sin esperar nada a cambio. Vuestro premio será entonces grande: seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno para con los ingratos y los que hacen el mal.»

La práctica de Jesús (Lc 23, 33)

Llegados al lugar llamado «de la Calavera», le crucificaron…. Y Jesús decía: «Padre, perdónales; no saben lo que hacen».

Es sólo un ejemplo. Pero si analizamos todas las relaciones de Jesús con las personas, vemos que siempre están inspiradas en lo mismo: es el Salvador. No mira a sus pecados como obstáculos que le impiden amarles. Su amor por las personas va más al fondo: el pecado intenta interponerse entre el amor de Jesús y la persona: pero no lo consigue. Por más que se le ofenda, él sigue siendo el Salvador.

El origen de todo esto no es la humanidad bondadosa de Jesús. Es la divinidad salvadora. Es Dios quien es así, y se ve en Jesús. Dios es el amor salvador. Toda la creación se entiende sólo desde el amor de Dios, que pretende la existencia de Hijos en plenitud. El pecado no es obstáculo para el amor: convierte el amor en Salvador, en Libertador del pecado. Nuestros pecados intentan interponerse entre nosotros y el amor de Dios, pero no lo consiguen. Y Dios presente entre nosotros es El Salvador, el que quita el pecado del mundo.

De la misma manera, el origen de nuestra postura respecto a los demás no está en nuestra humanidad bondadosa, en un natural afectivo y cordial. Está en que hemos conocido el amor de Dios, vivimos del amor de Dios, nos sentimos queridos por Dios y no sabemos vivir más que salvando, como Dios.

Se trata de un convencimiento, una persuasión, pero sobre todo de una fe, es decir, de una adhesión personal. Acepto el amor de Dios para conmigo, y ya no puedo vivir de otra manera. El amor de Dios lo he conocido en Jesucristo. Cuando he llegado a creer en Jesucristo, he llegado a aceptar a Dios mi Salvador, a fiarme de Él. Creer en Jesucristo no es simplemente estar persuadido de que es un gran hombre, o aceptar su doctrina como satisfactoria. Creer en Jesucristo es aceptarlo como modo de vida, como revelación de Dios, hacer girar la vida en torno de Él. Creer en Jesucristo es ante todo admirar y disfrutar del amor de Dios Salvador que en Él se hace visible. A partir de ahí, mi vida cambia: ya sé por qué vivo, porque Dios me quiere. Ya sé para qué vivo, para que todos le quieran.

Esto es un ideal, un camino, una conversión. Jesús es así; nosotros vamos hacia ahí. Y todo lo que somos y lo que hacemos tiene un carácter de provisional, de «todavía no». Pero caminamos. En este sentido, la justicia, el temor de Dios, el deseo de premio por las buenas obras… tantas cosas, son «carismas provisionales». Pero hay que aspirar a los carismas superiores, hay que aspirar a que nuestro espíritu disfrute del amor de Dios y en consecuencia viva de lleno ese don: amar a los hombres como Dios me ama.

Esta manera de vivir de ninguna manera es fácil. En primer lugar, porque es imposible «de fuera a dentro». No es una norma que hay que cumplir. Si es cumplimiento no llega a ser amor. No se trata de «me porto así porque Dios lo quiere». Se trata de «me porto así porque soy así, soy hijo de mi Padre y no me puedo portar de otra manera». Es el final de la conversión, cuando ya no actúo sometido a mis pecados, a mi egoísmo o mi envidia o mi vanidad… sino libre y salvador, como Hijo.

En segundo lugar, porque en un mundo en que los hombres no se quieren, sino que se hostigan, se arrinconan, se envidian, se roban, se matan, esta parece una manera débil de vivir, expuesta a todo lo que los demás nos quieran hacer.

No nos confundamos. Ni es una blandenguería de carácter, ni es una vocación de corderito manso. Amar por encima de los pecados es una tremenda fortaleza. Servir siempre, perdonar siempre, salvar siempre, requiere una fuerza de espíritu superior a toda fuerza de carácter. Es sólo posible por el Espíritu de Dios actuando en nosotros. Y esta fuerza lleva a ser siempre testigo, liberador de toda injusticia y de todo mal que les suceda a los hijos de Dios, presencia incómoda y a veces intolerable para una sociedad siempre interesada en otros valores, a menudo hostil.

Una vez más, el ejemplo y modelo es Jesús. Una lectura de cualquier evangelio, y más de los cuatro, ofrece una figura de Jesús de impresionante fortaleza. Su amor a todos los débiles va acompañado de un valor a toda prueba y una libertad brillante ante todos los poderosos.

Jesús es capaz de desafiar la ley para curar (leproso Mt 8, 1) de insultar en público al rey (acerca de Herodes, Lc 13, 31) de desenmascarar ante el pueblo a los jefes religiosos y doctores de la Ley (Mt 23, 13), y se juega la vida defendiendo a una mujer ante el acoso judicial de los «justos» (Juan 8, 1). Ninguna debilidad, ninguna blandura. Es pura fortaleza, al servicio de los que la necesitan y en contra de lo que se ponga delante.

Pero Jesús es rechazado. El amor amenaza todos los demás modos de vivir. Jesús es rechazado porque con Él se acaba aquella religión, aquel templo, aquellas clases socio-religiosas. Jesús perjudica a la religión oficial, no interesa a los revolucionarios independentistas, molesta a Herodes, le es indiferente a Pilato… El amor está fuera de lugar y es perseguido, hasta la muerte. «La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la han recibido». Y los de Jesús, como Jesús.

Es sumamente preocupante que la Iglesia sea tan escasamente perseguida en esta sociedad occidental en la que los valores del Evangelio son sin embargo rechazados frontalmente. Y es sumamente reconfortante ver cómo son perseguidos, marginados, los cristianos, personas o grupos, que se toman muy en serio el Evangelio. Es muy normal que los poderes políticos de algunos países en los que la injusticia social es muy fuerte, no toleren a los grupos cristianos que luchan contra esa injusticia. Es lo normal. Lo que no es normal es que en los países de desenfrenado consumo, de búsqueda alucinada del placer y el bienestar material, en los que el único Dios es la economía de mercado y el consumo consiguiente, la Iglesia viva tan tranquila. Lo único que puede hacernos entender este fenómeno es aceptar, con angustia, que la Iglesia esconde la Palabra, ha perdido su fuerza profética y ya no le anuncia al pueblo sus pecados, sino que se limita a tranquilizarle la conciencia.

José Enrique Galarreta