23º DOMINGO T.O., «LLEGAR HASTA EL FINAL DEL CAMINO», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos
FE ADULTA

Lc 14, 25-33

Seguimos en camino hacia Jerusalén. Jesús advierte a esa multitud que le seguía alegremente, de las dificultades que entraña un auténtico seguimiento. Les hace reflexionar sobre la sinceridad de su postura.

Solo en el contexto del seguimiento de Jesús, podemos entender las exigencias que nos propone. Hace unos domingos, Jesús decía al joven rico: Si quieres llegar hasta el final… Hoy nos dice: si no piensas llegar hasta el final, es mejor que no emprendas el camino. Si no eres capaz de concluir la obra, no es que te hayas quedado a la mitad, es que has fracasado. Una casa a medio hacer no sirve para nada.

Ni siquiera Jesús te exige que seas cristiano, pero si decides caminar con él, no hay más remedio que dejar de caminar en otras direcciones.

Una de las interpretaciones equivocadas de este radicalismo, es entender el mensaje como dirigido a unos cuantos privilegiados, que serían cristianos de primera. Jesús no se dirige a unos pocos, sino a la multitud que le seguía. Pero lo hace personalmente. «Si uno quiere…» La respuesta tiene que ser también personal y adulta.

No hay pues, cristianismo a dos velocidades; una la de los clérigos, y otra la de los laicos. Esta visión, no puede ser más contraria al mensaje de Jesús. Todos los seres humanos estamos llamados a la misma meta.

No se trata de machacar o anular el instinto. (Es lo que se ha predicado con demasiada frecuencia). Sería una tarea inútil porque el instinto es anterior a mi voluntad y escapa a su control. Se trata de que el instinto no sea manipulado por la voluntad, torciéndolo hacia un objeto distinto del suyo propio.

Como seres humanos, debemos comprender que el fin que el instinto quiere garantizar, aunque es bueno en sí, no es absoluto. Fin último solo hay uno. Todos los demás serán penúltimos, es decir, medios. De este modo, la tendencia instintiva seguirá ahí y cumplirá su objetivo, pero la última palabra la tendrá la parte específicamente humana, es decir, el conocimiento y la voluntad.

Tres son las exigencias que propone Jesús:

1ª.- Posponer a toda su familia.

2ª.- Cargar con su cruz.

3ª.- Renunciar a todos sus bienes.

Las tres se resumen en una sola: total disponibilidad. Sin ella no puede haber seguimiento.

No es fácil entender bien lo que Jesús propone. La manera de hablar nos puede jugar una mala pasada. La radicalidad absoluta tiene una explicación. En una lengua que carece de comparativos y superlativos tiene que valerse de exageraciones para expresar la idea. Lo notable es que se haya mantenido la literalidad en el texto griego, que dice «misei» = odia, aborrece, ten horror. También se ha mantenido en latín que dice simplemente «odit» = odia. No podemos entenderlo al pie de la letra. Fijaos que también dice «…incluso a sí mismo».

Ni debemos entenderlas al pie de la letra, ni podemos ignorarlas. Son como los famosos «koan» del zen. Tienen que hacernos trascender la formulación y meternos por el camino de la intuición. Fallamos estrepitosamente cuando queremos comprenderlas racionalmente. La verdad que quieren trasmitir no es una verdad lógica, sino ontológica. Por mucho que nos exprimamos el coco, no podemos entenderla con la razón, pero podemos indicar por donde van los tiros.

Para la primera exigencia la clave está en la frase: «…incluso a sí mismo». El amor a sí mismo puede ser nefasto si se refiere al ‘falso yo’ que desemboca en el egoísmo. Ese falso yo tiene también su padre y su madre, sus hijos y hermanos.

Posponer a la familia. El amor a la familia puede ser la manifestación de un egoísmo amplificado, que busca la potenciación del individualismo y la seguridad de los «yoes» de los demás. Lo que se busca en ese amor es que mi egoísmo quede garantizado, sumado al egoísmo de los demás miembros de la familia. Ese yo ampliado es mucho más fuerte y asegura mejor el interés del pequeño yo de cada uno.

El seguir a Jesús está basado en el amor. Pero el amor que nos pide no está reñido con el verdadero amor al padre o a la madre. Si el seguimiento es incompatible con el amor a la familia es que está mal planteado. El amor que nos pide el evangelio está más allá del sentimiento, pero no estará nunca en contra. Seguir a Jesús nos enseñará a amar más y mejor también a nuestros familiares.

Otro problema muy distinto es que ese seguimiento provoque en los familiares la oposición y el rechazo, como le pasó al mismo Jesús. Entonces no se puede ceder a las exigencias del instinto, porque está maleado. El tema del rechazo está más ligado al aceptar la cruz que al amor a la familia. Si los familiares, muy queridos, te quieren apartar de tu verdadera meta, está claro que no puedes ceder por un amor mal entendido, aunque eso cause un verdadero dolor.

El hombre alcanza su plenitud cuando despliega su capacidad de amor, que es lo específicamente humano. Este amor no puede estar limitado, tiene que llegar a todos. Por eso el profesar un verdadero amor a una persona, no puede impedir ni condicionar la entrega a otros. Si un amor impide otro amor, es que no es verdadero amor evangélico.

Cargar con la cruz hace referencia al trance más difícil y degradante del proceso de ajusticiamiento de un condenado a muerte de cruz. El reo tenía que transportar él mismo el travesaño de la cruz. Jesús va a Jerusalén precisamente a ser crucificado. No olvidemos que los evangelios están escritos mucho después de la muerte de Jesús, y la tienen siempre presente.

Está haciendo referencia a lo que hizo Jesús, pero a la vez, es un símbolo de todas las dificultades que encontrará el que se decide a seguirle. Una vez emprendido el camino de Jesús todo lo que pueda impedir seguir adelante hay que superarlo cueste lo que cueste.

Renunciar a todos sus bienes. No es nada fácil entenderlo esto hoy. Recordemos que a los que entraban a formar parte de la primera comunidad cristiana se les exigía que pusieran a disposición de la comunidad todo lo que tenían. No se tiraban por la borda los bienes. Solo se renunciaba a disponer de ellos al margen de la comunidad. El objetivo era que en la comunidad no hubiera pobres ni ricos.

Hoy sería imposible llevar a la práctica este ideal de desprendimiento. Pero podemos entender que la acumulación de riquezas se hace siempre a costa de las carencias de otros seres humanos, hoy tendríamos que descubrir que lo que yo poseo, puede ser causa de miseria para otro ser humano. En realidad se trata de elegir entre las seguridades que da la posesión de cualquier bien o alcanzar un mayor grado de humanidad.

El seguimiento de Jesús no puede consistir en una renuncia, es decir en algo negativo. Se trata de una oferta de plenitud. Mientras sigamos hablando de renuncia, es que no hemos entendido el mensaje. No se trata de renunciar a nada, sino de elegir lo mejor para mí.

No es una exigencia de Dios, sino una exigencia de nuestro verdadero ser. Jesús vivió esa exigencia. La profunda experiencia interior le hizo comprender a dónde podía llegar el ser humano si despliega todas sus posibilidades de ser. Esa plenitud fue también el objetivo de su predicación. Jesús nos indica el camino.

En cuanto a las dos parábolas, el cálculo que nos propone Jesús es que no se puede repicar e ir en la procesión, cosa que estamos intentando nosotros a todas horas. Queremos ser cristianos, pero a la vez, queremos disfrutar de todo lo que nos proporciona la sociedad de consumo. Queremos lo mejor para el espíritu, pero intentando a la vez satisfacer los sentidos. Eso es imposible. No tenemos más remedio que elegir.

Preferir el hedonismo a la plenitud de ser, es un error de cálculo. Las parábolas quieren decirnos que se trata de la cuestión más importante que nos podemos plantear, y no debemos tratarla a la ligera. Es una opción vital que requiere toda nuestra atención. Nuestro problema hoy es que somos cristianos sin haber hecho una clara opción personal.

Radicalidad no quiere decir rigorismo. El mismo Jesús dijo que su yugo era suave y su carga ligera. La radicalidad nace de dentro, de la libertad, una vez conocido lo que es verdaderamente bueno para mí, la voluntad no tiene problema alguno para elegirlo. El rigorismo llega de fuera, nace del miedo y nos hace esclavos. Por abandonar la radicalidad de la opción, la Iglesia se ha visto obligada a reforzar el rigorismo. ¡Así nos luce el pelo!

Meditación-contemplación

«Sí alguno quiere venirse conmigo…»

Jesús no impone nada, simplemente propone.

Las condiciones no las impone él:

son exigencia de la misma naturaleza humana.

…………………

Elegir lo que es mejor para mí por convicción personal,

nunca puede ser renuncia o sacrificio.

Sólo si me muevo por programación externa

renunciaré a aquello que sigo creyendo que es mejor.

………………..

Sólo el verdadero conocimiento, la iluminación, la sabiduría

puede llevarme a una búsqueda de los bienes definitivos.

Mientras no alcance esa luz, andaré dando tumbos.

Descubierto el tesoro, todo lo demás pierde valor.

……………

Fray Marcos

 

El movimiento de Jesús

Jose Arregi

Evidentemente, Jesús no “instituyó” ninguna Iglesia, ninguna “estructura eclesial” propiamente dicha; una doctrina, una liturgia, un gobierno… Jesús puso en marcha un movimiento, que a través de muchas circunstancias y vicisitudes históricas desembocará en iglesias organizadas, y mucho más tarde en una Iglesia centralizada.

Jesús empezó quizá actuando solo, pero pronto reunió un grupo de discípulos en torno a sí. Así lo habían hecho también Buda, Confucio, Sócrates. Y Juan Bautista, de quien Jesús fue discípulo durante algún tiempo. Leer más

Masiá: «Cuando la HOAC denunció la reforma laboral, cumplió con el encargo de Jesús»

La Teología de la Liberación hoy se dirige a las víctimas de los sistemas estructuralmente injustos. De cara al próximo XXXIII Congreso de Teología, es oportuno recordar las palabras que el evangelista Juan pone en boca del Resucitado cuando envía a los discípulos a continuar su misión: A quien perdonáreis los pecados, perdonados les son; a quienes los retuviéreis, retenidos quedan (Jn 20,23). «Id a reconciliar, id a denunciar»: Encargo de Jesús a las comunidades de la liberación.

Cáritas de todo el mundo reclaman diálogo para evitar la intervención militar en Siria

Cáritas Española se suma al llamamiento lanzado por Caritas Internationalis a la comunidad mundial para que dedique todos sus esfuerzos diplomáticos a intentar resolver el conflicto que desangra Siria a través del diálogo y no de la intervención militar. Para la red Caritas, este conflicto armado sólo podrá terminar si se llevan a cabo «negociaciones de paz inclusivas«, en el marco de un amplio diálogo.

XXXIII Congreso de Teología: «La teología de la liberación, hoy»

Programa 33 Congreso: LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, HOY
XXXIII CONGRESO DE TEOLOGÍA:
Fecha de celebración: del 5 al 8 de septiembre
Lugar: Salón de Actos de la Sede Regional de Comisiones Obreras de Madrid

Queridas amigas, queridos amigos, de nuevo con vosotras y vosotros para presentaros el XXXIII Congreso de Teología, que este año ofrece novedades. Leer más

GUERRA RDC – CONGO: Los EEUU, palabras… sin actos

Boniface MUSAVULI (agoravox.fr).
Traducción: Ramón Arozarena

Los EEUU han pedido directamente a Ruanda que cese en su apoyo al M23.  “Hacemos un llamamiento a Ruanda para que cese inmediatamente cualquier apoyo por su parte al M23”, ha declarado Jen Psaki, portavoz del departamento de Estado, antes de añadir que Kigali “debe retirar su personal militar del este de la RDC”. No es la primera vez que Washington formula semejante petición. En diciembre de 2012, el Presidente Barack Obama había telefoneado a su homólogo ruandés Paul Kagame, para pedirle que cesara el apoyo al M23. Leer más

La cultura de la mentira

José M. Castillo
Teología sin censura

El hecho de engañar (o intentar engañar) a los demás se ha generalizado de tal manera y hasta tales extremos que, sin miedo a exagerar, se puede afirmar que la mentira es ya un componente de la cultura que, entre todos, hemos construido. Y además una cultura de la mentira, el embuste y la patraña, en la que vivimos integrados de forma tan connatural, que ya, no sólo no nos sorprende que se nos engañe, y que engañemos, todo lo que cada cual pueda y le convenga, sino que la cosa ha llegado a tal punto que, si uno ve que puede sacar provecho a base de mentiras y, sin embargo, no miente, es mucha la gente (yo mismo, sin ir más lejos, hay veces que me sorprendo pensando así) que considera, de quienes se portan de esa forma que son inútiles que no saben vivir. Leer más

¿DÓNDE ENCONTRAR A JESÚS?

FE ADULTA

En la actualidad ¿dónde podemos encontrar a Jesús de Nazaret?

Quizás ésta sea una de las preguntas más importantes que un cristiano pueda hacerse. Gran parte de la reflexión de teólogos, místicos y creyentes ha sido para tratar de responderla de una manera lo más fiable posible. Y como suele ocurrir con estos interrogantes, cada respuesta que se ha dado, tiene algo de verdad, aunque nunca de una manera absoluta. El tema en sí no es fácil. El Jesús que anduvo por los campos de Galilea hace 2000 años, ya no está. Leer más

22º DOMINGO T.O., «LO QUE NOS QUITA EL HAMBRE DEL REINO», J.E. Galarreta

Escrito por  José Enrique Galarreta

FE ADULTA

Lc 14, 1 y 7-14

El texto ha sido abreviado para su lectura litúrgica. Jesús entra a comer en casa de un fariseo importante. Es sábado y le espían. Entonces cura a un hidrópico y desarrolla su característica enseñanza (el sábado para el hombre – hay que hacer el bien también en sábado). A continuación, el evangelista añade las enseñanzas que hoy leemos.

Éstas son evidentemente de dos clases: las primeras no son más que sabiduría tradicional. A Jesús le parece ridículo ese afán de ocupar los primeros puestos, de darse importancia.

Al final hay dos enseñanzas verdaderamente características de Jesús.

«El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido» conecta con esa repetida y querida enseñanza de Jesús sobre «los primeros y los últimos». Se evidencia el juicio de Jesús sobre aquellos fariseos que se creían importantes, mejores que otros, y hacían manifestación pública de esa convicción. Y se evidencia también el juicio habitual de Jesús sobre las personas.

Primeros y últimos, para nosotros, para la mayoría, se establece según el dinero, la influencia, el poder… Jesús sólo mira al corazón, sabe lo que hay dentro de cada persona y aprecia a cada uno según su apertura al Reino, según su disposición ante Dios.

Por eso son últimos muchos de los «importantes». Por eso son primeros muchos de los insignificantes.

Pero al final, y con escasa conexión con lo anterior, nos encontramos con un texto característico de Jesús. En él encontramos lo que podríamos llamar la lógica absurda de Jesús. ¿No hay que invitar a cenar a los amigos? ¿No es buena una comida familiar…?

Nos encontramos por supuesto ante el género paradójico, tan usado por Jesús. A Jesús le gustan las exageraciones, las paradojas, porque a la gente le gustan también, porque permiten que el mensaje penetre con claridad y agudeza. Hay en los evangelios muchas muestras de este género:

· el camello y el ojo de la aguja;
· si tu ojo te escandaliza, arráncatelo,
· la parábola de los viñadores de la hora undécima,
· el administrador infiel,
· la figura del padre del hijo pródigo…

No se trata de tomar al pie de la letra un mandato, sino de dejar claro un mensaje. Y el mensaje es aquí la radicalidad del Reino. Invitar, ser invitado, comer con los amigos… está muy bien, es incluso necesario y bueno: dar de comer al hambriento está en otra dimensión: es aún mucho mejor.

«Dichoso tú, porque no pueden pagarte» nos asoma al mundo paradójico de las Bienaventuranzas. Llamar «dichosos» a los pobres, a los que sufren… etc., etc. es absurdo. ¿Tenemos que pensar que es bueno estar enfermo, que es bueno no tener para comer…?

Evidentemente, no. Pero lo contrario no es, sin más, correcto. Tener dinero, estar sano etc. puede ser bueno o no serlo. Si conduce al reino, si vale para el reino, es bueno. Si aparta del reino, si impide el reino, es malo. Pero nosotros tendemos a afirmar «dichosos los ricos, dichosos los sanos», sin más, conduzcan al reino o no.

Y además, más al fondo, dinero, salud, amigos, influencias, poder etc. pueden y suele ser las más insidiosas trampas, porque nos llevan a considerar que eso es el reino, el único reino deseable y esperable: salud, dinero, amor, aquí y ahora… haciéndonos además la ilusión de que van a ser para siempre.

Así, la expresión ‘dichosos…’ de las bienaventuranzas es la forma paradójica, sorprendente, de hacernos caer en la cuenta de dónde está el verdadero valor de todas las cosas.

En el texto de hoy, invitar a los amigos, a los parientes… es un valor. Cenamos juntos para celebrar y confirmar nuestra amistad. Jesús mismo era bien conocido por el valor que daba a sus comidas, porque recibía invitaciones. La eucaristía nació en una cena de despedida con sus íntimos. No, Jesús no está negando el valor de nuestras invitaciones, de nuestras reuniones familiares…

Jesús aprovecha la oportunidad de una comida para volver a exponer la radicalidad del reino: todo eso tiene valor si vale para el reino, y sólo entonces. Dar de comer a los que necesitan comer es un valor claro: sin ninguna mezcla de interés, de instalación, de vanidad.

Esto nos lleva a planteamientos más generales y profundamente inquietantes en nuestra sociedad occidental. Vivimos en una relativa prosperidad, no carecemos de lo necesario e incluso tenemos mucho más de lo que necesitamos, vestimos bien, tenemos dinero en el banco, estamos sanos, nuestro sistema sanitario previene o cura nuestras enfermedades, tenemos amigos, tenemos trabajo…

Y en todas esas cosas encontramos nuestra satisfacción, nuestra paga. «Dichoso tú, porque no pueden pagarte» se aplica muy bien a nuestra situación, en negativo. Jesús mismo lo dijo en otra ocasión: «Ya han recibido su paga» (Mateo 6,5).

Todas nuestras actividades, nuestro modo de vivir, nos retribuyen, llevan consigo su satisfacción… y nos quitan el hambre del reino. La salud, el dinero y todo lo demás son medios estupendos para trabajar por el reino; pero se nos convierten en fines, los usamos para disfrutar de ellos, son nuestros ídolos. Entonces se convierten en males.

Jesús es radical: si algo te perjudica, arráncatelo. Pero esta radicalidad es lógica… si lo primero es el reino.

Una vez más, la imagen del caminante es iluminadora:

cómodas botas de lona o elegantes zapatos de altos tacones,
mochila con lo indispensable o kilos y kilos de…
una cantimplora con agua o varias botellas de licor…

¿Bueno o malo? Según lo que se pretenda:

si pretendemos caminar bien y alcanzar nuestra meta,
o si renunciamos a caminar, a ir a alguna parte, y pretendemos sin más sentarnos a disfrutar.

Interpretando hasta el final la imagen, Jesús entiende que el ser humano es un proyecto: se puede realizar, se puede echar a perder.

Esto es tan importante, tan vital, que todo se debe ordenar a ese fin, la realización del proyecto de persona que cada uno somos. Ese fin polariza todas las demás cosas, que se convierten en medios: medios de realización, medios de fracaso. Es la importancia que Jesús da a la realización de cada persona lo que le hace ser tan radical.

Nuestra sociedad occidental vive en una ficción del paraíso. Por eso, nuestras peticiones a Dios suelen consistir en que esto dure. «Venga tu reino» es la expresión de la inconformidad, del deseo de una realidad, personal y comunitaria, más satisfactoria. Pero solemos conformarnos con menos.

José Enrique Galarreta

 

22. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «Sin excluir / Baztertu gabe»

Sin excluir / Baztertu gabe

Lucas 14, 1. 7-14
1 de Septiembre de 2013

José Antonio Pagola, Comentarios evangélicos

Jesús asiste a un banquete invitado por “uno de los principales fariseos” de la región. Es una comida especial de sábado, preparada desde la víspera con todo esmero. Como es costumbre, los invitados son amigos del anfitrión, fariseos de gran prestigio, doctores de la ley, modelo de vida religiosa para todo el pueblo.

Al parecer, Jesús no se siente cómodo. Echa en falta a sus amigos los pobres. Aquellas gentes que encuentra mendigando por los caminos. Los que nunca son invitados por nadie. Los que no cuentan: excluidos de la convivencia, olvidados por la religión, despreciados por casi todos. Ellos son los que habitualmente se sientan a su mesa.

Antes de despedirse, Jesús se dirige al que lo ha invitado. No es para agradecerle el banquete, sino para sacudir su conciencia e invitarle a vivir con un estilo de vida menos convencional y más humano: “No invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes ni a los vecinos ricos porque corresponderán invitándote… Invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos”.

Una vez más, Jesús se esfuerza por humanizar la vida rompiendo, si hace falta, esquemas y criterios de actuación que nos pueden parecer muy respetables, pero que, en el fondo, están indicando nuestra resistencia a construir ese mundo mas humano y fraterno, querido por Dios.

De ordinario, vivimos instalados en un círculo de relaciones familiares, sociales, políticas o religiosas con las que nos ayudamos mutuamente a cuidar de nuestros intereses dejando fuera a quienes nada nos pueden aportar. Invitamos a nuestra vida a los que, a su vez, nos pueden invitar. Eso es todo.

Esclavos de unas relaciones interesadas, no somos conscientes de que nuestro bienestar solo se sostiene excluyendo a quienes más necesitan de nuestra solidaridad gratuita, sencillamente, para poder vivir. Hemos de escuchar los gritos evangélicos del Papa Francisco en la pequeña isla de Lampedusa: “La cultura del bienestar nos hace insensibles a los gritos de los demás”. “Hemos caído en la globalización de la indiferencia”. “Hemos perdido el sentido de la responsabilidad”.

Los seguidores de Jesús hemos de recordar que abrir caminos al Reino de Dios no consiste en construir una sociedad más religiosa o en promover un sistema político alternativo a otros también posibles, sino, ante todo, en generar y desarrollar unas relaciones más humanas que hagan posible unas condiciones de vida digna para todos empezando por los últimos.

José Antonio Pagola

BAZTERTU GABE

Lukas 14, 1. 7-14

Jesus jaiotordu batera joan da, eskualdeko «fariseu handikietako batek» gonbidaturik. Otordu berezia da, larunbatekoa, bezperatik arduraz prestatua. Ohi bezala, gonbidatuak gonbidatzailearen adiskide dira, izen handiko fariseu, lege-maisu, herri osoarentzat bizitza erlijiosoaren eredu.

Itxuraz, Jesus ez dago batere eroso. Bere adiskide pobreen falta nabari du. Bidean eskean ikusi ohi duen jende hura. Inork inoiz ere gonbidatzen ez duen hura. Ezer ez den hura: bizikidetzatik baztertua, erlijioak ahaztua, ia guztiek gutxietsia. Jende hori da bere mahaian eskuarki ikusi ohi dena.

Agur esan aurretik, gonbidatu duenari mintzatzera doa Jesus. Ez doa otorduagatik eskerrak ematera; alderantziz, haren kontzientziari astindu bat eman nahi dio, hain konbentzionala ez den eta gizakoiagoa den biziera bat bizitzera gonbidatu nahi du: «Ez gonbidatu zeure adiskideak, ezta senide, ahaide edo auzoko aberatsak ere; zeren beraiek ere gonbidatu egingo zintuzkete… Aitzitik, otordu bat ematean, gonbidatu behartsu, elbarri, herren eta itsuak. Zorionekoa zu orduan, ez baitute zuri ordaintzerik! Zintzoak piztuko direnean jasoko duzu ordaina».

Beste behin, bizitza gizakoiago bihurtzen ahalegindu da Jesus; horretarako, eskema eta irizpide batzuk hautsi behar badira ere, oso errespetagarri direla iruditu arren, azpi-azpian oztopo direnak mundua gizakoiago eta anai-arreba artekoago, Jainkoak nahi bezalako, egiteko.

Eskuarki, harreman familiar, sozial, politiko eta erlijiosoen ingurumen batean bizi ohi gara; haietaz baliatzen gara geure interesak zaintzeko, baina kanpoan utziz ekarpenik ezin egin digutenak. Geure bizitzara gonbidatu, beren aldetik gu gonbidatu ahal gaituztenak gonbidatu ohi ditugu. Hori da guztia.

Probetxuzko harremanen esklabo izan ohi gara; ez gara konturatzen, geure ongizatea sostengatzeko, jende jakin bat baztertzera jotzen dugula: bizi ahal izateko gure doako solidaritatearen premiarik handiena duena. Entzun ditzagun Frantzisko aitaren santuaren ebanjelioaren arabera oihu hauek, Lampedusa uharte koxkorrean botatakoak: «Ongizatearen kulturak sorgor bihurtu gaitu besteen garrasiaren aurrean». «Axolarik ezaren globalizazioan murgildu gara». «Erantzukizunaren zentzua galdu dugu».

Jesusen jarraitzaileok gogoan izan behar dugu hau: Jainkoaren Erreinuari bideak urratzea ez datzala gizarte erlijiosoago bat eraikitzean; ezta, beste sistema batzuk bezala, posible den sistema politiko ordezko bat eragitean ere; baizik, guztien gainetik, azkena den jendeagandik hasirik, guztientzat bizitza duinago baterako baldintzak ahalbidetuko dituzten giza harremanak sortu eta garatzean.

 

Jose Antonio Pagola