Cáritas denuncia que los recortes del Gobierno “están abandonando a los más pobres a su suerte”

El Plural

La pobreza severa alcanza a tres millones de personas, según el demoledor informe de la organización
La pobreza severa, es decir, vivir con ingresos inferiores a 307 euros al mes alcanza ya a tres millones de personas en España, el doble de los que estaban en esta situación antes de la crisis, según pone de manifiesto el VIII Informe del Observatorio de la Realidad Social que elabora Cáritas y que constata un aumento de la desigualdad en el país y el riesgo de fractura social. Leer más

LA PRUEBA DECISIVA DE FRANCISCO

Hans Küng

El País

El papa Francisco muestra valentía civil. No solo al presentarse sin temor en las favelas de Río de Janeiro. También al abordar un diálogo abierto con críticos no creyentes. Así, recientemente ha escrito una carta abierta en la que responde a uno de los principales intelectuales italianos, Eugenio Scalfari, fundador y durante muchos años director de La Repubblica, el gran periódico romano de izquierda liberal. Y su respuesta no es un sermón doctrinario papal, sino un amistoso intercambio de argumentos entre interlocutores que se tratan al mismo nivel. Leer más

28 DOMINGO T.O.,»LA SALVACIÓN LLEGA CON EL AGRADECIMIENTO», Fray Marcos

FE ADULTA
Lc 17, 11-19

Una vez más se nos recuerda el texto que Jesús va de camino hacia Jerusalén, donde se enfrentará al templo, lo que le llevará a la muerte y a la plenitud como ser humano en la entrega total. En esa subida se va haciendo presente la salvación, no solo al final del camino como nos han hecho creer.

Jesús sale al encuentro de los oprimidos y esclavizados de cualquier clase. Se preocupa de todo el que encuentra en su camino y tiene dificultades para ser él mismo. Sin la compasión de Jesús, el relato sería imposible.

Dice un proverbio oriental: cuando el sabio apunta a la luna, el necio se queda mirando al dedo. Al seguir empleando títulos de relatos como: la oveja perdida, el hijo pródigo, los diez leprosos, etc., nos quedamos en el dedo y no descubrimos la luna a la que apuntan. Hoy el relato lo deberíamos llamar: de diez leprosos curados uno se salva.

En el relato vemos con toda claridad que la fe abarca no solo la confianza, sino la respuesta, fidelidad. Es la respuesta que completa la fe que salva. La confianza cura, la fidelidad salva. Mientras el hombre no responde con su propio reconocimiento y entrega, no se produce la verdadera liberación. Una vez más queda cuestionada nuestra fe.

Los protagonistas son hoy la lepra, Jesús y un personaje no judío. Los nueve restantes hacen de contrapunto. La lepra era el máximo exponente de la marginación, porque obligaba a los afectados a vivir una marginación deshumanizadora, desde el punto de vista social y religioso.

La lepra es una enfermedad contagiosa que era un peligro para la sociedad entera. Pero al no tener clara la diferencia entre lepra y otras infecciones de la piel, se declaraba lepra cualquier síntoma que pudiera dar sospecha de esa enfermedad. Muchas de esas infecciones se curaban espontáneamente y el sacerdote volvía a declarar puro al enfermo. A esta manera de actuar tan lesiva, Jesús quiere oponer una fe-confianza que debe cambiar también la actitud de la sociedad.

Al tomar como referencia la salvación del samaritano, está resaltando la universalidad de la salvación de Dios; pero sobre todo está criticando la idea que los judíos tenían de una relación exclusiva y excluyente con Dios.

No tiene por qué tratarse de un relato histórico. Los exegetas apuntan más bien, a una historia encaminada a resaltar la diferencia entre el judaísmo y la primera comunidad cristiana. En efecto, el fundamento de la religión judía era el cumplimiento de la Ley. Si un judío cumplía la Ley, Dios cumpliría su promesa de salvación. En cambio, para los cristianos, lo fundamental era el don gratuito e incondicional de Dios; al que se respondía con el agradecimiento y la alabanza. «Se volvió alabando a Dios y dando gracias».

Tenemos datos más que suficientes para afirmar que la liturgia de las primeras comunidades estaba basada toda ella en la acción de gracias (eucaristía) y la alabanza divina.

El relato está muy resumido y escueto, por eso es muy importante distinguir los distintos pasos:

1º.- Súplica profunda y sincera. Son conscientes de su situación desesperada y descubren la posibilidad de superarla. «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.

2º. – Respuesta indirecta de Jesús. «Id a presentaros a los sacerdotes». Ni siquiera se habla de milagro.

3º.- Confianza de los diez en que Jesús puede curarlos. «Mientras iban de camino»

4º.- En un momento del camino quedan limpios.

5º.- Reacción espontánea de uno. «Viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios y dando gracias».

6º.- Sorpresa de Jesús, no por el que vuelve, sino por los que siguieron su camino. «Los otros nueve, ¿dónde están?

7º.- Confirmación de una verdadera actitud vital que permite al samaritano alcanzar mucho más que una curación. «Levántate, vete, tu fe te ha salvado».

En este relato encontramos una de las ideas centrales de todo el evangelio: la autenticidad, la necesidad de una religiosidad que sea vida y no solamente programación y acomodación a unas normas externas. Se llega a insinuar que las instituciones religiosas pueden ser un impedimento para el desarrollo integral de la persona. Todas las instituciones tienden a hacer de las personas robots, que ellas puedan controlar con facilidad.

Si no defendemos nuestra personalidad, la vida y el desarrollo individual termina por anularse. El ser humano, por ser a la vez individual y social, se encuentra atrapado entre estos dos frentes: la necesidad de las instituciones, y la exigencia de defenderse de ellas para que no lo anulen.

Solo uno volvió para dar gracias. Solo uno se dejó llevar por el impulso vital. Los nueve restantes (se supone que eran judíos), se sintieron obligados a cumplir lo que mandaba la ley: presentarse al sacerdote para que les declarara puros y pudieran volver a formar parte de la sociedad.

Para ellos, volver a formar parte del organigrama religioso y social, era la verdadera salvación. Los nueve vuelven a someterse al cobijo de la institución; van al encuentro con Dios en el templo, en los ritos.

El samaritano creyó más urgente volver a dar gracias. Fue el que acertó, porque, libre de las ataduras de la Ley, se atrevió a expresar su vivencia profunda. Este encuentra la presencia de Dios en Jesús. Es más importante responder vitalmente al don de Dios, que el cumplimiento de unos ritos externos.

La verdadera salvación para el leproso llega en el reconocimiento y agradecimiento del don. Los otros nueve fueros curados, pero no encontraron la verdadera salvación; porque tenían suficiente con la liberación de la lepra y la recuperación del entramado religioso. Estamos ante la disyuntiva: salvación material o salvación espiritual.

Sin darnos cuenta nos sentimos inclinados a buscar la salvación en las seguridades y a conformarnos con ella. Incluso no tenemos ningún reparo en meter a Dios en nuestra propia dinámica y convertirle en garante de la salvación que nosotros buscamos, la material.

El cumplimiento de una norma solo tiene sentido religioso cuando estamos de verdad motivados desde el convencimiento. Jesús no dio ninguna nueva ley, solo la del amor, que no puede ser nunca un mandamiento. Ese valor relativo que Jesús dio a la Ley, le costó el rechazo frontal de todas las instancias religiosas de su tiempo. Jesús tuvo que hacer un gran esfuerzo por librarse de todas las instituciones que en su tiempo como en todo tiempo, intentaban manipular y anular a la persona. Para ser él mismo, tuvo que enfrentarse a la ley, al templo, a las instancias religiosas y civiles, a su propia familia. Incluso una institución tan básica como la familia puede anular a la persona e impedirle que sea ella misma.

El seguimiento de Jesús es una forma de vida. La vida escapa a toda posible programación que le llegue de fuera. Lo único que la guía es la dinámica interna, es decir, la fuerza que viene de dentro de cada ser y no el constreñimiento que le puede venir de fuera. La misma definición de Aristóteles lo expresa con toda claridad. Vida = «motus ab intrinseco». No basta el cumplir escrupulosamente las normas, como hacían los fariseos, hay que vivir la presencia de Dios. Todos seguimos teniendo algo de fariseos.

Un ejemplo puede aclararnos esta idea. Cuando se vacía una estatua de bronce, el bronce líquido se amolda perfectamente a un soporte externo, el molde; la figura puede salir perfecta en su configuración externa, solo le falta una cosa, la vida. Eso pasa con la religión; puede ser un molde perfecto, pero acoplarse a él, no es garantía ninguna de vida. Y sin vida, la religión se convierte en un corsé, cuyo único efecto es impedir la libertad. Todas las normas, todos los ritos, todas las doctrinas son solo medios para alcanzar la vida espiritual.

Al celebrar la misa, no sé si somos conscientes de que «eucaristía» significa acción de gracias. Además, en ella repetimos más de quince veces «Señor, ten piedad», como los diez leprosos. La gloria es reconocer y agradecer a Dios lo que Él es. El evangelio de hoy tenía que ser un acicate para celebrar conscientemente esta eucaristía. Que de verdad sea una manifestación comunitaria de agradecimiento y alabanza.

Antiguamente tenía gran importancia litúrgica la celebración de las Témporas en los primeros días de Octubre. Eran unos días de acción de gracias que tenían mucho sentido para la gente sencilla. Al finalizar la recolección de los frutos, se le daba gracias a Dios por todos sus dones.

Meditación-contemplación

«Se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias».

Se trata del último paso del acto de fe.

La confianza produce la curación, pero la fidelidad produce la salvación.

Sería una pena que me conforme con la curación.

…………….

La respuesta interior al don personal de Dios,

produce el verdadero milagro de la liberación.

La identificación con el Otro, me libera de los otros.

En los demás puedo encontrar seguridades. En Dios encontraré libertad.

………………

Sin reconocimiento del don, no puede haber respuesta.

La principal tarea del ser humano es ese descubrimiento,

que nos llevará a una entrega incondicional en fidelidad.

Mi existencia depende en cada instante de Él.

…………………….

Fray Marcos

28. IGANDEA URTEAN ZEHAR, «SINETSI ESKER ONIK GABE-CREER SIN AGRADECER»

SINETSI ESKER ONIK GABE

José Antonio Pagola.
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

ECLESALIA, 09/10/13.-Samaria inguruan hamar lepradunen talde bat sendatu izana kontatuz hasten da gaurko kontakizuna. Baina, oraingo honetan, Lukas ez da luzatu sendatzearen xehetasunak deskribatzen, baizik eta lepradunetako batek, sendaturik sentitzean, zein erreakzio izan duen agertu du. Arduratsu deskribatu ditu haren urrats guztiak; kristau ez gutxiren ohikeriazko fedeari astindu bat eman nahi dio horrela.

Jesusek eskatu die lepradunei apaizengana joateko, gizartean integratzeko baimena emango dien agiria lortzeko. Alabaina, haietako bat, sendatua sentitzean, apaizengana joan ordez, Jesusen bila itzuli da. Sentitu du bizitza berri bat hasi dela berarentzat. Aurrerantzean, desberdina izango da dena: era duinean eta zorionekoan bizi ahal izango da. Badaki zeini zor dion hori. Jesusekin topo egin beharra sentitzen du.

«Oihuka Jainkoa goratuz» itzuli da. Badaki, Jesusen indar salbatzaileak Jainkoagan bakarrik izan dezakeela bere jatorria. Orain gauza berri bat sentitzen du Jesusek hots egiten duen Aita On horretaz. Ez du hori sekula ahaztuko. Aurrerantzean Jainkoari eskerrak emanez biziko da. Bere indar guztiez goratuko du. Guztiek jakin behar dute Jainkoaren maitasuna sentitzen duela berak.

Jesusekin topo egitean, «haren aurrean belaunikatu da, eskerrak emanez». Lagunek beren bidean jarraitu dute apaizengana joateko; berak, ordea, badaki Jesus dela Salbatzaile bakarra. Horregatik dago hemen, Jesusen ondoan, eskerrak emanez. Jainkoaren erregalurik hobena aurkitu du Jesusengan.

Kontakizunaren bukaeran, Jesus mintzatu da eta hiru galdera egin ditu, gertatuaren aurrean bere harridura eta tristura agertuz. Ez doazkio bere oinetan duen samariarri. Lukasek, kristau-elkarteek entzutea nahi duen mezua biltzen dute.

«Ez al dira hamarrak garbi gelditu?» Ez al dira hamarrak sendatu? Zergatik ez dute aitortu Jesusengandik hartu dutena? «Beste bederatziak, non dira?» Zergatik ez daude hemen? Zergatik bizi da hainbeste kristau Jainkoari ia inoiz eskerrik eman gabe? Nolatan ez dute sentitzen esker on berezirik Jesusekiko? Ez ote dute ezagutzen? Ez al die ezer esaten?

«Ez al da itzuli atzerritar hau beste inor Jainkoari eskerrak emateko?» Nolatan gertatzen da, erlijioa betetzen ez duen hainbeste pertsonak Jesusen aurrean miresmena eta esker ona agertzea, eta kristau batzuek ezer berezirik ez sentitzea haren aurrean? Benedikto XVI.ak adierazi zuen duela urte batzuk: bila dabilen agnostiko bat hurbilago egon daitekeela Jainkoagandik, tradizioz eta ondarez den ohikeriazko kristau bat baino. Fededunengan poza eta esker ona eragiten ez dituen sinesmena fede gaixotia da.

28 Tiempo ordinario (C) Lucas, 17, 11-19
CREER SIN AGRADECER
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

ECLESALIA, 09/10/13.- El relato comienza narrando la curación de un grupo de diez leprosos en las cercanías de Samaría. Pero, esta vez, no se detiene Lucas en los detalles de la curación, sino en la reacción de uno de los leprosos al verse curado. El evangelista describe cuidadosamente todos sus pasos, pues quiere sacudir la fe rutinaria de no pocos cristianos.

Jesús ha pedido a los leprosos que se presenten a los sacerdotes para obtener la autorización que los permita integrarse en la sociedad. Pero uno de ellos, de origen samaritano, al ver que está curado, en vez de ir a los sacerdotes, se vuelve para buscar a Jesús. Siente que para él comienza una vida nueva. En adelante, todo será diferente: podrá vivir de manera más digna y dichosa. Sabe a quién se lo debe. Necesita encontrarse con Jesús.

Vuelve “alabando a Dios a grandes gritos”. Sabe que la fuerza salvadora de Jesús solo puede tener su origen en Dios. Ahora siente algo nuevo por ese Padre Bueno del que habla Jesús. No lo olvidará jamás. En adelante vivirá dando gracias a Dios. Lo alabará gritando con todas sus fuerzas. Todos han de saber que se siente amado por él.

Al encontrarse con Jesús, “se echa a sus pies dándole gracias”. Sus compañeros han seguido su camino para encontrarse con los sacerdotes, pero él sabe que Jesús es su único Salvador. Por eso está aquí junto a él dándole gracias. En Jesús ha encontrado el mejor regalo de Dios.

Al concluir el relato, Jesús toma la palabra y hace tres preguntas expresando su sorpresa y tristeza ante lo ocurrido. No están dirigidas al samaritano que tiene a sus pies. Recogen el mensaje que Lucas quiere que se escuche en las comunidades cristianas.

“¿No han quedado limpios los diez?”.¿No se han curado todos? ¿Por qué no reconocen lo que han recibido de Jesús?“Los otros nueve, ¿dónde están?”. ¿Por qué no están allí? ¿Por qué hay tantos cristianos que viven sin dar gracias a Dios casi nunca? ¿Por qué no sienten un agradecimiento especial hacia Jesús? ¿No lo conocen? ¿No significa nada nuevo para ellos?

“¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”. ¿Por qué hay personas alejadas de la práctica religiosa que sienten verdadera admiración y agradecimiento hacia Jesús, mientras algunos cristianos no sienten nada especial por él? Benedicto XVI advertía hace unos años que un agnóstico en búsqueda puede estar más cerca de Dios que un cristiano rutinario que lo es solo por tradición o herencia. Una fe que no genera en los creyentes alegría y agradecimiento es una fe enferma. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Crece el porcentaje de españoles católicos practicantes

Un 72,4% de los españoles se definen como católicos, un porcentaje que se mantiene e incluso aumenta una décima con respecto al mismo mes del año anterior y un 40,9% dice ser practicante, un punto y medio más que en septiembre de 2012, según se desprende del Avance de resultados del Barómetro de septiembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Concretamente, la encuesta revela que un 16,2/% de los creyentes en alguna religión acuden varias veces al año a misa u otros oficios religiosos (sin contar bodas, bautizos, comuniones o funerales). Por su parte, un 13,3% asiste casi todos los domingos y festivos, un 9% alguna vez al mes y un 2,4% varias veces a la semana. Mientras, un 58,7% de los españoles que se definen como creyentes católicos o de otra confesión no se consideran practicantes pues dicen no ir «casi nunca» a la iglesia, mezquita o sinagoga.

Iglesia alemana abre la puerta de los sacramentos a los que se vuelvan a casar

La diócesis de Friburgo, en el sur de Alemania, la más grande de las 27 que componen el país, quiere abrir la posibilidad de que los casados en segundas nupcias puedan acceder de nuevo a los sacramentos católicos. La diócesis enviará esta semana un nuevo manual de orientación para los directores espirituales para mejorar el tratamiento que la Iglesia da a las personas divorciadas y que tendrá validez para todo el territorio alemán, informa la agencia alemana DPA. Además de la comunión, la confesión, el bautizo, la confirmación y la extremaunción constituyen los sacramentos de la Iglesia Católica de los que hasta ahora están excluidas las personas que tras la ruptura de un primer matrimonio deciden rehacer su vida en segundas nupcias.

¿Somos creyentes? / Fededun al gara? José A. Pagola

¿Somos creyentes? / Fededun al gara?

José Antonio Pagola

Jesús les había repetido en diversas ocasiones: “¡Qué pequeña es vuestra fe!”. Los discípulos no protestan. Saben que tiene razón. Llevan bastante tiempo junto a él. Lo ven entregado totalmente al Proyecto de Dios; solo piensa en hacer el bien; solo vive para hacer la vida de todos más digna y más humana. ¿Lo podrán seguir hasta el final?

Según Lucas, en un momento determinado, los discípulos le dicen a Jesús: “Auméntanos la fe”. Sienten que su fe es pequeña y débil. Necesitan confiar más en Dios y creer más en Jesús. No le entienden muy bien, pero no le discuten. Hacen justamente lo más importante: pedirle ayuda para que haga crecer su fe.

La crisis religiosa de nuestros días no respeta ni si quiera a los practicantes. Nosotros hablamos de creyentes y no creyentes, como si fueran dos grupos bien definidos: unos tienen fe, otros no. En realidad, no es así. Casi siempre, en el corazón humano hay, a la vez, un creyente y un no creyente. Por eso, también los que nos llamamos “cristianos” nos hemos de preguntar: ¿Somos realmente creyentes? ¿Quién es Dios para nosotros? ¿Lo amamos? ¿Es él quien dirige nuestra vida?

La fe puede debilitarse en nosotros sin que nunca nos haya asaltado una duda. Si no la cuidamos, puede irse diluyendo poco a poco en nuestro interior para quedar reducida sencillamente a una costumbre que no nos atrevemos a abandonar por si acaso. Distraídos por mil cosas, ya no acertamos a comunicarnos con Dios. Vivimos prácticamente sin él.

¿Qué podemos hacer? En realidad, no se necesitan grandes cosas. Es inútil que nos hagamos propósitos extraordinarios pues seguramente no los vamos a cumplir. Lo primero es rezar como aquel desconocido que un día se acercó a Jesús y le dijo: “Creo, Señor, pero ven en ayuda de mi incredulidad”. Es bueno repetirlas con corazón sencillo.

Dios nos entiende. El despertará nuestra fe.

No hemos de hablar con Dios como si estuviera fuera de nosotros. Está dentro. Lo mejor es cerrar los ojos y quedarnos en silencio para sentir y acoger su Presencia. Tampoco nos hemos de entretener en pensar en él, como si estuviera solo en nuestra cabeza. Está en lo íntimo de nuestro ser. Lo hemos de buscar en nuestro corazón.

Lo importante es insistir hasta tener una primera experiencia, aunque sea pobre, aunque solo dure unos instantes. Si un día percibimos que no estamos solos en la vida, si captamos que somos amados por Dios sin merecerlo, todo cambiará. No importa que hayamos vivido olvidados de él. Creer en Dios, es, antes que nada, confiar en el amor que nos tiene.

 

José Antonio Pagola

 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS 

Invita a creer en Dios y en Jesús. Pásalo.

6 de octubre de 2013 

27 Tiempo ordinario (C)

Lucas 17, 5-10

Fededun al gara?

Hainbat aldiz errepikatu izan zien Jesusek kexu hau: «Bai koxkorra dela zuen fedea!» Ikasleek ez dute protestarik egiten. Badakite arrazoia duela. Aski denbora daramate haren ondoan. Jainkoaren Egitasmoari erabat emanik dakusate; ez du buruan nola on egingo besterik; soilik, guztien bizitza duinago eta gizatarrago nola egingo bizi da. Jarraitu ahalko ote diote azkeneraino?

Lukasen arabera, une jakin batean, ikasleek diotsote Jesusi: «Handitu iezaguzu fedea». Sentitzen dute fede koxkorra eta ahula dutela. Jainkoagan konfiantza handiagoa izan beharra dute eta Jesusengan gehiago sinetsi beharra. Ez diote ulertzen oso ondo, baina ez diote dudarik agertzen. Hain juxtu, gauzarik garrantzizkoena dagite: laguntza eskatu beren fedea hazteko.

Gaur egungo krisi erlijiosoak ez ditu errespetatzen betetzaileak berak ere. Fededunez eta fedegabeez mintzatu ohi gara, bi talde guztiz zehazak bailiran: batzuek fedea dute, besteek ez. Izatez, ordea, ez da horrelakorik. Kasik beti, gizakiaren bihotzean bi hauek gertatu ohi dira batera: fededun bat eta fedegabe bat. Beraz, «kristau» izenekook galdera behar dugu egin: Zinez al gara fededun? Nor da Jainkoa guretzat? Maite al dugu? Hark al du gidatzen gure bizitza?

Fedea makaldu daiteke gugan, dudak inoiz jotzen ez bagaitu ere. Zaintzen ez badugu, pixkana-pixkana saretzen joan daiteke gure barnean, ohitura huts gertatzeraino, badaezpada uzten ausartzen ez bagara ere. Mila gauzaren inguruan zabarturik, ez gara iristen jada Jainkoarekin hitz egitera. Egitez, hura gabe bizi ohi gara.

Zer egin? Egia esateko, ez da behar gauza askorik. Alferrik izango litzateke asmo handiak hartzea, zeren segur aski ez baikenituzke beteko. Lehenengo gauza otoitz egitea da, egun batean Jesusengana hurbildu eta hau esan zion ezezagun hark bezala: «Sinesten dut, Jauna, baina zatozkit laguntzera neure fedegabetasun honetan». On da hitz horiek errepikatzea bihotz xumez. Jainkoak ulertzen digu. Esnatuko du hark gure fedea,

Ez dugu hitz egin behar Jainkoarekin, hura gure baitatik kanpo balego bezala. Geure barruan dugu hura. Hoberena, begiak ixtea da eta isilik gelditzea, haren Presentzia sentitu eta onartzeko. Ez dugu jardun behar hartaz pentsa eta pentsa, soilik gure buruan balego bezala. Gure izatearen barruenean dago hura. Geure bihotzean bilatu behar dugu hura.

Garrantzizko gauza da behin eta berriz jardutea, lehenengo esperientzia izan arte, pobreena izanik ere, unetxo bakan batzuk irauten badu ere. Egunen batean sumatzen badugu ez gaudela bakarrik bizitzan, atzematen badugu Jainkoak maite gaituela guk merezi gabe, dena aldatuko da orduan. Ez du axola hartaz ahazturik bizi izana. Jainkoagan sinestea, beste ezer baino lehen, guretzat duen maitasunaz fidatzea da,

 

Jose Antonio Pagola

 

 

 

27º DOMINGO T.O. «LA FALTA DE FE, CONSTRUYE ÍDOLOS», Fray Marcos

Escrito por  Fray Marcos

FE ADULTA

Lc 17, 5-12

Sigue el evangelio con propuestas, aparentemente inconexas, pero Lucas sigue un hilo conductor muy sutil. Hasta hoy nos había dicho de diversas maneras que no pongamos la confianza en las riquezas, en el poder, en el lujo; pero hoy da un paso más y nos dice: no la pongas en tus «buenas obras» ni en la religión. Confía solamente en «Dios».

Los que se pasan la vida acumulando méritos no confían en Dios sino en sí mismos. La salvación por puntos es lo más contrario al evangelio. Ésta era la actitud de los fariseos que Jesús criticó.

Los dos temas que nos propone hoy el evangelio están íntimamente conectados. Debemos confiar solamente en Dios y no en la obras. Es muy poco probable que los apóstoles hicieran esa petición a Jesús, porque presupone la conciencia de divinidad en Jesús, que solo después de la experiencia pascual alcanzaron. Lo importúnate es la respuesta de Jesús con el ejemplo de la higuera trasplantada. Esta imagen si puede remontarse al mismo Jesús, porque otros evangelistas, en otros contextos también la relatan con el mismo mensaje, aunque sustituyendo la higuera por la montaña.

La parábola del simple siervo cuya única obligación es hacer lo mandado sin mérito alguno, está en la línea de la crítica a los fariseos por confiar en el cumplimiento de la Ley como único camino de salvación. Se trata del eterno problema de la fe o las obras. Y es curioso que se haya planteado tan pronto en el cristianismo. ¡Cuántos problemas nos hubiéramos evitado si no hubiéramos olvidado el evangelio! Ni Dios tiene que aumentarnos la fe, ni somos unos siervos inútiles. Descubrir lo que realmente somos sería la clave para una verdadera confianza en Dios, en la vida, en la persona humana…

Jesús no responde directamente a los apóstoles. Quiere dar a entender que la petición –auméntanos la fe- no está bien planteada. No se trata de cantidad, sino de autenticidad. Jesús no les podía aumentar la fe, porque aún no la tenían ni en la más mínima expresión.

La fe es una vivencia de Dios, por eso no tiene nada que ver con la cantidad. El grano de mostaza, aunque diminuto, contiene vida exactamente igual que la mayor de las semillas. Esa vida, es lo que de verdad importa.

La fe no se puede aumentar desde fuera, tiene que crecer desde dentro como el grano de mostaza. A pesar de ello, en la mayoría de las homilías que he leído antes de elaborar ésta, se termina pidiendo a Dios que nos aumente la fe. Efectivamente, podemos decir que la fe es un don de Dios, pero un don que ya ha dado a todo el mundo; viendo cada una de sus criaturas, podemos descubrir lo que Dios está haciendo en ellas en cada momento.

Recuerda que al hablar de la fe en «Dios» lo puse entre comillas. Lo contrario de la fe, es la idolatría. El ídolo es un resultado automático del miedo. Necesitamos el ser superior que me saque las castañas del fuego y en el que poder confiar cuando no puedo confiar en mí mismo. Pero del mismo modo que Dios no anda por ahí haciendo el ridículo con milagritos, tampoco nosotros debemos utilizar a Dios para cambiar la realidad que no nos gusta.

Durante mucho tiempo se interpretó la respuesta de Jesús como una promesa de poderes mágicos para hacer obras portentosas. La imagen de la morera trasplantada en el mar es absurda. Con esta hipérbole, lo que nos está diciendo el evangelio, es que toda la fuerza de Dios está ya en cada uno de nosotros. El que tiene confianza, podrá desplegar toda esa energía.

La fe no es un acto ni una serie de actos, sino una actitud personal fundamental y total que imprime una dirección definitiva a la existencia. Confiar en lo que realmente soy me da una libertad de movimiento para desplegar todas mis posibilidades humanas.

Nuestra fe sigue siendo infantil e inmadura, por eso no tiene nada que ver con lo que nos propone el evangelio. La mayoría de los cristianos no quieren madurar en la fe por miedo a las exigencias que esto conllevaría.

Tanto a nivel religioso como civil, cada vez se tiene menos confianza en la persona humana. Todo está reglamentado, mandado o prohibido que es más fácil que ayudar a madurar a la persona para que actúe por convicción desde dentro. Estamos convirtiendo el globo terráqueo en un inmenso campo de concentración. No se educa a los niños para que sean ellos mismos, sino para que respondan automáticamente a los estímulos que les llegan desde fuera. Todos los poderes están encantados, porque esa indefensión les garantiza un total control sobre la población. Lo difícil es educar para que cada individuo sea él mismo y sepa responder personalmente ante todas las propuestas de salvación que le llegan.

Para la mayoría de los cristianos, creer es asentimiento a una serie de verdades teóricas, que no podemos comprender. Esa idea de fe, como conjunto de doctrinas, es completamen¬te extraña tanto al Antiguo Testamento como al Nuevo. En la Biblia, fe es equivalente a confianza en una persona.

Pero incluso esta confianza se entendería mal si no añadimos que tiene que ir acompañada de la fidelidad. La fe-confianza bíblica supone la fe, supone la esperanza y supone el amor. Esa fe nos salvaría de verdad. Esa fe no se consigue con propagandas ni imposiciones porque nace de lo más hondo de cada ser humano.

No se trata de esperar que Dios nos salve de las limitaciones, sino de encontrar a Dios y su salvación a pesar de ellas. Esa confianza no la debemos proyectar sobre una Persona que está fuera de nosotros y del mundo. Debemos confiar en un Dios que está y forma parte de la creación y por lo tanto de nosotros mismos. Creer en Dios es apostar por la creación, es confiar en el hombre. Es estar construyendo la realidad material, y no destruyéndola, es estar por la vida y no por la muerte. Es estar por el amor y no por el odio, por la unidad y no por la división. Tratemos de descubrir por qué tantos que no «creen» nos dan sopas con honda en la lucha por defender la naturaleza, la vida y al hombre.

Superada la idea de la fe como creencia, y aceptado que es confianza en…, nos queda mucho camino por andar para una recta comprensión del término. La fe que nos pide el evangelio no es la confianza en un señor poderoso por encima y fuera del mundo, que nos puede sacar las castañas del fuego. Se trata más bien, de la confianza en el Dios inseparable de cada criatura, que las atraviesa y las sostiene en el ser.

El ser humano puede experimentar esa presencia como personal. En el resto de la creación se manifiesta como una energía que potencia y especifica cada ser en sus posibilidades. Creer en Dios es confiar en las posibilidades de cada criatura para alcanzar su plenitud propia. Creer en Dios es confiar en el hombre y en sus posibilidades de alcanzar su plenitud humana.

La mini parábola del simple siervo nos tiene que llevar a una profunda reflexión. No quiere decir que tenemos que sentirnos siervos y menos aún, inútiles sino todo lo contrario. Nos advierte que la relación con Dios como si fuésemos esclavos suyos, nos deteriora y deshumaniza. Es una crítica a la relación del pueblo judío con Dios que estaba basada en el estricto cumplimiento de la Ley, y en la creencia de que ese cumplimiento les salvaba. La parábola es un alegato contra la actitud farisaica que planteaba la relación con Dios como del esclavo frente a su señor. Si ellos cumplían, Dios estaba obligado a cumplir.

Para Jesús, la tarea del discípulo es romper con la institución judía que produce esclavitud, pero no sirve de nada ante un Dios que no podemos entender como señor. Si seguimos siendo «esclavos» seguiremos siendo «inútiles». Los discípulos todavía no se habían despegado de la institución judía, por eso Jesús les hace ver que aún no tienen fe ni como un grano de mostaza.

Jesús no nos pide que «sirvamos» a Dios, sino que sirvamos al hermano. Dios no quiere esclavos, sino personas libres que se mueven, desde dentro, por amor-compasión. Las «obras buenas» no son un pagaré que podemos presentar a Dios. Son más bien la manifestación de que hemos acogido el amor de Dios.

 

Meditación-contemplación

«Si tuvieras fe como un granito de mostaza…»

Si la confianza no es absoluta y total no es confianza.

El mayor enemigo de la fe-confianza son las creencias,

Porque exigen la confianza en ellas mismas,

y así asesinan la posibilidad de anclar tu ser en Dios.

…………………

Tener fe no es esperar que las cosas cambien.

Tener fe es encontrar a Dios en las peores circunstancias.

Tener fe es ser capaz de bajar lo suficiente al fondo de mí mismo,

para anular el efecto negativo de cualquier limitación.

………………………

Descubrir lo que es Dios es confiar absolutamente.

Es descubrir mi propio ser y también el ser de los demás.

Es valorar la Vida más allá de sus límites.

Es desplegar lo más genuino de mí, conectado con Dios.

………………..

 

Fray Marcos

 

LA FE, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

FE ADULTA

Cuando Jesús, después de realizar los distintos signos de curación que llevaba a cabo, para hacer patente que el Reino de Dios ya estaba en medio y dentro de nosotros, estimulaba a quien había recibido la sanación, diciéndole: «Ánimo, tu fe te ha salvado» (Mt 9,22); «No tengas miedo, ten fe y basta» (Mc 5,36); «Levántate, tu fe te ha salvado» (Lc 17,19)…

Jesús no pretendía en ningún momento la fama por haber sido, en dichas curaciones, el artífice de las mismas (ni siquiera el poder de su querido Abbá); al contrario, afirmaba que había sido la fe de quien se había sanado la que le había producido el restablecimiento físico, moral o psicológico. Leer más