¿Cardenales?

Redacción de Atrio

Ante la noticia de ayer, Eduardo De la Serna, sacerdote argentino en la opción por los pobres, escribe en Tiempo este comentario. Efectivamente, Francisco se muestra una vez más seguidor de “tradiciones mundanas“, para usar su vocabulario. Pero ha sido a los chilenos a quienes más ha ofendido que se añada ese título de “Príncipe o Bisagra de la Iglesia” a un a cardenal que fue un claro encubridor en el escandaloso caso Karadima. ¿Y a los españoles el nombramiento de Fernando Sebastián? Leer más

LA OBEDIENCIA AL PAPA, ¿DEBE SER LA MISMA PARA TODOS LOS PAPAS?

José A. Castillo

Fe Adulta

Los católicos estamos asistiendo a un fenómeno nuevo en la Iglesia. Hasta Benedicto XVI, ningún «buen católico» debía poner en duda la sumisión incondicional al papa. Hasta entonces, se mantenía firme la convicción tradicional, que estaba vigente desde el papado de Gregorio VII (s. XI): «Obedecer a Dios significa obedecer a la Iglesia, y esto, a su vez, significa obedecer al papa y viceversa» (J. Daniélou, H. Küng).

Esta idea quedó difuminada y se tambaleó sobre todo en las últimas décadas del s. XVIII con los planteamientos de la Ilustración, la Revolución y la modernidad. Por eso, con la eclesiología ultramontana que se desarrolla entre los años 30 y 70 del s. XIX, se prepararon los ambientes católicos para aceptar sin condiciones las afirmaciones tajantes del Vaticano I, que se mantuvieron firmes hasta el pontificado de Pío XII. Leer más

2º Domingo t.O.,CULTIVAR NUESTRA CAPACIDAD DE VER, Enrique Martínez Lozano

CULTIVAR NUESTRA CAPACIDAD DE VER

Escrito por  Enrique Martínez Lozano

Jn 1, 29-34

Al igual que los sinópticos, también el autor del cuarto evangelio hace del bautismo de Jesús el acontecimiento con el que se inicia su actividad pública. Un indicio más, no solo de la historicidad de ese hecho, sino del papel decisivo que jugó en la propia evolución humana/espiritual de Jesús.

Por otro lado, también en el cuarto evangelio se advierte la polémica con los discípulos del Bautista, que lleva al autor a subrayar la primacía del maestro de Nazaret y a convertir a Juan en nada menos que un «cristiano», que «ha visto» y «da testimonio» de que Jesús es «el Hijo de Dios».

Sabemos que «ver» y «dar testimonio» constituyen dos expresiones típicamente joánicas, que definen el ser y la misión del discípulo: este es alguien que «ha visto» y, por ello mismo, puede «dar testimonio».

Así aparece en diferentes lugares del evangelio e incluso en las Cartas de Juan: «Nosotros hemos visto y damos testimonio» (Jn 19,35; 21,24; 1Jn 1,1-3).

¿Qué es lo que «ha visto» Juan? A un hombre lleno de Espíritu. Es decir, al Espíritu viviéndose en forma humana. Así me parece que hay que leer este relato, más allá de la literalidad que se muestra en la imagen mítica de la «paloma».

Es probable que Juan pudiera verlo, gracias a la transparencia del propio Jesús. Pues, como dijera Jean Sulivan, en una de las afirmaciones más bellas que, en mi opinión, se han dicho de él, «Jesús es lo que acontece cuando Dios habla sin obstáculos en un hombre«.

Siempre que tenemos la fortuna de encontrarnos con una persona «transparente» –no «perfecta», sino humilde-, resulta más fácil reconocer, apreciar, «ver» el Misterio que la (nos) habita.

Pero parece que no es suficiente encontrarnos con alguien así, sino que, habitualmente, se requiere también haber desarrollado la propia «capacidad de ver», es decir un «saber mirar», que trasciende lo puramente material y lo meramente mental.

Si miramos solo desde la mente, aunque sea al propio Jesús, no lograremos ver sino a un ser separado, por más que lo proclamemos «divino». Porque la mente nos ofrece una visión inexorablemente fragmentadora y, por tanto, distorsionada, de lo real. Dado que para ella todo existe separado, nos hace caer en el engaño grosero de creer que la realidad es tal como la propia mente la ve.

Sin embargo, lo que la mente nos ofrece no es una «fotocopia» de lo real, sino únicamente su «interpretación», completamente condicionada por sus filtros limitantes. Es decir, lo que pensamos no tiene nada que ver con lo que es.

Los sabios siempre han sido conscientes de que existían distintos niveles de realidad, a los que podíamos acceder a través de diferentes órganos de conocimiento. Así, en una expresión que sería definitivamente acuñada por san Buenaventura –aunque, antes que él, en el siglo XII, fue utilizada por los monjes Hugo y Ricardo de San Víctor -, hablaban del «ojo de la carne», el «ojo de la razón» y el «ojo del espíritu» («ojo de la contemplación» o «tercer ojo»). (En nuestros días, Ken Wilber ha retomado esta cuestión en Los tres ojos del conocimiento. La búsqueda de un nuevo paradigma, Kairós, Barcelona 1991; ID., El ojo del espíritu. Una visión integral para un mundo que está enloqueciendo poco a poco, Kairós, Barcelona 1998).

Nos empobrecemos cuando nos reducimos al «ojo de la carne» –en una especie de positivismo cientificista- y también al «ojo de la razón». Como ha escrito el psicólogo italiano Giorgio Nardone, «es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo».

Necesitamos recuperar el «tercer ojo». O dicho de otro modo: además de la «inteligencia operativa», es urgente cultivar el desarrollo de la «inteligencia espiritual». Nos jugamos en ello nada menos que la posibilidad de responder adecuadamente a la pregunta «¿quién soy yo?».

Solo la «inteligencia espiritual» –el «tercer ojo» de los clásicos- nos capacita para «ver» la realidad en su dimensión más profunda, para advertir el Misterio en todo lo que nos rodea, nosotros incluidos. Y, como Juan, solo si lo vemos podremos «dar testimonio».

La calidad humana, el futuro de la humanidad y del planeta depende de que sepamos «ver» de este modo.

Cuando miramos a Jesús desde ahí, lo que vemos –como el Bautista- es el Espíritu. Y eso sin ningún tipo de separación, por lo que, al mismo tiempo, nos estamos viendo a nosotros mismos: cada rostro es nuestro rostro. Porque, más allá de todos los vericuetos anecdóticos de la existencia, lo que permanece es la certeza misma de que, tras las confusiones de los egos, está el Espíritu que sonríe dulcemente al encontrarse consigo mismo y sentirse Uno tras las aparentes marañas y encrucijadas.

 

Enrique Martínez Lozano

www.enriquemartinezlozano.com

2. IGANDEA URTEAN ZEHAR (A)-2º DOMINGO TIEMPO ORDINARIO, José A. Pagola

ESPIRITUAREN SUAZ- CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU

José Antonio Pagola. lagogalilea@hotmail.com
Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Juan 1, 29-34

ECLESALIA, 15/01/14.- Lehen kristau-elkarteak ardura handia izan zuten Joanen eta Jesusen bataioak bereizteko: Joanek Jordan ibaiko uretan murgiltzen zuen jendea; Jesusek, bere bataioaz, bere Espiritua ematen zuen, bere jarraitzaileen bihotza garbitu, berritu eta eraldatzeko. Jesusen Espiritu hori gabe, Eliza itzali egingo litzateke eta agortu.

Jesusen Espirituak bakarrik egin dezake egiazkoago gaur egungo kristautasuna. Espiritu horrek bakarrik gida gaitzake geure zinezko nortasuna berreskuratzera, Ebanjeliotik behin eta berriz desbideratzen gaituzten bideak alde batera utzirik. Espiritu horrek bakarrik ematen ahal dizkigu argia eta adorea, gaur egun Elizak beharrezkoa duen berrikuntzari ekiteko.

Frantzisko aita santuak ondo asko daki, etapa ebanjelizatzaile berri bat abian jartzeko oztoporik handiena, erdipurdiko espiritualitatea dela. Biribil-biribil mintzo da. Bere indar guztiaz arnastu nahi du etapa hau: «kartsuagoa, alaiagoa, bihotz-zabalagoa, ausartagoa, maitasunez beteagoa azkeneraino, eta bizitza kutsagarriagokoa». Dena, alabaina, alferrik izango da, «Espirituaren suak bihotza sutzen ez badu».

Horregatik nahi ditu gaurko Elizarako «Espirituaz ebanjelizatzen dutenak», haren ekintzari irekitzen zaizkionak, Jesusen Espiritu Santu horrengan aurkitzen dutenak «adorea, Ebanjelioaren egia hots egiteko ausardiaz, ozenki, beti eta nonahi, baita haize kontra ere».

Aita Santuak gaur egungo Elizan eragin nahi duen berrikuntza ezinezkoa da baldin eta «espiritualitate sakon baten falta ezkortasun, fatalismo eta konfiantzarik ez bilakatzen bada», edota pentsatzera eramaten bagaitu «ezin dela ezer aldatu» eta, ondorioz, «alferrik dela ahalegintzea», edota erabat amore ematen badugu, «pozgabetasun kroniko batek edota arima lehortzen duen apatiak mendean harturik».

Frantziskok ohartarazten digu «batzuetan gogo-berotasuna galtzen dugula, ahazten dugunean Ebanjelioak pertsonaren premia sakonenei erantzuten diela». Halere, gauzak ez direla horrela. Indartsu adierazi du Frantziskok bere konbentzimendua: «ez dira gauza bera Jesus ezagutu izana eta ezagutu ez izana; ez dira gauza bera hura bidelagun izatea eta noraezean ibiltzea; ez dira gauza bera hari entzun ahal izatea eta haren Hitza ez ezagutzea… ez dira gauza bera mundua haren Ebanjelioaz eraiki nahi izatea eta giza arrazoi hutsez eraiki nahi izatea».

Jesusekin izandako norberaren esperientziaz aurkitu behar dugu hau guztia. Bestela, aurkitu ez duenari, «laster faltako zaizkio adorea eta suharra; eta, jakina, konbentzitua, gogo-berotua, segurtatua, maitemindua ez dagoen pertsonak ezin konbentzitu ahalko du inor». Ez ote da hau oztoporik nagusienetako bat Frantzisko aita santuak nahi duen berrikuntza eragiteko?

 

2 Tiempo ordinario (A) Juan 1, 29-34

CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU

ECLESALIA, 15/01/14.- Las primeras comunidades cristianas se preocuparon de diferenciar bien el bautismo de Juan que sumergía a las gentes en las aguas del Jordán y el bautismo de Jesús que comunicaba su Espíritu para limpiar, renovar y transformar el corazón de sus seguidores. Sin ese Espíritu de Jesús, la Iglesia se apaga y se extingue.

Sólo el Espíritu de Jesús puede poner más verdad en el cristianismo actual. Solo su Espíritu nos puede conducir a recuperar nuestra verdadera identidad, abandonando caminos que nos desvían una y otra vez del Evangelio. Solo ese Espíritu nos puede dar luz y fuerza para emprender la renovación que necesita hoy la Iglesia.

El Papa Francisco sabe muy bien que el mayor obstáculo para poner en marcha una nueva etapa evangelizadora es la mediocridad espiritual. Lo dice de manera rotunda. Desea alentar con todas sus fuerzas una etapa “más ardiente, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin, y de vida contagiosa”. Pero todo será insuficiente, “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu”.

Por eso busca para la Iglesia de hoy “evangelizadores con Espíritu” que se abran sin miedo a su acción y encuentren en ese Espíritu Santo de Jesús “la fuerza para anunciar la verdad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”.

La renovación que el Papa quiere impulsar en el cristianismo actual no es posible “cuando la falta de una espiritualidad profunda se traduce en pesimismo, fatalismo y desconfianza”, o cuando nos lleva a pensar que “nada puede cambiar” y por tanto “es inútil esforzarse”, o cuando bajamos los brazos definitivamente, “dominados por un descontento crónico o por una acedia que seca el alma”.

Francisco nos advierte que “a veces perdemos el entusiasmo al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas”. Sin embargo no es así. El Papa expresa con fuerza su convicción: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra… no es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”.

Todo esto lo hemos de descubrir por experiencia personal en Jesús. De lo contrario, a quien no lo descubre, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”. ¿No estará aquí uno de los principales obstáculos para impulsar la renovación querida por el Papa Francisco? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

Mujeres teólogas responden al cuestionario del Papa sobre la familia

«Rogamos a la Iglesia que elimine las trabas canónicas para que quienes fracasaron en su matrimonio puedan rehacer su vida con otro amor». «A la Iglesia no le toca imponer modelos, sino acompañar, alentar, dar esperanza». El modelo familiar actual sigue cambiando: familias sin hijos, familias monoparentales, familias de hijos de diversos padres, familias homosexuales con hijos… Todo es muy delicado. Las preguntas permiten a las Iglesias particulares participar activamente en la preparación del Sínodo Extraordinario, que tiene como objetivo anunciar el Evangelio en los actuales desafíos pastorales en relación a la familia.

Francisco: «La Iglesia está llena de cristianos derrotados»

El Papa Francisco dijo este viernes que la «Iglesia está llena de cristianos derrotados», cristianos «convencidos a mitad», cristianos con una «esperanza aguada». En cambio, «la fe puede todo y vence al mundo», recordó el Pontífice en Santa Marta. Pide a fieles que no reciten el credo «como papagayos».

 

NACIMIENTOS MILAGROSOS EN LA HISTORIA DE LAS RELIGIONES Y LAS NARRACIONES DE LA NATIVIDAD DE JESÚS

Ofrecemos aquí un extracto, para facilitar una primera aproximación al texto original y completo, al que pueden acceder mediante este enlace.

Fe Adulta

Para ver el texto completo: NACIMIENTOS MILAGROSOS

Para intentar leer las narraciones evangélicas del nacimiento de Jesús, desde un punto de vista puramente simbólico, y no como crónicas de hechos, ni descripciones de la naturaleza de lo divino y de su manifestación en Jesús, resultará útil hacer un brevísimo compendio de nacimientos maravillosos en otras diversas tradiciones espirituales. Leer más

ESPERANZA DE RENACIMIENTO

FE ADULTA

El fin de año suscita una esperanza de renacimiento. En todos nosotros resuena, como una especie de utopía íntima, dotada del fulgor equívoco de todas las utopías, la posibilidad de cambiar, de renovarse, de reinventarse, de resetearse, de renacer, de ser ocasión de que algo bueno, bello, noble exista. El ser humano soporta mal el empantanamiento, la ausencia de esperanzas.

Por eso sentimos que despiertan energías dormidas cuando alguien nos abre el camino del cambio, el amplio ámbito de la posibilidad, que es donde el ser humano se mueve con entusiasmo, aunque también con miedo.

Lo real es lo vivido, que es siempre limitado. El «realizar», es decir, el poder hacer real lo que era una mera posibilidad, es lo que llena de ánimo nuestro corazón. Y empuja a todo tipo de grandezas y de horrores. Leer más